{"id":1155,"date":"2024-09-27T23:00:59","date_gmt":"2024-09-27T21:00:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1155"},"modified":"2024-09-27T23:00:59","modified_gmt":"2024-09-27T21:00:59","password":"","slug":"pastores-de-una-vida-nueva-en-el-espiritu","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/pastores-de-una-vida-nueva-en-el-espiritu\/","title":{"rendered":"Pastores de una vida nueva en el Esp\u00edritu"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis de Toledo como preparaci\u00f3n a la solemnidad de Pentecost\u00e9s, 25 de marzo de 1989; texto en <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> abril 1989, 198-211.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos sacerdotes:<\/p>\n\n\n\n<p>Con el intenso gozo del Aleluya pascual, recibid tambi\u00e9n mi felicitaci\u00f3n fraterna todos los que compart\u00eds conmigo en Toledo los ministerios pascuales del sacerdocio de Cristo en el quehacer pastoral de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tercera vez, en el presente curso, os invito a contemplar juntos la hondura y los gozosos horizontes en que el sacerdocio permanente de Cristo tiene enmarcadas nuestras vidas y ennoblecido nuestro ministerio de hombres con el temple de pastores, <em>puestos por el Esp\u00edritu para pastorear la Iglesia de Dios, que \u00c9l se adquiri\u00f3 con la sangre de su propio Hijo<\/em> (Hch 20, 28).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacerdote-hombre surgi\u00f3 de la Pascua<\/h2>\n\n\n\n<p>Dos realidades dej\u00f3 la Pascua cristiana en el mundo, que no admiten suced\u00e1neos ni para el hombre redimido, ni para el cristiano responsable. Mucho menos para el propio sacerdote en la Iglesia y ante el mundo. Estas dos realidades son: el mismo Cristo, revelado en todo su se\u00f1or\u00edo pascual como Salvador \u00fanico en el cosmos y en la historia (cf. Hch 4, 10-12; Ef 1, 10; Flp 2, 9-11); y el Don vivificante y santificador de su Esp\u00edritu, actuando permanentemente en la historia y en el cosmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto, nos dej\u00f3 tambi\u00e9n el <em>acontecimiento sacramental<\/em> de la propia Iglesia (cf. LG 1, 8-9), encarnaci\u00f3n prolongada y visible del Cuerpo M\u00edstico o Cristo total (cf. Col 1, 24; 3,11)<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. En ella, tanto Cristo-Cabeza como su Esp\u00edritu Consolador siguen verificando la redenci\u00f3n posible de los hombres hasta consumar la historia de la salvaci\u00f3n. Y, en esa misma Iglesia, con identidad cualificada por su peculiar condici\u00f3n de hombres de Cristo, instrumentos vivos de su Persona y con el temple de su Esp\u00edritu, los sacerdotes: cada sacerdote de Cristo, con su misi\u00f3n \u00abcristiforme\u00bb \u2013<em>como el Padre me envi\u00f3, as\u00ed os env\u00edo Yo a vosotros<\/em> (Jn 20, 21; cf. 17, 18)\u2013 al servicio ministerial del Esp\u00edritu <em>Se\u00f1or y Dador de vida<\/em> en su Iglesia, como dice el s\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano.<\/p>\n\n\n\n<p>La Pascua es permanentemente \u00abla ra\u00edz y la fuente, el centro y el culmen de la vida y misi\u00f3n de toda la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Y dentro de la Pascua, la Eucarist\u00eda, que no s\u00f3lo ha dejado al Resucitado permanentemente vivo entre los hombres en el tiempo, sino que hace de nosotros, sacerdotes visibles del sacerdocio invisible y eterno de Cristo-Cabeza, los \u00fanicos miembros de la Iglesia que son y ser\u00e1n siempre <em>imposibles de sustituir<\/em>: los \u00fanicos que pueden y deben \u00abd\u00eda tras d\u00eda introducir en la existencia humana sobre la tierra <em>la dimensi\u00f3n objetiva de la redenci\u00f3n aplicada y de la Eucarist\u00eda cristificante<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si toda la Iglesia es, desde sus or\u00edgenes y por su naturaleza, una \u00abcomunidad y comuni\u00f3n de testigos vivientes de Cristo surgidos de la Pascua\u00bb, nuestra peculiar identidad pascual llega hasta hacer de nosotros, los sacerdotes, la m\u00e1s misteriosa presencia activa y operante de \u00abhumanidad sobrea\u00f1adida\u00bb a la misma Persona de Cristo, \u00abnuestra Pascua inmolada\u00bb (1Cor 5, 7). Justamente por ello, nuestro sacerdocio hace de nosotros los \u00fanicos seres humanos, cuya plena identidad consiste en asumir y realizar gozosamente nuestra condici\u00f3n inalienable de <em>hombres privilegiadamente surgidos de la Pascua<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun en nuestro cotidiano ministerio, nuestra clave de identidad y autenticidad no est\u00e1 en otra cosa que en provocar el \u00abencuentro pascual\u00bb de cada hombre con Cristo, en su Cuerpo M\u00edstico que es la Iglesia<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Por ello, y para ello, precisamente nuestro hacer Eucarist\u00eda \u2013que es singularmente aquello en lo que nadie en la Iglesia nos podr\u00eda sustituir\u2013 est\u00e1 reclamando constantemente de nuestras vidas aquel temple espiritual que precisar\u00e1 siempre toda la vida de la Iglesia, en la misma medida en que precisa de la vida