{"id":1078,"date":"2024-09-27T15:08:06","date_gmt":"2024-09-27T13:08:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1078"},"modified":"2024-09-27T15:08:06","modified_gmt":"2024-09-27T13:08:06","password":"","slug":"enrique-de-osso-insigne-sacerdote-de-nuestro-tiempo","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/enrique-de-osso-insigne-sacerdote-de-nuestro-tiempo\/","title":{"rendered":"Enrique de Oss\u00f3, insigne sacerdote de nuestro tiempo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Estudio publicado en el n\u00famero monogr\u00e1fico dedicado por la Revista <em>El Monte Carmelo,<\/em> a la figura del Beato Enrique de Oss\u00f3, Burgos, 1979,7-82, con el t\u00edtulo <em>Mano de oro. Enrique de Oss\u00f3, sacerdote y teresianista.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con profunda satisfacci\u00f3n me sumo al homenaje que la Revista <em>\u00abEl Monte Carmelo\u00bb,<\/em> en este n\u00famero monogr\u00e1fico, rinde a don Enrique de Oss\u00f3, con motivo de su pr\u00f3xima Beatificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Me animan el cari\u00f1o y la devoci\u00f3n que surgieron en m\u00ed inevitablemente con la obligada lectura de todos sus escritos, al redactar yo su vida, y con la contemplaci\u00f3n de su maravillosa y bien documentada historia, rica de virtudes y de hero\u00edsmos<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Quer\u00eda, en la medida de mis fuerzas, ayudar a enaltecer esa figura sacerdotal polifac\u00e9tica, hecha de un solo trazo, que, a pesar de ostentarse con un tan alto y bello relieve en la Iglesia espa\u00f1ola del siglo XIX, no es bastante conocida, y, por lo mismo, no puede ser debidamente estimada, glorificada e imitada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahondando en el conocimiento de esta alma sacerdotal generosa y vibrante, deseo prestar humilde servicio a los sacerdotes de hoy. Don Enrique \u2013su sacerdocio\u2013 es paradigma y lecci\u00f3n para el ministro de Dios en la tierra. Su celo y diligencia, su fervor ardiente, su paciencia y fortaleza heroicas dieron frutos abundantes en todos los campos en que se movi\u00f3. Con su inflamada devoci\u00f3n a Santa Teresa de Jes\u00fas dio un estilo propio a su vida y un tono singular a su piedad. La cl\u00e1sica robustez de la espiritualidad teresiana \u2013oraci\u00f3n, apostolado activo, sacrificio jugoso y ardiente amor a Dios\u2013 apareci\u00f3 en \u00e9l como en un espejo cuyo \u00fanico fin hubiera sido reflejarla. Ni siquiera le falt\u00f3 la iluminada clarividencia que tanto distingui\u00f3 a la Santa de \u00c1vila. Don Enrique de Oss\u00f3, campe\u00f3n en la lucha por la ense\u00f1anza y la educaci\u00f3n cat\u00f3licas, abri\u00f3 el camino de una reforma vitalmente necesaria. Y siempre con la conciencia clara y el gozo pur\u00edsimo de servir a la Iglesia, a la que amaba con pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, esta profundizaci\u00f3n en el conocimiento de la vida y virtudes de don Enrique aparec\u00eda a mis ojos relativamente f\u00e1cil. Me mov\u00eda por terrenos explorados y bien conocidos. Sin embargo, no desesperaba de encontrar nuevas riquezas. Las obras y escritos de don Enrique se nos ofrecen como las vides encorvadas con la carga de los racimos, que se tocan unos a otros; el esquilmo es f\u00e1cil, y la rebusca siempre da algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Titul\u00e9 estas palabras introductorias \u00ablas razones\u00bb de mi adhesi\u00f3n. Ahora veo que en el fondo son una; pues todas las aducidas no son sino la proyecci\u00f3n, la m\u00faltiple proyecci\u00f3n, de una sola raz\u00f3n, a saber: el sacerdocio de don Enrique, \u2013su participaci\u00f3n en el Sacerdocio de Cristo\u2013, vivido con la mayor fidelidad y la m\u00e1s amorosa entrega.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El sacerdocio, respuesta suprema del hombre<br>a la llamada de Cristo a la caridad pastoral<\/h2>\n\n\n\n<p>Toda la Iglesia constituye un pueblo sacerdotal. Cristo Se\u00f1or, Pont\u00edfice tomado de entre los hombres (Hb 5, 1-5), hace part\u00edcipe a todo su Cuerpo M\u00edstico de la unci\u00f3n del Esp\u00edritu con que \u00c9l fue ungido<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Los bautizados en \u00c9l son hechos sacerdocio santo, \u00abpara que ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aqu\u00e9l que los llam\u00f3 de las tinieblas a su luz admirable\u00bb (1P 2, 4-10)<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, el mismo Se\u00f1or, con el fin de que los fieles formaran un solo cuerpo, en el que no todos los miembros desempe\u00f1an la misma funci\u00f3n (Rm 12, 4), de entre los mismos fieles instituy\u00f3 a algunos por ministros, con poderes especiales, al servicio de la comunidad, para continuar su obra salvadora. As\u00ed pues, Cristo Sacerdote, Buen Pastor, el \u00fanico \u00abobispo\u00bb (1P 2, 25), el Se\u00f1or de la Iglesia, el centro de su unidad, encarg\u00f3 del ministerio pastoral solamente a algunos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos no son sus sucesores. Cristo no tuvo sucesores, como Sacerdote de la Nueva Alianza. \u00c9l mismo est\u00e1 presente en su Iglesia<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a> hasta el fin de los siglos. Pero tiene ministros que act\u00faan en su nombre y con su autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l los llama. Celosamente se atribuye la elecci\u00f3n (Mc 3,12; Jn 15,16). El hombre responde a esta llamada. La iniciativa es de Cristo Sacerdote, Buen Pastor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sabe para qu\u00e9 llama. El sacerdocio es la respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Los datos neo-testamentarios<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Cristo elige a los Doce<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a> a modo de colegio, con Pedro a la cabeza<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>; y les encomienda la misma misi\u00f3n que hab\u00eda recibido del Padre<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>. Llamada de Buen Pastor para atender a su reba\u00f1o. Quien los escucha, escucha a Cristo<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras la ascensi\u00f3n del Se\u00f1or a los cielos, aparecen, ya en tiempos apost\u00f3licos, ministerios en las diversas comunidades. \u00abObispos- presb\u00edteros\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>, \u00abdi\u00e1conos\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>, \u00abpresidentes\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>, \u00abap\u00f3stoles\u00bb (=enviados) de los mismos Ap\u00f3stoles\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>, \u00abgu\u00edas\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>, etc., son realidad viviente en los Hechos y en las Cartas de San Pablo. La conciencia de la naciente Iglesia ve en estos ministerios una prolongaci\u00f3n, extensi\u00f3n o continuaci\u00f3n del Ap\u00f3stol. La designaci\u00f3n podr\u00e1 provenir de la asamblea; aun entonces, \u00e9sta \u00ablos presenta a los Ap\u00f3stoles, quienes, orando, les impusieron las manos\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>. Cristo, el Ap\u00f3stol en su nombre, llama a la caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre tras la muerte de los Ap\u00f3stoles? Habla la Tradici\u00f3n, interpretando los datos b\u00edblicos. Dentro de la variedad de personas y funciones, se estructura como forma v\u00e1lida universal del servicio ministerial la de episcopado, presbiterado y diaconado. Todos son part\u00edcipes del mismo y \u00fanico sacerdocio de Cristo, todos llamados por Cristo a la caridad pastoral; pero presb\u00edteros y di\u00e1conos s\u00f3lo pueden ejercer sus funciones en cuanto colaboradores del Obispo. En la Iglesia, pueblo jer\u00e1rquicamente estructurado por voluntad de Cristo, la respuesta del individuo a la vocaci\u00f3n de Dios se realiza jer\u00e1rquicamente. \u00abLos presb\u00edteros nada hagan sin el parecer del Obispo; es a \u00e9ste al que se ha confiado el pueblo del Se\u00f1or; es a \u00e9l al que se le pedir\u00e1 cuenta de sus almas\u00bb<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Santo Tom\u00e1s de Aquino (1225-1274)<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Multitud de te\u00f3logos han estudiado el tema sacerdotal. Algunas obras alcanzaron extraordinario eco y notable difusi\u00f3n, como <em>Jesucristo, ideal del sacerdote<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a><\/em>,escrito p\u00f3stumo de Dom Columba Marmi\u00f3n; <em>Naturaleza y espiritualidad del clero diocesano<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>, <\/em>de G. Thils; <em>La uni\u00f3n del sacerdote con Cristo, Sacerdote y V\u00edctima<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a> <\/em>de Garrigou-Lagrange; tantos y tantos autores, tantas y tantas obras.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las voces de mayor resonancia en la teolog\u00eda y espiritualidad sacerdotales es la de Santo Tom\u00e1s. Veamos c\u00f3mo, para \u00e9l, el sacerdocio es respuesta a la llamada de Cristo a la caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter es idea central en el pensamiento del Ang\u00e9lico. El car\u00e1cter es potencia espiritual activa. Impreso en el alma<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a> de modo indeleble<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a> configura con Cristo Sacerdote<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>, y capacita para actuar sobre el Cuerpo M\u00edstico y sobre el Cuerpo Eucar\u00edstico de Cristo<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a>. El sacerdocio es para la caridad pastoral. Cristo llama; \u00c9l es \u00abla fuente de todo sacerdocio\u00bb<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el car\u00e1cter confiere al sacerdote poder obrar con eficacia, la gracia le hace id\u00f3neo<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote debe ser santo. En la misi\u00f3n de celebrar la Eucarist\u00eda hace radicar Santo Tom\u00e1s la exigencia de santidad, santidad superior a la de los simples fieles, aunque sean religiosos<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El cardenal Mercier (1851-1926)<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Abundantes escritos de obispos alegraron e iluminaron las silenciosas y fructuosas horas de incontables vidas sacerdotales. Lograron la mayor fama y fueron libros de cabecera <em>El sacerdocio eterno<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a><\/em> del cardenal Manning; <em>El embajador de Cristo<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a><\/em>, del cardenal Gibbons; <em>La vida interior<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a><\/em>, del cardenal Mercier; <em>El sacerdote en la ciudad<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a>,<\/em> del cardenal Suhard.<\/p>\n\n\n\n<p>He escogido al cardenal Mercier por ser uno de los principales iniciadores de la promoci\u00f3n del clero diocesano. Hasta propone abandonar la expresi\u00f3n ambigua de \u00abclero secular\u00bb y adoptar la f\u00f3rmula de \u00abclero diocesano\u00bb, \u00abque no sugiere esos lamentables recuerdos de \u201csecularizaci\u00f3n\u201d y de \u201claicizaci\u00f3n\u201d\u00bb<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus escritos sacerdotales por orden cronol\u00f3gico son: <em>A mes seminaristes<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a><\/em>,de 1908; <em>Retraite pastorale<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a><\/em>, de 1909; <em>La vie interieure. Appel aux \u00e2mes sacerdotales<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a><\/em>, de 1918; la emocionante carta que dict\u00f3 el 18 de enero de 1926<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>, cinco d\u00edas antes de morir; y <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale dioc\u00e9saine des amis de J\u00e9sus<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a><\/em>, publicada un a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n para el cardenal Mercier, el sacerdocio es la respuesta del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>a) El sacerdote es \u00abalter Christus\u00bb por el car\u00e1cter, que \u00e9l describe como \u00abrasgos (fisonom\u00eda) de Cristo\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl sacerdocio es la prolongaci\u00f3n de Cristo sobre la tierra&#8230;, vosotros sois la continuaci\u00f3n viviente de Dios por medio de su Cristo, al servicio de la humanidad pecadora y doliente. Yo veo a Dios en vosotros, yo leo en vuestro car\u00e1cter sacerdotal los rasgos de Cristo, yo reconozco en vuestra acci\u00f3n la realizaci\u00f3n del Misterio divino cuyo cumplimiento es el cristianismo\u00bb<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVuestro sacerdocio os une a Cristo: el ejercicio del sacerdocio os identifica con \u00c9l&#8230; Es Dios, Cristo Dios, quien habla por vuestros labios&#8230; La tradici\u00f3n cristiana lo ha comprendido perfectamente y lo ha expresado con esta f\u00f3rmula, que viene a ser como un adagio teol\u00f3gico: Sacerdos, alter Christus: el sacerdote es otro Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>b) Consecuentemente, el sacerdote es el hombre de Dios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abS\u00ed, por vocaci\u00f3n y por el estado que profesamos somos consagrados, es decir, separados, objetos inviolables, dedicados con exclusividad al servicio de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta perspectiva de consagraci\u00f3n total se sit\u00faa el celibato:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 hemos prometido solemnemente guardar el celibato durante toda la vida sino para asegurarnos el medio de no tener el coraz\u00f3n encadenado por criatura alguna, ni el esp\u00edritu absorto o el tiempo ocupado por las solicitudes inevitables de una familia que hay que educar y mantener?\u00bb<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>c) La misi\u00f3n del sacerdote se reduce a dos funciones capitales: una, que se refiere al Cuerpo Eucar\u00edstico de Cristo (la celebraci\u00f3n del sacrificio del altar); otra, que se refiere a su Cuerpo M\u00edstico (la <em>cura animarum<\/em>):<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVivir de vuestro sacerdocio es, ante todo, celebrar santamente la Misa y suministrar santamente los sacramentos, que con ella se relacionan\u00bb<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a>. \u00abPor encima de todo tened siempre presente el formidable misterio que est\u00e1is llamados a actualizar cada d\u00eda. El sacerdote es, ante todo, el poder de celebrar el santo sacrificio de la Misa\u00bb<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>. \u00abEl pastor es el gu\u00eda natural de su reba\u00f1o. Debe conducirlo por los caminos de la salvaci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>d) El sacerdote, al servicio de la humanidad pecadora y doliente, es cooperador del obispo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVuestro sacerdocio es una participaci\u00f3n del sacerdocio episcopal. El orden que hab\u00e9is recibido depende del nuestro, de modo intr\u00ednseco e indisoluble\u00bb<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>. \u00abMirad a vuestro obispo, cuyos colaboradores sois, <em>cooperatores ordinis nostri;<\/em> compadeceos de su debilidad y de la desproporci\u00f3n entre la carga y sus fuerzas, <em>qui quanto fragiliores sumus, tanto his pluribus indigemus.<\/em> Aplicad el ardor de vuestro celo a ayudarle cada vez m\u00e1s eficazmente. En esto est\u00e1 contenida para vosotros, a la vez, la perfecci\u00f3n y la forma espec\u00edfica de vuestra perfecci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>e) El sacerdote es (debe ser) modelo para su grey:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl sacerdote es, por estado, una manifestaci\u00f3n de la santidad de Dios; manifestaci\u00f3n que su vida debe hacer cada d\u00eda m\u00e1s luminosa\u00bb<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a>. \u00abNuestro Se\u00f1or es el camino, la verdad y la vida. Nosotros, que lo representamos entre los hombres, somos infieles a nuestra misi\u00f3n si no tenemos la santa osad\u00eda de decir, tanto a los m\u00e1s perfectos como a los principiantes: \u201cSed imitadores m\u00edos como yo lo soy de Cristo\u201d\u00bb<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY cu\u00e1l es la ra\u00edz de esta exigencia de santidad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa raz\u00f3n m\u00e1s imperiosa de la obligaci\u00f3n del sacerdote a una vida santa e inmaculada se basa en sus relaciones con el sublime misterio de la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda\u00bb<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>f) La llamada de Cristo a la caridad pastoral exige al sacerdote ser hombre de oraci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>El ideal de la vida apost\u00f3lica es \u00abcontemplata tradere\u00bb. \u00abRec\u00f3gete \u2013aconseja al predicador\u2013, medita el tema delante de Dios; consid\u00e9ralo con fe, experimenta t\u00fa, antes que nadie, su acci\u00f3n bienhechora; y entonces, cuando el amor de la verdad que te preparas a predicar te llene el coraz\u00f3n, cuando bajo el impulso de tu celo por la gloria de Dios, por la santificaci\u00f3n de su santo nombre, por la extensi\u00f3n de su reino, por la realizaci\u00f3n de su voluntad tres veces santa, te sientas feliz de poder comunicar a otros los sentimientos que vibran en ti, entonces, y s\u00f3lo entonces, ponte a escribir el serm\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>. \u00abLa esencia de una vida apost\u00f3lica es la uni\u00f3n \u00edntima del alma con Dios, una vida interior constante, una vida de oraci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Enc\u00edclicas de los \u00faltimos Papas<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El Magisterio pontificio presenta abundantes escritos sobre el sacerdocio<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>. Dedican cap\u00edtulos al sacerdocio las enc\u00edclicas <em>Mystici Corporis<\/em> (20 de junio de 1943), <em>Mediator Dei<\/em> (20 de noviembre de 1947), <em>Evangelii praecones<\/em> (2 de junio de 1951), <em>Sacra virginitas<\/em> (25 de marzo de 1954) y <em>Fidei donum<\/em> (21 de abril de 1957) de P\u00edo XII; <em>Ecclesiam suam<\/em> (6 de agosto de 1964) y <em>Mysterium fidei<\/em> (3 de septiembre de 1965) de Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a las enc\u00edclicas que dedican alguna secci\u00f3n al sacerdocio, est\u00e1n los documentos estrictamente sacerdotales: la enc. <em>Haerent animo<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a><\/em>, de San P\u00edo X (4 de agosto de 1908); la enc. <em>Ad catholici sacerdotii<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a><\/em>, de P\u00edo XI (20 de diciembre de 1935); la exhortaci\u00f3n <em>Menti nostrae<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a><\/em>, de P\u00edo XII (23 de septiembre de 1950); la enc. <em>Sacerdotii nostri primordia<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a> <\/em>de Juan XXIII (31 de julio de 1959); la carta apost\u00f3lica <em>Summi Dei Verbum<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a><\/em>, (4 de noviembre de 1963) y la enc. <em>Sacerdotalis coelibatus<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a> <\/em>(24 de junio de 1967), de Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos grandes documentos presentan el sacerdocio como respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral. De este pensamiento papal son mojones se\u00f1eros los siguientes puntos:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba. Cristo es el \u00ab\u00fanico y eterno sacerdote del Nuevo Testamento\u00bb<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba La participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo fue confiada a la Iglesia, quien la ejerce a dos niveles, seg\u00fan los caracteres de los sacramentos<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a>. P\u00edo XI compar\u00f3 expl\u00edcitamente el sacerdocio com\u00fan de los fieles y el sacerdocio ministerial. P\u00edo XII reaccion\u00f3 con viveza contra las peligrosas desviaciones, que negaban al sacerdocio ministerial la exclusividad de funciones espec\u00edficas sacerdotales<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba \u00abEl sacramento del orden coloca a los sacerdotes aparte con respecto a los dem\u00e1s fieles de Cristo que no han recibido este don, pues ellos solos, respondiendo a la llamada de una especie de instinto sobrenatural, han accedido al sagrado ministerio que les consagra al servicio de los altares&#8230; S\u00f3lo ellos est\u00e1n marcados con el car\u00e1cter indeleble que les configura con Cristo-Sacerdote\u00bb<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba \u00ab&#8230; inexpresable grandeza del sacerdote cat\u00f3lico, que tiene potestad sobre el mismo Cuerpo de Jesucristo; &#8230;adem\u00e1s ha recibido otros poderes sublimes sobre su Cuerpo M\u00edstico, es decir, sobre su Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00ba \u00abEsos sublimes poderes&#8230; no son transitorios ni pasajeros, sino estables y perpetuos, pues est\u00e1n unidos a un car\u00e1cter indeleble, impreso en el alma, por el cual se ha convertido en sacerdote para siempre\u00bb<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>\u00abEl car\u00e1cter sacramental del orden sella con un amor de predilecci\u00f3n, por parte de Dios, un pacto eterno\u00bb<a href=\"#sdfootnote64sym\" id=\"sdfootnote64anc\"><sup>64<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>6\u00ba La llamada a la caridad pastoral es vocaci\u00f3n a una tarea espiritual; el sacerdote es dispensador de los misterios de Dios. \u00abEn el monte Calvario le fue abierto al Redentor el costado, del que fluy\u00f3 su sagrada sangre, que corre a lo largo de los siglos como un torrente que lo inunda todo, para purificar las conciencias de los hombres, expiar sus pecados y repartirles los tesoros de la salvaci\u00f3n. A llevar a cabo un ministerio tan sublime est\u00e1n destinados los sacerdotes\u00bb<a href=\"#sdfootnote65sym\" id=\"sdfootnote65anc\"><sup>65<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>7\u00ba El sacerdote act\u00faa \u00abno en nombre propio, sino en nombre de Jesucristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote66sym\" id=\"sdfootnote66anc\"><sup>66<\/sup><\/a>, \u00abgerit personam Christi\u00bb<a href=\"#sdfootnote67sym\" id=\"sdfootnote67anc\"><sup>67<\/sup><\/a>, \u00abpersonam Christi utpote capitis gerit\u00bb<a href=\"#sdfootnote68sym\" id=\"sdfootnote68anc\"><sup>68<\/sup><\/a>, \u00abChristi partes gerit\u00bb<a href=\"#sdfootnote69sym\" id=\"sdfootnote69anc\"><sup>69<\/sup><\/a>, \u00abpersonam Christi sustinet\u00bb<a href=\"#sdfootnote70sym\" id=\"sdfootnote70anc\"><sup>70<\/sup><\/a>, \u00abIesu Christi partes agit\u00bb<a href=\"#sdfootnote71sym\" id=\"sdfootnote71anc\"><sup>71<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>8\u00ba La caridad pastoral se ejerce en obediencia constante y exacta a la sagrada jerarqu\u00eda: los presb\u00edteros \u00abprocuren mostrarse siempre respetuosos y obedientes para con su obispo, seg\u00fan la advertencia de San Ignacio de Antioqu\u00eda: \u201cSometeos al obispo como a Jesucristo\u201d &#8230; Es preciso, pues, como ya lo hac\u00e9is, que no hag\u00e1is nada sin contar con vuestro obispo\u00bb<a href=\"#sdfootnote72sym\" id=\"sdfootnote72anc\"><sup>72<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>9\u00ba La llamada de Cristo a la caridad pastoral \u00abexige, de la criatura escogida, la santidad\u00bb<a href=\"#sdfootnote73sym\" id=\"sdfootnote73anc\"><sup>73<\/sup><\/a>. Implica entrega total: \u00abLa vocaci\u00f3n es digna de una generosidad absoluta&#8230; Exige que todos correspondan a ella plenamente en una donaci\u00f3n total, un desprendimiento absoluto de los bienes, de las principales preocupaciones de car\u00e1cter terreno, incluso de la familia&#8230; para dejarse penetrar de la voluntad y de los sentimientos del Sacerdote eterno\u00bb<a href=\"#sdfootnote74sym\" id=\"sdfootnote74anc\"><sup>74<\/sup><\/a>. \u00abEl cumplimiento de las funciones sacerdotales requiere mayor santidad interior de la que exige el mismo estado religioso\u00bb<a href=\"#sdfootnote75sym\" id=\"sdfootnote75anc\"><sup>75<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>10\u00ba Para mantener la fidelidad de esta respuesta a la llamada de Cristo, m\u00e1s a\u00fan, para que sea fructuoso el ejercicio de la caridad pastoral proponen los Papas la oraci\u00f3n, la lectura espiritual, el examen de conciencia, los retiros anuales y mensuales, las asociaciones de sacerdotes, etc. Propugnan la santificaci\u00f3n en el ministerio; proclaman la s\u00edntesis de contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n. \u00abEl sacrificio eucar\u00edstico no dejar\u00e1 de ser (para los sacerdotes), a lo largo de su vida, el principio de su acci\u00f3n apost\u00f3lica y de su santificaci\u00f3n personal\u00bb<a href=\"#sdfootnote76sym\" id=\"sdfootnote76anc\"><sup>76<\/sup><\/a>. Y en consonancia con los movimientos b\u00edblicos, lit\u00fargico, mariano, etc., los Papas hablan cada vez con m\u00e1s frecuencia de la Sagrada Escritura, de la Liturgia, del Rosario, etc., en el ministerio y vida sacerdotales.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El Concilio Vaticano II<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Impulsada por el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia ha sentido la necesidad de verse, a la luz de la fe, tal como Dios la concibe en sus eternos designios de salvaci\u00f3n. En el centro mismo de esta reflexi\u00f3n se encuentra el sacerdocio, que el Concilio estudia directamente en las Constituciones Dogm\u00e1ticas <em>Lumen Gentium<a href=\"#sdfootnote77sym\" id=\"sdfootnote77anc\"><sup>77<\/sup><\/a> <\/em>y <em>Sacrosanctum Concilium<a href=\"#sdfootnote78sym\" id=\"sdfootnote78anc\"><sup>78<\/sup><\/a> <\/em>y en los Decretos <em>Christus Dominus<a href=\"#sdfootnote79sym\" id=\"sdfootnote79anc\"><sup>79<\/sup><\/a><\/em>, <em>Presbyterorum Ordinis<a href=\"#sdfootnote80sym\" id=\"sdfootnote80anc\"><sup>80<\/sup><\/a>,<\/em> <em>Optatam totius<a href=\"#sdfootnote81sym\" id=\"sdfootnote81anc\"><sup>81<\/sup><\/a>, Unitatis redintegratio<a href=\"#sdfootnote82sym\" id=\"sdfootnote82anc\"><sup>82<\/sup><\/a> <\/em>y <em>Ad gentes<a href=\"#sdfootnote83sym\" id=\"sdfootnote83anc\"><sup>83<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II presenta el sacerdocio como respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral. Pero su planteamiento ofrece la gozosa posesi\u00f3n de los luminosos horizontes que vislumbr\u00e1bamos. Ve\u00e1moslo, dentro de la obligada brevedad:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba Afirmaci\u00f3n-clave de la doctrina conciliar sobre el sacerdocio es la de la Iglesia \u00abSacramento\u00bb<a href=\"#sdfootnote84sym\" id=\"sdfootnote84anc\"><sup>84<\/sup><\/a>. Todo cristiano, por su bautismo, es testigo de Cristo, de cuya \u00abfunci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real\u00bb participa<a href=\"#sdfootnote85sym\" id=\"sdfootnote85anc\"><sup>85<\/sup><\/a>. \u00abNo se da, por tanto, miembro alguno que no tenga parte en la misi\u00f3n de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote86sym\" id=\"sdfootnote86anc\"><sup>86<\/sup><\/a>. Ahora bien, \u00abde entre los mismos fieles instituy\u00f3 a algunos por ministros, que en la sociedad de los creyentes poseyeran la sagrada potestad del orden para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempe\u00f1aran p\u00fablicamente el oficio sacerdotal por los hombres en nombre de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote87sym\" id=\"sdfootnote87anc\"><sup>87<\/sup><\/a>. Obispos y presb\u00edteros, aqu\u00e9llos por la consagraci\u00f3n episcopal, \u00e9stos por la ordenaci\u00f3n presbiteral, a\u00f1aden un t\u00edtulo nuevo, a saber: ser signo e instrumento de Cristo, actuar \u00aben su nombre y con su poder\u00bb<a href=\"#sdfootnote88sym\" id=\"sdfootnote88anc\"><sup>88<\/sup><\/a>, ser testigos de Cristo en cuanto Cabeza y Buen Pastor<a href=\"#sdfootnote89sym\" id=\"sdfootnote89anc\"><sup>89<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Obispos y presb\u00edteros \u00bfc\u00f3mo participan de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna su Cuerpo? \u00abEnviados los Ap\u00f3stoles, como \u00c9l fuera enviado por su Padre, Cristo, por medio de los mismos Ap\u00f3stoles, hizo part\u00edcipes de su propia consagraci\u00f3n y misi\u00f3n a los sucesores de aqu\u00e9llos, que son los Obispos, cuyo cargo ministerial, en grado subordinado, fue encomendado a los presb\u00edteros\u00bb<a href=\"#sdfootnote90sym\" id=\"sdfootnote90anc\"><sup>90<\/sup><\/a>. Unos y otros participan \u00aben el grado propio de su ministerio, del oficio del \u00fanico Mediador, Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote91sym\" id=\"sdfootnote91anc\"><sup>91<\/sup><\/a>, participan \u00aben el ministerio mismo de Cristo\u00bb para edificar la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba Otra idea teol\u00f3gica base de la doctrina conciliar sobre el sacerdocio es la sacramentalidad del episcopado. \u00abLa consagraci\u00f3n episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere tambi\u00e9n los oficios de ense\u00f1ar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y los miembros del Colegio\u00bb<a href=\"#sdfootnote92sym\" id=\"sdfootnote92anc\"><sup>92<\/sup><\/a>. \u00abLos presb\u00edteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los obispos en el ejercicio de su potestad, est\u00e1n, sin embargo, unidos con ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del orden, han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, a imagen de Cristo, uno y eterno Sacerdote (Hb 5,1-10; 7,24; 9,11-28), para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino\u00bb<a href=\"#sdfootnote93sym\" id=\"sdfootnote93anc\"><sup>93<\/sup><\/a>. La llamada de Cristo a la caridad pastoral comprende las tres funciones: magisterial, santificadora y de gobierno. La misi\u00f3n divina se transmite y confiere por el sacramento del orden. Las tres funciones son potestad de orden. Toda funci\u00f3n sacerdotal es sacramental. El ejercicio de la misi\u00f3n divina se regula por la misi\u00f3n can\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba Para la inteligencia del sacerdocio como respuesta del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral, es tambi\u00e9n afirmaci\u00f3n-clave del Vaticano II la de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb de los obispos entre s\u00ed y con el Papa (colegialidad), y la de los presb\u00edteros de cada iglesia particular con su obispo (presbiterio). No hay equiparaci\u00f3n entre Colegio Episcopal y Presbiterio; la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica es de distinta naturaleza, como todos sabemos. Pero en uno y otro caso queda excluida la concepci\u00f3n individualista del sacerdote (sea obispo, sea presb\u00edtero) y de su ejercicio ministerial.