{"id":1053,"date":"2024-09-27T14:44:10","date_gmt":"2024-09-27T12:44:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1053"},"modified":"2024-09-27T15:08:19","modified_gmt":"2024-09-27T13:08:19","password":"","slug":"san-benito-huella-de-dios-en-los-caminos-de-la-iglesiay-verdadero-gigante-de-la-historia","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/san-benito-huella-de-dios-en-los-caminos-de-la-iglesiay-verdadero-gigante-de-la-historia\/","title":{"rendered":"San Benito, huella de Dios en los caminos de la Iglesia y \u00abverdadero gigante de la historia\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Carta Pastoral publicada con motivo del XV Centenario del nacimiento de San Benito. Texto del BOAT, marzo de 1980, 155-185.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A las comunidades religiosas, sacerdotes y fieles de la Di\u00f3cesis<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Venerables hermanos y amados hijos:<\/p>\n\n\n\n<p>En este a\u00f1o de 1980, la Iglesia y la cultura celebran el XV Centenario del nacimiento de San Benito de Nursia, personaje de talla universal, \u00abverdadero gigante de la historia\u00bb \u2013seg\u00fan frase feliz de Juan Pablo II<a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>\u2013 cuya figura bien puede ser colocada al lado de los grandes adalides que m\u00e1s honda huella han dejado en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su vida fue un acto generoso de entrega total a Dios, un holocausto perenne de amor a Cristo. San Benito es un gran maestro cuyas ense\u00f1anzas rebosan de contenido evang\u00e9lico. Porque si fue grande en su vida por la irradiaci\u00f3n que ejerci\u00f3 en la Iglesia, esa grandeza se agiganta a medida que los siglos transcurren, por cuanto contin\u00faa viviendo su esp\u00edritu en las legiones de monjes que se hallan esparcidos por todo el \u00e1mbito de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XI, hablando a los benedictinos de San Anselmo de Roma, reconoce \u00abla figura sublime de su fundador, que domina, por decirlo as\u00ed, el horizonte de los siglos y de la historia, por raz\u00f3n de la huella luminosa que este verdadero gigante de la vida religiosa ha dejado a trav\u00e9s de los siglos\u00bb<a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>. P\u00edo XII escribi\u00f3 en su <em>Fulgens radiatur:<\/em> \u00abBenito de Nursia resplandece fulgurante como astro en medio de las tinieblas de la noche y es honra de Italia y de toda la Iglesia\u00bb<a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No es la primera vez que nos ocupamos de este glorioso santo. Hace algunos a\u00f1os se celebr\u00f3 en Madrid el V Congreso de la Asociaci\u00f3n de San Benito, Patrono de Europa. Con tal motivo me toc\u00f3 intervenir en el mismo con una conferencia que lleva por t\u00edtulo <em>La contemplaci\u00f3n, alma de la civilizaci\u00f3n del ma\u00f1ana<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>.<\/em> En ella pude escribir sobre diversos aspectos de la vida contemplativa que San Benito difundi\u00f3 por Europa.<\/p>\n\n\n\n<p>De nuevo deseo reflexionar sobre \u00e9l, aprovechando la feliz oportunidad que nos brinda el XV Centenario de su nacimiento. San Benito es inagotable. En su figura excelsa, por m\u00e1s que se la estudie, quedar\u00e1n siempre nuevas facetas por descubrir, valores insondables que admirar, ejemplos maravillosos dignos de ser propuestos para el bien de las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>La feliz coincidencia de contar en la di\u00f3cesis con una comunidad de monjes del C\u00edster en v\u00edas de formaci\u00f3n, con otra de religiosas benedictinas y otras cuatro de religiosas cistercienses \u2013que tienen a San Benito por principal Padre y Legislador\u2013 me ha movido a ofreceros esta Carta Pastoral, que trata de ser canto de alabanza al glorioso Santo; llamada apremiante a sus hijos, para que profundicen en su esp\u00edritu y vivan en plenitud sus ense\u00f1anzas; exhortaci\u00f3n a todos los fieles para que, unidos de coraz\u00f3n a los hijos de San Benito, honremos al Santo, mediante la pr\u00e1ctica de los ejemplos admirables que sigue ofreci\u00e9ndonos este gran bienhechor de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Divido mi trabajo en tres partes principales:<\/p>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li>La persona de San Benito.<\/li>\n\n\n\n<li>La obra de San Benito.<\/li>\n\n\n\n<li>Irradiaci\u00f3n perenne de su esp\u00edritu.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La persona de San Benito<\/h2>\n\n\n\n<p>El inmortal Balmes, despu\u00e9s de trazar un cuadro impresionante de la sociedad de la segunda mitad del siglo V, donde, a su modo de ver, \u00abtodo se desmorona en ella, todo se cae a pedazos, todo perece: la religi\u00f3n, la moral, el poder p\u00fablico, las leyes, las costumbres, las ciencias, las artes, todo ha sufrido p\u00e9rdidas enormes, todo est\u00e1 zozobrando\u00bb, otea en el horizonte la figura de San Benito, y lo presenta como \u00e1ngel de luz, que libra al mundo, por medio de sus reglas e instituciones, de la disoluci\u00f3n de que estaba amenazado, infundi\u00e9ndole as\u00ed un principio de vida nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s, para \u00e9l, San Benito es el gran enviado de Dios: \u00abSi no queremos mirarle \u2013dice\u2013 como inspirado del cielo, al menos debi\u00e9ramos considerarle como uno de aquellos hombres que de vez en cuando aparecen sobre la tierra cual \u00e1ngeles tutelares del humano linaje\u00bb<a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>. No es extra\u00f1o que P\u00edo XII le llamara <em>Padre de Europa<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nacimiento<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00abNursia puede gloriarse de haber sido la cuna de uno de los hombres m\u00e1s glandes de la historia\u00bb<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>. Su aparici\u00f3n en el mundo \u2013concretada hacia el a\u00f1o 480\u2013 coincidi\u00f3 con el hundimiento en el abismo del imperio creado por sus antepasados: por doquier reinaba el caos, la anarqu\u00eda, el desorden.<\/p>\n\n\n\n<p>Descendiente de una familia patricia, San Gregorio dice que fue desde la cuna \u00abverdaderamente bendito por gracia y por nombre\u00bb, habi\u00e9ndose hermanado en \u00e9l de modo admirable la naturaleza y la gracia. Escogido por Dios para ser el padre del monaquismo occidental, le fue dado presenciar, desde los primeros a\u00f1os, ejemplos magn\u00edficos de vida consagrada, por cuanto en los alrededores de Nursia exist\u00edan multitud de ermitas, habitadas por hombres segregados del mundo y entregados al ascetismo. Se explica as\u00ed que naciera en \u00e9l, y se fuera desarrollando en el correr de los a\u00f1os, la estima y aprecio por la vida mon\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus padres, una vez consagrada su hija Escol\u00e1stica a Dios en un monasterio de v\u00edrgenes, deseosos de que el hijo se formara debidamente en las ciencias, le enviaron a Roma, no se sabe si con \u00e1nimo de que cursara una carrera civil, o m\u00e1s bien para destinarle al servicio del altar. Le acompa\u00f1\u00f3 en esta primera etapa de alejamiento del hogar, su nodriza, una buena mujer de costumbres irreprochables, que desempe\u00f1ar\u00eda para \u00e9l la misi\u00f3n de \u00e1ngel tutelar mientras viviera alejado de la casa paterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ignora el tiempo que el Santo permaneci\u00f3 en Roma. San Gregorio da a entender que no lleg\u00f3 a terminar sus estudios, sino que, cansado del ambiente fr\u00edvolo y de la corrupci\u00f3n reinante en la ciudad, se decidi\u00f3 a poner en pr\u00e1ctica unas inclinaciones \u00edntimas que desde hac\u00eda tiempo ven\u00edan sacudiendo con fuerza su alma. Las continuas lecturas sobre los Padres del desierto, la meditaci\u00f3n asidua de la palabra divina y el atractivo de la vida solitaria, le llevaron a renunciar a este mundo para vacar a s\u00f3lo Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XII, en la citada enc\u00edclica <em>Fulgens radiatur,<\/em> sintetiza en breves rasgos la conducta de Benito en este primer contacto con el mundo paganizado: \u00abEn su juventud \u2013escribe\u2013 fue enviado a Roma, a cursar los estudios de las artes liberales, y all\u00ed vio con harto dolor de su alma serpear las herej\u00edas y todo g\u00e9nero de errores deformando enga\u00f1osamente muchas inteligencias; vio que las costumbres privadas y p\u00fablicas estaban muy deca\u00eddas y que much\u00edsimos j\u00f3venes se revolcaban miserablemente en el cieno de los vicios&#8230;, mas \u00e9l, prevenido por la gracia de Dios, jam\u00e1s entreg\u00f3 su esp\u00edritu a ning\u00fan placer\u00bb<a href=\"#sdfootnote7sym\" id=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando, alej\u00e1ndose de Roma, busc\u00f3 una regi\u00f3n silvestre y solitaria para poner a salvo el tesoro de su inocencia y poder dedicarse sin estorbos a la contemplaci\u00f3n de las cosas celestiales. La gruta de Subiaco llen\u00f3 por completo los anhelos de su coraz\u00f3n sediento de s\u00f3lo Dios, iniciando all\u00ed una vida m\u00e1s ang\u00e9lica que humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Admira el que habiendo en Roma varios monasterios poblados de monjes, dedicados a la alabanza divina, Benito prefiriera retirarse al desierto. Sin duda el ambiente mundano que les rodeaba, lo consider\u00f3 como grave obst\u00e1culo que le impedir\u00eda atender a su vocaci\u00f3n de verdadero monje contemplativo, o solitario, equivalente a hombre segregado del mundo. Huy\u00f3 del torbellino con el prop\u00f3sito decidido de ser todo de Dios, <em>soli Deo placere cupiens,<\/em> y renunci\u00f3 generosamente a los bienes materiales y fugaces de esta vida con la ilusi\u00f3n firme de poseer los eternos. \u00abSe separ\u00f3 de los hombres \u2013a los que continu\u00f3 amando\u2013 para volver a encontrarlos en Dios.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El ermita\u00f1o<\/h3>\n\n\n\n<p>Admirable se mostr\u00f3 San Benito desde su misma juventud al darse cuenta tan pronto de los peligros que asedian al hombre en el mundo, y procurar por todos los medios poner a buen recaudo el tesoro de su vida no manchada. La soledad le atra\u00eda con fuerza insistente, para mejor sumir su alma en la contemplaci\u00f3n de Dios, y hacia la soledad encamin\u00f3 sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Acompa\u00f1ado de la buena nodriza, que segu\u00eda cuidando de \u00e9l como verdadera madre, dej\u00f3 Roma; sali\u00f3 por la v\u00eda Tiburtina y encamin\u00f3 sus pasos hacia la cuenca del Anio. All\u00ed, entre las \u00e1speras monta\u00f1as Sabinas, iba a encontrar bien pronto el refugio adecuado para dar rienda suelta al conocimiento y a la imitaci\u00f3n de Cristo, a vivir alejado de todo ruido mundano, practicando con asiduidad la oraci\u00f3n y la mortificaci\u00f3n de la carne. Ten\u00eda que ahondar los cimientos de una s\u00f3lida espiritualidad, porque, sin \u00e9l saberlo, estaba destinado por el cielo para ser padre de una innumerable multitud de almas.<\/p>\n\n\n\n<p>San Gregorio \u2013principal bi\u00f3grafo del Santo\u2013 escribe en sus <em>Di\u00e1logos: <\/em>\u00abPuedo decir que este santo var\u00f3n viv\u00eda consigo mismo, porque velaba siempre sobre su alma y se manten\u00eda siempre en la presencia de su Creador, se examinaba continuamente y no permit\u00eda que la mirada de su alma se derramara al exterior\u00bb<a href=\"#sdfootnote8sym\" id=\"sdfootnote8anc\"><sup>8<\/sup><\/a>. Con raz\u00f3n podr\u00e1 despu\u00e9s proponer a sus hijos el primer grado de humildad, que no tiene otro significado que reflejar las l\u00edneas maestras de su propia conducta. \u00abPiense el hombre \u2013escribir\u00e1 m\u00e1s tarde\u2013 que Dios le est\u00e1 mirando a todas horas desde los cielos, y que la mirada de la divinidad ve en todas partes sus acciones, y que los \u00e1ngeles le dan cuenta de ellas a cada instante\u00bb<a href=\"#sdfootnote9sym\" id=\"sdfootnote9anc\"><sup>9<\/sup><\/a>. Tal es el eco de aquellas reflexiones profundas de Subiaco, donde el joven mancebo comenz\u00f3 a practicar lo que era axioma entre los monjes medievales: vivir constantemente <em>in coelestibus,<\/em> en ese mundo sobrenatural del que San Benito nos descorri\u00f3 el velo en su santa Regla.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado de la oraci\u00f3n continua, practicaba la mortificaci\u00f3n caracter\u00edstica de los grandes penitentes del desierto. El monje Rom\u00e1n se encarga de dirigir sus primeros pasos y de proveer a su frugal\u00edsima alimentaci\u00f3n. Los progresos del anacoreta de <em>Sacro Speco<\/em> \u2013nombre con el que quedar\u00eda inmortalizada la cueva de Subiaco\u2013 correspondieron a los de un alma de absoluta entrega a Dios, que vive en una austeridad de vida impresionante y para el que la oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n de las cosas divinas constitu\u00edan sus delicias.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue preciso que la tentaci\u00f3n sacudiera con violencia su alma para purificarla m\u00e1s y m\u00e1s. Hasta aquella soledad lleg\u00f3 el tentador con sus sugestiones contrarias al esp\u00edritu, de las que el joven asceta se tom\u00f3 muy pronto justa venganza. Ya sabemos c\u00f3mo. La gracia desbordante le llev\u00f3 al acto heroico de arrojarse entre unos matorrales de espinas y ortigas, quedando amortiguada la fogosidad de su carne, hasta tal punto que Dios le libr\u00f3 del aguij\u00f3n de la voluptuosidad, en premio de su hero\u00edsmo.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven patricio continuaba firme en su resoluci\u00f3n de agradar s\u00f3lo a Dios, elevando hacia \u00c9l su continua oraci\u00f3n, con la confianza de un hijo, y recibiendo en recompensa las comunicaciones secretas del amor. El mundo se le presentaba cada vez m\u00e1s lejano; a su gruta llegaba \u00fanicamente el eco del torrente que m\u00e1s abajo, en el valle, se despe\u00f1aba entre la fronda; y s\u00f3lo de cuando en cuando el sonido de la campanilla, agitada por su confidente \u00edntimo, el monje Rom\u00e1n, interrump\u00eda su contemplaci\u00f3n para indicarle que era la hora de recibir un parco alimento. El Santo recog\u00eda la cestilla con las pobres viandas, y se sumerg\u00eda nuevamente en su habitual ocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Abad exigente<\/h3>\n\n\n\n<p>Llevaba varios a\u00f1os disfrutando de los encantos de aquella soledad. Despu\u00e9s de profundizar en los caminos del esp\u00edritu y de haberse fortalecido su alma contra la tentaci\u00f3n, permiti\u00f3 Dios que aquel tesoro escondido se descubriera a la faz del mundo. Unos pastores se acercaron a la gruta, se percataron de la vida que en ella llevaba nuestro anacoreta, y difundieron la fama del joven penitente por toda la comarca. Pronto comenzaron a menudear las visitas. Unos por curiosidad, otros por admirar la obra de la gracia, y algunos con ansias de imitaci\u00f3n. El desfile aumentaba cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, la gruta de <em>Sacro Speco<\/em> \u2013que hab\u00eda sido escenario de los m\u00e1s ardientes anhelos y de las m\u00e1s sublimes comunicaciones\u2013 dej\u00f3 de ser un lugar solitario. El anacoreta Benito recib\u00eda a todos con entra\u00f1as de caridad, les consolaba en sus penas, les fortalec\u00eda en la fe, y, m\u00e1s de una vez, con su oraci\u00f3n, consigui\u00f3 de Dios milagrosas curaciones de enfermos.<\/p>\n\n\n\n<p>Viv\u00edan no lejos de Subiaco, una especie de ermita\u00f1os que se hallaban vinculados por lazos de cierta hermandad piadosa. Viv\u00edan de dos en dos o individualmente, y prestaban alguna obediencia a un superior, como a su abad. La tradici\u00f3n ha conservado el nombre de este eremitorio. Se llamaba <em>Vicovaro.