{"id":1045,"date":"2024-09-27T14:40:35","date_gmt":"2024-09-27T12:40:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1045"},"modified":"2024-09-27T14:40:35","modified_gmt":"2024-09-27T12:40:35","password":"","slug":"san-bernardo-modelo-de-amor-a-la-iglesiade-conversion-incesante-y-de-esperanza-evangelica","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/san-bernardo-modelo-de-amor-a-la-iglesiade-conversion-incesante-y-de-esperanza-evangelica\/","title":{"rendered":"San Bernardo, modelo de amor a la Iglesia,de conversi\u00f3n incesante y de esperanza evang\u00e9lica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Homil\u00eda en la festividad lit\u00fargica de San Bernardo, pronunciada el 20 de agosto de 1987, en la Abad\u00eda trapense de San Isidro de Due\u00f1as (Palencia). Texto en el BOAT, septiembre 1987, 541-548.<\/p>\n\n\n\n<p>Querido Padre Prior, querida Comunidad, hermanos todos en el Se\u00f1or:<\/p>\n\n\n\n<p>Soy muy sincero al decir que celebro hoy aqu\u00ed la Santa Misa con profunda y singular satisfacci\u00f3n de mi esp\u00edritu, en la fiesta de San Bernardo, a quien desde ni\u00f1o ofrec\u00ed el obsequio de mi veneraci\u00f3n, siempre creciente despu\u00e9s, a\u00f1o tras a\u00f1o, en esta Abad\u00eda, donde vine tantas veces a rezar y a recoger mi esp\u00edritu para meditar en lo que Dios me ped\u00eda en mi vida sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>De San Bernardo se ha dicho ya todo lo que se puede decir y a\u00fan es muy poco lo que se ha dicho. Sucede con \u00e9l algo as\u00ed como con esas altas cumbres del pensamiento y del coraz\u00f3n humano, que aparecen de cuando en cuando en la historia, que despiertan tanto la atenci\u00f3n, atraen la mirada y promueven en el interior de quienes los contemplan una capacidad de percepci\u00f3n nueva; no porque el sujeto que mira la tenga en un modo especial, sino porque esas cumbres la producen. Entonces sucede que el que llega hasta ellas, siente conmovido su esp\u00edritu tan fuertemente que experimenta la necesidad de comunicarlo, como si nada se hubiera dicho antes. Es el privilegio excepcional de esas almas grandes, como la de San Bernardo, que hablan y hacen hablar, luchan y nos convierten en luchadores, aman y nos mueven a amar. Son inagotables, no solo en s\u00ed mismas, sino en esa capacidad de inducci\u00f3n sobre los dem\u00e1s. Ning\u00fan esp\u00edritu humano puede quedar indiferente, por poca nobleza que tenga, ante una figura tan grandiosa como la de San Bernardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero vosotros sab\u00e9is de \u00e9l m\u00e1s que yo, y por eso me voy a limitar simplemente a exponeros, como en <em>una brev\u00edsima meditaci\u00f3n,<\/em> lo que a m\u00ed me sugiere su figura en este d\u00eda de hoy, en que por la ma\u00f1ana he estado meditando sobre \u00e9l, despu\u00e9s de leer los textos de su Misa. Claro, que am\u00f3 la sabidur\u00eda y la sabidur\u00eda le am\u00f3 a \u00e9l; que esper\u00f3 en Jesucristo y en los dones celestiales que \u00c9l nos trajo como Salvador; y en su vida que fue sal de la tierra y luz del mundo. Todo es cierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ahondemos un poco m\u00e1s en la meditaci\u00f3n: \u00bfA trav\u00e9s de qu\u00e9 actitudes se manifest\u00f3 esto en San Bernardo? Puestos ya nuestros ojos en \u00e9l, hombre de su tiempo, \u00bfc\u00f3mo logr\u00f3 hacer todo esto en aquel siglo XII que le toc\u00f3 vivir? Y en seguida se advierten, queridos Padres y Hermanos de esta Abad\u00eda de San Isidro de Due\u00f1as, queridos sacerdotes y queridos grupos seglares que est\u00e1is aqu\u00ed presentes, en seguida se advierten en San Bernardo estas cualidades o actitudes que brillan en \u00e9l con intensa luminosidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Su amor a la Iglesia Madre<\/h2>\n\n\n\n<p>Primero: su amor a la Iglesia. Es un hijo de la Iglesia; la sent\u00eda hasta dentro de su coraz\u00f3n con el amor m\u00e1s fuerte que se puede sentir. Porque a Cristo no le vemos; Cristo