eucar\u00edstica y que \u00fanicamente el ministerio responsable de nuestro sacerdocio le puede ofrecer. Por lo mismo, \u00abtodos en la Iglesia, pero sobre todo obispos y sacerdotes, deben vigilar para que este sacramento de amor sea el centro de toda la vida del Pueblo de Dios&#8230;, la gracia visible y la fuente de la fuerza sobrenatural de la Iglesia en su empe\u00f1o por perseverar y avanzar constantemente en su desarrollo espiritual&#8230; en un clima de Eucarist\u00eda\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hombres marcados por y para el Esp\u00edritu<\/h2>\n\n\n\n<p>Cuando en la noche del Cen\u00e1culo, Jes\u00fas trataba de realizar para su Iglesia las mejores y m\u00e1s decisivas \u00abtransferencias\u00bb de su condici\u00f3n de Redentor-Hombre entre los hombres, si profunda fue su amorosa humildad de \u00abd\u00e1rsenos en Eucarist\u00eda\u00bb, haciendo con ello posible y necesario nuestro sacerdocio para su Iglesia, no menos amorosa fue su humildad, al ordenar que nuestras personas fueran marcadas por la acci\u00f3n santificadora y testifical de su Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Humildad salv\u00edfica, capaz de valorar su propia ausencia visible como un \u00abbien enriquecedor\u00bb para sus disc\u00edpulos y para la Iglesia entera: <em>Os conviene que Yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; pero si me voy, os lo enviar\u00e9 <\/em>(Jn 16, 7). Con esta impresionante entrega testamentaria integral, en aquella noche sacerdotal de la Pascua, nos rompi\u00f3 su Coraz\u00f3n Redentor, haci\u00e9ndosenos \u00c9l mismo Eucarist\u00eda y transferencia sacerdotal activa para su Iglesia: qued\u00e1ndosenos hecho centro e \u00edndice de comuni\u00f3n en el amor para todos los suyos: y tratando de despertar en nosotros la clara conciencia de que, sin el Don indefectiblemente permanente de su Esp\u00edritu, poco o nada podr\u00edamos hacer los suyos en el mundo. En el fondo, las tres dimensiones existenciales e irrenunciables de nuestro sacerdocio en la Iglesia: <em>sacerdotes<\/em> marcados para la Eucarist\u00eda; <em>testigos<\/em> vivientes de su Coraz\u00f3n Redentor; hombres <em>instrumentos y testigos<\/em> del Esp\u00edritu. S\u00f3lo as\u00ed es posible y aut\u00e9ntico nuestro ministerio en la vida permanente de la Iglesia, Cuerpo M\u00edstico de Cristo<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos en la Iglesia, pero nadie tal vez como nosotros los sacerdotes, debemos tener conciencia de que aquella vinculaci\u00f3n necesaria de toda la obra redentora de Cristo es la <em>presencia donal y la acci\u00f3n profunda <\/em>de su Esp\u00edritu, adem\u00e1s de completar la plenitud reveladora del misterio trinitario en la redenci\u00f3n<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>, constituye una ley de providencia institucional para el ser y el quehacer de la Iglesia \u00edntegra. Tan clara y permanente, que todo lo sobrenatural y aut\u00e9ntico de que es capaz la Iglesia en el mundo es, y ser\u00e1 siempre, obra de la tercera Persona divina entre los hombres. El d\u00eda en que la Iglesia olvidara su condici\u00f3n de <em>sacramento del Esp\u00edritu,<\/em> habr\u00eda perdido radicalmente su propia identidad intrahumana e hist\u00f3rica. Pasar\u00eda al museo de los mitos y de las religiones. Los sacerdotes, entonces, quedar\u00edamos en el vac\u00edo existencial m\u00e1s profundo; sin siquiera carta de ciudadan\u00eda objetiva entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Pentecost\u00e9s, el acontecimiento salv\u00edfico m\u00e1s permanente de la presencia activa de Dios sobre el hombre, no es sino la coronaci\u00f3n de la econom\u00eda de la Encarnaci\u00f3n redentora. Por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, el Verbo se nos humaniz\u00f3 encarnado en el seno de Mar\u00eda (cf. Lc 1, 35). Por una nueva infusi\u00f3n del Esp\u00edritu divino sobre Jes\u00fas en su bautismo (cf. Lc 3, 22), se inici\u00f3 la proclamaci\u00f3n p\u00fablica del Evangelio. La nueva vida y filiaci\u00f3n divina, que el Redentor vino a traer a los hombres, no ser\u00edan realizables sin un nuevo nacimiento del hombre <em>por el agua y el Esp\u00edritu<\/em> en el bautismo, capaz de engendrar hijos de Dios (cf. Jn 3, 5-6). Incluso el sacramento cumbre de la presencia pascual de Cristo, la Eucarist\u00eda, de nada servir\u00eda para la salvaci\u00f3n si no es el Esp\u00edritu quien transforma interiormente en vida divina vivificante la misma realidad de su Cuerpo y Sangre sacramentados entre los hombres (Jn 6, 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez consumados los acontecimientos pascuales \u2013Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n de Cristo\u2013, la realidad profunda del Evangelio ser\u00e1 siempre imposible de conocer con exactitud y de aceptarse con eficacia salv\u00edfica, si no es el Esp\u00edritu de Cristo el que, callada e \u00edntimamente, infunde en el evangelizado un modo sobrenatural de ser y actuar \u2013fe salv\u00edfica y gracia santificadora\u2013, que transforme nuestros modos humanos de conocer las cosas, y nos abra a la experiencia vivencial de los modos y maneras de