<\/em> Habiendo tenido noticias de la existencia de Benito, y llevados de la celebridad de su vida penitente, hicieron la propuesta formal de que aceptase la direcci\u00f3n de sus almas. El Santo rehus\u00f3 en un principio, pero tanto le importunaron, que al fin accedi\u00f3 a ser el abad de aquel grupo de consagrados, abandonando su amado retiro y y\u00e9ndose a vivir con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que amaba la soledad completa, sin embargo, reconoc\u00eda el nuevo abad las ventajas que sobre ella posee la vida cenob\u00edtica. Por eso, su primera actuaci\u00f3n fue reunir a todos en un monasterio a fin de que se sometieran a una regla, con los mismos rezos, id\u00e9nticas horas de trabajo, \u00abno permitiendo a nadie desviarse como antes por actos il\u00edcitos a derecha ni a izquierda\u00bb<a href=\"#sdfootnote10sym\" id=\"sdfootnote10anc\"><sup>10<\/sup><\/a>. Pero aquellos hombres acostumbrados a vivir en la holganza, a satisfacer los caprichos de su propia voluntad, mostraron bien pronto el disgusto de haber puesto los ojos en \u00e9l para tenerle por superior. Pronto en la comunidad no hubo m\u00e1s que un solo deseo: deshacerse de aquel abad que exig\u00eda, juzgaba y correg\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, al sentarse a la mesa, le mostraron la vasija del vino para que la bendijese, seg\u00fan costumbre. El Santo traz\u00f3 sobre ella la se\u00f1al de la cruz e inmediatamente se deshizo la vasija en pedazos. Comprendi\u00f3 que la vasija estaba envenenada. Con toda sencillez, sin inmutarse, se levant\u00f3 de la mesa diciendo: \u00abQue Dios omnipotente tenga piedad de vosotros, hermanos. \u00bfPor qu\u00e9 hac\u00e9is esto conmigo? Ya os dije a tiempo que mis costumbres eran incompatibles con las vuestras. Buscaos otro abad de acuerdo con vuestros caprichos; en lo sucesivo, no cont\u00e9is conmigo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00e1pidamente regres\u00f3 a su soledad para continuar su vida de entrega total a Dios en la pura contemplaci\u00f3n. Pero su fama hab\u00eda trascendido a toda la comarca, y las gentes sencillas no le dejaron saborear mucho tiempo las delicias de la vida retirada. Se presentaban sin cesar ante su gruta demandando orientaci\u00f3n para sus vidas. El Santo, siempre dispuesto a amar y servir, a todos recib\u00eda compasivo remedi\u00e1ndoles en sus necesidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos de los visitantes quedaron contagiados ante aquel prodigio de virtud y entraron en deseos de imitar su vida. No despreci\u00f3 la oportunidad de hacer el bien, fundando con ellos varios monasterios de doce monjes cada uno, con un abad al frente que les gobernase. El se reserv\u00f3 algunos monjes para instruirlos m\u00e1s a fondo en la espiritualidad mon\u00e1stica. As\u00ed naci\u00f3 la nueva aventura de Subiaco que, gracias a la sol\u00edcita vigilancia del Santo y al esmero que pon\u00eda en la elecci\u00f3n de los sujetos a quienes confiaba el cuidado de los monasterios, lleg\u00f3 a obtener copioso fruto.<\/p>\n\n\n\n<p>San Gregorio se extiende enumerando los muchos milagros obrados por San Benito, como aquel monje remiso y distra\u00eddo en la oraci\u00f3n a qui\u00e9n corrigi\u00f3 con una vara; o la fuente maravillosa que brot\u00f3 en la c\u00faspide de la monta\u00f1a y que servir\u00eda para que los monjes no tuvieran que bajar a recoger el agua al fondo del valle; o el caso de aquel le\u00f1ador a quien, trabajando a la orilla de un lago, se le sali\u00f3 el mango del hacha y fue a parar al fondo del agua, pero por la oraci\u00f3n del Santo volvi\u00f3 a aparecer sobre la superficie; o aquel otro en que se cuenta que el ni\u00f1o Pl\u00e1cido, ca\u00eddo al lago por un descuido, se estaba ya hundiendo, pero lo supo a tiempo, por revelaci\u00f3n divina, San Benito y advirti\u00f3: \u00abCorre, hermano Mauro, que aquel ni\u00f1o que fue por agua ha ca\u00eddo en el lago y le arrastra la corriente\u00bb. El joven monje corri\u00f3 presuroso, se arroj\u00f3 al agua y sac\u00f3 a Pl\u00e1cido por los cabellos. Luego se admiraba de que hubiera caminado a pie enjuto, como San Pedro, sobre las aguas. San Benito lo atribuy\u00f3 al m\u00e9rito de la obediencia puntual del joven religioso, pero all\u00ed estaba Pl\u00e1cido para asegurar que, mientras dur\u00f3 el peligro, vio sobre su persona la cogulla o melote del santo abad. San Benito guard\u00f3 silencio y s\u00f3lo despleg\u00f3 sus labios para advertir al muchacho que diera gracias a Dios y anduviera con m\u00e1s cuidado en lo sucesivo, cuando se acercara al agua.<\/p>\n\n\n\n<p>El valle subiacense florec\u00eda bajo el r\u00e9gimen de padre tan sol\u00edcito y bondadoso. La paz, el orden, la concordia absoluta reinaban en \u00e9l. San Benito era reconocido y amado de aquellos monjes que a su sombra caminaban hacia la cumbre de la santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo se sent\u00eda feliz y alababa a Dios en el fondo de su coraz\u00f3n al ver el fruto que hab\u00eda comunicado a su esfuerzo, mas no tardar\u00eda en llegar la hora de una nueva prueba muy dura, que marca un nuevo hito en la historia de su vida.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Montecasino<\/h3>\n\n\n\n<p>La soledad de Subiaco segu\u00eda atrayendo las predilecciones de no pocos aspirantes. Todos, lo mismo monjes que campesinos, bendec\u00edan al forjador de aquella obra, al padre que les hab\u00eda engendrado en Cristo y les conduc\u00eda por una senda luminosa en el seguimiento de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo ten\u00eda un enemigo, un nuevo Am\u00e1n que intent\u00f3 por todos los medios acabar con la vida de nuestro Mardoqueo. Fue un sacerdote llamado Florencio. La envidia se apoder\u00f3 de \u00e9l, y no cesaba de perseguirle. Primero con calumnias, murmurando que Benito era un impostor, un hip\u00f3crita, un soberbio. Pero al ver que no consegu\u00eda nada, que el Santo permanec\u00eda inmutable, que las gentes corr\u00edan a su encuentro como a hombre enviado de Dios para remediar todos los males, cambi\u00f3 de sistema para ver si prosperaban sus intentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, mand\u00f3 que le preparasen un pan envenenado y se lo envi\u00f3 como obsequio. El Santo, que le\u00eda en lo oculto de los corazones, le agradeci\u00f3 el presente, pero mand\u00f3 en seguida al cuervo que le visitaba a diario, que lo llevase lejos, a un lugar donde no pudiera hacer da\u00f1o. El cuervo comenz\u00f3 a graznar y a dar saltos extendiendo las alas sobre el pan, como d\u00e1ndole a entender el peligro que supon\u00eda tomar aquello en el pico. Pero Benito le inst\u00f3 a que lo tomara tranquilo, porque no iba a ocasionarle el menor da\u00f1o. Obedeci\u00f3 puntualmente y lo llev\u00f3 a un lugar escondido.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote Florencio se desesperaba interiormente al ver su intento fallido y quiso probar por otro camino. Introdujo en los patios del monasterio un grupo de j\u00f3venes descocadas que, con sus danzas procaces, turbaban la paz de la casa y serv\u00edan de esc\u00e1ndalo a los monjes. Esta treta diab\u00f3lica lleg\u00f3 al coraz\u00f3n de Benito y reconoci\u00f3 que, para bien de sus hijos, deb\u00eda alejarse de all\u00ed, aunque siguiera ayud\u00e1ndoles a distancia. No era una huida cobarde, sino una aut\u00e9ntica exigencia de mejor atenci\u00f3n y ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez asegurado el gobierno de los monasterios, emprendi\u00f3 la marcha en compa\u00f1\u00eda de algunos monjes j\u00f3venes, hacia la soledad de <em>Montecasino.<\/em> Se ignora de qui\u00e9n parti\u00f3 la idea de fijar su residencia en aquel nuevo destino. Se halla la ciudad de Casino, entre Roma y N\u00e1poles, y a su vera se alza una colina llamada Montecasino. Peque\u00f1os riachuelos serpentean por las hondonadas de los valles. Desde la c\u00faspide se descubre un amplio panorama que se extiende hasta las monta\u00f1as del norte y del este, y por el oeste, la vista se pierde en el azul del mar. El lugar era, ya entonces, m\u00e1s pintoresco que Subiaco. Lugar de descanso, se transform\u00f3 en centro de atracci\u00f3n universal, faro luminoso que irradiar\u00eda fulgores de espiritualidad nueva por todos los senderos del mundo. La historia habla por s\u00ed sola.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed tuvo lugar el bello episodio relacionado con su hermana Escol\u00e1stica, mil veces narrado y siempre capaz de conmover a los esp\u00edritus que anhelan ver a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Viv\u00eda \u00e9sta en un monasterio de la llanura, no lejos de Montecasino. Cada a\u00f1o sol\u00edan visitarse una vez, acudiendo ella al monasterio de los monjes; pero esta vez no pudo escalar la santa monta\u00f1a, y San Benito descendi\u00f3 al valle, teniendo la entrevista en una granja del monasterio. \u00abEstando a\u00fan sentados a la mesa, como se prolongara m\u00e1s y m\u00e1s la hora entre santas conversaciones, su religiosa hermana le rog\u00f3 diciendo: Te suplico que no me dejes esta noche, para que podamos hablar hasta ma\u00f1ana de los goces de la vida celestial. Mas \u00e9l le respondi\u00f3: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s diciendo, hermana? En modo alguno puedo permanecer fuera del monasterio.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo se hallaba completamente despejado. Escol\u00e1stica, al o\u00edr la negativa de su hermano, entrelazando los dedos de las manos, apoy\u00f3 en ellas su cabeza, orando fervorosamente a Dios para que no le privara de la compa\u00f1\u00eda de su hermano. Al punto se desat\u00f3 una tremenda tempestad que impidi\u00f3 a los monjes emprender el camino de regreso, y as\u00ed pudieron los dos hermanos pasar la noche en santas conversaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>San Benito, al ver el milagro patente, no pudo menos de exclamar: \u00abQue Dios omnipotente te perdone, hermana. \u00bfQu\u00e9 es lo que has hecho?\u00bb. Ella, bromeando, le contest\u00f3: \u00abMira, te rogu\u00e9 a ti y no quisiste escucharme, pero mi Se\u00f1or me ha escuchado: marcha ahora, si puedes, vete a tu monasterio\u00bb. Imposible dar un paso aquella noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Era la \u00faltima entrevista en la tierra. Tres d\u00edas m\u00e1s tarde dejaba Escol\u00e1stica esta vida y la cambiaba por la eterna. Su hermano orden\u00f3 recoger sus restos y trasladarlos a la cumbre de Montecasino, enterr\u00e1ndolos en el sepulcro que ten\u00eda dispuesto para s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco tiempo logr\u00f3 sobrevivir el hermano. La edad avanzada, los continuos achaques, unidos a las duras maceraciones de la carne y el dolor que le caus\u00f3 saber por revelaci\u00f3n divina que aquel monasterio \u2013objeto de sus predilecciones\u2013 hab\u00eda de ser muy pronto arrasado por los longobardos, cortaron el hilo de su vida, y\u00e9ndose a gozar de la felicidad del cielo por la que siempre hab\u00eda suspirado, y hacia la cual hab\u00eda ordenado todos sus esfuerzos.<\/p>\n\n\n\n<p>San Gregorio escribe con mano maestra todos los detalles que rodearon los \u00faltimos momentos de este esclarecido var\u00f3n que \u00abatestigu\u00f3 con sus insignes obras y con su santidad la perenne juventud de la Iglesia, renov\u00f3 con sus ense\u00f1anzas y con sus ejemplos las costumbres, y defendi\u00f3 los claustros con leyes m\u00e1s seguras y santas.\u00bb<a href=\"#sdfootnote11sym\" id=\"sdfootnote11anc\"><sup>11<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La obra de San Benito<\/h2>\n\n\n\n<p>La monta\u00f1a casinense estaba dedicada, por entonces, a los dioses del paganismo y sobre su cima se alzaba un templo dedicado a J\u00fapiter, rodeado de un tupido bosque considerado sagrado. Las autoridades de la ciudad pusieron en manos de Benito tanto la cumbre del monte como el templo, que \u00e9l no destruy\u00f3, sino que troc\u00f3 en iglesia cristiana, dedic\u00e1ndolo a San Mart\u00edn de Tours, modelo de monjes, santo muy popular en aquellos tiempos. \u00danicamente derrib\u00f3 el altar de J\u00fapiter, erigiendo sobre \u00e9l una capilla en honor de San Juan Bautista, otro dechado de contemplativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Este proceder acertado de San Benito, al no destruir, sino transformar el templo pagano, sirvi\u00f3 de norma a imitar por sus hijos. Cuando a\u00f1os despu\u00e9s, San Gregorio Magno enviara monjes a cristianizar Inglaterra, una de sus principales recomendaciones fue no herir la sensibilidad de los paganos, destruyendo sus templos, sino llevarlos al convencimiento de que serv\u00edan para dar culto en ellos al verdadero Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>San Benito lleg\u00f3 a Montecasino cargado de un bagaje de experiencia envidiable. Primero, la aventura de la soledad de <em>Sacro Speco,<\/em> luego el entrenamiento con los ermita\u00f1os disolutos de Vicovaro, y por fin, el gobierno de los monjes de Subiaco le colocaron en situaci\u00f3n de privilegio para realizar lo m\u00e1s eficaz y definitivo de su vida.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La Regla<\/h3>\n\n\n\n<p>Mientras surg\u00edan vigorosos los muros de la nueva abad\u00eda \u2013firme como las rocas donde se asentaba\u2013, bull\u00eda en la mente de Benito algo muy importante que le tra\u00eda inquieto. Reconoc\u00eda que el monacato occidental carec\u00eda de normas concretas, precisas, adaptadas a la mentalidad del mundo romano, que sirvieran de gu\u00eda a las almas consagradas. Entonces pens\u00f3 en redactar una regla que resumiera la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica y recogiera, a su vez, la espiritualidad mon\u00e1stica de Oriente y Occidente, imprimi\u00e9ndole una impronta peculiar capaz de convertirla en algo sagrado, hasta el punto de merecer el apelativo corriente de Santa Regla por antonomasia. En algunos concilios el honor de ser colocada junto a la Biblia sobre el altar.<\/p>\n\n\n\n<p>No vamos a entrar aqu\u00ed en disquisiciones si San Benito es el autor de la Regla que lleva su nombre, o bien de la denominada <em>Regula Magistri. <\/em>Dejemos este tema para los investigadores. Preferimos acogernos con entera veneraci\u00f3n y respeto a la primera, que le ha atribuido ininterrumpidamente una tradici\u00f3n de siglos, y que ha sido el yunque donde se han forjado tantos santos. Regla sabia, cargada de experiencia, resumen de la esencia m\u00e1s pura del cristianismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta <em>Santa Regla,<\/em> en la cual aletea el soplo del Esp\u00edritu Santo y que est\u00e1 revestida de un humanismo prodigioso, se impuso en los monasterios de Occidente ya desde el siglo VIII, no s\u00f3lo en los fundados directamente por monjes benedictinos, sino tambi\u00e9n en los ya existentes. De tal manera obtuvo la preferencia sobre otras Reglas, que desde el siglo X puede decirse que todo el monaquismo occidental se reg\u00eda por la sabia doctrina emanada del Patriarca de Montecasino.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se impuso a las dem\u00e1s reglas existentes, fue porque entra\u00f1a aut\u00e9nticos valores, que son \u00abel resultado, el fruto, la cima de toda la sabidur\u00eda acumulada al precio de m\u00faltiples experiencias en el monaquismo de la Iglesia desde sus or\u00edgenes\u00bb<a href=\"#sdfootnote12sym\" id=\"sdfootnote12anc\"><sup>12<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor ha dejado en ella un vivo reflejo de su persona, como dir\u00eda San Gregorio: \u00abSi alguien quiere conocer m\u00e1s profundamente su vida y sus costumbres, podr\u00e1 encontrar en la misma ense\u00f1anza de la Regla todas las acciones de su magisterio, porque el santo var\u00f3n, en modo alguno, pudo ense\u00f1ar otra cosa que lo que \u00e9l mismo vivi\u00f3\u00bb<a href=\"#sdfootnote13sym\" id=\"sdfootnote13anc\"><sup>13<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a esta Regla maravillosa, obra de un monje experimentado, zarandeado por la adversidad y amigo de Dios, la vida mon\u00e1stica adquiere en Europa un sentido pleno y el monasterio se convierte en un remanso de paz inalterable en un mundo sacudido por las guerras y ambiciones humanas; en un oasis alegre y refrigerante en medio del desierto de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>En ella el trabajo manual adquiere una nueva dimensi\u00f3n: guardar\u00e1 un puesto equivalente a la oraci\u00f3n, al procurar que se hermane la actividad del cuerpo con la ascesis del esp\u00edritu. Perfecto conocedor de la literatura y vida de los monjes orientales, San Benito extraer\u00eda de ella cuanto, a su modo de ver, era m\u00e1s adecuado para el progreso de las almas. As\u00ed result\u00f3 un todo armonioso; no un c\u00f3digo \u00e1rido e informe, una reglamentaci\u00f3n r\u00edgida y fr\u00eda de la vida mon\u00e1stica, sino un manual perfecto de ascesis, una gu\u00eda incomparable de la vida espiritual \u2013resumen del Evangelio\u2013 donde encuentran y alcanzan su cumbre la simplicidad y la prudencia, la severidad y la dulzura, la libertad y la dependencia, la correcci\u00f3n y la paciente espera.