est\u00e1 sacramentalmente presente con nosotros, de manera especial en la Eucarist\u00eda, y con su Palabra, y en la uni\u00f3n de la caridad con los hermanos, y cuando oramos juntos; est\u00e1 presente, es verdad; pero no le vemos. A la Iglesia s\u00ed; y es en la Iglesia, en la que Cristo se ha quedado; en todo el conjunto de la vida de la Iglesia que se nos entra por los ojos y que pide ser amada. Un esp\u00edritu selecto, cuando entiende bien lo que es la Iglesia, ya no vacila, y ve muy claro el objeto de su amor a trav\u00e9s del cual llega a Cristo de la manera m\u00e1s directa y m\u00e1s segura que se puede llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata, pues, de que miremos a la Iglesia simplemente como a la instituci\u00f3n establecida por Cristo, con sus leyes, con sus normas, que nos gu\u00eda, que nos santifica, nos gobierna, nos instruye, nos alimenta. Todo esto es verdad. Pero hay algo m\u00e1s en una Iglesia Madre: es la Iglesia familia, es la Iglesia en donde est\u00e1 la savia de Cristo, es la Iglesia en donde est\u00e1n su Palabra, sus Sacramentos, su Sangre viva. Es una Iglesia Madre, siempre abierta, siempre perdonando, siempre elevando, siempre instruyendo, siempre apoyando al hombre en su marcha por el mundo. Esta Iglesia lleva sobre s\u00ed los pecados de los hombres que formamos parte de ella, pero no son suyos; ella es inmaculada, es pur\u00edsima, siempre, en el siglo XII, en el XX como en el I, siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y un San Bernardo, en el momento decisivo de su vida, entrega su juventud, renunciando a todo, y arrastra a sus hermanos y a otros amigos y compa\u00f1eros suyos, y produce aquel terremoto en los corazones de tantos. Es que la amaba. Nos dicen que estaba leyendo siempre las Sagradas Escrituras, particularmente el Evangelio, y meditando en Jesucristo, y gozando en los textos de San Pablo; oraba, buscaba el silencio, pero ve\u00eda a esa Iglesia Madre, madre de aquella sociedad medieval llena de conflictos como hoy, igual que siempre, los conflictos de los hombres libres. Y viene su intervenci\u00f3n con todos: con reyes y con Papas; su arbitraje en asuntos pol\u00edticos, sus preocupaciones culturales, sus discusiones doctrinales, frente a un Abelardo, o con quien sea, pero siempre buscando el rostro hermoso de la Iglesia, el que no se debe olvidar nunca, aunque le manchen los pecados de los hombres, porque ella es as\u00ed de pura y de bella.<\/p>\n\n\n\n<p>Amaba a la Iglesia, y este amor tan necesario en un hijo de la Iglesia, es el que le hace superar todas las dificultades que encontr\u00f3 en su camino. Y cree en ella, est\u00e1 pose\u00eddo de que ah\u00ed est\u00e1 Cristo, ah\u00ed est\u00e1 el Esp\u00edritu Santo, ah\u00ed est\u00e1 la fuerza que el Se\u00f1or nos ha prometido; y lo que \u00e9l desea es que todos la sirvan con la fidelidad que merece una esposa tan bella.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto nos falta hoy en gran parte. Criticamos mucho a la Iglesia, crey\u00e9ndonos autorizados a todo, por aquello de <em>Ecclesia semper reformanda. <\/em>No hacemos m\u00e1s que pensar en cambios, y pensamos muy poco en conversi\u00f3n del coraz\u00f3n. Muchos cambios, y con tanto af\u00e1n de ir acelerando nuestros pasos para cambiar m\u00e1s y m\u00e1s, pasamos junto a ella y junto a su rostro bell\u00edsimo, y se nos escapa la vida sin llegar a comprender del todo su hermosura, que si la capt\u00e1semos no nos impedir\u00eda, como no le impidi\u00f3 a \u00e9l, hacer todo cuanto tuvo que hacer para reformarla tambi\u00e9n. No nos impedir\u00eda el esfuerzo por mejorar, pero s\u00ed que pedir\u00eda de nosotros una actitud humilde, obediente, amorosa, sacrificada. Con lo cual estar\u00edamos asemej\u00e1ndonos a Cristo. Y entonces s\u00ed, entonces se puede hablar de reforma de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que ocurri\u00f3 en su vida. Es pasmoso ver a aquel hombre atravesando Europa varias veces de un lado para otro, a lomos de caballo, a veces a pie, extenuado, con fiebre, mal alimentado, muchas veces sin poder tomar nada s\u00f3lido; para entrevistarse con Papas, con gobernantes, con cardenales, escribiendo cartas incesantemente, y anhelando y suspirando por su celda. Era un m\u00edstico, pero, precisamente por ese amor a la Iglesia, se sinti\u00f3 movido a la acci\u00f3n. Y llev\u00f3 al campo de su acci\u00f3n todo el ardor quemante del fuego de su alma, sin que se le enfriara el hielo de las torpezas del mundo. <em>\u00a1Ecclesia Mater!