{"id":1151,"date":"2024-09-27T22:59:28","date_gmt":"2024-09-27T20:59:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1151"},"modified":"2024-09-27T22:59:28","modified_gmt":"2024-09-27T20:59:28","password":"","slug":"pastores-de-la-navidad","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/pastores-de-la-navidad\/","title":{"rendered":"Pastores de la Navidad"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis Primada con motivo de las fiestas navide\u00f1as, 8 de diciembre de 1988: texto en el <em>Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo,<\/em> diciembre 1988, 732-742.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mis queridos hermanos en el sacerdocio<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Permitidme en estas Navidades de 1988 que mi primera y m\u00e1s entra\u00f1able felicitaci\u00f3n por el natalicio de Jesucristo, el Se\u00f1or, sea para vosotros, los que compart\u00eds conmigo el don del sacerdocio ministerial en nuestra Archidi\u00f3cesis toledana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque otras personas, vuestros feligreses o vuestros seres queridos, se me adelanten, que sea la m\u00eda la primera, al menos en intensidad de amor y gozo sacerdotal saboreados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n los sacerdotes tenemos derecho al gozo de la Navidad de Cristo. La misma Iglesia, en su liturgia, tiene conciencia de que nadie puede ser excluido, ni siquiera por olvido. \u00abPara todos es una y com\u00fan la causa de tan gozosa alegr\u00eda\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ha nacido el sacerdocio eterno de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Igualmente, en la Iglesia el inagotable gozo de la Navidad, vivida desde la fe contemplativa, admite grados y honduras diversas. Aun el grito de felicitaci\u00f3n que, con palabras de San Le\u00f3n Magno, se hace universal, es diversificado: \u00abAl\u00e9grese el santo, puesto que se le acerca la victoria; regoc\u00edjese el pecador, puesto que se le invita al perd\u00f3n; an\u00edmese hasta el gentil, ya que se le llama a la vida\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Es casi la ret\u00f3rica teol\u00f3gica, hecha ilusi\u00f3n evangelizadora para toda la humanidad desde el coraz\u00f3n navide\u00f1o de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3lo unos d\u00edas despu\u00e9s, de nuevo con palabras de aquel Pont\u00edfice, intensificar\u00e1n tan gozosa felicitaci\u00f3n sobre s\u00ed mismos la Iglesia y sus hijos. Por cuanto, \u00abla generaci\u00f3n de Cristo es el comienzo del Pueblo de Dios, como el nacimiento de la Cabeza lo es al mismo tiempo del Cuerpo\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque hablaba para toda la Iglesia, aquel gran Pont\u00edfice, el te\u00f3logo del misterio navide\u00f1o, no fue m\u00e1s all\u00e1 en una felicitaci\u00f3n espec\u00edficamente sacerdotal y gozosamente exclusiva para los sacerdotes en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quisiera yo hoy, con todo derecho, ampliar la misma mirada gozosa de la Iglesia en el natalicio hasta vuestra identidad excepcional y cualificada en el misterio de Cristo: \u00abNatalis sacerdotis Christi, natalis est sacerdotii Christi\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues si todos los hombres tienen derecho a la experiencia del gozo de la presencia tan cercana del Enmanuel \u2013Dios con nosotros\u2013; si todos los cristianos pueden ahondar en la experiencia de este gozo, por ser ya miembros vivos de Cristo prolongado en su Cuerpo, la Iglesia, s\u00f3lo nosotros poseemos el inalienable derecho al gozo navide\u00f1o de haber llegado, en Cristo, a una experiencia configurada con la misma Persona del Redentor: la de ser ministros