{"id":1059,"date":"2024-09-27T14:48:46","date_gmt":"2024-09-27T12:48:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1059"},"modified":"2024-09-27T16:13:06","modified_gmt":"2024-09-27T14:13:06","password":"","slug":"san-juan-boscosu-insobornable-confianza-en-la-iglesia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/san-juan-boscosu-insobornable-confianza-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"San Juan Bosco, su insobornable confianza en la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta Pastoral, fechada el 31 de enero de 1989, festividad de San Juan Bosco, al coronarse el A\u00f1o Centenario de la muerte del \u00abPadre y Maestro de los j\u00f3venes\u00bb. Texto en BOAT, marzo de 1989, 128-147.<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestros queridos sacerdotes, a nuestros religiosos y fieles de la archidi\u00f3cesis de Toledo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para todos vosotros, queridos diocesanos, mis sinceros deseos de paz y bien. Y a vosotros, padres de familia, educadores cristianos que dedic\u00e1is lo mejor de vuestras vidas a las tareas de la educaci\u00f3n, mi saludo respetuoso y lleno de agradecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Al coronar el centenario de la muerte de San Juan Bosco, una joya viviente de la misi\u00f3n educadora de la humanidad y de la Iglesia, en nombre de la propia Iglesia y haci\u00e9ndome eco del pensamiento del Papa y su opci\u00f3n preferencial por la juventud, permitidme en esta carta pastoral gozarme y reflexionar con vosotros en torno a la figura del santo educador de Tur\u00edn, y en especial en torno a lo que a\u00fan hoy puede significar para todos nosotros una de las mejores lecciones de su vida: su insobornable confianza en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El humanismo de la santidad<\/h3>\n\n\n\n<p>Hay, casi perdidos en el entramado doctrinal de los documentos del Vaticano II, textos inesperados y que resultan sorprendentes. En el coraz\u00f3n mismo de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia nos encontramos uno de ellos. Exactamente cuando se trata de proclamar y fundamentar el dinamismo de la santidad cristiana como clave de la identidad de la Iglesia, por su vinculaci\u00f3n originaria a Cristo y como quehacer vocacional de sus miembros \u00abpor cuanto la vocaci\u00f3n cristiana es, por su propia naturaleza, vocaci\u00f3n a la santidad\u00bb (cfr. LG 32 y 40-41).<\/p>\n\n\n\n<p>En tema de tanta enjundia no se pierde el texto conciliar en afirmaciones propias de una eclesiolog\u00eda especulativa o espiritualista. Arranca directamente del Evangelio \u2013la pedagog\u00eda del propio Cristo y su mandato de perfecci\u00f3n\u2013, hasta aterrizar en el realismo de la sociedad seg\u00fan cada momento y lugar. Porque \u00abes completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, <em>y esta santidad suscita un nivel de vida m\u00e1s humano incluso en la sociedad terrena\u00bb.<\/em> Y tras una breve descripci\u00f3n del dinamismo vital de la aut\u00e9ntica santidad apela a la evidencia: \u00abAs\u00ed, la santidad del Pueblo de Dios producir\u00e1 abundantes frutos, <em>como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos\u00bb<\/em> (LG 40).<\/p>\n\n\n\n<p>Conmemoramos y coronamos el centenario de la muerte de un recio piamont\u00e9s que, surgido de la pobreza y de la orfandad humana, sal\u00eda un d\u00eda del seminario sin otra c\u00e1lida compa\u00f1\u00eda que la de una sencilla madre cristiana, \u00abMam\u00e1 Margarita\u00bb, estrenando juventud y sacerdocio con intenso amor a la Iglesia \u2013\u00a1y qu\u00e9 situaci\u00f3n la de la Iglesia en su tiempo!\u2013 y en tensi\u00f3n de vocaci\u00f3n a la santidad. Su vida sacerdotal quedaba inaugurada, a los veintis\u00e9is a\u00f1os, aquel 5 de junio de 1841.<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra \u00abhumana\u00bb se inici\u00f3 seis meses despu\u00e9s, el 8 de diciembre, en la sacrist\u00eda del templo de San Francisco de As\u00eds, de Tur\u00edn, con un encuentro inesperado. Un encuentro humano a tres bandas: un sacrist\u00e1n destemplado, un sacerdote reci\u00e9n estrenado y a\u00fan no \u00abestablecido\u00bb y un rapazuelo curioso que \u00abs\u00f3lo sab\u00eda silbar\u00bb. Entre el malhumor del asalariado del templo y la inutilidad humana de aquel desheredado de la emigraci\u00f3n, de la ignorancia, de la industrializaci\u00f3n y hasta del amor humano, \u00a1s\u00f3lo un coraz\u00f3n sacerdotal con latidos de la Iglesia! Aquella ma\u00f1ana no hubo m\u00e1s que un di\u00e1logo de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero desde 1888, tras la muerte de Don Bosco, la Iglesia entera cuenta con un \u00abenclave de santidad\u00bb lograda ya para la eternidad \u2013la figura cada d\u00eda m\u00e1s actual del santo\u2013 y con una obra de amplios horizontes cristianos y humanos, hoy abierta a los cuatro vientos en la humanidad. Los salesianos son hoy, desde la Patagonia hasta la India, la China o Tailandia y en el coraz\u00f3n de todos los continentes donde act\u00faa la Iglesia, 17.618 (seg\u00fan recientes estad\u00edsticas de familia), incluidos sus cinco cardenales y sus setenta y cuatro obispos. Todos ellos haciendo la Iglesia viva y promoviendo humanidad en 95 naciones. Las salesianas, ocupadas en id\u00e9nticos quehaceres desde su consagraci\u00f3n vocacional, suman las 17.203, diseminadas en 70 naciones. Y junto a ellos se cuentan por millares los cooperadores salesianos, las Asociaciones de Antiguos Alumnos y sus Federaciones, capaces de convocar congresos internacionales \u2013como el celebrado el pasado mes de noviembre, en Roma\u2013, m\u00e1s las \u00abramas\u00bb cualificadas de congregaciones religiosas o institutos seculares brotadas del tronco eclesial del esp\u00edritu salesiano de Don Bosco. Las instituciones religiosas fundadas por salesianos superan ya hoy un par de docenas, herederas todas del esp\u00edritu eclesial y humano del santo piamont\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo m\u00e1s importante para una conmemoraci\u00f3n centenaria: la mayor vitalidad de esta obra eclesial tiene de com\u00fan en el coraz\u00f3n de cada salesiano no la justa satisfacci\u00f3n por un pasado tan sorprendente como riqu\u00edsimo en santidad y humanismo, sino la viva inquietud compartida por el futuro de la Iglesia y de la sociedad a la que aportan su enorme riqueza educadora, eclesial y humana.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En la Iglesia de ayer y de hoy<\/h3>\n\n\n\n<p>En fechas todav\u00eda recientes tuve la grata satisfacci\u00f3n de dirigirme a vosotros, mis queridos diocesanos, para compartir nuestro gozo en la Iglesia por la entonces inminente beatificaci\u00f3n de las tres carmelitas descalzas del monasterio de San Jos\u00e9, de Guadalajara \u2013parte importante de nuestra Archidi\u00f3cesis cuando, en 1936, afrontaron su martirio\u2013, las cuales, juntamente con las figuras de hombres de Iglesia de la talla del cardenal Sp\u00ednola o del sacerdote don Manuel Domingo y Sol, fueron, en la primavera de 1987, elevadas por Juan Pablo II al honor de los altares.