<\/em> As\u00ed la sinti\u00f3 San Bernardo, y por eso se entreg\u00f3 a ella con aquel exquisito amor con que lo hizo; y habl\u00f3 de ella con piedad y con respeto; y recrimin\u00f3 a quienes no lo hac\u00edan as\u00ed, sus faltas, ech\u00e1ndoles en cara el da\u00f1o que estaban haciendo a esa esposa virginal, que merece tanto nuestros amores y nuestros continuos obsequios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Su conversi\u00f3n permanente<\/h2>\n\n\n\n<p>Segundo: Veo en San Bernardo otra actitud fundamental que le hace actual\u00edsimo: la de una <em>conversi\u00f3n permanente.<\/em> \u00bfEs que no empez\u00f3 Cristo el Evangelio diciendo <em>Convert\u00edos y creed en el Evangelio<\/em>? \u00bfNo es la predicaci\u00f3n del Evangelio una invitaci\u00f3n a esa conversi\u00f3n continua? Hablo de la conversi\u00f3n cristiana, no meramente psicol\u00f3gica, ni siquiera de la del estado de pecado al estado de gracia, que no excluyo por supuesto; ah\u00ed tambi\u00e9n se da ya el primer golpe al coraz\u00f3n de parte de lo que es la gracia de Dios que Cristo Redentor nos ofrece. Me refiero a la conversi\u00f3n a la santidad, a la conversi\u00f3n seria, continua, viva a un amor a Cristo creciente, a una aut\u00e9ntica imitaci\u00f3n de Cristo, a un af\u00e1n de reproducir en nosotros la vida y las ense\u00f1anzas de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a una conversi\u00f3n <em>en la Iglesia y para la Iglesia<\/em>; no olvidemos el primer punto. Conversi\u00f3n en la Iglesia y para la Iglesia, porque cuando es <em>en<\/em> y <em>para<\/em> la Iglesia, luego repercute sobre el mundo. De lo contrario las conversiones pueden convertirse, tambi\u00e9n ellas, en el logro de la satisfacci\u00f3n que uno experimenta atendiendo a su propio subjetivismo personal, a los rom\u00e1nticos anhelos de realizaci\u00f3n completa de la propia personalidad, sin darse cuenta de que, al cabo de no mucho tiempo, tales anhelos est\u00e1n fuera del camino. No, a Cristo se convierte uno en la Iglesia y para la Iglesia, con la seguridad de que ella nos custodia fielmente su Palabra y nos da los Sacramentos y nos gu\u00eda en la caridad, y nos propone los ejemplos de los santos de todos los tiempos. De manera que la Iglesia est\u00e1 como arrojando hacia el mundo todas esas fuerzas inmensas que le da el caudal de santidad que ella tiene, para animarnos a todos a una conversi\u00f3n sincera, que es donde encuentra uno el gozo y la felicidad plena de su alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la conversi\u00f3n a una santidad cada vez mayor, en virtud de la cual un San Bernardo joven, o adulto \u2013ten\u00eda 63 a\u00f1os cuando muri\u00f3\u2013, pudo ser reverenciado por sus monjes, amado por sus hermanos, aclamado por las muchedumbres en Mil\u00e1n o en G\u00e9nova, o por los estudiantes del barrio latino de Par\u00eds. \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda aquel hombre dentro de s\u00ed para despertar estos fervores? \u00bfQu\u00e9 le mov\u00eda? \u00bfDe d\u00f3nde le nac\u00eda ese fuego? \u00a1Oh, qu\u00e9 pies tan realmente afirmados sobre la tierra, qu\u00e9 pasos tan firmemente asentados sobre los problemas de los hombres, c\u00f3mo hablaba de ellos, y c\u00f3mo llegaba con sus palabras, como un dardo, al coraz\u00f3n del Papa, o de cardenales, o de pr\u00edncipes y reyes, o de se\u00f1ores feudales, que necesitaban sentir dentro el impulso a una conversi\u00f3n sincera, porque la de ellos era una vida desordenada!