suyos y actuar <em>in persona Christi<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la grandeza y la dulce servidumbre de nuestra propia identidad ante Dios, ante la Iglesia y ante los hombres: ser el doble visible de la Persona de Cristo invisible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Misterio de \u00abencarnaci\u00f3n invertida\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No puede el mundo f\u00e1cilmente entenderlo, y dif\u00edcilmente nuestros propios fieles llegar\u00e1n a vivirlo. Tal vez nosotros mismos lo olvidemos. Pero el hecho real es que el sacerdote de Cristo es, en s\u00ed mismo, el fruto permanente de un misterio de <em>encarnaci\u00f3n invertida<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Cristo, la Persona del Verbo ha asumido y elevado la realidad humana palpitante en comuni\u00f3n existencial tan perfecta, que, aun en cuanto hombre, ha podido ser irreversiblemente el Hijo muy Amado Mediador y Pont\u00edfice <em>in persona hominum<\/em>. Es el Nuevo Ad\u00e1n (cf. Rm 5 ,15s; 1Cor 15, 45ss; Ef 4, 24), de nuestra misma carne y sangre (cf. Hb 2, 11), que <em>no se averg\u00fcenza en ser nuestro hermano y habit\u00f3 entre nosotros<\/em> (Jn 1,14). El \u00abevangelizador\u00bb y, personalmente, \u00abEvangelio del Hijo\u00bb transparentando su filiaci\u00f3n entre los hombres, en cuanto Dios mismo se nos puede transparentar: <em>Quien me ve a m\u00ed, ve al Padre<\/em> (Jn 14, 10).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En vosotros y en m\u00ed, en el <em>hombre-sacerdote-de Cristo<\/em>, la persona humana ha quedado consagrada (casi asumida) por el sacerdocio de Cristo, desde el d\u00eda en que el orden sacerdotal vino a asumir y elevar su humilde humanidad en comuni\u00f3n existencial e indeleble con el Hijo muy Amado. Comuni\u00f3n tan perfecta en Cristo, con Cristo y para Cristo, que ni yo ni cada uno de vosotros podemos ya dejar de ser <em>alter Christus: <\/em>aquel que, hombre de Dios en carne y hueso, s\u00f3lo puede ya tener identidad exacta entre los hombres, sus hermanos, en la medida en que act\u00fae ante ellos <em>in persona Christi<\/em>. Y s\u00f3lo puede ser aut\u00e9ntico en la medida en que su vida \u00edntegra se esfuerce por transparentar a Cristo. Evangelizador y Evangelio viviente para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Qu\u00e9 hermoso y qu\u00e9 irrenunciable es ser, en Cristo, sacerdote! \u00a1Aunque, a veces, nuestra misma peque\u00f1ez humana nos lo haga dif\u00edcil! Aunque las miop\u00edas naturales de los hombres no acierten muchas veces a vislumbrarlo. Pero \u00a1qu\u00e9 hermoso es serlo de hecho!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Os felicito, hermanos, y me felicito a m\u00ed mismo, por el com\u00fan privilegio de haber llegado a serlo y para siempre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacerdote, \u00abepifan\u00eda\u00bb privilegiada de Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Del misterio navide\u00f1o lo m\u00e1s decisivo, para nuestra gozosa condici\u00f3n sacerdotal, ha sido el acontecimiento de una <em>epifan\u00eda<\/em> singular de Cristo. Una epifan\u00eda personal, selectiva y privilegiada; que nos ha marcado indeleblemente en lo m\u00e1s profundo de nuestra existencia personal, humana y cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando coronemos las vivencias lit\u00fargicas navide\u00f1as celebrando el acontecimiento de la epifan\u00eda o <em>manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas<\/em>, podr\u00edamos perdernos un tanto especulativamente contemplando, en el simbolismo revelador de la iluminaci\u00f3n de los Magos de Oriente, las primicias de la <em>vocaci\u00f3n de los gentiles<\/em> a la experiencia del