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la trama asc\u00e9tica ordenada por el Santo est\u00e1 impregnada, recibe su calor y su fuerza de la palabra eterna contenida en la Sagrada Escritura. Cualquier prescripci\u00f3n que establece, busca su apoyo en la Biblia. As\u00ed result\u00f3 un prodigio de sabidur\u00eda armoniosa entre la tradici\u00f3n mon\u00e1stica y las constantes variaciones de los tiempos. Obra humana en apariencia, lleva el sello inconfundible y preciso de lo sobrenatural. Es la gracia, la inspiraci\u00f3n, la que act\u00faa en Benito cuando se sienta a redactar sus p\u00e1ginas; es el esp\u00edritu de Dios el que aletea en los puntos de su pluma.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Regla se advierte, se palpa el binomio humano-divino. El humano, San Benito, que vive en Dios y se considera instrumento del cielo para guiar almas, vive una espiritualidad trascendente, honda, que accede a trazar un camino destinado a ayudar a sus hermanos; el divino, Dios, que se vuelca en aquella alma con sus carismas y le pone en la pluma preceptos de vida que servir\u00e1n para conducir a las almas por rutas seguras de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pudi\u00e9ramos extendernos y aducir las muchas alabanzas que se han tributado en todos los siglos a la Regla de San Benito, desde el Papa San Gregorio hasta el Pont\u00edfice reinante, Juan Pablo II; pero nos contentaremos con un texto de P\u00edo XII. En la mencionada Enc\u00edclica <em>Fulgens radiatur, <\/em>con ocasi\u00f3n del XIV centenario de la muerte del Santo, el Papa Pacelli considera la Regla benedictina como \u00abmonumento insigne de sabidur\u00eda romana y cristiana, que regula los derechos, obligaciones y ministerios de los monjes con benignidad y caridad evang\u00e9licas, y que ha sido y es tan eficaz para estimular a tantos a la virtud y conducirlos a la santidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn esta Regla benedictina se hallan coordinadas la mayor prudencia con la sencillez, la humildad cristiana con la m\u00e1s esforzada virtud, el rigor se templa con la dulzura y la conveniente sumisi\u00f3n se ennoblece con la sana libertad. En ella la represi\u00f3n es firme; la condescendencia y benignidad resultan agradables, por su suavidad; los preceptos conservan su pleno vigor, pero la obediencia da tranquilidad a los corazones y paz a las almas; agrada el silencio por su gravedad, pero la conversaci\u00f3n se adorna de atrayente gracia; y finalmente, la fuerza de la autoridad se ejercita, pero la debilidad tiene tambi\u00e9n su ayuda.\u00bb<a href=\"#sdfootnote14sym\" id=\"sdfootnote14anc\"><sup>14<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Resumiendo: La Regla benedictina es el m\u00e1s excelente tratado de vida asc\u00e9tica, que ha perseverado inc\u00f3lume durante siglos; ha sido troquel de millares de santos; y conserva su fragante lozan\u00eda aun en el momento actual en que todo se somete a examen y dura cr\u00edtica. Esa abundante fecundidad, esa seguridad inconmovible, estriba, a no dudarlo, en los principios b\u00e1sicos sobre los que est\u00e1 calcada su espiritualidad. Destacamos algunos de estos principios<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Cristo<\/h3>\n\n\n\n<p>Es innegable que una de las peculiaridades m\u00e1s salientes de la Regla benedictina es ser <em>cristoc\u00e9ntrica,<\/em> es decir, todo en ella gira en torno a la figura radiante de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en los mismos umbrales del pr\u00f3logo, San Benito presenta a sus hijos la idea de Cristo Rey. Les recuerda que la vida del hombre sobre la tierra es una constante milicia, que el monje no debe ser un soldado acuartelado y en reposo, sino un combatiente de vanguardia, que lucha d\u00eda y noche bajo las banderas de Cristo, verdadero Rey. <em>Domino Christo vero Regi militaturus<a href=\"#sdfootnote15sym\" id=\"sdfootnote15anc\"><sup>15<\/sup><\/a><\/em>. \u00a1Sublime programa de vida para el monje!: marchar siempre en la vanguardia de la Iglesia de Cristo, luchando por su gloria, por la extensi\u00f3n de su reinado.<\/p>\n\n\n\n<p>A ser ap\u00f3stol de vanguardia le estimulan, no poco, algunas ense\u00f1anzas del sabio maestro, llenas de profundo contenido. Por ejemplo:<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>a)<\/strong><\/em> No anteponer nada al amor de Cristo: <em>nihil amori Christi praeponere<a href=\"#sdfootnote16sym\" id=\"sdfootnote16anc\"><sup>16<\/sup><\/a>.<\/em> Estas palabras condensan el grado de perfecci\u00f3n m\u00e1s encumbrada. Es el primero de los mandamientos, tan reiteradamente recomendado por Jes\u00fas. Este amor exige la total entrega del coraz\u00f3n, con exclusi\u00f3n de todo otro amor terreno. S\u00f3lo Jesucristo es el que ha de llenar ese coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Encaja con este sentir la doctrina luminosa y maciza de la <em>Imitaci\u00f3n de Cristo:<\/em> \u00abTu amado es de tal condici\u00f3n, que no quiere admitir consigo a otro: porque quiere \u00c9l solo tener tu coraz\u00f3n y como Rey sentarse en su propio trono. Si acertares a vaciarte por completo de toda criatura, Jes\u00fas habitar\u00eda, de buena gana, contigo. Cuanto pusieres en los hombres, fuera de Jes\u00fas, lo tendr\u00e1s perdido. No conf\u00edes ni te apoyes sobre la ca\u00f1a endeble, porque toda carne es heno y toda su gloria caer\u00e1 como la flor del heno\u00bb<a href=\"#sdfootnote17sym\" id=\"sdfootnote17anc\"><sup>17<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>San Bernardo, el gran enamorado de Cristo, cuyo nombre llevaba \u2013seg\u00fan confesi\u00f3n propia\u2013 \u00aben la boca y en el coraz\u00f3n\u00bb, escribiendo al joven Foulques, que seducido por los halagos y promesas de un familiar suyo abandon\u00f3 la vida religiosa y volvi\u00f3 al siglo para hacerse can\u00f3nigo regular, le amonesta y exhorta, en aquel su lenguaje encendido, a que primero se debe seguir la voluntad de Dios que dejarse arrastrar por los ruegos interesados de un pariente. Despu\u00e9s de echarle dulcemente en cara la fealdad de su acci\u00f3n, le pone delante los atractivos inexplicables del amor entra\u00f1able de Cristo y le dice: \u00abCiertamente, a\u00fan no has saboreado a Cristo y por eso ignoras a qu\u00e9 sabe, porque es imposible apetecer lo que se desconoce; o bien, si lo probaste y no te supo a mieles, se\u00f1al es de que no tienes el paladar santo, por cuanto la Sabidur\u00eda de Dios dice expresamente: <em>Los que de m\u00ed comen, tienen siempre hambre de m\u00ed, y tienen siempre sed los que de m\u00ed beben<a href=\"#sdfootnote18sym\" id=\"sdfootnote18anc\"><sup>18<\/sup><\/a>.<\/em> Cuando Cristo advierte que un alma se ha hartado de beber hasta la embriaguez, no se digna ofrecerle sus vinos, m\u00e1s dulces que la miel y el panal. Cuando uno ha apacentado sus ojos y su vientre con exquisita variedad de manjares, presentados en rica y vistosa vajilla, Cristo deja su coraz\u00f3n vac\u00edo de pan celestial.\u00bb<a href=\"#sdfootnote19sym\" id=\"sdfootnote19anc\"><sup>19<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>b)<\/strong><\/em> Negarse a s\u00ed mismo para seguir a Cristo: <em>abnegare semetipsum sibi, ut sequatur Christum<a href=\"#sdfootnote20sym\" id=\"sdfootnote20anc\"><sup>20<\/sup><\/a><\/em>. Son un eco patente de la condici\u00f3n impuesta por Cristo a todos sus seguidores: <em>Si alguno quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz cada d\u00eda, y s\u00edgame<a href=\"#sdfootnote21sym\" id=\"sdfootnote21anc\"><sup>21<\/sup><\/a>.<\/em> La ley de la renuncia aflora insistentemente en todo el mensaje evang\u00e9lico. Las palabras de Jes\u00fas son la resonancia de una vida en constante inmolaci\u00f3n. Desde Bel\u00e9n al Calvario, toda ella fue una obediencia continua al Padre, un apurar a diario la copa del sufrimiento y la humillaci\u00f3n. Por eso tiene derecho a exigir la renuncia de s\u00ed mismos a los que de veras quieren ser disc\u00edpulos suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor es tanto como don de s\u00ed, sed de renuncia y sacrificio en atenci\u00f3n a la persona amada, sed tanto m\u00e1s ardiente, cuanto mayor sea el amor que se le tiene. Tal fue el amor que Cristo nos tuvo, al llevarle a la entrega total por amor nuestro: <em>Con un bautismo tengo que ser bautizado, y \u00a1qu\u00e9 angustia la m\u00eda hasta que no lo vea cumplido!<a href=\"#sdfootnote22sym\" id=\"sdfootnote22anc\"><sup>22<\/sup><\/a><\/em> \u00a1Ojal\u00e1 nuestro amor nos llevara a sentir ansia de inmolaci\u00f3n como la sinti\u00f3 Cristo por nosotros! Que se cumpliera en nosotros el deseo del Ap\u00f3stol: <em>Los que son de Cristo tienen crucificada su propia carne con los vicios y las pasiones<a href=\"#sdfootnote23sym\" id=\"sdfootnote23anc\"><sup>23<\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>c)<\/strong><\/em> El pensamiento de Cristo debe presidir e informar todos los actos m\u00e1s salientes de la vida del monje. As\u00ed, cuando se trata de inspirarle una veneraci\u00f3n y obediencia d\u00f3cil a su abad, le pone delante como est\u00edmulo, que representa en el monasterio a la persona de Cristo \u2013<em>Abbas Christi&#8230; agere vices in monasterio creditur<a href=\"#sdfootnote24sym\" id=\"sdfootnote24anc\"><sup>24<\/sup><\/a><\/em>\u2014; cuando se habla de inculcar atenci\u00f3n y respeto en la acogida del hu\u00e9sped, quiere que se vea en \u00e9l al mismo Cristo: <em>Omnes supervenientes hospites tamquam Christus suscipiantur<a href=\"#sdfootnote25sym\" id=\"sdfootnote25anc\"><sup>25<\/sup><\/a>. <\/em>Por \u00faltimo, para estimular al monje a permanecer fiel en el servicio divino, ning\u00fan incentivo puede presentarle m\u00e1s poderoso que hacerse digno \u00abde participar, por medio de la paciencia, de los padecimientos de Cristo\u00bb<a href=\"#sdfootnote26sym\" id=\"sdfootnote26anc\"><sup>26<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>B\u00fasqueda de Dios<\/h3>\n\n\n\n<p>Si el fin de todo hombre es la b\u00fasqueda de Dios, con mayor raz\u00f3n podemos decir esto del religioso, que todo lo ha dejado por seguir de cerca los pasos de Cristo. San Benito, al organizar la vida mon\u00e1stica, no se propuso ning\u00fan fin peculiar para sus monjes, como pudiera ser: cuidar enfermos, dedicarse a la ense\u00f1anza, trabajar en las misiones o en el cultivo de las letras. Para llenar estos y otros fines ir\u00edan surgiendo en la Iglesia otras familias religiosas que hab\u00edan de ilustrarla con sus obras de apostolado.<\/p>\n\n\n\n<p>El fin primordial del monje, el norte que debe guiar los pasos de quien se acerca a un monasterio benedictino o cisterciense, es el deseo sincero y exclusivo de buscar a Dios. Las dem\u00e1s actividades que desarrolla en la vida mon\u00e1stica, no son otra cosa sino consecuencias y como manifestaciones de esa b\u00fasqueda del Sumo Bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no consiente que el hombre halle su felicidad verdadera fuera de \u00c9l, ya que es el bien en toda su plenitud, y todas las criaturas juntas son incapaces de llenar el coraz\u00f3n humano: <em>Yo mismo ser\u00e9 tu recompensa grande y magn\u00edfica en extremo<a href=\"#sdfootnote27sym\" id=\"sdfootnote27anc\"><sup>27<\/sup><\/a><\/em>, dijo Dios en otro tiempo al patriarca Abraham.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los cristianos, buscar a Dios no es ir a \u00c9l como simples criaturas que tienden a su primer principio y al fin \u00faltimo de su existencia, sino m\u00e1s bien tender a \u00c9l sobrenaturalmente, o sea, como hijos que quieren permanecer habitualmente unidos a su Padre por una voluntad llena de amor, por aquella <em>misteriosa adhesi\u00f3n a la misma naturaleza divina<\/em> de que habla el ap\u00f3stol Pedro<a href=\"#sdfootnote28sym\" id=\"sdfootnote28anc\"><sup>28<\/sup><\/a>. Es tener y fomentar aquella intimidad real y estrecha con la Sant\u00edsima Trinidad, llamada por San Juan <em>sociedad del Padre con su Hijo Jes\u00fas y en el Esp\u00edritu Santo<a href=\"#sdfootnote29sym\" id=\"sdfootnote29anc\"><sup>29<\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta intimidad honda se refer\u00eda el salmista cuando cantaba: <em>Buscad continuamente su rostro<a href=\"#sdfootnote30sym\" id=\"sdfootnote30anc\"><sup>30<\/sup><\/a><\/em>, es decir, buscad la amistad de Dios, asegurad su amor al modo como la esposa del Cantar de los Cantares, presa de las dilecciones del Amado, sorprende a trav\u00e9s de sus ojos toda la ternura escondida en el fondo de su alma. Realmente, Dios es para nosotros un Padre lleno de bondad que desea hallemos en \u00c9l y en sus perfecciones inefables nuestra felicidad aun ac\u00e1 en la tierra<a href=\"#sdfootnote31sym\" id=\"sdfootnote31anc\"><sup>31<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para San Bernardo \u2013aquel gran monje que vivi\u00f3 la espiritualidad benedictina en toda su hondura\u2013 \u00abes un bien ciertamente inapreciable el buscar a Dios \u2013<em>magnum quaerere Deum<\/em>\u2013: entre los bienes del alma yo no conozco otro que se le pueda comparar, siendo \u00e9ste el primero de los dones en los comienzos de la conversi\u00f3n y el \u00faltimo en los progresos de la perfecci\u00f3n\u00bb<a href=\"#sdfootnote32sym\" id=\"sdfootnote32anc\"><sup>32<\/sup><\/a>. Por eso exhorta a las almas a no buscar \u00abnada como Dios, nada antes que Dios, nada fuera de Dios\u00bb. Para llegar a esa ansia de Dios, se\u00f1ala el Santo tres etapas o escalones en grado ascendente:<\/p>\n\n\n\n<p><em><u>Quaeramus veraciter<\/u><\/em><em>,<\/em> o sea, buscar a Dios sinceramente. Es lo mismo que buscarle con rectitud de coraz\u00f3n y lealtad de esp\u00edritu, no s\u00f3lo con palabras, sino especialmente con obras. Le debemos buscar porque es nuestro Creador y Redentor, el que est\u00e1 derrochando sobre nosotros el tesoro inmenso de sus beneficios.<\/p>\n\n\n\n<p><em><u>Quaeramus frequenter<\/u><\/em>, sin cesar, de continuo y en todos los momentos de nuestra vida, empleando en ello todas las energ\u00edas que est\u00e1n a nuestro alcance, no escatimando sacrificio alguno que nos imponga esta b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p><em><u>Quaeramus perseveranter<\/u><\/em><em>,<\/em> es decir, durante toda nuestra vida. Que no haya un solo instante en ella que no vaya encaminado a buscar la voluntad de Dios. Es imposible llegar aqu\u00ed abajo a la plena posesi\u00f3n de Dios; cuanto m\u00e1s avanzamos en la carrera, mayores horizontes iremos descubriendo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Oficio Divino<\/h3>\n\n\n\n<p>Es uno de los elementos principales en que vive sumergido el monje, ya que dedica a \u00e9l una parte considerable de la jornada y condiciona, por decirlo as\u00ed, su vida. Porque el monje no tiene otra finalidad que la alabanza divina: es un profesional de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>San Benito se muestra riguroso en sumo grado cuando se trata de estructurar el Oficio Divino. No quiere que se le anteponga ninguna otra ocupaci\u00f3n por santa que sea: <em>nihil operi Dei praeponatur<a href=\"#sdfootnote33sym\" id=\"sdfootnote33anc\"><sup>33<\/sup><\/a>.