<\/p>\n\n\n\n<p>La llamada de Cristo a la caridad pastoral tiene dimensi\u00f3n universal: \u00abLos obispos todos, como miembros del Cuerpo episcopal, sucesor del Colegio de los Ap\u00f3stoles, han sido consagrados no s\u00f3lo para una di\u00f3cesis determinada, sino para la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote94sym\" id=\"sdfootnote94anc\"><sup>94<\/sup><\/a>. \u00abEl don espiritual que los presb\u00edteros recibieron en la ordenaci\u00f3n no los prepara a una misi\u00f3n limitada y restringida, sino a la misi\u00f3n universal y ampl\u00edsima de salvaci\u00f3n \u201chasta lo \u00faltimo de la tierra\u201d (Hch 1, 8), pues cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misi\u00f3n confiada por Cristo a los Ap\u00f3stoles\u00bb<a href=\"#sdfootnote95sym\" id=\"sdfootnote95anc\"><sup>95<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n can\u00f3nica vendr\u00e1 a delimitar el ejercicio de la triple funci\u00f3n sagrada, la cual por su naturaleza est\u00e1 ordenada a la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>4\u00ba El car\u00e1cter propio de la llamada de Cristo a la caridad pastoral espec\u00edficamente episcopal viene se\u00f1alado en la doble condici\u00f3n del obispo como miembro del Colegio episcopal<a href=\"#sdfootnote96sym\" id=\"sdfootnote96anc\"><sup>96<\/sup><\/a> y como \u00abvicario y legado de Cristo\u00bb, \u00abno del Romano Pont\u00edfice\u00bb, en la iglesia particular que le ha sido encomendada<a href=\"#sdfootnote97sym\" id=\"sdfootnote97anc\"><sup>97<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter propio de la llamada de Cristo a la caridad pastoral espec\u00edficamente presbiteral viene se\u00f1alado por la cu\u00e1druple relaci\u00f3n del presb\u00edtero, a saber: con Cristo, con su obispo, con los dem\u00e1s presb\u00edteros y con los fieles<a href=\"#sdfootnote98sym\" id=\"sdfootnote98anc\"><sup>98<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>5\u00ba As\u00ed aparece la imagen del sacerdote como padre y pastor. El sacerdocio es la respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral. Es la caridad al estilo del Buen Pastor (Jn 10, 11-16). Esta caridad pastoral es el motor de la vida sacerdotal: \u00abal regir y apacentar al Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a dar su vida por sus ovejas y a estar preparados para el sacrificio supremo\u00bb<a href=\"#sdfootnote99sym\" id=\"sdfootnote99anc\"><sup>99<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>6\u00ba Estas perspectivas del Vaticano II marcan la espiritualidad sacerdotal plenamente como caridad de buen pastor: \u00abdesempe\u00f1ando la funci\u00f3n del Buen Pastor, encontrar\u00e1n en el ejercicio mismo de la caridad pastoral el v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n sacerdotal que reduce a unidad su vida y acci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote100sym\" id=\"sdfootnote100anc\"><sup>100<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La s\u00edntesis entre acci\u00f3n y vida interior se lograr\u00e1 en la imitaci\u00f3n, configuraci\u00f3n y seguimiento de Cristo, Buen Pastor. \u00abAl proclamar la Palabra se unir\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente con Cristo Maestro&#8230; Al unirse (en el sacrificio eucar\u00edstico) al acto de Cristo sacerdote, se ofrecen por entero a Dios&#8230; Al administrar los sacramentos se unen a la intenci\u00f3n y caridad de Cristo&#8230; Al recitar el oficio divino prestan su voz a la Iglesia, que persevera en la oraci\u00f3n, juntamente con Cristo&#8230; Al regir y apacentar al Pueblo de Dios, practican la ascesis propia del pastor de almas&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote101sym\" id=\"sdfootnote101anc\"><sup>101<\/sup><\/a>. \u00abCristo permanece siempre principio y fuente de la unidad de vida de sus ministros\u00bb<a href=\"#sdfootnote102sym\" id=\"sdfootnote102anc\"><sup>102<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Es respuesta distinta de la que da el religioso<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El sacerdocio, respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral, es una respuesta distinta de la que da el religioso con la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, en un instituto reconocido oficialmente por la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Define al religioso esa profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, esa entrega, estable y definitiva, a Cristo por medio de los votos o de otros sagrados v\u00ednculos. El religioso sigue a Cristo, virgen, pobre y obediente hasta la muerte de cruz. El religioso responde a la llamada de Cristo a la caridad perfecta por los consejos evang\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al diferenciar la vocaci\u00f3n sacerdotal de la religiosa, definiendo aqu\u00e9lla como respuesta a la llamada de Cristo a la caridad pastoral, podr\u00eda parecer que se niega funci\u00f3n eclesial al estado religioso. Nada m\u00e1s lejos de la realidad. Los religiosos, \u00abmovidos por la caridad, que el Esp\u00edritu Santo derrama en sus corazones (Rm 5, 5), viven m\u00e1s y m\u00e1s para Cristo y su Cuerpo, que es la Iglesia (Col 1, 24). Ahora bien, cuanto m\u00e1s fervientemente se unen con Cristo por esa donaci\u00f3n de s\u00ed mismos, que abarca la vida entera, tanto m\u00e1s feraz se hace la vida de la Iglesia y m\u00e1s vigorosamente se fecunda su apostolado\u00bb<a href=\"#sdfootnote103sym\" id=\"sdfootnote103anc\"><sup>103<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"7\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Don Enrique de Oss\u00f3 y la literatura sacerdotal posterior a \u00e9l<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Larga, pero necesaria, ha sido la presentaci\u00f3n del sacerdocio. Con ella nos hemos asomado al ampl\u00edsimo horizonte de la riqu\u00edsima literatura sacerdotal que aparece desde la \u00e9poca de don Enrique hasta nuestros d\u00edas<a href=\"#sdfootnote104sym\" id=\"sdfootnote104anc\"><sup>104<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El 21 de septiembre de 1867 don Enrique era ordenado sacerdote. En Montserrat, catedral de las monta\u00f1as, el d\u00eda 6, primer domingo de octubre, fiesta de la Virgen del Rosario, celebr\u00f3 su primera Misa. Desde aquella fecha, la reflexi\u00f3n de la Iglesia sobre el sacerdocio ha proliferado en abundant\u00edsimos escritos sobre la m\u00e1s profunda intimidad de su ser, de su misi\u00f3n, de sus relaciones, de sus poderes y de sus exigencias. Contemplamos con gozo frutos tan ub\u00e9rrimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas al estudiar el fecundo sacerdocio de don Enrique, no buscamos establecer un paralelismo entre su vida sacerdotal (realizada en circunstancias hist\u00f3ricas concretas) y la posterior doctrina sobre el sacerdocio; equivaldr\u00eda a olvidar los progresos de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. Comprobaremos, s\u00ed, la plena identidad de l\u00edneas fundamentales que est\u00e1n a la base del sacerdocio; son los valores perennes, que revisten diversas formas en consonancia con las usanzas sociales, con la sensibilidad de los pueblos, con los modos de expresi\u00f3n. Pasan los elementos caducos, las pr\u00e1cticas y tareas apost\u00f3licas que, en cada tiempo, parecen apropiadas para expresar la naturaleza y espiritualidad pastoral del sacerdocio, y que, en \u00e9pocas posteriores, parecen insuficientes o inadecuadas, porque est\u00e1n vinculadas a esquemas socio-culturales del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil al hombre llegar al fondo de los oc\u00e9anos. Sin embargo, ha conseguido medir la profundidad de tales abismos. Las ondas sonoras han sido el medio que ha permitido aquellas maravillosas mensuras. Pues bien, oc\u00e9ano insondable es el sacerdocio: s\u00f3lo la mirada infinita de Dios ve sus secretos, manifestados a nosotros en Cristo y por Cristo, \u00ab\u00fanico y eterno Sacerdote\u00bb<a href=\"#sdfootnote105sym\" id=\"sdfootnote105anc\"><sup>105<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida y escritos de don Enrique de Oss\u00f3, a la manera de las ondas sonoras, nos llevan a descubrir, plasmados dentro del marco y circunstancias hist\u00f3ricas de sus l\u00edmites cronol\u00f3gicos, los secretos del sacerdocio, revelados por Cristo y los Ap\u00f3stoles, y cre\u00eddos en la Iglesia con creciente comprensi\u00f3n, que le viene del estudio, la reflexi\u00f3n, la contemplaci\u00f3n, la vivencia y, sobre todo, la proposici\u00f3n del Magisterio eclesi\u00e1stico.<a href=\"#sdfootnote106sym\" id=\"sdfootnote106anc\"><sup>106<\/sup><\/a> Toca a \u00e9ste garantizar la legitimidad de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica y la validez de una existencia sacerdotal. Proclama aqu\u00e9lla mediante la aprobaci\u00f3n y recomendaci\u00f3n de escritos; autoriza \u00e9sta mediante la beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La beatificaci\u00f3n del Venerable don Enrique de Oss\u00f3 sanciona no el marco socio-cultural de su vida sacerdotal, sino el \u00abesp\u00edritu\u00bb sacerdotal que anim\u00f3 aquellas formas concretas de su existencia. Los marcos socio-culturales se suceden inexorablemente; el \u00abesp\u00edritu\u00bb sacerdotal permanece, pues de \u00e9l Cristo, Buen Pastor, es Divino Maestro y Modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Apliquemos las finas y preciosas ondas sonoras a ese vasto oc\u00e9ano, que fue el coraz\u00f3n del insigne sacerdote Oss\u00f3. Su sacerdocio, \u2013su participaci\u00f3n en el Sacerdocio de Cristo\u2013, vivido con la mayor fidelidad y la m\u00e1s amorosa entrega, es paradigma y lecci\u00f3n siempre y en todo lugar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Don Enrique, una figura sacerdotal del siglo XIX<\/h2>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El siglo XIX espa\u00f1ol en los a\u00f1os de D. Enrique<\/li>\n\n\n\n<li>S\u00edntesis de urgencia<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Si alguno desea un retrato del siglo XIX espa\u00f1ol, pi\u00e9rdase en la enmara\u00f1ada selva de publicaciones con los juicios m\u00e1s dispares<a href=\"#sdfootnote107sym\" id=\"sdfootnote107anc\"><sup>107<\/sup><\/a>. Aqu\u00ed pretendo s\u00f3lo abocetar una s\u00edntesis de urgencia sobre el marco hist\u00f3rico, cuyo conocimiento es imprescindible para la comprensi\u00f3n de la actividad sacerdotal de don Enrique, catequista y pedagogo; predicador de misiones y Ejercicios; publicista, escritor y propagandista con sentido moderno; fundador de una Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa para educar en la fe; precursor en el aprecio del valor de la mujer; adelantado en t\u00e9cnicas pedag\u00f3gicas; pionero de la penetraci\u00f3n en el mundo de la universidad y de la cultura; entusiasta creador de asociaciones que preceden, en el tiempo, a la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y a los modernos apostolados; enamorado del Papa, de la Iglesia y de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique nace en 1840 (dos meses despu\u00e9s de terminada la primera guerra carlista), y muere en 1896. En el tel\u00f3n de fondo de esos cincuenta y seis a\u00f1os contemplamos a Espa\u00f1a como una selva de partidos, luchas, conspiraciones, pronunciamientos, guerrillas, tendencias desconcertantes y paralizadoras<a href=\"#sdfootnote108sym\" id=\"sdfootnote108anc\"><sup>108<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s de ser ordenado sacerdote estalla la Revoluci\u00f3n, llamada \u00abla Gloriosa\u00bb. Inmediatamente, libertad de cultos, de imprenta, de ense\u00f1anza, de asociaci\u00f3n y reuni\u00f3n, sufragio universal&#8230; Lo malo fue ese est\u00fapido sectarismo con que siempre se ha manifestado la revoluci\u00f3n en Espa\u00f1a: en seguida se expulsaba a los Jesuitas y dem\u00e1s Ordenes religiosas, se derribaban iglesias, se inventariaban los tesoros art\u00edsticos de los templos con miras a una incautaci\u00f3n general, corr\u00edan de mano en mano publicaciones soeces y pornogr\u00e1ficas, se ridiculizaba p\u00fablicamente la religi\u00f3n, se calumniaba al clero.<\/p>\n\n\n\n<p>Rota la unidad cat\u00f3lica; legalmente permitida la actuaci\u00f3n, aunque privada, de las sectas y grupos heterodoxos; frondosas y bien cuajadas de frutos algunas ramas del \u00e1rbol del liberalismo, el campo de la ense\u00f1anza aparece minado por catedr\u00e1ticos y maestros que se adher\u00edan con entusiasmo a las nuevas doctrinas de la filosof\u00eda krausista<a href=\"#sdfootnote109sym\" id=\"sdfootnote109anc\"><sup>109<\/sup><\/a>, importada por Sanz del R\u00edo, y las propagaban con ardor. A su calor fund\u00f3 Giner de los R\u00edos, en 1876, la Instituci\u00f3n Libre de Ense\u00f1anza<a href=\"#sdfootnote110sym\" id=\"sdfootnote110anc\"><sup>110<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique durante su vida sacerdotal alcanz\u00f3 dos Pontificados; el de P\u00edo IX y el de Le\u00f3n XIII. Despojados de los Estados Pontificios, prisioneros el uno y el otro, recib\u00edan los dardos envenenados de la impiedad y del liberalismo mas\u00f3nico. Los fieles sufr\u00edan con el Papa.<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a, desde la Revoluci\u00f3n de septiembre de 1868 hasta la Restauraci\u00f3n proclamada por Mart\u00ednez Campos en 1875, no hubo m\u00e1s que discursos, atentados, algunos buenos prop\u00f3sitos, insultos, intrigas y, sobrenadando como n\u00e1ufragos a medio vestir, una regencia por dos veces instalada y sostenida por el Duque de la Torre, un Rey extranjero buscado en las Cortes de Europa como quien busca un diamante en una mina y una Rep\u00fablica cortejada por cuatro Presidentes, cada uno de los cuales la quer\u00eda con una cara distinta.<\/p>\n\n\n\n<p>La Restauraci\u00f3n de la monarqu\u00eda borb\u00f3nica (1875) y la rector\u00eda pol\u00edtica de C\u00e1novas del Castillo frenaron, s\u00ed, los \u00edmpetus de la Revoluci\u00f3n, pero no supieron cegar las fuentes de la misma. En 1876 entr\u00f3 en vigor la Constituci\u00f3n de los Notables, llamada as\u00ed por la eximia calidad de los que la hab\u00edan redactado. No se conced\u00eda en ella la libertad de cultos, sino \u00fanicamente la tolerancia, y \u00e9sta con la condici\u00f3n de que todos, excepto el de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, se celebrasen privadamente. Juntamente con el culto, se toleraba tambi\u00e9n la ense\u00f1anza y pod\u00edan abrirse escuelas privadas en las cuales se diera toda clase de instrucci\u00f3n en el orden moral y religioso. Sectas protestantes e hijos de la Instituci\u00f3n Libre se apresuraron a crear centros de ense\u00f1anza. El Arzobispo de Granada, con sus sufrag\u00e1neos, advert\u00eda a las Cortes del peligro de que tales escuelas, \u00abm\u00e1s que para instruir y educar hijos de padres disidentes, servir\u00edan quiz\u00e1 para pervertir e inficionar con el veneno del error a muchos hijos inocentes de ciertos padres cat\u00f3licos, o tibios en la fe y descuidados en sus deberes religiosos, o poco advertidos y demasiado sencillos y confiados en vanas apariencias y halag\u00fce\u00f1as promesas\u00bb<a href=\"#sdfootnote111sym\" id=\"sdfootnote111anc\"><sup>111<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En febrero de 1881 Sagasta y los centralistas suceden en el poder a C\u00e1novas del Castillo. El nuevo Gobierno deroga la Circular del 26 de febrero de 1875, que prohib\u00eda a los catedr\u00e1ticos y maestros de los centros docentes manifestar ideas contrarias a la religi\u00f3n y a la monarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En los primeros meses del a\u00f1o 1883 el campo andaluz, y particularmente la rica campi\u00f1a de Jerez, se ven perturbados por las violentas agitaciones que produce la asociaci\u00f3n de la \u00abMano Negra\u00bb, al proclamar de la manera m\u00e1s radical los principios del colectivismo agrario.<\/p>\n\n\n\n<p>De nuevo aparece C\u00e1novas en el poder, en 1884, y da la Cartera de fomento a Pidal, jefe de la Uni\u00f3n Cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>El fermento del laicismo y la masoner\u00eda se propagaban con terrible rapidez. Al inaugurarse el curso acad\u00e9mico en la Universidad Central, lee el discurso de apertura el c\u00e9lebre Morayta, quien se manifiesta en tonos fuertemente heterodoxos, no obstante estar presente el propio Pidal. Se conmemora con solemnidad, en Madrid, el centenario del fraile ap\u00f3stata Giordano Bruno. Peri\u00f3dicos y revistas, como \u00abLas dominicales del Libre Pensamiento\u00bb (Madrid), \u00abEl Mot\u00edn\u00bb (Madrid), \u00abEl Manifiesto\u00bb (C\u00e1diz), \u00abLa Revelaci\u00f3n\u00bb (Alicante), \u00abEl Garrote\u00bb (\u00c1vila), \u00abEl Fusilis\u00bb (Barcelona), etc., hacen estragos irreparables en el pueblo; pululan enfurecidos e insidiosos ataques a la religi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El 25 de noviembre de 1885, Alfonso XII mor\u00eda, consumido por la tuberculosis.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la regencia de la Reina Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina siguen las luchas de los partidos pol\u00edticos que se turnan y suceden en el poder haci\u00e9ndose, unas veces, mutuas concesiones, y declar\u00e1ndose otras, implacable hostilidad. En el seno de cada uno son frecuentes las rebeliones y discordias dando lugar a la acostumbrada proliferaci\u00f3n de grupos y grupitos, que contribuyen a la esterilidad y el desconcierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cat\u00f3licos contin\u00faan faltos de unidad y de concordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Iglesias se lanza a una propaganda tenaz e inteligente entre los medios obreros, cuyos frutos se har\u00e1n sentir muy pronto. Por primera vez, en 1890, se celebra el 1 de mayo la Fiesta del Trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estallan huelgas y motines callejeros. En Barcelona, sede del anarquismo espa\u00f1ol, se producen los primeros atentados, a veces con numerosas v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas se ha salido de la guerra de Melilla de 1893, cuando empiezan a percibirse los s\u00edntomas de la cat\u00e1strofe que irremediablemente se producir\u00e1 en Cuba y Filipinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique muere en 1896.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Don Enrique, sacerdote siempre<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Aunque sea adelantando una sencilla pincelada de su personalidad, parece obligado que a la visi\u00f3n panor\u00e1mica de su \u00e9poca acompa\u00f1e la presentaci\u00f3n, tambi\u00e9n panor\u00e1mica, de su actitud sacerdotal frente a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabemos qu\u00e9 ideas pol\u00edticas tuviera don Enrique. No sabemos que las tuviera de ninguna clase. Me indico a creer que este no saberlo obedece a que efectivamente no las tuvo. Afirmo esto, bien advertido de que en su \u00e9poca abundaban \u2013mucho m\u00e1s que ahora\u2013 los sacerdotes que ten\u00edan ideas pol\u00edticas, esto es, preferencias por un determinado sistema de gobierno y concretamente por un determinado partido.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique no es un pol\u00edtico ni un soci\u00f3logo. Es sencillamente un sacerdote, un hombre de Dios, que atribuye la m\u00e1xima importancia a la soluci\u00f3n que invariable y perpetuamente ofrece el cristianismo a los hombres y a los pueblos: el sentido sobrenatural de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Conocedor de la situaci\u00f3n real, busca los remedios sin salirse jam\u00e1s de las coordenadas sacerdotales. Para ayudar a eliminar los males sociales ofrece el camino certero de la profunda vida espiritual. Las agitaciones pol\u00edtico-sociales pasan sobre \u00e9l como el eslab\u00f3n sobre el pedernal: sacando fuego. Es el fuego de los enamorados hijos de la Iglesia, que, en el ambiente revolucionario de la \u00e9poca que les toca vivir, se acuerdan de que la gran revoluci\u00f3n se obr\u00f3 hace veinte siglos y luchan con intrepidez. Entre ellos don Enrique ocupa un puesto brillant\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Breve semblanza de don Enrique de Oss\u00f3<\/li>\n\n\n\n<li>Su vida<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p><em><strong>Nacimiento y bautismo<\/strong><\/em> (1840). A orillas del Ebro, entre olivares y vi\u00f1edos, en Vinebre, pueblecito pintoresco de la provincia de Tarragona y de la di\u00f3cesis de Tortosa, a las siete de la noche del diecis\u00e9is de octubre de 1840 (seg\u00fan la partida bautismal), naci\u00f3 ENRIQUE ANTONIO, tercer y \u00faltimo hijo de los c\u00f3nyuges Jaime de Oss\u00f3 Catal\u00e1 y de Micaela Cervell\u00f3 Jov\u00e9. Al d\u00eda siguiente fue bautizado por el presb\u00edtero Lorenzo Beltr\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, en unos brev\u00edsimos apuntes autobiogr\u00e1ficos que, por mandato de su confesor, escribi\u00f3 don Enrique, \u00e9ste consignar\u00e1 con frecuencia: \u00abFue el d\u00eda 15, hijo m\u00edo, fue el d\u00eda 15 y no el 16, cuando viste la luz primera\u00bb. \u00a115 de octubre!, buen augurio de protecci\u00f3n teresiana.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Ni\u00f1ez en Vinebre<\/strong><\/em> (1840-52). En los citados apuntes autobiogr\u00e1fico\u00bb dice de s\u00ed: \u00abMe ha tocado en suerte un alma buena, buenos padres, madre piadosa y santos abuelos&#8230; Era muy aficionado a cosas de iglesia, ayudar a Misa, cantar en el coro&#8230; En la escuela fui siempre de los primeros, el maestro me quer\u00eda mucho, no s\u00e9 que nunca me pegara o me castigara\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Quer\u00eda ser maestro, maestro de escuela. Su madre \u2013\u00a1santa de verdad!\u2013 le inculcaba la vocaci\u00f3n sacerdotal. El peque\u00f1o contestaba con invariable firmeza: \u00abNo, no; yo quiero ser maestro\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Primera Comuni\u00f3n<\/strong><\/em> (1852). Llevado por su padre a Quinto de Ebro (Zaragoza) para que, al lado de su t\u00edo, comerciante de tejidos, empezara a adiestrarse en el arte del comercio, Enrique enferm\u00f3 gravemente. Su t\u00edo juzg\u00f3 llegado el momento de que recibiera los Santos Sacramentos. Y recibi\u00f3 al Se\u00f1or. Su Primera Comuni\u00f3n, por Vi\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Aprendiz de comerciante en Reus<\/strong><\/em> (1853-54). En 1853 se traslada a Reus para servir en la casa de comercio de don Pedro de Ortal. Reus, la que, en el siglo anterior, con m\u00e1s de quinientos telares, hab\u00eda sido la segunda ciudad del Principado catal\u00e1n, ofrece al adolescente Enrique campos f\u00e1ciles de libertinaje y desenfreno. Enrique no olvida los consejos de su madre. Se confiesa con frecuencia en la Capilla de los Dolores; compra y lee libros piadosos sobre la Virgen de Montserrat; se entretiene con las obras de Santa Teresa de Jes\u00fas, regalo de su t\u00eda Mariana.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>La muerte de su madre<\/strong><\/em> (15 septiembre 1854). Regresa a Vinebre r\u00e1pidamente. Su madre est\u00e1 en agon\u00eda, v\u00edctima del c\u00f3lera. El 15 de septiembre de 1854, do\u00f1a Micaela entreg\u00f3 su alma al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>La huida a Montserrat<\/strong><\/em> (octubre de 1854). Enterrada la madre, Enrique regresa a Reus, pero por muy pocos d\u00edas. Sin decir nada a nadie, desaparece. \u00abMe marcho \u2013escribe a su padre\u2013, &#8230; la gloria y servicio de mi Eterno Padre han motivado mi ausencia\u00bb. A pie, sin dinero, despu\u00e9s de cambiar sus ropas con las de un pobre ni\u00f1o mendigo, subi\u00f3 a Montserrat a ofrecerse a la Virgen. All\u00ed permaneci\u00f3 cinco o seis d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>La vocaci\u00f3n sacerdotal<\/strong><\/em> (octubre de 1854). En Montserrat le encontr\u00f3 su hermano Jaime. Los libros y folletos hallados en la maleta de Enrique le pusieron en pista. Jaime trat\u00f3 de convencerle para que desistiera de aquella resoluci\u00f3n; pero en vano. La semilla sembrada por do\u00f1a Micaela ha echado ondas ra\u00edces. Conmovido, Jaime promete ayudarle para conseguir el permiso paterno. Y juntos emprendieron el camino de Vinebre. Era octubre de 1854.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>En el Seminario<\/strong><\/em> (1854-67). <em><strong>Lat\u00edn y Humanidades<\/strong><\/em> (1854-57): En el oto\u00f1o de 1854, vencidas ya las resistencias paternas, se matricul\u00f3 Enrique, como alumno externo, en el Seminario. Asist\u00eda a las clases del Colegio de San Mat\u00edas<a href=\"#sdfootnote112sym\" id=\"sdfootnote112anc\"><sup>112<\/sup><\/a>, de Tortosa.<\/p>\n\n\n\n<p>En el aspecto humano, Enrique es animoso, lleno de ideal, alegre, nunca hura\u00f1o ni hosco; juega maravillosamente a la pelota; no le cansan los largos paseos ni las duras ascensiones a las cumbres de los montes. Muy artista, sent\u00eda gran afici\u00f3n a la m\u00fasica y al dibujo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el aspecto espiritual brillaba su piedad. Cuando, en los seminarios, por prescripci\u00f3n reglamentaria, se comulgaba una vez al mes, Enrique recib\u00eda todos los domingos los sacramentos de Penitencia y Eucarist\u00eda. Diariamente se levantaba a las seis de la ma\u00f1ana. Despu\u00e9s de una hora de oraci\u00f3n mental, o\u00eda misa. Antes de comer, visitaba a Jes\u00fas Sacramentado en la capilla del Sagrario de la Catedral. Todos los d\u00edas hac\u00eda lectura espiritual y rezaba el Santo Rosario. Su antigua devoci\u00f3n a Santa Teresa crec\u00eda con las c\u00e1lidas exhortaciones del d\u00f3mine Serra, uno de sus Profesores. Ten\u00eda confesor fijo: don Gabriel Duch<a href=\"#sdfootnote113sym\" id=\"sdfootnote113anc\"><sup>113<\/sup><\/a>, p\u00e1rroco de la Catedral. \u00abCon \u00e9l me fue muy bien: hac\u00eda alguna penitencia, pocas pod\u00eda, y me confesaba a menudo\u00bb, escribe en su autobiograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 podemos decir de su formaci\u00f3n intelectual en este tiempo? Fue tal la aplicaci\u00f3n y la formalidad con que se entreg\u00f3 al estudio que hizo en tres a\u00f1os los cuatro cursos de Lat\u00edn y Humanidades.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Filosof\u00eda<\/strong><\/em> (1857-60): En octubre de 1857 comienza a estudiar Filosof\u00eda, como alumno interno, en el Seminario de Tortosa. Estas breves pinceladas le retratan: Obtiene excelentes calificaciones; se hace miembro de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal, manifestando, en sus visitas a los pobres, gran esp\u00edritu de caridad, discreci\u00f3n y delicadeza; durante las vacaciones veraniegas, con reuniones en las dependencias bajas de su casa, con excursiones al campo, con visitas a la ermita de San Miguel, con rilas de estampas, libros y confites, con preguntas y respuestas, con cantos&#8230; hace crecer en los ni\u00f1os el conocimiento y amor de la fe cristiana; su horario de verano incluye oraci\u00f3n y misa diarias, confesi\u00f3n y comuni\u00f3n semanal, visita diaria al Sant\u00edsimo, rezo del Rosario en la iglesia o en familia, sin que para ello fuera obst\u00e1culo el haberlo ya rezado con los ni\u00f1os; sus lecturas preferidas son las obras de Fray Luis de Le\u00f3n, el Padre Granada y, particularmente, de Santa Teresa, que no se le ca\u00edan de las manos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>F\u00edsica y Qu\u00edmica<\/strong><\/em> (1860-61): Su padre, aconsejado sin duda por alguno de los profesores, decidi\u00f3 enviarle a Barcelona para que cursara F\u00edsica y Qu\u00edmica con el c\u00e9lebre doctor Arb\u00f3s. Tan notable fue su aprovechamiento que, m\u00e1s de una vez, lleg\u00f3 a suplir, en las funciones de c\u00e1tedra, al eminente qu\u00edmico cuando faltaba obligado por sus desplazamientos. Enrique, dadas las cualidades superiores de su inteligencia, pudo con facilidad alcanzar el ejercicio de la ense\u00f1anza universitaria. Eran otras sus aspiraciones. La vocaci\u00f3n sacerdotal es para \u00e9l la estrella, la br\u00fajula, la fuerza de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Teolog\u00eda<\/strong><\/em> (1861-67): Al estudio de la Teolog\u00eda (Dogma, Moral, Historia y disciplina eclesi\u00e1stica, etc.) dedic\u00f3 seis cursos: dos (1861-63) en Tortosa; tres (1863-66) en Barcelona y uno m\u00e1s (1866-67) de nuevo en Tortosa.<\/p>\n\n\n\n<p>De sus dos primeros cursos como seminarista te\u00f3logo, recogemos, en esta marcha r\u00e1pida que es una breve semblanza, s\u00f3lo dos testimonios: \u00abNunca en mis largos a\u00f1os de profesorado \u2013dec\u00eda don Pablo Foguet\u2013 he tenido un disc\u00edpulo tan brillante como Oss\u00f3\u00bb. Id\u00e9nticos elogios hac\u00eda don Bernardo L\u00e1zaro que distingui\u00f3 a Enrique con la calificaci\u00f3n de \u00absobresaliente\u00bb, \u00fanica \u00abque se dio aquel curso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus a\u00f1os de seminarista en Barcelona (1863-66) exigen una exposici\u00f3n m\u00e1s amplia, pues dejaron honda huella en el alma de Enrique.<\/p>\n\n\n\n<p>La populosa e inquieta Barcelona distaba mucho de ser aquel viejo y tranquilo rinc\u00f3n de Tortosa. Un mayor contacto con el mundo, ambientes y realidades, se ofrece a Enrique, quien medita despacio en las posibles dimensiones de un sacerdocio al que ha de entregarse con ilusi\u00f3n y sin ligereza.<\/p>\n\n\n\n<p>Cl\u00e9rigo y con las \u00f3rdenes menores desde 1865, recibe en mayo de 1866 el subdiaconado. Director de los Ejercicios Espirituales para el subdiaconado fue San Antonio Mar\u00eda Claret, el gran misionero lleno de fuego, el confesor de Isabel II. Enrique habl\u00f3 largamente con aquel hombre extraordinario. Nunca olvid\u00f3 esta entrevista; la record\u00f3 siempre como quien evoca la fuerza de un torrente que engendra energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Seminario de Barcelona perteneci\u00f3 a la Academia de San Juan Cris\u00f3stomo, de la que formaban parte alumnos bien dotados de facultades oratorias. En ella se preparaban esmeradamente para el ministerio de la predicaci\u00f3n sagrada. Se va perfilando su \u00abvocaci\u00f3n espec\u00edfica\u00bb dentro del sacerdocio. Una vez m\u00e1s, se adivina al futuro predicador, misionero, pedagogo y catequista.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro dato muy significativo es que Enrique, en esta \u00e9poca, ya no pasa en Vinebre sus vacaciones veraniegas. Tras unos d\u00edas de estancia en el pueblo natal para saludar a su familia y amistades, se encaminaba r\u00e1pidamente al Desierto de las Palmas, junto a Benicasim, en la provincia de Castell\u00f3n. En el convento de carmelitas descalzos, dentro de la m\u00e1s rigurosa vida de comunidad, preparaba su alma con la oraci\u00f3n y el estudio. Despu\u00e9s, durante toda su vida, llena de vertiginosa actividad, sigui\u00f3 viniendo a este retiro cada vez que se dispon\u00eda a alguna de sus m\u00faltiples empresas apost\u00f3licas. En vida austera y penitente, a solas con Dios, cargaba de energ\u00eda divina su esp\u00edritu sacerdotal. Los ricos tesoros de sus abundantes actividades reclamaban el silencio y la soledad con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Termina sus estudios en Barcelona con notas brillantes. Pero no opta por los grados acad\u00e9micos. Su padre lo deseaba, sus t\u00edos se lo ped\u00edan, sus profesores y condisc\u00edpulos le instaban. \u00c9l se neg\u00f3 siempre de una manera rotunda y categ\u00f3rica. Solamente consinti\u00f3 \u2013acaso porque su Prelado y el hecho de pertenecer al claustro de profesores del Seminario lo exigieran as\u00ed\u2013 volver dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en junio del 68, a dar el examen para el bachillerato en Sagrada Teolog\u00eda, grado que obtuvo \u00abnemine discrepante\u00bb. Martorell, condisc\u00edpulo y amigo entra\u00f1able, confes\u00f3, andando el tiempo, haber o\u00eddo a Enrique: \u00abPara procurar y promover el bien, seg\u00fan Dios me lo inspire&#8230;, no necesito grados mayores\u00bb. Con esta humildad y desprendimiento se preparaba para recibir el sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Su \u00faltimo a\u00f1o de seminarista (1866-67) lo pasa en Tortosa. Nombrado por su Obispo, desempe\u00f1a el cargo de profesor de F\u00edsica y Matem\u00e1ticas al tiempo que asiste, como alumno a las clases de Teolog\u00eda. Y en abril de 1867 recibe el diaconado.