misterio de Cristo y de la salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n podr\u00edan deslumbrarnos los indicios teol\u00f3gicos y prefigurativos de la <em>universalidad redentora<\/em> del Enmanuel. Y hasta angustiarnos \u00edntimamente el hecho de que a\u00fan hoy, tras veinte siglos de evangelizaci\u00f3n limitada, queden dos terceras partes de la humanidad redimida, pero sin epifan\u00eda real, sin evangelizar para Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mas no olvidemos que la verdadera y m\u00e1s profunda <em>epifan\u00eda<\/em> de Cristo es siempre acontecimiento entra\u00f1ablemente <em>personal<\/em> en la historia de la salvaci\u00f3n de cada ser humano. Es el acontecimiento misterioso y decisivo de la vocaci\u00f3n concreta, como fruto de una <em>revelaci\u00f3n personal<\/em> selectiva de Cristo y para Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Pedro, Juan o Santiago, la verdadera epifan\u00eda de Cristo no tuvo lugar aquel d\u00eda en que unos magos acudieron a Bel\u00e9n para evidenciar con su presencia privilegiada el alcance universal de la manifestaci\u00f3n del Redentor. Para ellos, la privilegiada <em>epifan\u00eda<\/em> de Cristo no tendr\u00eda lugar hasta treinta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando, un d\u00eda, el propio Cristo se les entrecruz\u00f3 en sus vidas, mir\u00e1ndolos con amor selectivo y eligi\u00e9ndolos gratuitamente para la intimidad responsable y el seguimiento revelador. Aqu\u00e9lla fue la <em>epifan\u00eda<\/em> que les manifest\u00f3 su vocaci\u00f3n y les marc\u00f3 para toda su existencia: \u00a1Ven y s\u00edgueme&#8230;!, <em>que no me hab\u00e9is elegido vosotros a m\u00ed, sino yo a vosotros<\/em> (cf. Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-20; Lc 5, 1-11; Jn 15, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n nuestra vida, y en ella nuestra ya irrenunciable identidad personal de sacerdotes de Cristo y para Cristo, es el fruto consumado de la m\u00e1s gozosa <em>epifan\u00eda selectiva<\/em>; privilegiada aun dentro de la misma Iglesia, <em>comunidad de elegidos<\/em> (cf. Ef 1, 3ss; Col 1, 13ss).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Epifan\u00eda cualificada<\/em>, como una evidencia irreversible del amor del Padre, <em>a quien tambi\u00e9n plugo revelar en m\u00ed a su Hijo, tras haber sido elegido desde el vientre materno<\/em> (Gal 1, 15ss). Y destinarme para <em>hacer epifan\u00eda<\/em> de Cristo; y aun para <em>ser yo mismo<\/em> una misteriosa epifan\u00eda operante de la Persona de Cristo, en el misterio sacramental de su Iglesia, para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacerdote, \u00abmisterio\u00bb en el misterio de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Santo Padre Juan Pablo II es tambi\u00e9n un profundo contemplativo. Lo evidencia, aun sin pretenderlo, en su constante quehacer pastoral y de magisterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su preciosa <em>Carta Mariana<\/em> de Pentecost\u00e9s (22 de mayo de 1988) a todas las personas consagradas \u2013tambi\u00e9n, por descontado, a nosotros, los sacerdotes, sacramentalmente <em>los m\u00e1s consagrados<\/em> entre todas las personas consagradas en la Iglesia (cf. can. 1.008)\u2013, ha plasmado una visi\u00f3n contemplativa, teol\u00f3gicamente genial. Fruto, sin duda, de su temple de vida de interioridad y de oraci\u00f3n; ya que, normalmente, esto no se aprende en las especulaciones teol\u00f3gicas o exeg\u00e9ticas ordinarias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al desentra\u00f1ar, en el acontecimiento de la Anunciaci\u00f3n, la <em>revelaci\u00f3n<\/em> a Mar\u00eda del misterio de la Encarnaci\u00f3n, ha ido mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que todos sabemos: el hecho de la revelaci\u00f3n salv\u00edfica y din\u00e1mica de la interioridad trinitaria de Dios Vivo <em>(Econom\u00eda de salvaci\u00f3n trinitaria)<\/em> introduci\u00e9ndose en la historia humana. Junto con la revelaci\u00f3n inicial del <em>Don personal del Hijo<\/em> (cf. Jn 3, 15ss), a encarnar en la integridad real y humildemente redentora de Cristo-hombre: <em>Lo que nacer\u00e1 de ti ser\u00e1 el Santo, el Hijo del Alt\u00edsimo<\/em> (Lc 1, 35; cf. Mt 1, 21).