{"id":1106,"date":"2024-09-27T18:46:40","date_gmt":"2024-09-27T16:46:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1106"},"modified":"2024-09-27T18:46:40","modified_gmt":"2024-09-27T16:46:40","password":"","slug":"un-seminario-nuevo-y-libre","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/un-seminario-nuevo-y-libre\/","title":{"rendered":"Un Seminario nuevo y libre"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta pastoral, de septiembre de 1973, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, octubre 1973, 427-480. No se reproducen los dos ap\u00e9ndices que ocasionalmente se a\u00f1adieron al texto de esta Carta Pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>A los sacerdotes, comunidades religiosas y fieles de nuestra Archidi\u00f3cesis Primada de Toledo.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy amados en el Se\u00f1or:<\/p>\n\n\n\n<p>Os escribo esta Carta Pastoral para hablaros de un problema al que he concedido atenci\u00f3n preferente desde que, en enero de 1972, vine a hacerme cargo de nuestra Di\u00f3cesis. Se trata del Seminario diocesano.<\/p>\n\n\n\n<p>Anunci\u00e9 enseguida mi visita pastoral al mismo y durante largo tiempo he venido realiz\u00e1ndola. He hablado con todos, superiores, profesores, alumnos; he consultado, he orado, he reflexionado mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi intenci\u00f3n no fue nunca hacer una visita can\u00f3nica m\u00e1s o menos formalista, a la que pudiera seguir la promulgaci\u00f3n de unos decretos determinados. Quise m\u00e1s bien estudiar con detenimiento la situaci\u00f3n del Seminario en el presente para poder mirar hacia el futuro. F\u00e1cilmente se advierte que, en un an\u00e1lisis de esta \u00edndole, claro y comprometido, como a m\u00ed me corresponde, no pod\u00eda aislar la realidad del Seminario dentro de los estrechos l\u00edmites que le definen institucionalmente. Nada vive ni se desarrolla hoy en la Iglesia aislado en su contexto. Personas e instituciones aparecen sometidas al fuego cruzado de pensamientos y anhelos apost\u00f3licos que nacen del conjunto de la comunidad eclesial y ponen en obligada relaci\u00f3n a unos con otros. Para examinar el problema del Seminario hay que tener presentes a la vez otras muchas realidades de la vida actual de la Iglesia, estrechamente unidas entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede permanecer m\u00e1s tiempo en el silencio, sin intentar salir del confusionismo hoy existente y aportar a la Iglesia el servicio personal que cada uno debe prestar, aunque sea modesto y pobre.<\/p>\n\n\n\n<p>Consciente, pues, de la importancia transcendental del tema, escribo este documento en el ejercicio de mi responsabilidad pastoral, y con el deseo expreso de que en adelante todos nuestros diocesanos, pues que a todos interesa, conozcan las orientaciones y criterios por los que ha de regirse la vida de nuestro Seminario. Junto con esta Carta Pastoral promulgo otros documentos: Ideario, Nuevo Plan de estudios, Reglamento de r\u00e9gimen interno, Normas de vida acad\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Primera Parte:<br>Se\u00f1ales de confusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Importancia del problema<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El porvenir religioso de una di\u00f3cesis depende en gran parte del seminario diocesano. No pretendo negar, con esta afirmaci\u00f3n, la existencia ni el valor de otros recursos activos que, suscitados y renovados continuamente por el Esp\u00edritu de Dios en el seno de la comunidad eclesial, contribuyen a despertar y mantener la vida cristiana. Y m\u00e1s particularmente hoy cuando, como fruto deseado del Concilio, se mueven inquietos y prometedores los g\u00e9rmenes de una mayor conciencia de las obligaciones que dentro de la Iglesia nos corresponden a todos. Ojal\u00e1 lleguen a ser fecundos; hoy todav\u00eda no lo son m\u00e1s que en muy escasa medida.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando hablo del Seminario estoy hablando del sacerdocio. Es a este sacerdocio de Cristo, perpetuado en los hombres elegidos por Dios, al que atribuyo el poder y la facultad de que la redenci\u00f3n salv\u00edfica se transmita a la humanidad. Si desapareciera, todav\u00eda podr\u00eda seguir existiendo la fe, pero lentamente se extinguir\u00eda en una agon\u00eda implacable la riqueza espiritual antes existente en una comunidad determinada.<\/p>\n\n\n\n<p>El Seminario es la instituci\u00f3n, el lugar, el tiempo, el m\u00e9todo, todo a la vez, que la Iglesia utiliza para que siga habiendo sacerdotes. De un modo o de otro la realidad del Seminario existir\u00e1 siempre, porque los sacerdotes no nacen, se hacen. Hay que prepararlos y formarlos como la Iglesia lo pide y lo dispone.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Una actitud simplista<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os que han seguido al Concilio, el tema del seminario, al igual que tantos otros relativos a la vida de la Iglesia, ha sido objeto de la atenci\u00f3n de muchos. Lo que se ha escrito y se ha dicho, lo que se ha hecho o se ha permitido hacer sobre los seminarios supera todo lo imaginable. Alg\u00fan paciente historiador podr\u00eda recopilarlo y nos ofrecer\u00eda, sin duda, una documentaci\u00f3n tan variada que nos <em>llenar\u00eda de estupor,<\/em> y, en algunos casos, de remordimiento y de verg\u00fcenza. Junto a esfuerzos muy laudables para conseguir la necesaria renovaci\u00f3n, se han manifestado y han ejercido notable influencia las m\u00e1s desatinadas proposiciones. Pero en muy poco tiempo \u2013no dir\u00e9 que como resultado de esto \u00fanicamente, porque de hecho han influido otras causas\u2013 se ha producido un fen\u00f3meno alarmante: la <em>disminuci\u00f3n creciente de las vocaciones al sacerdocio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed es cuando surge una actitud que, por su simplismo, es inadmisible. Al contemplar el vac\u00edo y la desorientaci\u00f3n tan difundida, las perplejidades de los alumnos pr\u00f3ximos a las sagradas \u00f3rdenes, y la falta de entusiasmo e ilusi\u00f3n sacerdotal en muchos de ellos, las esperanzas vanas de unos y las exigencias desmedidas de otros, hemos acudido a unos cuantos t\u00f3picos, constantemente repetidos, para encontrar en ellos consuelo a nuestras desventuras y explicaci\u00f3n a nuestros fracasos: el de la crisis necesaria e inevitable, el de la transformaci\u00f3n y el cambio obligados, el de la necesaria espera a que se aclaren conceptos e ideas. Es decir, primero hemos consentido en la confusi\u00f3n, o hemos dado origen a ella, y despu\u00e9s la hemos invocado para explicar el desconcierto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEra honesto decir que no sab\u00edamos c\u00f3mo ten\u00edan que ser los seminarios cuando ten\u00edamos un documento tan claro e iluminador como el <em>Optatam totius<\/em> del Concilio Vaticano II? \u00bfEs que no ven\u00eda hablando el Papa insistentemente sobre el sacerdocio y sobre la preparaci\u00f3n de los candidatos al mismo con precisi\u00f3n y claridad? \u00bfPor qu\u00e9 tantas y tan funestas experiencias en materia tan delicada? \u00bfHab\u00edamos olvidado acaso lo que significan palabras y conceptos como virtud, pecado, Eucarist\u00eda, penitencia, mediaci\u00f3n de Cristo, vida eterna, ley moral, conciencia, sacramentos&#8230;?<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que olvidarlo, asist\u00edamos a una masiva y despiadada avalancha de reformistas de toda \u00edndole, sin respeto para nada ni para nadie. \u00bfC\u00f3mo no se iba a producir la crisis? Lo que hab\u00eda que investigar es en qu\u00e9 medida estaba justificada y en qu\u00e9 otra era provocada por todos nosotros. De las ense\u00f1anzas del Concilio Vaticano II y de los posteriores esfuerzos de la Iglesia en relaci\u00f3n con el mundo moderno, era l\u00f3gico esperar que se derivasen cambios notables y provechosos en cuanto a los seminarios, como en las dem\u00e1s manifestaciones de la vida de la Iglesia. Pero no esa descompuesta agitaci\u00f3n que, m\u00e1s que cambios, favorecer\u00eda una progresiva demolici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca se podr\u00e1 admitir como \u00fanica explicaci\u00f3n, justificadora y tranquilizante, la situaci\u00f3n de cambio en que vive el mundo de hoy, a la cual hemos apelado constantemente. El Papa, repito, ha hablado con frecuencia sobre c\u00f3mo deb\u00eda ser el sacerdote de hoy y de ma\u00f1ana. El primer S\u00ednodo de Obispos de 1967 ya se ocup\u00f3 del problema de los seminarios. La Sagrada Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica ha promulgado instrucciones varias y ha hecho conocer su pensamiento mediante la <em>Ratio institutionis,<\/em> serio documento que permit\u00eda descubrir certeramente el modo de hacer la s\u00edntesis entre lo antiguo y lo nuevo. Pero se estim\u00f3 preferible, por parte de muchos, discutirlo todo y querer descubrir, por cuenta de cada uno, lo que hab\u00edan de ser la piedad y la asc\u00e9tica, la libertad y la responsabilidad, la obediencia y la disciplina, la vida interior y el contacto con el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si a esto unimos la desorientaci\u00f3n causada por muchas ense\u00f1anzas teol\u00f3gicas y morales ofrecidas indiscriminadamente a los j\u00f3venes seminaristas, se explica mejor la crisis y se ve con claridad que ha sido en gran parte innecesariamente provocada.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros mismos, los que somos sacerdotes y obispos desde hace veinte o treinta a\u00f1os, si hubi\u00e9ramos sido educados en medio del desbarajuste doctrinal, disciplinar y moral de estos a\u00f1os, habr\u00edamos padecido las mismas crisis y desorientaciones que los seminaristas de hoy, aun cuando el ambiente hubiera sido el de ayer, aun cuando no se hubiera producido todav\u00eda en Espa\u00f1a el paso de una civilizaci\u00f3n rural a otra de car\u00e1cter urbano e industrial, etc. Es decir, aun cuando no se hubieran dado esas causas que hoy invocamos para explicar lo que nos est\u00e1 sucediendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dif\u00edcilmente pueden los j\u00f3venes seminaristas superar las dificultades propias de un estado de formaci\u00f3n tan necesitado de equilibrio, si se encuentran con ense\u00f1anzas teol\u00f3gicas inseguras, con criticas amargas contra la Iglesia nacidas del seno de la misma, con revisiones de su vida espiritual que pr\u00e1cticamente la reducen a la nada, con campa\u00f1as contra el celibato como las que se han hecho, con actitudes de otros sacerdotes que en lugar de alentarles a seguir su camino llegaban a decirles que ellos en su caso no se ordenar\u00edan, con oposiciones sistem\u00e1ticas a la Jerarqu\u00eda de la Iglesia y a sus determinaciones. No hay seminarista que resista sereno y firme este ataque continuo a sus iniciales convicciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Este simplismo de querer explicar y disculparlo todo apelando sin m\u00e1s a los cambios que se producen en la sociedad actual, me parece sencillamente indecoroso. Y tanto m\u00e1s nocivo cuanto que nos permite seguir adelante sin preguntarnos a nosotros mismos por nuestra propia responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mensaje que nos dirigi\u00f3 Su Santidad Pablo VI para la Jornada de las Vocaciones en marzo de 1970, escribi\u00f3 estas palabras memorables, despu\u00e9s de referirse a la repercusi\u00f3n que los cambios violentos producen en la misma Iglesia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs en nosotros mismos donde es necesario buscar la causa de la situaci\u00f3n actual de las vocaciones en el mundo. En nosotros, dec\u00edamos, y no en el esp\u00edritu de los j\u00f3venes, cuya generosidad no es hoy menor que ayer&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa gracia de una vocaci\u00f3n depositada por Dios en un alma no es otra cosa, en el fondo, que una aportaci\u00f3n m\u00e1s abundante de caridad divina destinada a su Iglesia para la edificaci\u00f3n del Reino de Dios en la tierra. Sucede, frecuentemente, en el tiempo en que vivimos, que esta gracia no alcanza su fin. Para que esto se obtenga es necesario crear condiciones favorables, especialmente, en el esp\u00edritu de los j\u00f3venes, en el ambiente familiar, en la comunidad cristiana y en los mismos lugares de formaci\u00f3n sacerdotal y religiosa. En el esp\u00edritu de los j\u00f3venes, ante todo. Para hacerles acoger con entusiasmo el don de la vocaci\u00f3n divina, es necesario que este ideal se le presente en su aut\u00e9ntica realidad y con todas sus severas exigencias como donaci\u00f3n total de s\u00ed al amor de Cristo (cf. Mt 12, 29) y como consagraci\u00f3n irrevocable al servicio exclusivo del Evangelio. Y para conseguir esto, el testimonio de un sacerdocio ejemplar vivido, o el valor de una vida religiosa que se muestra en concreto en las distintas instituciones reconocidas por la Iglesia, tiene un peso considerable: m\u00e1s a\u00fan, preponderante&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abUna comunidad que no vive generosamente seg\u00fan el Evangelio, no puede ser sino una comunidad pobre en vocaciones. Al contrario, donde el sacrificio cotidiano tiene despierta la fe y mantiene un alto nivel de amor de Dios, las vocaciones al estado eclesi\u00e1stico sacerdotal contin\u00faan siendo numerosas. Tenemos confirmaci\u00f3n de ello en la situaci\u00f3n religiosa del mundo: los pa\u00edses donde la Iglesia es perseguida son parad\u00f3jicamente los pa\u00edses donde tas vocaciones florecen en mayor n\u00famero y a veces en gran abundancia&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abUn clima de conformidad con el mundo, de relajamiento en el esp\u00edritu de oraci\u00f3n y de amor a la cruz, no puede dejar de influir en el nivel espiritual del seminario y conducir as\u00ed a soluciones pr\u00e1cticas, en la educaci\u00f3n del clero joven, que est\u00e1n en contraste con los deberes esenciales de una vida sacerdotal. As\u00ed se ver\u00eda comprometido el valiente esfuerzo de renovaci\u00f3n de los seminarios, que fundamentalmente en la l\u00ednea del Concilio, est\u00e1 felizmente en camino de ejecuci\u00f3n en todas partes.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodo esto debe convencernos de que es vano buscar explicaciones \u00fanicamente humanas de la actual crisis de vocaciones. Esto no es sino un aspecto de la crisis de fe que hoy padece el mundo. No es, por tanto, haciendo m\u00e1s f\u00e1cil el sacerdocio \u2013liber\u00e1ndolo, por ejemplo, de aquello que la Iglesia Latina desde siglos considera su gran honor: el celibato\u2013 como se volver\u00e1 m\u00e1s deseado el acceso al mismo sacerdocio. Los j\u00f3venes se sentir\u00e1n atra\u00eddos todav\u00eda menos por un ideal de vida sacerdotal menos generosa. No es en este sentido en el que debemos orientarnos. Por lo dem\u00e1s, all\u00ed donde la preparaci\u00f3n al sacerdocio se desarrolla en una atm\u00f3sfera plena de oraci\u00f3n, de caridad, de mortificaci\u00f3n, el problema del celibato ni siquiera aparece y los j\u00f3venes encuentran m\u00e1s que natural consagrarse a s\u00ed mismos a Cristo con una disponibilidad plena y total para el Reino de Dios.<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Al a\u00f1o siguiente, en el discurso que el Papa dirigi\u00f3 a los participantes en el IV Congreso de Directores Nacionales para la Obra de las Vocaciones Eclesi\u00e1sticas, dijo as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo basta hablar o escribir diciendo que los tiempos han cambiado, que reclaman una nueva forma de ministerio, un modo distinto de inserci\u00f3n del clero en la sociedad, un otro estilo de formaci\u00f3n de los candidatos al sacerdocio. El pr\u00f3ximo S\u00ednodo de los obispos, como sab\u00e9is, examinar\u00e1 estas graves cuestiones. Las condiciones de la vida sacerdotal tienen, ciertamente, una gran importancia: pero la llamada a entregar toda su vida al servicio de Cristo, con la disponibilidad de los ap\u00f3stoles, trasciende todas estas condiciones: \u00bfno encuentra su mejor fundamento y su m\u00e1s grande posibilidad de desarrollo en un clima de fe profunda en el Se\u00f1or, un sentido aut\u00e9ntico de la Iglesia, y el deseo apasionado de servir a las almas, hasta la generosidad de la cruz, vivida en la esperanza pascual?\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Los defectos de anta\u00f1o y las virtudes de hoy<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Nuestros seminarios necesitaban una renovaci\u00f3n acomodada a los tiempos que vive hoy la Iglesia, y a ello dedic\u00f3 generosos esfuerzos el Concilio Vaticano II. Se oyeron en el aula conciliar voces de obispos de todos los continentes pidiendo una reforma eficaz en la formaci\u00f3n de los j\u00f3venes seminaristas y en los m\u00e9todos de aplicaci\u00f3n de la misma. Hab\u00eda que lograr un sistema de estudios m\u00e1s actualizado y menos distante de la cultura profana moderna para saber acercarse a ella aprovechando los valores que encierra, y haciendo ver la armon\u00eda de la revelaci\u00f3n cristiana con la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tanto m\u00e1s que a las reformas acad\u00e9micas, se quiso prestar atenci\u00f3n a las personas. Se consideraban defectos graves de la instituci\u00f3n, tal como ven\u00eda desarroll\u00e1ndose, la disciplina r\u00edgida, el uniformismo, el aislamiento artificial con relaci\u00f3n al mundo, la despersonalizaci\u00f3n del r\u00e9gimen de comunidad masiva, etc. Hab\u00eda que esforzarse m\u00e1s, en lo sucesivo, para conseguir un tipo de seminarista libre en sus opciones, maduramente responsable, dispuesto a participar en la marcha del seminario en todos los \u00f3rdenes, dotado de sentido critico para no ser sujeto inerte de determinaciones extra\u00f1as a \u00e9l, hombre de fe y de amor al mundo en el que hab\u00eda de trabajar ma\u00f1ana, capaz de iniciativas generosas, no alejado de los hombres y a la vez centrado en Dios y en un profundo amor al misterio de la Iglesia santa. Hermoso ideal, del que no se puede abdicar ni un solo instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Solamente debo advertir, para que no nos hagamos demasiadas ilusiones, dos cosas. La primera es que en los seminarios de anta\u00f1o vivieron y se formaron innumerables j\u00f3venes as\u00ed, que fueron despu\u00e9s sacerdotes en los que brillaron esas caracter\u00edsticas y que, si otros no lo fueron, el fallo no se debi\u00f3 \u00fanicamente a los defectos del seminario, sino principalmente a la falta de una atenci\u00f3n posterior a las condiciones en que se desenvolv\u00eda su vida. Y la segunda es que para lograr estas espl\u00e9ndidas metas que se\u00f1alaba el Concilio era absolutamente necesario ser fieles de verdad al mismo y a sus postulados, mientras que lo que ha ocurrido en muchos casos ha sido lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene consecuencias tr\u00e1gicas para un seminario el hecho de que para fomentar una piedad m\u00e1s personal se consienta en la disminuci\u00f3n y casi ausencia de pr\u00e1cticas piadosas: o que en lugar de una adecuada formaci\u00f3n pastoral se caiga en un activismo est\u00e9ril sin seriedad en el estudio; en lugar de una m\u00e1s armoniosa inserci\u00f3n en el mundo, identificaci\u00f3n con sus ofrecimientos y solicitudes de todo g\u00e9nero; en lugar de intervenci\u00f3n gradual y prudente en los diversos niveles de la instituci\u00f3n, disconformidad sistem\u00e1tica formulada desde fuera y desde dentro: en lugar de opci\u00f3n abierta y progresiva hacia el sacerdocio (hablo de los seminarios mayores), abandono irresponsable y c\u00f3modo en manos de la perplejidad, la dilaci\u00f3n y la falta de compromiso, sirvi\u00e9ndose ego\u00edstamente de las estructuras del seminario para ir buscando otras soluciones al problema personal de cada uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto ha sucedido estos a\u00f1os y no es l\u00edcito quedarse tranquilos diciendo simplemente que tambi\u00e9n anta\u00f1o hab\u00eda defectos. Los hab\u00eda, pero que no se pretenda ahora hacer pasar por exigencias conciliares los defectos de hoy, verdadero atentado a lo que el Concilio ha pedido con la m\u00e1xima insistencia. El Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica (Seminarios y Universidades) ha hablado mil veces sobre el problema. Nadie ha proclamado tanto como \u00e9l la necesidad de renovaci\u00f3n en los seminarios. Nadie tampoco ha insistido tan decididamente en la absoluta necesidad de ser fieles a lo que el Concilio se\u00f1al\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, \u00bfes fidelidad al Concilio decir, como se ha dicho, que no se sabe en qu\u00e9 consiste ser sacerdote hoy? \u00bfQue los seminaristas han de formarse viviendo la vida \u00abnormal\u00bb del mundo para presentarse despu\u00e9s alg\u00fan d\u00eda a las sagradas \u00f3rdenes como una emanaci\u00f3n de la comunidad, que es quien ha de tener una intervenci\u00f3n decisiva? \u00bfEs fidelidad al Concilio el que cada uno se autorice a s\u00ed mismo o exija su propio r\u00e9gimen de vida, prescindiendo incluso de la participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda, comport\u00e1ndose en todo como los que van camino del matrimonio, o aspiran a una profesi\u00f3n civil? \u00bfO que residan alumnos en el seminario para aprovecharse de sus ventajas haciendo a la vez otros estudios con el \u00fanico fin de tener una salida asegurada, enga\u00f1ando as\u00ed a la comunidad cristiana y al pueblo, muchas veces pobre, que sostiene econ\u00f3micamente los seminarios?