{"id":1074,"date":"2024-09-27T15:05:32","date_gmt":"2024-09-27T13:05:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1074"},"modified":"2024-09-27T15:05:32","modified_gmt":"2024-09-27T13:05:32","password":"","slug":"la-espiritualidad-del-don-miguel-manara-su-vigencia-en-los-tiempos-actuales","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/la-espiritualidad-del-don-miguel-manara-su-vigencia-en-los-tiempos-actuales\/","title":{"rendered":"La espiritualidad del Don Miguel Ma\u00f1ara, su vigencia en los tiempos actuales"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencia pronunciada en Sevilla el 6 de marzo de 1979, en la sesi\u00f3n de apertura del tercer centenario de la santa muerte del Venerable don Miguel de Ma\u00f1ara. Texto publicado en BOAT, abril 1979, 125-137.<\/p>\n\n\n\n<p>Recientemente, el Santo Padre, Juan Pablo II, ha realizado un viaje pastoral a M\u00e9xico que ha conmovido a gran parte del mundo. Las muchedumbres que le han escuchado o seguido no se han interesado gran cosa por tales o cuales conceptos de sus discursos. De eso nos ocupamos nosotros, los que tenemos la obligaci\u00f3n de pensar para saber lo que hemos de decir. Hacemos bien. Ojal\u00e1 no nos qued\u00e1ramos solamente ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo ha saltado por encima de los discursos y ha captado de un golpe la realidad suprema de una actitud fundamental: <em>El Papa estaba all\u00ed por amor.<\/em> Y todo cuanto hizo, dijo o se movi\u00f3 en aquellos d\u00edas de incesante actividad es porque amaba. Amaba a un pueblo desconocido hasta entonces, y amaba al mundo, a la Iglesia, a Cristo, a la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico hay pobres. Como los hay en Espa\u00f1a y en casi todos los lugares de la tierra, en unos m\u00e1s que en otros. Siempre la pobreza, ese misterio de la impotencia y el fracaso humano, a veces tambi\u00e9n de la maldad de los hombres, que nos acusa a todos implacablemente y que, para mayor paradoja, es lugar preferido para la presencia de Dios. La pobreza es clamor incoercible contra todas las injusticias, campo evang\u00e9lico, cuyas flores m\u00e1s hermosas son los corazones de los pobres, y solicitud apremiante para hacer que vengan a remediarla los que saben amar.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa, en M\u00e9jico, ten\u00eda que hablar, como ya lo hab\u00eda hecho Pablo VI y tambi\u00e9n Juan Pablo I, de una cuesti\u00f3n social que afecta al mundo de hoy, a los pobres y a los ricos, a la Iglesia y a la humanidad, a los evangelizados y a los evangelizadores. De una cuesti\u00f3n que se concreta as\u00ed: <em>liberaci\u00f3n del hombre que sufre, v\u00edctima de las injusticias humanas.<\/em> Es una cuesti\u00f3n que de social se ha convertido en teol\u00f3gica, y aun en asc\u00e9tica y m\u00edstica: teol\u00f3gica, porque se trata de saber qu\u00e9 nos pide sobre ello la Revelaci\u00f3n cristiana a los que estamos dispuestos a admitirla; y asc\u00e9tica y m\u00edstica, porque el modo de plantearla y los intentos para resolverla exigen para muchos un cambio en el concepto de la virtud y del pecado y una din\u00e1mica nueva en todo lo relativo a lo que llamamos uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa ha se\u00f1alado muy bien que el <em>Evangelio nos pide a todos ser <\/em><em>consecuentes:<\/em> que hay que amar al hombre no s\u00f3lo de palabra, sino con obras; que la salvaci\u00f3n en Jesucristo, que tratamos de ofrecer, es liberadora de las esclavitudes del pecado para poder alcanzar la vida eterna; y tambi\u00e9n de las injusticias de este mundo, para que los hombres no sean esclavos de otros hombres en su camino por la tierra. <em>La Iglesia,<\/em> ha venido a decir, <em>trabaja por la liberaci\u00f3n integral del hombre con amor,<\/em> con procedimientos que est\u00e9n de acuerdo con las exigencias evang\u00e9licas, y s\u00f3lo con ellos, no con revoluciones violentas ni odios de clases. Siempre ha trabajado as\u00ed, y siempre ha