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son los dos misterios fontales de la revelaci\u00f3n cristiana, en los que normalmente se nos agota nuestra capacidad exeg\u00e9tica y teol\u00f3gica sobre los misterios de la Encarnaci\u00f3n y Natividad del Enmanuel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Pablo II ha ido m\u00e1s lejos. Tambi\u00e9n en aquella <em>anunciaci\u00f3n<\/em> se le ha revelado a la Virgen de Nazaret su propia existencia <em>vista y valorada desde Dios<\/em>: el misterio de una existencia real humana introducida \u2013por predestinaci\u00f3n gratuita y selectiva\u2013 en el mismo Misterio inescrutable, que es el Dios vivo. Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Su <em>vocaci\u00f3n-elecci\u00f3n<\/em> para Madre del Mes\u00edas, con todo lo que esta elecci\u00f3n eterna comportaba de amor privilegiado y privilegiante en Dios para con Ella. Consiguientemente, tambi\u00e9n se le revelaba, as\u00ed, a Mar\u00eda, <em>la clave de su propia identidad existencial<\/em> para toda su vida, <em>valorada en amor<\/em> desde el mismo Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es el <em>misterio de la vocaci\u00f3n<\/em>. Que supone siempre \u00abcomo un cambio profundo en nuestra relaci\u00f3n con el Dios viviente\u00bb. Al mismo tiempo que \u00abda un nuevo sentido y una nueva dimensi\u00f3n a nuestra existencia, incluso cristiana\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y lo razona teol\u00f3gicamente, casi con la sencillez intuitiva de un simple principio de experiencia antropol\u00f3gica personal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEsto se realiza en vista del futuro, de la vida que vivir\u00e1 despu\u00e9s la persona concreta, de su elecci\u00f3n y decisi\u00f3n responsable. El momento de la vocaci\u00f3n se refiere siempre de modo directo a una persona; pero&#8230; significa, al mismo tiempo, un cierto revelarse del mismo Dios. La vocaci\u00f3n \u2013antes de llegar a ser un hecho interior de la persona, antes de revestir la forma de una elecci\u00f3n y de una decisi\u00f3n personal, remite a una elecci\u00f3n que ha precedido, por parte de Dios, a la elecci\u00f3n y decisi\u00f3n humana&#8230;; que apremia a situarnos en lo m\u00e1s profundo del misterio eterno de Dios, antes de llegar a ser en nosotros un hecho interior, nuestro s\u00ed humano, nuestra elecci\u00f3n y decisi\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, de pocas vidas humanas se puede afirmar m\u00e1s rotundamente que <em>est\u00e1 escondida con Cristo en Dios<\/em> (Col 3,3) desde la eternidad del amor selectivo de Dios, como de la vida del sacerdote de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como tambi\u00e9n de pocas vidas en la Iglesia se puede afirmar que el mismo Cristo act\u00faa misteriosamente oculto, como en la persona humana del sacerdote. De no ser as\u00ed, ni siquiera Eucarist\u00eda tendr\u00eda la Iglesia. Es el misterio de Cristo velado en el sacerdote antes y para el misterio de Cristo velado en la Eucarist\u00eda. <em>\u00a1El sacerdote, \u00abmisterio\u00bb en el Misterio de Cristo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacerdote \u00abepifan\u00eda\u00bb responsable de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Que privilegio de amor es ser sacerdote! De aquel amor del Padre, que nos am\u00f3 en el Amado (cf. Ef 1, 6), hasta hacer de nuestras vidas <em>un regalo<\/em> personal para Cristo: \u00abLos que t\u00fa, Padre, me diste del mundo\u00bb (Jn 17, 6; cf. 2 y 9).