<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 1968, dicho Cardenal Prefecto enviaba a los obispos una comunicaci\u00f3n relativa a lo que en el S\u00ednodo del a\u00f1o anterior se hab\u00eda expuesto sobre el problema de los seminarios, con vistas a la elaboraci\u00f3n de la <em>Ratio institutionis,<\/em> a la que pertenecen las siguientes observaciones:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCiertamente no faltan motivos de inquietud. Es m\u00e1s, algunos son de extrema gravedad. Creemos deber nuestro informar a los episcopados, intentando buscar a una con los mismos excelent\u00edsimos ordinarios la manera de ayudarles, ayuda que puede prestarse o mediante directrices concretas o mediante informaciones.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li><em>Difusa incertidumbre sobre algunos puntos relacionados con la fe<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El S\u00ednodo dedic\u00f3 una buena parte de su trabajo a analizar la actual situaci\u00f3n de los problemas que se refieren a la fe. Por otra parte, varias conferencias episcopales han publicado importantes documentos sobre el tema, y el Sumo Pont\u00edfice no cesa de llamar la atenci\u00f3n sobre este grave problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Este estado de cosas afecta de manera singular a los seminarios. Si el ambiente y la atm\u00f3sfera general ofrecen, en materia de fe, una inestabilidad y una inquietud habitual, la formaci\u00f3n de nuestros j\u00f3venes en la fe \u2013que ellos mismos han de profundizar y luego comunicar a otros\u2013 tiende cada d\u00eda a ser m\u00e1s dif\u00edcil; es m\u00e1s, bajo ciertos aspectos, imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema, por tanto, nos exige una atenci\u00f3n especial. Los puntos sobre los que es necesario invitar a todos los seminarios a que comprometan su acci\u00f3n con toda energ\u00eda y con el mayor empe\u00f1o son los siguientes: ante todo crear una conciencia viva del car\u00e1cter \u201ctradicional\u201d que es esencial a la fe. Esto exige: una gran fidelidad al Magisterio instituido por Cristo para la conservaci\u00f3n de la fe; una estructuraci\u00f3n unificada de la ense\u00f1anza; una idea muy clara de lo que es el trabajo teol\u00f3gico y las fuentes del mismo; una s\u00f3lida formaci\u00f3n hist\u00f3rica. Cuando el Concilio prescribe la creaci\u00f3n de un curso introductorio (<em>Optatam totius<\/em> 14), ha querido expresamente asegurar y profundizar las bases de la fe en el alma de los candidatos al sacerdocio; este curso, por tanto, si est\u00e1 bien organizado, debe cumplir este fin fundamental. Adem\u00e1s, es necesario hacer caer continuamente en la cuenta a los j\u00f3venes de que el ejercicio de la fe \u2013durante el periodo de la formaci\u00f3n teol\u00f3gica\u2013 no puede separarse de la oraci\u00f3n, puesto que la fe es don de Dios.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li><em>Incertidumbre acerca del contenido espec\u00edfico del sacerdocio<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Existen no pocas manifestaciones de duda \u2013aun en el propio clero\u2013 acerca de la misma naturaleza exacta del sacerdocio. La gravedad de los problemas pastorales tiene el peligro de crear una duda generalizada sobre el contenido mismo del sacerdocio ministerial. Y se llega incluso a no ver en \u00e9l m\u00e1s que una simple funci\u00f3n accidental.<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos, pues, necesario hacer presente esto a los excelent\u00edsimos ordinarios para que vigilen con mucha atenci\u00f3n toda clase de congresos, reuniones, etc., que van multiplic\u00e1ndose por todas partes, y que al tratar estos temas no rara vez lanzan opiniones sin la m\u00e1s elemental prudencia y sin consideraci\u00f3n a las repercusiones que pueden tener en la opini\u00f3n p\u00fablica y en la conciencia de nuestros seminaristas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li><em>La formaci\u00f3n espiritual<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En todos los seminarios se ha sentido vivamente el problema de la formaci\u00f3n espiritual de los candidatos al sacerdocio. Con frecuencia la atenci\u00f3n de los educadores debe dirigirse hacia los fundamentos mismos de la formaci\u00f3n espiritual, esto es, de esa fe amenazada tantas veces. Por otra parte, existe hoy el peligro de que llegue a perderse el equilibrio necesario a causa de las transformaciones que se est\u00e1n operando, y teniendo en cuenta que el ambiente exterior hace sentir su influjo en el seminario cada d\u00eda de una manera m\u00e1s determinante. A todo esto hay que a\u00f1adir, y la cosa tiene particular importancia, que un gran n\u00famero de usos y ejercicios espirituales \u2013que ciertamente necesitan una revisi\u00f3n y que no corresponden a las necesidades de nuestros j\u00f3venes\u2013 tienden a desaparecer, sin que se les sustituya por otros que tengan el mismo valor. Sin olvidar que a \u00e9stos corresponden finalidades que no pueden considerarse pasadas, se advierte inmediatamente la necesidad de crear m\u00e9todos nuevos adaptados a nuestros tiempos.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li><em>Cooperaci\u00f3n y obediencia<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El Decreto conciliar <em>Optatam totius<\/em> pide una formaci\u00f3n activa en todos los campos. Las necesidades de esta nueva orientaci\u00f3n no se oponen en absoluto a las exigencias de la obediencia. En este punto se dan muchos equ\u00edvocos, como si libertad y obediencia fueran valores m\u00e1s o menos antit\u00e9ticos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li><em>El Reglamento<\/em><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n \u201cReglamento\u201d en los seminarios crea en nuestros d\u00edas nuevos problemas. Es evidente que suprimirlo ser\u00eda un contrasentido. Tambi\u00e9n para estudiar este aspecto de la vida de nuestros seminarios se impone una colaboraci\u00f3n que permita evitar pasos en falso, los cuales podr\u00edan acarrear consecuencias desastrosas en la formaci\u00f3n del clero joven.\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Rectificaci\u00f3n a tiempo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Urgida mi conciencia pastoral por las consideraciones precedentes, de ning\u00fan modo superfluas en cuanto a su aplicaci\u00f3n y oportunidad entre nosotros, me creo en el deber de pedir a toda la comunidad diocesana un serio esfuerzo para reflexionar sobre el problema y para ayudarnos a remediarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Seminario Mayor, la Di\u00f3cesis de Toledo solamente tiene hoy veintiocho alumnos, de los cuales tres hacen sus estudios en Salamanca y Palencia y el resto, veinticinco, en nuestra ciudad. Algunos pocos m\u00e1s han anunciado su prop\u00f3sito de ingresar este a\u00f1o. Residen con ellos once alumnos mejicanos pertenecientes al Instituto sacerdotal Vasco de Quiroga, que se disponen a ordenarse para el servicio de las diversas di\u00f3cesis de M\u00e9jico, de Espa\u00f1a o de cualquier parte del mundo donde puedan ser llamados por la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La distribuci\u00f3n de los alumnos de la Di\u00f3cesis, curso por curso, es la siguiente: en el primero de estudios eclesi\u00e1sticos, ocho; en el segundo, nueve; en el tercero, dos; en el cuarto, tres; en el quinto, uno; en el sexto, dos. Esto quiere decir que los pr\u00f3ximos seis a\u00f1os recibir\u00e1n el sacerdocio en Toledo muy pocos j\u00f3venes, pues se puede presumir que no perseverar\u00e1n todos los que hoy est\u00e1n matriculados. Y, sin embargo, durante ese tiempo quiz\u00e1 desaparezcan, por unas u otras causas, cuarenta sacerdotes del ministerio activo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, durante ese tiempo aumentar\u00e1n en nuestro territorio diocesano, si no la poblaci\u00f3n, si al menos los niveles de vida con sus exigencias de toda \u00edndole. Se extender\u00e1 la ense\u00f1anza media y quiz\u00e1 la universitaria, se multiplicar\u00e1n las comunicaciones con los consiguientes desplazamientos, aumentar\u00e1n los puestos de trabajo dentro de la evoluci\u00f3n que ya se experimenta y, junto a una mayor informaci\u00f3n y m\u00e1s conocimientos, ser\u00e1n tambi\u00e9n m\u00e1s f\u00e1ciles las diversiones y los ocios, es decir, el bienestar y el consumo de todo por parte de todos. La gran ciudad, pr\u00f3xima a nosotros, ejercer\u00e1 una influencia cada vez mayor, y no ser\u00e1 siempre para el bien. Proseguir\u00e1 la emigraci\u00f3n en unas zonas y aumentar\u00e1 el n\u00famero de habitantes en otras, lo cual dar\u00e1 origen a nuevos desajustes. La familia, el n\u00facleo fundamental para el mantenimiento y la propagaci\u00f3n de los valores cristianos, perder\u00e1 progresivamente su cohesi\u00f3n y sus mecanismos tradicionales de defensa, y las generaciones j\u00f3venes sentir\u00e1n, cada vez con m\u00e1s fuerza, el af\u00e1n de subrayar por procedimientos m\u00faltiples la propia independencia con respecto a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, que en nuestro propio territorio diocesano, grande por su extensi\u00f3n geogr\u00e1fica, no peque\u00f1o por su poblaci\u00f3n humana, pues se acerca al medio mill\u00f3n de habitantes, nos vamos a encontrar, nos estamos encontrando ya, con un tipo de hombre, de familia, de poblaci\u00f3n rural o urbana, nuevos y distintos; ser\u00e1n m\u00e1s ricos en posesi\u00f3n de cosas, m\u00e1s pobres en cuanto a la presencia de Dios en sus vidas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Necesidad de sacerdotes<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, pues, imperiosamente proclamada por los hechos, la urgencia de que contemos con sacerdotes para que nuestros pueblos no se queden sin alma cristiana al no poder recibir atenci\u00f3n religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 muy bien que frente a estas perspectivas dolorosas nos son ofrecidas inmediatamente consideraciones tranquilizadoras que pretenden ayudarnos a descubrir nuevos horizontes y liberarnos de los \u00abadormecedores\u00bb prejuicios en que hemos vivido hasta aqu\u00ed. Estiman que es otro simplismo y casi una ofensa a la vitalidad de la Iglesia esta reducci\u00f3n de su capacidad santificadora a la existencia de sacerdotes en n\u00famero suficiente. No hay que alarmarse, dicen; son temores infundados y cobardes, pesimismos que nacen de la desconfianza respecto al hombre, visi\u00f3n excesivamente clerical del Reino de Dios, falta de imaginaci\u00f3n para hacer despertar tantas y tantas energ\u00edas latentes en el seno de la Iglesia. Eso si no se a\u00f1ade, para consuelo apresurado, que tan nocivo puede ser para la causa del Evangelio la escasez de sacerdotes como la desmesurada abundancia de los mismos, que la soluci\u00f3n est\u00e1 en un laicado m\u00e1s vivo y operante o en la mejor distribuci\u00f3n del clero, que en Espa\u00f1a hemos padecido una aut\u00e9ntica inflaci\u00f3n clerical, etc. Merece la pena que nos detengamos brevemente en el an\u00e1lisis de estas observaciones.<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>La acci\u00f3n de los seglares<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Confiemos en ellos, queridos sacerdotes. Un peque\u00f1o n\u00famero, peque\u00f1\u00edsimo respecto a la gran masa de la poblaci\u00f3n espa\u00f1ola, est\u00e1 bien dispuesto a colaborar en el apostolado que su bautismo les pide. Hemos de hacer cuanto est\u00e9 en nuestra mano para que aumenten sin cesar. Pero jam\u00e1s podr\u00e1n suplir al sacerdote en las funciones espec\u00edficas de \u00e9ste, sin las cuales la vida de toda comunidad cristiana queda forzosamente interrumpida o paralizada. Sin la Eucarist\u00eda y el sacramento del perd\u00f3n de los pecados faltar\u00e1 siempre a los hombres lo m\u00e1s vivo de la redenci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces hablamos de la nueva era de la Iglesia que se est\u00e1 forjando y nos imaginamos que se va a producir una situaci\u00f3n inmensamente atractiva, fuerte y vibrante en las vivencias de la fe. Aparecer\u00e1n \u2013se dice\u2013 grupos cada vez m\u00e1s numerosos de laicos que, dotados de una cultura teol\u00f3gica y b\u00edblica, recibir\u00e1n diversos ministerios adecuados, propagar\u00e1n la fe y participar\u00e1n con fervor en la creaci\u00f3n y el sostenimiento de las comunidades creyentes, dar\u00e1n el testimonio de una vida ejemplar, anunciar\u00e1n con valent\u00eda sus compromisos de orden temporal, sabr\u00e1n entregarse a la oraci\u00f3n y a la vida lit\u00fargica, etc., y as\u00ed, sin necesidad de tantos sacerdotes, ni comunidades religiosas, ni templos materiales, ni estructuras sofocantes, se percibir\u00e1 el aura refrescante y oxigenada de un cristianismo m\u00e1s evang\u00e9lico que ser\u00e1 para el mundo, ansioso de pureza, como una primavera esmaltada de esperanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no dudo, y lo deseo vivamente, que el laicado cat\u00f3lico tiene una gran misi\u00f3n que cumplir en la vida de la Iglesia y que debemos trabajar todos para facilitarlo. Quiz\u00e1 sea \u00e9ste uno de los aspectos m\u00e1s sobresalientes del Concilio: el impulso que ha dado al laicado y el reconocimiento tan expl\u00edcito de sus funciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el que estudie atentamente el Concilio y capte bien las l\u00edneas maestras del mismo, su teolog\u00eda y su fuerza interior, ver\u00e1 enseguida que es, cuando menos, pueril lo que est\u00e1 sucediendo hoy, a saber: ese halago a los seglares, como si para conseguir su colaboraci\u00f3n tuvi\u00e9ramos que proclamar a su favor una indebida autonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparece con frecuencia una presunci\u00f3n, cuando no una especie de reivindicaci\u00f3n arrogante, que habla de su propio carisma, de sus juicios y orientaciones propias, de su manera de ver las cosas, de que ellos tambi\u00e9n son Iglesia y han llegado a la mayor\u00eda de edad, etc. Es francamente desmedida esta actitud: porque el Concilio no ha intentado hacer la apolog\u00eda, ni fomentar el encumbramiento del seglar, ni del cl\u00e9rigo. Ha tratado de situarle y situarnos a todos donde tenemos que estar, y nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El seglar cristiano, por el bautismo, vive en el coraz\u00f3n de la Iglesia y se alimenta de su sangre. Por lo mismo tiene no s\u00f3lo el derecho, sino la obligaci\u00f3n de propagar el Reino de Dios en este mundo. Particularmente en los asuntos y dimensiones que le son m\u00e1s propias. Ni el seglar suple al sacerdote, ni el sacerdote tiene por qu\u00e9 asumir tareas que corresponden al seglar. \u00c9ste, para cumplir su misi\u00f3n, necesita de las fuerzas santificadoras de la Iglesia, gran parte de las cuales s\u00f3lo a trav\u00e9s del sacerdote llegan hasta \u00e9l. La fuente y la cumbre de toda evangelizaci\u00f3n est\u00e1 en la Eucarist\u00eda, y \u00fanicamente el sacerdote es el ministro que la realiza en cuanto tiene de sacrificio y de sacramento.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay por qu\u00e9 contraponer laicado y sacerdocio y mucho menos afirmar que el uno suple al otro. La teolog\u00eda del laicado no es m\u00e1s que una parte de la teolog\u00eda de la Iglesia total. Su capacidad y su deber de evangelizar y santificar, dentro de lo que la Iglesia entiende por evangelizaci\u00f3n y santificaci\u00f3n, no tiene sentido sin referencia a la gracia santificante, deseada o pose\u00edda a trav\u00e9s de los medios que Cristo ha querido establecer. La fe que los laicos han de propagar y vivir con la palabra y con el ejemplo o testimonio de su vida es la fe de una Iglesia que es comuni\u00f3n jer\u00e1rquica, en la cual los sacerdotes, como colaboradores de los obispos, tienen una triple misi\u00f3n irrenunciable: la de ense\u00f1ar, santificar y regir con autoridad que los laicos no tienen.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto no se opone en nada a los derechos de los seglares, ni al deseo de que nazcan de ellos iniciativas generosas o de que se esfuercen por contribuir con su trabajo y su entrega, dentro de la familia y fuera de ella, en los ambientes profesionales y en la sociedad en general, a impregnar la realidad humana del esp\u00edritu del Evangelio. Significa \u00fanicamente que para lograrlo han de hacerlo dentro de lo que es la Iglesia por disposici\u00f3n divina, con aceptaci\u00f3n plena de las ense\u00f1anzas de la revelaci\u00f3n, tal como el Magisterio las transmite, con deseo sincero de la santidad y justicia del Evangelio para s\u00ed mismos y para los dem\u00e1s hombres. Sumergidos en esa corriente que se mueve en el interior de la Iglesia, beber\u00e1n de ella, y en los cauces por donde discurre. De lo contrario, no tendr\u00e1n m\u00e1s que cisternas rotas, carentes de agua viva. Aqu\u00ed nadie inventa nada. Es un agua que viene de Cristo, que est\u00e1 en los sacramentos, que no se obtiene sin oraci\u00f3n y sacrificio, sin cruz, sin resurrecci\u00f3n continua. O se obra as\u00ed, o no llevamos al mundo evangelio y santidad, sino torpes y pobres sustitutivos, complacientes, t\u00edmidos, epis\u00f3dicos. Y porque todo ello se centra en la Eucarist\u00eda necesitamos ante todo y sobre todo del sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>Una precisi\u00f3n m\u00e1s es necesaria para no ser injustos. Supuesta la reflexi\u00f3n que vengo haciendo, se nos dice que cuando se habla hoy de laicos y sacerdotes, y se conf\u00eda en las muchas energ\u00edas que aquellos han de incorporar a la vida de la Iglesia, de ning\u00fan modo se defiende una confusi\u00f3n de poderes y funciones ni una suplencia de valores, sino simplemente se alude a una nueva situaci\u00f3n que se ha de producir: la de un laicado mucho m\u00e1s activo apost\u00f3licamente que antes, compuesto por hombres y mujeres, j\u00f3venes y adultos, que en la medida que a ellos corresponda y dentro de la funci\u00f3n que les es propia, con los ministerios y servicios que la Iglesia pueda confiarles (los cuales no se agotan con los que ya conocemos) aportar\u00e1n al pueblo de Dios el fermento transformador que puedan dar, no supliendo a nadie, sino dando lo que es suyo: el despliegue vital de sus exigencias bautismales y de su sacerdocio de hijos de Dios. Esta es la gran reserva con que contamos \u2013se dice\u2013, y una vez puesta en movimiento y debidamente aplicada, se produce por s\u00ed misma una modificaci\u00f3n de los supuestos operativos en el apostolado.