{"id":1019,"date":"2024-09-27T14:20:14","date_gmt":"2024-09-27T12:20:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/?post_type=docs&#038;p=1019"},"modified":"2024-09-27T14:20:14","modified_gmt":"2024-09-27T12:20:14","password":"","slug":"jesucristo-salvador","status":"publish","type":"docs","link":"https:\/\/www.cardenaldonmarcelo.es\/index.php\/docs\/jesucristo-salvador\/","title":{"rendered":"Jesucristo, Salvador"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Conferencias Cuaresmales para familias en la Iglesia de los jesuitas de Toldo, 26 de Marzo de 1972<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer os hablaba de la Iglesia como misterio de salvaci\u00f3n, misterio en cuanto que opera invisiblemente sobre nosotros con la gracia que Jesucristo nos ha merecido y con la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que anima constantemente toda la actividad de la Iglesia en relaci\u00f3n con los que viven dentro de ella. En este sentido es un misterio y un misterio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, a la vez, es una instituci\u00f3n visible, puesto que es un Pueblo de Dios, social, org\u00e1nicamente constituido como una muchedumbre localizada, visible, con una Jerarqu\u00eda que la gobierna, con unos sacramentos identificables por la Tradici\u00f3n con los que Cristo instituy\u00f3, con unos ritos, con unos mandamientos, con unos preceptos evang\u00e9licos; con un credo, unos dogmas que permanecen inalterables. Y todo esto es captable por el hombre y forma parte de lo que se llama el cuerpo social de la Iglesia, que se nutre de esta vida interior, de esas creencias, dogmas, de esas fuerzas invisibles, concretadas en signos visibles, los sacramentos; y de esas actuaciones de gobierno santificador del Pueblo de Dios, que la Jerarqu\u00eda de ese Pueblo va realizando, poco a poco, a trav\u00e9s del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y situaba yo esta doble dimensi\u00f3n de la Iglesia, en su aspecto invisible interno y en su actuaci\u00f3n visible externa, en la perspectiva de los discursos y documentos conciliares. Siempre con un prop\u00f3sito que he formulado desde el primer d\u00eda, el de demostrar la continuidad. Porque si hubiera habido una ruptura esencial con lo que la Iglesia de los siglos anteriores nos hab\u00eda ofrecido, ni siquiera podr\u00edamos estar aqu\u00ed; ello significar\u00eda una traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y trato de insistir en este punto de vista, para salir al paso de ciertos lamentables confusionismos de hoy, explicables por otra parte, pero ciertamente perniciosos, con el fin de que nos dispongamos a admitir todas las santas renovaciones que el Concilio ha buscado; pero siempre manteniendo la sustantividad de la Iglesia de Jesucristo, tal como ha sido establecida por \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed mi insistencia en ofreceros esas luces de los discursos del Papa o de los propios textos conciliares. La Iglesia, hoy como ayer, es un misterio de salvaci\u00f3n y, a la vez, es instituci\u00f3n visible que nos ofrece, de una manera que podemos entender suficientemente bien, los medios para lograr esa salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una visi\u00f3n deformada de la salvaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la salvaci\u00f3n que nos trae Jesucristo? Debemos esforzarnos para comprenderla con el fin de vivirla mejor y, ante todo, voy a tratar de expresar lo que es una visi\u00f3n deformada de la salvaci\u00f3n. Una visi\u00f3n deformada que, probablemente, hemos contribuido todos a difundir, no por mala voluntad, sino por acentuaci\u00f3n exagerada y parcial de un aspecto de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Me explicar\u00e9 un poco. Cuando se hac\u00eda esta meditaci\u00f3n sobre la salvaci\u00f3n en d\u00edas de ejercicios espirituales, en las predicaciones de las misiones populares, en una pl\u00e1tica o conferencia cuaresmal; hace unos a\u00f1os insist\u00edamos mucho en un solo aspecto, que no es que no forme parte de la verdad, pero que, presentado as\u00ed, con un parcialismo exagerado, deforma el concepto y la realidad de esa salvaci\u00f3n, tal como nos la ha ofrecido Jesucristo. Hablar de la salvaci\u00f3n era ponernos a hablar del cielo y del infierno; muerte, juicio, infierno y gloria, los nov\u00edsimos. Y no es que no haya que hablar de ello, por el contrario, hay que hablar mucho, porque otro de los fen\u00f3menos de hoy es que se est\u00e1 haciendo un excesivo silencio sobre estas realidades fundamentales de nuestra fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, no se puede reducir el concepto de salvaci\u00f3n a eso, porque entonces, sin querer, parece como que lo que entendemos por salvaci\u00f3n es ese instante matem\u00e1tico en la vida del hombre en que, gracias a la misericordia de Dios, uno muere arrepentido y se salva. Es un poco aquella frase: \u201cDios nos coja confesados\u201d. Evidentemente, tenemos que desear que Dios nos coja confesados, y es cierto que, en un momento dado, aunque uno haya llevado una vida de pecado, sin embargo puede venir la gracia de Dios, el arrepentimiento y la salvaci\u00f3n definitiva. Pero \u00e9ste es, dir\u00edamos, el \u00faltimo acto en que uno se juega su destino y en el cual, de la misma manera que tenemos que contar siempre con la misericordia del Se\u00f1or infinita, del mismo modo tenemos que desconfiar mucho de nuestras temeridades y de nuestras audacias.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, aunque sea cierto que la salvaci\u00f3n del hombre, en cuanto a su eterno destino, puede labrarse en ese momento \u00faltimo de su existencia; y aun cuando tengamos que hacer consideraciones y meditaciones sobre ese destino ultraterreno del hombre, con su posibilidad de eterna salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n eterna, lo cierto es que Jesucristo Salvador y su mensaje de salvaci\u00f3n no es eso \u00fanicamente. Si as\u00ed lo present\u00e1ramos, ser\u00eda una caricatura del mensaje de salvaci\u00f3n que Jesucristo nos predica. La salvaci\u00f3n que Jes\u00fas ofrece al hombre es algo mucho m\u00e1s hondo y m\u00e1s completo. No podemos reducir el mensaje de Cristo Salvador a l\u00edmites de ego\u00edsmo, que har\u00edan despreciable la religi\u00f3n de Jes\u00fas, como si fuera una f\u00e1brica de pasaportes para la eternidad. No, no es eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si en nuestras predicaciones hemos exagerado este aspecto, prescindiendo de presentar en su completa armon\u00eda todo el horizonte de la salvaci\u00f3n que Cristo ha venido a traer al mundo, debemos ser m\u00e1s exactos en lo sucesivo y debemos atender a todo lo que se encierra dentro de este contexto de salvaci\u00f3n. Quiero explicarlo un poco esta noche.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La salvaci\u00f3n se inicia ya aqu\u00ed, en la tierra<\/h2>\n\n\n\n<p>En primer lugar, nos encontramos con que la salvaci\u00f3n que trae Jes\u00fas al mundo, por virtud de la cual le llamamos el Salvador \u2013acordaos de que ese nombre, Jes\u00fas, quiere decir Salvador\u2013, se inaugura ya aqu\u00ed abajo con un reino que \u00c9l establece y en el que nos invita a entrar. Jesucristo predica el reino suyo, y un reino que quiere establecer en este mundo como preparaci\u00f3n para la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos lo que nos dice el Concilio Vaticano II en su Constituci\u00f3n sobre la Iglesia: \u201cNuestro Se\u00f1or Jes\u00fas dio comienzo a la Iglesia predicando la Buena Nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido desde siglos en la Escritura: <em>El tiempo est\u00e1 cumplido y se acerca el reino de Dios<\/em> (Mc 1, 15; Mt 4, 17). Ahora bien, este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo (Mc 4, 14): quienes la oyen con fidelidad y se agregan a la peque\u00f1a grey de Cristo, esos recibieron el reino; la semilla va despu\u00e9s germinando, poco a poco, y crece hasta el tiempo de la siega. Los milagros de Jes\u00fas, a su vez, confirman que el reino lleg\u00f3 ya a la tierra: <em>Si expulso a los demonios con el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros <\/em>(Lc 11, 28). Pero, sobre todo, el reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino <em>a servir y a dar su vida para la redenci\u00f3n de muchos<\/em> (Mc 10, 45)\u201c (LG 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Empecemos por aqu\u00ed. No restemos belleza al cristianismo, no lo reduzcamos a aquello en lo que nuestro ego\u00edsmo podr\u00eda encontrar la clave de sus secretas complacencias. No. Si este reino de Dios, que Cristo nos trae, se despliega en toda su extensi\u00f3n y acompa\u00f1a al hombre desde el momento en que \u00e9ste quiere ser ciudadano de ese reino, y va desarrollando en \u00e9l todas las virtualidades divinas que encierra, y en el momento \u00faltimo de salir de este mundo le puede asegurar el encuentro, feliz y dichoso, con Dios nuestro Padre, si es as\u00ed, no lo reduzcamos a ese momento final.<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n que Cristo trae al mundo ha empezado en ese instante, en el mismo instante en que Jes\u00fas viene a la tierra. P\u00fablicamente, en el mismo instante que empieza a predicar el Evangelio. Y respecto a cada hombre, la salvaci\u00f3n empieza en el instante en que cada hombre se hace disc\u00edpulo de ese reino. Y de una manera, ya reflexiva, cuando es adulto, recapacitando sobre las exigencias de ese reino, da un paso adelante en la intimidad de su conciencia y dice: \u201cSe\u00f1or, yo quiero ser cristiano; yo quiero seguir este camino\u201d; ah\u00ed empieza la salvaci\u00f3n. Si prescindimos de esto la hemos reducido exclusivamente a ese momento final en que se juega nuestro destino; como si la grandiosa relaci\u00f3n del hombre con Dios \u00fanicamente tuviera que ventilarse en el momento final de nuestra existencia. No. Cristo no ha venido \u00fanicamente para acompa\u00f1arnos en nuestra agon\u00eda. Cristo viene para hacernos nacer a una vida nueva. Y desde el momento mismo en que nacemos, la salvaci\u00f3n est\u00e1 ya operando dentro de nosotros. Tiene mucha importancia precisar as\u00ed el contenido. Lo ver\u00e9is al final de esta reflexi\u00f3n que trato de haceros esta noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo paso. Este Reino de Jes\u00fas, presente ya en la historia, \u00c9l lo manifest\u00f3 directamente a sus disc\u00edpulos y al pueblo a quien predic\u00f3 y luego confi\u00f3 la presentaci\u00f3n del Reino a la Iglesia, esa Iglesia de que habl\u00e1bamos antes: misterio e instituci\u00f3n de salvaci\u00f3n. Presentado as\u00ed el Reino, en el cristiano consciente, para seguir dando los pasos que tiene que dar en orden a hacerse ciudadano de ese Reino, se produce la adhesi\u00f3n a Jesucristo. Adhesi\u00f3n que no es una simpat\u00eda rom\u00e1ntica al dulce Jes\u00fas de Galilea, no. Jesucristo es algo m\u00e1s que ese gran benefactor de la humanidad, ante el cual cualquier hombre de cualquier generaci\u00f3n y cultura sentir\u00e1 una profunda admiraci\u00f3n. Es algo m\u00e1s. Infinitamente m\u00e1s. No basta escribir una vida de Jes\u00fas, como la que escribi\u00f3 Ren\u00e1n, y terminar con aquellos p\u00e1rrafos, literariamente maravillosos: \u201cDescansa en paz, noble iniciador, en adelante nadie superar\u00e1 tus gestos y tus acciones, te llevas a la tumba el secreto de tu acci\u00f3n, insuperablemente generosa, eres el hombre m\u00e1s grande que ha existido en la tierra\u201d. No va, eso no va. Lanzar estos p\u00e1rrafos hermosos, en los que el escritor se ha sentido cautivado por el atractivo grandioso de la figura de Jes\u00fas, puede ser el homenaje que hace un hombre a la grandeza que percibe en Jesucristo, pero esto no es entrar en el Reino de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que dar un paso m\u00e1s y mostrar nuestra adhesi\u00f3n a Jes\u00fas, en su persona, en su palabra, en sus obras. \u00bfNo es esto lo que nos dice el Concilio? \u00bfNo es as\u00ed como Jesucristo present\u00f3 su Reino?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El paso de la fe<\/h2>\n\n\n\n<p>Y este paso es ya el paso de la fe. En nosotros, educados cristianamente, cuesta menos; pero exige tambi\u00e9n reflexi\u00f3n para que se paso se d\u00e9 conscientemente. Y en un hombre que tenga una crisis religiosa, que puede tenerla aun cuando viva en un ambiente normalmente cat\u00f3lico; y en un hombre, como pasa frecuentemente hoy, que pueda sentir sobre s\u00ed la duda, la perplejidad inducida por los fen\u00f3menos propios de la vida moderna, llega ese momento en que tiene que plantearse a s\u00ed mismo la adhesi\u00f3n a Jesucristo. Y repito que esta adhesi\u00f3n no ha de consistir en una simpat\u00eda rom\u00e1ntica; tiene que ser un gesto de plena confianza en \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno examina la vida de Jes\u00fas, ve en \u00c9l una luz m\u00e1s que suficiente para comprender que puede uno fiarse de \u00c9l. All\u00ed brilla algo, brilla la luz de Dios; y por lo menos merece, de entrada, una reflexi\u00f3n atenta, hecha con humildad y con amor. Y entonces, cuando un hombre se dispone as\u00ed \u2013por supuesto, la iniciativa ser\u00e1 siempre de Dios\u2013, ese hombre est\u00e1 haciendo de su parte todo cuanto puede hacer y Dios no le niega su gracia: viene la fe, llega la hora de la luz recibida y aceptada.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, comprendida la misi\u00f3n del Reino que Cristo predica, examinada la figura de Jes\u00fas, el hombre adulto dice: \u00bfQu\u00e9 hay aqu\u00ed? \u00bfQui\u00e9n es \u00e9ste que habla as\u00ed? \u00bfC\u00f3mo es posible que realice estas obras? Y dir\u00e1, como dec\u00edan los que le segu\u00edan en el Evangelio: <em>Nadie ha hablado como este hombre<\/em> (Jn 7, 46). Y escuchar\u00e1 la voz del mismo Jes\u00fas que lanza, no con actitud de reto, sino simplemente de afirmaci\u00f3n venturosa, el secreto que hay en \u00c9l: <em>\u00bfQui\u00e9n de vosotros podr\u00e1 arg\u00fcirme de pecado?<\/em> (Jn 8, 46). Y ve la santidad infinita de su vida y ve sus obras, sus milagros, su muerte y su resurrecci\u00f3n, y dice: yo puedo y debo creer en la misi\u00f3n que Jes\u00fas trae al mundo; aqu\u00ed late la vida de Dios. Ese paso inicial, no lo dud\u00e9is, ser\u00e1 enseguida correspondido por la gracia de Dios. El paso de la fe es un paso razonable. Lo malo es cuando un hombre no quiere pensar en ese misterio de Jesucristo. Entonces se cumple lo que dice San Juan Cris\u00f3stomo, comentando el evangelio de San Juan: \u201cEs cierto que Dios ilumina a todo hombre, excepto al que no quiere ser iluminado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando un hombre se sit\u00faa as\u00ed ante Jesucristo y con sencillez de coraz\u00f3n, con humildad, trata de ver un poco las razones de aquel misterio soberano, aparece en \u00e9l la gracia de Dios, que har\u00e1 que su coraz\u00f3n d\u00e9 un paso adelante y se ofrezca a \u00c9l con amor. Y entonces ese hombre ha dado el paso para entrar conscientemente en el Reino de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es salvaci\u00f3n. Porque es lo que buscaba Jesucristo: salvar al hombre ya en este mundo, haci\u00e9ndole disc\u00edpulo suyo, poni\u00e9ndole en contacto con la verdad que \u00c9l nos trae, permitiendo que ese hombre llegue a recibir la vida divina que \u00c9l ofrece, d\u00e1ndole la capacidad de entender lo que significa la cruz, fortaleciendo en su interior la esperanza. Cuando un hombre as\u00ed, honestamente, dentro de su concepto cristiano de la vida, porque no estoy hablando a ateos, sino a un hombre que vive dentro de la cultura cristiana y de una sociedad cat\u00f3lica, cuando un hombre as\u00ed, digo, en su juventud, en su misma adolescencia, o bien en su madurez, si es que antes no lo hizo, se ha enfrentado humildemente con la persona de Jesucristo, ha examinado su doctrina y ha visto lo que da de s\u00ed la experiencia de la vida, facil\u00edsimamente ese hombre se deja captar ya, no por la grandiosa figura humana de Jesucristo, sino por el Hijo de Dios encarnado, por el Verbo eterno hecho hombre. Pero el Hijo de Dios es inseparable del Padre; el que se acerca a Cristo, se acerca al Padre y recibe el Esp\u00edritu Santo. Es decir, se sumerge en el misterio trinitario; empieza a vivir plenamente con sus creencias en cuanto a los dogmas y con su vitalidad interior en cuanto a las virtudes; empieza a vivir el misterio operante de Dios sobre la vida de un ser humano; como disc\u00edpulo de Cristo vive el Evangelio. Ese hombre est\u00e1 colaborando al misterio de la salvaci\u00f3n. Est\u00e1 \u00e9l mismo siendo salvado ya inicialmente aqu\u00ed, y contribuye con el testimonio que va a dar en su vida a que esa salvaci\u00f3n opere tambi\u00e9n sobre los dem\u00e1s. Porque en la religi\u00f3n que Cristo nos predica se nos insiste en una actuaci\u00f3n operante y viva. Y todo eso es tambi\u00e9n salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Creer en Jes\u00fas es vivir conforme a sus ense\u00f1anzas<\/h2>\n\n\n\n<p>Una vez que el hombre se ha adherido a Jes\u00fas, no queda reducida su adhesi\u00f3n a un ritualismo vago y sentimental, sino que es una exigencia comprometida, es una aceptaci\u00f3n de aquello que Jes\u00fas nos va a ordenar, porque \u00c9l se va a presentar tambi\u00e9n as\u00ed: como Se\u00f1or que nos da sus preceptos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que obrar, hay que actuar si de verdad se quiere seguir el camino de Jes\u00fas. Porque en este camino hay un orden moral que tiene una motivaci\u00f3n no simplemente \u00e9tica, sino religiosa. Ya ver\u00e9is por qu\u00e9. Por ejemplo: las bienaventuranzas. Bienaventurados los pobres de esp\u00edritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseer\u00e1n la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos ser\u00e1n consolados. Finalmente: bienaventurados los que padecen persecuci\u00f3n por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (cf. Mt 5, 1-12). Ya est\u00e1 aqu\u00ed insinuado, y con muy fuerte relieve, un programa de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay m\u00e1s, y aunque no voy a recorrer todo lo que Cristo se\u00f1al\u00f3 en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, s\u00ed quiero subrayar el c\u00f3digo moral que estableci\u00f3 con definitiva fundamentaci\u00f3n religiosa.<em>No pens\u00e9is que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a darle su cumplimiento. Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo a vuestros mayores: no matar\u00e1s. Quien matare ser\u00e1 condenado en juicio. Yo os digo m\u00e1s: quien quiera que tome ojeriza con su hermano, merecer\u00e1 que el juez le condene. Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo a vuestros mayores: no cometer\u00e1s adulterio. Yo os digo m\u00e1s: cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya adulter\u00f3 en su coraz\u00f3n. Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Yo, empero, os digo que no hag\u00e1is resistencia al agravio, sino que, si alguno te hiere en la mejilla derecha, pres\u00e9ntale tambi\u00e9n la otra. Hab\u00e9is o\u00eddo que se dijo: amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y tendr\u00e1s odio a tu enemigo. Yo os digo m\u00e1s: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian<\/em> (Mt 5, 17, 21-22, 27-28, 38-39, 43-44).Todo un orden moral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY cu\u00e1l es el motivo de este orden moral? Os dec\u00eda antes que Jesucristo no presenta este orden moral desde un punto de vista meramente \u00e9tico; lo hace fund\u00e1ndose en un motivo religioso. Una frase que viene al final del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a lo confirma. Me refiero a la palabra de Jesucristo cuando dice: <em>Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto<\/em> (Mt 5, 48). O sea, dentro de ese Reino que \u00c9l nos predica, nos eleva al plano de la divinidad, en cuanto que nosotros podemos alcanzarlo merced a la gracia de Dios. Ya es noble que un hombre realice y cumpla las exigencias de este orden moral por un motivo simplemente de ley natural, de pura \u00e9tica; pero todav\u00eda es m\u00e1s noble y m\u00e1s alto si eso se nos pide para poder ser imitadores de Dios. Y Jesucristo ha venido a esto. \u00bfNo es acaso el Hijo de Dios que ha venido a la tierra? \u00bfEs que su mensaje es el de S\u00f3crates o el de Plat\u00f3n? No. El trae otra cosa: la salvaci\u00f3n. De nuevo el concepto: la salvaci\u00f3n operando ya la transformaci\u00f3n del hombre; y una transformaci\u00f3n, insisto, que no consiste en una rom\u00e1ntica simpat\u00eda al h\u00e9roe generoso de Galilea. No. Es una adhesi\u00f3n profunda al misterio de Jes\u00fas, Hijo de Dios, hecho accesible al hombre, que empieza a presentarse a \u00e9ste desde que es llamado el hombre por el bautismo, y desde que conscientemente este hombre piensa en \u00c9l y trata de seguir su doctrina y observar sus mandamientos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Los horizontes de la santidad<\/h2>\n\n\n\n<p>Y todo esto es salvaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, debemos se\u00f1alar, sin pretender agotar el tema, nuevos matices. En esta salvaci\u00f3n que Jesucristo ofrece hay niveles altos; son los elementos supremos del ideal, donde se marca el desprendimiento radical de los bienes terrestres, la entrega total para predicar con \u00c9l el Reino de Dios, el seguimiento de una manera absoluta. Es, dir\u00edamos, el l\u00edmite m\u00e1s alto de un ideal, el ideal evang\u00e9lico, el l\u00edmite m\u00e1s alto te\u00f3ricamente aceptado, pues en la pr\u00e1ctica el grado de santidad de cada persona se mide seg\u00fan obre \u00e9l con amor, de acuerdo con su situaci\u00f3n; es el amor el que nos sit\u00faa en un grado m\u00e1s alto o m\u00e1s bajo. Pero en la escala, dir\u00edamos, de contemplaci\u00f3n del reino, Jes\u00fas va presentando exigencias cada vez m\u00e1s altas, para los que quieran seguirle, o para los que quieran entender todos los matices que ah\u00ed aparecen. Y as\u00ed nos encontramos con un pasaje del Evangelio, sorprendente; a primera vista, resulta poco humano; dir\u00edamos que estamos, al leer este pasaje en esa zona cimera, en que Jes\u00fas se\u00f1ala el l\u00edmite supremo a que puede llegar un hombre en este mundo en su aprehensi\u00f3n del concepto de salvaci\u00f3n. Evangelio de San Lucas: <em>Mientras iban andando su camino, hubo un hombre que le dijo: Se\u00f1or, yo te seguir\u00e9 a donde quiera que fueres<\/em> (Lc 8, 18-19). No dijo m\u00e1s. Cristo le responde con unas palabras que m\u00e1s que servir para atraerle o confirmarle en su prop\u00f3sito, parece que servir\u00edan para ahuyentarle: <em>Las raposas tienen guaridas y las aves del cielo nidos, mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza<\/em> (Lc 9, 57-58). \u00bfQu\u00e9 hizo ante esta respuesta aquel escriba que le habl\u00f3 as\u00ed? Por lo menos, quedarse sorprendido como nosotros; no sabemos si le seguir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ved lo que ocurri\u00f3 con otros dos disc\u00edpulos. Al primero le dice Jes\u00fas:<em>S\u00edgueme<\/em>.M\u00e1s aquel respondi\u00f3:<em>Se\u00f1or, perm\u00edteme que vaya antes y d\u00e9 sepultura a mi padre.<\/em> <em>Le replic\u00f3 Jes\u00fas: deja a los muertos el cuidado de sepultar a sus muertos, t\u00fa ve y anuncia el Reino de Dios<\/em>(Lc 9, 59-60).Casi inhumano. El otro disc\u00edpulo le dijo:<em>Yo te seguir\u00e9. Se\u00f1or, pero primero d\u00e9jame ir a despedirme de mi casa.<\/em>Responde Jes\u00fas: <em>Ninguno que despu\u00e9s de haber puesto su mano en el arado vuelve los ojos atr\u00e1s, es apto para el Reino de Dios<\/em>(Lc 9, 61-62).<\/p>\n\n\n\n<p>La ex\u00e9gesis de estos textos nos invita a pensar que Jesucristo trata de fijar aqu\u00ed situaciones tipo, las m\u00e1s altas, las que expresan, dir\u00edamos, el radicalismo de la m\u00edstica evang\u00e9lica. No porque todos tengan que seguir por aqu\u00ed; de hecho, vemos c\u00f3mo Jesucristo a las muchedumbres, a otras muchas personas que aparecen en el Evangelio, no les pide esto y segu\u00eda tratando con ellos, y am\u00e1ndoles y d\u00e1ndoles toda la riqueza de su predicaci\u00f3n, igual que pod\u00eda d\u00e1rsela al disc\u00edpulo m\u00e1s \u00edntimo. En esos textos hay otras tantas lecciones pedag\u00f3gicas, con las cuales Jesucristo trata de presentar los perfiles de las altas monta\u00f1as en la ascensi\u00f3n continuada por donde hay que subir a \u00c9l. