{"id":1153,"date":"2024-09-27T23:00:14","date_gmt":"2024-09-27T21:00:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1153"},"modified":"2024-09-27T23:00:14","modified_gmt":"2024-09-27T21:00:14","password":"","slug":"pastores-en-la-pascua","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/pastores-en-la-pascua\/","title":{"rendered":"Pastores en la Pascua"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis Primada con motivo de la Pascua, febrero de 1989: texto en <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> marzo 1989, 117-127.<\/p>\n\n\n\n<p>A mis hermanos, los sacerdotes de Toledo: A vosotros que, por el presbiterado, compart\u00eds conmigo el sacerdocio eterno de Jesucristo en la redenci\u00f3n y en su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Si al acercarse la Navidad os adelantaba gozosa mi felicitaci\u00f3n como pastores privilegiados en el natalicio de Cristo, \u00abPr\u00edncipe de pastores\u00bb (1P 5, 4), en los comienzos de la presente Cuaresma os adelanto tambi\u00e9n mi entra\u00f1able <em>invitaci\u00f3n para la Pascua<\/em>, en cuyo dintel la concelebraci\u00f3n diocesana del Santo Crisma y de nuestra consagraci\u00f3n pastoral por el sacerdocio, evocar\u00e1 en la Iglesia nuestra peculiar identidad privilegiada para los acontecimientos y sacramentos pascuales.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Testigos de Jesucristo crucificado y glorioso<\/h2>\n\n\n\n<p>Con tanto gozo como precisi\u00f3n, la liturgia nos adentrar\u00e1 ese d\u00eda en el misterio eucar\u00edstico, proclamando la grandeza de nuestro sacerdocio como carisma ministerial entre Cristo Mediador y Pont\u00edfice y la condici\u00f3n de Pueblo sacerdotal de nuestras comunidades cristianas (cf. 1P 2, 5-10). \u00abEllos \u2013los sacerdotes ministros\u2013 renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redenci\u00f3n, y preparan a tus hijos el banquete pascual, donde el pueblo santo se re\u00fane en tu amor, se alimenta con tu palabra y se fortalece con tus sacramentos. Tus sacerdotes, Se\u00f1or, al entregar su vida por ti y por la salvaci\u00f3n de los hermanos, van configur\u00e1ndose a Cristo, y as\u00ed dan testimonio constante de fidelidad y de amor\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi primer deseo, en esta invitaci\u00f3n pascual a los sacerdotes toledanos, ser\u00eda el de que continu\u00e9is cada d\u00eda viviendo intensamente ese prefacio, o lo recuper\u00e9is para vuestra vida, con el mismo gozo misterioso, pero profundo e irrenunciable, con el que el d\u00eda de nuestra com\u00fan consagraci\u00f3n sacerdotal, reci\u00e9n marcadas nuestras vidas indeleblemente por el Esp\u00edritu y la imposici\u00f3n de manos, y ansiosos de vivir por primera vez nuestro sacrificio en el de Cristo Eucarist\u00eda, la propia Iglesia nos contemplaba y nos ofrec\u00eda su felicitaci\u00f3n maternal.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hombres, pero marcados para la Pascua<\/h2>\n\n\n\n<p>Clara conciencia tiene la santa Madre Iglesia de que, sin el don y la realidad permanente de la Eucarist\u00eda, nuestra Pascua no pasar\u00eda de ser una mera evocaci\u00f3n piadosa de unos acontecimientos, cada a\u00f1o m\u00e1s lejanos en el tiempo; nuestro Triduo Pascual, un mero recuerdo sentimental o arqueol\u00f3gico de la Pasi\u00f3n y Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; nuestras celebraciones pascuales, s\u00f3lo un recordatorio mental o simb\u00f3lico de hechos y palabras perdidas en el pasado de la Revelaci\u00f3n cristiana. La propia Iglesia, tras la ausencia de la Ascensi\u00f3n, no pasar\u00eda de ser una academia b\u00edblica o moralista de la historia de la salvaci\u00f3n para la \u00abredenci\u00f3n cultural\u00bb de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>aqu\u00ed<\/em> y <em>ahora<\/em> de Cristo, <em>el mismo ayer, hoy y siempre<\/em> (Hb 13, 8), el <em>hoy permanente<\/em> de su mediaci\u00f3n, su sacerdocio y su victimaci\u00f3n palpitante en el tiempo y su condici\u00f3n inagotable de Salvador en su Iglesia, est\u00e1n en sus acciones sacramentales y culminan en el realismo integral de su Eucarist\u00eda. Que \u2013por insondable misterio de humillaci\u00f3n en Cristo y de pavorosa grandeza en sus sacerdotes\u2013 para toda la Iglesia s\u00f3lo nuestras vidas y nuestras manos consagradas