<\/em> Quiere que se acuda a \u00e9l con suma presteza: <em>Ad horam Divini Officii, mox auditum fuerit signum&#8230; summa cum festinatione curratur<a href=\"#sdfootnote34sym\" id=\"sdfootnote34anc\"><sup>34<\/sup><\/a>,<\/em> que los monjes se consideren en presencia de Dios, sobre todo cuando asisten a las horas del Oficio Divino, que se esmeren en cantarlo con m\u00e1xima reverencia, conscientes de que los \u00e1ngeles de la guarda dan cuenta a Dios de la manera como se ejecuta. Por \u00faltimo, no se contenta el Santo con una buena ejecuci\u00f3n del rezo, recomienda lo principal, prestar una atenci\u00f3n interna a la palabra de Dios, saborearla en el fondo del coraz\u00f3n: <em>Consideremus qualiter oporteat in conspectu Divinitatis et angelorum eius esse, et sic stemus ad psallendum, ut mens nostra concordet voci nostrae<a href=\"#sdfootnote35sym\" id=\"sdfootnote35anc\"><sup>35<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>San Benito ha inmortalizado una frase con que ha querido denominar el Oficio Divino, frase peculiar y exacta, al llamarle <em>Opus Dei,<\/em> Obra de Dios por excelencia, voz de la Iglesia suplicante que, como Esposa de Cristo, se dirige al Padre para adorarle; voz de un alma que tiene sed viva, esperanza segura y amor ardiente; fuente perenne de gracias sobre toda la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Al estructurar el santo legislador de una manera tan detallada la regulaci\u00f3n del Oficio Divino, tuvo presente el proceder de los monjes orientales, los cuales desde sus or\u00edgenes se mostraron entusiastas de la alabanza divina, seg\u00fan nos refiere San Juan Cris\u00f3stomo: \u00abEstos hombres, lumbreras del mundo, se levantan llenos de fortaleza mucho antes de salir el sol, presurosos, vigilantes, porque no tienen cuidados excesivos ni preocupaciones de negocios, ni nada mundano que les absorba, antes su vida es semejante a la de los \u00e1ngeles del cielo. Se levantan, repito, con la mayor presteza y, llenos de gozo, van a cantar en nutrido coro \u2013como a una sola voz\u2013 himnos en honor del Due\u00f1o del Universo; celebran sus alabanzas y le dan gracias por todos los beneficios, tanto generales como particulares. \u00bfEn qu\u00e9 se diferencian de los \u00e1ngeles estos mortales que se re\u00fanen para orar y cantar \u2018Gloria Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad\u2019?\u00bb<a href=\"#sdfootnote36sym\" id=\"sdfootnote36anc\"><sup>36<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hablar del Oficio Divino, no queremos pasar por alto algo que le est\u00e1 muy vinculado: el <em>canto lit\u00fargico.<\/em> Efectivamente, los monjes han sido los conservadores a trav\u00e9s de los siglos, mejor dicho, han sido los creadores de una liturgia propia, cuya principal expresi\u00f3n es el <em>canto gregoriano, <\/em>conservado y transmitido por ellos desde la m\u00e1s remota antig\u00fcedad. Este canto gregoriano, impregnado de profundo misticismo y fuerte unci\u00f3n religiosa, fue adoptado por la Iglesia como propio y recomendado vivamente en distintas ocasiones, sobre todo, en el presente siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos basta recordar las palabras luminosas de P\u00edo XII en su enc\u00edclica <em>Mediator Dei.<\/em> Se advert\u00eda ya en su tiempo un ansia desmesurada de cambio, un deseo de introducir m\u00fasicas nuevas, no siempre en consonancia con el lugar sagrado y con la tradici\u00f3n de la Iglesia. El Papa trata de ilustrar debidamente aquellas corrientes, y escribe: \u00abEn cuanto a la m\u00fasica, obs\u00e9rvense escrupulosamente las fijas y claras normas promulgadas ya por esta Sede Apost\u00f3lica. El canto gregoriano, que por ser herencia recibida de antigua tradici\u00f3n, tan cuidadosamente tutelada durante siglos, la Iglesia Romana considera como cosa suya y cuyo uso est\u00e1 recomendado al pueblo e incluso terminantemente prescrito en algunas partes de la liturgia, no s\u00f3lo proporciona decoro y solemnidad a la celebraci\u00f3n de los sagrados, misterios, sino que contribuye a aumentar la fe y la piedad de los asistentes\u00bb<a href=\"#sdfootnote37sym\" id=\"sdfootnote37anc\"><sup>37<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda el Papa, y hace propias, las disposiciones de San P\u00edo X y P\u00edo XI de que se cultive el canto gregoriano no s\u00f3lo en los seminarios, sino tambi\u00e9n en los institutos religiosos. Incluso, a\u00f1ade, se debe establecer entre los fieles el uso del canto gregoriano en la parte que les corresponde<a href=\"#sdfootnote38sym\" id=\"sdfootnote38anc\"><sup>38<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este canto, custodiado con singular esmero en el seno de los monasterios, que ha alimentado la piedad de la Iglesia durante siglos, ha sufrido en los \u00faltimos a\u00f1os una crisis tan honda como jam\u00e1s hab\u00eda conocido. Y no se crea que los Pont\u00edfices han variado un \u00e1pice en esta materia. Lo \u00fanico que han aceptado ha sido la introducci\u00f3n de la lengua vern\u00e1cula en el Oficio y tal vez cierta libertad en la introducci\u00f3n de algunas melod\u00edas nuevas, pero nunca han permitido se destierre el canto gregoriano. No podemos extendernos en confirmar con testimonios fehacientes estas afirmaciones, pero no es posible omitir unos conceptos llenos de dolor y angustia del Papa Pablo VI, ante el sesgo que iban tomando los coros monacales a poco de finalizar el Vaticano II. Dirigi\u00e9ndose a los superiores generales de las religiones clericales con obligaci\u00f3n coral, les dec\u00eda: \u00abNos hemos cerciorado por cartas de algunos de vosotros y por muchas informaciones de distinta procedencia, que algunos cenobios y provincias vuestras \u2013nos referimos s\u00f3lo a los que pertenecen al rito latino\u2013 han adoptado diferentes costumbres en la celebraci\u00f3n de la Sagrada Liturgia: unos conservan fielmente el lat\u00edn en el oficio coral; otros desean ardientemente la lengua vulgar; otros aqu\u00ed y all\u00ed quieren cambiar el canto gregoriano por cantinelas compuestas en nuestros d\u00edas, y, lo que es m\u00e1s, han exigido que se suprima la misma lengua latina. Es preciso confesar que nos sentimos profundamente conmovidos y embargados de tristeza por semejantes peticiones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Insiste luego el Papa Montini en que \u00abse mantengan en vigor estas normas\u00bb, tanto en lo que se refiere a la lengua a emplear como al canto gregoriano, y aunque luego concedi\u00f3 cierta amplitud en ambas cosas me consta que fue enteramente contra su voluntad. \u00abEl coro \u2013llega a decir\u2013 de donde quedase suprimida la lengua latina, que traspasa las fronteras de las naciones y goza de maravillosa fuerza espiritual, y el canto nacido del fondo del alma, donde se asienta la fe y arde la caridad, es decir, el canto gregoriano, ser\u00e1 semejante a un cirio apagado que ha cesado de iluminar y de atraer hacia s\u00ed los ojos y las mentes de los hombres\u00bb<a href=\"#sdfootnote39sym\" id=\"sdfootnote39anc\"><sup>39<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Oraci\u00f3n mental<\/h3>\n\n\n\n<p>Al dirigirme principalmente a almas contemplativas, cuya vida est\u00e1 inmersa en Dios, no puedo menos de dedicar una atenci\u00f3n especial a esta pr\u00e1ctica tan propia del monaquismo, que lo sostiene, vigoriza y hace fecundo plenamente. Me refiero a la oraci\u00f3n mental, tan recomendada por los autores asc\u00e9ticos a toda alma que aspire a vivir vida interior.<\/p>\n\n\n\n<p>San Benito exhorta a sus hijos \u2013no pod\u00eda ser menos\u2013 a ser almas de oraci\u00f3n. Ya en los comienzos del pr\u00f3logo, el primer aviso que da a los monjes es pedir a Dios \u00abcon oraci\u00f3n muy fervorosa y continuada que perfeccione cualquier buena obra que emprendan\u00bb; ocuparse con frecuencia en la oraci\u00f3n: <em>orationi frequenter incumbere<a href=\"#sdfootnote40sym\" id=\"sdfootnote40anc\"><sup>40<\/sup><\/a><\/em>;llorar en la oraci\u00f3n los pecados cometidos. Y no pide que se dediquen a ella muchas horas, sino que en comunidad sea breve y pura la oraci\u00f3n, <em>brevis debet esse et pura oratio<a href=\"#sdfootnote41sym\" id=\"sdfootnote41anc\"><sup>41<\/sup><\/a><\/em>, a no ser que se prolongue por inspiraci\u00f3n e impulso de la divina gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello se debe a que en su mente el Santo supone que sus monjes viven sumergidos en la oraci\u00f3n continua. De aqu\u00ed el silencio riguroso que les exige, la <em>lectio divina<\/em> en horas determinadas, la vida lit\u00fargica intensa, todo ello forma un clima apropiado y sirve de incentivo para fomentar en el monje esa vida de oraci\u00f3n casi permanente.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XII, al dirigirse al prior de la Cartuja de Vedana, con motivo del V centenario de su fundaci\u00f3n, destac\u00f3 la notable influencia que puede irradiar una vida de oraci\u00f3n mon\u00e1stica, cuando dijo: \u00abesforzaos en gran manera por ser del n\u00famero de aquellos que se proponen hacer lo que Mois\u00e9s, puesto frente a la faz del Se\u00f1or, en la cumbre del monte, orando brazos en alto y suplicando al Dios eterno, mientras el pueblo en la llanura luchaba contra el enemigo<a href=\"#sdfootnote42sym\" id=\"sdfootnote42anc\"><sup>42<\/sup><\/a>. Con vuestras oraciones y con vuestras virtudes alcanzad de Dios para esta multitud vacilante, trabajosa y rodeada por todas partes de ej\u00e9rcitos enemigos de las almas, la paz, la concordia, y, sobre todo, aquella sabidur\u00eda de las cosas celestiales de la que tanta necesidad tienen\u00bb<a href=\"#sdfootnote43sym\" id=\"sdfootnote43anc\"><sup>43<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II, hablando en M\u00e9jico a las religiosas, les se\u00f1alaba las luces y sombras en el momento actual de la Iglesia. Refiri\u00e9ndose a estas \u00faltimas, les dec\u00eda: \u00abTampoco faltan ejemplos de confusi\u00f3n acerca de la esencia misma de la vida consagrada y del propio carisma. A veces se abandona la oraci\u00f3n, sustituy\u00e9ndola por la acci\u00f3n; se interpretan los votos seg\u00fan la mentalidad secularizante que difumina las motivaciones religiosas del propio estado; se abandona con mucha ligereza la vida en com\u00fan.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, saliendo al paso, para evitar tales deslices y queriendo afianzar las almas en la palabra de fidelidad dada a Cristo, prosigue: \u00abNo olvid\u00e9is nunca que para mantener un concepto claro del valor de vuestra vida consagrada, necesit\u00e1is una profunda visi\u00f3n de fe, que se alimenta y mantiene en la oraci\u00f3n (PC 6), la misma que os har\u00e1 superar toda incertidumbre acerca de vuestra identidad propia, que os mantendr\u00e1 fieles a esa dimensi\u00f3n vertical que os es esencial para identificaros con Cristo desde las bienaventuranzas y ser testigos aut\u00e9nticos del Reino de Dios para los hombres del mundo actual\u00bb<a href=\"#sdfootnote44sym\" id=\"sdfootnote44anc\"><sup>44<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo Pont\u00edfice reinante destacaba la eficacia de la oraci\u00f3n cuando, dirigi\u00e9ndose a la Uni\u00f3n de Superiores Generales, les dec\u00eda: \u00abNo deb\u00e9is temer, queridos hermanos; recordad frecuentemente a vuestros hermanos que un rato de oraci\u00f3n y verdadera oraci\u00f3n tiene m\u00e1s valor y fruto espiritual que la m\u00e1s intensa actividad, aunque se tratase de la misma actividad apost\u00f3lica. Esta es la \u2018contestaci\u00f3n\u2019 m\u00e1s urgente que los religiosos deben oponer a una sociedad donde la eficacia ha venido a ser un \u00eddolo, sobre cuyo altar no pocas veces se sacrifica hasta la misma dignidad humana\u00bb<a href=\"#sdfootnote45sym\" id=\"sdfootnote45anc\"><sup>45<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sed, queridos monjes, almas de oraci\u00f3n; ahondad cuanto pod\u00e1is en los caminos de la oraci\u00f3n, y ense\u00f1ad al mundo la manera de aprovechar y llenar una vida, hoy que tantas energ\u00edas se pierden por causa de la frivolidad que nos rodea. Que vuestros monasterios sean escuelas de oraci\u00f3n, oasis refrigerantes en medio del desierto de la vida, centros de irradiaci\u00f3n espiritual para un mundo que camina a la deriva, porque se menosprecian los grandes valores del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Trabajo<\/h3>\n\n\n\n<p>A la oraci\u00f3n lit\u00fargica y a la oraci\u00f3n mental podemos a\u00f1adir un tercer elemento caracter\u00edstico de la vida mon\u00e1stica, que desde los primeros tiempos ocup\u00f3 la vida de los monjes. Estos tres elementos quedaron sintetizados en aquella frase, de hondo sabor benedictino, <em>Ora et labora<\/em>, que ha sido, en rigor, la trayectoria seguida por todos los hijos de San Benito, modelos de actividad en todos los campos, porque no hay trabajo alguno al que ellos no se hayan dedicado, habiendo salido de los claustros los mejores maestros especializados en todos los ramos del saber humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, aunque no es \u00e9ste el lugar de extendernos en esta materia, no obstante, queremos destacar entre sus mejores logros aquella clase de actividad a que se dedicaron, suficiente ella sola para asegurarles el reconocimiento universal. A ellos se debe la transmisi\u00f3n del inestimable tesoro de la cultura antigua. Los monjes benedictinos de la Edad Media son el anillo de enlace entre la antig\u00fcedad y el mundo moderno. Sin el tesoro literario de griegos y romanos \u2013recogido cari\u00f1osamente por los monjes\u2013 faltar\u00eda a la cultura moderna uno de sus principales fundamentos.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo cae dentro de la \u00f3rbita del homenaje con que la criatura racional debe honrar a su Creador: es una de las leyes impuestas a la naturaleza humana. Su fundamento estriba en el precepto b\u00edblico. Despu\u00e9s de la creaci\u00f3n del mundo, a\u00f1ade la Biblia que Dios cre\u00f3 al hombre y le puso en el para\u00edso para que lo cultivara y lo guardara, <em>ut operaretur et custodiret illum<a href=\"#sdfootnote46sym\" id=\"sdfootnote46anc\"><sup>46<\/sup><\/a><\/em>. Ya antes del pecado estaba impuesta la ley del trabajo, pero de manera muy distinta a como es ahora: era una labor f\u00e1cil, sin molestia alguna, una especie de himno de alabanza al Supremo Hacedor. Pero despu\u00e9s de la ca\u00edda cambi\u00f3 por completo el panorama: lo que era recreaci\u00f3n fecunda se troc\u00f3 en doloroso deber ingrato a la naturaleza. Ya se lo dijo Dios al primer hombre: <em>Comer\u00e1s el pan con el sudor de tu frente<a href=\"#sdfootnote47sym\" id=\"sdfootnote47anc\"><sup>47<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>San Benito, que no se\u00f1ala a sus monjes de una manera expl\u00edcita el uso de cilicios ni disciplinas, introduce, sin embargo, este excelente medio de mortificaci\u00f3n, dedic\u00e1ndole un largo cap\u00edtulo en que reglamenta minuciosamente la actividad del monje<a href=\"#sdfootnote48sym\" id=\"sdfootnote48anc\"><sup>48<\/sup><\/a>. Seg\u00fan \u00e9l, todo el tiempo disponible, despu\u00e9s del Oficio Divino y de la <em>lectio divina,<\/em> se debe dedicar al trabajo manual. Sienta como principio fundamental aquellas palabras <em>otiositas inimica est animae,<\/em> la ociosidad es enemiga del alma; permite que haya en el monasterio artistas que ejerciten su ingenio, pero exigi\u00e9ndoles que no sean arrastrados de la avaricia cuando se trate de vender el fruto de su arte<a href=\"#sdfootnote49sym\" id=\"sdfootnote49anc\"><sup>49<\/sup><\/a>; s\u00f3lo en caso de necesidad pueden los monjes recoger las mieses por s\u00ed mismos<a href=\"#sdfootnote50sym\" id=\"sdfootnote50anc\"><sup>50<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl insigne patriarca \u2013diremos con Juan XXIII\u2013 puso por fundamento de su gran familia religiosa la oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n contemplativa, recitada y cantada, y juntamente con ella el trabajo intelectual y material, de manera que en todas partes donde llegaron los benedictinos, surgi\u00f3 una floreciente civilizaci\u00f3n de trabajo y bienestar, difundida a lo largo de los siglos, de cuyos frutos se goza a\u00fan en el mundo\u00bb<a href=\"#sdfootnote51sym\" id=\"sdfootnote51anc\"><sup>51<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Digamos, por \u00faltimo, que San Benito prescribe a sus monjes un trabajo no de mero pasatiempo, sino dignamente remunerador: \u00abEntonces ser\u00e1n verdaderos monjes cuando vivan del trabajo de sus manos como nuestros padres y los ap\u00f3stoles\u00bb<a href=\"#sdfootnote52sym\" id=\"sdfootnote52anc\"><sup>52<\/sup><\/a>. No quiere que se entreguen a la mendicidad, ni sean gravosos a nadie, sino que se abastezcan a s\u00ed mismos con su propio trabajo, como lo hac\u00eda el Ap\u00f3stol y como lo hizo el mismo Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Hospitalidad<\/h3>\n\n\n\n<p>Entre las muchas peculiaridades que presenta la Regla benedictina, existe una que la ha hecho proverbial: la que trata de la acogida de los hu\u00e9spedes. A ello dedica el Santo un hermoso cap\u00edtulo lleno de profundas ense\u00f1anzas. Ten\u00eda bien metida en el alma la doctrina de San Pablo, que recomienda sin cesar la hospitalidad<a href=\"#sdfootnote53sym\" id=\"sdfootnote53anc\"><sup>53<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los fundamentos de esta hospitalidad mon\u00e1stica hay que buscarlos en la fe: <em>Lo que hicisteis con alguno de estos mis m\u00e1s peque\u00f1os hermanos conmigo lo hicisteis<a href=\"#sdfootnote54sym\" id=\"sdfootnote54anc\"><sup>54<\/sup><\/a><\/em>. Principio sobrenatural que es el punto de partida del glorioso legislador, tan penetrado de esp\u00edritu evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Si por una parte exhorta a sus hijos a mantenerse ajenos al esp\u00edritu del mundo, <em>saeculi actibus se facere alienum<a href=\"#sdfootnote55sym\" id=\"sdfootnote55anc\"><sup>55<\/sup><\/a><\/em>, por otra, reconociendo que sus monjes viven en un mundo del que no se puede prescindir, y que son cristianos con todas sus consecuencias, quiere que, lejos de cerrar las puertas a los pobres, peregrinos y cuantos se acerquen al monasterio, se les abra de par en par y se les reciba indistintamente cuando se presenten \u00abcomo si fueran el mismo Cristo en persona, pues nos dir\u00e1 un d\u00eda: Hu\u00e9sped fui y me recibisteis\u00bb<a href=\"#sdfootnote56sym\" id=\"sdfootnote56anc\"><sup>56<\/sup><\/a>. Ordena que todos sean tratados con inmensa condescendencia y caridad, llegando al extremo de permitir \u2013por amor al hu\u00e9sped\u2013 el quebrantamiento del ayuno, a no ser que sea de precepto eclesi\u00e1stico.