habido seguidores de Jes\u00fas que, al calor de su fe y su esp\u00edritu cristiano, han amado, servido y liberado al hombre en este mundo y para el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros celebr\u00e1is ahora el tercer centenario de la muerte de uno de ellos, el Venerable Don Miguel de Ma\u00f1ara, insigne disc\u00edpulo del Evangelio y servidor de la humanidad desvalida. Su testimonio no ha perdido actualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sabemos de su vida es suficiente para comprender la grandeza de su alma. En su entrega a Dios hay como un motivo determinante, que, en lenguaje teol\u00f3gico, llamamos gracia actual o auxilio de Dios a la condici\u00f3n humana en el interior de la conciencia: es el dolor que le producen la muerte de seres muy queridos, y el abandono en que se encuentran tantos y tantos hombres y mujeres de la Sevilla de entonces, en cuyas calles y plazas la miseria pon\u00eda su contrapunto m\u00e1s hiriente al fastuoso modo de vivir de unos pocos. Es la \u00e9poca en que las grandezas de la Espa\u00f1a del Imperio no pueden ocultar la ruina interior que avanzar\u00e1 inexorablemente. Muchos muertos, mucha hambre, mucha picaresca.<\/p>\n\n\n\n<p>Al dolor del esp\u00edritu tan fino de Miguel Ma\u00f1ara se une el desenga\u00f1o, que se hubiera convertido en frustraci\u00f3n lacerante de no haber sido por su fe cristiana. Esta fe es la que le lleva a un cambio de vida \u2013la conversi\u00f3n\u2013 y a una entrega fervorosa a Cristo en los pobres. A partir de este momento, su vida es de purificaci\u00f3n constante, de religiosidad interior y externa, de desprendimiento de s\u00ed mismo, y de caridad abnegada que le lleva a ser pobre con los pobres en los cuales ve a Cristo, su Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Su <em>\u00abDiscurso de la Verdad<\/em>\u00bb nos revela la meditaci\u00f3n interior con que alimentaba su alma. Se ve que es un car\u00e1cter vigoroso y recio que ha hecho una opci\u00f3n entre el servicio a Dios y la esclavitud del pecado. Con un lenguaje asc\u00e9tico muy propio de la \u00e9poca hace apremiante invitaci\u00f3n a todos aquellos a quienes pueda llegar su voz, a que piensen en la muerte y en el juicio de Dios que espera a cada uno, en la condenaci\u00f3n posible o en los premios eternos. Tiene palabras para todos: para los ricos altaneros, para los alocados, para los gobernantes, los obispos, los sacerdotes. Cuando lo escribe, da la impresi\u00f3n de que \u00e9l ha puesto la mano en el arado y ya no volver\u00e1 atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La meditaci\u00f3n sobre las verdades eternas<\/h2>\n\n\n\n<p>No est\u00e1 de moda hoy meditar en la muerte y en las postrimer\u00edas del hombre. Pero nunca ha sido tan grande como hoy el n\u00famero de suicidios. La espiritualidad cristiana que hoy se cultiva con preferencia, huye de esta contemplaci\u00f3n y busca otros paisajes. Se dice que el cristiano ha de distinguirse por su amor a la vida, por su capacidad creadora, por el aliento vital con que debe acercarse a todo lo que es bello para colaborar con todos los dem\u00e1s, sean quienes sean, a la armon\u00eda del mundo. Y es cierto; el cristiano m\u00e1s que nadie debe amar la vida como un don de Dios. Aqu\u00ed est\u00e1 la diferencia, en amarla como quien se complace en un regalo divino para ir llev\u00e1ndola a las m\u00e1s altas perfecciones, o para saborearla como un fruto pagano que cuelga del \u00e1rbol del ego\u00edsmo. Si quitamos del discurso del Venerable Ma\u00f1ara las adherencias barrocas de su estilo literario, todo lo que dice se reduce a un aviso de la prudencia cristiana que pide al hombre elegir entre el bien y el mal constantemente. Al fin y al cabo, es el Se\u00f1or el que nos dice: <em>Mirad de guardaros de toda avaricia, porque, aunque se tenga mucho, no est\u00e1 la vida en la hacienda. Y les dijo una par\u00e1bola: Hab\u00eda un hombre rico, cuyas tierras le dieron gran cosecha. Comenz\u00f3 \u00e9l a pensar dentro de s\u00ed, diciendo: \u00bfQu\u00e9 har\u00e9, pues no tengo d\u00f3nde encerrar mi cosecha? Y dijo: Ya s\u00e9 lo que voy a hacer; demoler\u00e9 mis graneros y los har\u00e9 m\u00e1s grandes, y almacenar\u00e9 en ellos todo mi grano y mis bienes, y dir\u00e9 a mi alma: Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos a\u00f1os; descansa, come, bebe, reg\u00e1late. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te pedir\u00e1n el alma, y todo lo que has acumulado \u00bfpara qui\u00e9n ser\u00e1? As\u00ed ser\u00e1 el que atesora para s\u00ed y no es rico ante Dios<\/em> (Lc 12, 15- 21)-<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha dicho que es un rasgo t\u00edpicamente espa\u00f1ol, y por consiguiente sin otro valor que el de lo puramente caracterol\u00f3gico, esta tendencia asc\u00e9tica a cultivar el pensamiento de la muerte, el pecado y la posible condenaci\u00f3n, como medio de fomentar una espiritualidad t\u00e9trica, extremosa, evadida de los compromisos con el mundo. Los ataques que se han hecho contra este estilo de espiritualidad son innumerables y por lo general tan exagerados como los que tratan de describir. Lo cierto es que no hay ninguna escuela asc\u00e9tica, ning\u00fan conjunto de literatura religiosa consistente, ning\u00fan estilo generalizado de formaci\u00f3n de las conciencias en ning\u00fan pa\u00eds cat\u00f3lico, ning\u00fan santo, incluidos un San Francisco de As\u00eds o un San Francisco de Sales, que no inviten al hombre a considerar la vanidad de la vida, las lecciones de la muerte y el destino eterno que espera a cada hombre seg\u00fan sus obras. Las \u00e9pocas en que el pensamiento sobre la muerte deja de influir saludablemente son aquellas en que se pierde el sentido del pecado, como vienen advirti\u00e9ndolo los Papas de la \u00e9poca contempor\u00e1nea desde P\u00edo XII, los m\u00e1s comprometidos en un combate evang\u00e9lico admirable por acompa\u00f1ar al hombre en su af\u00e1n de progreso y desarrollo en todos los aspectos de la vida individual y social.<\/p>\n\n\n\n<p>El Vaticano II, por otra parte, en el documento m\u00e1s hermoso que la Iglesia reunida en Concilio ha escrito jam\u00e1s para exaltar la dignidad humana y ensalzar todo cuanto puede conducir a dar satisfacci\u00f3n plena a las m\u00e1s nobles aspiraciones del hombre contempor\u00e1neo, nos ha ofrecido tambi\u00e9n estas consideraciones sistem\u00e1ticamente olvidadas a la hora de se\u00f1alar los criterios por los que debe regirse el esp\u00edritu del hombre y particularmente el cristiano:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con este otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta m\u00faltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra\u00eddo por muchas solicitaciones, tiene que elegir y renunciar. M\u00e1s a\u00fan, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr\u00eda llevar a cabo (cf. Rm 7, 14ss). Por ello siente en s\u00ed mismo la divisi\u00f3n, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son much\u00edsimos los que, tarados en su vida por el materialismo pr\u00e1ctico, no quieren saber nada de la clara percepci\u00f3n de este dram\u00e1tico estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretaci\u00f3n de la realidad propuesta de m\u00faltiples maneras. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberaci\u00f3n de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciar\u00e1 plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significaci\u00f3n propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evoluci\u00f3n del mundo, son cada d\u00eda m\u00e1s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci\u00f3n las cuestiones m\u00e1s fundamentales: \u00bfQu\u00e9 es el hombre? \u00bfCu\u00e1l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todav\u00eda? \u00bfQu\u00e9 valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? \u00bfQu\u00e9 puede dar el hombre a la sociedad? \u00bfQu\u00e9 puede esperar de ella? \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida temporal?