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, \u00a1qu\u00e9 gozosa servidumbre privilegiada comporta tambi\u00e9n la entra\u00f1able grandeza de ser sacerdote de Dios! La servidumbre y el misterio de actuar <em>in persona Christi<\/em> para los dem\u00e1s hombres. La servidumbre responsable de ser, en la Iglesia, evangelios vivos y evangelizadores transparentes de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8). La acuciante servidumbre de pasar por el tiempo con la vida haciendo epifan\u00eda constante de Cristo para cuantos, aun sin saberlo o rechaz\u00e1ndolo, siguen teniendo profunda necesidad de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Pablo, que un tanto tard\u00edamente lleg\u00f3 a la experiencia gozosa de su vocaci\u00f3n en Cristo, <em>cuando Aquel que lo segreg\u00f3 desde el vientre materno tuvo a bien revelar en \u00e9l a su Hijo<\/em> (cf. Gal 1, 15ss), supo hacer de toda su vida un <em>evangelio viviente<\/em> (cf. Rm 1,1.16; 1Cor 9, 23; 1Ts 2, 8; Ef 3, 8): <em>Que para m\u00ed la vida es Cristo<\/em> (Flp 1, 21); <em>vivo yo, ya no yo, sino Cristo el que vive en m\u00ed&#8230; vivo en la fe del Hijo de Dios que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed<\/em> (Gal 2, 19ss).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esta manera, y con esta hondura, acert\u00f3 exactamente a vivir las claves de toda aut\u00e9ntica <em>\u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb <\/em>realmente epif\u00e1nica: identificar su vida con Cristo; hasta llegar a tener el sentido profundo de Cristo (1Cor 2, 16); hasta transparentar en s\u00ed mismo el Evangelio de Cristo (cf. 1Cor 4, 16; 11, 1).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin esta identificaci\u00f3n, se podr\u00e1 <em>conocer<\/em> y <em>valorar<\/em> el Evangelio de Cristo. Se podr\u00e1n sistematizar, especulativa y. pragm\u00e1ticamente, urgencias, prioridades y planes de evangelizaci\u00f3n. Se podr\u00e1n lograr ex\u00e9gesis y teolog\u00edas cada vez m\u00e1s profundas y esclarecedoras sobre evangelizaci\u00f3n, sus fines y sus m\u00e1s eficaces planificaciones. Se podr\u00e1, incluso, convencer a los hombres, y a no pocos sectores de la propia Iglesia, de la necesidad permanente de la evangelizaci\u00f3n. Pero dif\u00edcilmente habr\u00e1 evangelizadores vivientes y aut\u00e9nticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre todo, el sacerdote carente de una experiencia vital de Cristo Vivo se incapacita para ser evangelizador aut\u00e9ntico. Terminar\u00e1 reduciendo a Cristo y su Evangelio a la categor\u00eda de un mensaje. Apelando a ellos, como se apela a un pretexto ideol\u00f3gico operativo, filos\u00f3fico o hist\u00f3rico para el activismo humano profesionalizado. Actuar\u00e1 impulsado por una evocaci\u00f3n rom\u00e1ntica m\u00e1s o menos visceral o sentimental. No sin el riesgo permanente de convertirse \u00e9l mismo en un ide\u00f3logo del Evangelio o de la actividad evangelizadora; el culto que preside y solemniza, en un formalismo ancestral que hasta puede resultar extra\u00f1o o postizo en su imagen existencial humana ante los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Qu\u00e9 triste la vida del sacerdote capaz de evangelizar horas y horas a los hombres, pero incapaz de estarse treinta minutos gozosos en la intimidad con Cristo! No parece sino que le falta el <em>alma de la evangelizaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Destinado, por testigo y ministro, a hacer epifan\u00eda permanente de Aquel a quien la inmensa mayor\u00eda de los hombres \u00abno conoce\u00bb (cf. Jn 1, 26). hasta podr\u00eda terminar \u00abvelando, m\u00e1s que revelando, el genuino rostro de Dios y de Cristo\u00bb (cf. GS 19).