<\/p>\n\n\n\n<p>Y San Bernardo les hablaba as\u00ed con fuerza, pero pon\u00eda por delante su ejemplo; hab\u00eda vuelto a Claraval para descansar ya un poco pensando en que no tendr\u00eda que abandonar nunca m\u00e1s su Abad\u00eda; y otra vez la llamada del Papa para que vuelva a Roma, y se enfrente con los conflictos que entonces le asediaban, como si no hubiera sido suficiente lo que hab\u00eda hecho antes. Y de nuevo en camino. Y siempre con el ejemplo colosal de un amor a Dios inmenso, y de una interioridad tan rica que se derramaba por su dulce rostro, a la vez dulce y en\u00e9rgico. De manera que los hombres se sent\u00edan conmovidos cuando pod\u00edan hablar unas palabras con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Conversi\u00f3n permanente.<\/em> La Iglesia con sus santos. \u00c9l la conoc\u00eda, \u00e9l conoc\u00eda la historia de esta Iglesia. No solamente le\u00eda como un m\u00edstico, para explicarlo despu\u00e9s, el Cantar de los Cantares u otros libros de la Escritura. \u00c9l sab\u00eda qui\u00e9nes hab\u00edan sido sus predecesores, \u00e9l conoc\u00eda esa Iglesia en que hab\u00edan brillado ya las luces de muchos santos anteriores a \u00e9l, por medio de los cuales \u00e9l pod\u00eda ascender a la contemplaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, a quien \u00e9l, el primero, llam\u00f3 <em>Nuestra Se\u00f1ora.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y con aquella fuerza intelectual suya, con aquel coraz\u00f3n tan puro, aquella energ\u00eda de car\u00e1cter, aquella visi\u00f3n de las realidades temporales ordenadas hacia Dios, y aquel af\u00e1n de que los cl\u00e9rigos se atuvieran a lo que ten\u00edan que hacer, y no invadieran terrenos ajenos, era ya un adelantado de todo lo que la Iglesia ha ido despu\u00e9s proclamando, a medida que los tiempos han ido exigiendo nuevas aclaraciones y precisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no vamos a ser tan necios que juzguemos los acontecimientos de anta\u00f1o con criterios de hoy; a poco que nos descuidemos, nos expondr\u00edamos as\u00ed a prohibir a Cristo que haga milagros, porque no hab\u00eda contado con la base para hacerlos, \u00a1o no era muy democr\u00e1tico! Los acontecimientos de cada \u00e9poca deben ser juzgados con arreglo a los criterios que en esa \u00e9poca exist\u00edan. Pero dentro del conjunto de los mismos, en hombres como \u00e9ste, tan se\u00f1eros, aparece una luz cuyas r\u00e1fagas traspasan los siglos y llegan hasta nosotros con una validez permanente, porque era un hombre que no ces\u00f3 de convertirse a Dios. Y eso es encontrar lo Absoluto.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Su esperanza evang\u00e9lica<\/h2>\n\n\n\n<p>Y por \u00faltimo, otra actitud que brilla de manera singular en la vida y en la acci\u00f3n de San Bernardo: <em>la esperanza evang\u00e9lica,<\/em> la esperanza en el Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos Padres y Hermanos, queridos sacerdotes y fieles: \u00bfOs hab\u00e9is dado cuenta alguna vez de un hecho fundamental, de que la verdadera esperanza en el Evangelio es el fundamento de la verdadera esperanza en la evangelizaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que hoy se est\u00e1 hablando sin cesar de evangelizaci\u00f3n, porque es una palabra que no se nos cae de los labios: tenemos que evangelizar; hay que ser evangelizadores, las comunidades, las \u00f3rdenes religiosas; en las di\u00f3cesis se trazan programas de evangelizaci\u00f3n; tenemos que esforzarnos por evangelizar a este hombre de hoy, por dar un testimonio eficaz para que la sociedad tan secularizada vuelva sus ojos a Dios, sin que pierda su leg\u00edtima autonom\u00eda en el orden temporal, etc., etc. Siempre estamos diciendo esto. Pero yo pregunto: para que existan esa fe y esa esperanza en una evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica, \u00bftenemos fe y esperanza en el Evangelio, o la ponemos en nuestros propios criterios, en nuestros m\u00e9todos, en nuestras ideolog\u00edas, en nuestros reduccionismos, en