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo a repetir. Lo deseo y lo espero. Debe producirse. M\u00e1s a\u00fan, pienso que ser\u00eda una inmensa frustraci\u00f3n de la llamada del Concilio \u2013en que ha cristalizado la teolog\u00eda del laicado que ha venido elabor\u00e1ndose en los a\u00f1os anteriores al mismo\u2013 el no hacer triunfar en la conciencia de los laicos estos anhelos apost\u00f3licos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el problema no es \u00e9ste. El problema consiste en saber si es posible conseguir tan altas metas sin sacerdotes en n\u00famero y formaci\u00f3n suficiente para despertar, alimentar y dirigir espiritualmente a esos grupos de laicos, cuya aparici\u00f3n deseamos y esperamos. Por m\u00e1s que lo intento, no logro persuadirme de tal posibilidad. Y es que la actividad apost\u00f3lica propiamente dicha ni se inicia ni se sostiene largo tiempo sin una gran vida interior y una uni\u00f3n muy intensa del alma del ap\u00f3stol con Dios nuestro Se\u00f1or. Son m\u00e1s f\u00e1ciles y frecuentes las dedicaciones a tareas de promoci\u00f3n humana, solamente reductibles a la categor\u00eda de actividades apost\u00f3licas a base de una ben\u00e9vola interpretaci\u00f3n de este concepto, o por estimar que todo, absolutamente todo lo que ayuda al hombre, contribuye a la evangelizaci\u00f3n. As\u00ed es en cierto modo, pero para ello no se necesita ni siquiera tener fe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde encontrar adem\u00e1s los laicos, que despu\u00e9s de sus trabajos diarios, tan fatigosos y tan duros, dispongan de tiempo y de energ\u00edas en su esp\u00edritu para adquirir una formaci\u00f3n rigurosa que les capacita para tareas apost\u00f3licas cada vez m\u00e1s exigentes? \u00bfC\u00f3mo es posible alimentar fundadamente la esperanza de que se multiplicar\u00e1n estas promociones de laicos en n\u00famero y con vigor suficientes para hacer frente a las necesidades apost\u00f3licas de una poblaci\u00f3n que aumenta sin cesar, de un mundo cada vez m\u00e1s paganizado, de un ambiente tan enervante y tan propicio al desorden moral como el que vive nuestro tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra misma Espa\u00f1a, m\u00e1s de doscientas mil personas salen cada a\u00f1o de sus lugares de origen para buscar trabajo en distintos puntos del pa\u00eds y del extranjero. \u00bfQui\u00e9nes y c\u00f3mo les atender\u00e1n espiritualmente sin sacerdotes?<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, las fuerzas del mal, que son inmensas, act\u00faan siempre en sentido contrario, con la terrible eficacia que proporciona el olvido de Dios en un ambiente cada vez m\u00e1s secularizado. Desprovistos de sacerdotes, los laicos no podr\u00e1n f\u00e1cilmente resistir la formidable presi\u00f3n de un materialismo cada vez m\u00e1s placentero y agresivo.<\/p>\n\n\n\n<p>No olvidemos, por fin, que en las Iglesias de la Reforma, en que los seglares, por principios doctrinales y r\u00e9gimen propio, han tenido durante siglos mucha m\u00e1s participaci\u00f3n, los resultados en el orden apost\u00f3lico han sido muy escasos.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, pienso que donde haya sacerdotes que cumplan bien con su misi\u00f3n habr\u00e1 un laicado floreciente, y sin sacerdotes, de ley ordinaria, no lo habr\u00e1. De hecho, en los movimientos de apostolado laical de nuestro tiempo, encontramos siempre junto a los cuadros de dirigentes seglares que hicieron florecer diversas obras, sacerdotes consiliarios que trabajaron abnegadamente, como el P. Ayala con la Asociaci\u00f3n Cat\u00f3lica Nacional de Propagandistas; Emilio Bell\u00f3n, Manuel Aparici, Monse\u00f1or Vizcarra y cientos de consiliarios diocesanos y parroquiales en la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>La ley suele ser \u00e9sta. Primero act\u00faa el sacerdote, y va surgiendo el ap\u00f3stol seglar. Y si llega a existir un laicado vivo brotan nuevas vocaciones sacerdotales del seno de ese mismo laicado, logrado lo cual, caminan paralelos los dos movimientos apoy\u00e1ndose y enriqueci\u00e9ndose mutuamente, el sacerdotal y el laical, nunca con \u00e1nimo de suplirse uno a otro y mucho menos ignorarse, sino como algo que es constitutivamente normal en la naturaleza de la Iglesia. Sin sacerdocio no habr\u00e1 laicado; con laicado seguir\u00e1 habiendo sacerdocio. Cuantos m\u00e1s sacerdotes y ap\u00f3stoles, m\u00e1s laicos dispuestos a trabajar en el Reino de Dios; cuantos m\u00e1s laicos bien formados, m\u00e1s sacerdotes seguir\u00e1n existiendo como una exigencia l\u00f3gica del desarrollo de la vocaci\u00f3n cristiana. Evodia y S\u00edntique, como en su primera etapa Tito y Timoteo, y aquellos a quienes el Ap\u00f3stol llama <em>colaboradores m\u00edos cuyos nombres est\u00e1n escritos en el libro de la vida<\/em> (Fil 4, 2-3), fueron laicos que abrieron camino al Evangelio, pero fue la llamada de San Pablo la que abras\u00f3 su coraz\u00f3n. Y as\u00ed siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Solemos padecer tambi\u00e9n otra ilusi\u00f3n enga\u00f1osa. Se funda un peri\u00f3dico o una revista, se organiza esta o aquella obra promovida por los seglares, se constituye un determinado circulo en que se celebran conferencias y coloquios, y f\u00e1cilmente creemos que se va a ejercer una influencia de \u00e1mbito diocesano o nacional al servicio del Evangelio aun cuando no haya sacerdotes. Mas, \u00bfqu\u00e9 ocurre en la realidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando desaparecen los sacerdotes que ampararon el nacimiento de esas obras, \u00e9stas languidecen y mueren, o se transforman en sus fines, o se limitan en su beneficioso influjo a unas pocas personas, casi siempre las mismas, a las que tratan de llegar unos y otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las publicaciones de s\u00f3lido contenido doctrinal para la educaci\u00f3n de la fe, o no existen sin sacerdotes que las dirijan, o alcanzan muy modestos \u00e9xitos de difusi\u00f3n. Es m\u00e1s bien la pol\u00e9mica y las discusiones, la novedad picante, las declaraciones insustanciales y vanas, el articulo revisionista o irrespetuoso, el ataque a instituciones y personas lo que entretiene a muchos. Entretiene, pero no forma. Despierta curiosidades, pero no fomenta convicciones. Engendra, con la curiosidad, la duda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque no fuera as\u00ed, el que busca con af\u00e1n la extensi\u00f3n del Reino de Dios no podr\u00e1 contentarse con que en la ciudad en que ello es f\u00e1cil, surjan tales o cuales obras. Le interesan por igual los centenares de pueblos y aldeas, grandes o peque\u00f1as, o las inmensas barriadas suburbiales, a las que no llega ning\u00fan eco provechoso de las mismas, como no sea hoy, a trav\u00e9s de la televisi\u00f3n, en una informaci\u00f3n esquem\u00e1tica y meramente noticiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para estos pueblos y esas barriadas necesitamos la presencia personal del sacerdote que predica un d\u00eda y otro, aunque pocos le escuchen; que entra en los hogares para compartir alegr\u00edas o desgracias; que habla de Dios y de su santa Madre la Virgen Mar\u00eda; que busca a los muchachos y muchachas para decirles que hay algo m\u00e1s que el sexo, el dinero o la rebeld\u00eda; que re\u00fane a los ni\u00f1os y trabaja pacientemente en medio de sus impertinencias, aunque no logre m\u00e1s que un cinco por ciento de almas rectas; que est\u00e1 en la Iglesia rezando e invitando a rezar; que urge a los ricos y los poderosos sus obligaciones graves, aunque tenga que aguantar muchas hipocres\u00edas; que sabe decir a tiempo y a destiempo que en el mundo hay muchas cosas bonitas, pero que no hay nada tan bello como la santa Misa y la presencia entre nosotros de Jesucristo Sacramentado; que recuerda a todos las obligaciones que tenemos en el mundo presente y el juicio de Dios que nos espera en el venidero; que canta alabanzas al Se\u00f1or, aunque lo haga muy mal; que conf\u00eda m\u00e1s en las oraciones y sacrificios perseverantes que en las encuestas y los di\u00e1logos, aunque tambi\u00e9n sepa servirse de esto moderadamente; que para combatir las terribles injusticias del capitalismo no incurre en la ingenuidad de querer proclamarse marxista- cristiano: que no tiene miedo en hablar del cielo y del infierno, y del demonio, y de los \u00e1ngeles buenos, sencillamente porque Jes\u00fas nos lo ha ense\u00f1ado; sacerdotes que sepan leer y comentar atinadamente una enc\u00edclica de Su Santidad y no se averg\u00fcencen de organizar la procesi\u00f3n de la Patrona o de mantener vivo el rezo del Rosario; que organicen catecumenados y grupos de revisi\u00f3n comunitaria o cursos de formaci\u00f3n b\u00edblica y no cometan el disparate de suprimir una novena o un triduo en que facil\u00edsimamente podr\u00edan aprovechar la ocasi\u00f3n para lograr algo de lo que buscan; sacerdotes, en suma, que crean de verdad que es Dios quien convierte los corazones de los hombres con su santa gracia y que para esto suelen tener m\u00e1s posibilidades de ayuda de la Virgen Mar\u00eda y los santos de siempre que del \u00faltimo articulo de fulanito en la revista o el peri\u00f3dico de sus personales preferencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos, much\u00edsimos sacerdotes as\u00ed necesitamos hoy. Y con ellos muchos, much\u00edsimos laicos que, con la ayuda de aqu\u00e9llos, trabajen en el apostolado, donde quiera que est\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Distribuci\u00f3n del clero<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Este es otro argumento que se utiliza para atenuar las preocupaciones que suscita la escasez de sacerdotes. Distribuyamos mejor los efectivos que tenemos, se dice, seguros de que podr\u00edamos solucionar muchos problemas. Es evidente que debemos intentarlo. La Conferencia Episcopal espa\u00f1ola ha hablado de esto varias veces, sin otro resultado hasta ahora. \u00daltimamente lo ha hecho, con referencia a la situaci\u00f3n de la Iglesia universal, el Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregaci\u00f3n de Obispos, pero tampoco se ha pasado de ah\u00ed. Fuera de los sacerdotes europeos que por propia voluntad han ido a otros continentes, o de la continua aportaci\u00f3n de las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas por sus cauces normales, no se han dado otros pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero d\u00e9monos cuenta de que esto s\u00f3lo ser\u00eda una soluci\u00f3n parcial y ef\u00edmera. Parcial, porque no en todas partes se dispone de sacerdotes para que puedan ser mejor distribuidos. Ef\u00edmera, porque la distribuci\u00f3n mejor s\u00f3lo puede hacerse mientras existen en n\u00famero suficiente para intentarlo. Si no tenemos sacerdotes, \u00bfc\u00f3mo vamos a pedir que se distribuyan mejor? \u00bfA qui\u00e9nes pedir\u00edamos el obsequio de su generosidad, si no vienen j\u00f3venes a nuestros seminarios o no perseveran los que un d\u00eda vinieron?<\/p>\n\n\n\n<p>En algunas regiones espa\u00f1olas el problema empieza a ser grave. Se encuentran con enormes dificultades, cuando se trata de cubrir un puesto que ha quedado vacante por defunci\u00f3n o retiro del que lo serv\u00eda o por otras cosas. Y la dificultad aumenta cuando se trata de crear parroquias nuevas o servicios religiosos necesarios. Hasta ahora est\u00e1n afluyendo sacerdotes de otras di\u00f3cesis, en menor n\u00famero del que ser\u00eda necesario, pero muy pronto la escasez se dejar\u00e1 sentir tambi\u00e9n en las regiones donde tradicionalmente exist\u00eda abundancia de clero.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que se refiere a nuestra Di\u00f3cesis de Toledo, vemos cada d\u00eda m\u00e1s necesario encomendar diversos n\u00facleos de poblaci\u00f3n a un solo sacerdote, requerir la colaboraci\u00f3n de cuantos est\u00e9n dispuestos a actuar como educadores de la fe, abandonar tareas y ocupaciones menos sacerdotales cuando puedan ser desempe\u00f1adas por otros, incorporar a las parroquias sacerdotes hasta ahora libres de este ministerio, buscar nuevas formas de atenci\u00f3n espiritual, aunque no sean estrictamente parroquiales. Pero, aun as\u00ed, la soluci\u00f3n ser\u00e1 precaria y progresivamente m\u00e1s pobre cada a\u00f1o que pasa, si no aumenta el n\u00famero de las vocaciones sacerdotales.<\/p>\n\n\n\n<p>En la ciudad, que es donde se da mayor n\u00famero de cl\u00e9rigos, la abundancia es m\u00e1s aparente que real. Muchos, por su edad y sus achaques f\u00edsicos, ya no pueden hacer m\u00e1s de lo que hacen. Sobre otros, lo mismo en la ciudad que en otros lugares, pesan las dificultades familiares o los h\u00e1bitos y modos de trabajo arraigados durante muchos a\u00f1os, que les incapacitan para un sistema de mayor movilidad. Los superiores y profesores de los seminarios atienden ya, por lo general, otros servicios religiosos distintos de su tarea ordinaria y m\u00e1s bien ser\u00eda de desear una dedicaci\u00f3n m\u00e1s plena a la misi\u00f3n que fundamentalmente ejercen. En la Catedral estamos tratando de establecer las bases necesarias para una m\u00e1s intensa actitud apost\u00f3lica del clero catedralicio, compatible con las obligaciones que all\u00ed deben cumplirse para el mejor servicio de la liturgia y de la cultura religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, siempre vuelve a la mente una consideraci\u00f3n ineludible. Una mejor distribuci\u00f3n del clero ha de hacerse, pensando no s\u00f3lo en la Di\u00f3cesis, sino en toda la naci\u00f3n y en toda la Iglesia. \u00bfQu\u00e9 grado de efectividad podr\u00e1 alcanzar, si no hay vocaciones sacerdotales? Con el clero que hoy existe, algo, m\u00e1s bien poco, puede hacerse hoy; pero si nuestros seminarios no se nutren con las nuevas generaciones, nada podr\u00e1 hacerse ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Centrar los esfuerzos en el logro de una Iglesia m\u00e1s pura<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Esta es la otra soluci\u00f3n que se nos brinda para sosegar nuestra impaciencia. \u00bfA qu\u00e9 preocuparse por la existencia de sacerdotes en n\u00famero suficiente para atender a todo el pueblo en el grado en que hemos venido haci\u00e9ndolo? Eso es perder el tiempo y falsear el rostro de la Iglesia, se nos dice. Porque una cosa es la Iglesia y otra la religi\u00f3n sociol\u00f3gica, artificial, m\u00e1s pol\u00edtica que evang\u00e9lica, in\u00fatil, devoradora de hombres y energ\u00edas, alienante. Basta con tener peque\u00f1os grupos, comunidades reducidas, fermentos activos y vigorosos, capaces de ser ante el mundo una bandera de ilusi\u00f3n y de conquista. Su fe ser\u00e1 comprometida, valiente y heroica, y un hombre solo o una peque\u00f1a comunidad que as\u00ed la viva, en el pueblo o en el barrio de la gran ciudad, har\u00e1 por la Iglesia de Cristo m\u00e1s que diez parroquias juntas de las que ahora tenemos. Y para atender a estos grupos no hacen falta ni seminarios siquiera. De la entra\u00f1a de esas comunidades, libres de toda rutina y de tumoraciones incrustadas en sus v\u00edsceras, ir\u00e1n surgiendo los sacerdotes que se necesiten, y la Iglesia del amor y el compromiso emerger\u00e1 como una isla de luz en medio de las tinieblas.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien. Dej\u00e9moslo aqu\u00ed. No es mi prop\u00f3sito analizar ahora estas soluciones, en las que tiene no poca parte la fantas\u00eda. Aludo a ellas tangencialmente, en cuanto que la consideraci\u00f3n de las mismas es obligada dentro del problema general que vengo examinando.<\/p>\n\n\n\n<p>Por hoy b\u00e1stenos decir que causa verdadero dolor pensar que puedan proponerse como soluciones eficaces las que con estas ideas se propugnan.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cosa muy distinta es que un te\u00f3logo hable de la Iglesia como peque\u00f1o reba\u00f1o, y que incluso, puesto a escrutar el porvenir, pueda afirmar como presumible ese fen\u00f3meno de la reducci\u00f3n del n\u00famero, lo cual podr\u00eda muy bien entrar en los planes de Dios. Pero provocarlo nosotros, los ap\u00f3stoles, anticiparnos a crearlo por nuestra desidia o por nuestro desprecio del pueblo sencillo (y aqu\u00ed entran igual ricos y pobres), queriendo fomentar un catarismo del siglo XX, es del todo rechazable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo es posible que se haya perdido el discernimiento para no comprender que las dos cosas son necesarias, el cultivo m\u00e1s intenso de peque\u00f1os grupos y la atenci\u00f3n obligada a la totalidad, mientras de alg\u00fan modo podamos llegar a ella? Si, como consecuencia de tantas causas, grandes sectores de la poblaci\u00f3n se nos van haciendo impermeables a la predicaci\u00f3n de la fe, lo aceptaremos con humildad y siempre dispuestos a buscar nuevos modos de penetraci\u00f3n, pero nunca nos ser\u00e1 licito a nosotros apagar la llama all\u00ed donde todav\u00eda brilla, aunque sea con penosas intermitencias, o dejar de alimentarla mientras tengamos un poco de aceite.<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo no despreci\u00f3 a las grandes masas, al pueblo supersticioso, torpe o ignorante, o ego\u00edsta y perezoso, pecador y obstinado. A todos busc\u00f3, a todos predic\u00f3, por todos muri\u00f3. Y, como Jesucristo, sus Ap\u00f3stoles, y los sucesores de los mismos. \u00bfPor qu\u00e9 Pablo VI predica y recibe a todos? \u00bfPor qu\u00e9 su discurso famoso en la ONU? \u00bfPor qu\u00e9 sus viajes a los diversos lugares del mundo? \u00bfPor qu\u00e9 su voz pat\u00e9tica de misionero de la humanidad en tantos y tantos sitios? \u00bfPor qu\u00e9 aquella llamada en el Extremo Oriente, cuyo lenguaje parec\u00eda salir de las mismas profundidades de los siglos que esperan la venida del Se\u00f1or?<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio Vaticano II quedar\u00eda destruido en sus intenciones renovadoras, si triunfara entre los hijos de la Iglesia esta tendencia a defender los puntos de vista personales, considerando la acci\u00f3n apost\u00f3lica como el resultado de un coloquio de camaradas que deciden por su cuenta ser ellos los arquitectos del edificio y construirle a su antojo. Hay mucho m\u00e1s misterio y m\u00e1s luz en la Sangre de Cristo, que redime al mundo. La oblaci\u00f3n pura que en todas partes ve\u00eda levantarse el profeta Malaqu\u00edas no permite tan torpes manipulaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia <em>Lumen Gentium,<\/em> lo mismo que la <em>Gaudium et Spes,<\/em> sobre su presencia en el mundo, est\u00e1n llenas de acentos universalistas y nos piden no reducir, sino ampliar. El Decreto sobre el Ecumenismo va buscando, m\u00e1s que el peque\u00f1o reba\u00f1o, la gran familia cristiana. El documento misionero <em>Ad Gentes <\/em>trata de que se extienda por toda la tierra la luz de Jesucristo. Es decir, que para tranquilizar nuestra conciencia en cuanto a la escasez de sacerdotes, el procedimiento es el contrario del que se\u00f1alan los defensores de la teor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Se necesitan muchas, much\u00edsimas peque\u00f1as comunidades, y entonces ser\u00e1n comunidades grandes, porque tendr\u00e1n que estar unidas para ser comunidades en la fe de Cristo; pero para atenderlas debidamente se necesitan de igual modo muchos, much\u00edsimos sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Segunda parte:<br>Nuestro Seminario de Toledo<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Seminario Mayor<\/h2>\n\n\n\n<p>Pasemos ya a hablar de lo que ha de ser el Seminario en nuestra Di\u00f3cesis. Tanta importancia doy a este problema, que ocupar\u00e1 la mayor parte de mi tiempo y mi atenci\u00f3n hasta que pueda estar debidamente encauzado. La crisis se ha producido en estos a\u00f1os, y estamos sufriendo las consecuencias. Pero miramos hacia el porvenir con toda fe y confianza en Dios. Porque de un modo o de otro siempre ha habido crisis en la Iglesia y en sus instituciones, y muchas veces ha sido para mayores bienes. \u00bfPor qu\u00e9 no ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>Las crisis se dan, y hay que superarlas; y solamente se superan cuando se utilizan los medios adecuados para ello. Libr\u00e9monos, ante todo, de la superficialidad y las vac\u00edas repeticiones de frases y conceptos, a lo sumo s\u00f3lo pasajera y parcialmente v\u00e1lidos para explicar el fen\u00f3meno. Antes del Concilio, en naciones como B\u00e9lgica, Holanda, Alemania, Norteam\u00e9rica, se viv\u00eda ya en plena civilizaci\u00f3n industrial, y estaba extendida la ense\u00f1anza media, y se suced\u00edan los cambios unos a otros. Y hab\u00eda tambi\u00e9n abundantes vocaciones sacerdotales entre adolescentes y j\u00f3venes, y se cultivaban con amor entre los ni\u00f1os en medio de las familias. El Concilio no ha tenido la culpa de lo que ha sucedido despu\u00e9s. Son otras las causas.