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Sacerdote. La Primera Misa<\/strong><\/em> (1867). El 21 de septiembre de 1867 era ordenado sacerdote. Aquella santa mujer, su madre Micaela, la que en Vinebre arrull\u00f3 su cuna y cant\u00f3 a sus o\u00eddos canciones de amor; la que le vio marchar con pena a Quinto de Ebro, como aprendiz de comercio; la que, agonizante, taladr\u00f3 la conciencia de su esposo con la \u00faltima s\u00faplica de sus labios mudos: \u00a1que sea sacerdote!, contemplaba, gozosa, desde el cielo, la realidad tan anhelada en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>En Montserrat (\u00a1emotivos recuerdos!), el d\u00eda 6, primer domingo de octubre, fiesta de la Virgen del Rosario, celebra su Primera Misa. Estaban all\u00ed Manuel Domingo y Sol y Juan Bautista Alt\u00e9s que, con Martorell, ya jesuita, hab\u00edan sido sus \u00edntimos en el Seminario y lo ser\u00edan toda la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique, su padre, sus hermanos, sus t\u00edos, sus amigos, todos sienten vivamente la ausencia f\u00edsica de la madre. \u00abS\u00f3lo un vac\u00edo notaba \u2013escribe Enrique\u2013-, la presencia visible, corporal de mi buena madre de este mundo. \u00bfPero qu\u00e9 importa? Estaba all\u00ed presente su esp\u00edritu, alentaba en medio de tan espl\u00e9ndida funci\u00f3n. Al entreabrirse los cielos para bajar por primera vez a mis manos el Hijo de Mar\u00eda, asom\u00e1ronse por sus puertas mis buenas madres, Mar\u00eda Inmaculada, Madre de Dios, y Micaela, mi buena madre de la tierra. Y se gozaron con este nuevo y divino espect\u00e1culo. Raz\u00f3n ten\u00edan. A ellas se deb\u00eda. Les di gracias y siempre he conservado en mi coraz\u00f3n tan dulce recuerdo. \u00a1Benditas Madres m\u00edas Mar\u00eda y Micaela! Todo lo debo a vosotras despu\u00e9s de Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Ministerio sacerdotal<\/strong><\/em> (1867-96). <em><strong>El primer a\u00f1o sacerdotal<\/strong><\/em> (1867-68): Atado ya para siempre al Se\u00f1or, con el alma llena de esperanzas, con el temblor de emoci\u00f3n de quien se siente sacerdote del Alt\u00edsimo, emplea su primer a\u00f1o sacerdotal en el diario y silencioso bregar de las tareas docentes (es profesor de F\u00edsica y Matem\u00e1ticas) en el Seminario. Tambi\u00e9n atiende confesonario, predicaci\u00f3n, catequesis. Terminado el curso, se retira durante una larga temporada, seg\u00fan su costumbre, al Desierto de las Palmas (provincia de Castell\u00f3n), abriendo nuevos surcos en las profundidades del alma.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>En Vinebre<\/strong><\/em> (1868-69), <em><strong>a disposici\u00f3n del Prelado<\/strong><\/em><em>:<\/em> El reci\u00e9n inaugurado curso escolar es interrumpido por el estallido atronador de la Revoluci\u00f3n. El Seminario es ocupado; los seminaristas, enviados a sus casas. La vida religiosa de la ciudad queda desorganizada por completo. Don Enrique, por disposici\u00f3n del Prelado, se encamin\u00f3 a Vinebre y all\u00ed pas\u00f3 el curso 1868-69.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Su sacerdocio a pleno rendimiento<\/strong><\/em> (1869-96): Don Enrique regresa a Tortosa. Se abre el curso 1869-70. Fil\u00f3sofos y te\u00f3logos viven externos. Las clases se dan en el Palacio Episcopal y en algunas casas particulares, cedidas al efecto y s\u00f3lo durante algunas horas por ejemplares familias de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estragos morales y religiosos, causados por la Revoluci\u00f3n en las sencillas gentes del pueblo, eran terribles. La chusma se hab\u00eda apoderado de la calle. Se o\u00edan continuamente blasfemias, gritos injuriosos, canciones deshonestas. Los sacerdotes apenas pod\u00edan ir por la calle si no era exponi\u00e9ndose al insulto y a la pedrada rencorosa. Empezaron a celebrarse matrimonios civiles. Se prohibi\u00f3 llevar p\u00fablica y solemnemente el Vi\u00e1tico a los enfermos, y asistir el clero a los entierros. Aparecieron publicaciones period\u00edsticas escritas con la tinta corrosiva del desenfreno pasional y el ataque virulento a los principios religiosos. Enemigos implacables del catolicismo combat\u00edan sa\u00f1udamente al Papa, a la Iglesia, a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de Espa\u00f1a. En el mundo de la ense\u00f1anza y de la cultura se fomentaba un g\u00e9nero de educaci\u00f3n completamente laico y despojado de todo car\u00e1cter sobrenatural. Ni\u00f1as y ni\u00f1os, chicas y muchachos, mujeres y hombres necesitan al sacerdote. El alma sacerdotal de don Enrique se siente urgida por la llamada de Cristo, Sacerdote. Don Enrique, seg\u00fan la oportunidad requiere, responde con generosidad ilimitada. Poniendo su sacerdocio a pleno rendimiento, don Enrique ser\u00e1 catequista, predicador, publicista, fundador de asociaciones piadosas y creador de una \u00abCompa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb. Es el tema de los pr\u00f3ximos cap\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Muerte de don Enrique<\/strong><\/em> (27 enero 1896). Don Enrique muere, de derrame cerebral fulminante, el 27 de enero de 1896, en el Convento de Sancti Spiritus, de los Padres Franciscanos, en Gilet (Valencia), donde el amador del silencio y de la soledad llevaba retirado veintisiete d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Su caridad pastoral<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil resumir en sencillas pinceladas una personalidad tan compleja y variada como la de don Enrique. En mi libro \u00abEl Venerable don Enrique de Oss\u00f3\u00bb dedico doscientas quince p\u00e1ginas a exponer su fisonom\u00eda interior, car\u00e1cter, virtudes&#8230; A su lectura remito.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, siendo el sacerdocio la respuesta suprema del hombre a la llamada de Cristo a la caridad pastoral, parece obligado, en este art\u00edculo sobre don Enrique sacerdote, a\u00f1adir algunas notas acerca de su caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique concibi\u00f3 su sacerdocio como una consagraci\u00f3n total a Dios y como una lucha constante contra el esp\u00edritu del mal en todas sus formas. La voz de Dios y el clamor de aquellos tiempos azarosos le hicieron aplicar todas sus facultades y por completo al ministerio sacerdotal. Se consum\u00eda de anhelos. Impetuoso e intr\u00e9pido, devorado por el fuego de Cristo Sacerdote, invitaba constantemente a ser santos. Para \u00e9l no hab\u00eda m\u00e1s ambici\u00f3n que extender el conocimiento de Cristo y llevar a los hombres a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Dotado de un ingenio eminentemente pr\u00e1ctico y con capacidad de profunda observaci\u00f3n, era un hombre que lanzaba siempre su mirada a lo lejos, siempre hacia adelante, en direcci\u00f3n a toda Espa\u00f1a y al mundo entero. Hombre de realidades, preve\u00eda previsoramente las repercusiones de los acontecimientos y se adelant\u00f3 a nuestros tiempos con clar\u00edsima y sobrenatural visi\u00f3n de los problemas. Su contacto con toda clase de personas le permit\u00eda estar bien enterado. Para su Revista lleg\u00f3 a tener un completo servicio de informaci\u00f3n, y aun de prensa extranjera.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral le llev\u00f3 a atender a todos. Su actividad abarca mucho, abre innumerables caminos a su celo, rotura campos diversos, pero nunca por diletantismo y af\u00e1n desordenado de golpear ac\u00e1 y all\u00e1, sino por exigencia del manantial interior de su vida. Catequesis de ni\u00f1os, congregaciones de j\u00f3venes (chicas y chicos), hombres y mujeres, propaganda hablada y escrita, Seminario, a todos quiere llegar. Proyectaba asociaciones de sacerdotes, como los Misioneros de Santa Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral le llev\u00f3 a emplear todos los recursos. Organizaba carreras, luchas, competiciones, torneos, di\u00e1logos, adivinanzas, folletos, libros, estampas, canciones, semanario revista&#8230;, todo al servicio de su caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Atenci\u00f3n individual, preocupaci\u00f3n por la persona es otra caracter\u00edstica de su caridad pastoral. La minuciosidad con que se dedic\u00f3 a formar a sus religiosas raya en lo inconcebible. Hablaba con todas, una por una; y cuando la lejan\u00eda obligaba, cartas y cartas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su esp\u00edritu sacerdotal, obsesionado por la gloria de Dios, crea y multiplica obras que pueden continuar, aunque \u00e9l desaparezca.<\/p>\n\n\n\n<p>Huy\u00f3 de las bander\u00edas y de los partidismos. La Espa\u00f1a que \u00e9l vivi\u00f3 estaba deplorablemente rota en mil fracciones hasta el punto de que lleg\u00f3 a ser una de las m\u00e1s vivas y acuciantes preocupaciones de la Jerarqu\u00eda la profunda divisi\u00f3n de los cat\u00f3licos. Jam\u00e1s se deten\u00eda don Enrique en temas pol\u00edticos ni participaba en tertulias de partidos. La vida sobrenatural que \u00e9l propugna es ajena a todo partidismo. Don Enrique viv\u00eda de cara a la actualidad, pero en la altura.<\/p>\n\n\n\n<p>Su preocupaci\u00f3n manifiesta de trabajar por Espa\u00f1a nunca busc\u00f3 los cauces de la pol\u00edtica. Ninguna de las obras que emprendi\u00f3 para seglares dej\u00f3 de tener como objetivo primero y principal el de nutrir vigorosamente la vida interior del alma. \u00abEspa\u00f1a recobrar\u00e1 su dignidad perdida \u2013escrib\u00eda llevado de su entusiasmo\u2013, y resta\u00f1ar\u00e1 sus heridas y reparar\u00e1 sus fuerzas, florecer\u00e1 en ella la fe y la piedad\u00bb. \u00bfQu\u00e9 medios propon\u00eda? Ejercicios Espirituales, cultos y actos de piedad, instrucciones y conferencias, apostolado&#8230; y, como base principal e indispensable, el cuarto de hora de oraci\u00f3n diariamente. Oraci\u00f3n y vida espiritual, s\u00f3lida formaci\u00f3n religiosa, apostolado. Dios, siempre Dios. Sus denodados esfuerzos en el campo de la ense\u00f1anza se deben a que no conceb\u00eda una cultura sin Dios. \u00c9l no concibe la educaci\u00f3n cristiana como mera instrucci\u00f3n religiosa. Para \u00e9l la educaci\u00f3n cristiana consiste en vertebrar la vida entera en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos afanes, exclusivamente espirituales, no le imped\u00edan pisar tierra. A Antonio Gaud\u00ed, el arquitecto genial, encarg\u00f3 la Casa Madre de la Compa\u00f1\u00eda en San Gervasio, de Barcelona, contribuyendo al enriquecimiento art\u00edstico de dicha ciudad. Don Enrique, puesta la mirada en Dios, estaba abierto a todo lo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>La caridad pastoral dio unidad a su vida. Don Enrique es un claro ejemplo de esa fusi\u00f3n de actividad vertiginosa y de quietud espiritual; de atenci\u00f3n a m\u00faltiples tareas y de uni\u00f3n con Dios. Para ello, en medio de sus viajes continuos y preocupaciones abrumadoras, jam\u00e1s dejaba la oraci\u00f3n; viv\u00eda durante todo el d\u00eda el misterio eucar\u00edstico de su Misa. Embarcado en prodigiosa actividad, atend\u00eda su vida espiritual propia. A\u00fan m\u00e1s, la fecundidad y extensi\u00f3n de sus obras est\u00e1n en proporci\u00f3n directa con la hondura de su esp\u00edritu. Amante del silencio y de la soledad, se retiraba frecuentemente a Montserrat o al Desierto de las Palmas, para pasar all\u00ed d\u00edas y d\u00edas exclusivamente entregado al trato con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En uni\u00f3n con su Obispo. Present\u00f3 a \u00e9ste los planes de las catequesis de Tortosa, expuso sus proyectos sobre la Revista a los Prelados de Tortosa y Barcelona, \u00ab\u00bfle parece que lo vea el Prelado?\u00bb \u2013pregunta a su director espiritual sobre la idea de fundar la Compa\u00f1\u00eda\u2013, y despu\u00e9s de inquirir la voluntad del Prelado de Tarragona hizo salir del grupo a las dos inadaptadas que minaban su labor&#8230;, don Enrique consultaba todas sus empresas con el se\u00f1or Obispo. Es otra caracter\u00edstica de su caridad pastoral. Enamorado del Papa y de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. Y siempre obediente. Cuando de Roma viene la norma de que la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda de gobernarse exclusivamente por la Superiora General y su Consejo, don Enrique acept\u00f3 la norma con la humildad y la alegr\u00eda propias de su devoci\u00f3n a la Jerarqu\u00eda. \u00c9l, que hab\u00eda sido el alma de todo, la regla viva, la fuente de energ\u00eda, la corriente caudalosa que fertilizara el Instituto, tuvo, a partir de entonces, un cuidado exquisito de no traspasar jam\u00e1s la l\u00ednea divisoria que pon\u00eda l\u00edmites a su autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Creatividad, otra nota de su caridad pastoral. Funda asociaciones para ni\u00f1os y ni\u00f1as, para j\u00f3venes de uno y otro sexo, para hombres y mujeres. Y le quedaron en proyecto los Misioneros Teresianos y los Hermanos Josefinos. Su caridad pastoral le impulsaba a crear. Siempre alimentaba nuevas y grandiosas iniciativas, que ponen de relieve la excelsa magnitud de su alma sacerdotal. Fundador de una serie de asociaciones semejantes a las actuales de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, es un aut\u00e9ntico precursor del apostolado seglar, que en su tiempo era casi completamente desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Brilla tambi\u00e9n su creatividad (y se adelanta a otros) en el aprecio del valor de la mujer, t\u00e9cnicas pedag\u00f3gicas y penetraci\u00f3n en el mundo de la universidad y de la cultura. \u00abTal es el mundo, tanto vale una naci\u00f3n, cuanto valen las madres que dieron el ser a sus hijos y los educaron; y sabido es que tanto valen las madres, cuanto valen las j\u00f3venes que en un d\u00eda m\u00e1s o menos lejano lo ser\u00e1n\u00bb. \u00abEl mundo ha sido siempre lo que le han hecho las mujeres\u00bb. Y respecto a t\u00e9cnicas pedag\u00f3gicas, propone y usa m\u00e9todos vivos, revolucionarios para su tiempo. Y env\u00eda a sus Hijas de la Compa\u00f1\u00eda, provistas de titulaci\u00f3n oficial, al apostolado de la educaci\u00f3n cristiana, combatiendo as\u00ed la acci\u00f3n cautelosa y h\u00e1bil de quienes, ateos y enemigos de Dios, buscaban enquistarse en la ense\u00f1anza oficial.<\/p>\n\n\n\n<p>Ansioso de un panorama infinito, su creatividad, con ardiente esp\u00edritu, se lanza, a campo abierto, hacia el mundo que le toc\u00f3 vivir; nada de evasi\u00f3n ni huida; nada de estancamiento inerte y paralizador; decidida innovaci\u00f3n, puesto que las circunstancias se lo exig\u00edan; firme y valerosa confianza en Dios, sin audacias irreflexivas; y como base y centro vital de tanta actividad, oraci\u00f3n y sacrificio junto a Cristo. Su noble esp\u00edritu, ante las dificultades, reacciona vigorosamente y no permite dar entrada al desaliento. Vivencia del Evangelio. \u00abY cuando los d\u00edas son malos y los tiempos peores, esforc\u00e9monos por prestar este gran servicio a nuestro Rey, Cristo Jes\u00fas, haciendo que viva y reine en todos los corazones de todos sus fieles hijos por el conocimiento y amor de Teresa de Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Su creatividad se manifiesta tambi\u00e9n en la organizaci\u00f3n. En defensa de los altos ideales por los que su alma estaba pose\u00edda, quiere fuerzas organizadas. En su actuaci\u00f3n no hay palos de ciego ni pasos al azar. Las peque\u00f1as de los Reba\u00f1itos, las m\u00e1s selectas y capaces, pasaban, cuando eran mayorcitas, a la Archicofrad\u00eda como un fermento renovador de primera calidad. De la Archicofrad\u00eda pasaron no pocas a la Compa\u00f1\u00eda. De igual modo, los proyectados Misioneros Teresianos atender\u00edan zonas a las que no llegaba la Compa\u00f1\u00eda. La Revista, los folletos, los libros de piedad, eran parte de un vasto plan de operaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique era un enamorado de la organizaci\u00f3n. No s\u00f3lo la practicaba; tambi\u00e9n la exig\u00eda. Como un b\u00edblico guerrero clamaba; \u00abUno de los deberes m\u00e1s imperiosos que tenemos en nuestros d\u00edas los cat\u00f3licos espa\u00f1oles es la organizaci\u00f3n. Somos los m\u00e1s, es cierto, pero casi siempre somos juguete de unos pocos atrevidos y avisados que acechan y aprovechan toda ocasi\u00f3n, por insignificante que ella sea, para avanzar a lograr sus planes infernales\u00bb. Bien es verdad \u2013segu\u00eda diciendo\u2013 que el mal no puede curarse con organizaciones ni asociaciones solas: \u00abEl Esp\u00edritu es el que vivifica, no la carne o ropaje exterior\u00bb. Y reconociendo el papel indispensable de los dirigentes, se\u00f1ala las cualidades que les deben adornar: <strong>a)<\/strong> \u00absean pocos y est\u00e9n conformes entre s\u00ed\u00bb, delicada advertencia contra el funesto y maldito individualismo que tantas energ\u00edas ha pulverizado; <strong>b)<\/strong> sean hombres de prudencia humana, s\u00ed, pero, sobre todo, de \u00absencillez y confianza cristiana\u00bb para obrar; <strong>c)<\/strong> \u00absean hombres de oraci\u00f3n y est\u00e9n unidos con Dios\u00bb. Cuando los dirigentes viven espl\u00e9ndida vida interior, las obrar marchan maravillosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe y confianza en Dios es para don Enrique algo axiom\u00e1tico, vital, imprescindible. \u00abNeque qui plantat, neque qui rigat\u00bb. Es Dios quien da el crecimiento. Don Enrique lo viv\u00eda con sencillez sobrecogedora. Apoyado en la Divina Providencia acometi\u00f3 empresas gigantescas \u00absin una blanca\u00bb, como dec\u00eda la Santa de \u00c1vila. Los magn\u00edficos solares sobre los que se levanta la Casa Madre de San Gervasio, de Barcelona, costaron 130.000 ptas. El d\u00eda en que se firmaba la escritura de compra-venta no hab\u00eda en la Procuradur\u00eda General del Instituto m\u00e1s que \u00a1una peseta!<\/p>\n\n\n\n<p>Humilde, nunca asomaba en \u00e9l la jactancia por sus triunfos personales; pendiente de Dios en todo instante, a Dios atribu\u00eda y a Dios agradec\u00eda los ub\u00e9rrimos frutos de sus trabajos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral era generosa, no escatimaba esfuerzos; y misericordiosa y limosnera. Bien lo sab\u00edan los necesitados que acud\u00edan a \u00e9l. Y constante. Don Enrique no se apart\u00f3 de una sola de las obras a que su actividad creadora le iba empujando hasta que ten\u00edan s\u00f3lida consistencia en los cimientos, y airosa gallard\u00eda en la fachada. Su fortaleza nunca fue terquedad; su tenacidad nunca fue obstinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral estaba siempre llena de unci\u00f3n afectuosa y de ternura. Era un hombre de coraz\u00f3n, de un inmenso coraz\u00f3n. Lejos de ser hura\u00f1o y antip\u00e1tico, ten\u00eda un poder de atracci\u00f3n muy grande. Su car\u00e1cter era esencialmente comunicativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la dulzura conjugaba la firmeza de \u00e1nimo, que vemos, por ejemplo, eliminando, no sin consultar, a las inadaptadas que hab\u00edan puesto en peligro, por su averiado esp\u00edritu, el naciente Instituto.<\/p>\n\n\n\n<p>No abandon\u00f3 nunca el estudio. Sus escritos manifiestan que conservaba fresca y lozana la teolog\u00eda. Conoc\u00eda al dedillo las obras de Santa Teresa. Ten\u00eda una magn\u00edfica biblioteca de comentarios sobre la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Su teresianismo es caracter\u00edstica principal de su caridad pastoral. Fue el eco de la voz de Santa Teresa. La Revista, los libros que publicaba, los sermones, las fundaciones respiran teresianismo. Su devoci\u00f3n a Santa Teresa hab\u00eda llegado a ser consubstancial con su persona y su vida. El teresianismo es su estilo arquitect\u00f3nico; llen\u00f3 su vida e inspir\u00f3 sus obras por la reciedumbre cat\u00f3lica y por la significaci\u00f3n pastoral tan genuinamente espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Nota tambi\u00e9n de su caridad pastoral es la apertura a la universalidad de la Iglesia. Segu\u00eda de cerca los problemas de la Iglesia, no como un espectador extra\u00f1o, sino como quien siente en su propia carne las heridas de la Iglesia universal. Cuando, en la Revista, comentaba los males del laicismo en Francia, trataba, con un sentido de cooperaci\u00f3n cristiana noble y elevado, trataba (digo) de que los espa\u00f1oles considerasen el problema como suyo, y les ped\u00eda oraciones por Francia. \u00abOremos por nuestra Espa\u00f1a y la Europa\u00bb \u2013titulaba un art\u00edculo en marzo de 1881. Con este af\u00e1n universal viaj\u00f3 a Or\u00e1n (\u00c1frica) y visit\u00f3 Portugal: Braga, Oporto, Lisboa, Ovar, Torres Novas, Co\u00edmbra, Bussaco. Cuando muere don Enrique, la Compa\u00f1\u00eda tiene colegios en Europa, \u00c1frica y Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral le hace sentir vivamente el problema de las vocaciones y de la formaci\u00f3n de los candidatos al sacerdocio. Ayud\u00f3 cuanto pudo a don Manuel Domingo y Sol y con \u00e9l comparti\u00f3 sus nobles inquietudes restauradoras. En la carne viva de su alma sent\u00eda la tragedia de aquellos seminarios pulverizados por la revoluci\u00f3n. Insist\u00eda en la necesidad de familias profundamente cristianas, de cuyo seno podr\u00edan brotar las vocaciones. Hablaba de la indispensable urgencia de educar a la mujer, se\u00f1ora y madre futura de ese tipo de familias. M\u00e1s tarde, fundada la Compa\u00f1\u00eda, dispuso que todo colegio en situaci\u00f3n econ\u00f3mica tranquila pagase la carrera a un seminarista, adelant\u00e1ndose a las actuales campa\u00f1as anuales pro Seminario.<\/p>\n\n\n\n<p>Su caridad pastoral le hac\u00eda sentirse estrechamente vinculado a sus hermanos los sacerdotes. Las relaciones de don Enrique con los sacerdotes fueron abundantes, intensas y constantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La abundancia era exigida por la animosa actividad apost\u00f3lica de don Enrique, quien, para atender esa multitud de empresas, necesitaba colaboradores entusiastas y cooperadores permanentes. Un bot\u00f3n de muestra: en s\u00f3lo un mes de vacaciones \u2013leemos en la Revista de julio de 1876\u2013 don Enrique estableci\u00f3 la Archicofrad\u00eda de Corbera, Gandesa, Mora de Ebro, Caseras, Batea y Nules; dio Ejercicios en Fatarella, Vinaroz y la Cenia, y reanim\u00f3 con sus palabras los corazones de las j\u00f3venes en Calaceite, Alcal\u00e1 de Chisbert, Cherta, Aldover, Mora la Nueva y Villalba.<\/p>\n\n\n\n<p>La intensidad era exigida por la hondura del alma sacerdotal de don Enrique. El r\u00edo caudaloso arrastra consigo las aguas que encuentra a su paso. En muchos sacerdotes la colaboraci\u00f3n, el trato y la convivencia crearon estrecha amistad sacerdotal. Don Enrique supo ganarse desde sus primeros trabajos catequ\u00edsticos amistades selectas y capaces. No podemos dar los nombres de todos. Recordemos a Juan Bautista Alt\u00e9s, escritor f\u00e1cil y de imaginaci\u00f3n brillante; Francisco Marsal, que muri\u00f3 siendo De\u00e1n de la Catedral de Solsona; F\u00e9lix Sard\u00e1 y Salvany, intr\u00e9pido batallador de la propaganda cat\u00f3lica; Manuel Domingo y Sol, esclarecido fundador de los Operarios Diocesanos; el ilustre doctor Collel, Arcediano de Vich; Juan Bautista Grau, obispo de Astorga; Fr. Ram\u00f3n Mar\u00eda Moreno, obispo titular de Eumenia; el doctor Sanz y For\u00e9s, entonces obispo de Oviedo y despu\u00e9s Cardenal de Sevilla, antiguo Lectoral de Tortosa; el doctor Izquierdo, obispo de Salamanca; el inmortal Mos\u00e9n Cinto Verdaguer; etc., etc. Continuas e \u00edntimas fueron las relaciones de don Enrique con los monjes de Montserrat y los carmelitas del Desierto de las Palmas (provincia de Castell\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>La constancia es fruto natural de la amistad sacerdotal: del amarse y amar al mundo a trav\u00e9s de Cristo. M\u00e1s reducido (como es natural) pero tambi\u00e9n m\u00e1s entra\u00f1able fue el grupo de amistad fraternal y de por vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Las relaciones de don Enrique con los sacerdotes fueron, adem\u00e1s, variad\u00edsimas: hubo la del cooperador ocasional, que presta la ayuda inmediata; la del colaborador permanente, que asiste siempre con entusiasmo; la del amigo, unido con v\u00ednculos profundos y permanentes; la del admirador, que se rinde a su direcci\u00f3n; la del superior, que ve en \u00e9l un elegido de Dios; la del interesado en proteger causas nobles; la del contagiado desde lejos por la atm\u00f3sfera de santidad y de prestigio que envuelve a los h\u00e9roes. Pero sea cual fuere el tipo de relaci\u00f3n, a la base de la misma siempre encontramos la caridad pastoral. Es la amistad sacerdotal en beneficio del apostolado. Los sacerdotes veneraban a don Enrique; ve\u00edan su celo, su desprendimiento, su grandeza y elevaci\u00f3n de miras y se dejaban prender f\u00e1cilmente en las redes de su virtud y simpat\u00eda. A su vez, don Enrique, enamorado del sacerdocio, ve\u00eda como propios a los sacerdotes, se sent\u00eda vinculado a ellos, sus amigos de veras. Como un dato m\u00e1s de esta conciencia de comunidad de aspiraciones y afanes, recordemos que don Enrique se hospedaba siempre en casa de los sacerdotes.<\/p>\n\n\n\n<p>La cruz. No falt\u00f3 a la caridad pastoral de don Enrique el riego fecundo de la cruz. El Maestro la llev\u00f3 primero. Cristo, Sacerdote de la Nueva Alianza, es el Cordero Inmaculado, inmolado en la cruz. La cruz es escenario obligado del sacerdote que predica a Cristo crucificado. El mundo no acepta sin contradicci\u00f3n el mensaje de Cristo. Durante treinta a\u00f1os de sacerdocio, de modo perseverante llev\u00f3 don Enrique enhiesta la bandera de Cristo. No podemos calibrar su permanente sacrificio de atender, con profund\u00edsimo sentido de espiritualidad y amor a Dios, su Archicofrad\u00eda Teresiana extendida por toda Espa\u00f1a, sus trabajos period\u00edsticos continuos, sus viajes constantes, sus peregrinaciones frecuentemente organizadas con el prop\u00f3sito de movilizar las energ\u00edas dormidas del pueblo cristiano, su lucha en el campo de la ense\u00f1anza, su fundaci\u00f3n de un Instituto Religioso de caracter\u00edsticas nuevas. A posteriori podemos calificar las empresas de don Enrique con la f\u00e1cil palabra de \u00e9xitos felices. S\u00f3lo un examen superficial puede ocultar esa superaci\u00f3n continua de mil peque\u00f1as y grandes dificultades que terminan por pesar sobre el esp\u00edritu como una losa de plomo. Nunca ponderaremos suficientemente el valor penitencial de la fidelidad diaria de estas almas heroicas, que, frescas y remozadas constantemente por la oraci\u00f3n y vida interior, viven la grandeza majestuosa de un Calvario hasta entregar su esp\u00edritu al Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n lleg\u00f3 para don Enrique el momento doloroso de los ataques despiadados, de los comentarios ligeros y despectivos, de las hablillas de tertulia, de las frases reticentes, de los silencios descorteses. Todo ello es mucho m\u00e1s hiriente cuando proviene del mundo de los eclesi\u00e1sticos. Don Enrique encontr\u00f3 muchas veces el canto y la cal de la incomprensi\u00f3n cerr\u00e1ndole el paso, especialmente en la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Para unos, era una aventura temeraria; para otros, un af\u00e1n insoportable de personalismo de don Enrique. Es la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>En la vida de don Enrique hay dos hechos de inmensa tortura: el pleito del Noviciado en Jes\u00fas, arrabal de Tortosa; pleito en que el reo es don Enrique y el Tribunal la Curia Eclesi\u00e1stica; y la crisis interna de la Compa\u00f1\u00eda que amenaz\u00f3 destruir por completo la obra levantada a lo largo de tantos a\u00f1os de esfuerzo. Don Enrique sac\u00f3 fuerzas de ese pozo hond\u00edsimo que existe en todo aquel que vive unido a Dios. \u00abEn el pleito que tuvo que sostener con las Madres Carmelitas \u2013escribe la Madre Folch\u2013, observ\u00e9 siempre en \u00e9l una igualdad de \u00e1nimo que admiraba; nunca le o\u00ed una queja ni mostrar ning\u00fan resentimiento\u00bb. Esta misma conducta tuvo para con su Instituto; supo morir por \u00e9l. Alejado don Enrique de la Compa\u00f1\u00eda, no dio albergue en su coraz\u00f3n a sentimientos de despecho o enconada amargura. Silencio absoluto. Holocausto generoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas luminosas r\u00e1fagas, descriptivas de la caridad pastoral de don Enrique, lanzan un golpe de luz instant\u00e1neo a la fuente de la energ\u00eda con que vivi\u00f3 su sacerdocio: su profunda piedad, su devoci\u00f3n honda a la Sant\u00edsima Trinidad, al Esp\u00edritu Santo, a la Eucarist\u00eda, al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, al Dulce Nombre de Jes\u00fas, a la Virgen Mar\u00eda, al Arc\u00e1ngel San Miguel, a los Santos \u00c1ngeles Custodios, a San Jos\u00e9, a Santa Teresa de Jes\u00fas, a San Francisco de Sales. Don Enrique era un enamorado de Dios y \u00abpas\u00f3 toda su vida sacerdotal empleando sus talentos y sus esfuerzos en hacer que Dios fuese conocido, amado y glorificado\u00bb (del testimonio de la Madre Blanch).<\/p>\n\n\n\n<p>Y termino esta ya larga reflexi\u00f3n sobre la caridad pastoral de don Enrique, recordando un acontecimiento de car\u00e1cter \u00edntimo y bien expresivo de su ilusi\u00f3n sacerdotal: la celebraci\u00f3n del 25 aniversario de su Primera Misa en el mismo lugar, la Bas\u00edlica de Montserrat, a los pies de la Virgen. Alt\u00e9s, en la cr\u00f3nica que escribi\u00f3 para la Revista, refiere que le acompa\u00f1aban los monjes del monasterio; el doctor Casa\u00f1as, obispo de Urgel; las Madres del Consejo; muchos sacerdotes amigos de Tortosa y Barcelona, y cuatro Hermanas que acababan de llegar de Am\u00e9rica con la primera postulante que desde aquellas tierras ven\u00eda a ingresar en las filas de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Otras figuras sacerdotales del siglo XIX<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Junto a las formulaciones de fe sobre el sacerdocio est\u00e1n las figuras sacerdotales. Las grandes exposiciones doctrinales de los temas sacerdotales asc\u00e9ticos, disciplinares y pastorales reciben, en estas existencias sacerdotales, sentido concreto. La pl\u00e9yade de sacerdotes santos (canonizados o no) testifican con sus vidas cu\u00e1l fue su manera de entender el sacerdocio; son su interpretaci\u00f3n pl\u00e1stica y viva.<\/p>\n\n\n\n<p>El siglo XIX contempla una larga lista de eximios sacerdotes a quienes deseo tributar el testimonio de mi afectuosa admiraci\u00f3n, alto aprecio, profunda veneraci\u00f3n y cordial gratitud. Su actividad sacerdotal sigue influyendo en la Iglesia de hoy. A cada uno de ellos se les aplica con propiedad las palabras del Eclesi\u00e1stico (50, 7.10): \u00abBrill\u00f3 \u00e9l en el templo de Dios como sol refulgente, como c\u00e1liz macizo de oro, guarnecido por todo g\u00e9nero de piedras preciosas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Se entregaron a los m\u00e1s diversos apostolados, seg\u00fan las necesidades. A muchos de ellos la caridad pastoral les impuls\u00f3 a ser <em>fundadores:<\/em> el obispo de Nancy, Carlos de Forb\u00edn-Janson (1785-1844), de la Santa Infancia; San Jos\u00e9 Benito Cottolengo (1746-1842), de instituciones de caridad; San Miguel Garicoits (1797-1863), de la Congregaci\u00f3n de sacerdotes del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas (Betharram); el patriarca de Venecia \u00c1ngel Ramazzotti (1800-1861), del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (Italia); San Vicente Palotti (1795-1850), de obras sociales y apostolado laical; Antonio Chevrier (1826-1879), de la asociaci\u00f3n sacerdotal del Prado; San Juan Bosco (1815-1888), de los Salesianos; Francisco M. Libermann (1803-1852), de los Misioneros del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda; Beato Eugenio de Mazenod (1812-1861), de los Misioneros oblatos de Mar\u00eda Inmaculada; San Antonio Mar\u00eda Claret (1807-1870), de los Misioneros Hijos del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda; Daniel Comboni (1831-1881), de los Misioneros Combonianos; San Leonardo Murialdo (1828-1900), de la P\u00eda Sociedad de San Jos\u00e9; Cardenal Lavig\u00e9rie (1825-1892), de los Padres Blancos; Francisco Palau y Quer (1811-1872), fundador de las dos ramas de Terciarios Carmelitas (hermanos y hermanas). Y aunque su vida alcanza el primer tercio del siglo XX, son hombres del siglo XIX los siguientes fundadores: Manuel Domingo y Sol (1836-1909), de los Sacerdotes Operarios Diocesanos; Beato Arnoldo Janssen (1837-1909), de los Misioneros del Verbo Divino; Beato Luis Guanella (1842-1915), de los Siervos de la Caridad; Carlos de Foucauld (1858-1916), de los Hermanitos de Jes\u00fas; V\u00edctor Manuel Lebeurier (1832-1918), de la federaci\u00f3n de grupos de Uni\u00f3n Apost\u00f3lica del Clero; Jos\u00e9 Allamano (1851-1926), del Instituto Misionero de la Consolata; Le\u00f3n Dehon (1843-1921), de la Congregaci\u00f3n de Sacerdotes del Sagrado Coraz\u00f3n; Guido Mar\u00eda Conforti (1865-1931), de los Misioneros Javerianos; Andr\u00e9s Longhin (1863-1936), de los Sacerdotes Oblatos Diocesanos; y Pedro Poveda (1874-1936), de la Instituci\u00f3n Teresiana.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribieron p\u00e1ginas bell\u00edsimas de temas espirituales:<\/em> Adem\u00e1s de los fundadores citados, cuyos escritos se caracterizan por la naturaleza de la obra creada, recordamos a Enrique Domingo Lacordaire (1802-1861); Federico Guillermo Faber (1814-1863); Don Pr\u00f3spero Gu\u00e9ranger (1805-1875), pionero del movimiento lit\u00fargico; M. J. Scheeben (1835-1888); Jos\u00e9 Tissot (1894); Cardenal Newman (1801-1890), alma del \u00abMovimiento de Oxford\u00bb; Cardenal Manning (1808-1892); Cardenal Gibbons (1834-1921); Dom Columba Marmi\u00f3n (1858-1923); Cardenal Mercier (1851-1926); Miguel Costa Llobera (1854-1922), poeta, escritor y predicador catal\u00e1n, una de las destacadas figuras de la llamada \u00abEscuela Mallorquina\u00bb; Juan Bautista Chautard (1858-1925).<\/p>\n\n\n\n<p>Otros, finalmente, presentan una vida <em>modelo de las virtudes sacerdotales. <\/em>A los ya dichos hay que a\u00f1adir: San Pedro Chanel (1803-1841), misionero m\u00e1rtir y patrono de Ocean\u00eda; San Juan Mar\u00eda Vianney (1786-1859), santo cura de Ars, patrono de los p\u00e1rrocos; San Jos\u00e9 Cafasso (1811-1860), que gast\u00f3 su vida en la direcci\u00f3n espiritual de sacerdotes; Dami\u00e1n de Veuster (1840-1889), ap\u00f3stol de los leprosos; el obispo de Puebla, Ram\u00f3n Ibarra y Gonz\u00e1lez (1853-1917), modelo de pastor de almas; Cardenal Merry del Val (1865-1930), ap\u00f3stol en la diplomacia eclesi\u00e1stica. Los episcopologios y biograf\u00edas eclesi\u00e1sticas presentan un variado elenco de retratos episcopales dignos de recuerdo: Sanz y For\u00e9s, Vives i Tut\u00f3, Morgades, Torra\u00bb I Bag\u00e9s, que a\u00f1adimos a los ya citados. Cerramos la lista con el obispo del Sagrario abandonado, Manuel Gonz\u00e1lez (1877-1940).<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los grandes Papas de la \u00e9poca sobresale San P\u00edo X (1835-1914), de gran esp\u00edritu sacerdotal, que nos dej\u00f3 la Exhortaci\u00f3n <em>Haerent animo <\/em>sobre la santidad sacerdotal: exigencia, naturaleza, medios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el que desee ampliar datos y personas ofrezco en la nota<a href=\"#sdfootnote114sym\" id=\"sdfootnote114anc\"><sup>114<\/sup><\/a> referencias bibliogr\u00e1ficas \u00fatiles.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Campos apost\u00f3licos que cultiva el sacerdote Oss\u00f3<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>La Catequesis<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Los ocho primeros a\u00f1os de su vida sacerdotal los consumi\u00f3 principalmente en este apostolado. Al regresar a Tortosa para reanudar las clases del Seminario, don Enrique pudo apreciar los estragos producidos por la Revoluci\u00f3n. \u00abNo pod\u00eda salirse por las calles sin o\u00edr canciones las m\u00e1s provocativas e insultantes contra la religi\u00f3n y sus ministros\u00bb, escribi\u00f3 el mismo don Enrique. Entonces decidi\u00f3 consagrarse a la educaci\u00f3n cristiana de los ni\u00f1os. Y se entreg\u00f3 por entero a su noble apostolado: recorr\u00eda las parroquias; multiplicaba las secciones de ni\u00f1os en las diversas iglesias de la ciudad; preparaba a los catequistas colaboradores entusiastas; a la instrucci\u00f3n un\u00eda la vida de piedad: santa misa, comuni\u00f3n, confesi\u00f3n, procesiones, plegarias a la Virgen Mar\u00eda, devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, a San Jos\u00e9, a los Santos \u00c1ngeles, a la Sant\u00edsima Trinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los ni\u00f1os se gan\u00f3 a los mayores. La ciudad entera brill\u00f3 con una fisonom\u00eda nueva. Tortosa estaba cambiada.<\/p>\n\n\n\n<p>Al comenzar el curso 1878-79, el se\u00f1or Obispo le exoner\u00f3 de su c\u00e1tedra del Seminario. A partir de entonces, aunque sigui\u00f3 don Enrique dirigiendo la Asociaci\u00f3n Catequ\u00edstica, su trabajo personal en ella no pudo ser tan intenso; otro g\u00e9nero de actividades consumi\u00f3 sus horas. Pero las catequesis marchaban llenas de eficacia, porque hab\u00eda tenido el cuidado de formar catequistas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>La predicaci\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique ten\u00eda metida en el alma la idea de que ning\u00fan sacerdote, que no est\u00e9 para ello claramente impedido, debe considerarse dispensado de predicar la Palabra de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Viajes continuos por los pueblos de Catalu\u00f1a y Valencia. Los p\u00falpitos y confesonarios de la mayor\u00eda de las parroquias de Tarragona, Vich, L\u00e9rida, Alicante, Valencia, son mudos testigos de su unci\u00f3n evang\u00e9lica y su penetrante poder de captaci\u00f3n de almas. Era la suya una predicaci\u00f3n sencilla, s\u00f3lida, muy afectiva, fervorosa y comunicativa. La atenci\u00f3n a los distintos grupos de las asociaciones por \u00e9l fundadas le exig\u00eda viajar de una parte a otra para predicar fiestas, novenas, triduos, y, sobre todo, tandas de Ejercicios Espirituales. Las visitas a este o aquel lugar, sea para iniciar, sea para mantener y fortalecer la Archicofrad\u00eda, los Reba\u00f1itos y la Asociaci\u00f3n Josefina, son generalmente aprovechados tambi\u00e9n para predicar al pueblo. En Or\u00e1n \u2013por ejemplo\u2013, donde permaneci\u00f3 por espacio de un mes, predic\u00f3 en la Catedral, durante diecisiete d\u00edas, las verdades eternas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Ejercicios Espirituales eran rigurosamente tales y seg\u00fan el m\u00e9todo de San Ignacio. Su agenda cada a\u00f1o era abultad\u00edsima: ejercicios de Cuaresma, de fin de a\u00f1o, reglamentarios de las asociaciones, con ocasi\u00f3n de festividades y celebraciones. Ped\u00eda insistentemente que incluso los practicasen las inocentes peque\u00f1uelas de los Reba\u00f1itos, para prepararse a la Primera Comuni\u00f3n, a la fiesta de la Inmaculada&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>La minuciosidad con que se dedic\u00f3 a formar a sus religiosas raya en lo inconcebible. Sermones, advertencias, consejos, brotan a raudales de su alma. Entre Ejercicios, pl\u00e1ticas, conferencias e instrucciones diversas derram\u00f3, hasta la \u00faltima gota, en el alma de sus religiosas, todo el caudal que llevaba la suya. Veinte a\u00f1os seguidos de pl\u00e1ticas y sermones, son muchos sermones y muchas pl\u00e1ticas. Suman millares y millares.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>El apostolado de la pluma<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En Tortosa apareci\u00f3 una asquerosa publicaci\u00f3n peri\u00f3dica, \u00abEl Hombre\u00bb, que pon\u00eda en peligro la conciencia moral y la fe de las familias cristianas, manch\u00e1ndolo todo con la baba de sus calumnias y la viscosidad de su inmundicia. Inmediatamente don Enrique publica un semanario <em>\u00abEl Amigo del Pueblo\u00bb<\/em> (1871-mayo 1872). \u00c9l escrib\u00eda siempre el art\u00edculo de fondo, que, con claridad y rigor l\u00f3gico, deshac\u00eda las campa\u00f1as antirreligiosas de sus oponentes. Dej\u00f3 de salir por orden de la autoridad con un burdo pretexto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tortosa le resultaba peque\u00f1a; don Enrique empezaba a pensar en la totalidad de Espa\u00f1a. Con la calurosa aprobaci\u00f3n de los Obispos de Tortosa y de Barcelona sacaba, en octubre, mes de Santa Teresa, el primer n\u00famero de la revista <em>\u00abSanta Teresa de Jes\u00fas\u00bb.<\/em> Siempre puntual, impregnada de teresianismo, vibrante de amor al Papa, a la Iglesia y a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de Espa\u00f1a, pasar\u00e1 de las dos mil suscripciones, cifra extraordinaria en aquel tiempo en que, en Espa\u00f1a, hab\u00eda diez millones de analfabetos. Don Enrique, mes por mes, publica ininterrumpidamente art\u00edculos que eran saboreados por los lectores con \u00edntima fruici\u00f3n y gran edificaci\u00f3n para sus almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique, escritor f\u00e1cil y fecundo, atendi\u00f3 con su pluma las asociaciones apost\u00f3licas creadas por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la Archicofrad\u00eda, dio a la imprenta, en 1874, un libro de oraci\u00f3n: <em>El Cuarto de Hora de Oraci\u00f3n,<\/em> que, en vida del autor, alcanz\u00f3 quince ediciones; hoy pasan de cincuenta. Se le llama \u00abel Kempis teresiano\u00bb y durante muchos a\u00f1os fue el manual de oraci\u00f3n cl\u00e1sico entre la juventud femenina de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n edit\u00f3 <em>El esp\u00edritu de Santa Teresa de Jes\u00fas<\/em>, folletos, colecci\u00f3n completa de los pensamientos, sentencias, m\u00e1ximas y afectos m\u00e1s notables de la Santa, sacados a la letra de sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>Para las ni\u00f1as de las Catequesis, en especial de Primera Comuni\u00f3n, escribi\u00f3 don Enrique, en 1875, el libro de meditaciones <em>Viva Jes\u00fas,<\/em> sobre los misterios de la infancia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para orientaci\u00f3n doctrinal y pedag\u00f3gica de los catequistas publica <em>Gu\u00eda pr\u00e1ctica del catequista en la ense\u00f1anza met\u00f3dica y constante de la Doctrina Cristiana,<\/em> libro de m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas, en que a la obra propiamente tal a\u00f1ade el op\u00fasculo de Gerson <em>De parvulis trahendis ad Christum,<\/em> la Constituci\u00f3n <em>Etsi minime<\/em> de Benedicto XIV sobre la ense\u00f1anza del catecismo, el Reglamento de la Asociaci\u00f3n Catequ\u00edstica, las devociones principales, los evangelios dominicales y festivos y, finalmente, una colecci\u00f3n de cantos, algunos de ellos con m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el af\u00e1n de aunar s\u00f3lida instrucci\u00f3n con devota piedad escribi\u00f3 para los j\u00f3venes <em>Tesoro de la juventud,<\/em> mil p\u00e1ginas; para los ni\u00f1os <em>Tesoro de la ni\u00f1ez,<\/em> trescientas setenta y cuatro p\u00e1ginas; y para el cristiano en general <em>Ramillete del cristiano,<\/em> doscientas p\u00e1ginas. Son instrucciones y devociones.<\/p>\n\n\n\n<p>Para fomentar la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9 escribi\u00f3 <em>El devoto josefino, <\/em>quinientas p\u00e1ginas de meditaciones y ejercicios piadosos, y <em>Nov\u00edsima Novena a San Jos\u00e9,<\/em> con tres puntos de meditaci\u00f3n cada d\u00eda y un ejemplo de protecci\u00f3n del Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para cultivar la devoci\u00f3n a Santa Teresa public\u00f3, adem\u00e1s de los ya citados folletos \u00abEl esp\u00edritu de Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb, <em>El d\u00eda 15 de cada mes consagrado a Santa Teresa de Jes\u00fas<\/em> (cada mes una meditaci\u00f3n y varias oraciones y ejemplos). <em>Mes de Santa Teresa de Jes\u00fas<\/em> (33 meditaciones sobre sus virtudes), <em>Novena y triduo en honor de Santa Teresa<\/em> (meditaciones y oraciones).<\/p>\n\n\n\n<p>Devoto de San Francisco de Sales, contribuye a difundir su culto e imitaci\u00f3n con <em>Tributo amoroso al dulc\u00edsimo doctor San Francisco de Sales, <\/em>ciento sesenta p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>En honor de la Virgen public\u00f3 <em>Tres florecidas a la Virgen Mar\u00eda de Montserrat<\/em> y <em>Mar\u00eda al Coraz\u00f3n de sus hijos,<\/em> o sea, un mes en la escuela de Mar\u00eda Inmaculada, 356 p\u00e1ginas de meditaciones en forma de conversaci\u00f3n entre Mar\u00eda y los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique tiene tambi\u00e9n obras de propaganda religioso-social. Cuando Le\u00f3n XIII lanza al mundo la \u00abRerum Novarum\u00bb, don Enrique hace inmediatamente una edici\u00f3n sumamente econ\u00f3mica y numeros\u00edsima de <em>Catecismo de los obreros y de los ricos,<\/em> sacado a la letra de la enc\u00edclica del Papa \u00abDe opificum conditione\u00bb. Era un folleto en forma de preguntas y respuestas, que se difundi\u00f3 por toda Espa\u00f1a. Publica tambi\u00e9n <em>Catecismo acerca de la Masoner\u00eda,<\/em> sacado a la letra de la enc\u00edclica \u00abHumanum genus\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La sabidur\u00eda espiritual de don Enrique brilla especialmente en los escritos dedicados a sus religiosas de la Compa\u00f1\u00eda. En 1882 edit\u00f3 <em>Constituciones de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas,<\/em> un volumen con los siguientes documentos: Sumario de las Constituciones de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas, Organizaci\u00f3n y gobierno de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas, Oficios en la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas, Preces de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas. Tomando como bases esos documentos, e introducidas las modificaciones que la legislaci\u00f3n eclesi\u00e1stica fue dictando, h\u00edzose m\u00e1s tarde la redacci\u00f3n de las Constituciones propiamente tales, las aprobadas por Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribi\u00f3 tambi\u00e9n don Enrique <em>varios documentos para las Superioras de las Comunidades.<\/em> Nunca impresos, corr\u00edan peligro de perderse. Con ellos y otro libro, ya completamente agotado, de don Enrique: \u00abRemedios preservativos y curativos de las enfermedades del alma\u00bb, hizo la Madre Teresa Blanch, en 1928, un volumen que recibi\u00f3 el t\u00edtulo de <em>Directorio para las Superioras.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pr\u00e1ctica del examen particular y general<\/em> es otro folleto de don Enrique, muy valioso por sus atinadas observaciones e instrucciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Con destino a las alumnas de los colegios de la Compa\u00f1\u00eda salieron de la pluma de don Enrique<em>Rudimentos de Religi\u00f3n y Moral, Rudimentos de Historia Sagrada, Rudimentos de Historia de Espa\u00f1a<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribi\u00f3 hasta el final de su vida. En el convento de Sancti Spiritus, donde le sorprendi\u00f3 la muerte, dio la \u00faltima mano a una novena que hab\u00eda escrito en obsequio de la Concepci\u00f3n Inmaculada de Mar\u00eda Sant\u00edsima; fue publicada, despu\u00e9s de su muerte, con el t\u00edtulo de <em>Novena a la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda<\/em> (ochenta p\u00e1ginas de meditaciones). All\u00ed escribi\u00f3 un opusculito para propagar el amor a Jesucristo. All\u00ed escribi\u00f3 una novena del Esp\u00edritu Santo; fue editada, como obra p\u00f3stuma tambi\u00e9n, con el t\u00edtulo de <em>Novena para honrar al Esp\u00edritu Santo<\/em> (ochenta p\u00e1ginas de meditaciones). All\u00ed redact\u00f3 una carta para los confesores de sus religiosas, d\u00e1ndoles sapient\u00edsimos consejos para las tareas de direcci\u00f3n y consejo. All\u00ed estaba formando las Constituciones para una nueva Congregaci\u00f3n de Sacerdotes, titulada del Oratio de Santa Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Como obra p\u00f3stuma, sus Hijas publicaron <em>Ejercicios Espirituales seg\u00fan el m\u00e9todo de San Ignacio de Loyola, para las Hermanas de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas,<\/em> cuatrocientas p\u00e1ginas con las meditaciones cl\u00e1sicas de nueve d\u00edas de ejercicios, expresamente acomodadas a las Religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta simple enumeraci\u00f3n de su abundant\u00edsima producci\u00f3n literaria causa asombro si recordamos las otras m\u00faltiples actividades sacerdotales que le ocuparon horas y horas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Fundador de asociaciones piadosas<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p><em>Ut vitam habeant et abundantius habeant<\/em> (Jn 10, 10), para que tengan vida \u2013la vida de Dios\u2013 y la tengan m\u00e1s abundante, cre\u00f3 don Enrique asociaciones piadosas, que se asentaban sobre tres pivotes: piedad, estudio y acci\u00f3n. Son, pues, precursoras de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y de los Movimientos apost\u00f3licos modernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para las j\u00f3venes nace, el 15 de octubre de 1873, la <em>Asociaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda Inmaculada.<\/em> \u00abEl objeto de mi asociaci\u00f3n \u2013escribe don Enrique\u2013 es el mismo que nos propone la Iglesia al admitirnos en su gremio: renunciar a Satan\u00e1s, a sus obras y a sus pompas, para hacer lugar al Esp\u00edritu Santo: echar de las almas a Lucifer, para que viva y reine en ellas Cristo Jes\u00fas. No se trata de que entr\u00e9is monjas, ni siquiera de cargaros con nuevas obligaciones o de imponeros duros sacrificios: no se trata sino de que se\u00e1is cristianas de veras, y de facilitaros los medios de serlo\u00bb. Don Enrique har\u00e1 viajes incesantes para extender y consolidar la obra, que llegar\u00e1 a contar con m\u00e1s de 130.000 j\u00f3venes asociadas por toda Espa\u00f1a, cifra sorprendente en grado sumo para aquellos tiempos de desorganizaci\u00f3n y de incertidumbre en todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los j\u00f3venes muchachos del campo, mozos robustos de recia musculatura y voz vibrante, cultiv\u00f3 don Enrique la <em>P\u00eda Asociaci\u00f3n de la Pur\u00edsima Concepci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para la ni\u00f1ez don Enrique establece, en 1876, los <em>Reba\u00f1itos del Ni\u00f1o Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En marzo de 1876 don Enrique se abre a un nuevo campo de trabajo: los hombres. Para ellos crea la <em>Hermandad Josefina.<\/em> \u00abTengo para m\u00ed \u2013dec\u00eda don Enrique\u2013 que as\u00ed como a Santa Teresa est\u00e1 reservado en estos \u00faltimos tiempos regenerar a Espa\u00f1a por medio de la juventud femenina, educ\u00e1ndola por medio de su esp\u00edritu de fe, de oraci\u00f3n y de celo por los intereses de Jesucristo, a San Jos\u00e9 est\u00e1 confiada la salvaci\u00f3n de los hombres, inspir\u00e1ndoles amor al trabajo y al cumplimiento de sus deberes cristianos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Creaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En 1876 emprende don Enrique la fundaci\u00f3n de la <em>Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa de Jes\u00fas,<\/em> su obra entre las obras. Don Enrique no permanece indiferente ante el problema de la ense\u00f1anza tan agudamente planteado en Espa\u00f1a. En este campo ve \u00e9l el mayor peligro para Espa\u00f1a; \u00abel mal es grav\u00edsimo \u2013escribe\u2013, el m\u00e1s grave quiz\u00e1 de todos\u00bb. T\u00e9cnicamente defectuosas muchas de las instituciones docentes de car\u00e1cter religioso; faltos los cat\u00f3licos de una sol\u00edcita atenci\u00f3n a las bondades pedag\u00f3gicas que el enemigo pod\u00eda tener; el esp\u00edritu sacerdotal de don Enrique, vigilante y alerta, perspicaz e inteligente, aguijoneado continuamente por su celo apost\u00f3lico, advierte la gran tragedia de la ense\u00f1anza atea, completamente laica y despojada de todo car\u00e1cter sobrenatural. Y busca el remedio: mujeres, que, capacitadas con la mejor t\u00e9cnica pedag\u00f3gica, en posesi\u00f3n del correspondiente t\u00edtulo oficial, adquirida tambi\u00e9n una esmerad\u00edsima formaci\u00f3n religiosa, se dedicaran a la ense\u00f1anza concebida como principal apostolado. Al principio pens\u00f3 en una Compa\u00f1\u00eda de profesoras cat\u00f3licas; pero en seguida comprendi\u00f3 don Enrique que para mantener la cohesi\u00f3n espiritual de unas personas a quienes se les ped\u00eda que entregasen su vida en nombre de Dios y en aras de un ideal no humano, era necesario que Dios lo llenase todo. Y naci\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa, una de las m\u00e1s hermosas Instituciones religiosas educadoras femeninas. La Compa\u00f1\u00eda se afianza y camina hacia adelante con paso firme y decidido, conducida por su mano. \u00c9l era el alma de todo. A su Instituto dio cuanto era y ten\u00eda; hasta supo santamente sufrir por \u00e9l. Bendecida por Dios, la Compa\u00f1\u00eda ten\u00eda, a la muerte del fundador, casas en Espa\u00f1a, Portugal, \u00c1frica y Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Otras fundaciones que no prosperaron<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Al final de la peregrinaci\u00f3n teresiana a \u00c1vila y Alba de Tormes, de agosto de 1877, se establecieron las bases de la <em>Hermandad Teresiana Universal.<\/em> Fue constituida como asociaci\u00f3n que vinculara a los cat\u00f3licos del mundo entero amantes de Santa Teresa. Por su amplitud, casi temeraria, no lleg\u00f3 nunca a cristalizar.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos Congregaciones de hombres \u2013Misioneros Teresianos y Hermanos Josefinos\u2013 se quedaron en meros proyectos. Don Enrique se\u00f1alaba como obras preferenciales de los Misioneros de Santa Teresa de Jes\u00fas:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Ejercicios Espirituales al clero, seminarios, congregaciones religiosas, teresianas, etc.<\/li>\n\n\n\n<li>Direcci\u00f3n espiritual de los seminarios eclesi\u00e1sticos.<\/li>\n\n\n\n<li>Misiones, sermones, confesiones, moribundos.<\/li>\n\n\n\n<li>Catequ\u00edstica.<\/li>\n\n\n\n<li>Difundir los tesoros celestiales escondidos en la vida y escritos de la Santa por todos los medios posibles: Revista, libros, etc.<\/li>\n\n\n\n<li>Ser uno de los mejores auxiliares de los prelados, multiplic\u00e1ndose por su celo y laboriosidad; atender a las obras teresianas, extendi\u00e9ndolas y vivific\u00e1ndolas.<\/li>\n\n\n\n<li>Su visi\u00f3n de la educaci\u00f3n cristiana<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>\u00abEl campo donde se da la batalla m\u00e1s encarnizada \u2013escribe\u2013 es el de la ense\u00f1anza&#8230; Por ello se van sucediendo tantos desastres en nuestra Espa\u00f1a y en el mundo, de que apenas acertamos a darnos raz\u00f3n. Y \u00a1ay de nosotros si dormimos el sue\u00f1o del descuido!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Para don Enrique la catequesis ofrece s\u00f3lida instrucci\u00f3n religiosa y profunda piedad. Sus libros para ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos a\u00fanan ense\u00f1anza doctrinal y cultivo de las virtudes. Es lo que hoy llamamos \u00abs\u00edntesis entre fe y vida\u00bb. La ense\u00f1anza religiosa se propone como fin no una simple adhesi\u00f3n intelectual a la verdad religiosa, sino el entronque personal de todo el ser con Dios. <em>Tesoro de la Juventud<\/em> y <em>Tesoro de la Ni\u00f1ez<\/em> y dem\u00e1s libros de don Enrique buscan \u00abformar una piedad ilustrada\u00bb (del Pr\u00f3logo de <em>Tesoro de la Juventud,<\/em> 1\u00aa ed.). Don Enrique hermana instrucci\u00f3n y devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLo que importa es \u2013escribe tambi\u00e9n\u2013 una educaci\u00f3n cristiana, seg\u00fan el esp\u00edritu de la gran Teresa de Jes\u00fas, y con esto regenerar a Espa\u00f1a, al mundo todo por la imitaci\u00f3n de las virtudes de la Santa de nuestro coraz\u00f3n, tipo acabado de la perfecta mujer cat\u00f3lica y espa\u00f1ola\u00bb. Siempre vigorosa vida interior del alma, siempre. Es el objetivo de la educaci\u00f3n cristiana. M\u00e1xima de don Enrique es \u00abformar a Cristo Jes\u00fas en las inteligencias por medio de la instrucci\u00f3n, formar a Cristo Jes\u00fas en los corazones por medio de la educaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique no concibe la cultura sin Dios. Para \u00e9l la religi\u00f3n no es ni un postizo ni un a\u00f1adido, sino vertebraci\u00f3n integral del ser. Desenmascar\u00f3 los planes de la Instituci\u00f3n Libre, que propon\u00eda una ense\u00f1anza religiosamente neutra, cuando no declaradamente contraria a la religi\u00f3n. Funda la Compa\u00f1\u00eda con el prop\u00f3sito de que la ni\u00f1a, la joven realice el encuentro vivo y vital con la cultura y con el mundo, en un clima religioso que favorezca la eclosi\u00f3n de la personalidad infantil y juvenil de una forma tal que pueda luego insertarse en sociedades m\u00e1s amplias sin herida y sin p\u00e9rdida de la concepci\u00f3n cristiana de la vida. \u00abTodo lo hemos de hacer servir para restablecer el reinado social de Jesucristo, empezando por restaurar en Cristo la educaci\u00f3n de la mujer. No se ha de emplear cosa alguna que haya de contribuir poco ni mucho a degenerar de la fe viva e \u00edntegra de nuestros padres y de su car\u00e1cter noble y caballero\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Puntos en que don Enrique se adelanta a otros<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Aprecio del valor de la mujer<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Hoy vivimos el movimiento general por la promoci\u00f3n de la mujer en el mundo. Hoy es reconocido por todos, el papel de la mujer en la sociedad y en la comunidad eclesial. El S\u00ednodo de los Obispos de 1971 expresaba el deseo de \u00abque las mujeres tengan su propia parte de responsabilidad y de participaci\u00f3n en la vida comunitaria de la sociedad y tambi\u00e9n de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote115sym\" id=\"sdfootnote115anc\"><sup>115<\/sup><\/a>. Y Pablo VI, el 18 de abril de 1975, hablando al Comit\u00e9 para el A\u00f1o Internacional de la Mujer, urg\u00eda \u00abtrabajar en todas partes por hacer descubrir, respetar y proteger los derechos y prerrogativas de la mujer en su vida de soltera, conyugal, educativa, profesional, c\u00edvica, social, religiosa\u00bb<a href=\"#sdfootnote116sym\" id=\"sdfootnote116anc\"><sup>116<\/sup><\/a>. Y es deseo claramente expresado por el Concilio Vaticano II<a href=\"#sdfootnote117sym\" id=\"sdfootnote117anc\"><sup>117<\/sup><\/a> que tambi\u00e9n en la Iglesia, en su inmenso trabajo de evangelizaci\u00f3n, tienen que empe\u00f1ar las mujeres cada d\u00edas m\u00e1s sus ricas cualidades espec\u00edficas, tanto humanas como espirituales. Y aunque el panorama de las actividades apost\u00f3licas de la mujer es ya impresionante, la Iglesia espera mucho de las mujeres para llevar a cabo su misi\u00f3n evangelizadora. Hoy, pues, son gozosa realidad los esfuerzos para que la mujer encuentre su justo puesto y el papel que le corresponde en la sociedad y en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero retrocedamos cien a\u00f1os. Los textos de don Enrique, seleccionados para constatar su aprecio del valor de la mujer, fueron escritos hace cien a\u00f1os. Entonces eran meritoria novedad. No digo exclusividad, pues en la segunda mitad del siglo XIX se fundaron alrededor de medio centenar de congregaciones femeninas, muchas de ellas a impulsos de sacerdotes santos que, como don Enrique, pensaban en el hecho positivo, indestructible e inmodificable de la influencia de la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTal es el mundo \u2013escrib\u00eda don Enrique\u2013, tanto vale una naci\u00f3n, cuanto valen las mujeres que dieron el ser a sus hijos y los educaron; y sabido es que tanto valen las madres, cuanto valen las j\u00f3venes que en un d\u00eda m\u00e1s o menos lejano lo ser\u00e1n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfSe ha visto nunca al mundo resistir la acci\u00f3n simp\u00e1tica, la ardorosa influencia de la mujer? Coraz\u00f3n de la familia, reina del hogar dom\u00e9stico, dulce encanto de la sociedad y gloria de la religi\u00f3n; la mujer cat\u00f3lica posee la virtud de asimilaci\u00f3n, pero virtud sin l\u00edmites e irresistible. El mundo ha sido siempre lo que le han hecho las mujeres. Y un mundo hecho por vosotras, formadas seg\u00fan el modelo de la Virgen Mar\u00eda con las ense\u00f1anzas de Teresa; un mundo que, rendido a los pies de Mar\u00eda, lea a Teresa, no podr\u00e1 ser sino un mundo de santos. Manos, pues, a la obra, que el tiempo urge y apremian las circunstancias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi educar a un ni\u00f1o es educar s\u00f3lo a un hombre, y educar a una mujer es educar a toda una familia, \u00bfno ha de ser \u00e9sta (la Compa\u00f1\u00eda) una de las m\u00e1s fecundas obras, la que ha de dar m\u00e1s excelentes y mayores resultados pr\u00e1cticos en bien de la Iglesia y de la sociedad? Otras buscan las ramas. La Compa\u00f1\u00eda va derechamente al coraz\u00f3n. El coraz\u00f3n de la familia es la mujer. Mejorado el coraz\u00f3n, el principio, todo estar\u00e1 sin advertirlo mejorado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh! si pudiese educarse a la juventud femenil en el esp\u00edritu y ense\u00f1anza de la Hero\u00edna espa\u00f1ola (Santa Teresa). En veinte a\u00f1os Espa\u00f1a quedar\u00e1 regenerada\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl error y el vicio no echan ra\u00edces donde no tienen a la mujer por c\u00f3mplice. Y la virtud no se arraiga y florece en los pueblos, en las familias, si no es antes virtuosa la mujer. La misma debilidad da al sexo fr\u00e1gil cierto misterioso poder, que unido a su gracia le presta recursos que no tiene el hombre para combatir el mal. De su debilidad saca fuerza; de su fragilidad, estabilidad y constancia. Cuando otra cosa no le quedara a la mujer para hacer el bien, halla recursos en su palabra para abatir el orgullo de la impiedad. Y a veces no necesita de la palabra: una sonrisa de desd\u00e9n es m\u00e1s eficaz que los m\u00e1s elocuentes discursos. La palabra de la mujer, ya hable con el acento de hija, de madre o esposa, reviste tal eficacia que no pueden resistirla los m\u00e1s duros corazones. Como es palabra de coraz\u00f3n, tiene virtud especial para mover corazones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Pionero en t\u00e9cnicas pedag\u00f3gicas<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Adelant\u00e1ndose muchos a\u00f1os, don Enrique orden\u00f3 que sus religiosas, antes de salir a cumplir su misi\u00f3n en los colegios, se capacitasen muy bien en toda clase de labores desde la \u00abcalceta y puntos y tapicer\u00eda y encajes hasta el bordado en sus diversas variedades\u00bb, as\u00ed como en dorado y plateado y hechura de toda clase de ropas de iglesia; y que recibieran y diesen lecciones de arte de cocina, lavado, amasar el pan, hacer jab\u00f3n, coser a m\u00e1quina; y que supieran los principales elementos de higiene y medicina para poder ense\u00f1arlos.<\/p>\n\n\n\n<p>No es posible, ni lo permite la \u00edndole del art\u00edculo, exponer los valores pedag\u00f3gicos de este catequista genial y eximio maestro. S\u00f3lo unos detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy hablamos de \u00abense\u00f1anza personalizada\u00bb. Don Enrique recomienda: \u00abProcuren ante todo las maestras estudiar la \u00edndole y car\u00e1cter de sus alumnas, para que aprovechen sus instrucciones y correcciones\u00bb. Habla de los obst\u00e1culos para el estudio:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>La falta de m\u00e9todo;<\/li>\n\n\n\n<li>La distracci\u00f3n o falta de atenci\u00f3n;<\/li>\n\n\n\n<li>El no tener calmadas las pasiones, o sea la falta de paz del alma; o, como ense\u00f1a San Bernardo, la culpa que remuerde, el sentido que codicia, el cuidado que punza y el tropel de im\u00e1genes que se apoderan de la imaginaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Al hablar del modo de estudiar, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAl aprender las lecciones, f\u00edjense m\u00e1s en los conceptos que en las palabras. Nada decoren sin antes estudiarlo: a este fin, observar\u00e1n en el estudio las reglas siguientes:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Leer\u00e1n atentamente una o m\u00e1s veces lo que deben aprender, procurando entenderlo bien.<\/li>\n\n\n\n<li>Despu\u00e9s lo grabar\u00e1n en la memoria por partes, no pasando al punto siguiente sin haber antes aprendido bien y decorado los conceptos del anterior.<\/li>\n\n\n\n<li>Aprendida as\u00ed la lecci\u00f3n, dec\u00f3renla por entero y con pausa, como si la recitaran en clase.<\/li>\n\n\n\n<li>Si durante el estudio encuentran alguna cosa que no entiendan, an\u00f3tenla y preg\u00fantenlo con humildad despu\u00e9s a la maestra\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Hoy hablamos de \u00abm\u00e9todos vivos\u00bb, de \u00abpedagog\u00eda activa\u00bb. \u00bfC\u00f3mo eran sus catequesis? Torneos de preguntas y respuestas, di\u00e1logos, adivinanzas, juegos, carreras, luchas, competiciones, excursiones&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Terminemos este apartado con unas palabras de don Enrique sobre el amor como cualidad del buen maestro: \u00abSi uno se contenta con hacerse temer, no ir\u00e1n sino con repugnancia al Catecismo como a un ejercicio odioso, se ausentar\u00e1n de \u00e9l lo m\u00e1s pronto que puedan, escuchar\u00e1n, sin inter\u00e9s, \u00fanicamente para no ser castigados; usar\u00e1n de disimulaci\u00f3n, y el coraz\u00f3n no se dejar\u00e1 manejar, mover y mudar. Es, pues, esencial el hacerse amar. No se obtiene el ser amado sino amando con un amor lleno de dulzura\u00bb. P\u00e1gina hermosa de la <em>Gu\u00eda pr\u00e1ctica del catequista.<\/em> A\u00f1o 1872, cuando se ense\u00f1aba, correazo va y correazo viene.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>En la avanzadilla de la penetraci\u00f3n en el mundo de la cultura<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Estaba de moda ser librepensador. Era la \u00e9poca del liberalismo y la masoner\u00eda, cuando se intentaba suprimir a Dios de la vida. Era la \u00e9poca en que, al socaire de la tolerancia en materia docente, los protestantes costeaban estudios y t\u00edtulos, obligando antes con juramento a sus adeptos a ense\u00f1ar el protestantismo. Se abr\u00edan brechas profundas en las instituciones docentes espa\u00f1olas. Enemigos de Dios y de la Iglesia, encaramados en puestos de direcci\u00f3n, desde el Ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica (a la saz\u00f3n llamado de Fomento) re\u00f1\u00edan la gran batalla. El campo de la ense\u00f1anza y de la educaci\u00f3n es el m\u00e1s apto para cambiar la estructura espiritual de los hombres en uno o en otro sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique, hombre de fe y con despierta inteligencia, reaccion\u00f3 contra quienes, queriendo inyectar sangre nueva en la Universidad y la cultura espa\u00f1olas (y buena falta le hac\u00eda), propon\u00edan una cultura sin Dios. \u00abQui\u00e9rese arrojar del mundo a Dios \u2013escrib\u00eda don Enrique\u2013. Los disc\u00edpulos del hijo de perdici\u00f3n&#8230; han comprendido que s\u00f3lo apoder\u00e1ndose de la ense\u00f1anza y haci\u00e9ndola atea era como ellos y sus doctrinas de perversi\u00f3n pod\u00edan entronizarse en el mundo. De aqu\u00ed su af\u00e1n por corromper la ense\u00f1anza con libros de texto y textos vivos que secundasen sus planes infernales\u00bb. Don Enrique no se queda en est\u00e9riles quejas y habl\u00f3 sobre la necesidad apremiante de ir a la conquista de la Escuela y las Normales y los Institutos y hasta la Universidad. Propuso regenerar la ense\u00f1anza desde el punto de vista cristiano y pedag\u00f3gico vali\u00e9ndose de instituciones y m\u00e9todos que a muchos parec\u00edan demasiado nuevos. Se enfrent\u00f3 continuamente con el hecho de la descristianizaci\u00f3n p\u00fablica. Clam\u00f3 una y otra vez sobre el peligro de la ense\u00f1anza laica. Lament\u00f3 con gran pesar la noticia de que cuatro profesores krausistas hab\u00edan sido nombrados para la Escuela Normal Central de Maestras de Madrid. Nadie puede arrebatar a don Enrique la gloria indiscutible de haber se\u00f1alado tan previsoramente lo que se nos ven\u00eda encima entre brumas y celajes por el horizonte de la ense\u00f1anza.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l rendimos tambi\u00e9n tributo de admiraci\u00f3n por estar en la avanzadilla de la penetraci\u00f3n en el mundo de la cultura. Nuevo era que las hijas de la Compa\u00f1\u00eda sacaran t\u00edtulos oficiales en los centros docentes del Estado para que pudiesen legalmente ejercer su apostolado en el campo de la ense\u00f1anza. La Compa\u00f1\u00eda no era una audaz y precipitada aventura, sino una aut\u00e9ntica arma de combate destinada a perpetuar una t\u00e1ctica, un m\u00e9todo y un prop\u00f3sito deliberado de influir sobre la vida espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Novedad laudable tambi\u00e9n encerraba el prop\u00f3sito de que la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda de dedicarse no s\u00f3lo a abrir colegios en las ciudades populosas, sino tambi\u00e9n a dirigir escuelas en pueblos peque\u00f1os. Buscaba v\u00edas de acercamiento a los distintos sectores de la juventud.<\/p>\n\n\n\n<p>El 1 de mayo de 1893, el ministro de Gracia y Justicia, Montero R\u00edos, firmaba la aprobaci\u00f3n oficial de la Compa\u00f1\u00eda como Instituto Religioso docente por parte del Gobierno Espa\u00f1ol. Por estar en posesi\u00f3n del correspondiente t\u00edtulo oficial ven\u00edan dirigiendo colegios desde septiembre de 1878; su incorporaci\u00f3n al Magisterio Nacional les dejaba a cubierto de posibles interferencias obstaculizadoras. Eran maestras y religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique, pionero de la penetraci\u00f3n en el mundo de la cultura, pudo ver el fruto de sus afanes. La Compa\u00f1\u00eda se extend\u00eda r\u00e1pidamente; todos alababan los magn\u00edficos resultados de la pedagog\u00eda teresiana en los dos aspectos: acad\u00e9mico y moral; tambi\u00e9n eran estimadas en el escalaf\u00f3n oficial: en junio de 1889 una religiosa de la Compa\u00f1\u00eda era nombrada por la Direcci\u00f3n General de Instrucci\u00f3n P\u00fablica vocal del Tribunal de oposiciones a las Escuelas de Maestras de p\u00e1rvulos para todo el distrito universitario de Barcelona.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tres grandes amores<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Al Papa<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Tuvo Don Enrique devoci\u00f3n singular\u00edsima a la Santa Sede. Su amor al Papa fue conmovedor y tiern\u00edsimo. \u00abSi quer\u00e9is conocer el grado y la calidad del catolicismo de una persona, de una idea, de una instituci\u00f3n, observadla en su relaci\u00f3n con el Papa. Si habla bien, buena se\u00f1al, pero si no, es el mejor s\u00edntoma de que no es buen cat\u00f3lico\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres veces fue a Roma: en 1870, acompa\u00f1ado de su entra\u00f1able amigo Manuel Domingo y Sol; en 1888, para obtener el \u00abDecretum Laudis\u00bb del Instituto; y en 1894, para que se suspendiera la ejecuci\u00f3n de la sentencia del pleito fallado en contra suya. El recuerdo de la primera visita, en los d\u00edas del Concilio Vaticano I, le acompa\u00f1\u00f3 toda su vida. Aprovech\u00f3 todas las oportunidades para manifestar de manera p\u00fablica y rotunda sus sentimientos de filial adhesi\u00f3n a la Santa Sede.<\/p>\n\n\n\n<p>Empecemos por las peregrinaciones, fiestas, conmemoraciones y celebraciones. Nos har\u00edamos interminables si pretendi\u00e9ramos enumerar todas las convocatorias de don Enrique. \u00c9l oteaba los horizontes de Espa\u00f1a y lanzaba a los cuatro puntos cardinales su llamamiento a participar, con el mayor entusiasmo, en este o aquel festejo. Su coraz\u00f3n sacerdotal se hac\u00eda eco siempre de las efem\u00e9rides que exaltaron sus tres grandes amores: el Papa, la Iglesia y la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de Espa\u00f1a, que recib\u00edan (era inevitable para \u00e9l) los tintes de su teresianismo visceral.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante largo tiempo, con insistencia y ardor, colabor\u00f3 don Enrique, desde la Revista, en la propaganda y preparaci\u00f3n de la peregrinaci\u00f3n teresiana a Roma, organizada por don Ram\u00f3n Nocedal. M\u00e1s de 8.000 espa\u00f1oles llegaron a Roma para estar junto al Papa el d\u00eda 15 de octubre de 1876.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n tom\u00f3 parte don Enrique en los preparativos de la peregrinaci\u00f3n nacional a Roma con ocasi\u00f3n del Centenario (tercer centenario) de Santa Teresa, celebrado en 1882.<\/p>\n\n\n\n<p>Por iniciativa de un grupo de devotos teresianos, el d\u00eda 15 de octubre de 1882, se ofrecieron por el Papa centenares de miles de Comuniones y se enviaron 10.000 telegramas a Roma, y m\u00e1s de un mill\u00f3n de firmas de adhesi\u00f3n a la C\u00e1tedra de Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>Promovi\u00f3 don Enrique comuniones, novenas, etc., Por el Papa y por la Iglesia, para que el Se\u00f1or no permitiese m\u00e1s tribulaciones a su Iglesia y a su Vicario.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los a\u00f1os, en obsequio al Papa, recog\u00eda limosnas, que enviaba a Roma junto con la colecci\u00f3n completa de la Revista.<\/p>\n\n\n\n<p>En abril de 1877, cincuenta aniversario de la consagraci\u00f3n episcopal de P\u00edo XI, ofreci\u00f3 un magn\u00edfico \u00e1lbum que conten\u00eda 11.000 firmas de j\u00f3venes de la Archicofrad\u00eda, juntamente con una respetable cantidad de dinero (limosnas recogidas), y un cuadro al \u00f3leo de Santa Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1888, con ocasi\u00f3n de las fiestas jubilares de Le\u00f3n XIII, en su viaje a Roma, don Enrique fue \u00aba prestar a nuestro amant\u00edsimo Padre, cautivo y pobre, el \u00f3bolo que hemos recogido en la Revista\u00bb. Y anim\u00f3 a que en todas las ciudades y pueblos donde exist\u00edan la Compa\u00f1\u00eda, la Archicofrad\u00eda y el Reba\u00f1ito se constituyeran juntas y comit\u00e9s para confeccionar ornamentos lit\u00fargicos, que, despu\u00e9s de ser ofrecidos al Papa, ir\u00edan destinados a las iglesias pobres del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>A los ni\u00f1os de la Catequesis, a las j\u00f3venes de la Archicofrad\u00eda, a los hombres de la Hermandad Josefina, a los j\u00f3venes, a las ni\u00f1as del Reba\u00f1ito, a sus religiosas, a todos recomendaba grande amor y devoci\u00f3n al Romano Pont\u00edfice. Compuso una oraci\u00f3n por el Papa, que \u00e9l rezaba despu\u00e9s de celebrar.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>A la Iglesia<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Su amor al Papa es amor a la Iglesia. Consagr\u00f3 su vida al servicio de la Iglesia, a la que amaba con pasi\u00f3n. En un librito sobre religi\u00f3n y moral que escribi\u00f3 para uso de los colegios de la Compa\u00f1\u00eda, aparecen estas palabras suyas que resumen con fidelidad el sentido de su vida: \u00ab\u00a1Oh Iglesia Santa, Cat\u00f3lica, Apost\u00f3lica y Romana!&#8230; \u00a1P\u00e9guese mi lengua al paladar y s\u00e9quese mi mano derecha si no te bendijere, amare, respetare, obedeciere y defendiere como a mi m\u00e1s querida y bondadosa Madre siempre, siempre, siempre!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Con infatigable constancia don Enrique se inmol\u00f3 en el servicio a la Iglesia de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>A la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de Espa\u00f1a<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique fue un enamorado de Espa\u00f1a y de su tradici\u00f3n cat\u00f3lica. En la Revista encontramos, entre la gracias que se piden, la prosperidad de Espa\u00f1a. Pasan de 200 los art\u00edculos total o parcialmente dedicados a analizar las causas de los males que afligen a la patria y a proponer los remedios para recobrar el antiguo esplendor. Al movilizar para la celebraci\u00f3n del Tercer Centenario de Santa Teresa, escrib\u00eda llevado por su entusiasmo: \u00abEntonces Espa\u00f1a recobrar\u00e1 su dignidad perdida, y resta\u00f1ar\u00e1 sus heridas y reparar\u00e1 sus fuerzas, florecer\u00e1 en ella la fe y la piedad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo su apostolado tuvo continuamente presente dos objetivos: el servicio a la Iglesia y el servicio a Espa\u00f1a. \u00abAspira nuestra humilde publicaci\u00f3n a hermanar estos dos sentimientos, los m\u00e1s nobles y grandes del coraz\u00f3n humano, el sentimiento religioso y el patrio\u00bb. Y lo hace ajeno a toda pol\u00edtica: \u00abEspa\u00f1oles todos, sin distinci\u00f3n de clases, opiniones y partidos, <em>hora est iam nos de somno surgere.<\/em> O\u00edd la voz de uno de vuestros hermanos\u00bb. Y expone sus anhelos de renovaci\u00f3n del pa\u00eds mediante el conocimiento y difusi\u00f3n del esp\u00edritu de Santa Teresa de Jes\u00fas, del esp\u00edritu teresiano que, por su reciedumbre cat\u00f3lica y por su significaci\u00f3n tan genuinamente espa\u00f1ola, podr\u00eda realizar el prodigio de restaurar, actualiz\u00e1ndolo todo, un sentido cristiano de la vida y pensamiento que hab\u00eda hecho grande a nuestra patria.<\/p>\n\n\n\n<p>Religi\u00f3n y patria, s\u00ed, pero sin mezcolanzas impropias de su sacerdocio. Jam\u00e1s se advierte en don Enrique el m\u00e1s ligero matiz que haga pensar en aficiones pol\u00edticas. Para \u00e9l no hab\u00eda m\u00e1s ambici\u00f3n que extender el conocimiento de Cristo y llevar a los hombres a Dios. Se consideraba obligado a defender la vida religiosa del pueblo espa\u00f1ol, con el cual, no con la pol\u00edtica, el catolicismo se hab\u00eda compenetrado de una manera casi \u00fanica en Europa. Y como instrumento escogi\u00f3 el teresianismo. Su devoci\u00f3n y conocimiento de Santa Teresa le hicieron intuir que ella pod\u00eda ser, con su extraordinaria significaci\u00f3n de s\u00edmbolo de la raza, el bander\u00edn que agrupaselas energ\u00edas espirituales maltratadas y dispersas. Hab\u00eda que ofrecer al pueblo sencillo un camino y una meta. Y la Santa pod\u00eda muy bien ser lasdos cosas. Camino, por el inmenso atractivo que su figura bien presentada pod\u00eda despertar. Meta, por la reciedumbre y fortaleza espiritual que de ella, conocida e imitada, pod\u00eda derivarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Este amor a Espa\u00f1a fue siempre compatible en \u00e9l con un acendrado sentimiento de cari\u00f1o hacia la regi\u00f3n en que naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 su vida. Catalu\u00f1a estuvo siempre muy metida dentro del alma de don Enrique. Sus sanas y t\u00edpicas costumbres, su lengua, sus santuarios (en particular Montserrat) fueron siempre estimados por \u00e9l con noble y sincero entusiasmo. Nunca cay\u00f3 en la tentaci\u00f3n de favorecer, ni con el pensamiento siquiera, cualquier suerte de catalanismo de derechas o de izquierdas tendente a desgarrar la unidad pol\u00edtica de Espa\u00f1a. Amaba a Catalu\u00f1a dentro de Espa\u00f1a, y por Espa\u00f1a entera trabaj\u00f3 como ap\u00f3stol de Santa Teresa y de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de este amor a la regi\u00f3n catalana, era natural que sintiese particular predilecci\u00f3n por Tortosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Enamorado de Espa\u00f1a y de su tradici\u00f3n cat\u00f3lica, jam\u00e1s identific\u00f3 la condici\u00f3n de ciudadano con la condici\u00f3n de creyente, ni busc\u00f3 en grupos pol\u00edticos la defensa de la fe. A\u00fan m\u00e1s, ni manifest\u00f3 jam\u00e1s sus ideas pol\u00edticas; tal vez porque no las tuvo. De hecho, no las conocemos. Don Enrique, en todas sus empresas, buscaba s\u00f3lo nutrir vigorosamente la vida interior de quienes estaban a su alcance. Y al procurar que cada espa\u00f1ol se adhiriera, libre y personalmente, a Cristo en la Iglesia, recurre exclusivamente a medios genuinamente evang\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De d\u00f3nde le vino a don Enrique la fuerza<br>con que vivi\u00f3 su sacerdocio<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Oraci\u00f3n y vida interior<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique, entregado a una actividad vertiginosa, camina con una seguridad pasmosa y envidiable. Le acompa\u00f1a la fuerza del Esp\u00edritu. El oleaje del mar en que navega, no le hace naufragar nunca. \u00bfCu\u00e1l es la fuente de energ\u00eda? \u00bfDe d\u00f3nde le vino a \u00e9l la fuerza con que vivi\u00f3 su sacerdocio? Ni cargos honor\u00edficos, ni dignidades vanidosas, ni remuneraciones pecuniarias, ni la pasi\u00f3n del mando. Don Enrique rehus\u00f3 puestos brillantes, se qued\u00f3 en bachiller voluntariamente, se cerr\u00f3 las puertas a toda alta direcci\u00f3n en la carrera eclesi\u00e1stica. Por otra parte, multiplica sus tareas apost\u00f3licas. A la actividad que ocupar\u00eda en otro toda una vida, a\u00f1ade \u00e9l nuevas actividades, fruto de su inmenso esp\u00edritu de sacrificio y abnegaci\u00f3n personal. Su inquietud sacerdotal no descansa. S\u00f3lo su fuerte esp\u00edritu de oraci\u00f3n y su robust\u00edsima vida interior pod\u00edan darle \u00e1nimos para aquel batallar incesante.<\/p>\n\n\n\n<p>Oraci\u00f3n y vida interior. Su vida fue oraci\u00f3n continua. Don Enrique oraba ante el Sagrario frecuentemente, prolongadamente. A veces se levantaba a media noche y en la quietud de las altas horas nocturnas, llenas de solemnidad y de silencio, tensaba las cuerdas de su esp\u00edritu poni\u00e9ndole en comunicaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el ap\u00f3stol de la oraci\u00f3n. La Revista Teresiana est\u00e1 plagada de recomendaciones de la oraci\u00f3n; sus libros abundan en meditaciones y pr\u00e1cticas de la oraci\u00f3n; los reglamentos de sus fundaciones incluyen siempre el deber de orar. Oraci\u00f3n, oraci\u00f3n&#8230; es su idea continua, perseverantemente repetida, con insistencia incansable y creciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique cuidaba con tanto esmero su vida de oraci\u00f3n que se retiraba frecuentemente a Montserrat o al Desierto de las Palmas, para pasar all\u00ed d\u00edas y d\u00edas exclusivamente entregado al trato con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran oraci\u00f3n suya fue el Santo Sacrificio de al Misa. Preparaba diariamente su Misa con el acto cumbre y \u00fanico entre todos. Celebraba la Misa con tal fervor que parec\u00eda extasiado y consum\u00eda largo rato en la acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Caridad pastoral<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Le consum\u00eda el <strong>celo por el servicio de Dios y de su Iglesia<\/strong>. Abarc\u00f3 todos los campos de apostolado que a un sacerdote le ofrec\u00eda la situaci\u00f3n de Espa\u00f1a entonces. Y en todos se distingui\u00f3 de una manera sobresaliente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hacia el mundo que le toc\u00f3 vivir<\/strong>. Buen pastor, en una sociedad de civilizaci\u00f3n cristiana, azotada por los vientos de todas las decadencias, luchaba, lleno de aspiraciones y deseos sobrenaturales, por encima de los acontecimientos pol\u00edticos, puesta su confianza en Dios. El semanario \u00abEl Amigo del Pueblo\u00bb, la revista \u00abSanta Teresa de Jes\u00fas\u00bb, las fundaciones y libros responden a necesidades imperiosas que le toc\u00f3 vivir. Vuelto hacia el mundo, reaccionaba r\u00e1pidamente, aceptando el combate all\u00ed donde se le presentaba. Don Enrique no era hombre de gimoteos est\u00e9riles y vac\u00edas declamaciones. Era hombre de acci\u00f3n, sin tregua ni descanso. Era un ap\u00f3stol sumergido, de los pies a la cabeza, en el ambiente de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00eda la situaci\u00f3n real, las preocupaciones vivas del pueblo. El contacto con el mundo le permiti\u00f3 tener siempre una informaci\u00f3n de primera mano. Por eso log\u00f3 dar a sus publicaciones un estilo period\u00edstico de sabor popular sumamente interesante y atrayente.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda tiempo para detenerse, cuando el mal tanto avanzaba. Su celo descubr\u00eda horizontes inabarcables; era est\u00edmulo para su alma. Se consum\u00eda en anhelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Atento al mundo que le rodeaba, los movimientos que impulsa son de profunda piedad y rancio espa\u00f1olismo. Preocupado, vigilante y sumamente laborioso, sus obras fueron singularmente oportunas y fecundas, en campos hasta entonces no roturados.<\/p>\n\n\n\n<p>Sacerdote de Cristo en una \u00e9poca terriblemente cr\u00edtica y agitada, se entreg\u00f3 sin reservas en alas de su caridad pastoral hacia el mundo que le toc\u00f3 vivir. He examinado con atenci\u00f3n escrupulosa todos sus escritos. A trav\u00e9s de ellos vemos perfectamente reflejadas sus inquietudes y preocupaciones, y llegamos a darnos cuenta de las dimensiones que alcanza su pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>No evasi\u00f3n ni huida<\/strong>. En 1862, todav\u00eda seminarista, escribi\u00f3: \u00abEn su servicio (de Dios), ser\u00e9, con su gracia, <em>attente, devote, confidenter, alacriter et ferventer\u00bb.<\/em> Impetuoso, intr\u00e9pido, devorado por el fuego de Cristo, las alas de su esp\u00edritu estaban hechas para los grandes vuelos. Se crec\u00eda ante las dificultades. Cuando no puede publicar el semanario, piensa en la revista. Su af\u00e1n constante fue crear y multiplicar obras difusoras del bien; sembrar la buena semilla en todos los campos: ni\u00f1os, j\u00f3venes, adultos, hombres y mujeres, catequesis, predicaci\u00f3n, publicaciones, fundaciones. Tuvo que luchar con incansable ardor para vencer enormes dificultades. Sigui\u00f3 siempre adelante a pesar de los disgustos, de las molestias, de las noticias amargas. Su fuerte sentido sobrenatural le impulsa y anima. Reacciona vigorosamente y no permite dar entrada al desaliento. Siempre geniales iniciativas, siempre magn\u00edficos planes. Nada de evasi\u00f3n ni huida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Vivencia del Evangelio<\/strong>, en cuya fuerza confiaba. \u00abEn la recia tempestad que nos azota \u2013escrib\u00eda\u2013 y que parece va a hundirse en ella la religi\u00f3n y la patria, s\u00f3lo falta que importunemos a Jes\u00fas\u00bb. Vivi\u00f3 un cristianismo activo y generoso con el objeto de renovar el ambiente de indiferencia religiosa que se hab\u00eda extendido por pueblos y ciudades. Propon\u00eda siempre recursos genuinamente evang\u00e9licos. Y cuando no se obten\u00edan los frutos deseados, clamaba desde la Revista, con exhortaciones y consejos, para que no se abandonasen los medios espirituales, indispensables para lograrlos.<\/p>\n\n\n\n<p>La vivencia de la <strong>universalidad de la Iglesia<\/strong> dio fuerzas a su ideal sacerdotal. Tortosa le resultaba peque\u00f1a; por eso quiso llegar con su pluma, ya que no pod\u00eda hacerlo con su voz, a todas las familias de Espa\u00f1a y aun del mundo entero. Esta apertura de miras, estos horizontes universales fueron acicate a su caridad pastoral, fueron est\u00edmulo para vivir plenamente el ideal sacerdotal. Viv\u00eda como propios los problemas de la Iglesia. Siempre en la Revista se hizo echo de los males que aflig\u00edan a la Iglesia, expon\u00eda sus causas y las posibles consecuencias. Era el dolor del sacerdote que ama a la Iglesia. Los avances del laicismo en Italia, en Francia, en Portugal espoleaban su caridad pastoral. La dolorosa impresi\u00f3n que le caus\u00f3 su visita a Portugal, la descristianizaci\u00f3n de Francia, la desastrada situaci\u00f3n religiosa de Or\u00e1n (\u00c1frica), las acuciantes necesidades espirituales de Am\u00e9rica, las vejaciones de que era objeto el Papa, todo encend\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s la llama de su caridad pastoral. Lamentaba la corriente devastadora de un laicismo cuyas consecuencias preve\u00eda funest\u00edsimas. Y cre\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda y procur\u00f3 su difusi\u00f3n universal y tuvo la leg\u00edtima alegr\u00eda de verla establecida en Europa, \u00c1frica y Am\u00e9rica luchando contra la gran tragedia de la \u00e9poca moderna: la ense\u00f1anza laica. El fuerte anhelo de su alma sacerdotal era aguijoneado constantemente por su vivencia de la universalidad de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Teresianismo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Otra poderosa fuerza que le anim\u00f3 a vivir su sacerdocio fue la imitaci\u00f3n del esp\u00edritu de Santa Teresa y la entrega llena de amor a lo que esta Santa significa. Santa Teresa le sirve siempre de ejemplo y de aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando solicita del se\u00f1or Obispo de Tortosa permiso para sacar la Revista, escribe: \u00abRecordando a todos los espa\u00f1oles, hermanos nuestros muy queridos, las glorias de nuestra Santa, descubri\u00e9ndoles su imagen amabil\u00edsima, adornada de todas las virtudes y gracias&#8230; ven, siglo sin fe, a contemplar la hermosura y las riquezas de esta celestial virtud al resplandor de las luces que despide en Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb. Y durante los veinticinco a\u00f1os que dirigi\u00f3 la Revista no faltaron, mes por mes, art\u00edculos divulgadores. Santa Teresa como escritora, doctora, mortificada, perseguida, enferma, mal o bien interpretada&#8230; Santa Teresa como mujer human\u00edsima, caritativa, alegre, humilde, valiente, esforzada&#8230; Santa Teresa y la humildad, la castidad, la pobreza, el servicio a los dem\u00e1s&#8230; M\u00e1s de cuatrocientos art\u00edculos sobre temas teresianos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo estaremos satisfechos \u2013escrib\u00eda\u2013 mientras haya un espa\u00f1ol que no admire y ame a su hermana, la gran Mujer.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Era el caballero andante de la Santa. Don Enrique fue promotor y organizador de la peregrinaci\u00f3n teresiana a \u00c1vila y Alba de Tormes, cuna y sepulcro de la Santa. Se celebr\u00f3 en agosto de 1877 y congreg\u00f3 4 Obispos, m\u00e1s de 200 sacerdotes (entre ellos don Manuel Domingo y Sol y Jacinto Verdaguer) y m\u00e1s de 4.000 personas. \u00abDespreciando las burlas del mundo \u2013dec\u00eda en la Revista\u2013 hab\u00e9is cantado vuestra fe y vuestro amor a Teresa, a la faz de toda Espa\u00f1a, alentando con vuestro valor y noble ejemplo otros corazones tibios o retra\u00eddos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>En octubre de 1880 llamaba a toda Espa\u00f1a a celebrar el Tercer Centenario de Santa Teresa. Propon\u00eda una gran peregrinaci\u00f3n a \u00c1vila y Alba de Tormes y llamaba a poetas, artistas y literatos a Certamen Nacional. Con su amigo el Prelado de Salamanca, doctor Izquierdo, escogi\u00f3 temas, que pod\u00edan desarrollarse en espa\u00f1ol, lat\u00edn, franc\u00e9s, italiano, alem\u00e1n e ingl\u00e9s. Los premios eran espl\u00e9ndidos, algunos de 10.000 reales. Todo se malogr\u00f3 por la insidiosa acci\u00f3n pol\u00edtica de ateos y masones, quienes no se opusieron a la celebraci\u00f3n, pero s\u00ed desvirtuaron su car\u00e1cter. La llamada Junta Nacional pretende honrar no a la gran hija de Dios y de la Iglesia, sino a la mujer, a la escritora de fina gracia literaria&#8230;; todo ello con criterio naturalista y sin la m\u00e1s m\u00ednima preocupaci\u00f3n por observar su uni\u00f3n con Dios y su santidad maravillosa. Don Enrique, sacerdote afanoso \u00fanicamente de lo sobrenatural, protesta; y el mes de junio de 1882 escribe un art\u00edculo titulado \u00abVoz de alerta\u00bb. Su tesis es \u00ab\u00bfqu\u00e9 pacto puede haber entre Teresa de Jes\u00fas, encargada de celar la honra de Jes\u00fas, y los enemigos jurados de esta honra? \u00bfC\u00f3mo honrar a la Santa deshonrando al Santo de los Santos?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa, en su Centenario, tuvo un homenaje de piedad y de veneraci\u00f3n con cultos en pueblos y ciudades. Don Enrique, por su parte, con las hijas de la Archicofrad\u00eda Teresiana (m\u00e1s de 130.000 asociadas), ofreci\u00f3 a Santa Teresa un hermoso Altar de cedro en Montserrat. El d\u00eda 21 de octubre, entre cantos y rezos, 4.000 personas subieron a Montserrat.<\/p>\n\n\n\n<p>Valioso homenaje, y de gran labor investigadora, fue presentar, por orden alfab\u00e9tico, en la Revista (n\u00famero de octubre) un inmenso repertorio de frases y ep\u00edtetos con que la Santa ha sido honrada por los m\u00e1s diversos autores a trav\u00e9s del tiempo. Al pie de cada frase aparec\u00eda la referencia bibliogr\u00e1fica del libro y autor a que pertenec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez a \u00c1vila. Un ladr\u00f3n sacr\u00edlego ha arrancado de la imagen de la Santa la mano derecha, ricamente enjoyada por la piedad y generosidad de sus devotos. Don Enrique promueve actos de reparaci\u00f3n y de desagravio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y regala la nueva mano, obra de un magn\u00edfico joyero de Barcelona. Las Carmelitas descalzas de toda Espa\u00f1a costear\u00e1n el dedo pulgar; los Carmelitas descalzos, el \u00edndice; la Archicofrad\u00eda, el dedo coraz\u00f3n; la Compa\u00f1\u00eda de Santa Teresa, el anular; las ni\u00f1as del Reba\u00f1ito, el me\u00f1ique. El resto de la mano y los anillos ser\u00edan sufragados por donantes voluntarios que quisieran asociarse a la reparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas fiestas, aunque exteriormente tuvieran, a veces, el esplendor apote\u00f3sico de gran espect\u00e1culo (bandas de m\u00fasica, flores, palomas al aire, cohetes, estandartes), fueron siempre poderosas y fecundas fuentes de espiritualidad, de fervor y de celo apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>De noche y de d\u00eda pensaba en la Santa con el ardor de un esclavo enamorado. Como llamaradas de amor a Santa Teresa nacen las asociaciones y la Compa\u00f1\u00eda por \u00e9l fundadas. Como llamaradas de amor a Santa Teresa nacen las vibrantes convocatorias a la conciencia cristiana. Como llamaradas de amor a Santa Teresa nacen meditaciones y oraciones, folletos y libros. Con frase afortunada se lleg\u00f3 a decir de \u00e9l que viv\u00eda \u00abenteresianado\u00bb. En efecto, su vida se movi\u00f3 siempre bajo la advocaci\u00f3n y esp\u00edritu de Santa Teresa. Este teresianismo fue un factor m\u00e1s que le hizo vivir en plenitud su sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Contemplaci\u00f3n retrospectiva de don Enrique<br>a la luz del Concilio Vaticano II<\/h2>\n\n\n\n<p>Los movimientos b\u00edblico, lit\u00fargico y patr\u00edstico, la nueva orientaci\u00f3n de la eclesiolog\u00eda, las tendencias ecum\u00e9nicas, los estudios sobre el episcopado, la profundizaci\u00f3n en el papel del Primado, la teolog\u00eda de la misi\u00f3n, la reflexi\u00f3n sobre el laicado, todos estos fen\u00f3menos y otros m\u00e1s se cruzan hasta alcanzar su momento cumbre en las Constituciones, Decretos y Declaraciones del Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo sacerdotal se ponen claramente de manifiesto la inmutable naturaleza del sacerdocio, el lugar que el sacerdote ocupa en la Iglesia y en el mundo, y los aspectos pastorales, asc\u00e9ticos y disciplinares del ejercicio del ministerio sacerdotal en nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda contemplaci\u00f3n retrospectiva es peligrosa; se corre el riesgo de trasvasar injustificadamente al pasado juicios, valores del presente, aplicando a palabras y obras del pasado el sentido que revisten hoy para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es leg\u00edtimo mirar al pasado desde el presente, ya que estamos examinando la vida de un Siervo de Dios desde la perspectiva sacerdotal, por tanto, desde una perspectiva de fe. Del sacerdocio Cristo es Divino Maestro y Modelo; su doctrina se transmite (Tradici\u00f3n) de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n<a href=\"#sdfootnote118sym\" id=\"sdfootnote118anc\"><sup>118<\/sup><\/a>. Esta Tradici\u00f3n \u2013\u00abquod ubique, quod semper, quod ab omnibus\u00bb\u2014<a href=\"#sdfootnote119sym\" id=\"sdfootnote119anc\"><sup>119<\/sup><\/a> crece, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo<a href=\"#sdfootnote120sym\" id=\"sdfootnote120anc\"><sup>120<\/sup><\/a>, de modo homog\u00e9neo. En esa l\u00ednea de enriquecimiento homog\u00e9neo el estudio sobre la vida y la actividad pastoral del sacerdote viene progresando a lo largo de los veinte siglos de historia de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan m\u00e1s, mirar al pasado desde el presente es util\u00edsimo, porque el ministerio sacerdotal, en su aspecto pr\u00e1ctico, como quehacer salv\u00edfico de la Iglesia, exige la concreci\u00f3n hist\u00f3rica del propio marco socio-cultural. El sacerdocio, bajo este aspecto, tiene un sentido relativo, temporal y local; es historia. La contemplaci\u00f3n retrospectiva de una figura sacerdotal a la luz de posteriores adquisiciones, garantizadas por el Magisterio de la Iglesia, permite advertir los valores permanentes del sacerdocio (su origen, su naturaleza, sus poderes, su finalidad, sus acciones fundamentales) y el car\u00e1cter transitorio de sus expresiones hist\u00f3ricas, especificas de cada \u00e9poca. Aquello es inmutable; esto, mudable, como la cambiante situaci\u00f3n del hombre y de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Al contemplar a don Enrique (del siglo XIX) a la luz del Concilio Vaticano II (del siglo XX), no buscamos establecer un paralelismo entre la vida sacerdotal de don Enrique (realizada en circunstancias hist\u00f3ricas concretas) y la posterior y mayor profundizaci\u00f3n de la doctrina sobre el sacerdocio; equivaldr\u00eda a olvidar los progresos de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta mirada retrospectiva de la vida y ministerio sacerdotales de don Enrique a la luz del Vaticano II, comprobaremos la plena identidad de l\u00edneas fundamentales que est\u00e1n en la base del sacerdocio. Contemplaremos tambi\u00e9n gozosamente pose\u00eddas (unas veces en forma embrionaria, otras de modo pleno) realidades m\u00e1s tarde declaradas y expl\u00edcitamente formuladas por el Concilio. Descubriremos (en don Enrique asimiladas, en el Vaticano II ense\u00f1adas) las saludables energ\u00edas sobrenaturales que dan fuerza al sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Consagraci\u00f3n y misi\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique, hijo de su tiempo, fue educado en la concepci\u00f3n sacerdotal que ven\u00eda rigiendo desde Trento. El enfrentamiento de la Reforma y la Contrarreforma llev\u00f3 consigo un \u00e9nfasis unilateral en el sacerdocio de los ministros ordenados, en contraposici\u00f3n con la condici\u00f3n sacerdotal de todo el Pueblo de Dios. As\u00ed pues, don Enrique, no hablar\u00e1 de la Iglesia \u00abSacramento\u00bb<a href=\"#sdfootnote121sym\" id=\"sdfootnote121anc\"><sup>121<\/sup><\/a> ni de la participaci\u00f3n del bautizado en la \u00abfunci\u00f3n prof\u00e9tica, sacerdotal y real\u00bb<a href=\"#sdfootnote122sym\" id=\"sdfootnote122anc\"><sup>122<\/sup><\/a> de Cristo; pero s\u00ed levantar\u00e1 las banderas de sus asociaciones y, con los Reba\u00f1itos, la Archicofrad\u00eda, la Hermandad Josefina, etc., convocar\u00e1 a ni\u00f1as y a ni\u00f1os, a chicas y chicos j\u00f3venes, a mujeres y a hombres, para que tomen parte en la misi\u00f3n \u00fanica de la Iglesia; y esto, en virtud del bautismo recibido. La adscripci\u00f3n a la asociaci\u00f3n no es sino el prop\u00f3sito resuelto de hacer realidad la santidad-consagraci\u00f3n o dedicaci\u00f3n a Dios, que opera el bautismo. \u00abNo es cosa nueva la que nos proponemos \u2013escrib\u00eda don Enrique al presentar al se\u00f1or Obispo el proyecto de la Asociaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda Inmaculada\u2013. Queremos&#8230; con los medios que indicamos, que sea una verdad en las doncellas lo que solemnemente prometieron a Dios y a su Iglesia al recibir el Santo Bautismo&#8230; Queremos que siendo ellas miembros vivos de la Iglesia, injertadas en Cristo, como el sarmiento en la vid, continua y eficazmente influya el buen Jes\u00fas, su virtud y gracia en los corazones de las doncellas cristianas; que vivan en Cristo, est\u00e9n unidas a \u00c9l \u00edntimamente en caridad, vivan su vida, en una palabra, le conozcan y le amen; le hagan conocer y amar&#8230; Quiz\u00e1 esta falange escogida ser\u00e1 la que apresure el restablecimiento del reinado de Cristo Jes\u00fas\u00bb. Consagraci\u00f3n y misi\u00f3n; son los componentes ontol\u00f3gicos del ser cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, don Enrique (como m\u00e1s tarde el Concilio Vaticano II)<a href=\"#sdfootnote123sym\" id=\"sdfootnote123anc\"><sup>123<\/sup><\/a> urge, a todos los niveles de la vida cristiana, el ideal de santidad y de perfecci\u00f3n, que, en modo alguno, considera exclusivo de religiosos y sacerdotes. \u00abEl objeto de mi asociaci\u00f3n \u2013escrib\u00eda en una circular que hab\u00eda repartido profusamente\u2013 es el mismo que nos propone la Iglesia al admitimos en su gremio; renunciar a Satan\u00e1s, a sus obras y pompas, para hacer lugar al Esp\u00edritu Santo: echar de las almas a Lucifer, para que viva y reine en ellas Cristo Jes\u00fas. No se trata de que entr\u00e9is monjas, ni siquiera de cargaros con nuevas obligaciones o de imponeros duros sacrificios; no se trata sino de que se\u00e1is cristianas de veras, y de facilitaros los medios de serlo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Consagraci\u00f3n y misi\u00f3n. Don Enrique se siente consagrado y enviado, pero de un modo peculiar, como sacerdote, por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu, en el sacramento del Orden, que le ha capacitado para obrar en nombre de Cristo Sacerdote en calidad de cooperador de su obispo.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Funciones pastorales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Ajeno totalmente a las disputas, que habr\u00edan de venir m\u00e1s tarde<a href=\"#sdfootnote124sym\" id=\"sdfootnote124anc\"><sup>124<\/sup><\/a>, sobre si poner el acento en el ministerio de la palabra o en el del culto y adoraci\u00f3n a Dios, don Enrique vivi\u00f3 en perfecta armon\u00eda los varios aspectos del ministerio sacerdotal. Y no s\u00f3lo entend\u00eda la evangelizaci\u00f3n en una perspectiva estrechamente relacionada con el culto, sino que, para \u00e9l, el t\u00e9rmino natural del anuncio del Evangelio era la participaci\u00f3n de la vida de Dios por los sacramentos, particularmente la Santa Misa. Recu\u00e9rdense sus catequesis, recu\u00e9rdense los reglamentos de sus asociaciones, recu\u00e9rdense sus libros y art\u00edculos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres funciones (prof\u00e9tica, sacerdotal y regia) se entremezclan y relacionan rec\u00edprocamente: la actividad de la funci\u00f3n regia es proclamaci\u00f3n de la doctrina de Cristo (profetismo) que la inspira; y tiene valor sobrenatural si es ofrenda espiritual (sacerdocio). Tal es la doctrina conciliar. Pues bien, ninguna de las obras que don Enrique emprendi\u00f3 para seglares dej\u00f3 de tener como objetivo primero y principal el de nutrir vigorosamente la vida interior del alma de aquellos a quienes quer\u00eda disponer para la actuaci\u00f3n en el mundo. Primero aquello, despu\u00e9s la propaganda por medio de la prensa, la actuaci\u00f3n en la pol\u00edtica, el sentido social, la responsabilidad profesional.<\/p>\n\n\n\n<p>En la actividad sacerdotal de don Enrique descuella el ministerio de la palabra que ejerce de distintos modos: catequesis, predicaci\u00f3n, publicaciones, asociaciones piadosas, la \u00abCompa\u00f1\u00eda de Santa Teresa\u00bb para educar en la fe. Fue gran preocupaci\u00f3n suya la educaci\u00f3n cristiana y, desde las p\u00e1ginas de su Revista, ofreci\u00f3 la respuesta de doctrina viva a los problemas de la ense\u00f1anza que, en su circunstancia hist\u00f3rica, se plante\u00f3 con toda crudeza.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9rito de don Enrique es tambi\u00e9n haberse distinguido siempre por su amor a la vida lit\u00fargica en su mejor sentido. Ten\u00eda particular empe\u00f1o en que las religiosas asimilaran el esp\u00edritu propio de cada \u00e9poca dentro de los diversos ciclos del a\u00f1o. Era muy exigente en la observancia del ceremonial y en el uso de los ornamentos y objetos sagrados. Probablemente los Colegios Teresianos han sido de los primeros en Espa\u00f1a en que se ha inculcado a las j\u00f3venes el esp\u00edritu lit\u00fargico, el uso del misal, participaci\u00f3n en la Misa cantada los domingos, cultivo de la m\u00fasica gregoriana, etc. Todo ello es una consecuencia directa del trato \u00edntimo que mantuvo don Enrique toda su vida con el Monasterio de Montserrat.<\/p>\n\n\n\n<p>Como educador de la fe, atendi\u00f3 don Enrique a ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos. Procur\u00f3, por s\u00ed mismo o por otros (los miembros de sus asociaciones y las Hijas de la Compa\u00f1\u00eda), que cada persona fuera llevada \u00aba cultivar su propia vocaci\u00f3n de conformidad con el Evangelio, a una caridad sincera y activa y a la libertad con que Cristo nos libert\u00f3\u00bb<a href=\"#sdfootnote125sym\" id=\"sdfootnote125anc\"><sup>125<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Relaciones con los dem\u00e1s<\/li>\n\n\n\n<li>Con el Papa<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique durante su vida sacerdotal alcanz\u00f3 dos Pontificados: el de P\u00edo IX y el de Le\u00f3n XIII. Conoci\u00f3 personalmente a ambos Papas. El d\u00eda 20 de junio de 1870, don Enrique y don Manuel Domingo y Sol fueron recibidos por P\u00edo IX en audiencia privada que les llen\u00f3 de gozo y de espiritual consuelo. A principios del a\u00f1o 1888 don Enrique y las Madres Saturnina Jass\u00e1 y Teresa Pl\u00e1 fueron recibidos por Le\u00f3n XIII, que acept\u00f3 complacido los obsequios que le llevaban con ocasi\u00f3n del Jubileo Sacerdotal (50 a\u00f1os de sacerdocio) del Papa. No vamos a repetir el tiern\u00edsimo amor y la filial adhesi\u00f3n de don Enrique a la Santa Sede. Pero en esta mirada retrospectiva a la luz del Vaticano II, recordemos que vivi\u00f3 en Roma las jornadas emotivas del Vaticano I, el de la infalibilidad pontificia. \u00c9l y don Manuel Domingo y Sol \u00abasistieron a algunas de las sesiones conciliares y a las funciones en que por aquellas fechas tom\u00f3 parte P\u00edo IX\u00bb<a href=\"#sdfootnote126sym\" id=\"sdfootnote126anc\"><sup>126<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique considera al Papa como \u00abnuestro amad\u00edsimo Padre\u00bb, \u00abel Pastor de la Iglesia universal\u00bb, \u00abel Pont\u00edfice infalible\u00bb, \u00abVicario de Cristo\u00bb. Y considera como su misi\u00f3n fundamental ser el principio de unidad: \u00abun solo reba\u00f1o y un solo Pastor\u00bb, \u00abhaya un solo redil y un solo Pastor\u00bb, repite don Enrique en la nota necrol\u00f3gica en que da rienda suelta a sus tristes sentimientos por la muerte de P\u00edo IX.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Con el Obispo<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica \u00abPastor Aeternus\u00bb<a href=\"#sdfootnote127sym\" id=\"sdfootnote127anc\"><sup>127<\/sup><\/a> se hacen alusiones al episcopado, si bien no llegan a ser contrapeso suficiente del innegable relieve del Primado pontificio. Esto provoca malentendidos del mismo Primado: todo el vendaval de malas interpretaciones suscitadas en Alemania,<a href=\"#sdfootnote128sym\" id=\"sdfootnote128anc\"><sup>128<\/sup><\/a>que critica duramente el centralismo romano. Este ambiente motiva una declaraci\u00f3n conjunta del episcopado alem\u00e1n, que P\u00edo IX aprueba<a href=\"#sdfootnote129sym\" id=\"sdfootnote129anc\"><sup>129<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique vio con gozo la declaraci\u00f3n solemne de la infalibilidad pontificia. Aludiendo a este acontecimiento inolvidable, escrib\u00eda don Enrique en la Revista: \u00abYo he visto al Papa en sus grandes d\u00edas; tal como debe aparecer a los ojos de los fieles, con todo su esplendor, rodeado de toda majestad, como conviene al Vicario de Jesucristo\u00bb. La exaltaci\u00f3n pontificia que don Enrique vivi\u00f3 y difundi\u00f3 nunca fue considerada por \u00e9l como detrimento de la figura episcopal.<\/p>\n\n\n\n<p>Devoci\u00f3n, obediencia y colaboraci\u00f3n definen la actitud y conducta de don Enrique para con su obispo. Nada hizo sin contar con su obispo. Exonerado m\u00e1s tarde de la c\u00e1tedra del Seminario y del servicio exclusivo a su di\u00f3cesis de origen, no dio nunca un paso, en sus diversas actividades posteriores, sin contar con los obispos, a cuyo benepl\u00e1cito somet\u00eda gustoso todos sus deseos y prop\u00f3sitos. Con raz\u00f3n dijo de don Enrique el Padre Arbona, S.J.: \u00abEn cuanto a la obediencia fue siempre el Siervo de Dios obediente a sus superiores jer\u00e1rquicos y aun a sus directores espirituales, viendo en ellos la persona de Cristo, a quien obedec\u00eda, y cuya divina voluntad siempre y en todo anhelaba cumplir\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, don Enrique recibi\u00f3 de su obispo amor, consejo y aliento para todas sus empresas. \u00ab\u00a1Con calma y sin precipitaci\u00f3n, don Enrique! \u2013le dec\u00eda el Prelado cuando daba los primeros pasos la Compa\u00f1\u00eda\u2013. Esto puede ser una obra que d\u00e9 mucha gloria a Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Con los sacerdotes<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique trat\u00f3 mucho con sacerdotes. La naturaleza de las obras de don Enrique (catequesis de Tortosa, seminario, revista, asociaciones, la Compa\u00f1\u00eda) y su amplia difusi\u00f3n le obligaban a tratar con sacerdotes. Est\u00e1 expuesto en su cap\u00edtulo correspondiente. Aqu\u00ed lo miramos a la luz del Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique, como es natural, no habla de colegialidad diocesana, pero s\u00ed manifiesta los elementos en que la colegialidad consiste, a saber, identidad de potestad, pluralidad de miembros y actuaci\u00f3n corporativa bajo el propio obispo. Don Enrique se siente unido a los dem\u00e1s sacerdotes por los v\u00ednculos de la fraternidad y del ministerio. Rebosando alegr\u00eda y fervor, don Enrique escribe sus impresiones sobre la peregrinaci\u00f3n teresiana de 1877; al dirigirse a los sacerdotes peregrinos, dice: \u00ab\u00a1Bien por vosotros, venerables sacerdotes y religiosos, hermanos m\u00edos querid\u00edsimos, que hab\u00e9is ido a beber inspiraci\u00f3n, fe viva, sabidur\u00eda celestial, magnanimidad, amor y celo por los intereses de Jes\u00fas en las fuentes de vida eterna que manan del coraz\u00f3n transverberado del Seraf\u00edn del Carmelo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Desea el Concilio Vaticano II que los sacerdotes m\u00e1s ancianos ayuden a los m\u00e1s j\u00f3venes<a href=\"#sdfootnote130sym\" id=\"sdfootnote130anc\"><sup>130<\/sup><\/a>. Una de las ilusiones m\u00e1s vivas de don Enrique era tratar, siempre que pod\u00eda, con los sacerdotes j\u00f3venes, para orientarles por el camino del apostolado. He aqu\u00ed el testimonio del reverendo don Juan Fondevila: \u00abDon Enrique era un santo en la tierra, \u00a1Oh!, \u00a1qu\u00e9 cosas tan buenas nos dec\u00eda a nosotros los sacerdotes j\u00f3venes!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco habla don Enrique del Consejo Presbiteral, es decir, de la \u00abjunta o senado de sacerdotes representantes del presbiterio, que con sus consejos pueda ayudar eficazmente al obispo en el gobierno de la di\u00f3cesis\u00bb<a href=\"#sdfootnote131sym\" id=\"sdfootnote131anc\"><sup>131<\/sup><\/a>. En tiempos de don Enrique segu\u00eda en el olvido la colegialidad diocesana, de cuya existencia en los primeros siglos tenemos expl\u00edcitos testimonios en San Ignacio de Antioqu\u00eda<a href=\"#sdfootnote132sym\" id=\"sdfootnote132anc\"><sup>132<\/sup><\/a>; a su debilitamiento y olvido progresivo hab\u00eda contribuido de modo decisivo la obligada dispersi\u00f3n material del presbiterio, despu\u00e9s de la paz constantiniana, para proclamar la Palabra y celebrar la Eucarist\u00eda y los Sacramentos en las comunidades alejadas de la sede episcopal. Doctrinalmente el presbiterio sigue siendo afirmado<a href=\"#sdfootnote133sym\" id=\"sdfootnote133anc\"><sup>133<\/sup><\/a>, pero en el orden pr\u00e1ctico contin\u00faa s\u00f3lo en el grupo de sacerdotes que queda en la ciudad con el obispo, y adquiere, despu\u00e9s de varias vicisitudes, modalidades muy peculiares, como el cabildo catedral<a href=\"#sdfootnote134sym\" id=\"sdfootnote134anc\"><sup>134<\/sup><\/a>. Toca al Vaticano II recuperar el Consejo Presbiteral como \u00f3rgano consultivo del obispo. Visto el asunto, no desde la existencia jur\u00eddica de instituciones presbiterales, sino desde la perspectiva de esp\u00edritu de cooperaci\u00f3n con el obispo, de sugerencias apost\u00f3licas ofrecidas al obispo, de iniciativas presentadas al obispo, y todo ello impulsado por el amor a Cristo y a la Iglesia, podemos afirmar que don Enrique sent\u00eda y viv\u00eda la colegialidad diocesana. Con sus proposiciones de catequesis, semanario, revista, asociaciones, etc., proyectos favorablemente acogidos por su Obispo, don Enrique ayud\u00f3 eficazmente a \u00e9ste en el pastoreo de la di\u00f3cesis. Sin creatividad, sin amor a Jesucristo y a la Iglesia, las instituciones presbiterales son inoperantes, tienen vida ficticia cuando no son fuente de aristas, divisiones y enfrentamientos paralizantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pide el Concilio Vaticano II que se estimen grandemente y sean diligentemente promovidas \u00abaquellas asociaciones que, con estatutos reconocidos por la competente autoridad eclesi\u00e1stica, fomenten la santidad de los sacerdotes en el ejercicio del ministerio\u00bb<a href=\"#sdfootnote135sym\" id=\"sdfootnote135anc\"><sup>135<\/sup><\/a>. Sin el car\u00e1cter estricto de lo que llamamos hoy \u00abasociaci\u00f3n sacerdotal\u00bb, don Enrique proyectaba la creaci\u00f3n de \u00ablos Misioneros de Santa Teresa\u00bb, que, \u00aben la escasez cada d\u00eda mayor de clero, deben ser uno de los mejores auxiliares de los prelados, multiplic\u00e1ndose por su celo y laboriosidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Manuel Domingo y Sol, en su testamento, se\u00f1ala, entre los cr\u00e9ditos a su favor: \u00abEnrique de Oss\u00f3 qued\u00f3 a deberme ciento cincuenta o doscientos duros. Est\u00e1n perdonados\u00bb<a href=\"#sdfootnote136sym\" id=\"sdfootnote136anc\"><sup>136<\/sup><\/a>. Ciertamente es una ayuda a escala de amistad, pero apunta una mentalidad de cooperaci\u00f3n fraterna, en el plano econ\u00f3mico, entre presb\u00edteros. Estamos seguros de que aquellas monedas hab\u00edan rodado mucho cantando la gloria de Dios por los caminos de Espa\u00f1a con su sonido alegre y met\u00e1lico.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Con los fieles<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique se siente pastor de la Iglesia. No le mueve su propio inter\u00e9s sino el de Jesucristo. Su celo le anima a crear obras y obras para la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio pide a los sacerdotes que promuevan la dignidad de los seglares, reconociendo la parte propia que a ellos corresponde en la misi\u00f3n de la Iglesia<a href=\"#sdfootnote137sym\" id=\"sdfootnote137anc\"><sup>137<\/sup><\/a>. Las asociaciones piadosas fundadas por don Enrique, asent\u00e1ndose sobre la base s\u00f3lida de piedad, estudio y acci\u00f3n, son precursoras de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y de los Movimientos apost\u00f3licos modernos; proclaman el papel cristiano espec\u00edfico del ni\u00f1o, del joven, del adulto en la Iglesia; procuran la renovaci\u00f3n de Espa\u00f1a mediante la fidelidad a Cristo en la propia vocaci\u00f3n seglar. Su aprecio por el valor de la mujer, punto en que se adelanta a otros, busca que sean buenas madres y santas esposas. Las Hijas de la Compa\u00f1\u00eda han de santificarse viviendo en plenitud, por Dios, su propio carisma: el de su entrega a la educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Formaci\u00f3n doctrinal y sol\u00edcita atenci\u00f3n espiritual son las notas que definen la paternidad de don Enrique respecto a los fieles que fueron objeto de sus cuidados pastorales. S\u00f3lida instrucci\u00f3n y acendrada piedad son las ayudas sacerdotales que presta don Enrique a los ni\u00f1os de las catequesis de Tortosa, a los j\u00f3venes de las asociaciones, a los hombres de la Hermandad, a las religiosas de la Compa\u00f1\u00eda. Y cuando programa las obras de celo a que deben consagrarse con preferencia los Misioneros de Santa Teresa, se\u00f1ala una particular atenci\u00f3n a \u00ablos tesoros celestiales escondidos en la vida y escritos admirables de Santa Teresa de Jes\u00fas por todos los medios posibles, Revista, libros, etc., y no cejar en tan santa empresa hasta que todos los fieles se alimenten con el p\u00e1bulo de su celestial doctrina, como quiere nuestra Santa Madre la Iglesia\u00bb. Don Enrique, el enamorado de Teresa de Jes\u00fas, procuraba impregnar todo de teresianismo. Al encomendar a sus Misioneros Teresianos (obra que qued\u00f3 en proyecto) Ejercicios Espirituales, direcci\u00f3n espiritual, misiones, sermones, catequ\u00edstica, etc., tareas que a\u00fanan formaci\u00f3n doctrinal y atenci\u00f3n espiritual, no pod\u00eda olvidar la espec\u00edfica educaci\u00f3n teresiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os de las catequesis recib\u00edan instrucci\u00f3n y atenci\u00f3n espiritual. A las ense\u00f1anzas se a\u00f1ad\u00edan celebraciones de fiestas (de San Jos\u00e9, de la Inmaculada&#8230;), de comuniones, de s\u00faplicas por el Papa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los j\u00f3venes de la Pur\u00edsima Concepci\u00f3n se formaban cuidadosamente para catequistas y activos propagadores de ideas buenas. O\u00edan pl\u00e1ticas y conferencias. Su piedad se alimentaba en el templo junto a una imagen de la Pur\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>Las j\u00f3venes de la Archicofrad\u00eda estaban obligadas a celebrar anualmente Ejercicios Espirituales, a participar una vez al mes en cultos especiales y actos de piedad en honor de Santa Teresa, a asistir a instrucciones y conferencias que oportunamente deb\u00edan organizarse, y a practicar diariamente el cuarto de hora de oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Formaci\u00f3n doctrinal y sol\u00edcita atenci\u00f3n espiritual ofrec\u00eda don Enrique a los fieles para que \u00e9stos pudiesen cumplir responsablemente su propia tarea en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9rito de don Enrique es tambi\u00e9n haber invitado oportunamente a los fieles a emprender obras. Ojo avizor a las necesidades, particularmente de la ense\u00f1anza, no dejaba pasar oportunidad de animar a los lectores de su revista hacia esta o aquella iniciativa con respuesta cristiana al problema planteado. A\u00fan m\u00e1s, muchas veces se anticipaba a los acontecimientos y, con esp\u00edritu previsor, comentaba las funestas consecuencias que podr\u00edan sobrevenir. Es la necesidad de ir avanzando con la vida para iluminarla y conducirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Tomando como base unas palabras de P\u00edo IX a los peregrinos espa\u00f1oles, don Enrique public\u00f3 una serie de art\u00edculos con el t\u00edtulo com\u00fan de \u00abOrganic\u00e9monos\u00bb. Hace m\u00e1s de cien a\u00f1os, escrib\u00eda don Enrique: \u00abEl Estado ha querido prescindir del cuidado y vigilancia especial en el ramo de la religi\u00f3n rompiendo la unidad cat\u00f3lica, y hemos quedado los espa\u00f1oles casi hu\u00e9rfanos en esta parte, obligados a cuidarnos por nosotros mismos y a atender a mil cosas que hasta ahora desatend\u00edamos, fiados en el buen celo de la naci\u00f3n\u00bb. En estas palabras, clave para entender la obra y afanes posteriores de don Enrique, en ese \u00abobligados a cuidarnos por nosotros mismos\u00bb, hay una genial e inspirada anticipaci\u00f3n del catolicismo militante que caracteriza a nuestra \u00e9poca; es la conciencia del papel del seglar en la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia, es el compromiso temporal, es la participaci\u00f3n de la funci\u00f3n regia de Cristo: el mensaje de Cristo, por la actuaci\u00f3n de los seglares, debe llegar hasta el coraz\u00f3n mismo del trabajo humano para someter al reino de Cristo todas las realidades humanas temporales<a href=\"#sdfootnote138sym\" id=\"sdfootnote138anc\"><sup>138<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan don Enrique, en el cumplimiento de esta misi\u00f3n del seglar en la Iglesia debe evitarse cuidadosamente aun la apariencia de mezclar su misi\u00f3n sagrada con los intereses de cualquier ideolog\u00eda o facci\u00f3n meramente humana. A prop\u00f3sito de la Uni\u00f3n Cat\u00f3lica, primer intento serio de organizaci\u00f3n cat\u00f3lica de tipo nacional, reci\u00e9n constituida entonces bajo la presidencia del Cardenal Primado, Excmo. Sr. D. Juan Ignacio Moreno, escrib\u00eda don Enrique: \u00abSi fomentar\u00e1 los intereses de Jes\u00fas o no esta Uni\u00f3n, tal como algunos querr\u00edan llevarla a cabo, no es de nuestra incumbencia el juzgarlo. S\u00f3lo advertiremos a nuestros lectores que el demonio de la confusi\u00f3n anda suelto, que se transfigura en \u00e1ngel de luz con mucha frecuencia; y que el mejor medio para hacerle dar se\u00f1al es la oraci\u00f3n. Oremos y esperemos\u00bb. Don Enrique no ve\u00eda con buenos ojos el car\u00e1cter que algunos hab\u00edan querido dar a la Uni\u00f3n, excesivamente inclinado hacia una determinada vertiente pol\u00edtica. La uni\u00f3n que don Enrique apetec\u00eda hab\u00eda de descansar sobre la base de una concordia espiritual absoluta y ajena a todo partidismo. Comentando la Enc\u00edclica \u00abCum Multa\u00bb, de Le\u00f3n XIII, escribi\u00f3 don Enrique, a todo lo largo de 1883, numerosos art\u00edculos, insistiendo en la necesidad de poner como fundamentos serios de la uni\u00f3n la oraci\u00f3n y la vida espiritual de los cat\u00f3licos seglares para que siempre estuvieran al servicio aut\u00e9ntico de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>No conoci\u00f3 don Enrique los aires ecum\u00e9nicos del Vaticano II<a href=\"#sdfootnote139sym\" id=\"sdfootnote139anc\"><sup>139<\/sup><\/a>. Vivi\u00f3 otras coordenadas hist\u00f3ricas. Critic\u00f3 duramente el rabioso proselitismo en Espa\u00f1a de las sectas protestantes y coment\u00f3 con fuerte indignaci\u00f3n la consagraci\u00f3n del primer obispo protestante espa\u00f1ol, en la persona del ap\u00f3stata P. Cabrera.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Solicitud universal<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>\u00abEl don espiritual que recibieron los presb\u00edteros en la ordenaci\u00f3n no los dispone para una cierta misi\u00f3n limitada, sino para una misi\u00f3n ampl\u00edsima y universal de salvaci\u00f3n \u201chasta los extremos de la tierra\u201d\u00bb (Hch 1, 8)<a href=\"#sdfootnote140sym\" id=\"sdfootnote140anc\"><sup>140<\/sup><\/a>. La raz\u00f3n es que \u00abtodo ministerio sacerdotal participa la amplitud misma universal de la misi\u00f3n conferida por Cristo a los Ap\u00f3stoles\u00bb. En consecuencia, el Vaticano II pide a los presb\u00edteros que tengan solicitud por todas las Iglesias y que se revisen las normas de la incardinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la culminaci\u00f3n de un proceso que sigue la l\u00ednea de continuidad doctrinal y sin roturas con la genuina Tradici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique vivi\u00f3 la solicitud universal en el plano diocesano, en el plano nacional, en el plano universal.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien ha recibido la llamada de Cristo al sacerdocio ministerial no puede limitar o restringir la misi\u00f3n recibida. As\u00ed pensaba don Enrique. De ah\u00ed su plena disponibilidad para, como sacerdote tortosino, asumir la ejecuci\u00f3n de cualquier ministerio concreto que le encomendara su Obispo. La primera comunidad, germen de la futura \u00abCompa\u00f1\u00eda\u00bb, est\u00e1 instalada en Tarragona, calle de San Pablo 16, entregada con ilusi\u00f3n a la tarea de perfeccionar su vida interior y adquirir una capacitaci\u00f3n s\u00f3lida y completa. Don Enrique iba y ven\u00eda desde Tortosa a Tarragona todos los s\u00e1bados; durante la semana la c\u00e1tedra del Seminario le reten\u00eda. Esperaba tranquilamente a que su Obispo le exonerara de la c\u00e1tedra para atender esas m\u00e1s altas empresas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al comenzar el curso 1878-79 su Obispo le liber\u00f3 de la docencia en el Seminario. \u00abHe recibido carta de mi se\u00f1or Obispo \u2013escrib\u00eda por aquel entonces don Enrique a Teresa Pl\u00e1\u2013 descarg\u00e1ndome de la c\u00e1tedra y anim\u00e1ndome con palabras dignas de un ap\u00f3stol San Pablo a seguir mi vocaci\u00f3n trabajando y consagr\u00e1ndome de lleno a orar, predicar, dirigir la Revista, dar Ejercicios Espirituales a las de la Archicofrad\u00eda y a las Hermanas de las casas de nuestro Instituto; conque puedo a todas horas consagrarme a promover el bien de mi amada Compa\u00f1\u00eda\u00bb. No se cerr\u00f3 don Enrique en un particularismo err\u00f3neo. Siempre adherido a su Obispo, vivi\u00f3 don Enrique la universalidad de la Iglesia, como hemos indicado en el lugar correspondiente.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Atenci\u00f3n a las vocaciones sacerdotales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Como signo inequ\u00edvoco del amor de don Enrique a su misi\u00f3n, encontramos en \u00e9l el af\u00e1n de promover vocaciones al sacerdocio. Este cuidado de las vocaciones se sit\u00faa en la perspectiva de \u00absolicitud por las Iglesias\u00bb<a href=\"#sdfootnote141sym\" id=\"sdfootnote141anc\"><sup>141<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique apoy\u00f3 calurosamente los planes de su amigo don Manuel Domingo y Sol. Dedic\u00f3 varios art\u00edculos en la Revista a examinar el problema de las vocaciones eclesi\u00e1sticas. Al apuntar los remedios insist\u00eda don Enrique en la necesidad de familias profundamente cristianas, de cuyo seno podr\u00edan brotar tales vocaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n del clero en los seminarios diocesanos era otra gran preocupaci\u00f3n suya. A los Misioneros Teresianos encomendaba la gran obra de la direcci\u00f3n espiritual de los seminarios eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Santidad en el ministerio; unidad de vida<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>\u00abNo puede separarse la fidelidad para con Cristo de la fidelidad para con la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote142sym\" id=\"sdfootnote142anc\"><sup>142<\/sup><\/a>. Unidad de vida. Acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Gloria a Dios y servicio de los hombres son las dos vertientes de la funci\u00f3n sacerdotal. \u00abAl servicio de Cristo Maestro, Sacerdote y Rey, cuyo ministerio participan\u00bb<a href=\"#sdfootnote143sym\" id=\"sdfootnote143anc\"><sup>143<\/sup><\/a>, y a la vez \u00aben servicio de los hombres\u00bb<a href=\"#sdfootnote144sym\" id=\"sdfootnote144anc\"><sup>144<\/sup><\/a>; \u00abministros de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote145sym\" id=\"sdfootnote145anc\"><sup>145<\/sup><\/a> y \u00abministros de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote146sym\" id=\"sdfootnote146anc\"><sup>146<\/sup><\/a> en cuanto representantes de Cristo Cabeza, han de buscar la integraci\u00f3n en la unidad por la caridad pastoral<a href=\"#sdfootnote147sym\" id=\"sdfootnote147anc\"><sup>147<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique herman\u00f3 intensa vida espiritual y continua inmolaci\u00f3n en tareas apost\u00f3licas. Entregado de por vida a una actividad exterior alucinante, salva la nota m\u00e1s acusada de su car\u00e1cter contemplativo encaminando la acci\u00f3n a lograr en los dem\u00e1s el mismo prop\u00f3sito de vida interior que a \u00e9l le consum\u00eda. En \u00e9l se dio la fusi\u00f3n de ambos aspectos. Por eso su apostolado tuvo siempre el rango y la alta calidad de lo exquisitamente espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n vino en \u00e9l como fruto de la contemplaci\u00f3n. Don Enrique es un m\u00edstico empujado a la acci\u00f3n por el Esp\u00edritu. A\u00fan m\u00e1s, busca la renovaci\u00f3n de la Iglesia no en la reforma de estructuras externas, sino en la santificaci\u00f3n de las almas. Don Enrique aspir\u00f3 siempre a logar vidas extraordinariamente santas. Y profes\u00f3 que la eficacia de su misi\u00f3n exig\u00eda la lecci\u00f3n del buen ejemplo. M\u00e1xima suya es: \u00abLa m\u00e1s eficaz de las lecciones y la m\u00e1s inteligible por todos es el buen ejemplo\u00bb. \u00abLa santidad misma de los presb\u00edteros contribuye en gran manera al ejercicio fructuoso del propio ministerio; pues si es cierto que la gracia de Dios puede llevar a cabo la obra de salvaci\u00f3n aun por medio de ministros indignos, sin embargo, de ley ordinaria, Dios prefiere mostrar sus maravillas por obra de quienes, m\u00e1s d\u00f3ciles al impulso e inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, por su \u00edntima uni\u00f3n con Cristo y la santidad de su vida, pueden decir con el Ap\u00f3stol: \u201cPero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u201d\u00bb (Gal 2, 20)<a href=\"#sdfootnote148sym\" id=\"sdfootnote148anc\"><sup>148<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. O \u00abcontemplata aliis tradere\u00bb, seg\u00fan el cl\u00e1sico principio formulado por Santo Tom\u00e1s<a href=\"#sdfootnote149sym\" id=\"sdfootnote149anc\"><sup>149<\/sup><\/a>, y citado por el Vaticano II<a href=\"#sdfootnote150sym\" id=\"sdfootnote150anc\"><sup>150<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"7\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Humildad, obediencia, castidad, pobreza<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Humildad, obediencia, castidad y pobreza son las virtudes que el Concilio Vaticano II presenta<a href=\"#sdfootnote151sym\" id=\"sdfootnote151anc\"><sup>151<\/sup><\/a> como \u00abpeculiares exigencias espirituales en la vida del presb\u00edtero\u00bb, es decir, componentes propios de la espiritualidad espec\u00edficamente presbiteral.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas virtudes, necesarias al sacerdote, no son encuadradas dentro de los llamados \u00abtres consejos evang\u00e9licos\u00bb, para evitar una falsa identificaci\u00f3n de la vida sacerdotal con la vida religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Humildad, obediencia, castidad (celibato), pobreza son \u00abvirtudes m\u00e1ximamente requeridas por su ministerio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTeniendo presente que es el Se\u00f1or quien abre los corazones&#8230; consciente de su propia debilidad, el verdadero ministro de Cristo trabaja en la <strong>humildad<\/strong>&#8230;\u00bb<a href=\"#sdfootnote152sym\" id=\"sdfootnote152anc\"><sup>152<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Obediencia:<\/strong> \u00abel ministerio sacerdotal, por el hecho de ser ministerio de la Iglesia misma, s\u00f3lo puede cumplirse en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con todo el Cuerpo. As\u00ed, la caridad pastoral apremia a los presb\u00edteros a que, obrando en esta comuni\u00f3n, consagren por la obediencia su propia voluntad al servicio de Dios y de sus hermanos\u00bb. Obediencia total y delicada, pero tambi\u00e9n inteligente, operativa, responsable, \u00abbuscando nuevos caminos para el bien de la Iglesia, proponiendo con confianza sus iniciativas, y exponiendo insistentemente las necesidades de la grey que se les ha confiado, dispuestos siempre a someterse al juicio de quienes ejercen en el r\u00e9gimen de la Iglesia la autoridad principal\u00bb<a href=\"#sdfootnote153sym\" id=\"sdfootnote153anc\"><sup>153<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa <strong>perfecta y perpetua continencia<\/strong> por el Reino de los cielos&#8230; es al mismo tiempo signo y est\u00edmulo de la caridad pastoral y fuente de fecundidad espiritual en el mundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote154sym\" id=\"sdfootnote154anc\"><sup>154<\/sup><\/a>. La perfecta continencia hace al coraz\u00f3n libre, \u00abcoraz\u00f3n indiviso\u00bb, enteramente disponible para la funci\u00f3n confiada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pobreza<\/strong> voluntaria \u00abpara conformarse m\u00e1s manifiestamente a Cristo y hacerse m\u00e1s \u00e1giles para el ministerio sagrado. Porque Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que fu\u00e9ramos ricos por su pobreza\u00bb<a href=\"#sdfootnote155sym\" id=\"sdfootnote155anc\"><sup>155<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la contemplaci\u00f3n retrospectiva de don Enrique a la luz del Vaticano II, nos encontramos con la humildad, la obediencia, la castidad, la pobreza. Don Enrique es humilde, es obediente, es casto, es pobre. \u00bfComo exigencia de santidad personal propiamente dicha o como exigencia de su caridad pastoral? \u00bfEs nuevo el planteamiento conciliar de la caridad pastoral? Es nuevo el planteamiento conciliar de la espiritualidad sacerdotal como exigencia del ministerio mismo; pero no es nueva la doctrina sobre la caridad pastoral en imitaci\u00f3n y configuraci\u00f3n y seguimiento de Cristo, Buen Pastor. El mismo Concilio Vaticano II cita, a este prop\u00f3sito, a Santo Tom\u00e1s y a Or\u00edgenes<a href=\"#sdfootnote156sym\" id=\"sdfootnote156anc\"><sup>156<\/sup><\/a>, y a San Agust\u00edn<a href=\"#sdfootnote157sym\" id=\"sdfootnote157anc\"><sup>157<\/sup><\/a>. Adem\u00e1s, en los santos, la vivencia de los misterios precede a la reflexi\u00f3n y formulaci\u00f3n de los mismos. Dada la total identificaci\u00f3n de don Enrique con su sacerdocio, nos parece que vive conscientemente esas virtudes como exigencia de su caridad pastoral.<\/p>\n\n\n\n<p>En varias ocasiones hemos hablado ya de su humildad y obediencia, Omitimos, en raz\u00f3n de brevedad, los datos que hab\u00edamos preparado para este momento. Pasemos, pues, a su castidad y pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abFue casto \u2013dice el P. Carceller, S.J.\u2013 con una castidad que parec\u00eda espont\u00e1nea y que nac\u00eda del coraz\u00f3n&#8230; Parec\u00eda superior y exento de estas miserias humanas\u00bb. Jam\u00e1s una libertad o franqueza menos delicada en el gesto o la expresi\u00f3n; jam\u00e1s una se\u00f1al de afecto en que no brillase, cegadora y dominante, la espiritualidad m\u00e1s pura. Habiendo pasado don Enrique toda su vida en un trato continuo con mujeres, ni\u00f1as, adolescentes, j\u00f3venes, mayores, de tal manera se comport\u00f3 siempre que nadie se atrevi\u00f3 a decir de \u00e9l la m\u00e1s m\u00ednima palabra ofensiva a su virtud. Tal era su recato, su compostura angelical, su mirada limpia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la pobreza escribi\u00f3 en las Constituciones: \u00abLa pobreza evang\u00e9lica, amadas hijas en el Se\u00f1or, es como la esposa de Jesucristo, tesoro del cielo y muro que defiende a las casas religiosas del esp\u00edritu del siglo y de la relajaci\u00f3n de las Reglas; es custodio de la virtud de la mortificaci\u00f3n, humildad, desprendimiento y en especial el recogimiento interior; las alas que levantan r\u00e1pidamente las almas al cielo. \u00a1Feliz pobreza, que nada posees y nada temes; siempre jovial, siempre abundante, haces refluir en provecho propio las molestias mismas que experimentas! Amad, pues la santa pobreza\u00bb. Y \u00e9l la vivi\u00f3. Jam\u00e1s se le conocieron dos pares de zapatos. Su habitaci\u00f3n era pobr\u00edsima. Sus ropas, gastadas al m\u00e1ximo; a veces cambi\u00f3 nuevas por viejas. Su desprendimiento y generosidad fueron totales. Con su dinero coste\u00f3 sus publicaciones y ayud\u00f3 a levantar sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>Rend\u00eda cuenta de las retribuciones que percib\u00eda, a la Procuradora de la Casa Madre de San Gervasio. Y se quedaba sin un c\u00e9ntimo. Para los viajes, incluso para el tranv\u00eda, ten\u00eda que pedirlo. De todo y de todos desprendido, vivi\u00f3 \u00fanicamente para Dios: \u00abPido al Se\u00f1or \u2013hab\u00eda dicho un mes antes de morir\u2013 no tener nada a la hora de mi muerte, s\u00f3lo muerte de amor divino\u00bb. Y as\u00ed fue. Muri\u00f3 solo, en aquella noche fr\u00eda de enero; abandonado, porque cuando llegaron a asistirle, ya era casi cad\u00e1ver; y tan pobre, tan pobre, que el ata\u00fad se lo pag\u00f3 de limosna el p\u00e1rroco de Gilet y el sepulcro se lo prestaron los franciscanos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">8. Recursos para la vida de los presb\u00edteros<\/h3>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Medios espirituales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>El Decreto \u00abPresbyterorum Ordinis\u00bb, entre los medios espirituales para fomentar la uni\u00f3n con Cristo en todas las circunstancias de la vida, se\u00f1ala, aparte el ejercicio consciente del ministerio, la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la Eucarist\u00eda; la fructuosa recepci\u00f3n de los sacramentos, especialmente de la Penitencia; el diario examen de conciencia; reverencia, amor, filial devoci\u00f3n y culto a la Virgen Mar\u00eda; cotidiano coloquio con Cristo Se\u00f1or en la visita y culto personal de la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda; el retiro espiritual; la direcci\u00f3n espiritual; la alabada oraci\u00f3n mental y las varias formas de preces (oraci\u00f3n vocal).<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a estas fuentes de energ\u00eda don Enrique vivi\u00f3 espl\u00e9ndidamente su sacerdocio. Oraci\u00f3n continua fue su vida. Escribi\u00f3 centenares de meditaciones y oraciones. Fue su idea continua que se ore en el mundo, que se ore en Espa\u00f1a, que se ore en las familias, que hagan oraci\u00f3n las ni\u00f1as, las j\u00f3venes, los hombres. Oraci\u00f3n personal y solitaria. El cuarto de hora de oraci\u00f3n. Oraci\u00f3n com\u00fan. Oraci\u00f3n mental y oraci\u00f3n vocal. De \u00e9stas, su favorita, la que m\u00e1s le deleitaba era el Padrenuestro. Entre las jaculatorias sus preferidas: \u00ab\u00a1Viva Jes\u00fas!\u00bb; \u00ab\u00a1Oh Jes\u00fas m\u00edo y todas las cosas!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La gran oraci\u00f3n de don Enrique fue el Santo Sacrificio de la Misa, que preparaba con recogimiento. Despu\u00e9s de celebrar segu\u00eda todav\u00eda de rodillas por espacio de media hora, ensimismado y absorto en la acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>Amaba la soledad. Firm\u00f3 muchos art\u00edculos con el pseud\u00f3nimo de \u00abEl Solitario\u00bb. Se retiraba frecuentemente a Montserrat o al Desierto de las Palmas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se confesaba con frecuencia. \u00c9l mismo refiere que, jovencito a\u00fan, aprendiz de comerciante en Reus, lo hac\u00eda en la Capilla de los Dolores. Seminarista ya, cuando la prescripci\u00f3n reglamentaria se\u00f1alaba la comuni\u00f3n una vez al mes y la confesi\u00f3n cada quincena, Enrique recib\u00eda todos los domingos los sacramentos de Penitencia y Eucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Procur\u00f3 siempre tener director espiritual fijo, a cuyo juicio somet\u00eda todo. Con el plan de fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, don Enrique enviaba a su director espiritual, don Jacinto Pe\u00f1arroya, esta carta: \u00abMi estimado don Jacinto: Examine este informe-proyecto. Med\u00edtelo y vea si Dios quiere que se pase adelante en ocasi\u00f3n oportuna, o que se tenga en cuenta. \u00bfLe parece que lo vea el Prelado o desecharlo? Quedar\u00e1, cualquiera que sea la resoluci\u00f3n, tranquilo su afect\u00edsimo que espera sus \u00f3rdenes, Enrique\u00bb. \u00a1Soberana sencillez de un alma grande y generosa!<\/p>\n\n\n\n<p>Del diario examen de conciencia nos ha dejado un folleto con instrucciones muy detalladas: <em>Pr\u00e1ctica del examen particular y general.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Adolescente, no dejaba su visita diaria al Sant\u00edsimo. Y as\u00ed siempre. Fundada la Compa\u00f1\u00eda, teniendo el Sagrario en casa, hac\u00eda repetidas visitas al Se\u00f1or Sacramentado, de modo que aparec\u00eda don Enrique en una actitud habitual de recogimiento y devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Varias veces hemos hablado ya de su tiern\u00edsima devoci\u00f3n a Mar\u00eda, que difundi\u00f3 constantemente, desde sus primeros apostolados. \u00a1Qu\u00e9 emotivas eran aquellas escenas de los peque\u00f1ines, que a\u00fan no comulgaban, cantando letrillas, haciendo s\u00faplicas y desfilando ante la imagen de Mar\u00eda estampando un beso y ofreci\u00e9ndole una flor! Sobre la Virgen escribi\u00f3 don Enrique libros, novenas, meditaciones, art\u00edculos innumerables. Sus advocaciones ma\u00f1anas preferidas fueron \u00abdel Carmen\u00bb, \u00abdel Rosario\u00bb, \u00abde los Dolores\u00bb. Y el misterio mariano preferido \u00abel de la Inmaculada Concepci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el bal\u00f3n grande es inabarcable para la mano del ni\u00f1o, as\u00ed Dios para la inteligencia humana. Por ello, cada uno tiene sus predilecciones a la hora de ponerse en contacto personal con Dios. La devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Trinidad, al Esp\u00edritu Santo, a la Eucarist\u00eda, al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, al Dulce Nombre de Jes\u00fas alimentaron la piedad de don Enrique.<\/p>\n\n\n\n<p>Fueron poderosos resortes de la espiritualidad de don Enrique su devoci\u00f3n al Arc\u00e1ngel Miguel y Santos \u00c1ngeles Custodios, a San Francisco de Sales, a San Jos\u00e9 y, sobre todo, a Santa Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" style=\"list-style-type:lower-alpha\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Medios culturales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Como ayudas culturales para la vida de los presb\u00edteros propone el Concilio Vaticano II<a href=\"#sdfootnote158sym\" id=\"sdfootnote158anc\"><sup>158<\/sup><\/a> la lecci\u00f3n y meditaci\u00f3n de la Sagrada Escritura, el estudio de los Padres y Doctores y de los otros monumentos de la Tradici\u00f3n, el conocimiento de los documentos del Magisterio, se\u00f1aladamente de los Concilios y Romanos Pont\u00edfices, la consulta a los mejores y aprobados escritores de la ciencia teol\u00f3gica. Invita el Concilio a los presb\u00edteros a que se mantengan al d\u00eda en todo lo referente al progreso de la teolog\u00eda y de la cultura profana. Desea que los obispos procuren a sus sacerdotes bibliotecas, cursos, congresos y otros auxilios; y que, adem\u00e1s, tengan cuidado de preparar profesores y especialistas para los centros eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique no vivi\u00f3, a nivel diocesano, esta riqueza de medios culturales. Pero s\u00ed procur\u00f3 \u00abestar maduro en la ciencia\u00bb y que su doctrina fuera \u00abespiritual medicina para el pueblo de Dios\u00bb<a href=\"#sdfootnote159sym\" id=\"sdfootnote159anc\"><sup>159<\/sup><\/a>. As\u00ed pues, no abandon\u00f3 nunca el estudio. Sus escritos manifiestan que conservaba fresca y lozana la teolog\u00eda. Y, como todo lo empap\u00f3 de teresianismo, procur\u00f3 y logr\u00f3 ser, en su tiempo, el m\u00e1s extraordinario conocedor de los escritos de la Santa y de cuanto con ellos se relacionaba. Este conocimiento de la tem\u00e1tica teresiana se pone de relieve particularmente con motivo del gran Certamen Literario, que, con car\u00e1cter mundial se celebr\u00f3 el a\u00f1o del centenario de la Santa; igualmente en los art\u00edculos sobre <em>Libros raros que tratan de Santa Teresa de Jes\u00fas.<\/em> En ellos demuestra su extraordinaria y esmerad\u00edsima cultura y habla de la biblioteca teresiana que est\u00e1 formando con el empe\u00f1o de que sea lo m\u00e1s completa posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Cultura sagrada y cultura profana son declaradas necesarias en el Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote debe conocer el misterio que ha de proclamar. \u00abLa ciencia del ministro sagrado debe ser sagrada, porque sagrada es la fuente de donde nace, y sagrado el fin al que tiende\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote debe conocer la cultura profana para estar preparado \u00aba entablar di\u00e1logo con sus contempor\u00e1neos\u00bb<a href=\"#sdfootnote160sym\" id=\"sdfootnote160anc\"><sup>160<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique cultiv\u00f3 la ciencia sagrada; de ella aliment\u00f3 sus catequesis, sus predicaciones, sus publicaciones, sus fundaciones para educar en la fe. Y al catequista genial, al insigne pedagogo, al pionero de la penetraci\u00f3n en el mundo de la cultura, al que consider\u00f3 el campo de la cultura tarea fundamental de su caridad pastoral \u00bfno le vamos a considerar amante de la cultura?<\/p>\n\n\n\n<p>Para nosotros don Enrique es modelo no s\u00f3lo en el conocimiento del misterio salvador de Dios en Cristo, sino tambi\u00e9n del conocimiento de los hombres y ambientes a que se destina. Don Enrique, con el ejemplo de su vida, proclama, que la sola experiencia, la pr\u00e1ctica pastoral, no es suficiente para afrontar sacerdotalmente los complejos problemas que se presentan en la vida de la Iglesia y en el ministerio apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ante la beatificaci\u00f3n de don Enrique<\/h2>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Gozo ante la Beatificaci\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Don Enrique, \u00abbeato\u00bb. P\u00e1gina a p\u00e1gina, desde diversas atalayas, hemos estudiado esta insigne figura sacerdotal, informada de caridad pastoral sin l\u00edmites, hasta el olvido de s\u00ed mismo; hecha de sacrificio silencioso y ofrenda generosa; toda suavidad y bondad; toda firmeza y constancia; de delicada obediencia y de inteligente creatividad; de continencia perfecta y de fecunda paternidad; de paciencia suma, que sufre en silencio hasta la inmolaci\u00f3n; y de pobreza humilde, testimonio de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Su vida y ministerio sacerdotal han suscitado nuestra admiraci\u00f3n; de la admiraci\u00f3n hemos pasado insensiblemente al amor. Y, l\u00f3gicamente, ante su beatificaci\u00f3n, estallamos de gozo. Gozo por la Iglesia que, en esta exaltaci\u00f3n de uno de sus hijos, manifiesta, una vez m\u00e1s, su perenne vitalidad. Gozo por la patria que es honrada con el merecido homenaje a las virtudes de uno de sus hijos del denostado siglo pasado. Gozo por la gran familia sacerdotal que, con la glorificaci\u00f3n de uno de sus preclaros miembros, recibe la promesa cierta de futura fecundidad pastoral mediante el estudio, imitaci\u00f3n, culto y poderosa intercesi\u00f3n del nuevo \u00abbeato\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy existe y lleva trazas de aumentar cada d\u00eda m\u00e1s una caudalosa literatura asc\u00e9tico-sacerdotal muy \u00fatil, que seguramente pasar\u00e1 a la historia como una de las manifestaciones m\u00e1s t\u00edpicas del vigoroso resurgimiento de la espiritualidad del clero de nuestra \u00e9poca. Abunda la palabra sobre el sacerdocio. Nos alegramos de ello. La palabra es necesaria. La palabra analiza, la palabra hace inteligible, la palabra ense\u00f1a. Pero junto a la palabra necesitamos la imagen. Junto al teorizante del sacerdocio, junto al exegeta de sus valores, junto al doctrinalista y escudri\u00f1ador de lo que una vida sacerdotal encierra dentro de s\u00ed misma y por s\u00ed misma, necesitamos la imagen del sacerdote santo. Don Enrique, sacerdote, despojado de sus circunstancias hist\u00f3ricas concretas y siempre dentro de los l\u00edmites profundos de la figura sacerdotal de Cristo Sacerdote, nos ense\u00f1a a los sacerdotes a ser sacerdotes. Este es nuestro gozo ante su beatificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"2\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Sacerdotes espa\u00f1oles canonizados en los tres \u00faltimos siglos<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>\u00abTierra de Santos\u00bb, llam\u00f3 Pablo VI a Espa\u00f1a<a href=\"#sdfootnote161sym\" id=\"sdfootnote161anc\"><sup>161<\/sup><\/a>. En el decurso de los tres \u00faltimos siglos fueron elevados al honor de los altares 16 sacerdotes espa\u00f1oles. Su alabanza se difunde en la Iglesia de Dios. \u00abEllos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesi\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote162sym\" id=\"sdfootnote162anc\"><sup>162<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres fueron obispos; pertenecen a la cadena nunca rota de la leg\u00edtima sucesi\u00f3n apost\u00f3lica: Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606), arzobispo de Lima (Per\u00fa), el m\u00e1s ilustre de los obispos de Am\u00e9rica, canonizado por Benedicto XIII en 1726. San Juan de Ribera (1532-1611), obispo de Badajoz y m\u00e1s tarde patriarca de Antioqu\u00eda y arzobispo de Valencia, amigo de San Juan de \u00c1vila, y muy querido del Papa San P\u00edo V, que le llamaba \u00ablumbrera de toda Espa\u00f1a\u00bb; fue canonizado por Juan XXIII en 1960. Y San Antonio Mar\u00eda Claret (1807-1870), arzobispo de Cuba, fundador en 1849, de la Congregaci\u00f3n de Misioneros Hijos del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda, confesor de Isabel II, ap\u00f3stol de palabra encendida; nuestro don Enrique habl\u00f3 de \u00e9l con gran entusiasmo; fue canonizado por P\u00edo XII en 1950.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro sacerdotes pertenecen a la Orden franciscana: San Pedro Regalado (1390-1456), patrono de Valladolid, \u00abrestaurador de la disciplina regular de los conventos de Espa\u00f1a\u00bb, canonizado en 1740 por Benedicto XIV. Tambi\u00e9n religiosos de San Francisco fueron San Pedro Bautista y San Francisco Blanco, misioneros que vertieron su sangre por la fe en Nagasaki (Jap\u00f3n) en jornada memorable; los 26 m\u00e1rtires fueron canonizados por P\u00edo IX el 8 de junio de 1862. Y San Francisco Solano (1549-1610), del convento franciscano de Montilla; fervoros\u00edsimo predicador, evangeliz\u00f3 Per\u00fa, Panam\u00e1, Chile y la zona del r\u00edo de La Plata; gran figura en la historia de la civilizaci\u00f3n americana, fue canonizado por Benedicto XIII el 27 de diciembre de 1726.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos sacerdotes son hijos de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas: San Pedro Claver (1580-1651), amigo entra\u00f1able del tambi\u00e9n jesuita San Alonso Rodr\u00edguez, hermano; misionero de los negros, esclavo de los esclavos fue canonizado por Le\u00f3n XIII el 15 de enero de 1888. Y San Jos\u00e9 Pignatelli (1737-1811), uno de los 600 miembros de la Compa\u00f1\u00eda deportados de Espa\u00f1a por un decreto de Carlos III; el modelo de caridad y humildad, el inexhausto limosnero, fue canonizado por P\u00edo XII en 1954.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos sacerdotes pertenecen a la Orden de la Sant\u00edsima Trinidad: San Juan Bautista de la Concepci\u00f3n (1561-1613), primo y paisano de San Juan de \u00c1vila, es una de las primeras figuras de la Orden, dej\u00f3 maravillosos escritos m\u00edsticos, entre los que descuella \u00abLa llaga del amor\u00bb; fue canonizado por Pablo VI en 1975, junto con Santa Vicenta Mar\u00eda. Y San Miguel de los Santos (1591-1625), sacerdote trinitario, \u00abinsigne por la inocencia de vida, admirable penitencia y amor de Dios\u00bb; fue canonizado por P\u00edo IX en 1862.<\/p>\n\n\n\n<p>Can\u00f3nigo regular de la Santa Iglesia Catedral de Zaragoza fue San Pedro de Arbu\u00e9s (1442-1485), ejemplo de cl\u00e9rigos, Inquisidor General del Reino de Arag\u00f3n, muri\u00f3 apu\u00f1alado, por la fe, cuando oraba en la Seo de Zaragoza; fue canonizado por P\u00edo IX en 1867.<\/p>\n\n\n\n<p>Carmelita descalzo fue San Juan de la Cruz (1542-1591), Doctor de la Iglesia, el m\u00edstico extraordinario de la \u00abSubida\u00bb, de la \u00abNoche\u00bb, del \u00abC\u00e1ntico espiritual\u00bb y de la \u00abLlama de amor viva\u00bb; fue canonizado por Benedicto XIII el a\u00f1o 1726.<\/p>\n\n\n\n<p>El fundador de las Escuelas P\u00edas de la Madre de Dios, San Jos\u00e9 de Calasanz (1557-1648), el gran bienhechor de los ni\u00f1os pobres, fue canonizado por Clemente XIII el 16 de julio de 1767.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, finalmente, dos sacerdotes del clero secular: San Jos\u00e9 Oriol (1650-1702), hijo de la laboriosa Barcelona, gran catequista y director de almas, muy asiduo al confesonario, fue canonizado por San P\u00edo X en 1909. Y el \u00abap\u00f3stol de Andaluc\u00eda\u00bb, San Juan de \u00c1vila (1500-1569), Patrono del clero diocesano espa\u00f1ol, \u00abmaestro de vida espiritual ben\u00e9volo y subi\u00f3, renovador ejemplar de la vida eclesi\u00e1stica y de las costumbres cristianas\u00bb<a href=\"#sdfootnote163sym\" id=\"sdfootnote163anc\"><sup>163<\/sup><\/a>, fue canonizado el 31 de mayo de 1970 por Pablo VI.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"3\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Sacerdotes espa\u00f1oles beatificados en los \u00faltimos tres siglos<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>A lo largo de los tres \u00faltimos siglos han sido beatificados medio centenar de sacerdotes espa\u00f1oles: todos religiosos, ocho de ellos obispos.<\/p>\n\n\n\n<p>Benedicto XIII, en 1728, declar\u00f3 beato al franciscano Juan de Prado, misionero m\u00e1rtir en Marruecos<\/p>\n\n\n\n<p>Clemente XII, en 1731, beatific\u00f3 a los franciscanos Juan de Cetina (1397) y Pedro de Due\u00f1as (1397), m\u00e1rtires en la Granada musulmana.<\/p>\n\n\n\n<p>Clemente XIII, en 1766, declar\u00f3 beato al trinitario Sim\u00f3n de Rojas (1552-1634), autor del precioso \u00abTratado de la oraci\u00f3n y sus grandezas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo VI, en 1786, beatific\u00f3 al franciscano Nicol\u00e1s de Valencia (1520-1583), fervoroso predicador y austero penitente.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo VII, en 1818, declar\u00f3 beato al dominico Francisco de Posadas (1644-1713), excelente escritor asc\u00e9tico y orador de gran elocuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo IX, en 1847, beatific\u00f3 al terciario franciscano Raimundo Lulio (1232-1315), \u00abDoctor Iluminado\u00bb, m\u00e1rtir en \u00c1frica. El mismo Papa, en 1867, declar\u00f3 beatos a quince misioneros m\u00e1rtires: los agustinos Francisco de Jes\u00fas (1592-1632), Vicente de San Antonio (1632), Bartolom\u00e9 Guti\u00e9rrez, Fernando Ayala de San Jos\u00e9 (1575-1617) y Pedro de Z\u00fa\u00f1iga (1622); los dominicos Alfonso Mena (1568-1622), Juan Mart\u00ednez (1576-1619), Alonso Navarrete (1571-1617), Francisco Morales (1567-1622), Francisco Orfanell (1622), Pedro V\u00e1zquez (1581-1624), Tom\u00e1s de Zum\u00e1rraga (1577-1622), Luis Beltr\u00e1n (1593-1627), Domingo Castellet (1592- 1628) y Jos\u00e9 de San Jacinto (1622). Todos ellos, despu\u00e9s de incansable labor apost\u00f3lica, fecundaron con su sangre la tierra de Jap\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00f3n XIII beatific\u00f3, en 1882, al agustino Alonso de Orozco (1500-1591), el m\u00edstico escritor de \u00abVergel de oraci\u00f3n y monte de contemplaci\u00f3n\u00bb; en 1893, a los dominicos, m\u00e1rtires en China, el obispo Pedro M\u00e1rtir Sanz (1680-1747), Francisco Serrano (1848), Juan Alcover (1694-1746), Joaqu\u00edn Royo (1691-1748), Francisco D\u00edaz (1713-1748) y Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez (1725-1838); en 1894, al franciscano Diego Jos\u00e9 de C\u00e1diz (1743-1801), que recorri\u00f3 toda Espa\u00f1a con sus misiones populares; y en 1900, a otros dos dominicos, m\u00e1rtires tambi\u00e9n en China, los obispos Ignacio Delgado (1761- 1838) y Domingo Henares (1568-1622).<\/p>\n\n\n\n<p>San P\u00edo X, en 1906, declar\u00f3 beatos a cinco misioneros dominicos, m\u00e1rtires en Tonk\u00edn, los obispos Valent\u00edn Berriochoa (1858) y Jer\u00f3nimo Hermosilla (1800-1861), y a Pedro Almat\u00f3 (1830-1861), Francisco F. de Capillas (1607-1648) y Mateo A. de Liciniana (1702-1745).<\/p>\n\n\n\n<p>Benedicto XV, en 1915, beatific\u00f3 al dominico Melchor G. Sampedro (1821-1858), obispo de Tonk\u00edn, que, por la fe, padeci\u00f3 horroroso martirio.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XI, en 1926, declar\u00f3 beatos a cinco sacerdotes franciscanos espa\u00f1oles martirizados en Damasco el 1860. He aqu\u00ed sus nombres gloriosos: el Guardi\u00e1n Manuel Ruiz, Carmelo Bolta, Nicanor Ascanio, Nicol\u00e1s Alberca, Pedro N. Soler.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XII, en 1951, beatific\u00f3 al dominico Jos\u00e9 Mar\u00eda D\u00edaz Sanjurjo (1818-1857), obispo y m\u00e1rtir en el Tonk\u00edn central.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI, el 1 de noviembre de 1975, declar\u00f3 beato al agustino Ezequiel Moreno, obispo de Pasto (Colombia), \u00absiempre infatigable en el anuncio de la Palabra de Dios, en el ministerio del sacramento de la Penitencia, en el cuidado de los enfermos durante el d\u00eda y por la noche, en la firme defensa de su grey contra los errores del tiempo, pero mostrando un gran amor y delicadeza para con las personas equivocadas\u00bb<a href=\"#sdfootnote164sym\" id=\"sdfootnote164anc\"><sup>164<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"4\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Don Enrique, hoy \u00fanico <em>\u00abbeato\u00bb<\/em> del clero secular espa\u00f1ol<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Excepto cinco, los sacerdotes espa\u00f1oles proclamados beatos en los tres \u00faltimos siglos son m\u00e1rtires que nos conmueven con su oblaci\u00f3n generosa a Dios por los hermanos. No temieron entregar su vida por las ovejas. Pertenecen en su mayor\u00eda al mundo misional, y todos son religiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique ser\u00e1 hoy el \u00fanico beato espa\u00f1ol del clero secular. Esta circunstancia redobla nuestro entusiasmo y multiplica nuestras esperanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro j\u00fabilo ante la beatificaci\u00f3n de un sacerdote diocesano es alentado por la fundada confianza de que su figura sacerdotal diocesana, coronada con la aureola de la santidad, despertar\u00e1, mantendr\u00e1, har\u00e1 crecer las energ\u00edas vitales de los consagrados al ministerio sacerdotal en las di\u00f3cesis.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Qu\u00e9 podemos esperar para nuestras vidas sacerdotales<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Los hombres que han recibido de Dios una misi\u00f3n destinada a perpetuarse en la tierra, no mueren nunca. Su paso por el mundo no es m\u00e1s que una jornada en el camino. Don Enrique, al ser declarado beato, vuelve a nosotros, se presenta ante nosotros como modelo que imitar, e intercesor a quien rogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los catequistas, los predicadores, los publicistas, los educadores, los que atienden a religiosas, los que cuidan asociaciones piadosas, en suma, los sacerdotes que cultivan los campos apost\u00f3licos que don Enrique cultiv\u00f3, encuentran en \u00e9l un ejemplar acabado de perfecci\u00f3n. Los atormentados de confusi\u00f3n doctrinal ven la armon\u00eda y serenidad del hijo obediente a la Iglesia. Los acomplejados por el cambio acelerado de nuestra \u00e9poca contemplan al sacerdote equilibrado que hermana fijeza y apertura. Los desilusionados y rutinarios miran en continua creatividad al entusiasta emprendedor. Los tentados de temporalismo admiran al hombre de Dios, ajeno a todo partidismo. Los entristecidos por falta de vocaciones sacerdotales encuentran en \u00e9l al caluroso promotor de las mismas. Los preocupados por la deformaci\u00f3n teol\u00f3gica conocen al enamorado de Santa Teresa, cuya sana doctrina difunde por doquier. Los viciados de alocado activismo advierten al entregado a la oraci\u00f3n y vida interior, consideradas como la \u00fanica fuerza que alimenta el ministerio sacerdotal. Los espiritualistas \u00e1speramente desencarnados comprueban al confiado en la Divina Providencia que procura la base material y humana, indispensable para la buena marcha de las obras. Los refugiados en el peque\u00f1o grupo observan al ardiente organizador de las grandes masas, que busca la reconfortante presencia del pueblo, aspirando a que haya muchas ovejas en el reba\u00f1o, esencial aspiraci\u00f3n de la acci\u00f3n misionera. Los que se complacen en grandes concentraciones humanas, en multitudinarias peregrinaciones, en nutridas procesiones admiran al sol\u00edcito cuidador de las almas, una a una.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Enrique es tambi\u00e9n modelo para aquellos sacerdotes que cultivan campos apost\u00f3licos diferentes a los que \u00e9l cultiv\u00f3. Su ejemplar figura sacerdotal es propuesta por la Iglesia como modelo, no precisamente por el tipo de vida que llev\u00f3 y, mucho menos, por el ambiente socio-cultural en que se desarroll\u00f3, sino porque, en sus circunstancias hist\u00f3ricas concretas, estuvo animada por los valores sacerdotales permanentes. La lecci\u00f3n que don Enrique nos da sirvi\u00f3 ayer, sirve hoy y podr\u00e1 servir ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es esa lecci\u00f3n sacerdotal v\u00e1lida universalmente? Conciencia clara de que el sacerdocio es la luz del mundo, trabajo infatigable al servicio de los hombres, vida de uni\u00f3n con Dios sin la cual toda fuerza se desvanece y muere, santidad y perspicacia apost\u00f3lica. Estos fueron los fundamentos de su acci\u00f3n pastoral. Con ellos pueden levantarse espl\u00e9ndidos edificios en todo tiempo y lugar. La consigna sigue siendo la misma: Amor a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que la beatificaci\u00f3n de don Enrique despierte nuevos est\u00edmulos de santidad y de trabajo serio en los sacerdotes de nuestro tiempo!<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> V\u00e9ase M. Gonz\u00e1lez Mart\u00edn, <em>Enrique de Oss\u00f3. La fuerza del sacerdocio,<\/em> BAC 440, Madrid 1983, XLII, 488 p\u00e1gs.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Cf. Mt 3, 16; Lc 4, 18; Hch 4, 27; 10, 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> LG 10a.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> SC 7a; Pablo vi, <em>Mysterium fidei:<\/em> AAS 57 (1965) 762-763.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Mt 10, 1-42; Mc 3, 13-19; Lc 6, 10-16; Hch 1, 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Los Ap\u00f3stoles fueron instituidos por Cristo a modo de colegio. Base b\u00edblica de esta afirmaci\u00f3n es no este o aquel texto; es todo un conjunto de textos. Unos hablan de los Doce en plural, siempre como grupo estable, a los que se encarga una misi\u00f3n respecto a la Iglesia Mt 10, 1-42; 18,18; 28, 16-20; Mc 3, 13-19; 16,14-18; Lc 6, 12-16; Jn 20, 19-29; otros textos presentan a ese grupo compacto actuando, llevando la direcci\u00f3n de la Iglesia (Hch 1, 26; 2, 14; 6, 2; 8, 14; 9, 27; 15, 2; 1Cor 15, 5-11; Gal 1, 18-2, 10). Con Pedro a la cabeza (Mt 16, 16-19; Lc 22, 31-32; Jn 21, 15-17).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Jn 17, 18; 20, 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Lc 16, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Hch 11, 30; 14, 22; 15, 2; 16, 4; 20, 17; 1Tim 5, 17; Fil 1, 1; Tt 1, 7-9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Hch 6, 1-6; Fil 1, 1; 1Tim 3, 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> 1Ts 5, 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> 1Ts 2, 7; 1Cor 9, 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Hb 13, 7.17.24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Hch 6, 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> <em>Constituciones Apost\u00f3licas<\/em>VIII 47, 39.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Columba Marmi\u00f3n,<em>Le Christ, id\u00e9al du Pretre,<\/em>Maredsous, 1941 (traducci\u00f3n espa\u00f1ola,<em>Jesucristo, ideal del sacerdote,<\/em>Barcelona, 1946).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> G. Thils,<em>Nature et spiritualit\u00e9 du clerg\u00e9 dioc\u00e9saine,<\/em>Paris-Brugges<em>, <\/em>Descl\u00e9e de Brouwer<em>, <\/em>1946 (traducci\u00f3n espa\u00f1ola,<em>Naturaleza y espiritualidad del clero diocesano,<\/em> 2\u00aa.ed.. Salamanca, 1961)<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> R. Garrigou-Lagrange<em>, <\/em><em>De unione sacerdotis cum Christo Sacerdote et Victima<\/em>, Tur\u00edn,1948(traducci\u00f3n espa\u00f1ola,<em>La uni\u00f3n del sacerdote con Cristo, Sacerdote y V\u00edctima,<\/em> Madrid, 2\u00aa ed., 1965).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> III q.63 a.4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> III q.63 a.5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> III q.33.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> <em>Contra gentes<\/em> 1. 4 c. 71-75; <em>Suppl.<\/em> q.36 a.2 ad 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> III q.22 a.4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> <em>Suppl.<\/em> q.35 a.1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> \u201cPer sacrum ordinem aliquis deputatur ad dignissima ministeria, quibus ipsi Christo servitur in sacramento altaris, ad quod requiritur maior sanctitas interior quam requirat etiam religiosus status\u201d (II-II q.184 a.8).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Enrique Eduardo, cardenal Manning, arzobispo de Westminster, <em>The eternal Priesterhood,<\/em> Londres, 1883 (traducci\u00f3n espa\u00f1ola, <em>El sacerdocio eterno,<\/em> Barcelona, 1944).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Jaime, cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, <em>The Ambassador of Christ,<\/em> Baltimore, 1897 (traducci\u00f3n espa\u00f1ola. <em>El embajador de Cristo,<\/em> Barcelona, 1934).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> Desire,cardenalMercier, <em>La vie interieure. Appel aux ames sacerdotales,<\/em><em> Bruxelles, 1918 <\/em>(traducci\u00f3n espa\u00f1ola,<em>La vida interior. Llamamiento a las almas sacerdotales,<\/em>Barcelona, 2\u00aa ed., 1940).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> E., cardenal Suhard, arzobispo de Par\u00eds, <em>Le pr\u00eatre dans la Cit\u00e9,<\/em> Par\u00eds, 1949 (traducci\u00f3n espa\u00f1ola, en <em>Dios, Iglesia, Sacerdocio. Tres pastorales,<\/em> Madrid, varias ediciones).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> <em>La vie interieure. Appel aux \u00e2mes sacerdotales,<\/em>Lovaina, 1919, 197-198.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> <em>A mes seminaristes,<\/em> Bruxelles, 1908.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>Lovaina, 1909.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> <em>La vie interieure Appel aux \u00e2mes sacerdotales,<\/em>Bruxelles, 1918.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> <em>Oeuvres pastorales<\/em> VII, Lovaina, 1929.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> <em>F<\/em><em>raternit\u00e9 sacerdotale dioc\u00e9saine des amis de J\u00e9sus,<\/em>Brujas, Descl\u00e9e de Brouwer, 1927<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> <em>La vie interieure,<\/em>Introducci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> <em>La vie interieure,<\/em> 138, 140, 143.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> <em>Retraite pastorale<\/em>, Lovaina, 1926, 230.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>236.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale,<\/em>24ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> <em>Oeuvres pastorales<\/em> VII, Lovaina, 642.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale<\/em>, 92.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>301.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale,<\/em>85.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> <em>La vie interieure,<\/em> Lovaina, 1909, 182.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>269.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>305.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale,<\/em>99.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> <em>Retraite pastorale,<\/em>312-313.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> <em>Fraternit\u00e9 sacerdotale,<\/em>61.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> Cfr. Esquerda Bifet, Juan,Sa<em>cerdocio. Documentos Pontificios,<\/em><em> Vitoria, 1962, 284 pp.; <\/em>Dominicos de San Esteban,<em>Pensamiento sacerdotal de P\u00edo XII,<\/em>Salamanca, 1959, 240 pp.;Blanco Pi\u00f1an, Salvador,<em>Juan XXIII a los sacerdotes,<\/em>segunda parte de \u201cYo te eleg\u00ed\u201d, Madrid, 1960,288 pp.; Pablo VI,<em>Sacerdocio cat\u00f3lico. Alocuciones, discursos y cartas al clero,<\/em> edici\u00f3n preparada por Cipriano Calder\u00f3n y Gerardo Rodr\u00edguez, Salamanca, 1965, 253 pp.; Pablo VI,Sie<em>rvos del Pueblo de Dios. Reflexiones y discursos sobre el sacerdocio ministerial,<\/em> Salamanca, 1971, 451 pp.;<em>Enchiridion Clericorum. Documenta Ecclesiae sacrorum alumnis instituendis,<\/em>1938, LVII-920 pp.;Congregazione dei Seminari e delle Universit\u00e0,<em>L&#8217;Ordinamento dei Seminari de S. Pio X a Pio XII,<\/em>Citt\u00e1 del Vaticano, 1959, 200 pp.;Suqu\u00eda Goicoechea, \u00c1ngel,<em>De formatione clericorum documenta quaedam recentiora,<\/em>Vitoria, 1958-61, 2 vol. 80; 276 pp.;Cacciatore, Jos\u00e9,<em>Enciclopedia del Sacerdozio,<\/em>traducci\u00f3n espa\u00f1ola.E<em>nciclopedia del Sacerdocio,<\/em>Madrid, 1959, 5 v.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> <em>ASS<\/em> 41 (1908) 555-577.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> <em>AAS<\/em> 28 (1936) 5-53.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> <em>AAS<\/em> 42 (1950) 657-704.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> <em>AAS<\/em> 51 (1959) 545-579.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> <em>AAS<\/em> 55 (1963) 979-995.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> <em>AAS<\/em> 59 (1967) 657-697.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> <em>Menti nostrae:<\/em> <em>AAS <\/em>42(1950) 661.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> Cfr. P\u00edo XII, aloe. <em>Magnificate Dominun,<\/em> 2 nov. 1954: <em>AAS<\/em> 46 (1954) 669; enc. <em>Mediator Dei<\/em>, 20 nov. 1947: <em>AAS<\/em> 39 (1947) 555.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> <em>Mediator Dei: AAS<\/em> 39 (1947) 553-556.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 529.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> <em>Ad catholici sacerdotii:<\/em> <em>AAS<\/em>28 (1936) 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote64anc\" id=\"sdfootnote64sym\">64<\/a> <em>Sacerdotii nostri primordia: AAS<\/em>51 (1959) 548.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote65anc\" id=\"sdfootnote65sym\">65<\/a> <em>Menti nostrae: AAS<\/em> 42 (1950) 675.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote66anc\" id=\"sdfootnote66sym\">66<\/a> <em>Haerent animo: AAS<\/em> 41 (1908) 557.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote67anc\" id=\"sdfootnote67sym\">67<\/a> <em>Ad catholici sacerdotii: AAS<\/em>28 (1936) 10.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote68anc\" id=\"sdfootnote68sym\">68<\/a> <em>Mediator Dei: AAS<\/em> 39 (1947) 553.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote69anc\" id=\"sdfootnote69sym\">69<\/a> <em>Ad catholici sacerdotii: AAS<\/em>28 (1936) 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote70anc\" id=\"sdfootnote70sym\">70<\/a> Me<em>nti nostrae: AAS<\/em>42 (1950) <em>666; <\/em><em>Mediator Dei:<\/em> <em>AAS<\/em>39 (1947) 538.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote71anc\" id=\"sdfootnote71sym\">71<\/a> <em>Menti nostrae: AAS<\/em> 42 (1950) 659.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote72anc\" id=\"sdfootnote72sym\">72<\/a> <em>Sacerdotii nostri primordio: AAS<\/em>51 (1959) 556-557.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote73anc\" id=\"sdfootnote73sym\">73<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 548.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote74anc\" id=\"sdfootnote74sym\">74<\/a> Juan XXIII:<em>Carta en el Centenario del Seminario de Dubl\u00edn<\/em>(20 sept. 1960):<em>AAS<\/em>52 (1980) 891.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote75anc\" id=\"sdfootnote75sym\">75<\/a> <em>Sacerdotii nostri primordia: AAS<\/em>51 (1959) 550.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote76anc\" id=\"sdfootnote76sym\">76<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 563.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote77anc\" id=\"sdfootnote77sym\">77<\/a> <em>AAS<\/em> 57 (1965) 5-71.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote78anc\" id=\"sdfootnote78sym\">78<\/a> <em>AAS<\/em> 56 (1964) 97-138.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote79anc\" id=\"sdfootnote79sym\">79<\/a> <em>AAS<\/em> 58(1966) 673-701.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote80anc\" id=\"sdfootnote80sym\">80<\/a> <em>AAS<\/em> 58 (1966) 991-1024.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote81anc\" id=\"sdfootnote81sym\">81<\/a> <em>AAS<\/em> 58 (1966) 713-727.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote82anc\" id=\"sdfootnote82sym\">82<\/a> <em>AAS<\/em> 57 (1965) 90-111.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote83anc\" id=\"sdfootnote83sym\">83<\/a> <em>AAS<\/em> 58 (1966) 947-990.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote84anc\" id=\"sdfootnote84sym\">84<\/a> LG 1 y 48<em>. <\/em>Cfr.O. Semmelroth,<em>La Iglesia como sacramento original,<\/em>San Sebasti\u00e1n, 1963; Parole et sacrement dans l\u2019Eglise,en<em>Lumi\u00eare et Vie<\/em>9 (1962) 25-45;E. H. Schillebeeckx,<em>Cristo sacramento del encuentro con Dios,<\/em>San Sebasti\u00e1n, 1966;P. Smulders<em>, <\/em><em>La Iglesia como sacramento de Salvaci\u00f3n,<\/em>en \u201cLa Iglesia del Vaticano II\u201d, Barcelona, 1966, 377-400;J. L. Witte,<em>La Iglesia sacramentum unitatis, ib\u00edd.,<\/em>505-535;J. Collantes, <em>La Iglesia es en Cristo como un Sacramento,<\/em>cap. segundo de \u201cEl misterio de la Iglesia\u201d,Granada, 1968, 67- 89.C. Pozo,<em>La Iglesia, sacramento primordial. Contenido teol\u00f3gico-real de este concepto,<\/em>en <em>Estudios Eclesi\u00e1sticos<\/em>41 (1966) 139-159;I. Murillo,<em>La Iglesia de Cristo, Sacramento de Comuni\u00f3n,<\/em>en<em>Di\u00e1logo Ecum\u00e9nico<\/em>4 (1969) 197-218.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote85anc\" id=\"sdfootnote85sym\">85<\/a> LG 31; cfr. LG 10, 12 y 36.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote86anc\" id=\"sdfootnote86sym\">86<\/a> PO 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote87anc\" id=\"sdfootnote87sym\">87<\/a> PO 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote88anc\" id=\"sdfootnote88sym\">88<\/a> LG 35.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote89anc\" id=\"sdfootnote89sym\">89<\/a> PO 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote90anc\" id=\"sdfootnote90sym\">90<\/a> PO 2; cf. LG 28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote91anc\" id=\"sdfootnote91sym\">91<\/a> PO 2 y 4; cf. LG 28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote92anc\" id=\"sdfootnote92sym\">92<\/a> LG 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote93anc\" id=\"sdfootnote93sym\">93<\/a> LG 28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote94anc\" id=\"sdfootnote94sym\">94<\/a> AG 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote95anc\" id=\"sdfootnote95sym\">95<\/a> PO 10.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote96anc\" id=\"sdfootnote96sym\">96<\/a> <em>Christus Dominus,<\/em>4, 5 y 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote97anc\" id=\"sdfootnote97sym\">97<\/a> LG 27.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote98anc\" id=\"sdfootnote98sym\">98<\/a> PO 2, 7, 8 y 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote99anc\" id=\"sdfootnote99sym\">99<\/a> PO 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote100anc\" id=\"sdfootnote100sym\">100<\/a> PO 14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote101anc\" id=\"sdfootnote101sym\">101<\/a> PO 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote102anc\" id=\"sdfootnote102sym\">102<\/a> PO 14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote103anc\" id=\"sdfootnote103sym\">103<\/a> PC 1; cf. LG 44.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote104anc\" id=\"sdfootnote104sym\">104<\/a> Cf. los Boletines Bibliogr\u00e1ficos de J. Esquerda Bifet, en <em>Teolog\u00eda del Sacerdocio<\/em>, Burgos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote105anc\" id=\"sdfootnote105sym\">105<\/a> <em>Menti nostrae: AAS<\/em> 42 (1950) 661.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote106anc\" id=\"sdfootnote106sym\">106<\/a> Cf. DV 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote107anc\" id=\"sdfootnote107sym\">107<\/a> Cuenca Toribio, M.<em>, <\/em><em>Iglesia y Estado (1789-1903),<\/em> <em>en<\/em> <em>Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a,<\/em>t. II, Madrid, 1972, p. 1.160-1.174;<em>Estudios sobre la Iglesia Espa\u00f1ola del siglo XIX<\/em><em>, <\/em>Madrid, 1973.Carr, R.,<em>Espa\u00f1a 1808-1936,<\/em>Barcelona, 1966.Tu\u00f1\u00f3n de L, M., <em>La Espa\u00f1a del siglo XIX,<\/em>Par\u00eds 1968;<em>Estudios sobre el siglo XIX espa\u00f1ol,<\/em>Mart\u00edn Hern\u00e1ndez, F., de la Cruz Moliner, J. M., Pinero, J. M.,<em>Espiritualidad rom\u00e1ntica,<\/em>en<em>Historia de la Espiritualidad,<\/em> t. II, Barcelona, 1969, p. 449-523. Vicens Vives, J.,<em>Catalu\u00f1a en el siglo XIX,<\/em>Madrid, 1961.Casanova, I.,<em>Balmes, su vida, sus obras y su tiempo,<\/em>I,Barcelona,1942.Gonz\u00e1lez, N.,<em>An\u00e1lisis, concepci\u00f3n y alcance de la Revoluci\u00f3n de 1868,<\/em>en<em>Raz\u00f3n y Fe,<\/em><em> 8<\/em>05-51 (1968) 333- 356; 443-462.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote108anc\" id=\"sdfootnote108sym\">108<\/a> Jim\u00e9nez Duque, B.,<em>La Espiritualidad del siglo XIX espa\u00f1ol,<\/em>Madrid, 1974, p. 9ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote109anc\" id=\"sdfootnote109sym\">109<\/a> L\u00f3pez Morillas, J.,<em>El krausismo espa\u00f1ol.<\/em> <em>Perfil de una aventura intelectual,<\/em>M\u00e9xico, 1956.Gil Cremades, J. J.,<em>Reformismo espa\u00f1ol, krausismo, escuela hist\u00f3rica, neotomismo,<\/em> Barcelona, 1969.Heredia Solano, A.,<em>El krausismo espa\u00f1ol (Estudio hist\u00f3rico-bibliogr\u00e1fico),<\/em> <em>en \u00abCuatro ensayos de historia de Espa\u00f1a\u00bb, Madrid, 1975. <\/em><em>Diaz, <\/em><em>E., <\/em><em>La filosof\u00eda social del krausismo espa\u00f1ol,<\/em>Madrid, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote110anc\" id=\"sdfootnote110sym\">110<\/a> V. Cacho Viu, <em>La Instituci\u00f3n Libre de Ense\u00f1anza,<\/em>Madrid, 1962. Gil de Z\u00e1rate,<em>De la instrucci\u00f3n p\u00fablica en Espa\u00f1a,<\/em>Madrid, 1955, 3 vols.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote111anc\" id=\"sdfootnote111sym\">111<\/a> Exposici\u00f3n a las Cortes, en el a\u00f1o 1878.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote112anc\" id=\"sdfootnote112sym\">112<\/a> <em>El colegio-seminario de San Mat\u00edas<\/em>, en Mart\u00edn Hern\u00e1ndez, F., Rubio Parrado, L., <em>Mos\u00e9n Sol,<\/em> Salamanca, 1978, pp. 36-45.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote113anc\" id=\"sdfootnote113sym\">113<\/a> De don Gabriel Duch hizo don Manuel Domingo y Sol grandes elogios, recordando con respeto y veneraci\u00f3n sus ejemplos de celo y de virtud, as\u00ed como las pl\u00e1ticas doctrinales de las tardes de los domingos: Proceso, declaraci\u00f3n de El\u00edas Ferreres, fol. 362 v.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote114anc\" id=\"sdfootnote114sym\">114<\/a> Valiosas biograf\u00edas de figuras sacerdotales, con la bibliograf\u00eda m\u00e1s importante, encontramos en <em>Enciclopedia Cattolica,<\/em> en <em>Dictionnaire de Spiritualit\u00e9<\/em>, en <em>Ger<\/em> (Gran Enciclopedia Rialp), en <em>Gran Enciclopedia Larousse,<\/em> en <em>Dictionnaire d\u2019Histoire et G\u00e9ographique eccl\u00e9siastique, <\/em>en <em>Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a,<\/em> y en <em>Esposa (Enciclopedia Universal Ilustrada). <\/em>Para las biograf\u00edas de obispos tenemos, adem\u00e1s, los episcopologios (son pocas las di\u00f3cesis que carecen de una gu\u00eda episcopol\u00f3gica), los Boletines Oficiales de las di\u00f3cesis y los famosos Anuarios Eclesi\u00e1sticos de Subirana. Son muy valiosas las listas de figuras sacerdotales y la abundante bibliograf\u00eda que nos ofrecen B. Jimenez Duque, <em>La espiritualidad en el siglo XIX espa\u00f1ol,<\/em> Madrid, 1974; J. Esquerda Bifet en <em>Teolog\u00eda y espiritualidad sacerdotal,<\/em> Madrid, 1966, en <em>Teolog\u00eda de la Espiritualidad sacerdotal,<\/em> BAC 382, Madrid, 1976, y en <em>Teolog\u00eda del Sacerdocio,<\/em> Burgos, 1969 y ss. Interesan mucho las historias de las \u00d3rdenes religiosas, que aunque con diverso valor historiogr\u00e1fico, ofrecen copiosas noticias de sus miembros, y no pocas veces con exuberante bibliograf\u00eda. La Uni\u00f3n Apost\u00f3lica de Espa\u00f1a tiene una colecci\u00f3n titulada \u00abSemblanzas Sacerdotales\u00bb. Recomiendo los libros siguientes: J. Ricart Torres, <em>Jornaleros de Cristo,<\/em> Barcelona, 1960; F. M. \u00c1lvarez, <em>Las grandes escuelas de espiritualidad en relaci\u00f3n con el sacerdocio,<\/em> Barcelona, 1963; Id., <em>Perfiles sacerdotales,<\/em> Barcelona, 1959; G. Zanarini, <em>Figures missionnaires modernes,<\/em> Par\u00eds, 1963. Para la vida y bibliograf\u00eda de aquellos sacerdotes que alcanzaron la gloria de la canonizaci\u00f3n o beatificaci\u00f3n la <em>Enciclopedia de Orientaci\u00f3n Bibliogr\u00e1fica<\/em> ofrece los principales Diccionarios hagiogr\u00e1ficos, Santorales, Martirologios, Vidas de Santos y de Beatos en general, en particular y por Ordenes y Congregaciones religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote115anc\" id=\"sdfootnote115sym\">115<\/a> <em>AAS<\/em> 63 (1971) 933.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote116anc\" id=\"sdfootnote116sym\">116<\/a> <em>AAS<\/em> 67 (1975) 264.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote117anc\" id=\"sdfootnote117sym\">117<\/a> AA 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote118anc\" id=\"sdfootnote118sym\">118<\/a> Cfr. DV 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote119anc\" id=\"sdfootnote119sym\">119<\/a> Vicente de Lerins, <em>Commonitorium 2, 5.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote120anc\" id=\"sdfootnote120sym\">120<\/a> <em>Cfr.<\/em> Conc. Vaticano I, <em>Const. <\/em><em>Dogm. \u00abDei Filius\u00bb,<\/em> c.4: Denz. 1800 (3020).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote121anc\" id=\"sdfootnote121sym\">121<\/a> Cfr. nota 84.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote122anc\" id=\"sdfootnote122sym\">122<\/a> LG 31; cfr. LG 10, 12 y 36.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote123anc\" id=\"sdfootnote123sym\">123<\/a> LG cap. V.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote124anc\" id=\"sdfootnote124sym\">124<\/a> Sobre la armon\u00eda entre evangelizaci\u00f3n y servicio de los sacramentos, ver el S\u00ednodo de Obispos II, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote125anc\" id=\"sdfootnote125sym\">125<\/a> PO 6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote126anc\" id=\"sdfootnote126sym\">126<\/a> De todo el viaje escribi\u00f3 don Manuel Domingo y Sol una especie de Diario, que conservamos: <em>Escritos de don Manuel<\/em>: Varios, 10\u00ba, 2-6.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote127anc\" id=\"sdfootnote127sym\">127<\/a> ASS 6 (1870-71) 40-47; <em>Conciliorum Oecumenicorum Decreta<\/em> 787-792.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote128anc\" id=\"sdfootnote128sym\">128<\/a> <em>Carta cirtular<\/em> (Circular-Depesche) del Canciller Bismarck, escrita el 14 de mayo de 1872 y publicada el 29 de diciembre de 1874 en \u00abDeutscher Reichsanzeiger und Kgl. Preuss. Staatsanzeiger\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote129anc\" id=\"sdfootnote129sym\">129<\/a> P\u00edo IX, <em>Acta<\/em> 1\/vii, 29ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote130anc\" id=\"sdfootnote130sym\">130<\/a> Cfr. PO 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote131anc\" id=\"sdfootnote131sym\">131<\/a> PO 7. Son palabras que despu\u00e9s utilizar\u00e1n el Motu Proprio <em>Ecclesiae Sanctae,<\/em> I, 15, 1, y el Documento de la Sagrada Congregaci\u00f3n del Clero dirigido a las Conferencias Episcopales: <em>AAS<\/em> 62 (1970) 461.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote132anc\" id=\"sdfootnote132sym\">132<\/a> San Ignacio de Antioqu\u00eda, <em>Magn.<\/em> 6,1; <em>Trall.<\/em> 3, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote133anc\" id=\"sdfootnote133sym\">133<\/a> Cf. N. L\u00f3pez Mart\u00ednez, <em>La distinci\u00f3n entre obispos y presb\u00edteros,<\/em> XXII Semana Espa\u00f1ola de Teolog\u00eda, Madrid 1963, 129 ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote134anc\" id=\"sdfootnote134sym\">134<\/a> P. Torquebiau, <em>Chapines de chanoines,<\/em> Dictionnaire de Droit Canonique, III, 537ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote135anc\" id=\"sdfootnote135sym\">135<\/a> PO 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote136anc\" id=\"sdfootnote136sym\">136<\/a> Cfr. Torres, <em>Vida,<\/em> 53, nota 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote137anc\" id=\"sdfootnote137sym\">137<\/a> PO 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote138anc\" id=\"sdfootnote138sym\">138<\/a> Cfr. LG 37.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote139anc\" id=\"sdfootnote139sym\">139<\/a> Cfr. Decreto sobre el Ecumenismo <em>Unitatis Redintegratio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote140anc\" id=\"sdfootnote140sym\">140<\/a> PO 10.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote141anc\" id=\"sdfootnote141sym\">141<\/a> Cfr. PO 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote142anc\" id=\"sdfootnote142sym\">142<\/a> PO 14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote143anc\" id=\"sdfootnote143sym\">143<\/a> PO 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote144anc\" id=\"sdfootnote144sym\">144<\/a> PO 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote145anc\" id=\"sdfootnote145sym\">145<\/a> PO 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote146anc\" id=\"sdfootnote146sym\">146<\/a> PO 22.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote147anc\" id=\"sdfootnote147sym\">147<\/a> Cfr. PO 14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote148anc\" id=\"sdfootnote148sym\">148<\/a> PO 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote149anc\" id=\"sdfootnote149sym\">149<\/a> <em>Summa Theologiae,<\/em> II-II q.188 a.7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote150anc\" id=\"sdfootnote150sym\">150<\/a> PO 13, nota 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote151anc\" id=\"sdfootnote151sym\">151<\/a> PO 15, 16 y 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote152anc\" id=\"sdfootnote152sym\">152<\/a> PO 13 y 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote153anc\" id=\"sdfootnote153sym\">153<\/a> PO 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote154anc\" id=\"sdfootnote154sym\">154<\/a> PO 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote155anc\" id=\"sdfootnote155sym\">155<\/a> PO 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote156anc\" id=\"sdfootnote156sym\">156<\/a> LG 41, nota 5 cita a Santo Tom\u00e1s, <em>Summ.<\/em> II-II q.184 a.5 y 6; <em>De perf. vitae spir., <\/em>c.18; y a Or\u00edgenes, <em>In Is., hom.<\/em> 6, 1: PG 13, 239.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote157anc\" id=\"sdfootnote157sym\">157<\/a> PO 14, nota 23 cita a San Agust\u00edn, <em>Tract, in lo.,<\/em> 123,5: PL 35, 1967.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote158anc\" id=\"sdfootnote158sym\">158<\/a> PO 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote159anc\" id=\"sdfootnote159sym\">159<\/a> Pontificale Romanum: \u00abDe ordinatione Presbyteri\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote160anc\" id=\"sdfootnote160sym\">160<\/a> PO 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote161anc\" id=\"sdfootnote161sym\">161<\/a> Pablo VI, homil\u00eda en la solemne canonizaci\u00f3n de Santa Teresa Jornet, el d\u00eda 27 de enero de 1974: IP, 74, 68.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote162anc\" id=\"sdfootnote162sym\">162<\/a> Del Prefacio de los Santos (Nuevo Misal Romano).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote163anc\" id=\"sdfootnote163sym\">163<\/a> Pablo VI , en la homil\u00eda de la Misa de la canonizaci\u00f3n, el d\u00eda 31 de mayo de 1970: 1P, 70, 563.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote164anc\" id=\"sdfootnote164sym\">164<\/a> Pablo VI, homil\u00eda en la Misa de beatificaci\u00f3n, 1 de noviembre de 1975: 1P, 75, 1207.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estudio publicado en el n\u00famero monogr\u00e1fico dedicado por la Revista El Monte Carmelo, a la figura del Beato Enrique de Oss\u00f3, Burgos, 1979,7-82, con el t\u00edtulo Mano de oro. 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