ser del propio Cristo, Redentor del hombre (cf. Jn 16, 13). <em>S\u00f3lo \u00c9l os guiar\u00e1 a la verdad completa&#8230;, os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo&#8230;, os har\u00e1 vivir el \u00abmemorial\u00bb de cuanto os ense\u00f1\u00e9<\/em> (Jn 14, 26; 16, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Tan coherente y realista se mostraba Jes\u00fas aquella noche en su testamento pascual y en punto tan vital para la identidad futura de los suyos y de su Iglesia, que incluso lleg\u00f3 a prohibir a sus disc\u00edpulos cualquier actividad testifical o apost\u00f3lica tras su Resurrecci\u00f3n, en tanto no comenzaran a vivir bajo la acci\u00f3n pentecostal del Esp\u00edritu Santo; Los mand\u00f3 esperar&#8230; (Hch 1, 4). A sabiendas de que s\u00f3lo bajo el poder del Esp\u00edritu estar\u00edan a punto de ser ellos mismos testigos aut\u00e9nticos y los \u00abprimeros evangelios vivientes\u00bb con eficacia evangelizadora (cf. Hch 1, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo explica terminantemente: <em>Que el hombre animal no puede percibir las cosas del Esp\u00edritu de Dios; son para \u00e9l locura, y no puede ni entenderlas<\/em> (1Cor 2, 14). Sin \u00e9l, ni la Iglesia ni el cristianismo hist\u00f3rico ir\u00edan m\u00e1s all\u00e1 de la utop\u00eda o de la caricatura de un redencionismo intrascendente: <em>Porque si alguno no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, \u00e9se no es de Cristo<\/em> (Rm 8, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, Pentecost\u00e9s es la coronaci\u00f3n de todos los misterios y acontecimientos pascuales de la redenci\u00f3n, su verdadera garant\u00eda permanente en el mundo y en la historia. Se\u00f1ala la divisi\u00f3n constante entre el mundo y Cristo, entre el mundo y los que son realmente de Cristo en el mundo y ante el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mundo, por ello, sigue siendo todo lo que vive o act\u00faa sin Pentecost\u00e9s; o al margen de Pentecost\u00e9s: sin Esp\u00edritu de Cristo influenciando, sobrenaturalizando y transformando su vida. Mucho m\u00e1s, cuanto vive en contradicci\u00f3n abierta con el Esp\u00edritu de Cristo, porque ni siquiera est\u00e1 en actitud de recibirlo (cf. Jn 14, 17)<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Antes y despu\u00e9s de la \u00abexperiencia del Esp\u00edritu\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>Con el acontecimiento pascual de su Ascensi\u00f3n \u2013ausencia definitiva de Cristo \u00abvisible\u00bb, convertida en presencia definitiva de Cristo \u00abinvisible\u00bb (cf. Mt 28, 20) en su Iglesia\u2013 el propio Cristo dejaba planteado el \u00abambivalente\u00bb <em>misterio y problema<\/em> del Evangelio y la Iglesia en la historia. Redenci\u00f3n consumada; pero humanamente imposible de realizar. Iglesia sustancialmente estructurada y esencialmente configurada; pero radicalmente no apta para santificar entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Los propios datos hist\u00f3ricos acusan el drama: el \u00abantes\u00bb y el \u00abdespu\u00e9s\u00bb de Pentecost\u00e9s para la realidad del Evangelio y de la Iglesia en el mundo. Nunca m\u00e1s exacto el humilde realismo de Jes\u00fas: <em>Os conviene que Yo me vaya<\/em> (Jn 16, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos decir que, en el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n, al culminar su \u00abtr\u00e1nsito pascual al Padre\u00bb (Jn 16, 16-17. 28), dejaba consumada la <em>materialidad de su obra redentora<\/em>. Pero quedaba por estrenar toda su capacidad salv\u00edfica efectiva y trascendente: su verificaci\u00f3n en el tiempo hasta su retorno en la parus\u00eda. Quedaba por realizar el ser o no ser de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo que en la historia evang\u00e9lica se pueda entender por <em>materialidad de la redenci\u00f3n<\/em> era ya un hecho consumado. El hecho de la Encarnaci\u00f3n, o estado de consanguinidad del Verbo con los hombres, sus hermanos. La predicaci\u00f3n \u00edntegra de su Evangelio, p\u00fablicamente proclamado y pedag\u00f3gicamente evidenciado como realizable con el realismo mod\u00e9lico del propio Cristo, <em>\u00faltima palabra del Padre<\/em> (cf. Hb 1, 1-2). La organizaci\u00f3n estructural de su Iglesia o Reino de Dios, visible en el mundo y jer\u00e1rquicamente constituido por transferencia institucional de su propia misi\u00f3n a sus Ap\u00f3stoles sucesores (cf. Jn 20,21; 17, 18). Consumado el hecho mismo de la redenci\u00f3n universal, por la inmolaci\u00f3n y resurrecci\u00f3n de <em>quien fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n<\/em> (Rm 4, 25). Dise\u00f1ados, incluso, quedaban los mismos sacramentos, a los que quedar\u00eda vinculada la aplicaci\u00f3n inagotable de la obra redentora de Jes\u00fas. Su postrer acto redentor, en aquel d\u00eda de la Ascensi\u00f3n, fue el mandato de evangelizaci\u00f3n universal intimado a sus Ap\u00f3stoles (cf. Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-16; Lc 24, 47-48). Todo un proyecto completo de Iglesia; pero incapaz todav\u00eda de ser y actuar con vitalidad real de Iglesia. Como un cuerpo sin alma. Como un organismo integralmente dise\u00f1ado; pero sin vida y sin posibilidades propias de eficacia y desarrollo realmente evangelizadores y salv\u00edficos.<\/p>\n\n\n\n<p>Era, simplemente, el <em>antes<\/em> humano e hist\u00f3rico de la Iglesia sin Pentecost\u00e9s. El <em>antes<\/em> insuficiente de entonces, y el de siempre, cuando del ser y actuar de la Iglesia se trata, y cuantas veces se intenta actuar en ella al margen del Don de Pentecost\u00e9s en acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Faltaba a\u00fan el <em>despu\u00e9s<\/em>. Aquel d\u00eda urg\u00eda iniciar una etapa definitivamente nueva para la Iglesia y connaturalmente salv\u00edfica. Hasta hacer posible la comprensi\u00f3n profunda y aut\u00e9ntica del Evangelio de Cristo, siempre ininteligible e irrealizable en el hombre natural o carente de la acci\u00f3n vital de su Esp\u00edritu. Hasta garantizar la realidad profunda de la Iglesia frente al mundo de todos los tiempos, sistem\u00e1tica y diametralmente opuesto a ella, y dispuesto a actuar en su contra con la misma instintividad con que actu\u00f3 contra Cristo. Hasta garantizar y ampliar su \u00e1mbito de acci\u00f3n en el <em>aqu\u00ed<\/em> y <em>ahora<\/em> de cada etapa hist\u00f3rica, haciendo permanentemente verificable la redenci\u00f3n universal por encima de prejuicios raciales o engre\u00eddas fronteras religiosas de pueblos y naciones; liber\u00e1ndola incluso de sus hipotecas mosaicas o judaizantes. Y, sobre todo, urg\u00eda hacer posible en los mismos elementos humanos en que quedaba encarnado el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, su Iglesia, su irrenunciable autenticidad: la de ser <em>instrumentos vivos del Esp\u00edritu<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Era este Esp\u00edritu de Cristo, alma de la Iglesia, el \u00fanico capaz de llevar la experiencia de la redenci\u00f3n hasta el fondo mismo de las conciencias. De esclarecer, por la virtualidad sobrenatural de la fe, el sentido de la misi\u00f3n de Jes\u00fas y de la verdad verificable de su Evangelio. De vincular y vivificar las almas, mediante la eficacia de su gracia y en la misma medida en que el hombre, bajo su acci\u00f3n \u00edntima y amorosa, se torna capaz de admitirla y secundarla. De obrar el profundo misterio de la conversi\u00f3n real de cada coraz\u00f3n humano a Cristo Jes\u00fas, hasta incorporarlo vitalmente a \u00c9l y a su Iglesia. De actuar la propia Iglesia y activar en sus entra\u00f1as la fidelidad y la autenticidad de su misi\u00f3n evangelizadora y de santificaci\u00f3n, en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento de la historia. De oponer y garantizar, con realidades sobrenaturales y actividad trascendente, la fuerza inagotable del Evangelio, y aun la posible santidad real de los hombres, a un mundo refractario o anticristiano por sistema<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 hermoso resulta comprobar, con la historia en la mano, que la Iglesia es un Pentecost\u00e9s permanente! A pesar y por encima de cuanto humano, insuficiente o inepto podamos los hombres acumular sobre ella.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La herencia sacerdotal de la Pascua<\/h2>\n\n\n\n<p>Mis queridos hermanos sacerdotes: no quisiera teorizar demasiado saboreando teol\u00f3gica y vivencialmente esta grandeza y dinamismo admirable del misterio de la Iglesia, como <em>\u00e1mbito e instrumento<\/em> de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. Son realidades que no admiten discusi\u00f3n para cuantos tienen el don del Esp\u00edritu de amar a la Iglesia con la misma fe con que el Esp\u00edritu los hace capaces de creer y amar a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero realidades que, a veces, por un reduccionismo naturalista en nuestra propia pertenencia eclesial, podemos terminar relegando al terreno de nuestras especulaciones ortodoxas; mientras nos esforzamos \u2013activistas o inconscientes\u2013 en la inmediatez de nuestros ministerios por planificar desde otras coordenadas nuestra pretendida ortopraxis.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez sea \u00e9sta la m\u00e1s desnaturalizante tentaci\u00f3n ministerial, que podr\u00eda amenazar nuestra acci\u00f3n pastoral y nuestro sacerdocio: la p\u00e9rdida del <em>temple pascual,<\/em> que precisa realmente toda la Iglesia para su autenticidad cotidiana, y que normalmente deber\u00eda urgir casi de modo instintivo o connatural nuestra irrenunciable condici\u00f3n eclesial de <em>ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios<\/em> (1Cor 4, 1). Es decir, de hombres capaces de \u00abtransparentar\u00bb el Esp\u00edritu de Cristo (cf. Rm 8, 9, 14, 26; Ef 2, 22; 4, 1-6, etc.) en la edificaci\u00f3n ministerial y sacramental de la Iglesia; de ser permanentemente <em>hombres templados por el Don del Esp\u00edritu<\/em>. Es lo que, tras la imposici\u00f3n de manos en nuestra ordenaci\u00f3n, determin\u00f3, exigi\u00f3 y constituy\u00f3 la identidad permanente de nuestra personalidad sacerdotal en la Iglesia: el ser ya <em>instrumentos vivos del Esp\u00edritu por el car\u00e1cter