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Seminario en la Di\u00f3cesis<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>No dejaremos de tener nuestro Seminario diocesano, por escaso que sea ahora el n\u00famero de alumnos. Lo que hemos de hacer es trabajar para que haya m\u00e1s. Cabe pensar en una cierta uni\u00f3n de esfuerzos entre las di\u00f3cesis vecinas en orden al aprovechamiento com\u00fan de algunos medios, la integraci\u00f3n de profesores y alumnos para ciertas disciplinas y cursos de formaci\u00f3n especializada, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Una di\u00f3cesis sin seminario se empobrece y pierde est\u00edmulos muy poderosos para su propia vida. Los sacerdotes que trabajan en los seminarios, superiores y profesores, se benefician ellos mismos y aportan a toda la di\u00f3cesis, con su estudio y su dedicaci\u00f3n, influencias positivas de toda \u00edndole. La misma presencia de la instituci\u00f3n, con la participaci\u00f3n visible de los alumnos en tantos aspectos de la vida diocesana, es para el clero y para los fieles un motivo de alegr\u00eda y de esperanza, una suave penetraci\u00f3n en la conciencia de todos de ese don precioso de la continuidad de la Iglesia, que en la familia diocesana asegura la confianza y la uni\u00f3n con el pasado y el futuro. S\u00f3lo cuando se pierde se sabe lo que se ha perdido.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Seminario nuevo y libre<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Deseamos que nuestro Seminario sea nuevo con la novedad del Concilio Vaticano II, no con otras novedades que en realidad son envejecimiento y decadencia. La novedad que el Concilio pide radica ante todo en el esp\u00edritu de una formaci\u00f3n de cara a la Iglesia y al mundo. Si se me entiende bien, yo lo expresar\u00eda as\u00ed: el Concilio ha tenido por dentro, siempre bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, una como filosof\u00eda de su propia acci\u00f3n y prop\u00f3sitos, un aliento vital, una actitud de alma y coraz\u00f3n. Al contemplar la realidad de la Iglesia en su misterio de salvaci\u00f3n, y la del mundo en su historia humana, religiosa y civil, el Concilio nos ha pedido a todos mayor comprensi\u00f3n y m\u00e1s vivo amor. Nos ha invitado a dar un salto y a situarnos en un nuevo Sina\u00ed, donde no dejan de existir las Tablas de la Ley, pero desde el que es m\u00e1s f\u00e1cil, despu\u00e9s de haber gozado de la conversaci\u00f3n con Dios, tal como es, caminar en busca del pueblo sin romper con ira las tablas recibidas.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio ha intentado que la Iglesia y el sacerdote y el cristiano se acerquen m\u00e1s a los hombres, y particularmente a los m\u00e1s pobres, en las diversas clases de pobreza, para llevar hasta ellos el don de la salvaci\u00f3n frente al mundo: no la exclusi\u00f3n condenatoria, sino la redenci\u00f3n que ha de manifestarse en todos sus dominios: el arte, la pol\u00edtica, la cultura, el amor, la justicia, la comunidad internacional. De cara a la Iglesia, la penetraci\u00f3n profunda en toda su riqueza, de la que nace forzosamente la exigencia de prestar renovada atenci\u00f3n a los comunes intereses de sus hijos: la liturgia, el ecumenismo, la educaci\u00f3n cristiana, el apostolado, la santidad, la naturaleza del pueblo de Dios, el estado religioso, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud nueva ha de reflejarse en los seminarios para que en ellos se forme el sacerdote de los nuevos tiempos. Y se nos pidi\u00f3 a los obispos y a los formadores de los seminaristas que nos esforz\u00e1ramos por conseguir este esp\u00edritu. Nuestros j\u00f3venes alumnos estaban bien dispuestos a recibirlo y si hasta ahora no se ha conseguido, no creo sean ellos los principales responsables.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio ped\u00eda <em>una formaci\u00f3n para eso,<\/em> no una tolerancia abandonista y desorientadora. Para lograr esa formaci\u00f3n en el futuro sacerdote se requer\u00eda una dosis mayor que antes de vida interior, de reflexi\u00f3n intelectual, de dominio de s\u00ed mismo, de amor a la Iglesia, de capacitaci\u00f3n pastoral, de respeto a los hombres, a las dem\u00e1s confesiones religiosas, a los valores humanos y terrestres. El ejemplo vivo nos era ofrecido en la imagen de aquel anciano, rebosante <em>de juventud espiritual,<\/em> que se llam\u00f3 Juan XXIII, el padre del Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar de <em>una formaci\u00f3n para lo nuevo,<\/em> se ha pretendido dar <em>lo nuevo,<\/em> y mal expuesto, como formaci\u00f3n \u00fanica. \u00bfAcaso el Concilio hab\u00eda aconsejado prescindir de la piedad, de la sana disciplina, del recogimiento y la obediencia? \u00bfEra novedad conciliar fomentar o consentir las cr\u00edticas m\u00e1s disparatadas contra todo lo que los seminarios hab\u00edan venido ofreciendo? \u00bfEntraba dentro de lo nuevo que el Concilio quer\u00eda, la diversi\u00f3n mundana, los modos de vida aseglarados, la tranquila condescendencia hacia lo que reclama el amor a la mujer en lugar de la gradual afirmaci\u00f3n de un coraz\u00f3n libre para entregarse m\u00e1s y m\u00e1s a Jesucristo por el Reino de los cielos?<\/p>\n\n\n\n<p>Del deseo de una mayor participaci\u00f3n de los seminaristas en la vida del seminario, perfectamente fundado, se pas\u00f3 a ceder en muchos casos a las exigencias de unos pocos que, extra\u00f1amente apoyados, incluso a veces por sacerdotes, se convert\u00edan en grupos de presi\u00f3n intolerable. Si, por fin, terminaban por salir del seminario, se dec\u00eda enseguida que los m\u00e1s capaces y de mayores valores humanos no resist\u00edan una instituci\u00f3n anacr\u00f3nica y anquilosada, sin pararse a pensar cu\u00e1nto hab\u00eda en ellos de orgullo y af\u00e1n juvenil de emancipaci\u00f3n, de ausencia de virtudes evang\u00e9licas, de exceso de personalidad arrebatado y an\u00e1rquico, junto a otras innegables cualidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ensay\u00f3 todo y se permiti\u00f3 todo: las salidas del seminario a cualquier hora, la no asistencia a clases, el abandono de la oraci\u00f3n y de la santa Misa, la ausencia total de reglamentos, la atomizaci\u00f3n de la comunidad en peque\u00f1os grupos sin determinar previamente las exigencias, e incluso se defendi\u00f3 y empez\u00f3 a practicarse en algunos sitios la tesis de que no debe haber seminario, que lo mejor es que haya j\u00f3venes que hagan su vida normal en el mundo, igual que los dem\u00e1s, a los que un d\u00eda pueden serles impuestas las manos consagrantes. Con el celibato o sin \u00e9l, \u00a1qu\u00e9 m\u00e1s da!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEntraba esto dentro de lo nuevo que el Concilio ped\u00eda? \u00bfPodr\u00edan resistir as\u00ed nuestros j\u00f3venes seminaristas? \u00bfEra esto lo que el Pueblo de Dios quer\u00eda y necesitaba? \u00a1Tremenda responsabilidad la de todos nosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>Recientemente en la revista <em>Seminarium<\/em> escrib\u00eda el Cardenal Carro\u00f1e: \u00abNo debe sorprendernos que las tesis sobre la supresi\u00f3n de los seminarios est\u00e9n hoy pr\u00f3ximas, en el esp\u00edritu y en el lenguaje, a las tesis que despojan al sacerdocio de toda ra\u00edz \u201contol\u00f3gica\u201d, para hacer de \u00e9l una simple funci\u00f3n delegada por una comunidad, dependiente de la buena voluntad de la misma o del sujeto mismo, y, por tanto, temporal, bien sea que comporte simplemente una actividad intermitente, o que pueda ser pura y simplemente interrumpida. Es evidente que, si se considera as\u00ed el sacerdocio, el seminario pierde toda su raz\u00f3n de ser. El lazo entre las tesis actuales sobre el sacerdocio y las tesis sobre el seminario no es casual: sacrificar el seminario significa, por grados, aun involuntariamente, encaminarse hacia otra idea del sacerdocio: cambiar la concepci\u00f3n de la Iglesia sobre el sacerdocio significa eliminar el seminario&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y recuerda tambi\u00e9n en dicho art\u00edculo que el Concilio de Trento dispuso una formaci\u00f3n \u00abprolongada y sistem\u00e1tica para los aspirantes al sacerdocio, y no cerr\u00f3, sin embargo, la puerta a ulteriores y ciertamente necesarias evoluciones, ni mucho menos a felices y oportunas creaciones: por lo que hay que preguntarse si en lugar de buscar otros caminos fuera de lo que se llama Seminario Tridentino no ser\u00eda necesario volver al origen de estas primeras instituciones para encontrar de nuevo el esp\u00edritu\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha habido sistemas diversos de formaci\u00f3n sacerdotal y situaciones personales de aspirantes al sacerdocio que han merecido tratamiento singular. Pero convertir la excepci\u00f3n en norma, prescindir de lo que la Iglesia institucional ha ido madurando como consecuencia de tanta reflexi\u00f3n, ofrecer una libertad indigerible y pedir a la vez interioridad y equilibrio perfectos es situarnos fuera de la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las novedades se dieron tambi\u00e9n \u2013\u00a1y con cu\u00e1nta abundancia!\u2013 en la vida acad\u00e9mica. Nada de textos ni programas fijos, porque ello ahoga el vuelo del pensamiento: repetici\u00f3n mim\u00e9tica de las \u00faltimas frases revisionistas que se hayan dicho por los profesores de moda; pasarse meses hablando de la teolog\u00eda de la muerte de Dios y dejar a los alumnos sin conocer tratados dogm\u00e1ticos enteros; desconciertos en las ense\u00f1anzas de la moral cristiana sobre la conciencia, el pecado, la vida, el amor; complacerse, en virtud de no s\u00e9 qu\u00e9 raros complejos, en ponderar las supuestas equivocaciones del catolicismo a lo largo de su historia y buscar en cambio justificaciones a las posturas adversas en otras confesiones o en la cultura profana.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo a preguntar: para la renovaci\u00f3n anhelada, \u00bfera necesario todo esto?<\/p>\n\n\n\n<p>Queremos un seminario nuevo, s\u00ed, con la espl\u00e9ndida novedad que el decreto <em>Optatam totius<\/em> ha marcado. Nuevo por el amor vivo a la cruz de Jesucristo, a la oraci\u00f3n que transforma la conciencia, a la Iglesia santa de Dios, a lo que hay de virtud en la obediencia, el silencio y el trabajo; nuevo por el sentido de caridad fraterna que debe reinar en cuantos formen la comunidad del mismo, con la debida participaci\u00f3n de todos, conquistada d\u00eda tras d\u00eda mediante un comportamiento digno, y sin que la autoridad de los superiores, y particularmente del rector, pierdan sus atribuciones; nuevo en cuanto a la disposici\u00f3n de esp\u00edritu con que deben acercarse al sacerdocio los que quieran recibirlo, a saber, contentos de las obligaciones que contraen, humildes para aceptar las tareas pastorales que les encomienden, entregados a la labor de cada d\u00eda, dispuestos a trabajar por el mundo y por los pobres sin hablar tanto de ello; nuevo por el af\u00e1n de justicia que debe acompa\u00f1arles, empezando por ser ellos justos en el cumplimiento de las obligaciones contra\u00eddas, de estudio, de respeto a las normas, de observancia fiel a lo que est\u00e1 mandado, sin lo cual hablar de justicia es un sarcasmo; nuevo por la pobreza interior de las almas, que han de distinguirse por el abandono en Dios, la aceptaci\u00f3n de criterios que quiz\u00e1 no son los suyos, la mortificaci\u00f3n de los sentidos, la moderaci\u00f3n en el uso de los bienes de que pueden disponer; nuevo por la total entrega de su coraz\u00f3n al amor de Dios y a la identificaci\u00f3n con Jesucristo y con la Virgen Mar\u00eda, madre de los sacerdotes, para consagrar la fuerza creadora de su juventud al Reino de los cielos ya en la tierra, aceptando de antemano, con naturalidad y confianza en la gracia, las diversas modalidades de vida que corresponden y son exigibles a un joven que no va a unir su existencia con la de una mujer, a la que pudo elegir como compa\u00f1era y no quiso; nuevo, en fin, por la decisi\u00f3n de llegar a ser aquello para lo que el seminario est\u00e1 instituido: sacerdotes, y nada m\u00e1s que sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo procurando este conjunto de disposiciones interiores nuestros seminarios podr\u00e1n facilitar el logro de otra novedad indefinible en t\u00e9rminos program\u00e1ticos, pero igualmente necesaria. Me refiero, no al concepto de sacerdote, que esto est\u00e1 claro para quien cree en la Iglesia, sino al modo de ejercer el ministerio en un mundo inmensamente necesitado de Dios por su ate\u00edsmo. Es precisa una paciencia sin l\u00edmites para descubrir nuevos caminos de acercamiento a los hombres y a su cultura. Aqu\u00ed es donde no caben las actitudes simplistas. Pero esta integraci\u00f3n y esta paciencia no significan duda alguna respecto a la disponibilidad interna.<\/p>\n\n\n\n<p>Y libre tambi\u00e9n. Queremos que nuestro Seminario de Toledo sea un Seminario libre de ensayismos precipitados, de cobardes complacencias, de concesiones hechas por miedo a las protestas que puedan surgir, de consignas y fraseolog\u00edas que se ponen de moda durante alg\u00fan tiempo y enseguida se tornan in\u00fatiles y carentes de sentido. Libre del af\u00e1n de imitaci\u00f3n y mimetismo; con hombres entre sus profesores, superiores y alumnos, capaces de pensar y discernir las diversas actuaciones que pueden ser aconsejables seg\u00fan los diversos ambientes y circunstancias, porque la realidad as\u00ed lo exija, no porque lo digan unos y otros. Libre tambi\u00e9n de la masificaci\u00f3n despersonalizadora de anta\u00f1o, de indebidas exigencias que pod\u00edan convertirse en anulaciones de las capacidades personales de un sujeto para toda la vida, libre de toda piedad meramente formulista y rutinaria, de predicaciones asc\u00e9ticas vac\u00edas y alejadas del n\u00facleo vital de Jesucristo y los sacramentos, en tomo al cual ha de ir configur\u00e1ndose el ser interior del sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p>Libre tambi\u00e9n de todo intento de dirigismo por parte de secretariados t\u00e9cnicos u otros \u00f3rganos que tan profusamente han ido apareciendo estos a\u00f1os. Como Obispo diocesano recibir\u00e9 con respeto la informaci\u00f3n y reflexiones doctrinales que me ayuden a conocerlo que se hace o puede hacerse para perfeccionar la instituci\u00f3n, pero nada m\u00e1s. La misi\u00f3n y la autoridad del Obispo no deben quedar nunca anuladas o sometidas a la presi\u00f3n de tantas asambleas, coloquios y reuniones diversas que engendran la equivocada opini\u00f3n de que, si no se hace lo que all\u00ed se dice, no se sigue lo que la Iglesia quiere. La realidad es muy otra. Con frecuencia, la difusi\u00f3n de tantos y tan encontrados pareceres ha contribuido a desorientar m\u00e1s y m\u00e1s. Hasta han llegado a existir agrupaciones de alumnos de diversos seminarios que constitu\u00edan sus equipos de planificaci\u00f3n y de reforma, al margen de la legitima autoridad de cada di\u00f3cesis. Todo esto, con el pretexto de una mayor libertad, ha hecho cada vez m\u00e1s dif\u00edcil el gobierno de las di\u00f3cesis y la aceptaci\u00f3n de las normas de la Iglesia universal en relaci\u00f3n con los seminarios o con otras instituciones diocesanas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Alto nivel de los estudios<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Los seminaristas deben aspirar a ser sacerdotes y nada m\u00e1s, sin preocuparse por la adquisici\u00f3n de un t\u00edtulo determinado. Si en alg\u00fan caso, o por propia iniciativa del alumno, o porque as\u00ed lo estime la direcci\u00f3n del Seminario, se juzga aconsejable hacer los estudios en un centro superior, as\u00ed se har\u00eda. Mas como norma general ser\u00e1n solamente sacerdotes diocesanos los que, despu\u00e9s de a\u00f1os de trabajo pastoral y haber dado buena prueba de s\u00ed mismos, ser\u00e1n enviados a las diversas Facultades de la Iglesia o de la Universidad civil. Quisi\u00e9ramos hacerlo de manera regular y continua, para lograr una progresiva elevaci\u00f3n cultural de nuestro clero diocesano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el hecho de que el seminarista deba aspirar a ser sacerdote y nada m\u00e1s, no significa que el Seminario no haya de proporcionar una capacitaci\u00f3n intelectual lo m\u00e1s lograda posible. Queremos un nivel de estudios comparable al de una Facultad bien organizada. Y de manera particular consideramos necesario intensificar el estudio de la filosof\u00eda, seg\u00fan la mente de la Iglesia y con conocimiento exacto de los sistemas modernos como valor cultural en s\u00ed, y como preparaci\u00f3n indispensable para los estudios teol\u00f3gicos posteriores, los cuales han de hacerse con rigurosa fundamentaci\u00f3n b\u00edblica, espiritual, patr\u00edstica, hist\u00f3rica, especulativa, siempre positiva y serena, fiel a la Revelaci\u00f3n, fiel al Magisterio y fiel a las necesidades de los hombres de nuestro tiempo. Con profesores especializados y plenamente dedicados a su misi\u00f3n, que puedan explicar parte del a\u00f1o y el resto seguir estudiando, que escriban y publiquen sus trabajos, que se renueven convenientemente en sus c\u00e1tedras, sin que puedan tenerlas en propiedad definitiva, con bibliotecas y salas de estudios debidamente actualizadas, con r\u00e9gimen severo y exigente de clases, ex\u00e1menes y comprobaciones adecuadas en cuanto al debido rendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Un deber de justicia pide a profesores y alumnos un trabajo riguroso en el estudio. Con la Iglesia y el pueblo cristiano, que son los que a trav\u00e9s de la di\u00f3cesis sostienen los seminarios y a los que hay que servir despu\u00e9s en nombre de Dios, no se puede jugar. Por encima de cualquier contrato laboral est\u00e1 la obligaci\u00f3n moral de ser fieles a la confianza que el Obispo y la Di\u00f3cesis depositan en profesores y alumnos, de corresponder a los cuantiosos gastos que la instituci\u00f3n origina y que proceden en su mayor parte de los fieles, de capacitarse para servir ma\u00f1ana a ese pueblo cristiano que tiene derecho a esperar del seminarista de hoy lo que como sacerdote debe ofrecerle ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tratamos de formar un fondo econ\u00f3mico desde este mismo a\u00f1o, que permita dotar bien las c\u00e1tedras principales y asegurar a los profesores la plena sustentaci\u00f3n. Fomentaremos tambi\u00e9n las ayudas a los seminaristas que las necesiten y merezcan. Pero de ning\u00fan modo podremos consentir en que se concedan alegremente subvenciones cuando no se merecen. Es inadmisible lo que con frecuencia ha sucedido. M\u00e1s a\u00fan, pienso que muchos de los alumnos que han pasado por el seminario con tanta negligencia, deber\u00edan restituir lo que del seminario recibieron.