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hac\u00eda con la convicci\u00f3n de que \u00abla Iglesia universal y espa\u00f1ola tiene hoy necesidad de ver de cerca a los testigos del Dios vivo, hombres y mujeres de nuestro tiempo, cuyas vidas nos hablan de lealtad cristiana, serio compromiso al servicio del Evangelio, trabajo apost\u00f3lico lleno de confianza en Dios y coherencia con su fe hasta el grado m\u00e1ximo con que se puede manifestar en la tierra\u00bb. A\u00f1ad\u00eda entonces: \u00abUna Iglesia sin santidad no es concebible&#8230; Y una Iglesia de la santidad sin santos ser\u00eda un esc\u00e1ndalo inexplicable, pues ser\u00eda acusada de hacer ineficaces los m\u00e9ritos de Cristo y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo sobre los redimidos, que tiende a consagrar ese fin como su propia meta\u00bb<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho de que en nuestra Archidi\u00f3cesis no se encuentren enclavadas las merit\u00edsimas instituciones salesianas en la actualidad no debe privarnos de la leg\u00edtima satisfacci\u00f3n y gozo de sentirnos tambi\u00e9n Iglesia, especialmente en este A\u00f1o de la Juventud y en el Centenario de la muerte de san Juan Bosco, cuya figura sacerdotal y pedag\u00f3gica es hoy patrimonio de la Iglesia universal y cuya opci\u00f3n preferencial por los j\u00f3venes ha propuesto como actual y mod\u00e9lica el Santo Padre en reciente discurso al Congreso Mundial de Antiguos Alumnos y Alumnas Salesianos<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. Y con mayor inter\u00e9s a\u00fan, como ideal y metodolog\u00eda de \u00abeducaci\u00f3n preventiva en el amor\u00bb a la Iglesia entera en su carta pontificia al Rector Mayor de la Congregaci\u00f3n Salesiana, reverend\u00edsimo don Egidio Vigan\u00f3, al iniciarse la celebraci\u00f3n del Centenario<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este gozo, deseo ofreceros mis reflexiones sobre las dimensiones de este \u00abPadre y Maestro de los J\u00f3venes\u00bb \u2013as\u00ed lo ha presentado el Papa\u2013 y la permanente fuerza incontenible de su ser y de su obra, que tambi\u00e9n puede ayudarnos en nuestra tarea evangelizadora y en nuestra misi\u00f3n en el quehacer irrenunciable, eclesial y humano, de la educaci\u00f3n de nuestros hijos y j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso, en primer lugar, en los creyentes m\u00e1s j\u00f3venes de nuestras comunidades cristianas, entre los que se extiende el desinter\u00e9s y aun la desafecci\u00f3n frente a la Iglesia, hasta el punto de dejarse contagiar cada vez m\u00e1s de las falsas especulaciones de quienes propugnan el lema de \u00abcristianismo, s\u00ed; Iglesia, no\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso, asimismo, en el profundo cambio que se est\u00e1 operando en la sociedad espa\u00f1ola desde el punto de vista cristiano, social y religioso. Es una sociedad rica en valores religiosos y pobre para la defensa de los mismos. Grandes sectores de nuestro pueblo sucumben cada d\u00eda ante tanta ambig\u00fcedad, tantos silencios calculados, tantos ataques insidiosos. Las leyes civiles del divorcio y del aborto, o los audaces experimentos en el campo de la gen\u00e9tica \u2013denunciados tantas veces por el Magisterio de la Iglesia\u2013 est\u00e1n causando da\u00f1os muy hondos a la concepci\u00f3n cristiana del amor y la familia, y a la misma Iglesia, a la que se considera envejecida y atrasada frente a los progresos de la ciencia, de la cultura y de la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No debemos olvidar tampoco la nueva \u00abconciencia eclesial\u00bb, que se ha extendido en los a\u00f1os del posconcilio, llena de luces y de sombras. Incapacitados para asimilar bien el contenido del Concilio, por no haber querido escuchar la voz del Magisterio, ha sufrido grandes quiebras la unidad de la Iglesia, lo cual ha dado lugar, en unos, a la patolog\u00eda de la desaz\u00f3n y el miedo, y, en otros, a una inaudita y desenfrenada mundanizaci\u00f3n de objetivos y m\u00e9todos de acci\u00f3n pastoral, incompatibles con un aut\u00e9ntico servicio a la fe y a la misma educaci\u00f3n permanente cristiana, moral y religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed por qu\u00e9, con motivo del Centenario de su muerte, he estimado que puede ser muy \u00fatil recordar hoy el amor a la Iglesia y el extraordinario servicio a la misma que, desde una insobornable confianza en ella, prest\u00f3 san Juan Bosco. No podemos olvidar que su <em>eclesialidad<\/em> constituye una de las notas realmente vivenciales y caracter\u00edsticas de todo su patrimonio espiritual. Juan Pablo II lo ha subrayado como una fuerte caracter\u00edstica de la semblanza del santo pedagogo y fundador y como fruto de su solid\u00edsima vida interior: \u00abel testimonio constante de su sincero y entusiasta sentido de la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. Recordando, adem\u00e1s, sus propias palabras con que frecuentemente recordaba las \u00abcuatro columnas\u00bb de su obra educativa: la Eucarist\u00eda, el sacramento de la penitencia, la piedad mariana y el <em>amor a la Iglesia y a sus pastores<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De la Iglesia que hace santos,<br>a los santos que hacen Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p>Curioso resulta, al menos, la sorprendente banalidad del hecho de que, a\u00f1os atr\u00e1s, en plena revoluci\u00f3n cultural china, su mentor, Mao Tse Tung, llegara a escribir en sus \u00abmandamientos\u00bb: \u00abHonrar\u00e1s a Juan Bosco, que cuid\u00f3 a los humildes y educ\u00f3 a los obreros.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>No es que precise el santo educador de Tur\u00edn de semejantes paneg\u00edricos; hasta es posible que semejante frivolidad ideol\u00f3gica apenas invite a otra cosa que a una simple sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para nosotros es mucho m\u00e1s objetivo y coherente evocar, en la figura de san Juan Bosco, el realismo hist\u00f3rico del misterio eclesial cristiano: el de una Iglesia siempre viva y capacitada para \u00abhacer santos\u00bb, segura, adem\u00e1s, por su propia historia, de que son siempre los santos los que, aun en sus dimensiones humanas, m\u00e1s y mejor \u00abhacen Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y una evidencia que el propio Centenario hoy nos permite constatar: que si para la vida y la conciencia de Don Bosco su insobornable sentido de Iglesia constituy\u00f3 uno de los tesoros m\u00e1s \u00edntimos de sus vivencias personales, hoy, a la vuelta de cien a\u00f1os, esa propia vida y la obra de Don Bosco es la que constituye un tesoro para toda la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, bien sabido es por la propia historia de la santidad en la Iglesia que normalmente los santos no son m\u00e1s que cristianos aut\u00e9nticos e \u00edntegros con conciencia de Iglesia de Cristo, en tiempos dif\u00edciles casi siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, para medir a Don Bosco y penetrar en su sentido de Iglesia es preciso conocer el entorno eclesial en que se movi\u00f3 su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Una Iglesia que, especialmente a mediados del siglo XIX y en suelo italiano, se vio obligada a cerrarse sobre s\u00ed misma, con un talante explicable de \u00abconservaci\u00f3n\u00bb, frente a las muchas