ministerial<\/em>, que se nos transmiti\u00f3 en aquella consagraci\u00f3n existencial cristiforme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto da\u00f1o podr\u00eda hacer a nuestras conciencias sacerdotales una valoraci\u00f3n unilateral o tranquilizadora de la eficacia indefectible del <em>opus operatum<\/em> en nuestros ministerios sacerdotales! Sobre todo si este reduccionismo mental de nuestro propio quehacer en el dinamismo sacramental de la salvaci\u00f3n de los hombres \u2013consolador, tal vez, para la seguridad receptiva de nuestros fieles\u2013, a nosotros nos mantiene inconscientes de que los mismos sacramentos visibles podr\u00edan resultar insuficientes sin la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en el interior de los corazones; y de que nuestro peculiar <em>opus operantis<\/em> en la autenticidad responsable de nuestros ministerios estar\u00e1 siempre en la transparencia y fidelidad al Esp\u00edritu que reflejen nuestros actos sacerdotales.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nuestras manos bautizan, no podemos caer en el profesionalismo de olvidar que lo que el bautismo necesita de nuestro ministerio es <em>renacer conjuntamente del agua y del Esp\u00edritu<\/em> (cf. Jn 3, 5-8). Cuando repartimos el perd\u00f3n santificador del Redentor, no nos es l\u00edcito olvidar que s\u00f3lo el Esp\u00edritu es capaz de operar interiormente la conversi\u00f3n insustituible de los corazones; y a nosotros concedernos el poder del Esp\u00edritu para el mismo ministerio del perd\u00f3n (cf. Jn 20, 22-23). Incluso, cuando nuestras manos \u00abhacen Eucarist\u00eda\u00bb, Pan de Vida para la Iglesia de Dios, no nos es l\u00edcito ignorar que s\u00f3lo el Esp\u00edritu nos capacita para actualizar acciones te\u00e1ndricas del Verbo Encarnado y poder ofrecer al coraz\u00f3n de los fieles la realidad sacramental y victimal del propio Cristo; pero que <em>es el Esp\u00edritu el que da vida: sin ello, la carne no servir\u00eda para nada<\/em> (cf. Jn 6, 63)<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Y cu\u00e1n dif\u00edcilmente en nuestra palabra humana resuena con nitidez evang\u00e9lica y evangelizadora la propia palabra de Dios, si adem\u00e1s del eco fiel del Evangelio y el contraste externo del Magisterio, no llega a la interioridad de las mentes y de los corazones con la traducci\u00f3n exacta y santificadora de la iluminaci\u00f3n vivificante del Esp\u00edritu de Cristo!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Frente al \u00abhombre carnal\u00bb, el hombre espiritual<\/h2>\n\n\n\n<p>Para nadie es un secreto que el esp\u00edritu de secularizaci\u00f3n no s\u00f3lo ha originado un clima anti-pentecostal hasta en ciertos sectores de la Iglesia y del clero \u2013racionalismo larvado en los criterios, naturalismos inmanentes, temporalismo pragm\u00e1tico y progresista, como suced\u00e1neos de la acci\u00f3n evangelizadora\u2013, sino que ha condicionado y, en parte, desnaturalizado los mismos horizontes de la acci\u00f3n pastoral y del ministerio. Fen\u00f3menos ideol\u00f3gicos tan t\u00edpicos como algunas teolog\u00edas de liberaci\u00f3n, la moral nueva o de opciones fundamentales tan antropoc\u00e9ntricas como subjetivas, el promocionismo humanista o sociol\u00f3gico sustitutorio de la prioridad absoluta de la gracia para la libertad de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 1-2; 14, 17; Gal 5, 13-28), no han sido s\u00f3lo hip\u00f3tesis de trabajo para un replanteamiento pretendidamente renovador de la transmisi\u00f3n de la fe y de la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia, sino que han tratado de imponerse como relecturas o como corrientes de evangelizaci\u00f3n ante el hombre de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque ya van un tanto de vencida semejantes \u00abmovimientos de infidelidad al Esp\u00edritu\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>, su secuela permanente es, a\u00fan hoy, la de habernos empobrecido pastoralmente en una paralizante crisis de vida espiritual a todos los niveles \u2013salvo en minor\u00edas que siempre trataron de reaccionar, no sin riesgos de conflictividad intraeclesial\u2013, m\u00e1s el fen\u00f3meno subsiguiente de un pastoralismo sacerdotal un tanto timorato o al\u00e9rgico a promover seriamente la insustituible espiritualidad profunda de la existencia cristiana desde la prioridad de la vida interior y la trascendencia de lo sobrenatural. Con la tr\u00e1gica consecuencia, que ya denunciaba sin eufemismos Pablo VI: \u00abQuien no tiene una vida interior propia, carece de la capacidad ordinaria para recibir el Esp\u00edritu Santo, para escuchar su voz delicada y dulce, para gozar de sus carismas. El diagn\u00f3stico del hombre moderno nos lleva a reconocer en \u00e9l a un ser extraordinario que vive bastante fuera de s\u00ed y poco en s\u00ed mismo\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e1s inevitables resultados no se hicieron esperar; porque son siempre los mismos. En el misterio de la Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n y unidad teoc\u00e9ntricas bajo el impulso del Esp\u00edritu de Cristo, cualquier