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Estudios eclesi\u00e1sticos y opci\u00f3n determinada<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Los alumnos de nuestro Seminario Mayor har\u00e1n los estudios eclesi\u00e1sticos sin simultanear \u00e9stos con los estudios civiles. Lo contrario revela falta de confianza en nosotros mismos, y fomenta actitudes de indecisi\u00f3n y aun de ego\u00edsmo larvado, M\u00e1s a\u00fan, se opone a algo que hoy se predica constantemente, el esp\u00edritu de pobreza, puesto que favorece la b\u00fasqueda de seguridades humanas para el porvenir incierto. Y esto no es muy conforme al esp\u00edritu evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Suele decirse que as\u00ed se garantiza mejor una opci\u00f3n libre, cuando llegue el momento de la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Me parece excesivo. Seg\u00fan esto, todo ser\u00eda poco para asegurar al joven la libertad en su elecci\u00f3n. Habr\u00eda que poner en sus manos un rico ramillete de posibilidades de diversa \u00edndole para que del todo fuese libre. Y \u00bfpor qu\u00e9 no brind\u00e1rselas igual al que se va a casar, o a cambiar de residencia y de ocupaci\u00f3n, o a arrostrar una situaci\u00f3n nueva en su vida? No es \u00e9ste el camino para el perfeccionamiento de nuestro Seminario. Lo que hace falta es selecci\u00f3n de candidatos, r\u00e9gimen de vida adecuado, formadores competentes, intensa espiritualidad que haga ver a quien lo necesita que el Seminario no es un sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido encarezco al se\u00f1or Rector y a los superiores que con \u00e9l colaboran, la obligaci\u00f3n que tienen de procurar que los alumnos del Seminario Mayor entren y permanezcan en \u00e9l plenamente decididos a ser sacerdotes. Los que vacilen y, tras las convenientes conversaciones y prudentes pruebas, no muestren esta decisi\u00f3n, deben salir del Seminario y dejar de ser considerados como seminaristas a todos los efectos. La reflexi\u00f3n que sigan haciendo, para la cual encontrar\u00e1n siempre ayuda, les permitir\u00e1 ver con mayor claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si un d\u00eda quieren volver, se considerar\u00e1 su deseo con la mayor atenci\u00f3n y respeto para ayudarles entonces como se les ayud\u00f3 ayer. Puede haber casos singulares que merezcan ser examinados aparte. Los ha habido siempre. Esto es distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que la instituci\u00f3n no debe permitir es confundir la opci\u00f3n libre con la ambig\u00fcedad, la progresiva maduraci\u00f3n con las perplejidades que nacen del ego\u00edsmo o la falta de entrega a un ideal. Un alumno que entra en el Seminario Mayor, desde que entra, debe tener hecha la opci\u00f3n de ser sacerdote: una opci\u00f3n clara, abierta, determinada. Clara no quiere decir que no le surjan dudas despu\u00e9s; habr\u00e1 que ayudarle a disiparlas. Abierta no significa que est\u00e9 ya cerrado a otro posible destino de su vida: d\u00eda tras d\u00eda lo ir\u00e1 comprendiendo ayudado por la gracia de Dios y por las reflexiones que la vida sugiere. Determinada no equivale a definitiva; \u00e9sta solamente aparece cuando recibe libremente las \u00f3rdenes sagradas. Pero la determinaci\u00f3n de anta\u00f1o es la que ha madurado por fin hasta convertirse en la donaci\u00f3n total de hoy para el Reino de Cristo,<\/p>\n\n\n\n<p>Se usa tambi\u00e9n otro argumento para defender la conveniencia de los estudios civiles: la mayor aproximaci\u00f3n del sacerdote a la cultura profana en orden a una mejor evangelizaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo. \u00bfQu\u00e9 decir? Nadie se atrever\u00e1 a negar las ventajas de toda \u00edndole que el conocimiento de la cultura proporciona. Y de hecho son muchos los eclesi\u00e1sticos, cada vez m\u00e1s, que poseen t\u00edtulos civiles. Abundan en las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas y hasta alguna hay en que todos los que se ordenan sacerdotes han hecho antes alguna carrera universitaria. Tambi\u00e9n en las di\u00f3cesis son frecuentes estos casos. Es decir, que no puede acusarse hoy a la cultura eclesi\u00e1stica de divorcio o aislamiento respecto a los valores de la cultura profana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no estimamos acertado el intento de que todos los seminaristas hagan estudios civiles a la vez que los propios. La cultura eclesi\u00e1stica, bien asimilada y expuesta, tiene un valor por s\u00ed mismo, como tal cultura, en las relaciones de los hombres, y como expresi\u00f3n de la verdad revelada por Dios. El mundo necesita de esta cultura espec\u00edfica y propiamente tal y lo que piden del sacerdote la inmensa mayor\u00eda de los hombres es que sepa exponerles lo que la Revelaci\u00f3n encierra. Al sacerdote no se le busca como especialista en ciencias profanas, sino como al hombre que predica la fe, educa a sus semejantes en ella y les mueve con su doctrina y con su ejemplo de vida a la esperanza y al amor. No caigamos en el defecto de minusvalorar nuestros estudios. Bien realizados, permiten al estudiante de nuestros seminarios y al sacerdote descubrir suficientemente la coherencia de los mismos con la filosof\u00eda, la literatura, la historia y aun las bases del saber cient\u00edfico, todo lo cual capacita perfectamente para el conocimiento y la recta estimaci\u00f3n de la cultura profana.<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo plan de estudios que hemos promulgado para nuestro Seminario, con sus siete cursos obligatorios, permitir\u00e1, si cada uno cumple bien con su deber, una preparaci\u00f3n adecuada. Quiz\u00e1 todav\u00eda ser\u00e1 necesario dedicar m\u00e1s tiempo. En mi concepto personal, tanto si se atiende a los estudios como a la psicolog\u00eda del joven de hoy y a la edad m\u00e1s apta para recibir el presbiterado (26 \u00f3 28 a\u00f1os), el ideal ser\u00eda un ciclo de estudios eclesi\u00e1sticos de nueve a\u00f1os: tres de Filosof\u00eda en la forma en que hoy se determina, cuatro fundamentalmente teol\u00f3gicos y los dos \u00faltimos de pr\u00e1ctica y doctrina pastoral y espiritual, con el ejercicio del diaconado durante el tiempo preciso.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, consideramos del mayor inter\u00e9s para la Iglesia fomentar las vocaciones sacerdotales entre estudiantes universitarios o j\u00f3venes en condiciones similares, que puedan venir a nuestros seminarios.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Contacto con el mundo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Nuestros alumnos proceden de ambientes abiertos a la vida en todas sus manifestaciones. La relaci\u00f3n continua con sus familias y amigos, la facilidad que hoy existe para viajar y comunicarse con los dem\u00e1s, los per\u00edodos nada cortos de vacaciones escolares, las lecturas y medios de comunicaci\u00f3n social al alcance de cualquiera hacen insostenible, si se quiere ser honrados, la acusaci\u00f3n de aislamiento artificial y deshumanizante. De sobra tienen facilidades para la relaci\u00f3n humana amplia y provechosa que les permita conocer, pensar, dudar y afirmar, elegir, amar y decidir.<\/p>\n\n\n\n<p>El Seminario no tiene por qu\u00e9 cerrar los cauces de este natural comportamiento, y menos provocar o permitir laxitudes que desintegran la coherencia \u2013tambi\u00e9n normal\u2013 de unos principios de conducta exigidos, no por una disciplina externa y arbitraria, sino por el conjunto de las disposiciones interiores necesarias para que florezca lo que llamamos vocaci\u00f3n. Se forman para ser sacerdotes, no para otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces es normal que, en diversiones, amistades, trato afectivo con la mujer, dominio de los sentidos, dispersi\u00f3n posible del entendimiento y dem\u00e1s facultades, el Seminario se\u00f1ale determinadas exigencias. Si no queremos invocar otros motivos, basta apelar a uno: la lealtad. De eso se trata, de ser leales a una iniciaci\u00f3n libremente aceptada para entregarse ma\u00f1ana a un ministerio absorbente que les va a reclamar todo cuanto tienen. No se improvisan estas lealtades. La manera de ser fiel ma\u00f1ana es empezar a serlo hoy. El alumno, bien sea porque sus propias inclinaciones le empujan a ello, o bien porque desea experimentar una mayor libertad para su futura decisi\u00f3n, podr\u00e1 concederse m\u00e1s o menos tolerancias. Pero la instituci\u00f3n tambi\u00e9n tiene la obligaci\u00f3n de decir en nombre de la Iglesia lo que puede ser tolerable y lo que no se puede permitir.<\/p>\n\n\n\n<p>La vocaci\u00f3n ha de madurar libremente, s\u00ed; pero no s\u00f3lo libremente, sino tambi\u00e9n fielmente. Las dos cosas a la vez. Por eso nos parece un desatino y una corrupci\u00f3n la praxis que se ha ido introduciendo de una actitud tan permisiva que lo consiente todo. Antes he invocado la lealtad como una norma de conducta. Existe otro motivo superior: la correspondencia a la gracia de Dios, que a trav\u00e9s de la Iglesia, del Seminario, de las instituciones diversas de la Di\u00f3cesis, ha llegado a una familia y a un joven para llamarle a su servicio. No podemos ser infieles a esa gracia. No podemos malversarla.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Rector, superiores y profesores. Formaci\u00f3n. Reglamento de vida<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Todos cuantos intervienen en la vida de la instituci\u00f3n deben coordinar sus esfuerzos para la mejor formaci\u00f3n de los alumnos. Coordinaci\u00f3n, pero no confusi\u00f3n, ni equiparaci\u00f3n igualitaria. La funci\u00f3n de los profesores es de orden acad\u00e9mico y, al realizarla conforme a la voluntad y el esp\u00edritu de la Iglesia, est\u00e1n formando no s\u00f3lo el entendimiento sino el alma entera del alumno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 inmensa labor educativa puede realizar un profesor competente simplemente por el hecho de serlo! No se dejar\u00e1 arrastrar por el af\u00e1n de llamar la atenci\u00f3n de sus alumnos, satisfaciendo as\u00ed su propia vanidad; preparar\u00e1 sus clases con todo rigor, se esforzar\u00e1 por encontrar el mejor m\u00e9todo pedag\u00f3gico para sus explicaciones, les ense\u00f1ar\u00e1 a distinguir la verdad del error o de la ambig\u00fcedad, sabr\u00e1 armonizar con el n\u00facleo sustantivo de las ense\u00f1anzas perennes las nuevas adquisiciones del saber, integr\u00e1ndolas convenientemente en la forma en que deben ser integradas sin sucumbir ante los peque\u00f1os y ef\u00edmeros \u00eddolos que surgen cada d\u00eda. Los grandes te\u00f3logos espa\u00f1oles del siglo XVI y los aut\u00e9nticos maestros de todos los tiempos supieron construir integrando, no dispersaron ni atomizaron la doctrina, lo cual no se opon\u00eda al rigor de la especializaci\u00f3n en el tratamiento de una cuesti\u00f3n determinada, sino que obedec\u00eda al deber de procurar siempre la s\u00edntesis de todo dentro de la perspectiva de una Revelaci\u00f3n en la cual cre\u00edan. La gu\u00eda de Santo Tom\u00e1s de Aquino sigue siendo v\u00e1lida y lo afirmamos con plena convicci\u00f3n como lo afirma el Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedimos, pues, a nuestros profesores del Seminario de Toledo que se entreguen a su misi\u00f3n docente con entusiasmo, con competencia, con decisi\u00f3n de exigir a los alumnos todo cuanto es exigible, y sobre todo con amor a la Iglesia: este amor tiene hoy un nombre, fidelidad al Magisterio. En las clases de filosof\u00eda, de teolog\u00eda, de derecho can\u00f3nico, de historia y de sagrada escritura, han de aparecer siempre la competencia del que ense\u00f1a y la vibraci\u00f3n espiritual del sacerdote a quien la Iglesia conf\u00eda esta tarea.<\/p>\n\n\n\n<p>A los profesores, en cuanto tales, corresponde exclusivamente la labor docente. Cuanto observen digno de correcci\u00f3n, manifi\u00e9stenlo privadamente y fraternalmente al Rector, y, si el caso lo requiere, hablen de ello en las reuniones que a tal fin se tengan. Pero nunca, nunca jam\u00e1s fomenten o permitan, a espaldas del Rector y superiores, actitudes de desconfianza o descontento en los alumnos. Lo advierto con toda seriedad. Es cierto que el Seminario interesa a todos, a los profesores, a los sacerdotes de la Di\u00f3cesis, a las comunidades religiosas, a las familias, pero no hasta el punto de querer imponer cada uno sus propios criterios. Una interferencia de esta \u00edndole me obligar\u00eda a las m\u00e1s severas determinaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La autoridad en el Seminario corresponde al Rector del mismo. Con \u00e9l, <em>perfectamente unidos,<\/em> han de trabajar los restantes superiores o educadores y juntos deben <em>deliberar sobre personas y asuntos.<\/em> Pero la <em>decisi\u00f3n \u00faltima compele al Rector,<\/em> y deseamos que la tome cuando el caso la exija. De ning\u00fan modo queremos un equipo en que todos sean iguales y se tomen las decisiones por votaci\u00f3n, o en que cada uno de los miembros tenga autonom\u00eda pr\u00e1ctica para llevar su secci\u00f3n. El trabajo conjunto no requiere esto, ni la experiencia lo hace aconsejable. No puedo admitir en una instituci\u00f3n como el Seminario, en que el Obispo tiene responsabilidad tan directa, un sistema de gobierno de esta \u00edndole. Coordinaci\u00f3n siempre, bajo la gu\u00eda del Rector, y con decisi\u00f3n por parte de \u00e9ste, cuando sea necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Digo lo mismo en cuanto a la relaci\u00f3n entre superiores y profesores concretada en la que deben mantener el Decano Prefecto de Estudios y el Rector. Si ambas funciones puede asumirlas la misma persona sin da\u00f1o para lo que cada una de ellas pide, mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Si tienen que ser distintas, debe haber continua consulta entre ellos para lograr la necesaria unidad, y en caso de discrepancia, el Rector es quien debe decidir, o, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el Prelado diocesano. El mejor \u00e9xito de la vida acad\u00e9mica no depende de que haya un Decano con autonom\u00eda respecto al Rector, sino de que cada profesor cumpla bien con su deber y de que los directores de cada departamento y el Prefecto General coordinen e impulsen sabiamente las tareas docentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los alumnos, por su parte, deben tener asegurada la posibilidad de hacerse o\u00edr y de exponer sus puntos de vista. No solamente en el trato normal y diario con superiores y profesores, sino tambi\u00e9n en las reuniones trimestrales del Claustro de profesores, a las que deber\u00e1n asistir los delegados de curso durante la primera parte. Esta asistencia e intervenci\u00f3n se procurar\u00e1 precisamente para eso: para que puedan hablar con sentido de responsabilidad, para que sean escuchados y tenidas en cuenta sus observaciones, si lo merecen, no para emitir sus votos en uni\u00f3n con superiores y profesores. Los alumnos son sujetos activos de la vida del seminario, s\u00ed, pero no est\u00e1n situados en los niveles de direcci\u00f3n del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, todo esto indica la necesidad de reglamentos y ordenaciones claras y precisas de la vida interior y acad\u00e9mica del Seminario. No hay instituci\u00f3n humana que no los tenga. Los derechos y los deberes de unos y otros y los de la propia instituci\u00f3n, para que pueda servir al bien de todos y al de la Iglesia que la hace suya, necesitan ser determinados mediante normas que sean cumplidas por todos. Considero que uno de los m\u00e1s claros s\u00edntomas de empobrecimiento a que hemos llegado en nuestro tiempo en relaci\u00f3n con los seminarios es precisamente \u00e9ste: la ausencia de reglamentaciones eficaces. Se ha querido ver en ello un progreso y una manifestaci\u00f3n de madurez, pero en realidad ha sido una falta de compromiso y de servicio. Los reglamentos no esclavizan ni ahogan cuando los llamados a cumplirlos y hacerlos cumplir son hombres de verdad, con personalidad, con ideal, con deseo sincero de hacer que el bien comunitario triunfe sobre el individualismo. Una cosa es la persona, que est\u00e1 por encima de todos los reglamentos y siempre merecer\u00e1 de los educadores una atenci\u00f3n que no puede estar escrita, y otra el individualismo ego\u00edsta y miserable que debe ser desterrado de un seminario con toda energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"7\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Vida religiosa en el Seminario<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>No me es posible empezar a escribir sobre este aspecto sin antes pediros a todos un esfuerzo serio de comprensi\u00f3n y de sinceridad. La formaci\u00f3n religiosa del joven que camina al sacerdocio es su fuerza y su secreto. Es algo m\u00e1s que la fe. Se llama vida interior, piedad, uni\u00f3n con Dios, docilidad a la acci\u00f3n transformadora del Esp\u00edritu para dejarse convertir en sacerdote de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos oponemos abierta y decididamente a toda esa corriente gravemente equivocada, que pretende, con el pretexto de una educaci\u00f3n de la fe para el mundo de hoy, crear una religiosidad nueva consistente en el mero trabajo pastoral (dentro del cual cabe todo), en la simple preocupaci\u00f3n por el hombre y sus problemas (lo cual, sin m\u00e1s, tambi\u00e9n lo profesa el marxismo), en la denuncia airada de las injusticias a imitaci\u00f3n de los profetas del Antiguo Testamento (con evidente abuso de interpretaci\u00f3n de la Sagrada Escritura), en la independencia respecto a lo que despectivamente llaman f\u00f3rmulas y estructuras (cayendo en un romanticismo rousoniano), en la actitud comprometida y arriesgada (facil\u00edsimamente proclive a reducirlo todo a una actitud sociopol\u00edtica).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, la educaci\u00f3n de un joven que aspira al sacerdocio no ha de reducirse a abstracciones. Se trata de formar a un hombre que va a ser pastor de los hombres, y los hombres son as\u00ed. Necesitan del mensaje vivo, del testimonio directo, de la valent\u00eda del ap\u00f3stol que les ama con amor de salvaci\u00f3n \u2013\u00a1tan puro y tan exigente!\u2013, de la incesante llamada a la justicia, a la honestidad, a la veracidad. Los sacerdotes de todos los tiempos que quisieron ser fieles, obraron siempre as\u00ed. Y la tensi\u00f3n apost\u00f3lica en que vive hoy la Iglesia como consecuencia del Concilio, nace precisamente de esta actitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00a1cu\u00e1nto y qu\u00e9 hondo amor de Dios se necesita para que en todo ello se vea la predicaci\u00f3n salvadora del Hijo del Hombre, \u00fanica que nos est\u00e1 permitido transmitir! \u00a1Cu\u00e1nto silencio e inmersi\u00f3n en las profundidades del misterio de la Encarnaci\u00f3n para que no se nos reduzca entre las manos a un pan falsificado incapaz de alimentar! \u00a1Qu\u00e9 inmensa tarea la del sacerdote de hoy, si de verdad quiere ofrecer al hombre de su tiempo algo m\u00e1s que el latigazo de una imprecaci\u00f3n o una denuncia, algo m\u00e1s que lo que los hombres llamamos justicia! Porque se trata de vivir seg\u00fan Dios, anhelosos de la justificaci\u00f3n que s\u00f3lo \u00c9l procura. \u00a1Y es tan fuerte esta exigencia!<\/p>\n\n\n\n<p>Y para que en el alma del futuro sacerdote caigan estas semillas que permitan dar fruto despu\u00e9s, \u00bfd\u00f3nde poner las ra\u00edces? No en otra parte, sino en la contemplaci\u00f3n del misterio. Es en el Seminario donde hay que empezar a preparar al joven que aspira a ser imagen del Buen Pastor.<\/p>\n\n\n\n<p>Conocer a Dios, tratarle en la intimidad, hacerse esclavo de su divina voluntad, orar, orar mucho, mortificar las pasiones para que la invocaci\u00f3n de las bienaventuranzas no se quede en mera vaguedad literaria, aspirar con gozo a la asimilaci\u00f3n de las virtudes ocultas, abrirse para recibir los frutos del Esp\u00edritu Santo, saber renunciar a los amores para encontrar al Amor y darlo, respetar y compadecerse de los hombres con misericordia evang\u00e9lica, clavar en las entra\u00f1as del mundo la esperanza de la vida eterna, descubrir y vivir la fuerza redentora del dolor. Todo esto es el don de Dios de que Cristo habl\u00f3 a la mujer samaritana. Y est\u00e1 ah\u00ed, vivo, y casi mensurable si no fuese infinito, nacido del Coraz\u00f3n de Cristo muerto y resucitado. Se nos da para que seamos santos, puros, honestos, justos, obedientes y ap\u00f3stoles del Se\u00f1or en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ello no es m\u00e1s que el comienzo del don y de la correspondiente fidelidad. Porque estoy hablando de ese joven que se prepara a recibir el sacerdocio de Cristo y a ser con \u00c9l una misma cosa por virtud del car\u00e1cter divino que un d\u00eda recibir\u00e1. Si desde ahora no empieza a ser fiel a estos misterios, correr\u00e1 ma\u00f1ana el peligro de convertirse en un parlanch\u00edn, un vocero de las aspiraciones terrestres de los hombres, o a lo m\u00e1s en un funcionario de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan rechazable como el cura comod\u00f3n y anclado en la rutina de sus iniciativas sin vida, es el otro, el que alardea de pobreza sin ser pobre, el que se niega a aceptar el destino que se le ofrece, porque pone por encima sus conveniencias personales o familiares o ideol\u00f3gicas, el que fomenta en los dem\u00e1s compa\u00f1eros la discordia o el descontento, el que cree que para evangelizar el mundo tiene que estar hablando a cada paso contra lo que llama la sociedad burguesa, sin conocer exactamente lo que es la burgues\u00eda ni las realidades econ\u00f3micas en que se mueven los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>De una ausencia de religiosidad profunda en el seminario pueden nacer las m\u00e1s lamentables desviaciones en el sacerdote. Por el contrario, la entrega progresiva del joven seminarista a la uni\u00f3n \u00edntima con Dios, le dar\u00e1 una fuerza insospechada y una luz y un equilibrio fecundos para mover despu\u00e9s a los hombres a la pr\u00e1ctica de la justicia y al deseo de la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy profundamente convencido de ello. Necesitamos hoy los sacerdotes, y en su medida los seminaristas, de una mayor entrega a la contemplaci\u00f3n y al retiro del alma en la meditaci\u00f3n de los misterios de la vida divina. Se dice muchas veces que nuestra espiritualidad no ha de ser de signo mon\u00e1stico, y esto es cierto. Pero lo triste es que la frase se repite sin cesar y corre de boca en boca sin reparar que mucho de lo que llamamos mon\u00e1stico, para excluirlo de nosotros, es sencillamente cristiano y, con mucho mayor motivo, sacerdotal. La Constituci\u00f3n <em>Lumen Gentium,<\/em> despu\u00e9s de hablarnos del ministerio pastoral como medio de santificaci\u00f3n, nos recuerda la necesidad de alimentar y facultar nuestra acci\u00f3n en la abundancia de la contemplaci\u00f3n para consuelo de toda la Iglesia de Dios (LG 41).<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Jesucristo \u2013<\/strong><\/em> En el Seminario, la piedad y la educaci\u00f3n de la fe han de centrarse en el misterio de Jesucristo, conocido, amado, imitado. Los actos lit\u00fargicos, a lo largo del a\u00f1o, las predicaciones y homil\u00edas, la oraci\u00f3n personal con tiempo se\u00f1alado para la meditaci\u00f3n deben ayudar a conseguirlo. Nadie podr\u00e1 dispensarse de la oraci\u00f3n personal, en silencio, diaria, a horas fijas generalmente.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Eucarist\u00eda \u2013<\/strong><\/em>La santa Misa y la frecuente adoraci\u00f3n al Se\u00f1or en el sacramento de su presencia amorosa ser\u00e1n expresi\u00f3n normal y adecuada del amor a Jesucristo. Si para todo hombre decimos que la Eucarist\u00eda es el origen y la cumbre de la vida cristiana, mucho m\u00e1s lo ser\u00e1 para el joven que aspira a ser sacerdote. Comprendo la necesidad de precisar y conceder su justo valor a los conceptos de evangelizaci\u00f3n, sacramentalizaci\u00f3n, santificaci\u00f3n, cuando se utilizan de cara al mundo y a los hombres sobre los que hemos de actuar. Pero en la vida del sacerdote que evangeliza de una forma o de otra, o que trata de fundamentar bien sus ministerios, el de la palabra, el culto, la caridad pastoral en sus varias dimensiones, la Eucarist\u00eda es su fuerza, su justificaci\u00f3n, su signo y su alimento. No puede prescindir de ella. Un joven seminarista que durante el curso o en vacaciones abandone la Misa, la comuni\u00f3n y la oraci\u00f3n personal diaria, podr\u00e1 hacerlo si quiere: pero no podr\u00e1 seguir en nuestro Seminario.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Penitencia. Vida asc\u00e9tica y direcci\u00f3n espiritual \u2013<\/strong><\/em>Igualmente reafirmo, sin hacer ahora un an\u00e1lisis detenido del tema, la necesidad de que nuestros seminaristas reciban el sacramento de la penitencia para la absoluci\u00f3n de los pecados, el aumento de la gracia y el ejercicio de las virtudes, con la frecuencia que para ello se\u00f1ala la Iglesia. Con libertad para acudir a otros confesores adem\u00e1s de los que el Seminario ofrezca.<\/p>\n\n\n\n<p>En uni\u00f3n con este sacramento del perd\u00f3n y del arrepentimiento, y con la Sagrada Eucarist\u00eda como ra\u00edz del progreso del alma en la vida sobrenatural, debe existir en el Seminario un ambiente propicio a la asc\u00e9tica personal, a la mortificaci\u00f3n voluntaria, a la renuncia a gustos y satisfacciones legitimas, corporales y espirituales, durante todo el a\u00f1o y particularmente en determinados tiempos lit\u00fargicos, vigilias de fiestas, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Encarecemos al director espiritual del Seminario la obligaci\u00f3n de facilitar y procurar esta disposici\u00f3n de esp\u00edritu. Porque debe existir un director espiritual particularmente responsable de la formaci\u00f3n de las conciencias y de la vida interior, como lo pide el Decreto <em>Optatam totius <\/em>(n\u00fam. 8). aunque con \u00e9l colaboren otros sacerdotes del Seminario, debidamente coordinados y unidos en sus criterios.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta figura del director espiritual es indispensable y no debe existir ning\u00fan seminarista que no tenga asegurada una sabia y prudente direcci\u00f3n para su alma. En el citado discurso a tos directores de la Obra de Vocaciones Eclesi\u00e1sticas dec\u00eda Su Santidad Pablo VI:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo hay vocaci\u00f3n que llegue a madurar si no tiene un sacerdote que la asista. No madura por s\u00ed misma. Es rar\u00edsimo que un joven encuentre el camino y sepa interpretar por s\u00ed mismo la llamada de Dios sin una persona al lado que posea el arte de leer los signos de los tiempos y los signos de las almas. Esta instituci\u00f3n \u2013que va <em>desapareciendo<\/em> y que en cambio deber\u00edamos tener en tanto honor\u2013 la direcci\u00f3n espiritual. No el dominio, sino el consejo, la amistad y la capacidad de apertura, y el arte, que debemos ense\u00f1ar a los j\u00f3venes, de reflexionar sobre s\u00ed mismos y de ver en la escena del mundo que les rodea, como un lugar donde debe realizarse el Reino de Dios. Mas, \u00bfqui\u00e9n har\u00e1 ver esto? \u00bfQui\u00e9n abrir\u00e1 los ojos? \u00bfQui\u00e9n puede ser verdaderamente int\u00e9rprete junto a los j\u00f3venes sino un sacerdote que se hace amigo de los j\u00f3venes, compa\u00f1ero, hermano, conversador, Director Espiritual\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas palabras del Papa valen no s\u00f3lo para el trabajo pastoral sobre los j\u00f3venes que viven en el mundo y a los cuales Dios puede llamar, sino a\u00fan m\u00e1s para el que se realiza sobre los que ya est\u00e1n en el seminario porque han cre\u00eddo en la llamada.<\/p>\n\n\n\n<p>Como un normal florecimiento de esta vida asc\u00e9tica, alimentada en el amor a Dios, debe aparecer en el seminarista la decisi\u00f3n de no permitirse diversiones y licencias que no son para \u00e9l. No se necesitan para ser sacerdotes en el mundo hoy. Un buen educador sabr\u00e1 de sobra aconsejar a nuestros alumnos cu\u00e1l es lo positivo y lo negativo de las relaciones con los dem\u00e1s y d\u00f3nde empiezan los l\u00edmites que no deben ser traspasados. Una vez m\u00e1s diremos: junto a la libertad sana, la fidelidad consecuente a lo que se aspira ser.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda<\/strong><\/em>\u2013 Queremos que en nuestros Seminarios se conceda la m\u00e1xima importancia al culto, la devoci\u00f3n y la piedad a la Virgen Sant\u00edsima, Madre de Dios y Madre de los sacerdotes. Una piedad teol\u00f3gicamente ilustrada, seria, consciente de lo que significa Mar\u00eda en el plan de la redenci\u00f3n por designio de Dios omnipotente, y seg\u00fan lo que la Iglesia ha expuesto siempre, particularmente en el Concilio Vaticano II. Esta piedad filial del seminarista para con la Virgen Mar\u00eda tiene para \u00e9l, futuro sacerdote de Cristo, inmenso valor: le ayudar\u00e1 en todas sus carencias y pobrezas para la dif\u00edcil lucha de la fidelidad al Se\u00f1or. Piedad mariana lit\u00fargica, y tambi\u00e9n tradicional y privada, tal como la han vivido los santos que en ella se han distinguido. Piedad que ha de saber unir en su expresi\u00f3n la dignidad y la ternura. Jam\u00e1s la devoci\u00f3n privada, recta y bien orientada, superar\u00e1 en sentimientos de delicadeza a lo que la propia liturgia manifiesta cuando habla de Nuestra Se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s concretamente queremos referirnos al rezo del Santo Rosario. Nunca debe omitirse esta pr\u00e1ctica piadosa, respiraci\u00f3n normal de tantas almas buenas o que desean serlo. Me remito a cuanto he escrito en otras ocasiones sobre el Rosario, a lo que dicen te\u00f3logos eminentes y de modo especial a lo que Su Santidad el Papa ha repetido insistentemente. Todos los d\u00edas debe rezarse el Rosario en nuestros Seminarios, o comunitariamente o en privado. Y si alguna vez se sustituye esta pr\u00e1ctica por otra, de invocaci\u00f3n y alabanza a Mar\u00eda, que se haga con clara conciencia de conseguir los mismos fines y la misma eficacia reguladora del ritmo del esp\u00edritu que la devoci\u00f3n a la Virgen est\u00e1 destinada a procurar a todos los que aman a su Hijo.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El Concilio y el Magisterio del Papa como hecho religioso \u2013<\/strong><\/em> Consideramos tambi\u00e9n de la mayor importancia para la formaci\u00f3n espiritual de los alumnos de nuestro Seminario que sepan asimilar el con junto doctrinal y pastoral del Concilio Vaticano II como un hecho religioso, es decir, con capacidad de educar mejor su fe y tambi\u00e9n su piedad. Establecidas las l\u00edneas maestras de la vida religiosa en el Seminario, tal como las he se\u00f1alado anteriormente, falta todav\u00eda \u00e9sta, para que la educaci\u00f3n de nuestros j\u00f3venes sea conforme lo pide el mundo de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio, a quien lo entiende bien, le proporciona un estilo de vida espiritual, una visi\u00f3n de la Iglesia del mundo, una expresi\u00f3n concreta de lo que es la redenci\u00f3n de Cristo para los hombres, una explicaci\u00f3n de los fundamentos y el alcance del trabajo pastoral, unas exigencias de caridad fraterna, de vida sacerdotal, de relaci\u00f3n con el misterio de la Iglesia, de comuni\u00f3n, en una palabra, altamente valiosa, para que la espiritualidad del sacerdote sea lo que tiene que ser: ni desencarnada ni desdivinizada; ni desprovista de alimento sobrenatural, ni desatenta a las condiciones humanas de la vida; ni separada del trabajo pastoral de cada d\u00eda, ni reducida al activismo exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio, en su inspiraci\u00f3n, en su doctrina, en su impulso pastoral, constituye un hecho religioso de primer orden. Y es este aspecto el que falta por descubrir para poder contemplar la totalidad del Concilio en una armoniosa conjunci\u00f3n de valores y aspiraciones que se complementan unas a otras y se integran con toda la tradici\u00f3n de la Iglesia. Cuando se insiste en que no ha pretendido ser un Concilio de definiciones dogm\u00e1ticas y menos de anatemas y condenaciones, se est\u00e1 aludiendo a esto: a la actitud de amor en que la Iglesia ha querido colocarse respecto a los hombres y al mundo, y respecto a sus propios hijos y a los hermanos que profesan otras confesiones cristianas o no cristianas, para invitar a conocer y recibir el mensaje de salvaci\u00f3n de Jesucristo, Luz del mundo. Esto fue lo que movi\u00f3 a Juan XXIII a convocarlo y esto es lo que proclam\u00f3 de modo insuperable Pablo VI en su lamoso discurso de apertura de la \u00faltima sesi\u00f3n conciliar (10 de septiembre de 1965).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esto, as\u00ed dicho por la Iglesia, o es una actitud religiosa o no es nada. Porque se trata del amor de Jesucristo al mundo, no de un programa de acci\u00f3n social humanitarista y terrestre. Es una actitud de amor que no intenta ocultar la realidad del pecado y de la miseria humana. Tiene enorme importancia reconocerlo as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque s\u00f3lo bajo esta perspectiva puede comprenderse la totalidad del plan conciliar y la necesaria coherencia interna para las posteriores actitudes pastorales. S\u00f3lo as\u00ed se hablar\u00e1 de Dios sin olvidar al hombre; y del hombre sin olvidar a Dios. S\u00f3lo as\u00ed se aprender\u00e1 a valorar la bondad del mundo creado, pero sin olvidar los estragos que el pecado caus\u00f3 y sigue causando. S\u00f3lo as\u00ed se captar\u00e1 el verdadero concepto de justicia evang\u00e9lica, de amor al pobre, de liberaci\u00f3n de los oprimidos, sin que se reduzcan estas exigencias a una teolog\u00eda pol\u00edtica que se devora a s\u00ed misma y que conduce inevitablemente a muchos sacerdotes, generosos en su acci\u00f3n pastoral, a posturas equivocadas: trabajar por los hombres y no rezar, promover la justicia en un \u00e1rea determinada y no preocuparse de ser justos en otras, incidir involuntariamente en demagogias que les desacreditan y les hacen exponerse a frustraciones exasperadas, confundir el riesgo de la fe con las inseguridades de la aventura humana, reducir el mal del mundo a lo que llaman pecado social, sin darse cuenta del terrible error en que se incurre al permitir que el coraz\u00f3n individual del hombre se corrompa y quede as\u00ed destruida la relaci\u00f3n con Dios en la persona y en la familia como est\u00e1 sucediendo cada vez m\u00e1s frecuentemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo, pero en sentido contrario, sucede en otros. Cerrados a todo esfuerzo de comprensi\u00f3n del hecho conciliar en su totalidad s\u00f3lo tienen ojos para ver los fallos que hasta ahora se han producido y se oponen a todo intento de renovaci\u00f3n por justificado que est\u00e9. Predicaci\u00f3n carente de toda sensibilidad social, un culto sin participaci\u00f3n viva del pueblo, un recelo sistem\u00e1tico a los avances de la cultura y de la sociabilidad humana, una fr\u00eda indiferencia a los sufrimientos colectivos de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que gran parte de estos excesos, de uno u otro signo, se deben a la ausencia de disponibilidad religiosa en la contemplaci\u00f3n del hecho conciliar, a la falta de humildad, de prudencia, de oraci\u00f3n, frente al gran don de Dios que el Concilio ha representado, condiciones necesarias para entenderlo y aplicarlo. Cuando la parcialidad cierra los ojos para ver, el pastoralista s\u00f3lo presta atenci\u00f3n a los anhelos pastorales, queriendo llegar mucho m\u00e1s lejos; el liturgista se empe\u00f1a en reformar sin fin; el soci\u00f3logo manipula los conceptos conciliares como si se tratase de una ciencia puramente humana; el reformador social violenta los textos que hablan de la justicia en el mundo y prescinde de toda otra observaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa parcialidad en el an\u00e1lisis y esa falta de esp\u00edritu religioso en el comentario y las aplicaciones, engendran radicalismos funestos, culto a la personalidad, triunfalismos de signo ideol\u00f3gico, que al aparecer continuamente en revistas y peri\u00f3dicos, en las reuniones y asambleas, han hecho que muchos sacerdotes y religiosos y seglares, y tambi\u00e9n muchos seminaristas, se desorienten a cada paso: se pone de moda una corriente doctrinal o pastoral, el nombre de un te\u00f3logo o de un escriturista avanzado, un gesto mal llamado prof\u00e9tico que carecer\u00eda de toda influencia si no fuera por la prensa que lo airea, un libro en que el autor confiesa su fe y su esperanza a su manera, y va cundiendo el desconcierto que hace cada vez m\u00e1s dif\u00edcil saber lo que el Concilio o el posconcilio quieren, aconsejan o proh\u00edben.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisi\u00e9ramos que, en nuestro Seminario de Toledo, a los j\u00f3venes que ahora est\u00e1n en \u00e9l y a los que pueden estar, se les explique bien el Concilio y sus antecedentes, haciendo ver la unidad de pensamiento en sus grandes inspiraciones y en el examen de cada uno de sus documentos, sin miedo ni restricciones, pero mostrando a la vez su conexi\u00f3n con la fe de la Iglesia y la necesaria armon\u00eda de todas sus orientaciones. Que se medite y se ore sobre lo que el Concilio nos pide a todos, y se acepte con obsequio religioso de la mente y del coraz\u00f3n el conjunto de sus disposiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Digo lo mismo con respecto a las ense\u00f1anzas del Papa. No s\u00f3lo los documentos m\u00e1s solemnes, suyos o de las sagradas congregaciones, sino toda su ordinaria predicaci\u00f3n debe ser conocida, comentada y obedecida en nuestro Seminario. Encargamos al se\u00f1or Rector que busque el procedimiento para ello. Es la predicaci\u00f3n del Vicario de Cristo que quiere ser escuchado, y por eso habla y conf\u00eda a los diversos instrumentos aptos para ello la comunicaci\u00f3n y la propagaci\u00f3n de su palabra. Esta palabra del Papa y todo cuanto el Concilio nos ha ense\u00f1ado deben ser elementos vivos en la formaci\u00f3n religiosa de los j\u00f3venes seminaristas. Aparte el estudio acad\u00e9mico en las clases de teolog\u00eda, est\u00e1 esa otra labor que tanto puede contribuir a una robusta y seria espiritualidad sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Fidelidad al Obispo \u2013<\/strong><\/em> Por \u00faltimo, se\u00f1alo como caracter\u00edstica indispensable de la formaci\u00f3n religiosa en el Seminario la fidelidad al Obispo diocesano, tal como lo pide el Decreto conciliar <em>Optatam totius, <\/em>en conformidad con la Tradici\u00f3n y la doctrina constante de la Iglesia. Hay en ello algo m\u00e1s, mucho m\u00e1s que una exigencia teol\u00f3gica o una dimensi\u00f3n jur\u00eddica, puesto que se trata de la fe en la naturaleza apost\u00f3lica de la Iglesia. Mediante el obispo, una di\u00f3cesis, y de manera particular los presb\u00edteros que con \u00e9l rigen los destinos espirituales de la misma, se sit\u00faan junto al manantial del sacerdocio mismo de Cristo y reciben de sus manos, para comunicarla, las aguas vivificantes de los sacramentos. El obispo asegura la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el empalme misterioso pero real con aquel momento hist\u00f3rico en que el Se\u00f1or decide dar una constituci\u00f3n determinada a su Iglesia y se la da as\u00ed, el camino por donde la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas va d\u00eda tras d\u00eda llegando hasta el coraz\u00f3n de los hombres como palabra, vida y esperanza. Ese obispo en concreto que gobierna una di\u00f3cesis estar\u00e1 personalmente mejor o peor dotado, pero junto a \u00e9l, m\u00e1s all\u00e1 del peque\u00f1o espacio que con su persona cubre, sin otro titulo que el de sucesor, est\u00e1 la larga cadena de sus antecesores que han hecho posible desde los tiempos apost\u00f3licos la continuaci\u00f3n, a trav\u00e9s del tiempo, de una Iglesia santa en la tierra. Por el obispo llegamos a los pies de los Ap\u00f3stoles, al Evangelio, a Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"8\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Formaci\u00f3n pastoral<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Durante estos a\u00f1os se ha insistido mucho en una idea que el Concilio quiso poner de relieve. Entraba en la l\u00f3gica de las aspiraciones conciliares, tan decididamente expresivas de un af\u00e1n de pastoreo del mundo, proclamar que el seminarista se prepara para ser pastor de los hombres y que, por consiguiente, toda la formaci\u00f3n del seminario, toda, hab\u00eda de ser eminentemente pastoral. El seminarista no aspira a ser un monje de vida retirada, ni un intelectual entregado al estudio y la investigaci\u00f3n, ni un religioso de vida com\u00fan por la profesi\u00f3n de los tres votos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Pero cu\u00e1ntos excesos tambi\u00e9n en nombre de estos principios! Se trata, en efecto, de una formaci\u00f3n para la acci\u00f3n pastoral del ma\u00f1ana, no de una acci\u00f3n pastoral ahora, que no podr\u00e1 serlo ni siquiera en el nombre, porque el seminarista no es un pastor, ni podr\u00e1 ser realizada nunca si a su debido tiempo no se adquiri\u00f3 la formaci\u00f3n necesaria. Es todo el Seminario, en las clases de los profesores, en la piedad y la vida religiosa, en las predicaciones y direcci\u00f3n de las conciencias, el que debe respirar un clima de reflexi\u00f3n pastoral. Al Seminario deben llegar las mejores realizaciones pastorales de la Di\u00f3cesis, y los sacerdotes y seglares que las promueven. Y no s\u00f3lo de la Di\u00f3cesis, sino de otros lugares donde existan esas obras y esos hombres, para que sean conocidas y examinadas. Organ\u00edcense alguna vez coloquios, conferencias, actos diversos en que intervengan hombres de vida pastoral ejemplar y de conciencia recta. Acudan tambi\u00e9n los seminaristas, moderadamente, a ofrecer su colaboraci\u00f3n apost\u00f3lica \u2013no pastoral\u2013 a algunas obras de la Di\u00f3cesis en sus diversas instituciones. Pero no se les impida dedicar su tiempo y su vida a lo que ahora reclama una imprescindible atenci\u00f3n prioritaria: el estudio intenso y el desarrollo de sus virtualidades interiores. Y que no se les ofrezca como obra pastoral cualquier cosa, sino ejemplos de vida de sacerdotes santos y apost\u00f3licos tal como se reflejan en la continuidad de trabajos bien concebidos y sostenidos a lo largo de los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el pretexto de que hay que preparar al alumno para la vida pastoral, todos se han cre\u00eddo con el derecho de interferirse en la vida del Seminario para celebrar los m\u00e1s diversos actos, o para reclamar la colaboraci\u00f3n y la presencia de los seminaristas en lo que cada cual organiza, acusando a veces a los superiores de falta de sentido pastoral cuando intentaron, no oponerse, sino velar por la debida ordenaci\u00f3n de actividades. Esto no debe suceder m\u00e1s. El Rector ha de tener el esp\u00edritu abierto para el conocimiento y estimaci\u00f3n de los sacerdotes y las actividades de la Di\u00f3cesis, pero tambi\u00e9n la autoridad necesaria para ser \u00e9l quien decida lo que ha de hacerse en cada caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Tened cuidado tambi\u00e9n con ese t\u00e9rmino que se ha puesto de moda: el de los pastoralistas. Se han multiplicado estos durante los \u00faltimos a\u00f1os, como los hongos en la campi\u00f1a humedecida. Sabed discernir con prudencia y con un poco de escepticismo frente a lo que escriben y dicen tantos maestros improvisados. Comprended que junto a algunos pocos que pueden ejercer una acci\u00f3n muy beneficiosa para la Iglesia en Espa\u00f1a, hay una nube de tratadistas de laboratorio, sin pr\u00e1ctica pastoral, o reducida a peque\u00f1os grupos a los que es muy c\u00f3modo cultivar dentro del cuadro de ciertas teor\u00edas. Much\u00edsimos p\u00e1rrocos de pueblos y ciudades, de antes y de hoy, podr\u00edan darles lecciones sobre c\u00f3mo hay que ser pastores del pueblo cristiano. No lo hacen porque no tienen medios para expresarse, o porque no saben hacerlo, o porque en su digna humildad se retiran presionados por la fuerza de tantas modernidades sin sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser pastoralista aut\u00e9ntico es lo m\u00e1s dif\u00edcil: porque exige ser todo a la vez, te\u00f3logo, escriturista, pedagogo, conocedor del pueblo, capaz de abrir nuevos caminos y a la vez fidel\u00edsimo a la Iglesia. Esta formaci\u00f3n para la vida pastoral exige tambi\u00e9n que se preste atenci\u00f3n suma en el Seminario a todos aquellos detalles de estilo de vida personal y comunitaria tan necesarias para la convivencia humana y para la actuaci\u00f3n ministerial con los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Desterrad del Seminario toda chabacaner\u00eda en conversaciones, modos de vestir, juegos y diversiones juveniles. Ser sencillos no equivale a ser ineducados o plebeyos. La veracidad, el respeto mutuo, la delicadeza, el di\u00e1logo sincero y cordial, la ausencia de toda altaner\u00eda y jactanciosa arrogancia son notas que deben acompa\u00f1ar constantemente al joven seminarista.<\/p>\n\n\n\n<p>Que se despierte en ellos y se cultive sin cesar un noble af\u00e1n de superaci\u00f3n y de estimulo para el desarrollo de todos los valores humanos. La alegr\u00eda, el compa\u00f1erismo sano, la ayuda sacrificada al m\u00e1s d\u00e9bil, el inter\u00e9s positivo por la casa en que viven aun en el orden material, la limpieza, la higiene, el decoro en todo, han de ser cultivados con esmero. Igualmente el deporte, las excursiones culturales o de descanso, las aficiones literarias, musicales y art\u00edsticas en general, todo aquello que, bien ordenado, es logro y expresi\u00f3n de un humanismo aut\u00e9ntico.<\/p>\n\n\n\n<p>Que vuelva a haber en el Seminario, cuando llegan fiestas y jornadas conmemorativas especiales, un clima de familia creador de entusiasmos colectivos que abra cauces de expresi\u00f3n a las iniciativas del esp\u00edritu juvenil, tan rico y tan fecundo. Y, por supuesto, en el \u00e1mbito estrictamente religioso, la celebraci\u00f3n del domingo y las grandes fiestas lit\u00fargicas o los tiempos propios de una particular devoci\u00f3n, debe merecer siempre de todos, superiores y alumnos, las m\u00e1s delicadas atenciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La supresi\u00f3n de estas manifestaciones caracter\u00edsticas de la vida interna del Seminario, ha contribuido al empobrecimiento y la vulgaridad. Se ha querido lograr una mayor asimilaci\u00f3n de otros valores y se ha perdido la identidad propia; o bien, con la intenci\u00f3n de que se participe en actividades formativas fuera del Seminario, se han reducido a la nada las que all\u00ed pod\u00edan y deb\u00edan darse siempre. \u00bfPor qu\u00e9 no saber hacer compatibles unas y otras? \u00bfPor qu\u00e9 no afirmar claramente que una cosa es prestar atenci\u00f3n a alguna obra pastoral aut\u00e9ntica de la que se puede aprender, y otra muy distinta la dispersi\u00f3n continua y los contactos multiplicados con obras y personas de las que nada provechoso puede esperarse?<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1alo, finalmente, como criterio b\u00e1sico para la formaci\u00f3n pastoral en el Seminario, el de que se eduque a los seminaristas para que su sacerdocio futuro se proyecte en el ejercicio de la propia misi\u00f3n santificadora sobre las realidades sociales y pol\u00edticas del mundo en que van a vivir. Los documentos de la Iglesia sobre estas cuestiones, tan importantes y tan repetidos estos a\u00f1os, deben ser estudiados y analizados con todo rigor para intentar llevarlos despu\u00e9s a la pr\u00e1ctica, en lo que al sacerdote corresponde, y como lo pida el esp\u00edritu evang\u00e9lico, con aplicaciones concretas a las situaciones diversas de las parroquias y ambientes de la Di\u00f3cesis, en una acci\u00f3n diaria, serena, educadora, llena de firmeza y caridad, verdaderamente consciente y conocedora de lo que encierran dentro de s\u00ed los problemas que trata de ayudar a remediar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Seminario Menor<\/h2>\n\n\n\n<p>En cuanto llevo escrito, mis reflexiones ten\u00edan presentes a los alumnos del Seminario Mayor, que son los que realizan los estudios eclesi\u00e1sticos. Debo hablar ahora brevemente sobre el Seminario Menor de la di\u00f3cesis, y lo har\u00e9 en forma de proposiciones claras y concretas.<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>En nuestra Di\u00f3cesis de Toledo existe y debe seguir existiendo el Seminario Menor propiamente dicho. No un colegio donde puede haber alumnos con aptitudes para ser llamados al sacerdocio, sino un Seminario en que inicialmente ninguno rechaza la posibilidad de llegar un d\u00eda a los estudios eclesi\u00e1sticos, y acepta tanto \u00e9l como su familia un r\u00e9gimen de vida particularmente apto para que esa posibilidad llegue a convertirse en un hecho.<\/li>\n\n\n\n<li>Los estudios del Seminario Menor son y ser\u00e1n los mismos que se realizan en los centros docentes de la naci\u00f3n para los alumnos de esa misma edad, si bien no creemos necesaria la existencia del COU, puesto que \u00e9ste es un curso de preparaci\u00f3n para la Universidad civil fundamentalmente. Sin embargo, dado que viene haci\u00e9ndose ya varios a\u00f1os, permitimos que en el curso 1973-74 siga existiendo.<\/li>\n\n\n\n<li>La diferencia entre el Seminario Menor y los dem\u00e1s centros docentes de la Iglesia para alumnos de la misma edad est\u00e1 en que \u00e9stos existen para dar una formaci\u00f3n cristiana y facilitar eventualmente el cultivo de los g\u00e9rmenes de vocaci\u00f3n sacerdotal, mientras que el Seminario Menor atiende directamente a esta intenci\u00f3n en todos los alumnos y va seleccionando progresivamente a aqu\u00e9llos, y s\u00f3lo a aqu\u00e9llos, que se manifiestan sinceramente como candidatos para el Seminario Mayor.<\/li>\n\n\n\n<li>Es perfectamente l\u00f3gico que la Iglesia tenga una instituci\u00f3n especialmente destinada al cultivo de la vocaci\u00f3n al sacerdocio, ya desde la edad en que los alumnos poseen una cierta facultad de discernimiento. La Iglesia puede y debe hablar de esta posible llamada de Dios a ni\u00f1os, a j\u00f3venes, a adultos, sea cual sea el lugar en que se encuentran. Por lo mismo, puede reunirlos en un centro apto para ello, y con tal de facilitarles los estudios normales y no someterlos a un r\u00e9gimen de vida inadecuado, ayudarles gradualmente a una decisi\u00f3n cada vez m\u00e1s afirmativa con respecto al Seminario Mayor.<\/li>\n\n\n\n<li>Algo ha cambiado desde el Concilio Vaticano II en relaci\u00f3n con el Seminario Menor, y es, a nuestro juicio, lo siguiente. Antes, el Seminario Menor era una instituci\u00f3n muy cerrada; ahora es m\u00e1s abierta. Antes los estudios eran distintos de los que hac\u00edan los dem\u00e1s ni\u00f1os a esa edad; ahora nada de esto debe existir en el grado y la forma en que antes exist\u00eda. Antes era el Seminario Menor, al menos en Espa\u00f1a, casi el \u00fanico procedimiento para fomentar las vocaciones hacia el sacerdocio; ahora debemos esforzarnos porque no sea el \u00fanico, ni siquiera el principal.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El Concilio no ha querido, ni mucho menos, que se supriman los Seminarios Menores, ni all\u00ed donde ven\u00edan tradicionalmente existiendo, ni donde puedan surgir. Lo que ha intentado es vivificarlos, situ\u00e1ndolos dentro de una perspectiva mucho m\u00e1s amplia y m\u00e1s rica de lo que es la disposici\u00f3n hacia el sacerdocio dentro del plan de Dios sobre la comunidad cristiana. El Concilio ha tomado entre sus manos el Seminario Menor y lo ha integrado dentro de los esfuerzos que debemos hacer todos \u2013obispos, sacerdotes y familias cristianas\u2013 para responder a las llamadas de Dios en favor del sacerdocio, en un cuadro de opciones vocacionales m\u00e1s amplio en su intenci\u00f3n, en sus prop\u00f3sitos y en su modo de lograrlo, y m\u00e1s constructivo y respetuoso con todo lo que da de s\u00ed un ser humano ya desde peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha pedido que no nos contentemos c\u00f3moda y perezosamente con poseer las llaves de un edificio, sin tener el alma del mismo; que no nos limitemos a la estructura que funciona mec\u00e1nicamente, en virtud de la fuerza de una tradici\u00f3n que iba extingui\u00e9ndose lentamente; que no creamos que hay \u00e1rboles donde s\u00f3lo puede haber semillas; que no hagamos un clich\u00e9 prefabricado al que ortop\u00e9dicamente hayan de acomodarse, qui\u00e9ranlo o no, los muchachos en cuya alma empieza a abrirse el hermoso capullo de la generosidad. No quiere el Concilio un Seminario Menor en que el nombre pesaba tanto o m\u00e1s que la realidad. S\u00ed que quiere la realidad, e incluso el nombre, con tal de que los educadores sepan lo que traen entre manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los alumnos del Seminario Menor no pueden ser peque\u00f1os cl\u00e9rigos, ni siquiera peque\u00f1os seminaristas mayores. Pero tampoco son justas ciertas afirmaciones como que \u00abno hace falta el Seminario Menor\u00bb, \u00abque lo que importa es formar cristianos y las vocaciones ya vendr\u00e1n\u00bb, \u00ab que los alumnos del Menor deben vivir igual que los de otros colegios o institutos\u00bb, \u00abque no hay por qu\u00e9 fomentar una vida de piedad especial\u00bb, \u00abque no se les debe hablar de la vocaci\u00f3n sacerdotal hasta que sean mayores\u00bb, etc. Esto es equivocado y funesto: equivocado, porque no es \u00e9sta la mente de la Iglesia; funesto, porque nos priva injustamente de la posibilidad de ofrecer m\u00e1s sacerdotes a la iglesia por procedimientos perfectamente l\u00edcitos, mientras las condiciones de la comunidad cristiana nos permitan utilizarlos dignamente. Si la Iglesia es como una familia, en que unos y otros debemos ayudarnos, admit\u00e1moslo con todas las consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Si Dios llama a un ni\u00f1o para el bautismo a trav\u00e9s de la fe de la Iglesia, tambi\u00e9n puede llamarle para el sacerdocio. La grandeza de este nuevo destino s\u00f3lo bajo cierto aspecto es mayor que la de ser llamados a la condici\u00f3n de hijos de Dios. Y las responsabilidades que en ese posible nuevo ministerio se han de contraer, no se aceptan en un d\u00eda. Para ir asumi\u00e9ndolas libre y responsablemente, el ni\u00f1o, m\u00e1s tarde joven, dispone de muchos a\u00f1os de reflexi\u00f3n, de luces y auxilios de la gracia, y del consejo de hombres prudentes. A nadie se coaccionar\u00e1 despu\u00e9s, como tampoco se le coaccion\u00f3 al principio.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, lo que el Concilio y las posteriores instrucciones de la Sagrada Congregaci\u00f3n han pedido en relaci\u00f3n con los seminarios menores es que se haga un examen realista y serio de esta instituci\u00f3n. La tradici\u00f3n respecto a los mismos es diversa en cada pa\u00eds, y debe reconocerse as\u00ed. Aun siendo en el nuestro tan arraigada y provechosa, en t\u00e9rminos generales, cometer\u00edamos un error si crey\u00e9ramos que no nos afectan las nuevas situaciones. Constituyen hoy un obst\u00e1culo serio para los seminarios menores la evoluci\u00f3n del r\u00e9gimen escolar de la ense\u00f1anza para los ni\u00f1os y adolescentes, en que el Estado tiende a facilitarlo todo, la indiferencia religiosa en las familias, el ambiente descristianizado que dificulta notablemente la percepci\u00f3n de las se\u00f1ales de una llamada divina, y la propia psicolog\u00eda de los j\u00f3venes de hoy que se manifiesta desde la misma adolescencia.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede ya, por consiguiente, pensar en seminarios menores en que <em>todo se daba hecho<\/em> y que engendraban la ilusi\u00f3n de que ten\u00edamos resuelto el problema de las vocaciones, porque los alumnos que ingresaban cada a\u00f1o eran numerosos. Estos seminarios eran muchas veces centros demasiado cerrados sobre s\u00ed mismos, con muchas negligencias en el orden educativo, aunque cada a\u00f1o permitieran el paso de un grupo de alumnos al Seminario Mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso promover otro estilo. Estudiar la vocaci\u00f3n en lugar de darla por supuesta, distinguir entre los muchachos de una edad y los de otra, educar su libertad, ayudarles a descubrir el camino que han de seguir dentro de la vocaci\u00f3n cristiana, eliminar toda presi\u00f3n inconveniente, hacer que el Seminario Menor sea \u00abcomo el centro de un esfuerzo global al servicio de las vocaciones, como el punto de partida y de uni\u00f3n, el s\u00edmbolo de una actividad que interesa, en una di\u00f3cesis o en una regi\u00f3n, al porvenir del sacerdocio, de la vida religiosa y de las misiones, como un \u00f3rgano en el conjunto de una pastoral de la juventud escolar y universitaria\u00bb. \u00abEn \u00e9l ha de haber una formaci\u00f3n religiosa original y una direcci\u00f3n espiritual adaptada\u00bb. \u00abSi la importancia del lugar, o la solidez de una tradici\u00f3n, o la existencia de medios suficientes permiten asegurar la instituci\u00f3n del Seminario Menor, <em>es necesario mantenerle.<\/em> Y se podr\u00eda decir que es necesario, si el caso lo requiere, <em>crearle\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y siempre, por supuesto, tambi\u00e9n en Espa\u00f1a y tambi\u00e9n en nuestra Di\u00f3cesis, hemos de trabajar para descubrir, independientemente del Seminario Menor, nuevos m\u00e9todos de trabajo para favorecer la aparici\u00f3n y el cultivo conveniente de los g\u00e9rmenes iniciales de la vocaci\u00f3n al sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pastoral de las vocaciones<\/h2>\n\n\n\n<p>En estrecha relaci\u00f3n con el apartado anterior, debo hablar ahora de lo que en la Di\u00f3cesis de Toledo hemos de hacer para fomentar las vocaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamo, en primer lugar, a los sacerdotes para pedir a todos que a partir de hoy nos coloquemos en una actitud de servicio a esta tarea en que tantos y tan graves intereses de la Iglesia est\u00e1n en juego. Los mejores muchachos de vuestras parroquias, de los colegios e institutos, de las organizaciones juveniles, deben recibir de vosotros, junto con vuestro ejemplo, palabras de luz que orienten su conciencia y les hagan pensar en la respuesta que deben dar a Dios cuando \u00c9l se la pide. Cada uno de los sacerdotes de la Di\u00f3cesis ha de poner el m\u00e1ximo inter\u00e9s en que nuestro Seminario vuelva a tener alumnos en n\u00famero suficiente para atender las necesidades religiosas de la Di\u00f3cesis y para que se ofrezcan sacerdotes a la Iglesia universal.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado a\u00f1o hemos dado nuevo impulso a la Obra Diocesana de las Vocaciones y hemos nombrado Director de la misma a uno de los superiores del Seminario, el reverendo don Estanislao Calvo. Ayudadle con vuestro entusiasmo. A \u00e9l le pedimos que recorra todos los arciprestazgos y parroquias y busque las colaboraciones necesarias. Que hable a la juventud de Toledo, de la ciudad y de los pueblos; que les hable de Dios y de la Iglesia, del Evangelio, de la vida eterna, de la ayuda a los hombres tambi\u00e9n en este mundo, ayuda que ser\u00e1 tanto m\u00e1s eficaz cuanto m\u00e1s se propague la fe con todas sus exigencias. Que no proponga un ideal de vida sacerdotal c\u00f3moda y f\u00e1cil, sino aut\u00e9ntica en todas sus exigencias.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote es un perpetuo crucificado, a quien no deben hacer bajar de la cruz ni la incomprensi\u00f3n, ni la hostilidad, ni el insulto, ni el escarnio. El sacerdote que quiera serlo de verdad se sentir\u00e1 cada vez m\u00e1s solo, mientras que el mundo de hoy tendr\u00e1 cada vez m\u00e1s facilidades para arrojarse con \u00e9xito a gozar de las delicias que proporciona un materialismo enga\u00f1oso. \u00a1Ay del sacerdote que se olvide de la cruz y crea que para evangelizar mejor ha de confundirse con el mundo, o que, para hacer comprensibles y atrayentes los misterios de que es portador, ha de disimularlos o reducirlos a un programa de acci\u00f3n socio-pol\u00edtica, porque eso s\u00ed que interesa a los hombres! Por ese camino llegar\u00e1 un d\u00eda en que inevitablemente se preguntar\u00e1 angustiado para qu\u00e9 sirve ser sacerdote. Y sus ministerios espec\u00edficos, a trav\u00e9s de los cuales Dios se reservaba el homenaje que se debe a su gloria, y los hombres podr\u00edan recibir la esperanza de la redenci\u00f3n eterna, carecer\u00e1n de sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamamos tambi\u00e9n a los propios seminaristas. No os extra\u00f1\u00e9is de ello, queridos j\u00f3venes del Curso de estudios eclesi\u00e1sticos. De vosotros depende en parte que otros j\u00f3venes se hagan las preguntas inquietantes propias de las almas generosas. Si os ven inseguros y vacilantes, faltos de entusiasmo en cuanto a vuestra situaci\u00f3n de hoy y a vuestro estado de ma\u00f1ana, pendientes de ser como los dem\u00e1s en relaciones y costumbres para aparecer m\u00e1s \u00abnormales\u00bb, temerosos de confesar abiertamente que sois seminaristas y camin\u00e1is hacia el sacerdocio de Cristo, os despreciar\u00e1n y no sentir\u00e1n ese acuciante deseo de preguntarse por qu\u00e9 sois tan hombres y tan dichosos, como se lo preguntan cuando ven que sois lo que ten\u00e9is que ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, si os mostr\u00e1is firmes en vuestra convicci\u00f3n, alegres y humildes en la esperanza que os anima, entregados por completo a las exigencias de vuestra formaci\u00f3n, llenos de confianza en Dios respecto a las dificultades que encontr\u00e1is y encontrar\u00e9is, dispuestos al despojo de vosotros mismos para servir mejor al Se\u00f1or y a los hombres, tendr\u00e9is a vuestro lado entre los j\u00f3venes, no s\u00f3lo amigos de juventud, sino probables compa\u00f1eros de marcha hacia el mismo ideal que os mueve a vosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Os aseguro que, al escribir esta Carta Pastoral, palabra por palabra, pensaba en vosotros. No me parece honrado ofreceros un estilo de vida f\u00e1cil y complaciente. Creo en la sabidur\u00eda de la cruz de que nos habla San Pablo en su primera carta a los Corintios. Haced de nuestro Seminario un centro vivo de amor a Dios, de espiritualidad fecunda, de trabajo riguroso y exigente. Reconoced, de una vez para siempre, que en estos a\u00f1os que han seguido al Concilio se han difundido respecto a los seminarios y al ministerio sacerdotal errores te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos muy da\u00f1osos. Sed valientes y honrados, sed generosos. Ning\u00fan poder de atracci\u00f3n ejercer\u00e1 sobre los j\u00f3venes de nuestro tiempo un Seminario que pierde los contornos de su identidad, o un ideal de vida sacerdotal alejado de las realidades sobrenaturales que Cristo ha venido a ofrecernos. No se trata de multiplicar obligaciones infundadas, sino sencillamente de velar para que la sal no se corrompa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esta llamada urgente que hago a sacerdotes y seminaristas no nos dispensa de plantear el problema de la pastoral de las vocaciones en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios y profundos. Es necesario que, en la predicaci\u00f3n normal y continua de la Iglesia, como un tema exigido con absoluta naturalidad por el contenido vital del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00eda, se hable de la vocaci\u00f3n cristiana en general y de la respuesta del hombre a las llamadas de Dios. Esto es entrar en el fundamento teol\u00f3gico de la vocaci\u00f3n. La familia, la parroquia, la comunidad cristiana en general, m\u00e1s reducida o m\u00e1s amplia, deben ser formadas y catequizadas para la fe de tal manera que ininterrumpidamente se pregunten, en su condici\u00f3n de hijos de Dios, c\u00f3mo van respondiendo en su vida a las llamadas del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Una comunidad cristiana s\u00f3lo merecer\u00e1 tal nombre, en realidad de verdad, cuando perciba de manera habitual dentro de s\u00ed misma, como comunidad y en los individuos que la forman, esa vibraci\u00f3n espiritual de la respuesta y la llamada, caracter\u00edstica del di\u00e1logo con Dios. El problema de la vocaci\u00f3n y de las vocaciones es de toda la Iglesia, en el sentido en que toda ella \u2013familias, parroquias, grupos juveniles, asociaciones apost\u00f3licas, colegios, catecumenados\u2013 deben estar dando vueltas continuamente, si se me permite hablar as\u00ed, a la gran pregunta y a la gran respuesta: \u00bfqu\u00e9 quiere Dios de m\u00ed?, \u00bfqu\u00e9 debo hacer por Dios?<\/p>\n\n\n\n<p>La Delegaci\u00f3n Diocesana de la Obra de Vocaciones debe trabajar en nuestra Di\u00f3cesis con esta amplitud de concepci\u00f3n y de prop\u00f3sitos. Los resultados ser\u00e1n sin duda m\u00e1s lentos, pero la formaci\u00f3n del pueblo cristiano ser\u00e1 m\u00e1s completa, hasta el punto de que pueda permitir en el futuro una m\u00e1s espont\u00e1nea y fluida colaboraci\u00f3n por parte de muchos al resultado que Dios busca en el di\u00e1logo de su gracia con los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo una salvedad quiero hacer, a la que me mueve la lectura atenta de libros y escritos que se difunden sobre estas cuestiones. Admitiendo como correcto y orientador este planteamiento de la pastoral de las vocaciones, no estoy de acuerdo con lo que escriben algunos, a saber: que no se deben hacer campa\u00f1as o esfuerzos apost\u00f3licos especiales sobre la vocaci\u00f3n sacerdotal o religiosa, porque ello parcializa la presentaci\u00f3n del hecho de la vocaci\u00f3n cristiana, induce a reflexiones incompletas y nos hace correr el peligro de contentarnos prematuramente con los logros que pudi\u00e9ramos obtener, descuidando el cultivo en profundidad del resto del pueblo cristiano en un aspecto tan fundamental.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s me parece poder apreciar aqu\u00ed una manifestaci\u00f3n \u2013noble, si se quiere\u2013 de los radicalismos de la hora presente. Porque es perfectamente compatible la predicaci\u00f3n normal y continua sobre la vocaci\u00f3n cristiana, de tanta y tan excelsa motivaci\u00f3n teol\u00f3gica, y la atenci\u00f3n particular a vocaciones muy espec\u00edficas para el Reino de Dios en la tierra. Jesucristo nos dio ejemplo: a todos invit\u00f3 y llam\u00f3 a su seguimiento, pero cultiv\u00f3 de manera especial\u00edsima a algunos, a los cuales llamaba para una misi\u00f3n m\u00e1s singular, la de ser ap\u00f3stoles suyos o testigos calificados del Reino de los cielos en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, y en relaci\u00f3n con este tema del inter\u00e9s que todos hemos de tener por la causa de las vocaciones, particularmente los sacerdotes de la Di\u00f3cesis, quiero hacer aqu\u00ed una llamada al Seminario como instituci\u00f3n, a saber: que se interese tambi\u00e9n el Seminario por el clero diocesano, que fomente la amistad con los sacerdotes y les ayude cuanto pueda, que les invite y les ofrezca cada a\u00f1o jornadas de estudio y reflexi\u00f3n que puedan serles provechosas, que establezca con ellos relaciones tan cordiales que puedan considerar al Seminario como a la gran casa de familia que merece su amor y su entrega, porque en ella se educaron para el sacerdocio y en ella siguen educ\u00e1ndose los hijos de su esp\u00edritu, los j\u00f3venes que continuar\u00e1n ma\u00f1ana la misi\u00f3n sagrada que ellos realizan ahora.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n:<br>fieles al recuerdo de Jes\u00fas, esperanza inextinguible<\/h2>\n\n\n\n<p>Llegamos ya al final de esta comunicaci\u00f3n pastoral que he querido tener con vosotros, queridos diocesanos, en la cual os he abierto mi alma sobre una de las preocupaciones que m\u00e1s dignamente puede llenar el coraz\u00f3n de un obispo. Deliberadamente he intentado hablaros con la m\u00e1xima claridad que es posible y sin evasiones respecto a lo que en concreto es y deber ser hoy la vida de un Seminario Diocesano que es el nuestro. He venido a esta Di\u00f3cesis de Toledo para servir a la Iglesia, y pienso que ning\u00fan servicio m\u00e1s fecundo puedo prestar que el de mi trabajo ordenado, constante y fiel en favor de las vocaciones sacerdotales y del sacerdocio. El camino de la Iglesia hacia el futuro pasa por ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero a\u00f1adir ahora, casi en tono de plegaria, mis \u00faltimas reflexiones por ahora sobre el tema. Os las conf\u00edo como el labrador entrega a la tierra la semilla que lleva en sus manos: con esperanza de que llegar\u00e1 a dar fruto.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Oraci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Orad, hermanos m\u00edos, orad mucho por el Seminario. Oremos todos con el m\u00e1s puro y encendido fervor para que esta oraci\u00f3n llegue al cielo. Lo que pedimos, Se\u00f1or, es el don supremo de tu amor, a saber, que no nos falte en la tierra, en proporci\u00f3n suficiente para nuestra hambre y nuestra sed de vida eterna, el sacerdocio de tu divino Hijo, Jes\u00fas. Yo me imagino a tu Iglesia, Se\u00f1or, perpetuamente arrodillada, suplicando el beneficio del agua viva. Si falta el sacerdote, falta la Eucarist\u00eda, la presencia de Jes\u00fas entre nosotros. Y la Iglesia queda herida en su coraz\u00f3n. Orar por el Seminario es algo m\u00e1s que tener presente en nuestras s\u00faplicas una instituci\u00f3n diocesana; es empalmar con la misma oraci\u00f3n de Jesucristo: <em>Padre m\u00edo, la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti, pues le has dado poder sobre todo el linaje humano para que d\u00e9 la vida eterna a todos los que T\u00fa le has dado <\/em>(Jn 17, 1-2).<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Fidelidad<\/h3>\n\n\n\n<p>Nos duele, Se\u00f1or, ver un mundo tan rico de posibilidades y tan empobrecido por el pecado. Sin saberlo, los hombres andan buscando a Dios a tientas y a ciegas. Y \u00c9l est\u00e1 ah\u00ed, a las puertas del coraz\u00f3n de cada uno. \u00bfC\u00f3mo abrirlas para que \u00c9l entre? La Iglesia en estos a\u00f1os de dolor y de esperanza est\u00e1 haciendo un esfuerzo inmenso para facilitar tu entrada. No puede perecer el hijo de tantas l\u00e1grimas, es decir, no puede quedar infecunda una generosidad tan grande. Pero ya lo ves, Se\u00f1or. Nos cuesta mucho acertar. En nuestros seminarios se ha roto estos a\u00f1os el equilibrio. Y por el af\u00e1n de ser m\u00e1s generosos para correr en ayuda del mundo, hemos dejado a veces de ser fieles. Que los alumnos de nuestro Seminario, Se\u00f1or, no sean ni progresistas ni conservadores, ni rutinarios ni avanzados, ni de derechas ni de izquierdas. Cu\u00e1nto me cuesta emplear este lenguaje tan pobre y tan feo. \u00a1Pero es el que se usa hoy para entendernos, y yo quiero ser comprensivo!<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que manifestar este anhelo significa m\u00e1s bien neutralidad y tibieza. Es falso. Porque yo deseo que los seminaristas de nuestro Seminario ardan con el fuego que Jesucristo, tu Hijo, vino a traer a la tierra. Con ese fuego, no con las llamaradas cegadoras que encendemos los hombres, tan apasionados y tan fr\u00e1giles. Las voces y los signos que piden renovaci\u00f3n para tu Iglesia son constantes, porque siempre necesita ser fielmente renovada y hemos de estar atentos a las se\u00f1ales del tiempo y de la vida. Pero \u00bfqui\u00e9nes ser\u00e1n los que de hecho traer\u00e1n la renovaci\u00f3n conforme a tu voluntad divina? Solamente los santos. Ellos son los que aciertan a conservar lo que debe ser conservado y los que abren a nuevas auroras horizontes en los que antes no brillaba la luz.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Grandeza<\/h3>\n\n\n\n<p>El sacerdocio de Cristo seguir\u00e1 ejerciendo siempre un inmenso atractivo en los corazones m\u00e1s generosos. Nunca se hace viejo y caduco un misterio tan rico como el que en \u00e9l se encierra. Ah\u00ed radica nuestra esperanza. Es Dios quien ha querido que el sacerdocio permanezca y se contin\u00fae en la tierra. Y por eso habr\u00e1 sacerdotes siempre, siempre, siempre. Y en n\u00famero suficiente para las necesidades del mundo, si lo presentamos y lo vivimos tal como es. Este es el desaf\u00edo que hoy se nos hace. Entend\u00e1moslo bien. Si de verdad queremos cooperar a la redenci\u00f3n de Cristo como ministros suyos, que es algo inmensamente superior a todas las liberaciones terrestres, Jes\u00fas tendr\u00e1 ap\u00f3stoles que le sigan. Porque nada hay tan grande y tan hermoso como seguirle a \u00c9l, tambi\u00e9n para la juventud de hoy.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">S\u00ed, j\u00f3venes, a vosotros me dirijo<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00abLa misi\u00f3n de Jes\u00fas contin\u00faa. \u00c9l permanece siempre con nosotros (Mt 28, 20b); el cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero sus palabras no pasar\u00e1n (Mt 24, 35), Jes\u00fas, el Pastor Bueno, contin\u00faa, pues, llamando a quien quiera colaborar con \u00c9l para realizar su misma misi\u00f3n. Todos nosotros hemos recibido el bautismo de Jes\u00fas. En esta vocaci\u00f3n com\u00fan para ser cristianos, cada uno de nosotros est\u00e1 llamado a desarrollar una funci\u00f3n particular para la realizaci\u00f3n del designio de Dios (Rm 12, 4-7; 1Cor 12, 4ss). Todos, por tanto, debemos acercarnos con confianza a Cristo, a su vida, a sus palabras, para descubrir nuevamente la voluntad de Dios sobre nosotros, y poner al servicio de los dem\u00e1s, de la Iglesia, de la humanidad, los dones que cada uno ha recibido (1P 4, 10ss)\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAhora bien, Jes\u00fas ha querido que su Iglesia tenga hasta el fin de los tiempos pastores que participan en el sacerdocio de \u00c9l, de modo que el acto salvador de Jes\u00fas se haga presente y eficaz en toda la humanidad y para todas las generaciones (LG 28). En estos tiempos en los que la humanidad busca a oscuras su camino y los hombres son como <em>ovejas errantes<\/em> (1P 2, 25; cf. Mt 9, 36), el Coraz\u00f3n de Cristo est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo que nunca a ella, para prevenir los peligros que la amenazan, los pasos falsos y fatales, y para estimular su generosidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsta es la causa por la que cada uno debe medir la propia responsabilidad y prestarse atenci\u00f3n para descubrir en s\u00ed y aceptar las se\u00f1ales posibles de la llamada a una misi\u00f3n \u00bbpastoral\u201d, m\u00e1s pr\u00f3xima a la acci\u00f3n del Sumo Pastor, en su palabra y en su sacrificio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa vida debe ser consagrada a algo grande. No se puede permanecer inertes e insensibles cuando se piensa en las innumerables manos que se alzan desde los cinco continentes hacia quien, representando a Cristo en medio de ellas, pueden colmar sus anhelos y responder a sus esperanzas. Son manos de ni\u00f1os y de j\u00f3venes, que esperan a quien les ense\u00f1e el camino de la verdad y de la justicia; manos de hombres y de mujeres, a los que la esperanza dura de la vida cotidiana hace sentir m\u00e1s acusadamente la necesidad de Dios; manos de ancianos, de pacientes, de enfermos, que esperan a quien se interese por ellos, se incline sobre sus tribulaciones, consuele sus amarguras, abriendo el alma cansada la esperanza del cielo: manos de hambrientos, de leprosos, de marginados de la sociedad, que piden auxilio. Para esto son necesarios sacerdotes y religiosos&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abA vosotros, por tanto, j\u00f3venes, deseamos repetir las palabras de la par\u00e1bola: <em>\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1is ociosos?<\/em> (Mt 20, 6). Hoy no hay necesidad de palabras, sino de obras; no de veleidad, sino de generosidad concreta, que se manifiesta en hechos. No de contestaciones est\u00e9riles, sino de sacrificio personal que, comprometi\u00e9ndose directamente, transforme el mundo angustiado. Solamente los j\u00f3venes pueden comprender esta necesidad; y a los mejores entre ellos se puede abrir el campo inmenso del apostolado sacerdotal, misionero, caritativo, asistencial, del que est\u00e1n necesitados los hermanos. Escuchad la voz de Cristo que os llama entre sus operarios: imprimid un sentido a la vida, haciendo vuestras las preocupaciones de la Iglesia para la elevaci\u00f3n y el progreso de los pueblos. La Iglesia, en efecto, sabe comprender verdaderamente y a fondo los deseos de vuestro coraz\u00f3n generoso, y solamente ella no los desilusiona, no los instrumentaliza para otros fines, no los hace vanos\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a> .<\/p>\n\n\n\n<p>A todos os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<br>Toledo, septiembre de 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Marcelo Gonz\u00e1lez Mart\u00edn<\/strong><br><em>Cardenal Arzobispo de Toledo-Primado de Espa\u00f1a<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Pablo VI, Mensaje al clero y a los fieles en el \u00abD\u00eda Mundial de las vocaciones\u00bb, 15 de marzo de 1970: <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> VIII, 1970, 188-193.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n del 13 de mayo de 1971: <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> IX, 1971, 417.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <em>Sagrada Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica,<\/em>23 de mayo de 1968, Prot. N. 596\/68.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>Seminarium.<\/em> n. 2, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n del 13 de mayo de 1971: <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> IX, 1971, 418.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> <em>Sagrada Congregaci\u00f3n de Seminarios y Universidades.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Pablo VI, Mensaje para el D\u00eda Mundial de las Vocaciones Sacerdotales, 2 de mayo de 1971: <em>Insegnamenti di Paolo VI,<\/em> IX, 1971, 358-365.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta pastoral, de septiembre de 1973, publicada en el Bolet\u00edn Oficial del Arzobispado de Toledo, octubre 1973, 427-480. No se reproducen los dos ap\u00e9ndices que ocasionalmente se a\u00f1adieron al texto de esta Carta Pastoral. 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