<\/p>\n\n\n\n<p>Admira el esp\u00edritu de fe profunda de que est\u00e1 impregnada la recepci\u00f3n del hu\u00e9sped. San Benito, por tres veces consecutivas, descubre en el que llega a las puertas del monasterio, al mismo Cristo: \u00abRec\u00edbanse a cuantos hu\u00e9spedes llegaren al monasterio como al mismo Cristo en persona.\u00bb Quiere que se les tribute reverencia. \u00abSal\u00fadeseles con una humildad profunda, porque en cuantos hu\u00e9spedes entran o salen del monasterio debe ser adorado Jesucristo, a quien se recibe en sus personas, inclinando la cabeza o postr\u00e1ndose en tierra.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Para el Santo no existe la acepci\u00f3n de personas, todos son iguales en su concepto. \u00danicamente en paridad de circunstancias, si se trata de escoger, como buen imitador del divino Maestro, se inclina por los pobres y peregrinos. \u00abP\u00f3ngase, sobre todo, el mayor cuidado en el recibimiento de pobres y peregrinos, porque en \u00e9stos se recibe a Jesucristo m\u00e1s particularmente que en los dem\u00e1s, porque los ricos y poderosos bastante recomendaci\u00f3n se atraen con su soberan\u00eda para que se les d\u00e9 el honor que les es debido\u00bb<a href=\"#sdfootnote57sym\" id=\"sdfootnote57anc\"><sup>57<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Minucioso es el ceremonial prescrito para realizar esta acogida del que llega en nombre de Cristo, los prolijos ritos y ceremonias se\u00f1aladas en la recepci\u00f3n de hu\u00e9spedes. Ceremonias que \u2013seg\u00fan tengo entendido\u2013 est\u00e1n casi abolidas en el momento actual en que las visitas a los monasterios han sobrepasado todos los c\u00e1lculos. Sin embargo, debe perdurar el esp\u00edritu y los mismos sentimientos de respeto y profunda veneraci\u00f3n hacia la persona del reci\u00e9n llegado, quien espera encontrar en los monasterios hombres llenos de Dios, saturados de afabilidad y caridad evang\u00e9licas.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00edo XII, en la tantas veces mencionada enc\u00edclica <em>Fulgens radiatur,<\/em> da la pauta a los hijos de San Benito sobre la manera de practicar la acogida en el momento actual de la Iglesia. Despu\u00e9s de recordarles el precepto de la Regla \u2013primer mandamiento de la ley\u2013, \u00abnada deben anteponer al amor de Cristo\u00bb, prosigue de esta manera: \u00abJuntamente con este amor ardent\u00edsimo al Redentor Divino ha de darse la caridad con el pr\u00f3jimo. A todos hemos de abrazar como hermanos y ayudarles con todos los medios.\u00bb Por eso, mientras los odios y rivalidades excitan y empujan a los hombres unos contra otros, mientras robos, muertes e infinitas desgracias y miserias son consecuencia de aquellas turbias agitaciones de pueblos y sucesos, San Benito da a sus seguidores estos sant\u00edsimos preceptos: \u00abP\u00f3ngase el mayor esmero en la recepci\u00f3n de hu\u00e9spedes y peregrinos, porque en ellos se reciba a Cristo m\u00e1s particularmente\u00bb<a href=\"#sdfootnote58sym\" id=\"sdfootnote58anc\"><sup>58<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez sea m\u00e1s expl\u00edcito y orientador el mensaje que Pablo VI dirigi\u00f3 a los Abades cistercienses un a\u00f1o antes de su muerte, cuando les dec\u00eda: \u00abSin renunciar en nada al silencio, a la plegaria y al sacrificio en vuestra vida \u2013tratando incluso de evitar que el progreso t\u00e9cnico introduzca una atm\u00f3sfera demasiado ruidosa en vuestras casas\u2013 pod\u00e9is y deb\u00e9is entablar contactos con aquellos que buscan un clima de retiro, un alto espiritual en el camino: sacerdotes, religiosos, laicos, adultos o j\u00f3venes. La hospitalidad que les ofrec\u00e9is generosamente, es un servicio capital que prest\u00e1is a la Iglesia de hoy, es un apostolado particular; y trapenses como Dom Chautard han manifestado hasta qu\u00e9 punto pose\u00edan un alma apost\u00f3lica.\u00bb<a href=\"#sdfootnote59sym\" id=\"sdfootnote59anc\"><sup>59<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ascesis mon\u00e1stica<\/h3>\n\n\n\n<p>Basa San Benito \u2013al igual que los dem\u00e1s fundadores\u2013 la b\u00fasqueda de Dios en la oraci\u00f3n y en una ascesis constante traducida en sacrificio, que constituye la finalidad primordial del monaquismo. En torno a ellas giran todas las dem\u00e1s prescripciones. De ah\u00ed la reducci\u00f3n al m\u00ednimum de las salidas, la exhortaci\u00f3n a que se tenga dentro del Monasterio todo lo necesario: \u00abSi es posible se debe edificar el monasterio de modo que tenga dentro todo lo necesario, esto es, agua, molino, huerta, panader\u00eda y otras piezas donde se puedan ejercer diversos oficios, para que no tengan necesidad los monjes de salir fuera.\u00bb<a href=\"#sdfootnote60sym\" id=\"sdfootnote60anc\"><sup>60<\/sup><\/a> A continuaci\u00f3n explica el por qu\u00e9 no quiere el Santo que sus hijos salgan fuera: <em>Quia omnino non expedit animabus eorum,<\/em> porque es sumamente funesto para la salud de sus almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, cuando la necesidad se impone, el Santo condesciende y autoriza las salidas, siempre que sean aprobadas por la obediencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al examinar de pasada la Regla de San Benito, sorprende que no se hallen en ella aquellas grandes penitencias y maceraciones a que eran tan dados los antiguos monjes de los desiertos, antes sin despreciar esos medios \u2013tan recomendados por los maestros de la vida espiritual\u2013 cala m\u00e1s hondo en el ser humano y descubre una ascesis mucho m\u00e1s positiva, al hacer resaltar la pr\u00e1ctica de las grandes virtudes que forjan los santos: humildad, obediencia, silencio. Pero quiz\u00e1 donde se muestra m\u00e1s peculiar y exigente es en el quebrantamiento de la propia voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre este punto la ascesis benedictina se muestra, a mi modo de ver, extraordinariamente orientadora, pues no solamente despoja a sus hijos de toda posesi\u00f3n externa: \u00abArr\u00e1nquese de ra\u00edz en el monasterio \u2013dice el Santo\u2013 el vicio de la propiedad: ninguno se atreva a dar ni recibir cosa alguna sin licencia del abad, ni tenerla como propia, sea lo que fuere, ni libro, ni pluma, ni papel, ni nada absolutamente: como a quienes no les es permitido tener en su potestad ni aun sus cuerpos\u00bb<a href=\"#sdfootnote61sym\" id=\"sdfootnote61anc\"><sup>61<\/sup><\/a>, sino que llega a la m\u00e1xima exigencia que puede pensarse, al despojo total del coraz\u00f3n, a la oblaci\u00f3n del propio querer.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muchos los pasajes de la Regla donde se habla de este despojo interno. He aqu\u00ed algunos: <em>Voluntatem propriam odire<a href=\"#sdfootnote62sym\" id=\"sdfootnote62anc\"><sup>62<\/sup><\/a><\/em>, odiar la propia voluntad. \u00abNinguno en el monasterio siga su propio criterio\u00bb<a href=\"#sdfootnote63sym\" id=\"sdfootnote63anc\"><sup>63<\/sup><\/a>; \u00abpor lo que toca a nuestra propia voluntad, la Escritura nos proh\u00edbe expresamente seguirla diciendo: Renuncia a tu propia voluntad.\u00bb<a href=\"#sdfootnote64sym\" id=\"sdfootnote64anc\"><sup>64<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Mediante la profesi\u00f3n mon\u00e1stica, el monje se ha entregado totalmente a Dios, en perpetuo holocausto de su persona, ha renunciado a los bienes de la tierra y concentrado en Dios todos los afectos de su coraz\u00f3n. Bien puede decir con San Pedro: <em>He aqu\u00ed que todo lo hemos dejado por seguirte<a href=\"#sdfootnote65sym\" id=\"sdfootnote65anc\"><sup>65<\/sup><\/a><\/em>. Mas para que esta donaci\u00f3n sea total y acepta a Dios, tiene que ir acompa\u00f1ada al mismo tiempo de la entrega del coraz\u00f3n y de la voluntad. En el momento que se reservara una sola fibra de su coraz\u00f3n que no estuviera orientada hacia Dios, el sacrificio no ser\u00eda grato a sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDejar el mundo \u2013dice San Gregorio\u2013 y renunciar a los bienes exteriores es tal vez cosa f\u00e1cil; pero renunciar a s\u00ed mismo, inmolar lo que se tiene en m\u00e1s estima, la libertad, es un sacrificio mucho m\u00e1s arduo. Abandonar lo que uno tiene es poco, pero dejar lo que uno es, constituye la donaci\u00f3n suprema.\u00bb<a href=\"#sdfootnote66sym\" id=\"sdfootnote66anc\"><sup>66<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, que tanto se habla de derechos humanos, de libertad, de emancipaci\u00f3n, tal vez para algunos suene extra\u00f1o este lenguaje exigente de San Benito, que quiere a sus monjes despojados de voluntad propia. Con todo, el Patriarca de Nursia no hace otra cosa sino limitarse a recoger y transmitir a sus hijos el mensaje de Cristo, quien vino a este mundo <em>no a hacer su voluntad, sino la de Aquel que le envi\u00f3<a href=\"#sdfootnote67sym\" id=\"sdfootnote67anc\"><sup>67<\/sup><\/a><\/em>. <em>Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado<a href=\"#sdfootnote68sym\" id=\"sdfootnote68anc\"><sup>68<\/sup><\/a>. Lo que sabemos es que Dios no oye a los pecadores, sino que aquel que honra a Dios y hace su voluntad, \u00e9ste es a quien Dios oye<a href=\"#sdfootnote69sym\" id=\"sdfootnote69anc\"><sup>69<\/sup><\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo San Benito, sino todos los santos llevaron hasta sus \u00faltimas consecuencias este mensaje de Cristo y lo pusieron por fundamento de su entrega total a Dios. Veamos por v\u00eda de ejemplo, c\u00f3mo se expresa sobre este punto un santo que vivi\u00f3 en plenitud el ideal benedictino: \u00abLlamo propia voluntad a la que no es conforme con la de Dios, y de los hombres sus representantes, sino solamente nuestra&#8230; \u00bfQu\u00e9 aborrece Dios, o qu\u00e9 castiga, sino la propia voluntad? Cese la propia voluntad y no habr\u00e1 infierno. <em>Cesset voluntas propria, et infernus non erit.<\/em> \u00bfEn qu\u00e9 se cebar\u00e1 aquel fuego si no es en la propia voluntad?&#8230; La propia voluntad es bestia cruel, p\u00e9sima fiera, rapac\u00edsima loba, feroc\u00edsima leona; <em>haec est crudelis bestia, fera pessima, rapacissima lupa, et hyaena saevissima.<\/em> Esta es aquella lepra inmund\u00edsima del coraz\u00f3n por la cual es preciso meterse en el Jord\u00e1n, imitando a aquel Se\u00f1or que no vino a hacer su voluntad, sino lo que dijo en su Pasi\u00f3n: <em>No se haga, Padre m\u00edo, mi voluntad, sino la tuya.\u00bb<a href=\"#sdfootnote70sym\" id=\"sdfootnote70anc\"><sup>70<\/sup><\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Separaci\u00f3n del mundo<\/h3>\n\n\n\n<p>San Gregorio, al escribir la vida de San Benito, dice que en sus primeros a\u00f1os abandon\u00f3 la casa paterna y todos los bienes de este mundo, con el prop\u00f3sito de agradar a Dios solo, <em>soli Deo desiderans placere<a href=\"#sdfootnote71sym\" id=\"sdfootnote71anc\"><sup>71<\/sup><\/a><\/em>. As\u00ed fue como pudo saber por experiencia los encantos que Dios tiene reservados para las almas en la vida solitaria, y poder luego recomendar a sus hijos, como algo fundamental, la separaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El fin primordial que pretend\u00eda con esta separaci\u00f3n era favorecer la uni\u00f3n con Dios y crear en sus cenobios una atm\u00f3sfera adecuada que ayudase a la contemplaci\u00f3n. Esto implica dos elementos inseparables, oraci\u00f3n y ascesis rigurosa. La primera exige normalmente la soledad; en cambio la segunda requiere la pobreza, el celibato, la obediencia y todas las formas de mortificaci\u00f3n. En esa prosecuci\u00f3n de la uni\u00f3n con Dios existen diversos grados: cuanto m\u00e1s se progresa en ella, m\u00e1s debe crecer el desprendimiento y m\u00e1s radical debe hacerse la separaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si todos los cristianos est\u00e1n obligados, en cierto modo, a realizar cierta especie de ruptura con un mundo que pasa, que se halla sumergido en el pecado de la triple concupiscencia de que habla San Juan, con mayor motivo los religiosos, por su vocaci\u00f3n, deben aislarse de su influencia maligna, si quieren permanecer fieles a Cristo y llegar a la plena posesi\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Huir del mundo no significa despreciar los valores terrestres por parte de los que quieren entregarse s\u00f3lo a Dios, sino defender con decisi\u00f3n el ideal que han abrazado. Por eso en la literatura mon\u00e1stica de la Edad Media, cuando se trata de contar o de caracterizar las vocaciones, la idea del <em>contemptus mundi<\/em> \u2013de un desprecio, de un disgusto del mundo\u2013 es menos frecuente que la idea del deseo de Dios. No es de los hombres de los que se huye, es del pecado, es de los peligros que el mundo hace correr al alma; y aquello hacia lo cual se huye, no es la soledad, es Dios. En este sentido y en esta medida, todo el monaquismo occidental prepara e ilustra este consejo radical que dar\u00e1 San Juan de la Cruz: \u00abConviene que tenga el menos trato que pudiera con gentes, huyendo de ellas, y nunca hablar m\u00e1s de lo necesario en cada cosa: porque de tratar con las gentes m\u00e1s de lo que puramente es necesario y la raz\u00f3n pide, nunca a ninguno, por santo que fuese, le fue bien.\u00bb<a href=\"#sdfootnote72sym\" id=\"sdfootnote72anc\"><sup>72<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Si siempre el mundo fue enemigo declarado de las almas consagradas, tal vez en los tiempos actuales, cuando los medios de comunicaci\u00f3n social tienen un poder fabuloso, se aumenta en sumo grado el peligro. De aqu\u00ed las tristes defecciones que se est\u00e1n dando, el poco esp\u00edritu reinante en no pocas comunidades, el vivir en otras arrastrando una existencia rutinaria y bien poco ajustada al esp\u00edritu religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario, queridos hijos, estar en guardia, cercenar todos aquellos incentivos de disipaci\u00f3n, como suelen ser radio, prensa, televisi\u00f3n, sobre todo, que llenan el esp\u00edritu de bagatelas, secan el coraz\u00f3n y hacen perder lastimosamente un tiempo precioso que Dios nos ha dado para dedicarlo a su servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me ocurre haceros esta reflexi\u00f3n: \u00bfDe qu\u00e9 sirve vivir en soledad si se abren de par en par las puertas al ruido ensordecedor del mundo? Ten\u00e9is que vivir en el mundo sin ser del mundo \u2013o como os dice vuestro Padre, <em>aborrecer la conducta y m\u00e1ximas del mundo<\/em>\u2013<a href=\"#sdfootnote73sym\" id=\"sdfootnote73anc\"><sup>73<\/sup><\/a>, ajenos a sus pasatiempos y frivolidades y siempre dispuestos a sacrificaros por ese mundo que os aborrece y no os comprende.<\/p>\n\n\n\n<p>El malogrado Juan Pablo I, cuyo pontificado fugaz apenas dio tiempo para apreciar sus m\u00faltiples valores, ten\u00eda preparada una preciosa alocuci\u00f3n que hab\u00eda de pronunciar ante los Padres de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, el 30 de septiembre de 1978, dos d\u00edas despu\u00e9s de su fallecimiento. Por su indiscutible importancia, Juan Pablo II la hizo suya y mand\u00f3 transmitir su contenido al Superior General de los Jesuitas a trav\u00e9s de la Secretar\u00eda de Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>En ella \u2013despu\u00e9s de ponderar la fecunda labor de la Compa\u00f1\u00eda a trav\u00e9s de los tiempos y de c\u00f3mo siempre he estado al lado de los Pont\u00edfices\u2013 se\u00f1ala algunas sombras y lunares que la afectan en el momento actual. Seguidamente les traza unas sendas luminosas para poder continuar en esa trayectoria tradicional de ser los abanderados de la fe y doctrina cat\u00f3licas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo solamente quiero fijarme en una idea que bien puede aplicarse a todos los religiosos en esta hora de los grandes cambios. Despu\u00e9s de recordarles que el secreto de su fuerza ha estado siempre en la severa disciplina, fruto de la rigurosa asc\u00e9tica ignaciana, alimentada por una intensa vida espiritual, sostenida por el ejercicio de una obediencia madura y viril, les pone en guardia contra el esp\u00edritu del mundo secularizante: \u00abNo permit\u00e1is que tendencias secularizadoras lleguen a entrar y a turbar vuestras comunidades, a disipar ese ambiente de recogimiento y de oraci\u00f3n en que se va templando el ap\u00f3stol, e introduzcan actividades y conductas seculares que no caen bien a los religiosos. El obligado contacto apost\u00f3lico con el mundo no significa asimilaci\u00f3n con \u00e9l; al contrario, exige una diferenciaci\u00f3n que salvaguarda la identidad del ap\u00f3stol, de modo que en realidad sea la sal de la tierra y la levadura que hace fermentar la masa\u00bb. (Cf. <em>Acta Romana Societatis Iesu,<\/em> 17 (1977-1979) 210)<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Irradiaci\u00f3n perenne de San Benito<\/h2>\n\n\n\n<p>El monaquismo no ha tenido propiamente fundador directo. Es un fen\u00f3meno que se inici\u00f3 en los primeros tiempos de la Iglesia, aunque la Biblia nos habla ya de ciertos disc\u00edpulos de los profetas que viv\u00edan en torno a ellos, bien en soledad, bien en compa\u00f1\u00eda de otros, para entregarse a una vida m\u00e1s orientada a la b\u00fasqueda de Dios, henchida de esperanza, en una dura ascesis. Los desiertos de Qumr\u00e1n son un ejemplo patente de la exigencia de estos precursores del monaquismo<a href=\"#sdfootnote74sym\" id=\"sdfootnote74anc\"><sup>74<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, fueron los disc\u00edpulos del Se\u00f1or quienes deseando llevar a la pr\u00e1ctica sus ense\u00f1anzas, sobre todo aquel <em>si vis perfectus esse&#8230;,<\/em> \u00absi quieres ser perfecto\u00bb, se obligaron a unas normas de vida mucho m\u00e1s estrechas que el com\u00fan de los cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabido es c\u00f3mo los desiertos de Oriente comenzaron bien pronto a poblarse de ascetas, en los primeros siglos del cristianismo. All\u00ed donde un grupo de almas se retiraba y compromet\u00eda a vivir el Evangelio en toda su plenitud, al punto surg\u00eda un centro de vida mon\u00e1stica donde los monjes \u2013entregados a una vida de completa renuncia\u2013 escalaron las sendas m\u00e1s encumbradas del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Cundi\u00f3 tambi\u00e9n la misma idea en Occidente, y fue San Benito uno de sus m\u00e1ximos representantes, por haber vivido con tal hondura la vida mon\u00e1stica, por haberla difundido con tal \u00edmpetu, y haber trazado para ella unas directrices tan h\u00e1biles y oportunas, que ha sido considerado con justicia <em>Padre de los monjes de Occidente.<\/em> Su sabia Regla imprimi\u00f3 en ella una impronta tan inconfundible, que a pesar de los siglos se ha mantenido y sigue produciendo los frutos m\u00e1s fecundos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Dimensi\u00f3n actual de monaquismo<\/h3>\n\n\n\n<p>Centrada la vida contemplativa en Cristo, podemos decir que sus seguidores constituyen la porci\u00f3n m\u00e1s escogida y selecta de la Iglesia, sin otra aspiraci\u00f3n m\u00e1s que la santidad. El Vaticano II as\u00ed lo reconoci\u00f3 cuando dijo: \u00abLos Institutos puramente contemplativos, cuyos miembros, dados totalmente a Dios en la soledad, en el silencio, en la oraci\u00f3n constante y en la austera penitencia, por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, ocupan siempre una parte preeminente en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, en que todos los miembros no tienen la misma funci\u00f3n.\u00bb<a href=\"#sdfootnote75sym\" id=\"sdfootnote75anc\"><sup>75<\/sup><\/a>Por eso, lejos de permitir que se variaran las estructuras, orden\u00f3 que se conservasen en todo su vigor, si bien con un esp\u00edritu renovado y adaptado a la mentalidad de los primeros fundadores. Imposible que mandara cambiar las estructuras fundamentales de una vida cuya principal finalidad consiste en seguir de cerca los pasos del Divino Modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia nos ofrece, desde la edad m\u00e1s remota, el maravilloso testimonio que dieron siempre estos seguidores de Cristo, cuyo af\u00e1n fue la b\u00fasqueda sincera de Dios, el amor entra\u00f1able e indiviso a Cristo, la entrega total y absoluta al trabajo en la expansi\u00f3n de su Reino. \u00abDesde los or\u00edgenes del cristianismo \u2013escribe el inmortal P\u00edo XII\u2013 los monjes esparcieron el esplendor radiante del Evangelio en el jard\u00edn de la Iglesia, como flores frescas y reci\u00e9n nacidas. Fieles a las inspiraciones de la gracia, victoriosos sobre la concupiscencia de la carne y de los ojos, as\u00ed como sobre la soberbia de la vida, desligados por esto mismo de las trabas de aqu\u00ed abajo, inflamados en el amor de Dios y de los hombres, se entregaban totalmente a la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. Anacoretas, cenobitas, v\u00edrgenes consagradas, sub\u00edan alegremente por el monte de Dios, apoyados en la oraci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n de las cosas celestiales, la mortificaci\u00f3n corporal voluntaria y el ejercicio de todas las virtudes.\u00bb<a href=\"#sdfootnote76sym\" id=\"sdfootnote76anc\"><sup>76<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>A la vista de los maravillosos frutos reportados a la humanidad por los monjes, nos asalta de nuevo la idea de pregonar la labor amplia e incansable de los hijos de San Benito en favor de la fe y la piedad, la cultura y la civilizaci\u00f3n. Pero no es nuestro intento este, sino s\u00f3lo responder al tema propuesto, o sea, c\u00f3mo es de suma actualidad la vida mon\u00e1stica, tal como \u00e9l la configur\u00f3, seguida de cerca \u2013al cabo de casi quince siglos\u2013 por millares de hijos e hijas, diseminados por todos los rincones del orbe.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello, nada mejor que recurrir al Magisterio de la Iglesia, faro que debe iluminar siempre la senda del creyente cuando trate de descubrir la autenticidad de algo importante.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescindiendo ahora de la doctrina conciliar, tan esclarecedora en este punto, y m\u00e1s conocida, nos fijaremos en el testimonio de los \u00faltimos Pont\u00edfices.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os, escribiendo Pablo VI al Abad General de los Cistercienses de la Estrecha Observancia, les dec\u00eda entre otras cosas: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 excelente es vuestra vida, c\u00f3mo se gana los esp\u00edritus, qu\u00e9 utilidad ofrece a la Iglesia cuando la viv\u00eds de tal modo que es perfecta bajo todos los aspectos, cuando cumpl\u00eds con fiel diligencia los votos a que os obligasteis en la profesi\u00f3n religiosa!&#8230; Redunda adem\u00e1s la misi\u00f3n contemplativa en provecho de toda la Iglesia. De ella necesita \u00e9sta para aumentar la vida interior de sus hijos todos, con el ejemplo de esas almas sol\u00edcitas s\u00f3lo de unirse a Dios y atra\u00eddas por el amor de las cosas celestiales. Si llegan a faltar esas almas, si su vida languidece y se debilita, se sigue necesariamente una p\u00e9rdida de fuerzas en todo el Cuerpo M\u00edstico de Cristo. Y si esto acontece, el conocimiento de las cosas divinas, la teolog\u00eda, la sagrada predicaci\u00f3n, el apostolado y la vida cristiana de los fieles sufrir\u00e1n por ello graves da\u00f1os. La llama m\u00edstica del contemplativo mantiene vivo en la Iglesia el conocimiento de Dios, que se alcanza con la experiencia. Sin \u00e9ste, faltar\u00eda una de las formas como el Pueblo de Dios tiene que conocer al Verbo. Los corazones de los hombres, para no secarse, piden por eso, que el agua viva alumbrada por los contemplativos, les llegue de un hontanar secreto.\u00bb<a href=\"#sdfootnote77sym\" id=\"sdfootnote77anc\"><sup>77<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Responsabilidad tremenda la que pesa sobre los contemplativos en esta hora en que la crisis de fe se acent\u00faa en todas las esferas y una ola de materialismo se est\u00e1 ense\u00f1oreando de la sociedad. Los Pastores de la Iglesia \u2013hablemos con claridad\u2013 comprobamos con dolor una disminuci\u00f3n de fuerzas apost\u00f3licas en los que formamos el Cuerpo M\u00edstico. \u00bfNo ser\u00e1 acaso porque todos, y tambi\u00e9n la porci\u00f3n m\u00e1s escogida de la Iglesia, los dedicados a la contemplaci\u00f3n, nos hemos enfriado en el amor, y perdido el contacto con las fuentes de gracia que en otras \u00e9pocas corr\u00eda a raudales y se difund\u00eda con profusi\u00f3n por todo ese Cuerpo M\u00edstico?<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s recientemente, el mismo Pont\u00edfice, en un encuentro que tuvo con los Abades Cistercienses, subray\u00f3 de nuevo la plena vigencia de la vida consagrada en el retiro del claustro. Se pregunta el Papa si todav\u00eda, en la hora actual, tiene raz\u00f3n de ser la vida contemplativa, si le dice algo al hombre de nuestro tiempo. \u00c9l mismo se contesta a lo primero con un s\u00ed rotundo por doble motivo. \u00abPorque la santidad es el amor de Dios, el \u00fanico que puede colmar el coraz\u00f3n humano, y porque precisamente los contemplativos persiguen ese amor&#8230; Adem\u00e1s, vuestra vida constituye tambi\u00e9n un ejemplo sin par que est\u00e1 necesitando nuestra sociedad, la cual se deja absorber a menudo enteramente por los bienes temporales. Los islotes, o mejor, los collados de silencio y oraci\u00f3n que constru\u00eds, contribuyen a restablecer, visiblemente y m\u00e1s a\u00fan en el misterio de la comuni\u00f3n de los santos, el equilibrio espiritual de un mundo que, de otro modo, perder\u00eda el sentido de lo esencial en medio de este activismo febril&#8230; Si vuestra vida escondida en Dios no siempre es comprendida por nuestros contempor\u00e1neos, incluso cristianos, contin\u00faa siendo para ellos una interpelaci\u00f3n, una llamada, un atractivo tanto m\u00e1s poderoso cuanto que vuestra predicaci\u00f3n es vuestro silencio.\u00bb<a href=\"#sdfootnote78sym\" id=\"sdfootnote78anc\"><sup>78<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Juan Pablo II, en el poco tiempo que lleva de pontificado, ha manifestado reiteradamente su gran estima por la vida religiosa, concretamente por la contemplativa. En M\u00e9xico, al hablar a las religiosas, en la Catedral de Guadalajara, despu\u00e9s de recordarles que el Magisterio de la Iglesia ha manifestado siempre su aprecio por la vida dedicada a la oraci\u00f3n, al silencio y a un modo singular de entrega a Dios, se hace esta pregunta: \u00abEn estos momentos de tantas transformaciones en todo, \u00bfsigue teniendo significado este tipo de vida o es algo ya superado?\u00bb El mismo Papa se contesta: \u00abS\u00ed, vuestra vida tiene m\u00e1s importancia que nunca, vuestra consagraci\u00f3n total es de plena actualidad. En un mundo que va perdiendo el sentido de lo divino, ante la supervaloraci\u00f3n de lo material, vosotras, queridas religiosas, comprometidas desde vuestros claustros en ser testigos de unos valores por los que viv\u00eds, sed testigos del Se\u00f1or para el mundo de hoy, infundid con vuestra oraci\u00f3n un nuevo soplo de vida en la Iglesia y en el hombre actual. Especialmente en la vida contemplativa se trata de realizar una unidad dif\u00edcil: manifestar el misterio de la Iglesia en el mundo presente y gustar ya aqu\u00ed, ense\u00f1\u00e1ndoselo a los hombres \u2013como dice San Pablo\u2013 las cosas de all\u00e1 arriba (Col 1, 3). El ser contemplativo no supone cortar radicalmente con el mundo, con el apostolado. La contemplativa tiene que encontrar su modo espec\u00edfico de extender el Reino de Dios, de colaborar en la edificaci\u00f3n de la ciudad terrena, no s\u00f3lo con sus plegarias y sacrificios, sino con su testimonio silencioso, es verdad, pero que pueda ser entendido por los hombres de buena voluntad con los que est\u00e9 en contacto.\u00bb<a href=\"#sdfootnote79sym\" id=\"sdfootnote79anc\"><sup>79<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Poco antes hab\u00eda dicho a las Superiores Generales unas palabras que constituyen todo un programa de vida que debe sacudir hondamente el coraz\u00f3n de todos los consagrados: \u00abLa Iglesia y el mismo mundo tienen m\u00e1s necesidad que nunca de hombres y mujeres que sacrifiquen todo para seguir a Cristo seg\u00fan lo hicieron los ap\u00f3stoles.\u00bb<a href=\"#sdfootnote80sym\" id=\"sdfootnote80anc\"><sup>80<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Este sacrificarlo todo para seguir a Cristo lleva un eco del mensaje paulino <em>omnia arbitror ut stercora, ut Christum lucrifaciam,<\/em> todo lo estimo como basura, con tal de ganar a Cristo; o bien, el tan conocido de los hijos de San Benito: <em>Christo omnino nihil praeponant<a href=\"#sdfootnote81sym\" id=\"sdfootnote81anc\"><sup>81<\/sup><\/a>,<\/em> que nada antepongan a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La hora de los monjes<\/h3>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la elecci\u00f3n de los doce Ap\u00f3stoles, nos dice San Lucas que descendiendo Jes\u00fas de la monta\u00f1a, se par\u00f3 en un llano, en compa\u00f1\u00eda de sus disc\u00edpulos y de una gran muchedumbre de todos los pueblos y ciudades vecinas que hab\u00edan acudido a escucharle y a que les curase de sus enfermedades. A\u00f1ade el evangelista que <em>toda la gente procuraba tocarle, porque sal\u00eda de \u00c9l una fuerza que sanaba a todos: virtus de illo exibat et sanabat omnes<a href=\"#sdfootnote82sym\" id=\"sdfootnote82anc\"><sup>82<\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo as\u00ed ocurre en vuestras vidas. El monte, por ser lugar adecuado para la oraci\u00f3n es sin\u00f3nimo de desierto, de soledad, donde el alma se sumerge en Dios y se llena de esa fuerza interior que conmueve al mundo. Vuestros monasterios son desiertos en medio del mundo, oasis refrigerantes, lugar de cita del Esp\u00edritu Santo, o bien \u00ablecho donde reposa el Esposo divino \u2013en frase de San Bernardo\u2013 en los cuales se lleva una vida exenta de los cuidados e inquietudes del siglo.\u00bb<a href=\"#sdfootnote83sym\" id=\"sdfootnote83anc\"><sup>83<\/sup><\/a>Las almas que hab\u00e9is sido favorecidas con una vocaci\u00f3n tan sublime, de poder disfrutar de la soledad de estos \u00abdesiertos\u00bb, deb\u00e9is saturaros de Dios y gozar de una experiencia muy \u00edntima suya para poder comunicarlo al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que ha llegado la hora de los contemplativos. Ellos est\u00e1n llamados a salvar a la humanidad en esta hora en que fallan todos los c\u00e1lculos y previsiones humanas. El mundo siente ansias de descubrir horizontes de otra vida muy distinta de la que lleva de confort, diversi\u00f3n, pasatiempos, org\u00eda. Se halla desalentado y suspira por algo que llene de veras el coraz\u00f3n humano. Ese algo se lo deben se\u00f1alar con su conducta los monjes contemplativos. Ellos har\u00e1n sentir la fuerza que brota del contacto perenne con lo sagrado, capaz de convertir los corazones y atraerlos hacia el bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00e9is que predicar a los hombres \u2013queridos monjes y monjas\u2013 con el silencio de vuestras vidas sumergidas en la oscuridad, las realidades que ellos ignoran; ten\u00e9is que contagiarles con vuestra vida llena de Dios. No se concibe un contemplativo que no sea ap\u00f3stol, pero ap\u00f3stol de vanguardia que avive el fuego en las almas e influya a gran escala en la conversi\u00f3n del incr\u00e9dulo, en el triunfo de la verdad, en las victorias del apologista, del predicador, del sacerdote que trabaja con celo incansable en los diversos campos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNinguna de las preocupaciones eclesiales \u2013dec\u00eda Pablo VI hablando a los Abades del C\u00edster\u2013 os debe ser extra\u00f1a. Sufr\u00eds con nosotros el drama espiritual de nuestras generaciones. La Iglesia, por su parte, tiene el sentido de lo que represent\u00e1is para ella; tiene necesidad m\u00e1s que nunca de la penitencia aceptada alegremente y de la oraci\u00f3n asidua que sube desde vuestros claustros para dar testimonio de lo absoluto de Dios.\u00bb<a href=\"#sdfootnote84sym\" id=\"sdfootnote84anc\"><sup>84<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Y dirigi\u00e9ndose a las abadesas benedictinas, les dec\u00eda: \u00abNo s\u00f3lo ten\u00e9is asignado un puesto en la Iglesia cat\u00f3lica, sino una funci\u00f3n, como dice el Concilio; no est\u00e1is separadas de la gran comuni\u00f3n de la familia de Cristo; est\u00e1is especializadas, y vuestra especialidad es hoy, no menos que ayer, eficaz y edificante para toda la Iglesia, m\u00e1s a\u00fan para toda la sociedad&#8230; Sois las delegadas para la conversaci\u00f3n con Dios y para la expiaci\u00f3n vicaria por parte de la familia cristiana y humana&#8230; Vuestra vocaci\u00f3n mon\u00e1stica exige la soledad y la clausura; pero no deb\u00e9is nunca consideraros por ello aisladas y separadas de la solidaridad con toda la Iglesia.\u00bb<a href=\"#sdfootnote85sym\" id=\"sdfootnote85anc\"><sup>85<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo entra en los planes de la Iglesia \u2013escrib\u00eda el Papa a los cistercienses\u2013 mandaros salir del monasterio y ayudar directamente a vuestros contempor\u00e1neos, m\u00e1s bien os empuja a que est\u00e9is presentes de una manera m\u00e1s profunda, a saber, en las entra\u00f1as de Cristo. Pues ahora m\u00e1s que nunca la Iglesia desea ardientemente que particip\u00e9is del gozo y de la esperanza, de la tristeza y de la angustia de los hombres de nuestro tiempo.\u00bb<a href=\"#sdfootnote86sym\" id=\"sdfootnote86anc\"><sup>86<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En esta hora angustiosa en que nos ha tocado vivir, cuando el hombre intenta prescindir de Dios y el mal va cundiendo cada d\u00eda m\u00e1s, son necesarias almas robustas y esforzadas que, al modo de Santa Catalina de Siena, tomen sobre s\u00ed la responsabilidad de cargar, de un modo m\u00edstico, pero real, con la navecilla de la Iglesia. Estas almas valerosas, \u00bfd\u00f3nde podremos encontrarlas? Sin duda en la oscuridad de los claustros monacales, que constituyen la reserva esperanzadora de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta s\u00faplica henchida de esperanza, de las almas contemplativas, se acoge sin cesar el actual Pont\u00edfice siempre que se le ofrece ocasi\u00f3n. Valga para todas el encuentro tenido el pasado a\u00f1o con las religiosas de clausura, a quienes dec\u00eda: \u00abHe aqu\u00ed la forma preciosa de colaboraci\u00f3n que vosotras, religiosas de clausura, de vida eminentemente contemplativa, ofrec\u00e9is a la Iglesia para bien de las almas. No s\u00f3lo os pido que persever\u00e9is en vuestro prop\u00f3sito, sino que os exhorto a progresar cada vez m\u00e1s en la amistad con Dios, a reavivar continuamente la llama del amor, como volcanes cubiertos de nieve. En la hora presente, tan dif\u00edcil por las muchas dificultades que presenta, vuestra oraci\u00f3n, alimentada por el sacrificio en la soledad y en el silencio, atraiga sobre la tierra la bondad misericordiosa de Dios.\u00bb<a href=\"#sdfootnote87sym\" id=\"sdfootnote87anc\"><sup>87<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Digamos, por \u00faltimo, que el monje en el retiro del claustro, con su vida de silencio y austeridad, sin pronunciar una sola palabra, est\u00e1 proclamando a la faz del mundo que Dios existe, que Dios lo es todo para el hombre, que Dios tiene derecho a ser amado y s\u00f3lo \u00c9l es capaz de saciar el ansia de felicidad que siente el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede haber casos en los cuales el monje se vea en la necesidad de dejar su retiro y tener que hablar de Dios a los hombres. Entonces debe seguir la conducta de aquel otro gran monje y maestro de contemplativos, San Bernardo, quien vi\u00e9ndose en la precisi\u00f3n constante de tener que salir de su Monasterio a solucionar los m\u00e1s dif\u00edciles problemas de su tiempo, empleaba un lenguaje de fuego que no pod\u00eda menos de abrasar y transformar los corazones. \u00c9l mismo nos explica de d\u00f3nde sacaba aquella fuerza arrolladora: \u00abEs propio de la verdadera y pura contemplaci\u00f3n que el alma abrasada en el fuego divino se inflame en un celo tan ardiente y en un deseo tan vehemente de dar a Dios corazones que le amen, que abandone voluntariamente el reposo de la contemplaci\u00f3n por los trabajos de la predicaci\u00f3n. Despu\u00e9s, ya satisfecho su ardor, torna a la contemplaci\u00f3n con tanta mayor presteza, cuanto con mayor fruto recuerda haberla interrumpido. Y de nuevo, despu\u00e9s de gustar las dulzuras de la contemplaci\u00f3n, vuelve con renovado vigor a la conquista de otras almas para Dios.\u00bb<a href=\"#sdfootnote88sym\" id=\"sdfootnote88anc\"><sup>88<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En el coraz\u00f3n de la Iglesia<\/h3>\n\n\n\n<p>La frase no es nueva. Poco a poco se va abriendo camino desde que Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas la emple\u00f3 tan oportuna y sabiamente al tratar de explicar el por qu\u00e9 de su misi\u00f3n en la Iglesia. Cuenta la Santa que un d\u00eda fue recorriendo en la meditaci\u00f3n los diversos oficios que los miembros del Cuerpo M\u00edstico de Cristo \u2013seg\u00fan San Pablo\u2013 desarrollaban en la Iglesia. A cada uno le fue se\u00f1alando su funci\u00f3n, y al llegar a ella, tuvo una feliz idea cuando \u00abla caridad\u00bb le dio \u00abla clave\u00bb de su vocaci\u00f3n. \u00abComprend\u00ed que, si la Iglesia ten\u00eda un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no pod\u00eda faltarle el m\u00e1s necesario, el m\u00e1s noble de todos los \u00f3rganos, comprend\u00ed que ten\u00eda un coraz\u00f3n, y que este coraz\u00f3n estaba abrasado de amor; comprend\u00ed que el amor \u00fanicamente es el que imprime movimiento a todos los miembros; que si el amor llegase a apagarse, ya no anunciar\u00edan los ap\u00f3stoles el Evangelio, y los m\u00e1rtires rehusar\u00edan derramar su sangre. Comprend\u00ed que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares porque es eterno. Y exclam\u00e9 en un transporte de alegr\u00eda delirante: \u00a1Oh Jes\u00fas, Amor m\u00edo, al fin he hallado mi vocaci\u00f3n! \u00a1Mi vocaci\u00f3n es el amor! S\u00ed, hall\u00e9 el lugar que me corresponde en el seno de la Iglesia, lugar, \u00a1oh, Dios m\u00edo!, que me hab\u00e9is se\u00f1alado Vos mismo; en el coraz\u00f3n de mi Madre la Iglesia, ser\u00e9 el amor&#8230;, as\u00ed lo ser\u00e9 todo; as\u00ed se realizar\u00e1n mis ensue\u00f1os.\u00bb<a href=\"#sdfootnote89sym\" id=\"sdfootnote89anc\"><sup>89<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Gran descubrimiento para la Santa fue el saberse ocupando un puesto clave dentro del organismo eclesial. Ello la obligar\u00eda a darse m\u00e1s y m\u00e1s al amor, para que la vida divina corriera a raudales a trav\u00e9s de ella y se difundiera por todos los miembros. Entonces fue cuando sinti\u00f3 con una fuerza inquietante la vocaci\u00f3n de guerrero, de sacerdote, de ap\u00f3stol, de doctor, de m\u00e1rtir, cuando hubiera deseado ser madre de las almas, ejercer todas las acciones m\u00e1s heroicas, cuando sinti\u00f3 valor de cruzado, cuando deseaba morir en el campo de batalla en defensa de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>En el coraz\u00f3n de la Iglesia viv\u00eda sumergido aquel monje que ha inmortalizado la Trapa de San Isidro, el Hermano Rafael, cuando escrib\u00eda: \u00abQuisiera ver al mundo postrado ante el Sagrario, ante la Cruz. Qu\u00e9 pena pensar en tantos hermanos m\u00edos que, alejados de la verdad, ponen sus ideales en un fin terreno, en un bienestar caduco, en un poder que no ha de durar. Publiquemos las grandezas de Dios, y hagamos llegar al coraz\u00f3n de nuestros hermanos los tesoros de gracias que Dios derrama a manos llenas sobre nosotros; publiquemos a los cuatro vientos nuestra fe; llenemos el mundo de gritos de entusiasmo por tener un Dios tan bueno; no nos cansemos de predicar su Evangelio, y de decir a todo el que nos quiera o\u00edr que Cristo muri\u00f3 amando clavado en un madero.., que muri\u00f3 por m\u00ed&#8230;, por ti&#8230;, por aqu\u00e9l&#8230;, y si nosotros de veras amamos, no lo ocultemos, no pongamos la luz que puede alumbrar a otros, debajo del celem\u00edn\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl alma quisiera volar por el mundo entero y gritar a los cuatro vientos la grandeza de Dios. Quisiera volar por el mundo gritando a todos sus moradores: \u00a1Dios&#8230;, Dios y s\u00f3lo \u00c9l! \u00bfQu\u00e9 busc\u00e1is? \u00bfQu\u00e9 mir\u00e1is? \u00a1Pobre mundo dormido que no conoce las maravillas de Dios! \u00a1Pobre mundo en silencio que no entona un himno de amor a Dios!.\u00bb<a href=\"#sdfootnote90sym\" id=\"sdfootnote90anc\"><sup>90<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Pablo VI, con ocasi\u00f3n de ofrecer los cirios por \u00e9l bendecidos en la Fiesta de la Presentaci\u00f3n, a las casas religiosas de vida contemplativa, acot\u00f3 para s\u00ed la frase, al mismo tiempo que tributaba un nuevo elogio a la vida consagrada en el retiro del claustro: \u00abQueremos que estas islas de silencio, de penitencia y de meditaci\u00f3n sepan, tambi\u00e9n mediante este nuestro signo simb\u00f3lico, que no est\u00e1n olvidadas ni separadas de la comuni\u00f3n de la Iglesia de Dios, sino m\u00e1s bien constituyen su coraz\u00f3n, alimentan su espiritual riqueza, subliman su plegaria, sostienen su caridad, distribuyen los sufrimientos, las fatigas, el apostolado, la esperanza, acrecientan sus m\u00e9ritos.\u00bb<a href=\"#sdfootnote91sym\" id=\"sdfootnote91anc\"><sup>91<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En esa perspectiva del puesto tan vital que ocupan las comunidades contemplativas en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, recomendaba pocos d\u00edas despu\u00e9s \u2013a las religiosas camaldulenses\u2013 los hondos problemas que padec\u00eda la Iglesia: \u00abDeb\u00e9is sentir hondamente este esp\u00edritu de solidaridad con toda la Iglesia. Y aqu\u00ed pod\u00eda deciros muchas cosas. Sabed que la Iglesia sufre, sabed que la Iglesia encuentra obst\u00e1culos: en muchos lugares no puede hablar, no puede propagarse; sabed que todav\u00eda muchos cristianos y cristianas, incluso muchas religiosas no pueden profesar su fe, su vocaci\u00f3n, porque las condiciones del mundo no se lo permiten. Deb\u00e9is llevar en vuestro coraz\u00f3n este sufrimiento de la Iglesia, y estar tambi\u00e9n vosotras crucificadas como el Se\u00f1or est\u00e1 crucificado en estas almas que, por su gloria y su nombre, sufren la pasi\u00f3n del mundo.\u00bb<a href=\"#sdfootnote92sym\" id=\"sdfootnote92anc\"><sup>92<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n nuestro Juan Pablo II sinti\u00f3 preferencia por la frase, y la emple\u00f3 al comienzo de su pontificado, en un encuentro que tuvo con religiosas de clausura, a las que dijo: \u00abOs saludo a todas con particular intensidad de sentimientos&#8230; Os encomiendo a la Iglesia y a Roma, os encomiendo a los hombres y al mundo. A vosotras, a vuestras oraciones, a vuestro \u201cholocausto\u201d. Me encomiendo tambi\u00e9n a m\u00ed mismo, Obispo de Roma. Est\u00e1is conmigo, junto a m\u00ed, \u00a1vosotras que est\u00e1is en el \u201ccoraz\u00f3n de la Iglesia\u201d! Que se cumpla, en cada una de vosotras, lo que constituy\u00f3 el programa de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas: <em>\u201cIn<\/em> <em>corde Ecclesiae amor ero\u00bb: <\/em>En el coraz\u00f3n de la Iglesia ser\u00e9 el amor.\u00bb<a href=\"#sdfootnote93sym\" id=\"sdfootnote93anc\"><sup>93<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Siendo el amor la raz\u00f3n de ser del cristiano y el que da contenido eficiente a su vida, pienso que la eficacia apost\u00f3lica de una vida consagrada a la contemplaci\u00f3n est\u00e1 en proporci\u00f3n directa del grado de uni\u00f3n que tenga con Cristo por el amor. Por eso pueden darse \u2013y de hecho se han dado\u2013 grandes ap\u00f3stoles entre los contemplativos, aun cuando nunca se hayan entregado a los trabajos exteriores. Todo depende del amor que arda en sus corazones. El monje irradiar\u00e1 en la Iglesia, en la medida en que progrese en el amor, dentro de su entrega total a Cristo. De aqu\u00ed que la Iglesia considere hoy a los contemplativos como una de las m\u00e1s ricas esperanzas. Quiere de ellos que sean almas totalmente entregadas y ancladas en Cristo, siempre \u00abdispuestas a cargar sobre sus hombros la m\u00edstica Navecilla\u00bb, centinelas que velen d\u00eda y noche sobre la humanidad, siempre con los brazos levantados en la cima del monte, para obtener los m\u00e1s se\u00f1alados triunfos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n: invitaci\u00f3n a la interioridad<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta Carta Pastoral va dirigida particularmente a los monjes y monjas benedictino-cistercienses, aunque espero que su lectura sea de no poco provecho a todos nuestros amados hijos de la Di\u00f3cesis, a quienes exhorto vivamente a unirse en esp\u00edritu a esta celebraci\u00f3n hist\u00f3rica, honrando al glorioso Santo y procurando aprovecharse de su doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque San Benito tiene mucho que decir al hombre de hoy. Su mensaje es siempre nuevo y actual. Lo ha puesto bien de relieve recientemente Juan Pablo II en la visita a Montecasino. Despu\u00e9s de considerarle como el hombre \u00abm\u00e1s representativo y verdadero gigante de la historia\u00bb, por ser \u00abgrande no s\u00f3lo por su santidad, sino tambi\u00e9n por su inteligencia y laboriosidad que supieron imprimir un nuevo curso a los acontecimientos de la historia\u00bb, nos traza con mano maestra algunas directrices de ese mensaje lleno de contenido, al a\u00f1adir: \u00abEn esta noche oscura de la historia, San Benito fue un astro luminoso. Dotado de una profunda sensibilidad humana, San Benito, en su proyecto de reforma de la sociedad, mir\u00f3 sobre todo al hombre individualmente considerado como persona. La dignidad del trabajo entendido como servicio de Dios y de los hermanos. La necesidad de la contemplaci\u00f3n, es decir, la oraci\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn s\u00edntesis, se puede decir que el mensaje de San Benito es una invitaci\u00f3n a la interioridad. El car\u00e1cter teoc\u00e9ntrico y lit\u00fargico de la reforma social defendida por San Benito, parece repetir la c\u00e9lebre exhortaci\u00f3n de San Agust\u00edn: <em>Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiori hominis habitat veritas:<\/em> no salgas al exterior, entra dentro de ti mismo, la verdad habita en el hombre interior.\u00bb<a href=\"#sdfootnote94sym\" id=\"sdfootnote94anc\"><sup>94<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la gran llamada que nos hace la Iglesia a todos a trav\u00e9s de este acontecimiento que conmemoramos. El paso de San Benito por la historia no se puede borrar. Olvidarla supone un retroceso hacia la oscuridad; deformarla, una tr\u00e1gica equivocaci\u00f3n; seguirla fielmente, una garant\u00eda de fecundidad en el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Os bendigo a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en Montecasino, <\/em>17 de m ayo de 1979: IGP 1979, II, 1, 1157.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <em>Discorsi di P\u00edo XI,<\/em> vol. II, Torino 1960, 494.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> P\u00edo XII, Enc\u00edclica <em>Fulgens radiatur:<\/em> DER IX, 477.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Conferencia publicada en 1974 por la editorial Studium, Madrid 124 p\u00e1gs. y reproducida en el volumen II de esta serie, <em>Santa Madre Iglesia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> J. Balmes, <em>El protestantismo comparado con el catolicismo,<\/em> cap. 41: BAC 48<sup>2<\/sup>, Madrid 1967, 413-414.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> P\u00edo XII, <em>Fulgens radiatur:<\/em> DER IX, 478.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote7anc\" id=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <em>Ib\u00edd<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote8anc\" id=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Debemos a San Gregorio Magno la mayor\u00eda de las noticias conocidas sobre San Benito. Su libro <em>Los Di\u00e1logos<\/em> se lee con el encanto de las <em>Florecillas de San Francisco de As\u00eds. <\/em>Cf. G. M. Colombas, L. M. Sansegundo y O. M. Cunill, <em>San Benito, su vida y su Regla, <\/em>BAC 115<sup>2<\/sup>, Madrid 1968, 185.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote9anc\" id=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> VII, 13: BAC 11<em>5<\/em><sup>2,<\/sup> 401.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote10anc\" id=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> Cf. San Gregorio Magno, <em>Los<\/em><em> Di\u00e1logos,<\/em> libro II, cap. 3: BAC 115<sup>2<\/sup>, 401.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote11anc\" id=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> P\u00edo XII, <em>Fulgens radiatur:<\/em> DER IX, 479.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote12anc\" id=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> J. Leclercq, <em>Espiritualidad occidental, <\/em>Salamanca, 1967, 72.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote13anc\" id=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> San Gregorio Magno, <em>Los Di\u00e1logos, <\/em>libro II, cap. 36: BAC 115<sup>2<\/sup>, 255.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote14anc\" id=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> P\u00edo XII, <em>Fulgens radiatur:<\/em> DER IX, 483.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote15anc\" id=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> <em>Regla de San Benito<\/em>, pr\u00f3logo: BAC 115<sup>2<\/sup>, 315.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote16anc\" id=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> IV, 21: 371.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote17anc\" id=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <em>Imitaci\u00f3n de Cristo,<\/em> libro II, cap. 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote18anc\" id=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> Eclo. 24, 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote19anc\" id=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> San Bernardo, <em>Epistolario<\/em>, carta 2\u00aa, 10: BAC 505, 75.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote20anc\" id=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> <em>Regla de San Benito<\/em>, IV, 10: BAC 115<sup>2<\/sup>, 371.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote21anc\" id=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> Lc 9, 23.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote22anc\" id=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> Lc 12, 50.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote23anc\" id=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Gal 5, 24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote24anc\" id=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> II, 1: BAC 115<sup>2<\/sup>, 347.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote25anc\" id=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> LIII, 1: 609.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote26anc\" id=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> pr\u00f3logo, s.f.: 333.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote27anc\" id=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> Gn 15, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote28anc\" id=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> 2P 1, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote29anc\" id=\"sdfootnote29sym\">29<\/a> 1Jn 1, 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote30anc\" id=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> Sal 104, 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote31anc\" id=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> C. Marmion,<em>Jesucristo, ideal del monje,<\/em>Barcelona 1956, 17.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote32anc\" id=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> San Bernardo,<em>Serm\u00f3n 84 sobre el Cantar de los Cantares,<\/em>1: BAC 491, Madrid 1987, 1035.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote33anc\" id=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> XLIII, 3: BAC 115<sup>2<\/sup>, 569.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote34anc\" id=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote35anc\" id=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> XIX, 67: BAC 115<sup>2<\/sup>, 471.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote36anc\" id=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> San Juan Crisostomo,<em>Homil\u00eda 58 sobre San Mateo:<\/em>BAC 141, 156.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote37anc\" id=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> P\u00edo XII, <em>Mediator Dei:<\/em> DER IX, 555.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote38anc\" id=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> <em>Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote39anc\" id=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> Pablo VI, Carta <em>Sacrificium laudis,<\/em> a los Superiores Generales de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas clericales, 15 de agosto de 1966: <em>Cistercium<\/em> 19 (1967) 9-13.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote40anc\" id=\"sdfootnote40sym\">40<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> IV, 56: BAC 115<sup>2<\/sup>, 378.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote41anc\" id=\"sdfootnote41sym\">41<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> XX, 4: 477.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote42anc\" id=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> Cf. Ex 17, 9-12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote43anc\" id=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> P\u00edo XII, Carta al Prior de la Cartuja de Vedana (Italia), P. Gerardo Ramakers, 4 de agosto de 1956: AAS 48 (1956) 615.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote44anc\" id=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> Juan Pablo II, <em>Discurso a las religiosas,<\/em> 27 de enero de 1978: IGP 1978, II, 1, 178.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote45anc\" id=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> Juan Pablo II, <em>Discurso a los Superiores Generales,<\/em> 26 de noviembre de 1978: IGP 1978,1, 205.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote46anc\" id=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> Gn 2, 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote47anc\" id=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 3, 9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote48anc\" id=\"sdfootnote48sym\">48<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> XLVIII, BAC 115<sup>2<\/sup> 586-593.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote49anc\" id=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> LVII: 630-633.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote50anc\" id=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> XLVIII, 7-9: 589.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote51anc\" id=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> Juan XXIII, apud <em>L\u2019Osservatore Romano,<\/em> 23 de marzo de 1962, p. 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote52anc\" id=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em>XLVIII, 8: 589.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote53anc\" id=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> Cfr. Rm 12, 13; Tt 1, 8; 1 Tm 5, 10; Hb 13, 1-2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote54anc\" id=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> Mt 25, 40.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote55anc\" id=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em>IV, 20: 370.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote56anc\" id=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> LIII, 1: 609.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote57anc\" id=\"sdfootnote57sym\">57<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> 15, 613.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote58anc\" id=\"sdfootnote58sym\">58<\/a> <em>Ib\u00edd<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote59anc\" id=\"sdfootnote59sym\">59<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n al Cap\u00edtulo General de los Cistercienses de la Estricta Observancia, 4 de mayo de 1977: IP 1977, 444.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote60anc\" id=\"sdfootnote60sym\">60<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em>XLVI, 6: 689.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote61anc\" id=\"sdfootnote61sym\">61<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> XXXIII, 1-4: 528-529.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote62anc\" id=\"sdfootnote62sym\">62<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> IV, 60: 379.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote63anc\" id=\"sdfootnote63sym\">63<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> III, 8: 363.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote64anc\" id=\"sdfootnote64sym\">64<\/a> <em>Ib\u00edd.,<\/em> VII, 19: 403.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote65anc\" id=\"sdfootnote65sym\">65<\/a> Mt 19, 27.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote66anc\" id=\"sdfootnote66sym\">66<\/a> San Gregorio Magno, <em>Homil\u00eda 32 sobre el Evangelio:<\/em> ML 76,1233.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote67anc\" id=\"sdfootnote67sym\">67<\/a> Jn 6, 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote68anc\" id=\"sdfootnote68sym\">68<\/a> Jn 4, 34.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote69anc\" id=\"sdfootnote69sym\">69<\/a> Jn 9, 31.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote70anc\" id=\"sdfootnote70sym\">70<\/a> San Bernardo, <em>Serm\u00f3n 3 en la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or,<\/em>3: BAC 473, Madrid 1986, 105-107.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote71anc\" id=\"sdfootnote71sym\">71<\/a> San Gregorio, <em>Los Di\u00e1logos,<\/em> libro III, pr\u00f3logo: BAC 115<sup>2<\/sup>, 173.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote72anc\" id=\"sdfootnote72sym\">72<\/a> V\u00e9ase sobre esta materia el interesante trabajo de J. Leclercq, <em>Espiritualidad occidental, <\/em>Salamanca 1967,1, 231ss.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote73anc\" id=\"sdfootnote73sym\">73<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> IV, 20: BAC 115<sup>2<\/sup>, 371.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote74anc\" id=\"sdfootnote74sym\">74<\/a> Sobre este punto puede verse A. Gonz\u00e1lez Lamadrid, <em>Los descubrimientos del Mar Muerto,<\/em> BAC 317<sup>2<\/sup>, Madrid 1985.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote75anc\" id=\"sdfootnote75sym\">75<\/a> Decreto<em>Perfectae Caritatis<\/em>, 7.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote76anc\" id=\"sdfootnote76sym\">76<\/a> P\u00edo XII, Motu proprio <em>Postquam apostolicis litteris,<\/em> 9 de febrero de 1952: AAS 44 (1952) 65-152.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote77anc\" id=\"sdfootnote77sym\">77<\/a> Pablo VI, Carta a dom Ignacio Gillet, Abad general de los Cistercienses de la Estricta Observancia, 8 de diciembre de 1968: AAS 60 (1968) 737-740.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote78anc\" id=\"sdfootnote78sym\">78<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n al Cap\u00edtulo General de los Cistercienses de la Estricta Observancia, 4 de mayo de 1977: IP 1977, 443.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote79anc\" id=\"sdfootnote79sym\">79<\/a> Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura, 30 de enero de 1979: IGP 1979, II, 1, 283.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote80anc\" id=\"sdfootnote80sym\">80<\/a> Juan Pablo II, Discurso a la Uni\u00f3n Internacional de Superioras Generales, 16 de noviembre de 1978: IGP 1978,1,166.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote81anc\" id=\"sdfootnote81sym\">81<\/a> <em>Regla de San Benito,<\/em> LXXII, 11: BAC 115<sup>2<\/sup>, 711.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote82anc\" id=\"sdfootnote82sym\">82<\/a> Lc 6, 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote83anc\" id=\"sdfootnote83sym\">83<\/a> San Bernardo,<em>Serm\u00f3n 46 sobre el Cantar de los Cantares,<\/em>2: BAC 491, Madrid 1987, 607<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote84anc\" id=\"sdfootnote84sym\">84<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n al Cap\u00edtulo General de los Cistercienses de la Estricta Observancia, 4 de mayo de 1977: IP 1977, 444.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote85anc\" id=\"sdfootnote85sym\">85<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n a las abadesas benedictinas, 28 de octubre de 1966: IP IV, 1966, 514-516.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote86anc\" id=\"sdfootnote86sym\">86<\/a> Pablo VI, Carta a dom Ignacio Gillet, 8 de diciembre de 1968: AAS 60 (1968) 737- 740.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote87anc\" id=\"sdfootnote87sym\">87<\/a> Juan Pablo II, Discurso a las religiosas de clausura, en M\u00e9xico, 30 de enero de 1979: IGP 1979,1, 284-285.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote88anc\" id=\"sdfootnote88sym\">88<\/a> San Bernardo, <em>Serm\u00f3n 57 sobre el Cantar de los Cantares,<\/em> 4: BAC 491, 727.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote89anc\" id=\"sdfootnote89sym\">89<\/a> Santa Teresa Del Ni\u00f1o Jes\u00fas, <em>Historia de un alma,<\/em> cap. 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote90anc\" id=\"sdfootnote90sym\">90<\/a> Hno. Rafael Arnaiz Bar\u00f3n, <em>Saber esperar.<\/em> Pensamientos 377, 386, 395.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote91anc\" id=\"sdfootnote91sym\">91<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n en la Bas\u00edlica Vaticana, en la festividad de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or en el Templo, 2 de febrero de 1966: IP 1966, 55-56.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote92anc\" id=\"sdfootnote92sym\">92<\/a> Pablo VI, Alocuci\u00f3n a las religiosas camaldulenses, 23 de marzo de 1966.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote93anc\" id=\"sdfootnote93sym\">93<\/a> Juan Pablo II, Alocuci\u00f3n a las religiosas, 10 de noviembre de 1978: IGP 1978,130- 131.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote94anc\" id=\"sdfootnote94sym\">94<\/a> Juan Pablo II, Homil\u00eda en la Abad\u00eda de Montecasino, 17 de mayo de 1979: IGP 1979,1, 1157-1158. Cf. San Agust\u00edn, <em>De vera religione,<\/em> 39, 72: BAC 30, 141.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta Pastoral publicada con motivo del XV Centenario del nacimiento de San Benito. Texto del BOAT, marzo de 1980, 155-185. A las comunidades religiosas, sacerdotes y fieles de la Di\u00f3cesis Venerables hermanos y amados hijos: En este a\u00f1o de 1980, la Iglesia y la cultura celebran el XV Centenario del nacimiento de San Benito de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[68],"doc_tag":[],"class_list":["post-1053","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-predicacion-escritos-y-conferencias-sobre-los-santos"],"year_month":"2026-05","word_count":17405,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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