renovaci\u00f3n que no venga movida e interiorizada por ese mismo Esp\u00edritu en hombres de fidelidad receptiva y experiencial, su acci\u00f3n ministerial o eclesial es siempre intrascendente, coyuntural, naturalista y, de ordinario, desnaturalizadora. Degenera en puro reformismo inoperante y, frecuentemente, desintegrador. En este punto se confirman mutuamente la teolog\u00eda y la historia de la propia Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n en esta l\u00ednea sigue teniendo vigencia la prudente advertencia de Pablo VI: \u00abLa sociedad de los hermanos unidos por la fe y la caridad en un \u00fanico organismo divino-humano, el Cuerpo M\u00edstico&#8230;, animado justamente por el Esp\u00edritu Santo, que tiene su centro pentecostal en la comunidad de los fieles jer\u00e1rquicamente unidos, aut\u00e9nticamente ordenados en el nombre y bajo la autoridad de los Ap\u00f3stoles, representa siempre el dise\u00f1o original de la Iglesia. Por ello, <em>debemos reflexionar si ciertos estudios nuestros sobre el Esp\u00edritu Santo,<\/em> que prefieren aislarse para evitar el ministerio directivo de la Iglesia y el contraste impersonal de hermanos desconocidos, <em>est\u00e1n en el buen camino<\/em>. Una comuni\u00f3n ego\u00edsta que naciese de la huida de la verdadera comuni\u00f3n, \u00bfa qu\u00e9 esp\u00edritu podr\u00edan encontrar? \u00bfQu\u00e9 experiencia, qu\u00e9 carismas podr\u00edan colmar el <em>vac\u00edo de la unidad<\/em>, supremo encuentro con Dios?\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Deber\u00edamos ser m\u00e1s objetivos y precisos, al menos nosotros los testigos y ministros del misterio de Cristo, en nuestra terminolog\u00eda evang\u00e9lica y eclesial. Se nos ha introducido fr\u00edvolamente en nuestros conceptos y lenguaje una terminolog\u00eda extra\u00f1a y confusiva, banalmente plagiada del mundo sociopol\u00edtico; con el riesgo constante de su aplicaci\u00f3n y uso convencional, equ\u00edvoco y frecuentemente temerario e injusto. Es el clasismo conflictivo con que hoy se habla en la Iglesia de \u00abconservadores y progresistas\u00bb, \u00abrenovadores o involucionistas\u00bb, \u00abinmovilistas o liberales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Realmente se trata de una terminolog\u00eda infantil, simplista, signo, incluso, de superficialidad o pereza mental y conformista. En todo caso, extra\u00f1a a la revelaci\u00f3n, a la teolog\u00eda, al Magisterio y hasta al mismo misterio de Cristo y de la Iglesia; y, m\u00e1s a\u00fan, a la fon\u00e9tica b\u00edblica neotestamentaria. La cual, ya en el seno de las comunidades eclesiales, elabor\u00f3 su propia terminolog\u00eda diferenciante, de contenido pascual y acorde con las actitudes de sus miembros en lo m\u00e1s profundo de su identidad; su actitud ante el Esp\u00edritu de Cristo y el dinamismo de la existencia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la cl\u00e1sica contraposici\u00f3n entre la \u00abcarne\u00bb y el \u00abesp\u00edritu\u00bb; entre el \u00abhombre carnal\u00bb y el \u00abhombre espiritual\u00bb; el \u00abhombre viejo\u00bb o la \u00abnueva criatura en Cristo\u00bb. En clave de autenticidad o inautenticidad, \u00abel hombre seg\u00fan la carne\u00bb y \u00abel hombre que vive por el Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>hombre carnal<\/em> es siempre el ser humano \u00abal natural\u00bb; sin haber sido a\u00fan transformado por la experiencia responsable del misterio de Cristo. Hombre todav\u00eda <em>sin Cristo vivo y asimilado<\/em>; que vive y act\u00faa instintivamente sin el Esp\u00edritu de Cristo. Y, por lo mismo, sin vida espiritual sobrenatural, normalmente desarrollada, y sin apertura responsable al \u00absentido de lo divino\u00bb. Aunque sea cristiano, es un cristiano desnaturalizado. El inevitable \u00abhombre viejo\u00bb (cf. 1Cor 3, 2ss; 2Cor 1, 2; Rm 7, 14; Gal 5, 19ss; Rm 8, 5ss), que instintivamente se esconde y act\u00faa en todo hombre hist\u00f3rico, en la misma medida en que la vida normal se desarrolla impermeable o infiel al Esp\u00edritu de Cristo. Cualquier zona existencial del hombre que no act\u00fae o no se deje actuar bajo la acci\u00f3n santificadora del Esp\u00edritu, queda siempre \u2013en las personas, como en las comunidades eclesiales\u2013 a nivel de hombre carnal\u00bb; antievang\u00e9lico y f\u00e1cilmente antievangelizador, cualquiera que sea el \u00e1mbito de su influencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>hombre espiritual<\/em>, en cambio, es aquel que \u00abtiene el Esp\u00edritu de Cristo\u00bb y responsablemente \u00abse deja conducir por el Esp\u00edritu de Dios\u00bb, con clara conciencia de su filiaci\u00f3n divina (cf. Rm 8, 14). El hombre de vida interior profunda, consciente y creciente; abierto a una cristificaci\u00f3n responsable; con criteriolog\u00eda espont\u00e1nea a lo divino, y con un dinamismo de origen y trascendencia sobrenatural y santificadora (cf. Rm 5, 5; 8, 4ss; 2Cor 12, 15; Gal 4, 6; 5, 16; 6, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cristianos, por tanto, \u00abespirituales\u00bb o \u00abcarnales\u00bb! No se trata de meros apelativos. Designan