nuestra altaner\u00eda para juzgar a los dem\u00e1s? No hay evangelizaci\u00f3n sin Evangelio. Hay que empezar por vivirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces vienen estos hombres intr\u00e9pidos, que causan admiraci\u00f3n en todas las generaciones. \u00bfPor qu\u00e9 no vimos nunca dudar ni temblar a un San Bernardo? \u00bfNo se encontr\u00f3 con la hostilidad de muchos, con incesantes contradicciones, con dificultades de toda \u00edndole, con impugnaciones y acusaciones dur\u00edsimas respecto a lo que \u00e9l quer\u00eda hacer? Se le acus\u00f3 de que no sab\u00eda valorar la cultura de su tiempo al construir los templos de sus monasterios; de los zarpazos que \u00e9l daba impugnando aquella superfluidad de su tiempo en la vida de los eclesi\u00e1sticos, en la vida de las monjas, de los monjes, de los Papas, de la curia cardenalicia. Luch\u00f3 contra todo eso, y lo hizo con una valent\u00eda admirable. Respetaba a todos, pero a la hora de hablar, hablaba, porque estimaba que era su deber; y un militante de Dios como \u00e9l era, en aquella comunidad que estaba haci\u00e9ndose, en aquella civilizaci\u00f3n medieval, ten\u00eda que salir a la defensa de los derechos de Dios en cualquier situaci\u00f3n en que \u00e9stos pudieran ser quebrantados. Y as\u00ed se explica ese milagro de su vida: un hombre de sesenta y tres a\u00f1os que escribi\u00f3 lo que escribi\u00f3, que or\u00f3 tan intensamente, que habl\u00f3 con tantos, que viaj\u00f3, que alent\u00f3 nuevas comunidades, que form\u00f3 generaciones renovadas que continuaron despu\u00e9s transmitiendo la fuerza de su vida a siglos posteriores y hasta nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso digo que necesariamente tiene que suceder esto: que, aunque est\u00e9 dicho todo de \u00e9l, nunca se dir\u00e1 bastante: porque el que se pone en contacto con \u00e9l, tiene ansia de decir algo; no quiz\u00e1s de San Bernardo mismo, pero s\u00ed de lo que el alma de quien le conoce siente al conocerle un poco m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>Queridos Padres y Hermanos. \u00a1Dichosos vosotros que ten\u00e9is por regla de vida, esta norma que os facilita tanto el conocimiento de una personalidad tan gigantesca como la de quien pod\u00e9is llamar <em>padre vuestro <\/em>en la tierra, el que os introdujo en la vida espiritual y religiosa para vivir m\u00e1s en uni\u00f3n con el Padre que est\u00e1 en los cielos! \u00a1Dichosos los hijos de San Bernardo! Cuando uno, por ejemplo, llega aqu\u00ed como yo he llegado hoy, y os ve reunidos en comunidad, celebrando la Misa de este modo tan solemne y con tanta devoci\u00f3n, con esta pausa, con esta actitud orante tan recogida y tan noble de esp\u00edritu, no puede uno menos de pensar: aqu\u00ed est\u00e1 la verdad. \u00bfC\u00f3mo se va a cambiar esto por algo del mundo? \u00bfQu\u00e9 hay fuera de aqu\u00ed que pueda superar lo que aqu\u00ed hay, incluso como expresi\u00f3n cultural y como sentido de la vida, no ya como manifestaci\u00f3n de fe que, entonces, no hay discusi\u00f3n posible; simplemente como expresi\u00f3n del concepto de hombre? \u00bfPor qu\u00e9 otra cosa del mundo se puede cambiar vuestro trabajo diario, vuestra oraci\u00f3n a diversas horas del d\u00eda, vuestra contemplaci\u00f3n de Dios, vuestro abismaros en las riquezas divinas, superando con el fatigoso esfuerzo de cada d\u00eda, las miserias humanas que siempre pugnan por salir? Este g\u00e9nero de vida cuando se vive sinceramente; cuando un monje lo medita y obra en coherencia con su pensamiento y su inicial oblaci\u00f3n, y lo renueva cada d\u00eda, tiene que sentir forzosamente c\u00f3mo Dios llega hasta \u00e9l para impulsarle a mover las mismas estructuras del mundo, sencillamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Evangelizar, evangelizar. Si no hacemos esto, los hombres no se convertir\u00e1n, y dejar\u00e1n de creer en el Evangelio y en la Iglesia. Si no adoptamos estas actitudes, y por el contrario todo lo ponemos en nosotros mismos, todo lo