pueden d\u00e1rselo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una Iglesia sin sacerdotes ser\u00eda una Iglesia sin Pascua y sin comuni\u00f3n vital con Cristo en el tiempo. Podr\u00eda cada a\u00f1o \u00abhacer historia de la Pascua\u00bb, pero nunca m\u00e1s \u00abactualizar permanentemente la Pascua\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, la Pascua para los sacerdotes, adem\u00e1s de quehacer central de nuestro ministerio, es a un tiempo t\u00edtulo de identidad y nuestro insustituible destino existencial entre los hombres redimidos por Cristo. Y para toda la Iglesia, a nuestro sacerdocio se debe el que la Pascua sea \u00abla ra\u00edz y la fuente, el centro y el culmen de toda su vida y actividad en el mundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos entra\u00f1ables en nuestro com\u00fan sacerdocio: \u00a1Qu\u00e9 humillada grandeza la de Cristo en nosotros; y qu\u00e9 gozosa responsabilidad la nuestra para Cristo en su Iglesia!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Cristo que \u00abllevamos dentro\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>El d\u00eda de nuestra consagraci\u00f3n por la ordenaci\u00f3n sacerdotal la Iglesia pudo sobrea\u00f1adir a la Humanidad de Cristo Redentor \u00abla humanidad consagrada para el quehacer de la redenci\u00f3n permanente\u00bb. Era toda nuestra pobre condici\u00f3n humana de elegidos, consagrados, enviados como <em>hombres de la redenci\u00f3n<\/em>; implicados de por vida en el \u00abdoblaje\u00bb responsable e insustituible de la Persona del Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>En el misterio profundo de Cristo en su Iglesia, el <em>agere in persona Christi<\/em> no es una met\u00e1fora piadosa o un \u00abteologoumenon\u00bb especulativo de exaltaci\u00f3n clerical para regusto escol\u00e1stico. La reciedumbre cristol\u00f3gica de San Cirilo de Alejandr\u00eda no le impidi\u00f3 reconocer que \u00abel sacerdote es la figura y la forma expresa de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. San Juan Cris\u00f3stomo precisar\u00eda tambi\u00e9n: \u00abEn los dones de Dios, nada tienen que hacer el \u00e1ngel o el arc\u00e1ngel. S\u00f3lo el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu los otorgan en su totalidad; pero es el sacerdote el que les presta su lengua y pone a su servicio sus manos\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Era el eco del propio San Pablo, que ya hubo de apelar en la Iglesia de Corinto a su condici\u00f3n inalienable de <em>ministro de Cristo y dispensador de los misterios divinos<\/em> (1Cor 4, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Porque acaso el polvo del tiempo o las inconsciencias de la rutina podr\u00edan hacernos olvidar lo que llevamos en las manos, el Concilio hubo de recordar a toda la Iglesia su dignidad de ser <em>sacramento visible y operante de Cristo, su Se\u00f1or invisible:<\/em> sacramento e instrumento toda ella de la uni\u00f3n con Cristo y de todos los hombres en Cristo<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. Sacramento permanente, envuelto en el misterio del \u00abProtosacramento\u00bb redentor que es el propio Cristo, misterio revelado y operante desde la encarnaci\u00f3n (cf. Col 1, 18-20. 24-29; 1Tm 3, 16; Ef 5, 32).<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sacramento universal de salvaci\u00f3n, el propio Concilio ha tenido que recordarnos que, por su propia naturaleza, los momentos m\u00e1s fuertes de la sacramentalidad de toda la Iglesia, los sacramentos, son \u00abacciones de Cristo Redentor\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>. Y precisamente porque el realizarlas es cometido de sus sacerdotes en nuestra identidad de \u00abministros y dispensadores de los misterios divinos\u00bb, en los que el propio Cristo se hace presente y act\u00faa, el <em>agere in persona Christi <\/em>del sacerdote es una realidad misteriosa; pero tan objetiva, al menos, como la propia objetividad eficaz de los sacramentos<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>De las casi tres d\u00e9cadas de episcopado, que de mi vida tengo ya consumadas para Cristo en su Iglesia, os confieso que las m\u00e1s profundas alegr\u00edas fueron siempre las de poder multiplicar el sacerdocio activo de Cristo por la imposici\u00f3n sacramental de mis manos. Pero siempre me ha temblado el alma, cuantas veces ten\u00eda que retirarlas despu\u00e9s, dejando en la Iglesia hombres indeleblemente \u00abmarcados para la redenci\u00f3n\u00bb en su quehacer irrenunciable de cada d\u00eda. Hombres, cuya identidad m\u00e1s \u00edntima ya nos les ser\u00eda posible realizar y reconocer exactamente, sino cuando pod\u00edan y deb\u00edan actuar <em>transparentando eficazmente<\/em> la Persona de Cristo Redentor. Hombres; pero de humanidad consagrada, con el coraz\u00f3n y la vida \u00abreservados en totalidad\u00bb para Cristo en su Iglesia; \u00abalienados\u00bb misteriosamente, casi tanto como la misma humanidad de Cristo para la Persona del Verbo encarnado (cf. Flp 2, 6ss; Jn 1, 14); \u00abconsagrados activamente\u00bb a su quehacer de redenci\u00f3n. Hombres, en cuyo carnet irrenovable de identidad, s\u00f3lo un nombre y un quehacer es ya leg\u00edtimamente posible: <em>Alter Christus<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son los hombres de permanente <em>fisonom\u00eda sacramental<\/em>, hasta tal punto que, aun cuando ni Cristo ni la Iglesia sean los curas, inevitablemente el \u00abrostro visible de Cristo y de la Iglesia\u00bb tenga necesariamente <em>rasgos humanos sacerdotales<\/em> <em>en el tiempo<\/em>. Esa imborrable fisonom\u00eda sacramental, que hace de sus vidas el \u00abpuente visible\u00bb del pontificado invisible que tienen las almas para ver y encontrar a Cristo en su Iglesia. \u00a1El Cristo que llevan dentro!, aunque ellos mismos se vean a veces aplastados en sus m\u00e1s \u00edntimas debilidades humanas por el peso del misterio de la Iglesia y de la redenci\u00f3n entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Qui\u00e9rase o no, en el \u00e1mbito cotidiano de la Iglesia y de su entorno, la sociedad y las comunidades humanas, la primera y m\u00e1s directa \u00abcristolog\u00eda\u00bb que puede percibir y valorar el hombre de nuestro tiempo \u2013y de todos los tiempos\u2013 no est\u00e1 en los centros teol\u00f3gicos o en los escritos especializados. \u00a1Est\u00e1 normalmente en la \u00abcristolog\u00eda viviente\u00bb del rostro y de la vida de cada sacerdote de Cristo!<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nuestra Pascua inmolada, \u00a1Cristo! (1Cor 5, 7)<\/h2>\n\n\n\n<p>Al coronar nuestra cuaresma sacerdotal y ministerial, casi convertido directamente el Evangelio en ritual para esos d\u00edas y con nuestro sacerdocio insustituible \u00abactuando una vez m\u00e1s en la Persona de Cristo\u00bb, actualizaremos en nuestras comunidades eclesiales los acontecimientos de nuestra redenci\u00f3n. En Cristo, por Cristo y con Cristo viviremos intensamente el itinerario pascual desde las aclamaciones humanas de Ramos hasta la soledad definitiva del sepulcro vac\u00edo por la invencible victoria redentora de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>El momento fuerte de su redenci\u00f3n \u2013<em>mediaci\u00f3n<\/em> reconciliadora. sacerdocio pleno y <em>victimaci\u00f3n<\/em> consumada\u2013 se nos revelar\u00e1 en la cruz sobre el G\u00f3lgota. Es la clave permanente del gran Triduo de nuestra Pascua inmolada, que es Cristo. El Viernes Santo, d\u00eda en que, contemplativa toda la Iglesia, ni siquiera nos permitir\u00e1 nuestro \u00abdoblaje sacramental\u00bb del sacrificio de Cristo en nuestro quehacer sacerdotal. Aunque ello pudiera antoj\u00e1rsenos parad\u00f3jico, la propia Iglesia tradicionalmente parece temer que la dimensi\u00f3n incruenta del sacrificio eucar\u00edstico nos difumine un tanto el realismo cruento del acontecimiento redentor. Quisiera hacernos vivir directa y profundamente el misterio del Calvario.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de la fe y del amor, dos tipos de visi\u00f3n caben en el Calvario. Uno, mirando a Cristo Redentor, clavado hasta su muerte en la cruz. El otro, mirando al mundo desde la misma cruz del Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquello es contemplar a Cristo inmolado con intenso amor teol\u00f3gico de redimidos. Lo segundo, mirar al mundo con responsabilidad evang\u00e9lica de sacerdotes y ministros de la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando a Cristo en la cruz, \u00a1nada falta! Lo dio todo. Nada le ha quedado por inmolar. No se le podr\u00eda pedir ya m\u00e1s amor, ni m\u00e1s sacrificio, ni mayor entrega redentora. Realmente, <em>todo est\u00e1 consumado<\/em> (Jn 19, 30). Y aun consumada su muerte, abierto qued\u00f3 su Coraz\u00f3n de Redentor, exhalando amores y caridad gratuita de sacrificio por todos los hombres. De ese costado redentor del Nuevo Ad\u00e1n surgir\u00e1 su Esposa la Iglesia<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>, madre fecunda por los sacramentos del agua y de la sangre y el Don permanente del Esp\u00edritu de Cristo. De aquel Coraz\u00f3n man\u00f3 tambi\u00e9n el ser y el quehacer de nuestro sacerdocio, con el que el propio Redentor hab\u00eda dejado marcados a sus Ap\u00f3stoles la anterior noche eucar\u00edstica: <em>Haced esto en mi memorial hasta que vuelva&#8230;<\/em> (1Cor 11, 25; Lc 22, 19). Realmente, sin el Calvario y su ministerio perpetuado en la Eucarist\u00eda, o no ser\u00edamos hoy sacerdotes de Cristo, o nuestro sacerdocio no tendr\u00eda la profunda identidad de la Persona del Redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando desde la cruz de Cristo, en cambio, \u00a1a\u00fan es mucho lo que falta en el quehacer de la redenci\u00f3n! \u00a1Queda casi todo por hacer cada d\u00eda de la historia humana!<\/p>\n\n\n\n<p>Si pudi\u00e9ramos mirar al mundo \u00aba trav\u00e9s de los ojos mismos de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>, ver\u00edamos exactamente cada d\u00eda lo que a\u00fan falta a la Pasi\u00f3n de Cristo (Col 1. 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando a la cruz contemplativamente s\u00f3lo vemos al Redentor. Pero mirando desde la cruz, ver\u00edamos la redenci\u00f3n y nos ver\u00edamos a nosotros mismos con los ojos del Redentor. Mirando a la cruz, \u00a1\u00c9l no puede dar ya m\u00e1s! Mirando desde la cruz, a\u00fan no lo hemos dado todo nosotros por \u00c9l y por los hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambas visiones del misterio de la redenci\u00f3n son miradas de fe en Cristo crucificado, el mismo ayer, hoy y siempre (cf. 1Cor 1, 23; Hb 13, 8). Pero del lado humano, entre ambas miradas media casi un abismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera tiende a ser piadosamente pasiva; agradecida y hasta sincera en cuantos vibran al sentirse redimidos por Cristo Jes\u00fas. Mirada honda, capaz de poner en el coraz\u00f3n ansias profundas de amor y de perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, a fin de corresponder a <em>Quien nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros<\/em> (Ef 5, 1; cf. Gal 2, 20). San Pablo llega a maldecir valientemente, incluso, a quien no le ame: <em>Si alguno no ama al Se\u00f1or, \u00a1sea anatema!<\/em> (1Cor 16, 21).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero de semejante visi\u00f3n de la redenci\u00f3n y del Calvario podr\u00edan surgir tambi\u00e9n aut\u00e9nticos culpables de <em>lo que a\u00fan falta a la Pasi\u00f3n de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia<\/em> (Col 1, 24): las inconsciencias inoperantes de cuantos se aferran, ego\u00edstas o piadosos, a la cruz de Cristo para salvarse o santificarse ellos solos. Sin la m\u00e1s m\u00ednima inquietud real por la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s. Como si el quehacer de la redenci\u00f3n en la Iglesia pudiera darse por consumado en ella misma o en la fe fiducial del creyente. Olvidando el alcance dram\u00e1tico del misterio: que la eficacia y el valor permanente de la redenci\u00f3n, indestructible y universal, pueden limitarlos o anularlos los ego\u00edsmos hasta piadosos de los propios redimidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La otra mirada ser\u00eda la postura m\u00e1s realmente cristiana y evang\u00e9lica. Ciertamente, la \u00fanica pastoral; la m\u00e1s coherente con nuestra identidad sacerdotal en el misterio de Cristo y de su Iglesia. Porque el Hijo de Dios, al encarnarse solidariamente en humanidad redentora de Mediador, Sacerdote y V\u00edctima, se injert\u00f3 en la humanidad haci\u00e9ndonos a todos corresponsables de la redenci\u00f3n de todos. Precisamente por ello, <em>vosotros sois Cuerpo de Cristo y cada uno sus miembros<\/em> (cf. 1Cor 12, 27), <em>cada uno, por su parte, miembros somos unos de otros<\/em> (v. 12).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan. Cumplida personalmente por Jes\u00fas su misi\u00f3n de Redentor al expirar en la cruz, la aplicaci\u00f3n universal y permanente de la redenci\u00f3n qued\u00f3 a la responsabilidad de nuestra incorporaci\u00f3n activa y solidaria al amor del Redentor, al amor operante del Cristo total en su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. Ef 4, 7-16).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta visi\u00f3n \u00abactiva\u00bb, humildemente responsable, de la redenci\u00f3n, que siempre ha dado y seguir\u00e1 dando el temple m\u00e1s aut\u00e9nticamente cristiano a todos los miembros conscientes de Cristo y su Iglesia ante el mundo, es la clave irrenunciable de nuestra identidad sacerdotal y de nuestro ministerio permanente <em>in persona Christi<\/em> en su Iglesia ante Dios y ante los hombres: <em>un deber que me incumbe, y \u00a1ay de m\u00ed si no evangelizara!<\/em> (1Cor 9, 16-17). Y, lo que es m\u00e1s decisivo en el misterio siempre inacabado de la redenci\u00f3n aplicada: el propio Cristo Redentor qued\u00f3 comprometido \u2013por su \u00abtransferencia\u00bb sacerdotal visible: <em>como el Padre me envi\u00f3, as\u00ed os env\u00edo yo a vosotros<\/em> (Jn 20, 21; cf. 17, 18)\u2013 a ir haciendo cada d\u00eda en su Iglesia entre los hombres, tanto cuanto nosotros con nuestro \u00abdoblaje sacerdotal y pastoral\u00bb le ayudemos y cooperemos con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Por nuestro sacerdocio, a nosotros nos toca mirar al mundo desde la cruz. Al menos, en todos aquellos quehaceres de la redenci\u00f3n en que, aun en su Iglesia, el propio Cristo nos ha querido irreemplazables. Vibraba Juan Pablo II, cuando en su homil\u00eda para el jubileo de los sacerdotes del A\u00f1o de la Redenci\u00f3n, urg\u00eda nuestras conciencias:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNuestra vocaci\u00f3n, queridos hermanos, encierra en s\u00ed un gran y fundamental servicio respecto de cada hombre. Ninguno puede prestar este servicio en lugar nuestro. <em>Ninguno puede sustituirnos<\/em>. Debemos alcanzar con el <em>sacramento de la Nueva y Eterna Alianza<\/em> las ra\u00edces mismas de la existencia humana sobre la tierra; introducir en ella <em>la dimensi\u00f3n de la redenci\u00f3n y de la Eucarist\u00eda<\/em>: reforzar <em>la conciencia de la filiaci\u00f3n divina mediante la gracia<\/em>: administrar la realidad sacramental de la reconciliaci\u00f3n con Dios y de la sagrada comuni\u00f3n&#8230; No nos entre la tentaci\u00f3n de la \u201cinutilidad\u201d, es decir, la de sentirnos no necesarios. Porque no es verdad. <em>Somos m\u00e1s necesarios que nunca, porque Cristo es m\u00e1s necesario que nunca<\/em>. El Buen Pastor es hoy necesario m\u00e1s que nunca\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Misterio Pascual: la \u00abpsicolog\u00eda de la Cruz\u00bb<br>(Cf. Gal 2, 19-20; 6, 14)<\/h2>\n\n\n\n<p>Tras veinte a\u00f1os posconciliares de f\u00e1ciles optimismos \u00abpascuales\u00bb en la pastoral renovadora de la Iglesia en el mundo, la experiencia sacerdotal de muchos y, sobre todo, el realismo comprobado en el S\u00ednodo extraordinario de Obispos, de 1985, nos est\u00e1n gritando de nuevo la <em>prioridad de la cruz<\/em> en el misterio permanente de la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNos parece que en las dificultades actuales Dios quiere ense\u00f1arnos, de manera m\u00e1s profunda, el valor, la importancia y la centralidad de la cruz de Jesucristo. Por ello, hay que explicar a la luz del misterio pascual <em>la relaci\u00f3n entre la historia humana y la historia de la salvaci\u00f3n<\/em>. Ciertamente, la teolog\u00eda de la cruz no excluye en modo alguno la teolog\u00eda de la creaci\u00f3n y de la encarnaci\u00f3n, sino que, como es obvio, la presupone. Cuando los cristianos hablamos de la cruz, no merecemos el apelativo de pesimistas, pues nos colocamos <em>en el realismo de la esperanza cristiana<\/em>\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el misterio de la redenci\u00f3n, el Evangelio del Redentor crucificado (cf. 1Cor 1, 23), la cruz no fue un accidente, ni un mero sobrea\u00f1adido a la humanidad sacerdotal de Cristo. Mucho menos podr\u00eda quedar reducida, tras los acontecimientos pascuales del Calvario, a un simple adorno simb\u00f3lico en su Iglesia y para su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>El Verbo se nos consagr\u00f3 Sacerdote en el momento en que, encarnado en carne palpitante para la cruz, entr\u00f3 en el mundo iniciando su <em>oblaci\u00f3n existencial<\/em> con la \u00abpsicolog\u00eda pastoral de la cruz\u00bb (cf. Hb 10, 5-10).<\/p>\n\n\n\n<p>Para expresar la hondura existencial y el temple redentor de Cristo, hubo San Pablo de inventarse la expresi\u00f3n enigm\u00e1tica de la <em>k\u00e9nosis<\/em> divina del Verbo humillado \u2013Dios \u00abcomo desdivinizado\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>\u2013, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2, 6ss). Y s\u00f3lo desde semejante anonadamiento existencial hasta su culminaci\u00f3n en la cruz, pudo proclamar a un tiempo el \u00abporqu\u00e9\u00bb del se\u00f1or\u00edo revelador de su Resurrecci\u00f3n pascual y el \u00abpor lo cual\u00bb de la fuerza salv\u00edfica de la misma redenci\u00f3n avalada definitivamente en el Crucificado-Resucitado: <em>Entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n<\/em> (Rm 4, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, la medida de redenci\u00f3n es y ser\u00e1 siempre la cruz. El irrenunciable misterio e <em>\u00edndice permanente de la \u00abpascua cristiana\u00bb<\/em>; que nunca ser\u00e1 realmente cristiano lo que del hombre y del mundo no pase por la cruz de Cristo (cf. 1Cor 1, 23-24; Gal 6, 14). En la cuneta de la \u00abredenci\u00f3n frustrada\u00bb ir\u00e1n quedando siempre los escandalizados ante la cruz de Cristo y las cegueras deslumbradas de la humana sabidur\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el coraz\u00f3n de la cruz sacerdotal del Redentor ha colocado, vocacional y sacramentalmente, el propio Cristo el coraz\u00f3n y aun la vida \u00edntegra de sus sacerdotes. Hombres consagrados no s\u00f3lo para proclamar el <em>misterio de Cristo Crucificado<\/em>, sino tambi\u00e9n para \u00abtransparentar\u00bb en su Iglesia la Persona de Cristo en su permanente quehacer ministerial de realizarlo, viviendo el misterio, y vivirlo intensamente, realiz\u00e1ndolo. Hora ser\u00eda ya de aprender a traducir el \u00abcar\u00e1cter sacramental\u00bb indeleble del sacerdocio y su dinamismo: <em>agere in persona Christi Sacerdotis,<\/em> por lo que nuestra propia identidad sacerdotal nos est\u00e1 reclamando del propio Cristo: la \u00abpsicolog\u00eda de la cruz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Se afirma, a veces un tanto irresponsablemente, que la teolog\u00eda del sacerdocio ministerial en la Iglesia est\u00e1 a\u00fan por hacer. No es cierto. La teolog\u00eda profunda del sacerdocio la hizo y la vivi\u00f3 en plenitud el \u00fanico Sacerdote que es Cristo: <em>El que siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios; sino que se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo, tomando condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre. Y se humill\u00f3 a s\u00ed mismo, obedeciendo hasta la muerte de cruz&#8230; Cristo, \u00a1el Se\u00f1or, para gloria de Dios Padre!<\/em> (Flp 2, 6-11).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo que esta teolog\u00eda vivencial y pastoralmente redentora, indispensable tanto en el misterio como en el ministerio de redenci\u00f3n, es la que acaso nos resistimos a vivir; o tratamos de matiz\u00e1rnosla con rebajas antropol\u00f3gicas, culturales, sociol\u00f3gicas o, incluso, teol\u00f3gicas. Y ello, a costa de olvidar lo que San Gregorio de Nisa, reiterando una expresi\u00f3n realista de Or\u00edgenes, llamaba <em>los modos y maneras<\/em> de Jes\u00fas<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>. \u00a1Lo que realmente de teolog\u00eda precisamos vivir los sacerdotes, como pastores, para alcanzar a tener \u00abel sentido de Cristo\u00bb! (cf. 1Cor 2, 16; 1, 23; Gal 2, 19; 5, 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Y no es s\u00f3lo la <em>cristolog\u00eda pascual<\/em> la que enmarca nuestro sacerdocio en la cruz redentora de Cristo. A nosotros, los sacerdotes, a poco que vivamos con conciencia de nuestra condici\u00f3n en la Iglesia y ante el mundo, nos crucifica nuestro propio sacerdocio. La historia, la experiencia y nuestra vida cotidiana nos lo evidencian.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando la debilidad humana lleve al sacerdote de Cristo a la tentaci\u00f3n de buscar posturas menos inc\u00f3modas en su condici\u00f3n de \u00abcrucificado con Cristo en su Sacerdocio\u00bb (cf. Gal 2, 19-20), lo m\u00e1s \u00edntimo de su existencia seguir\u00e1 acusando en \u00e9l las \u00abmarcas de Cristo\u00bb en su carne viva frente a los hombres. Es la grandeza indeleble y la servidumbre profunda de nuestra identidad sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer como hoy, y hoy tal vez como nunca, ser sacerdote de Cristo es algo entra\u00f1ablemente glorioso. Tan glorioso como el propio Cristo en su humanidad redentora; pese a que su propio realismo humano le convert\u00eda existencialmente en <em>signo de contradicci\u00f3n<\/em> (cf. Lc 2, 34) permanente entre y ante los hombres. Por ello, no es menos duro ser sacerdote de Cristo; tan duro como la experiencia profunda de la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Comporta lacerante, a veces, una <em>conciencia de humillados<\/em>: como hombres desarraigados entre los hombres que \u00abal natural\u00bb no parecen vivir sino autoafirm\u00e1ndose en su propio orgullo. En ninguna vida \u00edntima, como en la nuestra, puede resultar hoy tan brutal el choque entre el antropocentrismo absoluto y el teocentrismo irrenunciable de nuestro sacerdocio. \u00a1Es la cruz de nuestra identidad!<\/p>\n\n\n\n<p>Comporta, a veces, una <em>subconsciencia de inseguridad<\/em> \u2013psicol\u00f3gica y social\u2013, como hombres \u00abdel vac\u00edo\u00bb entre hombres tan ut\u00f3pica como obsesivamente ufanos de su auto-afianzamiento existencial progresista. \u00a1Es la cruz de nuestra \u00edntima debilidad!<\/p>\n\n\n\n<p>Comporta no infrecuentemente una <em>conciencia de abandono en la soledad<\/em> \u2013eco, tal vez, de la misma soledad de Cristo Sacerdote en la cruz (cf. Mc 15, 34)\u2013, en medio de una \u00abcivilizaci\u00f3n de masas\u00bb, en la que el hombre actual apenas resulta capacitado para superar la droga de la despersonalizaci\u00f3n contagiosa en la masa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, sobre todo, nuestro sacerdocio hace hoy inevitable la misma <em>experiencia de la conciencia redentora de Cristo <\/em>ante el casi desesperante \u00absilencio de Dios\u00bb en el mundo. \u00abEn la cima de su esp\u00edritu, Jes\u00fas tiene la visi\u00f3n neta de Dios y la certeza de la uni\u00f3n con el Padre. Pero en las zonas que lindan con la sensibilidad y, por ello, m\u00e1s sujetas a las impresiones, emociones, repercusiones de las experiencias dolorosas internas y externas, el alma humana de Jes\u00fas se reduce a un desierto, y \u00c9l no siente ya la \u201cpresencia\u201d del Padre, sino la tr\u00e1gica experiencia de la m\u00e1s completa desolaci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. S\u00f3lo que como hombres \u00abprivilegiados sin privilegios\u00bb, nosotros, a diferencia de Jes\u00fas Sacerdote en la cruz, podemos ser m\u00e1s propensos a la ilusi\u00f3n por las <em>legiones de \u00e1ngeles<\/em> (cf. Mt 26, 53), a la a\u00f1oranza por <em>la espada de Pedro<\/em> (cf. Jn 18, 10ss), a una tentadora esperanza en las \u00abmaniobras de Pilato\u00bb (cf. Jn 18, 31.38ss; 19, 4-6. 12-15). \u00bfNo ser\u00e1 \u00e9sta, acaso, la cruz de nuestra propia inmadurez humana en el sacerdocio?<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, llevamos en nuestras propias carnes los signos y la evidencia de los misteriosos \u00abcaminos de la redenci\u00f3n\u00bb. No en vano es en nuestro sacerdocio, como en el propio sacerdocio fontal de Cristo, donde m\u00e1s claramente lo \u00abinstitucional y lo carism\u00e1tico de la redenci\u00f3n y de la Iglesia se hacen s\u00edntesis existencial y viva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos sacerdotes:<\/p>\n\n\n\n<p>A l terminar de escribir estas reflexiones no puedo menos de insistir en una idea, y es \u00e9sta: nuestro ministerio sacerdotal tiende a procurar en los fieles una clara conciencia de la necesidad de aceptar la cruz, que es la cruz de Jesucristo, y tambi\u00e9n el gozo de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dones que ofrecemos y la palabra que predicamos proceden de un Cristo victorioso y lleno de gloria. Pero tambi\u00e9n tenemos que valorar la riqueza salvadora de la cruz. Hay que luchar y educar a la comunidad cristiana en la lucha contra el pecado y contra esa otra tragedia del olvido de Dios, que pesa cada d\u00eda m\u00e1s sobre el esp\u00edritu atormentado de los hombres de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como sacerdotes, somos imprescindibles y necesarios, como <em>testigos natos<\/em> del que <em>fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n<\/em> (Rm 4, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Predicad la palabra de Dios en esta cuaresma con justeza y con fervor. Facilitad a los fieles la posibilidad de confesar sus pecados y pedir perd\u00f3n a Dios. Orad y haced orar con los sentimientos de Cristo Jes\u00fas, Sacerdote Mediador ante el Padre (cf. Flp 2, 5). Vivid vuestra propia inmolaci\u00f3n con Cristo, <em>completando lo que a\u00fan falta a la pasi\u00f3n de Cristo por su Cuerpo que es la Iglesia<\/em> (Col 1, 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro itinerario cuaresmal no termina en la cruz, pues nos lleva a la experiencia sublime del gozo de ser de Cristo \u00abque ha vencido al mundo\u00bb mediante su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni la cuaresma tendr\u00eda sentido sin la Resurrecci\u00f3n, ni la Resurrecci\u00f3n se improvisa sin la experiencia de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegar\u00e1 tambi\u00e9n para nosotros la alegr\u00eda interior de la Vigilia Pascual. Volveremos a encontrarnos en ese gozo profundo mediante la oportuna reflexi\u00f3n. Pero entretanto nuestra cuaresma sacerdotal nos impulsa, tanto en nuestra vida personal como en nuestro ministerio, para ayudar a conocer y amar el don de la redenci\u00f3n y a intensificar con San Pablo la conciencia profunda de nuestra identidad con Cristo. <em>Con Cristo estoy crucificado; no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed. La vida que vivo en el presente, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 19-20).<\/p>\n\n\n\n<p>Con mi afectuosa bendici\u00f3n.<br>Toledo, febrero 1989.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn<\/strong><br>Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> <em>Missale romanum, <\/em>prefacio en la Misa Crismal, Jueves Santo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Cf. SC 10. 41. 47-48; LG 10. 11; PO 2. 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> San Cirilo de Alejandr\u00eda, <em>La adoraci\u00f3n y el culto de Dios en esp\u00edritu y en verdad: <\/em>PG 68, 882.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> San Juan Cris\u00f3stomo, <em>Homil\u00edas sobre el Evangelio de San Juan, <\/em>864: PG 57, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Cf. LG 1, 9, 48; AG 1, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Cf. SC 6-7. 26.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cf. SC 7; LG 10, 28; PO 2, 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Cf. LG 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Cf. <em>Redemptor hominis, <\/em>10 y 18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Juan Pablo II, Homil\u00eda, 23 de febrero de 1984; apud <em>Insegnamenti di Giovanni Paolo II.<\/em> VII-1. 1984, 472.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> <em>Relaci\u00f3n final, <\/em>II, D, 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Clemente de Alejandr\u00eda, <em>Pedagogo,<\/em> II, 38, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Cf. <em>Didach\u00e9, <\/em>XI, 8: BAC 65, 89.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Juan Pablo II, alocuci\u00f3n en la audiencia general del mi\u00e9rcoles 30 de noviembre de 1988: <em>L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, ed. en lengua espa\u00f1ola, 4 diciembre 1988, p.3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis Primada con motivo de la Pascua, febrero de 1989: texto en Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, marzo 1989, 117-127. A mis hermanos, los sacerdotes de Toledo: A vosotros que, por el presbiterado, compart\u00eds conmigo el sacerdocio eterno de Jesucristo en la redenci\u00f3n y en su Iglesia. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[42,29],"doc_tag":[],"class_list":["post-1153","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-liturgia-y-ano-liturgico","doc_category-sacerdocio"],"year_month":"2026-04","word_count":4666,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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