el s\u00ed o el no de la identidad y autenticidad en la existencia cristiana. Modos de ser y de actuar, que no es posible improvisar ni suplantar. Ni el hombre carnal tiene normalmente capacidad para actuar a niveles de aut\u00e9ntica espiritualidad evang\u00e9lica, ni el hombre espiritual puede f\u00e1cilmente ser manipulado al margen del Evangelio y del sentido de Cristo y de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Consecuentemente, a la hora de discernir o diferenciar actitudes y conductas, simplemente cristianas, apost\u00f3licas o ministeriales en la vida de la Iglesia, de \u00abprogresistas\u00bb carnales, poco habr\u00eda que esperar de autenticidad realmente evang\u00e9lica o evangelizadora; de \u00abconservadores\u00bb carnales, es ilusorio pensar que algo puedan \u00abconservar\u00bb que sea aut\u00e9nticamente evang\u00e9lico o realmente cristiano; de progresistas o conservadores \u00abespirituales\u00bb, realmente se puede esperar aquel temple que hace autenticidad y vida en la misma vida de la Iglesia. Son los hombres de Cristo, que hacen Iglesia y actualizan la fuerza del Evangelio en cualquier momento de la historia. Tanto en el plano institucional de la Iglesia como en el dinamismo carism\u00e1tico de sus dones y ministerios, sus vidas responden justamente a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo sobre su Iglesia: Magisterio aut\u00e9ntico y aut\u00e9nticamente secundado; santidad progresivamente desarrollada y fructuosamente testificada; Evangelio y vida cristiana seriamente asimilados y transparentados.<\/p>\n\n\n\n<p>Especialmente a nosotros, los sacerdotes, en el misterio de Cristo y de su Iglesia, deber\u00edan preocuparnos \u2013incluso obsesionarnos seriamente\u2013 los dos fen\u00f3menos m\u00e1s antipentecostales que, tal vez, se acusan en la vida de la Iglesia. Fruto tanto de conservadurismos como de progresismos personales o colectivos, ajenos a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>De un lado, el alto porcentaje de cristianos normales o cualificados, que terminan viviendo como quien definitivamente ha renunciado a la santidad: cristianos consciente o inconscientemente \u00abcarnales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De otro, el riesgo no imaginario, de situaciones no extra\u00f1as a la terrible realidad antipentescostal del \u00abpecado contra el Esp\u00edritu Santo\u00bb, operando en los corazones<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Hombres que. aun sin llegar a la infidelidad calculada o a la apostas\u00eda formal, y sin renunciar a ser miembros de la Iglesia a su modo, eliminan de sus vidas cualquier horizonte de santidad y terminan plenamente connaturalizados con el misterio del pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>En uno y otro caso, realmente, <em>quien no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, \u00e9se no es de Cristo<\/em> (Rm 8, 9).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda, Madre y la mejor donante<br>de su \u00abf\u00edat\u00bb al Esp\u00edritu<\/h2>\n\n\n\n<p>Entre los grandes dones pascuales de Cristo a su Iglesia, tenemos tambi\u00e9n el don entra\u00f1able de su <em>propia Madre<\/em> (cf. Jn 19, 25ss). Para toda su Iglesia, pero directamente verificado en la persona del disc\u00edpulo y ap\u00f3stol privilegiado presente en el Calvario.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Maternidad eclesia<\/em>l que, hablando del sacerdocio, de Iglesia y de Esp\u00edritu de Cristo en Pentecost\u00e9s, aun en su universalidad maternal, encierra privilegiados acentos sobre la vida y misi\u00f3n cristiforme de quienes, por el ejercicio de su ministerio <em>in persona Christi,<\/em> m\u00e1s profundas resonancias tienen que provocar en su coraz\u00f3n de Madre del Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>Con su maternidad \u00abte\u00e1ndrica\u00bb bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, fue ella la <em>primera receptora del Esp\u00edritu<\/em> en la plenitud de los tiempos. Y engendrando Sacerdote al Hijo muy amado del Padre, qued\u00f3 profundamente vinculada a las fuentes mismas del sacerdocio redentor de Cristo. Casi dir\u00edase que fue Ella quien nos lo hizo humano y participable. Con la consoladora realidad de que todo lo que tiene de \u00abconsanguinidad humana\u00bb el Pont\u00edfice Jes\u00fas, el Sacerdote, el Mediador y la V\u00edctima a inmolar, es exactamente lo que tiene de <em>mariano<\/em>. Ella sigue siendo, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, al que desde el principio otorg\u00f3 plenamente su f\u00edat maternal absoluto a la redenci\u00f3n, el modelo exacto de todo sacerdocio realmente \u00abcristiforme\u00bb. \u00a1No debemos tener miedo alguno a marianizar profundamente nuestro sacerdocio! \u00a1El \u00fanico peligro que en ello puede haber ser\u00e1 que maternalmente nos haga cada vez m\u00e1s <em>conformes a la imagen de su Hijo!<\/em> (cf. Rm 8, 29ss).