hacemos depender de nosotros, todo lo movemos para convertirnos en los protagonistas de la acci\u00f3n evang\u00e9lica, no evangelizaremos. Y es que no hay m\u00e1s que un protagonista de la evangelizaci\u00f3n, Jesucristo: no hay otro. Y nuestra Iglesia de hoy se ve en gran parte entorpecida y trabada por eso, porque no brilla \u00c9l en nuestra palabra, ni en nuestra oraci\u00f3n, ni en nuestro sacrificio, ni en nuestra actitud obediente, ni en nuestra alegr\u00eda; la alegr\u00eda de quien lleva consigo la fe y la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es eso de que los cristianos no tenemos nada que hacer en un mundo como hoy? Porque los Estados hoy no sean confesionales, \u00bfya la Iglesia est\u00e1 empobrecida y acobardada? \u00bfQu\u00e9 tiene que ver eso? \u00bfNo llevamos con nosotros la Cruz de Cristo? \u00bfY ha sido derrotada esa Cruz? \u00bfNo es la fe nuestra victoria? Un San Bernardo, que luch\u00f3 como \u00e9l lo hizo hasta la hora de su muerte, sembr\u00f3 infatigablemente; no se turb\u00f3 pensando en si se conseguir\u00eda m\u00e1s o menos; \u00e9l lanzaba la semilla de su vida, porque ten\u00eda confianza en el Evangelio y sab\u00eda que Dios har\u00eda lo dem\u00e1s. Esto es lo que tenemos que hacer todos hoy. Pero se empieza por criticarlo todo: viajes del Papa, Magisterio del Papa, documentos conciliares; af\u00e1n de nuevos Concilios, sin haber asimilado casi nada del anterior; revisarlo todo; y que surjan, porque tiene que haber pluralismo, nuevas tendencias, contrapuestas a las de hoy, para que ma\u00f1ana las de hoy sean sustituidas por las que vengan al d\u00eda siguiente. Y as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 hacemos? Nada. Se necesita otro camino. Y \u00e9ste es el que nos se\u00f1alan hombres de la talla de un San Bernardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguid vosotros encendiendo la luz en estas abad\u00edas, para que vuestras propias vidas sean antorchas que iluminan a los que se acercan a vosotros. Hay muchos j\u00f3venes en el mundo de hoy que est\u00e1n deseando encontrar en vosotros, monjes, y en nosotros, obispos y sacerdotes, hombres que crean en Dios de verdad y que prediquen su palabra, y que defiendan a Jesucristo Redentor y a su Iglesia, en el sentido en que deben ser defendidos, como Salvador del hombre, que es lo que es Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>He repetido muchas veces este a\u00f1o, en pl\u00e1ticas y homil\u00edas, algo que le\u00ed del Cardenal H\u00f6ffner, ahora ya casi en la agon\u00eda. El reuni\u00f3 un d\u00eda, en Colonia, a un conjunto de periodistas de la prensa, de la radio y televisi\u00f3n alemanas y les pregunt\u00f3: \u00abUstedes, que est\u00e1n metidos en el mundo de hoy hasta las entra\u00f1as, \u00bfqu\u00e9 creen que tiene que hacer la Iglesia para que sea m\u00e1s cre\u00edble? \u00bfQu\u00e9 tenemos que predicar al hombre de hoy?\u00bb No eran todos cat\u00f3licos, ni siquiera luteranos; era un grupo numeroso de periodistas, simplemente, responsables y hombres de pensamiento. Deliberaron y hablaron entre s\u00ed; al final, el resumen de su respuesta fue \u00e9ste: \u00abSe\u00f1or Cardenal, prediquen ustedes que el hombre ha sido creado por Dios y que por su propia culpa se ve frecuentemente en aprietos, pero que Dios le salva. Prediquen esto incesantemente, es lo que m\u00e1s necesita el mundo de hoy, a Dios, Dios Salvador.\u00bb Eso es lo que hizo San Bernardo con su palabra, con su acci\u00f3n y con su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Que el Se\u00f1or Jes\u00fas y su Bendita Madre, \u00abNuestra Se\u00f1ora\u00bb, a todos nos ayuden a ser siempre heraldos incansables y fidel\u00edsimos de su mensaje de salvaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda en la festividad lit\u00fargica de San Bernardo, pronunciada el 20 de agosto de 1987, en la Abad\u00eda trapense de San Isidro de Due\u00f1as (Palencia). Texto en el BOAT, septiembre 1987, 541-548. 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