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando esto sucede, ya no se realiza una acci\u00f3n pastoral aut\u00e9ntica capaz de presentar a Cristo como Persona conocida y vivida desde la experiencia personal cualificada, que exige el sacerdocio. Y se sustituye por la presentaci\u00f3n de un mensaje redencionista; o como tema de inter\u00e9s para una <em>cr\u00edtica hist\u00f3rico-exeg\u00e9tica<\/em> de la Palabra de Dios; o como fundamento de una <em>ideolog\u00eda<\/em> sociol\u00f3gicamente utilitaria para el hombre de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con cu\u00e1nto realismo vivencial hac\u00eda reflexionar a los sacerdotes de Santo Domingo, el d\u00eda 26 de enero de 1979, el Papa Juan Pablo II, en su primer viaje pastoral a Hispanoam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abSucede a veces que nuestra sinton\u00eda de fe con Jes\u00fas permanece d\u00e9bil o se hace tenue \u2013cosa que el pueblo fiel nota enseguida, contagi\u00e1ndose por ello de tristeza\u2013; porque lo llevamos dentro, pero confundido a la vez con nuestras propensiones y razonamientos humanos&#8230; En alguna ocasi\u00f3n hablamos quiz\u00e1 de \u00c9l amparados en alguna premisa cambiante o en datos de sabor sociol\u00f3gico, pol\u00edtico, psicol\u00f3gico, ling\u00fc\u00edstico; en vez de hacer derivar los criterios b\u00e1sicos de nuestra vida y actividad de un Evangelio vivido con intensidad, con gozo, con la confianza y esperanza inmensas que encierra la cruz de Cristo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abUna cosa es clara, amad\u00edsimos hermanos; la fe en Cristo resucitado no es resultado de un saber t\u00e9cnico o fruto de un bagaje cient\u00edfico (cf. 1Cor 1, 26). Lo que se nos pide es que anunciemos la muerte de Jes\u00fas y proclamemos su resurrecci\u00f3n. Jes\u00fas vive&#8230; S\u00ed. Cristo vive en la Iglesia; est\u00e1 en nosotros, portadores de esperanza y de inmortalidad. Si hab\u00e9is encontrado, pues, a Cristo, \u00a1vivid a Cristo, vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como aut\u00e9nticos testigos: para m\u00ed la vida es Cristo (Flp 1, 21 )\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todo caso, una cosa es evidente: el pragmatismo pastoral o las t\u00e9cnicas de la evangelizaci\u00f3n <em>ministerialmente salv\u00edfica<\/em> no pueden ser, en el sacerdote, un suced\u00e1neo profesional de su irrenunciable \u2013aunque eventualmente opaca\u2013 identidad sacerdotal, de hombre configurado existencialmente por la uni\u00f3n y experiencia vital de Dios; por su pertenencia original a la Persona y al Evangelio de Cristo Vivo; por su misi\u00f3n personal de <em>epifan\u00eda<\/em> y <em>transparencia<\/em> del misterio del Salvador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El elegido, el consagrado, el enviado ser\u00eda un hombre realmente vac\u00edo de capacidad evangelizadora sin un conocimiento interno \u2013y por lo mismo, experiencial\u2013 de Cristo (cf. Ef 3, 16s; Rm 8, 29). Hasta llegar\u00eda a perder la conciencia de que la misma raz\u00f3n de ser de su vida quedar\u00eda, incluso psicol\u00f3gicamente, distorsionada, sin una profunda experiencia contagiosa y gozosa de Cristo Vivo que, al menos, le capacitar\u00eda \u00abpara ver a los hombres con los ojos de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta identidad evangelizadora del sacerdote sigue siendo una obsesi\u00f3n magisterial en el cristocentrismo vivencial que alienta e impulsa el ansia de evangelizaci\u00f3n de Juan Pablo II. Este mismo a\u00f1o, en su visita a Lima (Per\u00fa), ha vuelto sobre el tema. Como siempre, con matices de inquietud constantemente renovada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa identificaci\u00f3n con Cristo, que culmina en la Eucarist\u00eda, debe prolongarse y desplegarse a lo largo de cada jomada, hasta conseguir que toda la vida del sacerdote sea una fiel imagen del Se\u00f1or. Todo en vosotros \u2013la mirada, los gestos, la actitud servicial y siempre caritativa, la pr\u00e1ctica de la virtud cristiana de la pobreza, el uso del signo externo que os distingue ante los fieles\u2013 ha de evocar a Cristo y ha de ser edificante para las almas que os han sido confiadas\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Evangelizadores, \u00a1s\u00ed!; pero\u2026 evangelizados<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por haber acertado San Pablo a hacer de la experiencia de Cristo el centro de su vida, supo vibrar intensamente ante las urgencias de la evangelizaci\u00f3n:<em> \u00a1Ay de m\u00ed, si no evangelizare&#8230;!<\/em> (1Cor 9, 16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin pretenderlo, quiz\u00e1, pero con la evidencia incontestable de su propia identidad de <em>hombre marcado por el Evangelio y el ministerio<\/em> (cf. 1Ts 2, 4; Flp 1, 16; Rm 1, 1; 1Cor 4, 15; 9, 23; Rm 15, 16; Ef 3, 7; 1Cor 4, 1; 2Cor 6, 4; etc.), supo dejarnos indeleble, en su propia autobiograf\u00eda epistolar, el secreto de toda evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica. Puesto que el centro y la raz\u00f3n de ser de toda misi\u00f3n evangelizadora es Cristo mismo, Mediador y Redentor entre el Padre y los hombres, se es evangelizador en la medida en que se tiene la vida marcada por la experiencia profunda de Cristo. \u00a1Se puede evangelizar con autenticidad, en la medida en que se es testigo de Cristo y se vive <em>evangelizado!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La <em>evangelizaci\u00f3n activa<\/em> podr\u00eda resultar temeraria o distorsionada, sin una profunda <em>evangelizaci\u00f3n pasiva<\/em>. Por cuanto nadie es testigo genuino de una verdad de Vida realizable \u2013Camino. Verdad y Vida (Jn 14, 6)\u2013, que realmente no se vive primero en la propia experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El cristocentrismo vital<\/em>, origen y finalidad esencial de toda evangelizaci\u00f3n genuinamente salv\u00edfica, no se salva por la mera <em>evocaci\u00f3n referencial<\/em> o <em>mod\u00e9lica<\/em> del Jes\u00fas hist\u00f3rico o del Cristo de la fe. Ni por la simple proclamaci\u00f3n, aunque fuere eficaz, de postulados morales, \u00e9ticos o religiosos, dimanantes del <em>ejemplo<\/em> o de las <em>palabras sapienciales<\/em> de Jes\u00fas de Nazaret. Ni con el pu<em>ro activismo comprometido <\/em>desde el pretexto o evocaci\u00f3n redencionista de Cristo y de su Evangelio, <em>rele\u00eddos<\/em> o reinterpretados para el hombre de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno ser\u00eda no olvidarlo, precisamente cuando tan intensamente nos preocupa hoy en la Iglesia la urgencia de la evangelizaci\u00f3n. Congresos, jornadas, cursos y encuentros montados sincera y casi angustiosamente desde una inquietud evangelizadora cada vez m\u00e1s imperiosa, acucian nuestra conciencia y acaparan energ\u00edas y horas interminables de estudios y trabajos. Prioridad de la evangelizaci\u00f3n o prioridades en la evangelizaci\u00f3n son inquietudes y discusiones especulativas que a veces acaparan m\u00e1s horas que la misma evangelizaci\u00f3n efectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ser\u00eda tr\u00e1gico que obispos y sacerdotes nos perdi\u00e9ramos tambi\u00e9n en ideolog\u00edas, planificaciones, t\u00e1cticas y discernimientos de prioridades, sin conciencia clara de que la <em>identidad sacerdotal profunda<\/em>, como experiencia vital de Cristo, es siempre la <em>prioridad absoluta<\/em> en el ministerio de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acaba de record\u00e1rselo el Santo Padre a los obispos austr\u00edacos, en Viena: \u00abSed siempre conscientes de que la Iglesia no tiene como misi\u00f3n proteger una colecci\u00f3n de doctrinas \u00e1ridas y convencionales. Lo que la Iglesia ense\u00f1a no es mera f\u00f3rmula. Es el fruto de un encuentro vivo con el Se\u00f1or; y es, por ello, puerta hacia \u00c9l. Es presentaci\u00f3n eficaz de esa Verdad, que es Camino. Cuando se falsifica la doctrina, la vida se ve afectada por dicha falsificaci\u00f3n, cerr\u00e1ndose, adem\u00e1s, caminos. Todas las doctrinas de nuestra fe confluyen conjuntamente hacia una Persona viva, Jesucristo (cf. <em>Catechesi tradendae<\/em> 5). Amamos el conocimiento de la fe, porque en \u00e9l amamos a \u00c9l mismo; la fe es conocimiento engendrado en el amor. Por ello, lo que importa, en definitiva, es siempre el encuentro personal con Jesucristo. Este encuentro es decisivo, tanto en vuestro caso, como en el de los sacerdotes, maestros y todos los fieles a vosotros encomendados. Ser custodios de la fe significa ser custodios de la Vida que trae Jesucristo, la Vida en abundancia (Jn 10, 10) &#8230; Hemos de confrontar continuamente a nuestros fieles y a nosotros mismos con la Persona y el mensaje de Jesucristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con estos sentimientos, y con el m\u00e1s vivo deseo de que aumente nuestra uni\u00f3n con Jesucristo para poder ser cada vez mejores evangelizadores, os env\u00edo mi m\u00e1s cordial bendici\u00f3n. Aceptad tambi\u00e9n, os ruego, el obsequio de esos libros que pueden ayudarnos a perfeccionar nuestro ministerio lit\u00fargico. \u00a1Feliz Navidad!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Almo, en el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn<\/strong><br>Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de Espa\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toledo, 8 de diciembre de 1988.<br>Fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> San Le\u00f3n Magno, <em>Serm\u00f3n 1 en la Natividad del Se\u00f1or<\/em>, 1: PL 54, 190.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Ib\u00edd.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> San Le\u00f3n Magno, <em>Serm\u00f3n 6 en la Natividad del Se\u00f1or<\/em>, 6, 2: PL 54, 213-214.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Juan Pablo II, <em>Marialis cultus, <\/em>parte II, 5-7.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Juan Pablo II, Homil\u00eda al clero en la catedral de Santo Domingo, 26 de enero de 1979: apud <em>Insegnamenti di Giovanni Paolo II,<\/em> II, 1979, 134-135.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Juan Pablo II, <em>Redemptor hominis <\/em>18.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n a los sacerdotes, religiosos y seminaristas, 14 de mayo de 1988; apud <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edic. en lengua espa\u00f1ola, 5 de junio 1988, p.9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n a los obispos austr\u00edacos, 24 de junio de 1988, 4; apud <em>L&#8217;Osservatore Romano,<\/em> edic. en lengua espa\u00f1ola, 7 de agosto 1988, p.16.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral a los sacerdotes de la Archidi\u00f3cesis Primada con motivo de las fiestas navide\u00f1as, 8 de diciembre de 1988: texto en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, diciembre 1988, 732-742. 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