<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, \u00a1con qu\u00e9 fina intuici\u00f3n contemplativa Juan Pablo II nos recuerda la trascendencia eclesial y pentecostal de la maternidad plena de Mar\u00eda operada por el Esp\u00edritu! Y, por lo mismo, decisiva y permanente en el misterio de Cristo y de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn la econom\u00eda de la gracia, <em>actuada bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo<\/em>, se da una particular correspondencia entre el momento de la Encarnaci\u00f3n del Verbo y el nacimiento de la Iglesia. <em>La persona que une estos dos momentos es Mar\u00eda, Mar\u00eda en Nazaret y Mar\u00eda en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n<\/em>. En ambos casos su presencia discreta, <em>pero esencial<\/em>, indica el camino del \u00abnacimiento del Esp\u00edritu\u00bb. As\u00ed, la que est\u00e1 presente en el misterio de Cristo como Madre, se hace \u2013por voluntad del Hijo y por obra del Esp\u00edritu Santo\u2013 presente en el misterio de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Queridos sacerdotes: os ruego que, a la luz de la fe y ayudados por vuestros conocimientos teol\u00f3gicos, medit\u00e9is estas verdades. Buscad el agua en la fuente, es decir, en el manantial. Para la vivencia profunda de vuestro sacerdocio, con lo que tiene de ministerio de santificaci\u00f3n de los hombres, no basta haber terminado unos <em>estudios eclesi\u00e1sticos<\/em>, ni cumplir con lo que nos pide una determinada disciplina can\u00f3nica. Mucho menos bastan las modas que van apareciendo con el tiempo que pasa: hoy espiritualistas, ma\u00f1ana temporalistas comprometidos; ayer individualistas, ma\u00f1ana comunitarios, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo permanente, lo valioso, lo eterno por su capacidad de salvaci\u00f3n para el hombre y de gloria en la tierra y en el cielo para Dios, es Cristo, en su Esp\u00edritu, que se nos da como luz y gu\u00eda para todo cristiano en el mundo y como fuerza y alimento para la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Este a\u00f1o celebraremos el XIV Centenario del III Concilio de Toledo. All\u00ed actu\u00f3 el Esp\u00edritu, y la Iglesia de Espa\u00f1a se hizo madre fecunda de muchas generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Este a\u00f1o tambi\u00e9n se celebra el Congreso de Espiritualidad Sacerdotal que ha de servir como medio eficaz de renovaci\u00f3n para los sacerdotes de Espa\u00f1a. Es el Esp\u00edritu el que enciende la luz y mantiene el fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n este a\u00f1o completaremos en nuestra Di\u00f3cesis los trabajos previos a la celebraci\u00f3n del S\u00ednodo en que tantas personas est\u00e1n colaborando. Es el Esp\u00edritu el que nos mueve a todos a desear que nuestra Iglesia se renueve en su interior y en sus estructuras exteriores para un mejor servicio del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Con mi afectuosa bendici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Cf. San Agust\u00edn, <em>Comentario al salmo 140, <\/em>5-6: BAC, 640-641.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Cf. LG 10, 11; SC 10, 41, 47-48; PO 2, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Juan Pablo II, Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n del jubileo de los sacerdotes, 23 de febrero de 1984, 3: apud <em>Insegnamenti di Giovanni Paolo II,<\/em> VII-1, 1984, 472.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Enc\u00edclica <em>Redemptor hominis, <\/em>13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Ib\u00edd., 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Cf. LG 7-8, 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cf. Enc\u00edclica <em>Dominum et vivificantem<\/em>, 1, 2 y 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Cf. <em>Dominum et vivificantem, <\/em>I, 6; II, 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Ib\u00edd., I, 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Ib\u00edd., III, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> Pablo VI, <em>Paterna cum benevolentia,<\/em> 8 de diciembre de 1974, 3 y 5: en <em>Insegnamemi di Paolo VI,<\/em> XII, 1974, 1292 y 1295.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Pablo VI, alocuci\u00f3n en la audiencia general, 6 de junio de 1973: en <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> XI, 478.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Enc\u00edclica <em>Dominum et vivificantem, <\/em>II, 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Enc\u00edclica <em>Redemptoris Mater, <\/em>25.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis de Toledo como preparaci\u00f3n a la solemnidad de Pentecost\u00e9s, 25 de marzo de 1989; texto en Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, abril 1989, 198-211. Queridos sacerdotes: Con el intenso gozo del Aleluya pascual, recibid tambi\u00e9n mi felicitaci\u00f3n fraterna todos los que compart\u00eds conmigo en Toledo los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[42,29],"doc_tag":[],"class_list":["post-1155","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-liturgia-y-ano-liturgico","doc_category-sacerdocio"],"year_month":"2026-04","word_count":5563,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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