\u00bb (GS 10).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCreado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci\u00f3n del demonio, en el propio exordio de la historia, abus\u00f3 de su libertad, levant\u00e1ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios. Oscurecieron su est\u00fapido coraz\u00f3n y prefirieron servir a la criatura, no al Creador (cf. Rm 1, 21-25). Lo que la Revelaci\u00f3n divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su coraz\u00f3n, comprueba su inclinaci\u00f3n al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinaci\u00f3n a su fin \u00faltimo, y tambi\u00e9n toda su ordenaci\u00f3n, tanto por lo que toca a su propia persona, como a las relaciones con los dem\u00e1s y con el resto de la creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es esto lo que explica la divisi\u00f3n \u00edntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas; m\u00e1s todav\u00eda, el hombre se nota incapaz de dome\u00f1ar por s\u00ed solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el Se\u00f1or vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renov\u00e1ndole interiormente y expulsando al pr\u00edncipe de este mundo (cf. Jn 12, 31), que le reten\u00eda en la esclavitud del pecado (cf. Jn 8, 34). El pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndole lograr su propia plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de esta Revelaci\u00f3n, la sublime vocaci\u00f3n y la miseria profunda que el hombre experimenta hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima explicaci\u00f3n\u00bb. (GS 13).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Sagrada Escritura, con la que est\u00e1 de acuerdo la experiencia de los siglos, ense\u00f1a a la familia humana que el progreso altamente beneficioso para el hombre, tambi\u00e9n encierra, sin embargo, gran tentaci\u00f3n, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarqu\u00eda de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran m\u00e1s que a lo suyo, olvidando lo ajeno. Lo que hace que el mundo no sea ya \u00e1mbito de una aut\u00e9ntica fraternidad, mientras el poder acrecido de la humanidad est\u00e1 amenazando con destruir al propio g\u00e9nero humano.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los or\u00edgenes del mundo, durar\u00e1, como dice el Se\u00f1or, hasta el final (cf. Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36, 43). Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y s\u00f3lo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, la Iglesia de Cristo, confiando en el designio del Creador, a la vez que reconoce que el progreso puede servir a la verdadera felicidad humana, no puede dejar de hacer o\u00edr la voz del Ap\u00f3stol cuando dice: \u2018No quer\u00e1is vivir conforme a este mundo\u2019 (Rm 12, 2); es decir, conforme a aquel esp\u00edritu de vanidad y malicia que transforma en instrumento de pecado la actividad humana, ordenada al servicio de Dios y de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora de saber c\u00f3mo es posible superar tan deplorable miseria, la norma cristiana es que hay que purificar por la cruz y la resurrecci\u00f3n de Cristo y encauzar por caminos de perfecci\u00f3n todas las actividades humanas, las cuales, a causa de la soberbia y el ego\u00edsmo, corren diario peligro. El hombre, redimido por Cristo y hecho, en el Esp\u00edritu Santo, nueva criatura, puede y debe amar las cosas creadas por Dios. D\u00e1ndole gracias por ellas al Bienhechor y usando y gozando de las criaturas en pobreza y con libertad de esp\u00edritu, entra de veras en posesi\u00f3n del mundo como quien nada tiene y es due\u00f1o de todo (cf. 2Cor 6, 10): \u2018Todo es vuestro; vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios\u2019 (1Cor 3, 22-23).\u00bb (GS 37).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas afirmaciones conciliares tienen la misma magnificencia y la misma radical fundamentaci\u00f3n que todas las dem\u00e1s contenidas en el espl\u00e9ndido documento, pero omitimos unas y nos quedamos con las que nos agradan, con lo cual la espiritualidad cristiana sufre quiebra profund\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no digo que con meditar en la muerte est\u00e1 todo arreglado. No lo dice nadie. Lo \u00fanico que afirmo es que cuando se pierde el sentido del pecado, la religi\u00f3n cristiana carece de coherencia, se convierte en h\u00e1bito sociol\u00f3gico, en ideolog\u00eda, en arrastre y pozo cultural que paulatinamente se desvanece; los sacramentos son signos sin contenido, y por eso la eliminaci\u00f3n del de la penitencia; la Misa es asamblea m\u00e1s que sacrificio; la conciencia es criterio personal sin m\u00e1s l\u00edmites que los subjetivos; la oraci\u00f3n, un grito colectivo, rumoreado o cantado sin aplicaciones personales; la moral, una psicolog\u00eda de derechos con olvido de los deberes; Cristo mismo, un personaje sin rostro, presente en todo sin comprometer en nada. No hay espiritualidad posible si la vida cristiana se orienta olvid\u00e1ndose del pecado, de la muerte, del fin eterno del hombre, de Cristo muerto y resucitado por nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>De un modo o de otro, el hombre y particularmente el cristiano, tiene que enfrentarse con su propio destino. Cuando no lo hace guiado por el Evangelio, por el ejemplo de los santos, y por la asc\u00e9tica cristiana, termina dej\u00e1ndose conducir por los fil\u00f3sofos de la nada o por los novelistas, como Camus, Gide, Sartre, etc. Creo, en suma, que es un fallo muy notable de la espiritualidad de nuestros d\u00edas el pesado silencio que se extiende sobre el pecado personal y sus consecuencias, sobre el santo temor de Dios, sobre las verdades eternas, sobre la muerte. Es, como en tantas otras cosas, una postura falsamente conciliar. Se puede y se debe sonre\u00edr al mundo como criatura de Dios, y avanzar cantando por los caminos de la vida, pero sin olvidar jam\u00e1s que el verdadero progreso no existe si el hombre se olvida de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre muy de nuestros d\u00edas, que ha iluminado como nadie el paisaje del mundo desde el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia, Pablo VI, escribi\u00f3 en su testamento, escrito trece a\u00f1os antes de su final, estas palabras solemnes y sencillas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abFijo la mirada en el misterio de la muerte y de lo que a \u00e9sta sigue en la luz de Cristo, el \u00fanico que la esclarece; y, por tanto, con confianza humilde y serena. Percibo la verdad que para m\u00ed se ha proyectado siempre desde este misterio sobre la vida presente, y bendigo al vencedor de la muerte por haber disipado sus tinieblas y descubierto su luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, ante la muerte y la separaci\u00f3n total y definitiva de la vida presente, siento el deber de celebrar el don, la fortuna, la belleza, el destino de esta misma existencia fugaz: Se\u00f1or, Te doy gracias porque me has llamado a la vida, y m\u00e1s a\u00fan todav\u00eda, porque, haci\u00e9ndome cristiano, me has regenerado y destinado a la plenitud de la vida.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abY respecto a lo que m\u00e1s importa, despidi\u00e9ndome de la escena de este mundo y yendo al encuentro del juicio y de la misericordia de Dios, deber\u00eda decir tantas cosas, muchas. Sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia: que escuche las palabras que le hemos dedicado con tanto af\u00e1n y amor. Sobre el Concilio: se lleve a t\u00e9rmino felizmente y tr\u00e1tese de cumplir con fidelidad sus prescripciones. Sobre el ecumenismo: contin\u00faese la tarea de acercamiento a los hermanos separados, con mucha comprensi\u00f3n, mucha paciencia y gran amor, pero sin desviarse de la aut\u00e9ntica doctrina cat\u00f3lica. Sobre el mundo: no se piense que se le ayuda adoptando sus criterios, su estilo y sus gustos, sino procurando conocerlo, am\u00e1ndolo y sirvi\u00e9ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierro los ojos sobre esta tierra doliente, dram\u00e1tica y magn\u00edfica, implorando una vez m\u00e1s sobre ella la Bondad divina. De nuevo bendigo a todos. Especialmente a Roma, Mil\u00e1n y Brescia. Y una bendici\u00f3n y un saludo especial para Tierra Santa, la Tierra de Jes\u00fas, adonde fui como peregrino de fe y de paz. Y a la Iglesia, a la querid\u00edsima Iglesia cat\u00f3lica, a la humanidad entera, mi bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente: \u2018In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum.\u2019<\/p>\n\n\n\n<p>Ego: Paulus P. P. VI.<\/p>\n\n\n\n<p>Roma, junto a San Pedro, 30 de junio de 1965, a\u00f1o III de nuestro Pontificado.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>El estilo es muy distinto, pero el latido del coraz\u00f3n es semejante al de quien escribi\u00f3 el <em>\u00abDiscurso de la Verdad<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El alivio de los pobres, obra de misericordia cristiana<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero el esp\u00edritu del Venerable Ma\u00f1ara no se detuvo en esas consideraciones. Si alguna vez, como dicen sus bi\u00f3grafos, pens\u00f3 en retirarse a la soledad de un convento para entregarse a una vida de oraci\u00f3n y penitencia, lo cierto es que el camino que recorri\u00f3 fue muy distinto. La meditaci\u00f3n de la muerte y del pecado no le hizo desentenderse del trabajo del buen cristiano en el mundo, al que se sinti\u00f3 llamado.<\/p>\n\n\n\n<p>La asombrosa obra de caridad que realiz\u00f3, de la que en Sevilla quedan testimonios tan elocuentes, no se explica sin una riqu\u00edsima vida interior, que le hizo avanzar d\u00eda tras d\u00eda en el amor a Jesucristo y a los pobres, en los cuales ve\u00eda a su Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>La frivolidad de su vida de anta\u00f1o, ni m\u00e1s pecaminosa ni m\u00e1s desordenada que la del com\u00fan de los hombres de su \u00e9poca y su ambiente, hab\u00eda desaparecido por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su vida de oraci\u00f3n se hace cada vez m\u00e1s intensa, con particular observancia de lo que piden los tiempos lit\u00fargicos y las fiestas religiosas. Su mortificaci\u00f3n, continua. Sus tiernas y continuas devociones \u2013esa piedad que alienta y a la vez expresa la fe\u2013 le acompa\u00f1an siempre. Lee la Sagrada Escritura, reza los Salmos, medita el Evangelio, se deja guiar por autores asc\u00e9ticos bien conocidos, adora al Se\u00f1or en la Eucarist\u00eda y capta toda la riqueza del santo Sacrificio de la Misa. Cuando le llega el \u00faltimo per\u00edodo de su vida \u2013los tres \u00faltimos a\u00f1os\u2013 se le oye con frecuencia manifestar su deseo y su esperanza de ver pronto a Dios en el cielo. El antiguo Caballero de Calatrava, que luch\u00f3 heroicamente para despojarse de ambiciones, vanidades, vicios y fortunas de este mundo, se ha convertido en un m\u00edstico que suspira por sumergirse para siempre en la contemplaci\u00f3n de Dios. Sus manos no se presentar\u00e1n vac\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se encar\u00f3 con un problema social de su \u00e9poca, el de los pobres y desvalidos, y trat\u00f3 de solucionarlo con los medios y criterios que estaban a su alcance. Ingresa primero en la Hermandad, que ten\u00eda como fin \u00fanicamente el enterrar a los muertos y ajusticiados; en seguida hace evolucionar la instituci\u00f3n y surge la Residencia o Asilo nocturno para que puedan recogerse los pobres sin hogar; m\u00e1s tarde los Hospitales o Enfermer\u00edas. Es, pues, una caridad misericordiosa y compasiva, que va a m\u00e1s cada vez. No se limita a una limosna para salir del paso. Busca incluso la educaci\u00f3n del pobre, educaci\u00f3n religiosa y humana que se ofrec\u00eda en su Hospital, con lo cual muchos podr\u00edan tambi\u00e9n redimirse de la carencia de est\u00edmulos para mejorar su vida. Entonces no se hablaba de derechos humanos ni de promoci\u00f3n social, conquista tan noble de los tiempos modernos, pero Don Miguel Ma\u00f1ara hac\u00eda reconocer los derechos divinos que ten\u00edan aquellos desamparados. Recu\u00e9rdese aquel art\u00edculo de la Regla que \u00e9l escribi\u00f3 (Cap. XVI, p\u00e1g. 44).<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando en Madrid le consultan sobre una instituci\u00f3n de caridad que quer\u00edan erigir con el nombre de <em>Casa del Ave Mar\u00eda,<\/em> en que los pobres hab\u00edan de permanecer recluidos para que no anduviesen por las calles, Don Miguel escribe saliendo en defensa de la libertad de los pobres:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEstos muy amados hermanos, que ten\u00e9is reclusos con t\u00edtulo de pol\u00edtica, \u00bfno son los portadores de los bienes de los ricos al cielo? \u00bfPor su mano no dicen ponemos nuestras riquezas en el cielo? \u00bfPues c\u00f3mo los escond\u00e9is de los ojos de los ricos? El pobre llagado, dando voces por esas calles, \u00bfno mueve muchas veces los corazones de los ricos? \u00bfY detr\u00e1s de las paredes, donde est\u00e1n, quer\u00e9is que los muevan? \u00bfLa vista de los pobres quer\u00e9is esconderla, para que se apague en vuestras almas ese poco calor que ten\u00edais de caridad? Si San Mart\u00edn no hubiera visto al pobre desnudo, no hubiera vestido a Cristo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces se ha aparecido Jesucristo entre los andrajos de los pobres para santificaci\u00f3n de muchos!\u00bb \u00ab&#8230; \u00bfY esto se quita de las calles y se encierra en una casa, para que cada uno trabaje con la parte que tuviese sana? Esa es m\u00e1s galera que hospital. De suerte que, por ser tu hermano pobre, si tiene un brazo manco, \u00bfha de trabajar con el otro? Y si tiene una pierna coja, \u00bfno ha de holgar ninguna? \u00bfY t\u00fa, por rico, has de descansar tu cuerpo, sin trabajar una u\u00f1a? Esto no es mirar a los pobres como hermanos, sino como a malhechores y delincuentes. Pues ha llegado ya, por nuestros pecados, el mundo a tal extremo, que los echan a presidios por pobres, como malhechores. Esto no se ha hecho entre cat\u00f3licos hasta hoy&#8230; En \u00c1msterdam tienen otra casa, como la que en Madrid se fabrica. \u00a1Buenos santos y Padres de la Iglesia siguen Vuestras Mercedes, por cierto!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo m\u00e1s singular del Venerable Ma\u00f1ara, en su acci\u00f3n caritativa tan ardiente y generosa, fue el total olvido de s\u00ed mismo hasta terminar \u00e9l tambi\u00e9n siendo pobre. Se despoj\u00f3 de sus bienes, de sus t\u00edtulos, de sus joyas y recuerdos, de su mansi\u00f3n lujosa, de sus rentas, para terminar en una peque\u00f1ita y pobre celda de la casa en que viv\u00edan los pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo, de su propia estimaci\u00f3n. Fue humilde y fue humillado. Lo tolera todo con paciencia ejemplar: insultos, desprecios, ingratitudes de aquellos mismos a quienes socorr\u00eda. \u00c9l se hizo pobre, y todo lo esper\u00f3 de Dios, y acometi\u00f3 obras ingentes confiado en la providencia divina y s\u00f3lo en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy se habla de la pobreza como testimonio, y como acusaci\u00f3n; como compromiso. Incluso en el interior de la Iglesia suenan muchas voces que quieren identificar la pobreza con el simple despojo poniendo como motivaci\u00f3n el amor al pobre, y a lo sumo el amor a Cristo. Todav\u00eda falta algo para que la pobreza sea evang\u00e9lica: y es el abandono en las manos de Dios. Tambi\u00e9n esto lo practic\u00f3 Don Miguel Ma\u00f1ara.<\/p>\n\n\n\n<p>La oportuna celebraci\u00f3n de este Centenario nos ayuda a conocer mejor el esp\u00edritu y la obra del Venerable Ma\u00f1ara, ejemplo admirable de lo que pueden la fe y la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Su espiritualidad nace de una riqueza de vida interior centrada en el amor a Jesucristo Redentor, que le llev\u00f3 a la plena conversi\u00f3n y a dar testimonio de vida cristiana en un servicio heroico a los pobres y desvalidos, enfrent\u00e1ndose as\u00ed a un problema humano y social de su \u00e9poca al que quiso poner remedio en cuanto a \u00e9l le fue posible. No fue un hombre frustrado ni un descomprometido. Trabaj\u00f3 y luch\u00f3 indeciblemente en favor de los desgraciados y miserables de este mundo y muchos de ellos pudieron decir gracias a \u00e9l: \u00a1Por fin he encontrado a alguien que me ama de verdad!<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia ha predicado siempre y ha urgido a todos a poner en pr\u00e1ctica este amor sin medida. No puede fomentar el odio ni la revoluci\u00f3n. Ahora mismo, cuando Juan Pablo II viaja a M\u00e9xico, predica, en nombre de Jes\u00fas, la liberaci\u00f3n del hombre, que comprende tambi\u00e9n la satisfacci\u00f3n de toda justicia en la tierra. Pero lo hace con misericordiosa paciencia y con amor siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>En su seno no han faltado nunca los disc\u00edpulos del Evangelio que, al calor de su fe, lo han dejado todo para ayudar a los que sufren. Ma\u00f1ara fue uno de ellos, un hombre de su \u00e9poca, un seglar, un caballero espa\u00f1ol, inteligente, afortunado, poderoso. Lo que tuvo de pecador y mundano no fue ni m\u00e1s grave ni m\u00e1s escandaloso que lo que ten\u00edan otros de su ambiente y su condici\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrepentido y humilde, se convirti\u00f3 en un bienhechor de la humanidad. \u00c9l no pudo emplear entonces el lenguaje de los derechos humanos, pero vio con perfecta claridad d\u00f3nde estaba la ra\u00edz de la dignidad del hombre, y la proclam\u00f3 con tanta fuerza y vigor al atender al desvalido que, mucho m\u00e1s valioso que el socorro material, fue el esfuerzo educativo con el que transform\u00f3 a otros muchos que convivieron con \u00e9l, y que llegaron a darse cuenta de que no hay servicio a Dios si no hay amor al pobre.<\/p>\n\n\n\n<p>La conciencia de la solidaridad humana y de lo que el hombre merece, simplemente por ser hombre, ha avanzado extraordinariamente y poco a poco estos h\u00e9roes de la caridad cristiana van quedando relegados al olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>La seguridad social, los partidos pol\u00edticos, las organizaciones sindicales&#8230;, etc., son, se dice, las fuerzas m\u00e1s eficaces para solucionar los problemas que se debaten. No ser\u00e9 yo quien lo niegue. Pero hemos de a\u00f1adir que, si a la antigua caridad le faltaba algo, la eficacia mayor; a la seguridad de hoy le falta algo que tambi\u00e9n es eficaz, el amor de persona a persona. Es compatible y debe serlo, la justicia social con el amor cristiano. La misma justicia es ya amor; pero puede ser potenciada m\u00e1s y m\u00e1s cuando ese amor se nutre de est\u00edmulos cristianos. En el hombre, en el pobre, en el que sufre, es Dios mismo, es Jes\u00fas el que sufre y llama.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la justicia y con todas las fuerzas sociales capaces de llevarla a la pr\u00e1ctica, el amor cristiano. Lograr esta s\u00edntesis deber\u00eda ser el empe\u00f1o de la nueva civilizaci\u00f3n. Ese ser\u00eda tambi\u00e9n el di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo contempor\u00e1neo. No lo lograremos si se pierde el sentido del pecado y la valoraci\u00f3n debida de lo que pide la presencia de Dios en la vida, tambi\u00e9n en la vida social. El Venerable Ma\u00f1ara no lo perdi\u00f3: por eso fue tan fecunda su vida de abnegaci\u00f3n y servicio a los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencia pronunciada en Sevilla el 6 de marzo de 1979, en la sesi\u00f3n de apertura del tercer centenario de la santa muerte del Venerable don Miguel de Ma\u00f1ara. Texto publicado en BOAT, abril 1979, 125-137. 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