arremetidas que sufri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>De un lado, por parte de la explosi\u00f3n de las llamadas \u00abmodernas libertades\u00bb, en creciente auge desde la Revoluci\u00f3n francesa. De otro, por la agitaci\u00f3n agresiva de los movimientos unitarios de los nacionalismos italianos, que originaron la \u00abCuesti\u00f3n Romana\u00bb, no solucionada de hecho hasta 1929 con los Pactos Lateranenses. Entre dos Pont\u00edfices tan en su puesto para la Iglesia de entonces, como P\u00edo IX y Le\u00f3n XIII, hubo de medir san Juan Bosco su conciencia de Iglesia y vivir en plenitud su identidad cristiana y sacerdotal. Y, en plena madurez, toda la problem\u00e1tica y el talante eclesial del Concilio Vaticano I. Bastar\u00e1 tambi\u00e9n recordar que P\u00edo IX, el Papa Mastai Ferretti, era contempor\u00e1neo de hombres que la historia no puede olvidar: Proudhon, Carlos Marx, Engels, Napole\u00f3n III, Bismarck. Y que hubo de afrontar su pontificado f\u00edsica y sociol\u00f3gicamente arrinconado. M\u00e1s all\u00e1 de las fronteras italianas, el asedio ideol\u00f3gico a toda la Iglesia no era menor.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Bosco, testigo sensible de aquella situaci\u00f3n, sinti\u00f3 hondamente la fuerza de una doble llamada: la de su fidelidad al Papa, como expresi\u00f3n viva y acuciante de su conciencia y sentido de la Iglesia, y la de las preocupaciones sociales de la \u00e9poca, que impulsaban acuciantemente a tantos esp\u00edritus a buscar soluciones realistas a los problemas inaplazables que sufr\u00edan los hombres, especialmente los m\u00e1s desvalidos, las primeras v\u00edctimas de la revoluci\u00f3n industrial.<\/p>\n\n\n\n<p>Religiosa y pol\u00edticamente se viv\u00eda ya el ocaso del constantinismo, con la natural perplejidad ante lo que supon\u00eda la separaci\u00f3n, y a veces la ruptura, entre la Iglesia y los poderes civiles.<\/p>\n\n\n\n<p>Cultural e ideol\u00f3gicamente, en la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica se impon\u00edan las corrientes racionalistas que pretend\u00edan hacer del hombre el centro \u00fanico del universo y ante las cuales la mayor parte de los intelectuales y grupos cat\u00f3licos se sent\u00edan desarmados para combatirlas con el necesario discernimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Sociol\u00f3gicamente, la Iglesia no encontraba simpat\u00eda a los ojos de los nuevos amos de la vida p\u00fablica, sino en la medida en que ella constitu\u00eda un amparo o respaldo moral para la defensa del orden o de la propiedad. \u00abPorque la burgues\u00eda, que se hab\u00eda beneficiado de la Revoluci\u00f3n, tem\u00eda por lo dem\u00e1s a los movimientos populares que pon\u00edan en peligro las nuevas estructuras sociales de las que ellos estaban benefici\u00e1ndose.\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Desde una eclesiolog\u00eda que \u00abno le escandaliza&#8230;\u00bb<\/h3>\n\n\n\n<p>Aunque pueda resultar parad\u00f3jico, al siglo XX lleg\u00f3 la Iglesia sin una eclesiolog\u00eda real e integralmente dogm\u00e1tica, avalada por su propio Magisterio solemne y fruto de una \u00abauto comprensi\u00f3n\u00bb o m\u00e1s profunda \u00abconciencia de s\u00ed misma\u00bb, a la luz de su propio origen hist\u00f3rico, con los avales de las fuentes de la Revelaci\u00f3n. Era \u00e9ste un hecho reservado en nuestros d\u00edas al Concilio Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni siquiera la gran crisis de la cristiandad occidental del siglo XVI parece haber sido suficiente para forzar a ello a la Iglesia. Pese a que, en el trasfondo desintegrador del protestantismo era la esencia misma del misterio de la Iglesia y su profunda din\u00e1mica sacramentaria lo que se pon\u00eda en tela de juicio, el Concilio de Trento se agot\u00f3 dogm\u00e1ticamente en problemas m\u00e1s sectoriales y m\u00e1s directamente amenazados en la misi\u00f3n salvadora de la propia Iglesia: la estructura salv\u00edfica de la fe, la realidad del pecado original como presupuesto objetivo de la Redenci\u00f3n, el problema integral de la justificaci\u00f3n sobrenatural, la vida sacramentaria en general y en particular. Respond\u00eda as\u00ed al reto m\u00e1s inmediato de la Reforma.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, por una necesidad casi ineludible, Trento dio origen en el catolicismo a una eclesiolog\u00eda m\u00e1s apolog\u00e9tica que realmente teol\u00f3gica, como emergencia frente al creciente pluralismo antag\u00f3nico de Iglesias fragmentadas. Esta eclesiolog\u00eda de mentalidad jur\u00eddico-societaria y fuertemente polarizada por las garant\u00edas de discernimiento externo cifradas en las \u00abcuatro notas\u00bb \u2013unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad originarias e hist\u00f3ricas\u2013, que normalmente quedaban en el dintel de la teolog\u00eda dogm\u00e1tica sin otro rango que el de la apolog\u00e9tica entre los cl\u00e1sicos \u00ablugares teol\u00f3gicos\u00bb, pudo cumplir su misi\u00f3n coyuntural, proporcionando no pocos frutos de afianzamiento, autenticidad y cohesi\u00f3n estructural a la verdadera Iglesia de Cristo. Hasta se puede afirmar que Trento sent\u00f3 las bases intraeclesiales para una eclesiolog\u00eda genuina, aunque, por razones hist\u00f3ricas y ambientales, no pudo realizarla. Pero es innegable que no s\u00f3lo en el terreno dogm\u00e1tico, sino incluso en el vivencial de la propia Iglesia, la l\u00ednea tridentina hizo posible la fragmentaria pero decisiva eclesiolog\u00eda del Vaticano I \u2013el carisma eclesial del primado y la infalibilidad, con las secuelas para la unidad y seguridad en la fe\u2013. Y uno y otro trajeron a una Iglesia viva y capacitada hasta la colosal empresa de \u00abauto comprensi\u00f3n\u00bb y de \u00abeclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n\u00bb que la propia Iglesia est\u00e1 llamada a alcanzar con el Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que resulta hoy admirable es el profundo sentido eclesial \u2013profundo y aut\u00e9nticamente vivencial\u2013 con que Don Bosco inici\u00f3 su ministerio sacerdotal y fue amasando su obra en permanente amor y fidelidad a la Iglesia, cuando ni siquiera se hab\u00eda celebrado a\u00fan el Vaticano I y era impensable el Vaticano II, casi sin otra \u00abeclesiolog\u00eda\u00bb especulativa que la que todav\u00eda conservan los anaqueles polvorientos de nuestras bibliotecas con los t\u00edtulos <em>De Ecclesia Christi,<\/em> de Tournely, o <em>De Ecclesia et de Romano Pont\u00edfice,<\/em> de Perrone, y m\u00e1s concretamente la del barnabita Gerdil (1802), del que posiblemente depender\u00eda la formaci\u00f3n acad\u00e9mico-teol\u00f3gica de Don Bosco<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 hermosa y aut\u00e9ntica es siempre la \u00abteolog\u00eda\u00bb que viven los santos! Cuando en el propio magisterio pontificio ni siquiera era pensable la enc\u00edclica <em>Mystici Corporis,<\/em> de P\u00edo XII (29 de junio de 1943) y la <em>Lumen gentium<\/em> habr\u00eda parecido una utop\u00eda teol\u00f3gica, la vida de san Juan Bosco y su obra demuestran, una vez m\u00e1s, que en el misterio de la Iglesia el Esp\u00edritu de Dios y la santidad aut\u00e9ntica se adelantan con frecuencia a la \u00abcronolog\u00eda enriquecedora\u00bb de la fe y a la doctrina esclarecedora del Magisterio. Hoy resulta evidente que a Don Bosco aquella pobre eclesiolog\u00eda de mediados del siglo pasado no s\u00f3lo no le \u00abescandaliz\u00f3\u00bb para la santidad y para su fina sensibilidad eclesial, sino que fue un sacerdote que en la m\u00e1s exacta fidelidad a la eclesiolog\u00eda del Vaticano I transparent\u00f3 por adelantado la eclesiolog\u00eda \u00abvivencial\u00bb y \u00abpastoral\u00bb del Vaticano II. Tambi\u00e9n en su figura, como en la de tantos santos de entonces o de antes, se verificaba ya lo que anal\u00edticamente un te\u00f3logo de la talla de Guardini ha descrito como un \u00abenriquecimiento hist\u00f3rico\u00bb, t\u00edpico del per\u00edodo 1920-1960 en la teolog\u00eda cat\u00f3lica: \u00abel acontecimiento de incalculable alcance de <em>la Iglesia revel\u00e1ndose en las almas\u00bb<\/em><a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">&#8230;a una Iglesia que lleg\u00f3 a confiar en Don Bosco<\/h3>\n\n\n\n<p>La compleja e inagotable biograf\u00eda de san Juan Bosco silencia a veces un aspecto de la dimensi\u00f3n eclesial de su vida: su \u00abministerio\u00bb, casi anormal como diplom\u00e1tico, en el m\u00e1s estricto sentido del t\u00e9rmino. \u00a1Negociador de confianza de la Santa Sede para graves asuntos eclesiales!<\/p>\n\n\n\n<p>No fue \u00e9l un diplom\u00e1tico pontificio de carrera. Pero en situaciones pol\u00edtico-religiosas tan espinosas y agitadas como las que presentaba la situaci\u00f3n italiana de su tiempo, sab\u00eda afrontarlas con sinceridad, sencillez e intrepidez admirables. Hasta el punto de encontrarse inesperadamente elegido por P\u00edo IX para una misi\u00f3n pol\u00edtico-religiosa sumamente delicada, all\u00e1 por la primavera de 1865.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n de las di\u00f3cesis italianas se hab\u00eda hecho, por aquellas fechas, insostenible. Hasta doce obispos, por motivos pol\u00edticos, hab\u00edan sido condenados a diversas penas. Otra docena hab\u00eda quedado en libertad tras un juicio duro y \u00e1spero. Los cardenales de Pisa y Ferino y los obispos de Piacenza y Avelino, conducidos a Tur\u00edn para justificarse ante las nuevas autoridades, hab\u00edan quedado atrapados en esta capital y en v\u00eda muerta desde hac\u00eda varios a\u00f1os. Otros diecis\u00e9is obispos electos a\u00fan no hab\u00edan podido formalizar la toma de posesi\u00f3n de sus sedes. Entre ellos, los arzobispos de Bolonia, R\u00e1vena y Mil\u00e1n. En el Piamonte permanec\u00edan vacantes nueve sedes, en tanto que en Cerde\u00f1a el arzobispo de Cagliari, alejado de su di\u00f3cesis, llevaba ya catorce a\u00f1os de destierro. De las restantes sedes sardas, ocho continuaban vacantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante semejante situaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, P\u00edo IX adopt\u00f3 la decisi\u00f3n de intervenir personalmente, escribiendo, el 10 de marzo de 1865, al rey V\u00edctor Manuel II. La respuesta lleg\u00f3 el 5 de abril, accediendo a iniciar las previas negociaciones, que el propio rey, por la parte pol\u00edtica, confiaba al ex ministro Xavier Vegezzi y, posteriormente, al comendador Miguel \u00c1ngel Tonello. Por la parte eclesial, el Papa prefiri\u00f3 extraoficialmente la persona de Don Bosco para unas arduas gestiones que hubieron de prolongarse de 1865 a 1871. En este a\u00f1o, del 23 de febrero al 27 de marzo, se alcanzaron los primeros acuerdos de provisi\u00f3n y normalizaci\u00f3n de sedes. La sagacidad y el temple conciliador de Don Bosco lo hab\u00edan hecho posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Posteriormente, en cinco consistorios, aquel a\u00f1o de 1871 se llegar\u00eda a elegir hasta 87 obispos para las di\u00f3cesis italianas, en cuyos nombramientos de titulares la propia Santa Sede prefiri\u00f3 confiar m\u00e1s en el limpio criterio y la elemental sencillez de Don Bosco que en la lenta y complicada \u00abprocedur\u00eda\u00bb de los dicasterios competentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Su talante eclesial y \u00abdiplom\u00e1tico\u00bb en tan delicada coyuntura lo resume uno de sus bi\u00f3grafos, transcribiendo las propias palabras del santo en una reuni\u00f3n de prelados romanos sobre la que pensaba iniciar la labor de elecci\u00f3n y selecci\u00f3n de candidatos para las sedes por v\u00eda ordinaria: \u00abSi se prefiere esta resoluci\u00f3n de querer espec\u00edficamente los titulares (aptos) para cada una de las di\u00f3cesis, a m\u00ed me parece que las cosas caminar\u00e1n con excesiva lentitud. \u00bfNo ser\u00eda mejor elegir sin m\u00e1s a aqu\u00e9llos que parezcan dignos del cargo y que el Santo Padre los destine despu\u00e9s a \u00e9sta o aqu\u00e9lla di\u00f3cesis, como mejor crea?\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Bosco retorn\u00f3 a Tur\u00edn. Verific\u00f3 consultas en el Piamonte y la Liguria. Pas\u00f3 a Florencia, llamado por el ministro Lanza a consulta el 21 de septiembre del mismo a\u00f1o, marchando inmediatamente a Roma a entregar las listas al Santo Padre, \u00abel cual ley\u00f3 atentamente la relaci\u00f3n de eclesi\u00e1sticos propuestos por \u00e9l para ser promovidos al episcopado, aprob\u00e1ndola tal cual. Tan grande era la confianza que ten\u00eda en \u00e9l. Pidi\u00f3 despu\u00e9s su parecer sobre el destino a determinadas sedes; Don Bosco fij\u00f3 dieciocho&#8230; que el mismo Papa aprob\u00f3\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la confianza de la Iglesia en Don Bosco ha ido m\u00e1s all\u00e1 en el tiempo. Antes de los cincuenta a\u00f1os de su muerte, P\u00edo XI no dud\u00f3 en proclamarlo \u00abPr\u00edncipe de educadores\u00bb (<em>educatorum princeps)<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a>.<\/em> Era el a\u00f1o de su canonizaci\u00f3n. En nuestros d\u00edas, otro Papa, en cuya conciencia hay una verdadera \u00abopci\u00f3n preferencial\u00bb por los j\u00f3venes y su educaci\u00f3n integral para la sociedad y la Iglesia, no ha dudado en llamarlo \u00abPadre y maestro de j\u00f3venes\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a> en una carta en la que casi, m\u00e1s que la figura de Don Bosco, parece importarle para toda la Iglesia la prioridad, actualidad y hasta permanente necesidad de su \u00abpeculiar pedagog\u00eda preventiva por el amor\u00bb en la misma labor educativa de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Concilio Vaticano II: el Santo<br>que se nos adelant\u00f3 a vivirlo<\/h2>\n\n\n\n<p>A quienes piensan y act\u00faan, a veces, como si en la Iglesia todo hubiese comenzado con el Concilio, bueno ser\u00eda recordarles que la Iglesia entera es muy anterior al Vaticano II, y que precisamente por eso, por ser fiel a s\u00ed misma y a Cristo su Se\u00f1or, \u00abel mismo ayer, hoy y siempre\u00bb (Hb 13, 8), ha hecho posible el propio Concilio.<\/p>\n\n\n\n<p>A ello se debe tambi\u00e9n un hecho que hoy, en este Centenario, resultar\u00eda parad\u00f3jico o enigm\u00e1tico de no ser tan evidente.<\/p>\n\n\n\n<p>San Juan Bosco no fue un te\u00f3logo de gabinete o un hombre de Iglesia que consumiera toda su vida en quehaceres profundos de creatividad teol\u00f3gica. Su vida, su amor sacerdotal y su actividad pastoral no se lo permit\u00edan, pese a que ya en 1844, a sus veintinueve a\u00f1os, iniciara su actividad publicitaria con la biograf\u00eda de su condisc\u00edpulo Luis Comollo y que, a lo largo de su intensa vida de educador y fundador, m\u00e1s de centenar y medio de obras o escritos salieron de su pluma. De entre estas obras, hasta 22 se cuentan en que aparece expl\u00edcito y palpitante su pensamiento y su amor a la Iglesia. S\u00f3lo en la d\u00e9cada de 1850 a 1860 dej\u00f3 escritas hasta 14 obras con el sello vivo de su amor al Papa y a la Iglesia<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Su \u00abeclesiolog\u00eda\u00bb teol\u00f3gica o catequ\u00e9tica en tales escritos, analizada hoy fr\u00edamente, no podr\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 de la eclesiolog\u00eda fundamental de su \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda ut\u00f3pico encontrar all\u00ed terminolog\u00edas o elucubraciones t\u00edpicas de nuestro tiempo o de nuestros centros teol\u00f3gicos: sacramentalidad de la Iglesia, misterio del Cuerpo M\u00edstico, carismas eclesiales o \u00abIglesia estructural\u00bb, realizaciones del Reino, \u00abdimensiones eclesiales\u00bb de la existencia o la pastoral cristianas. Pero pocos y con tanta hondura habr\u00e1n vivido como \u00e9l el misterio palpitante de la Iglesia, encarnado por igual en la propia vida y en las realidades y estructuras de la Iglesia real a la que am\u00f3, en la que ardientemente confiaba y para la que tan agotadoramente viv\u00eda y trabajaba. Aquella \u00abIglesia dif\u00edcil\u00bb del anticlericalismo decimon\u00f3nico, de los expolios de la Santa Sede, de las angustias de P\u00edo IX y de la preocupaci\u00f3n por la supervivencia en la unidad y en sus estructuras externas, del Concilio Vaticano I. Aquella Iglesia en la que, para la mente y la vida de Juan Bosco, la defensa del Papa era la defensa de toda la Iglesia y el amor al Papa era la mayor garant\u00eda del amor a la Iglesia<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en todos los santos, en Don Bosco la eclesiolog\u00eda era \u00abcomuni\u00f3n\u00bb con Cristo vivo en su Iglesia, en su jerarqu\u00eda y en sus sacramentos; amor operante, esperanza responsable y confianza segura en torno a la Santa Madre Iglesia, y en ella y desde ella, inquietud y celo infatigable por sus miembros, los hombres, sus hermanos. Y como actitud radical, casi visceral en la autenticidad cristiana, una decisi\u00f3n inconmovible de santidad en fidelidad permanente a Cristo y a su Esp\u00edritu bajo la garant\u00eda y mediaci\u00f3n de la propia Iglesia. Que tal es siempre \u00abla eclesiolog\u00eda vivida por los santos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, no puede resultar parad\u00f3jico el que la figura y la obra de san Juan Bosco pueda resultar hoy el comentario m\u00e1s profundo y el int\u00e9rprete m\u00e1s aut\u00e9ntico de la riqu\u00edsima eclesiolog\u00eda del Vaticano II en sus mejores documentos: la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium,<\/em> la constituci\u00f3n pastoral <em>Gaudium et spes,<\/em> el decreto <em>Perfectae caritatis<\/em> o el <em>Presbyterorum ordinis,<\/em> y \u2013como el propio Juan Pablo II lo ha proclamado en su carta del Centenario\u2013 venga a ser, con su \u00abpedagog\u00eda preventiva e integralmente humana y cristiana en el amor\u00bb, el m\u00e1s exacto y permanente comentario del decreto conciliar <em>Gravissimum educationis munus.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Incluso se adelant\u00f3, con su realismo de santidad en la acci\u00f3n pastoral, a explicarnos, con su vida y su obra, problemas del posconcilio hoy tan vivos de actualidad \u2013a veces conflictiva\u2013 como los de la \u00abopci\u00f3n preferencial por los pobres\u00bb, los contornos exactos de la \u00abteolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb, el \u00abdi\u00e1logo evangelizador\u00bb con la cultura, la educaci\u00f3n, la formaci\u00f3n laboral cristiana y humana, la dignificaci\u00f3n integral del hombre. Y todo ello fruto vivencial de una \u00abeclesiolog\u00eda de mediaci\u00f3n responsable\u00bb, palpitante en un coraz\u00f3n integralmente sacerdotal, con confianza viva en la Iglesia en todo momento.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz, pues, de su vida, bueno ser\u00e1 ahora una breve relectura teol\u00f3gica de la eclesiolog\u00eda del Vaticano II.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, mediaci\u00f3n necesaria<\/h3>\n\n\n\n<p>La \u00abm\u00e1s profunda conciencia de s\u00ed misma\u00bb<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a> que la Iglesia trat\u00f3 de descubrir y objetivamente logr\u00f3 alcanzar en el Concilio Vaticano II, le permiti\u00f3 autodefinirse como <em>sacramento<\/em>: \u00abLa Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). \u00abSacramento visible de unidad salv\u00edfica\u00bb (LG 9). \u00abSacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48; AG 1 y 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Ello significa, ante todo, que la Iglesia es obra y consecuencia permanente del mismo <em>sacramento-misterio de la Encarnaci\u00f3n<\/em>: el \u00abprotosacramento\u00bb viviente e intrahumano del Hijo de Dios encarnado en humanidad real e hist\u00f3rica; \u00abmisterio\u00bb revelado y operante de salvaci\u00f3n (cfr. Ef 5, 32; 1, 18-20. 24-29; 1Tm 3, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Significa tambi\u00e9n que la Iglesia, por su propia naturaleza, origen y dinamismo, es <em>signo y realidad eficaz de<\/em> <em>\u00abmediaci\u00f3n<\/em>\u00bb: mediaci\u00f3n hist\u00f3rica y \u00abvisible\u00bb o estructural de la mediaci\u00f3n trascendente del propio Cristo (cfr. 1Tm 2, 5-7; Hb 2, 10-13.9, 11s, etc\u00e9tera).<\/p>\n\n\n\n<p>Y significa, a su vez, que ella misma es mediaci\u00f3n \u00abreveladora\u00bb de Cristo: mediadora avalada permanentemente por Cristo Mediador entre Dios y los hombres en sus designios de salvaci\u00f3n sobre la humanidad de todos los tiempos. Prolongaci\u00f3n y mediaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica tan misteriosa como necesaria, tan irrenunciable y tangible como la propia mediaci\u00f3n de Cristo Redentor, \u00abel mismo ayer, hoy y siempre\u00bb (Hb 13, 8; cfr. Hch 4, 10-12).<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed la aut\u00e9ntica <em>naturaleza sacramental<\/em> de la verdadera Iglesia, de la que \u00abes caracter\u00edstico ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acci\u00f3n y dada a la contemplaci\u00f3n, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto de suerte que, en ella, lo humano est\u00e1 ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n, lo presente a la ciudad futura que buscamos (cfr. Hb 13, 14)\u00bb (SC 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Como contrapartida, en esta condici\u00f3n eclesial mediadora la Iglesia es tambi\u00e9n \u2013lo ser\u00e1 siempre en el tiempo\u2013 <em>signo de contradicci\u00f3n,<\/em> por lo que encarna del propio Cristo que, como Hijo de Dios encarnado en humanidad, \u00a1tambi\u00e9n lo es! (Lc 2, 34), y, sobre todo, por lo que la propia Iglesia tiene de \u00abrealidades humanas\u00bb en su mediaci\u00f3n, que siempre habr\u00e1 de presentar el claroscuro de las luces y sombras, de la eficacia divina y las limitaciones humanas, de la autenticidad de las iniciativas salv\u00edficas de Dios que se han de realizar con el concurso tan pobre de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, la Iglesia, por ser \u00absacramento permanente y universal\u00bb, es tambi\u00e9n una realidad <em>intr\u00ednsecamente hist\u00f3rica e hist\u00f3ricamente compleja. <\/em>\u00abLa Iglesia es una instituci\u00f3n que subsiste por s\u00ed misma, que de s\u00ed misma extrae sus razones de vida, sus energ\u00edas espirituales, sus normas de acci\u00f3n&#8230; Pero la Iglesia no es un \u201cgueto\u201d ni es una sociedad herm\u00e9tica, una entidad que se cuide s\u00f3lo de s\u00ed misma, que se a\u00edsle absolutamente del ambiente humano en que se halla; una entidad que no posea el sentido hist\u00f3rico del devenir y multiplicarse en las formas culturales; que se contente con contactos ocasionales e inevitables con el mundo&#8230; Est\u00e1 inmersa en la sociedad humana, la cual, existencialmente hablando, la precede, la condiciona, la alimenta&#8230; Nunca ser\u00e1 antisocial, anticultural y \u2013a\u00f1adamos tambi\u00e9n\u2013 antimoderna. La Iglesia nunca ser\u00e1 extra\u00f1a all\u00ed donde eche ra\u00edces, porque la Iglesia nace de la humanidad: <em>es la misma humanidad elevada a un grado superior de vida nueva.<\/em> La Iglesia no es, por lo mismo, revolucionaria, pero s\u00ed reformadora; renovadora, pero incapaz de odiar o matar&#8230; \u00a1Nadie aborrece jam\u00e1s su propia carne! (cf. Ef 5, 29): lo mismo la Iglesia respecto al mundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia, mediaci\u00f3n en el misterio<\/h3>\n\n\n\n<p>Es, pues, la Iglesia \u00abmediaci\u00f3n necesaria\u00bb en la realizaci\u00f3n del misterio de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, por ser sacramento, esta mediaci\u00f3n comporta una realidad m\u00e1s profunda que la mera visibilidad hist\u00f3rica, institucional o utilitaria de las realidades visibles de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Flaco servicio han hecho a la Iglesia misma y a la interpretaci\u00f3n del Vaticano II aquellos te\u00f3logos y comentaristas superficiales que, entusiasmados con las directrices eclesiol\u00f3gicas del Concilio y ofuscados con las urgencias sociol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas que, en el mundo de nuestro tiempo, constituyen un reto de autenticidad y renovaci\u00f3n estructural tambi\u00e9n para la Iglesia, no parecen haber superado <em>el riesgo de reducir la sacramentalidad y la mediaci\u00f3n de la Iglesia a sus dimensiones hist\u00f3ricas y visibles,<\/em> a la configuraci\u00f3n intrahumana de sus estructuras eventuales o permanentes, a las garant\u00edas o avales de sus propios proyectos, programaciones pastorales o \u00abaggiornamentos\u00bb testimoniales en su presencia liberadora entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Olvidando as\u00ed, lamentablemente, lo que constituye la naturaleza irrenunciable e insustituible de la sacramentalidad profunda y de la mediaci\u00f3n originaria de la Iglesia-Misterio: su realidad permanente de <em>instrumento de comuni\u00f3n en Cristo, con Cristo y por Cristo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A veinte a\u00f1os de distancia, el S\u00ednodo extraordinario de Obispos de 1985 hubo de redescubrir y recordarnos lo que nunca debi\u00f3 olvidarse.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Que \u00abla eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio\u00bb.<\/li>\n\n\n\n<li>Que fundamentalmente \u00abse trata de la comuni\u00f3n con Dios por Jesucristo en el Esp\u00edritu Santo\u00bb.<\/li>\n\n\n\n<li>Que \u00abesta comuni\u00f3n se tiene en la palabra de Dios y en los sacramentos\u00bb.<\/li>\n\n\n\n<li>Que \u00abpor ello, la eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n no se puede reducir a meras cuestiones organizativas o a cuestiones que se refieren a meras potestades\u00bb.<\/li>\n\n\n\n<li>Que \u00abla eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n es el fundamento para el orden en la Iglesia y, en primer lugar, para la recta relaci\u00f3n entre unidad y pluriformidad en la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Y por lo que respecta a la presencia y mediaci\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia ante el mundo \u2013de nuestro tiempo y de todos los tiempos\u2013, \u00abla Iglesia se hace m\u00e1s cre\u00edble si, hablando menos de s\u00ed misma, predica m\u00e1s y m\u00e1s a Cristo crucificado (cfr. 1Cor 2, 2) y lo testifica con su vida. De este modo la Iglesia es como un sacramento, es decir, signo e instrumento de comuni\u00f3n con Dios y tambi\u00e9n de la comuni\u00f3n y reconciliaci\u00f3n de los hombres entre s\u00ed\u00bb. Porque \u00abel anuncio \u2013el misterio y la mediaci\u00f3n\u2013 sobre la Iglesia <em>como lo describe el Vaticano II,<\/em> es trinitario y cristoc\u00e9ntrico\u00bb<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas dimensiones originarias de comuni\u00f3n cristoc\u00e9ntrica y trascendente son las que realmente dan a la Iglesia su capacidad de mediaci\u00f3n sacramental y necesaria. Tan necesaria, de hecho, como las iniciativas divinas en la salvaci\u00f3n de los hombres, y de las cuales la propia Iglesia recibe su eficacia, configura su identidad comunitaria y asume su autenticidad y misi\u00f3n irrenunciables. Tan necesaria como la misma mediaci\u00f3n insustituible de Cristo, del cual es a la vez su Pueblo redimido visible y su Cuerpo M\u00edstico invisible, org\u00e1nico y vitalizado por su Esp\u00edritu (cfr. LG 7-9).<\/p>\n\n\n\n<p>Por ser <em>misterio-sacramento y mediaci\u00f3n de comuni\u00f3n,<\/em> la Iglesia \u2013la aut\u00e9ntica Iglesia\u2013 no es ni ser\u00e1 nunca una instituci\u00f3n imaginada o construida por los hombres. Ni el fruto logrado de unas estructuras ideol\u00f3gicas o sociol\u00f3gicas, configuradas al dictado de las necesidades o esperanzas de los hombres. Ni el resultado hist\u00f3rico de unas \u00abtradiciones\u00bb o de unos programas redencionistas entre los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando a eso se reduce, aunque no sea m\u00e1s que especulativa o teol\u00f3gicamente, la sacramentalidad visible o la mediaci\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia en el mundo, el resultado no puede ser m\u00e1s lamentable. O se ronda la aberraci\u00f3n de pretender llegar a Cristo al margen o en contra de las \u00abestructuras\u00bb de la Iglesia (\u00ab\u00a1Cristo s\u00ed; Iglesia no!\u00bb), o se cae en el relativismo tentador de repudiar a la Iglesia real por la idealizaci\u00f3n de una Iglesia de \u00abautoselectos\u00bb, imaginada con retales hist\u00f3ricos del pasado o con ilusiones fundamentalistas para el futuro. \u00a1Casi la osad\u00eda ut\u00f3pica o el \u00abcarismatismo presuntuoso\u00bb de esperar una autenticidad de la Iglesia tal que s\u00f3lo act\u00fae en ella el Esp\u00edritu!<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La Iglesia, mediaci\u00f3n segura pero dif\u00edcil<\/h3>\n\n\n\n<p><em>\u00ab\u00a1Creo en la Santa Madre Iglesia!\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Como han cre\u00eddo los santos de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como crey\u00f3 serena e intr\u00e9pidamente san Juan Bosco en la \u00abdif\u00edcil Iglesia\u00bb de su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ojal\u00e1 pudi\u00e9ramos llegar a creer en ella como el propio Cristo Redentor, que nos la hizo y nos la dio como don integrante de su Redenci\u00f3n, y \u00c9l mismo \u00abla am\u00f3 y se entreg\u00f3 por ella para santificarla, purific\u00e1ndola mediante el ba\u00f1o del agua, en virtud de la palabra, y present\u00e1rsela resplandeciente a s\u00ed mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada\u00bb (Ef 5, 25-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Por ser la Iglesia prolongaci\u00f3n sacramental de Cristo Mediador \u2013\u00abel Cuerpo M\u00edstico terreno de Cristo\u00bb, en expresi\u00f3n feliz de Pablo VI<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a>\u2013, su presencia expl\u00edcita en los <em>s\u00edmbolos<\/em> de la fe cristiana junto a la confesi\u00f3n del misterio trinitario y la gozosa proclamaci\u00f3n del acontecimiento de Cristo, el sacramento del Dios-hombre amasado en la maternidad santa de Mar\u00eda y revelado salv\u00edficamente en la Pascua, no es ni un mero ap\u00e9ndice socio-comunitario de los acontecimientos hist\u00f3ricos de la Redenci\u00f3n ni un simple adorno discriminatorio para la autocomplacencia de los creyentes en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la vivencia din\u00e1mica de la \u00abtotalidad\u00bb sacramental de Cristo (cfr. Col 1, 24-27; 2, 9-10; Ef 1, 23; 4, 10-16; 1Cor 10, 17; 12, 12s; Rm 12, 5s).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que la intuici\u00f3n profunda de San Agust\u00edn, acorde con San Pablo, proclam\u00f3 como misterio-sacramento del <em>Cristo total<\/em> (\u00abChristus totus\u00bb)<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n la vivencia responsable de la totalidad sacramental de Cristo en su Iglesia, que tan altas cotas de claridad y de dinamismo vitalizador logra normalmente en la vida de los santos, hasta constituir en ellos como un primer plano habitual de su conciencia cristiana. Y que, en todo caso, refleja en sus vidas el signo m\u00e1s acuciante de su madurez y santidad progresiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente por ello, los grandes hombres de Iglesia, los santos, nunca la han abandonado. Aunque hayan percibido en ella \u2013y tal vez con m\u00e1s viveza y dolor que nadie\u2013 muchas deficiencias. Pero han tenido confianza en la mediaci\u00f3n siempre segura, aunque dif\u00edcil, de la Iglesia visible, que por su misma naturaleza admite tambi\u00e9n deficiencias, limitaciones, contornos de sombras difuminados y hasta eventualmente contradictorios. Pero siempre, palpitando en ella, Cristo, sus sacramentos, su Evangelio, su Palabra, su capacidad, incluso, para engendrar santos en todos los tiempos. Pese a la inagotable gama de dise\u00f1os de santidad que la \u00abplenitud\u00bb de Cristo y la acci\u00f3n de su Esp\u00edritu pueden engendrar en la vida de la Iglesia (cfr. LG 40-41), una cosa han tenido y tendr\u00e1n siempre en com\u00fan todos los santos: <em>el dinamismo unitario de su fe en Cristo y en su Iglesia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con la misma fe con que creen en Cristo, y que no habr\u00edan recibido aut\u00e9ntica sin su Iglesia, creen en la Iglesia, sin la cual jam\u00e1s sabr\u00edan sentirse vitalmente vinculados y seguros en Cristo. Han llegado, as\u00ed, a una experiencia entra\u00f1able, hecha en sus vidas una segunda conciencia: que si fue Cristo y s\u00f3lo \u00c9l quien pudo realizar y regalarnos el misterio permanente de su Iglesia, es y ser\u00e1 siempre la Iglesia la \u00fanica que pueda avalar y verificar en sus vidas la autenticidad y la eficacia permanente del misterio de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, es caracter\u00edstica de los santos la simbiosis misteriosa que alcanza en sus vidas el amor a Cristo y a la Iglesia. Un amor humilde, tan sencillo como el que, en sus vidas cotidianas, les hace amar tambi\u00e9n a Cristo en la sencillez de las especies eucar\u00edsticas, viviendo as\u00ed su comuni\u00f3n profunda con \u00c9l. Un amor sereno en el tiempo, con clara conciencia de que el \u00abhoy\u00bb de sus vidas en la Iglesia cuenta con las mismas garant\u00edas de la Iglesia de ayer y de la Iglesia aut\u00e9ntica del ma\u00f1ana de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, no es su amor a la Iglesia un \u00abangelismo descarnado\u00bb o irresponsable, ni un \u00abromanticismo\u00bb resentido por el pasado, que les paralice esperando ut\u00f3picamente una Iglesia idealista para el futuro. Tampoco es su amor un \u00abconformismo\u00bb pasivo e inerte ante las realidades humanas, eclesiales o extra eclesiales de su tiempo. Mucho menos un \u00abcriticismo\u00bb puritano o farisaico, m\u00e1s propio de la presunci\u00f3n inconformista de los \u00abauto selectos\u00bb de todos los tiempos o del \u00abvisionarismo\u00bb anti eclesial de las sectas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el misterio real \u2013y por lo mismo siempre \u00abdeficitario visiblemente\u00bb en el tiempo\u2013, los santos, amando la Iglesia, se identifican con Cristo y \u00abhacen\u00bb Iglesia, y haciendo Iglesia aman a Cristo y lo transparentan m\u00e1s seguros en sus vidas. Este \u00abamor sacramental\u00bb \u2013a Cristo en, con y por su Iglesia\u2013 es el que otorga a la vida y a la conciencia de los santos el <em>temple eclesial<\/em> de su autenticidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Les hace, adem\u00e1s, conscientes de que la Iglesia es una realidad viviente, desarroll\u00e1ndose en el tiempo, pero siempre la misma en s\u00ed: en su origen divino y en sus realidades humanas sustanciales; en su crecimiento interior y en sus responsabilidades externas, cuyo centro profundo y vital es siempre Cristo, \u00abel mismo ayer, hoy y siempre\u00bb (Hb 13, 8), aunque en sus estructuras externas y realidades visibles, en sus comunidades, miembros y jerarqu\u00edas humanas \u00abencierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n\u00bb (LG 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ocurre que todo esto son los santos quienes m\u00e1s profundamente lo perciben, m\u00e1s responsablemente lo viven en su ser y en su actuar cristiano y m\u00e1s constantemente lo evidencian en la historia misma de la Iglesia. Por ello, son tambi\u00e9n, en sus vidas y obras, las m\u00e1s di\u00e1fanas evidencias de la permanente capacidad santificadora de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cien a\u00f1os atr\u00e1s, y casi cien a\u00f1os antes del Concilio Vaticano II, que tan fuertemente ha proclamado su \u00abeclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n \u201cCristo\/Iglesia\u201d\u00bb, ya lo hab\u00eda experimentado y vivido en la \u00abIglesia dif\u00edcil\u00bb de su tiempo la entra\u00f1able figura de san Juan Bosco.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La rica interioridad de la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00a1Admirable Don Bosco! \u00a1Admirable, querido y venerado santo Patrono de la juventud siempre necesitada de luz y de amor! Se hizo todo a todos, trabaj\u00f3 en todos los campos, trat\u00f3 con toda clase de personas, luch\u00f3 en la avanzadilla de los apostolados m\u00e1s arriesgados y dif\u00edciles, esos en que es tan f\u00e1cil dar el salto hacia otras trincheras porque se piensa que las propias ya no sirven para el combate. \u00c9l mantuvo la confianza en la Iglesia, esa vieja Madre de los hombres de todos los tiempos que ofrece tantos recursos \u2013espirituales, sociales, humanos, sobrenaturales\u2013 a los que quieren utilizarlos en la lucha por la renovaci\u00f3n de la sociedad y dentro del servicio al Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces se tiene la impresi\u00f3n de que una sacudida violenta lo transforma todo m\u00e1s eficazmente que esas entregas llenas de amor y de paciencia evang\u00e9lica. Pero es s\u00f3lo eso, una impresi\u00f3n enga\u00f1osa y falaz. Porque cuando aparece el odio o la violencia que destruye, so pretexto de conseguir m\u00e1s r\u00e1pidamente el cambio social anhelado, todo queda manchado y bastardeado para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, en hombres como Don Bosco, su heroica lucha, llena de confianza en la Iglesia, la de su \u00e9poca para \u00e9l como lo hubiera sido la de hoy si hubiera vivido en nuestros d\u00edas, le permiti\u00f3 alcanzar sin da\u00f1o para nadie una victoria impresionante cuyos efectos se multiplican cada d\u00eda; la de su acci\u00f3n educadora sobre innumerables j\u00f3venes, hoy ya de todos los continentes, en favor de los cuales se prodiga sin cesar el esp\u00edritu generoso de los hijos e hijas de las congregaciones salesianas. Son ya cien a\u00f1os de una silenciosa revoluci\u00f3n que se practica en nombre y a impulsos del amor cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Bosco vivi\u00f3 y supo inculcar la confianza en la Iglesia no ya como quien se acoge a la fuerza de una presencia \u2013la de Cristo a Pedro\u2013 que no fallar\u00e1 nunca. Tambi\u00e9n invoc\u00f3 y crey\u00f3 en esa palabra del Se\u00f1or. Pero su confianza descans\u00f3 y se aliment\u00f3 bebiendo y haciendo beber a los dem\u00e1s el agua y la sangre que brota del coraz\u00f3n mismo de la Iglesia: el amor a la Eucarist\u00eda, a la Virgen Mar\u00eda Auxiliadora de los cristianos, al Papa como gu\u00eda y centro de unidad, y a la purificaci\u00f3n del alma mediante el sacramento de la penitencia y la oraci\u00f3n, fueron para \u00e9l algo m\u00e1s que devociones. Fueron parte de la Iglesia misma, de la rica interioridad que encierra en su misterio. De ah\u00ed sac\u00f3 fuerza para todo: para sufrir, para aconsejar, para pedir, para lanzarse a las aventuras que su amor a Cristo y a los hombres le hac\u00edan so\u00f1ar \u2013\u00a1sus sue\u00f1os!\u2013 y realizar. Cuando se llega a ver as\u00ed el sentir y el querer de un alma apost\u00f3lica en el ardor de la lucha, no se da importancia a los fallos ni a las deficiencias que se advierten en el rostro o en las manos de esa Madre santa que tiene por esposo a Cristo. Se corrigen si se puede, se intenta comprender y ayudar, se pide que cambien los planteamientos cuando es necesario, se ora al Se\u00f1or y se conf\u00eda en que la obra de Dios seguir\u00e1 adelante. Otros completar\u00e1n lo que ahora falta. Pero no se romper\u00e1 la comuni\u00f3n ni la disciplina necesaria para seguir combatiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este fue el esp\u00edritu de Don Bosco siempre. Por eso es tan oportuno recordarlo hoy, en que con tanta frecuencia se produce la desconfianza en la Iglesia, porque el que la padece se aleja, sin darse cuenta, de lo mejor que ella tiene para generarla y mantenerla: la herencia de las riquezas de Cristo, que confortan y ayudan siempre. Al fin y al cabo, es \u00c9l quien nos ha dicho: <em>Confiad, Yo he vencido al mundo<\/em> (Jn 16, 33).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> BOAT, marzo 1987, 169.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Texto castellano en <em>L\u2019Osservatore Romano<\/em> (ed. cast.), 4 diciembre 1988, 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Carta <em>Iuvenum patris,<\/em> 31 enero 1988: AAS 80 (1988) 969-987.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <em>Iuvenum patris,<\/em> n. 5: AAS 80 (1988) 973.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <em>Ib\u00edd.:<\/em> n. 11: 978.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Aubert, R., <em>Vaticano I,<\/em> Vitoria 1970, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Cfr. Ripa, <em>L\u2019argomentazione delle \u00abnote\u00bb della Chiesa nell\u2019apolog\u00e9tica popolare di San Giovanni Bosco<\/em><em>, <\/em>Asti 1971, 32, 54;Thils, G.,<em>Les notes de l\u2019Eglise dans l\u2019Apolog\u00e9tique catholique depuis la Reforme,<\/em>Gembloux, 1937.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Guardini, R., <em>La<\/em><em> realit\u00e9 de l\u2019Eglise,<\/em> Brescia 1973, 160.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Cfr. <em>Memorie biografiche di S. Giovanni Bosco,<\/em> vol. X, Augustae Taurinorum, 1937, 454.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 441.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> P\u00edo XI, Lit. Decret. <em>Geminata laetita<\/em> (1 abril 1939): AAS 27 (1935) 285.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Juan Pablo II, Carta <em>luvenum patris<\/em> (31 enero 1988): AAS 80 (1988) 969.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Cfr. Wirth, M., <em>Don Bosco y los salesianos,<\/em> Barcelona, 1971, 86. Tambi\u00e9n <em>Memorie&#8230;, <\/em>vol. XIII, 712.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> Cfr. Spalla, G.,<em>D. Bosco e il suo ambiente sociopol\u00edtico<\/em>.Torino, 1975, 71.Del propio Don Bosco, <em>Opere edite&#8230;,<\/em>37 vols. Roma, 1975-77. <em>La Chiesa catolica apostolica romana,<\/em> vol. II, p. 124.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> Pablo VI, Enc. <em>Ecclesiam suam<\/em> (6 agosto 1964): pr\u00f3logo y parte I: AAS 56 (1964) 609ss. Tambi\u00e9n disc. de apert. Sess. II Conc. Vat. II (29 septiembre 1963): <em>Constituciones, decreta, declarationes&#8230;,<\/em> Typ. Vat., 1965, 907-911.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> Pablo VI, aloc. del mi\u00e9rcoles 20 de julio de 1967: <em>Ecclesia<\/em> 27 (1967), n\u00ba 1.357, 13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <em>Relatio finalis&#8230;,<\/em>II, C, 1).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em> II, A, 2).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> Enc. <em>Ecclesiam suam: Ecclesia<\/em> 24 (1964), n\u00ba 1.205, 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> S. Agust\u00edn, <em>De bapt. c. Donatum,<\/em> 5, 28, 38: PL 43, 196; <em>Serm.,<\/em> 276, 4: PL 38, 1231; <em>Enar. in ps.<\/em> 140, 4-6; <em>In lo. trac.<\/em> 80,1: PL 35, 1839; <em>et passim.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta Pastoral, fechada el 31 de enero de 1989, festividad de San Juan Bosco, al coronarse el A\u00f1o Centenario de la muerte del \u00abPadre y Maestro de los j\u00f3venes\u00bb. Texto en BOAT, marzo de 1989, 128-147. A nuestros queridos sacerdotes, a nuestros religiosos y fieles de la archidi\u00f3cesis de Toledo. 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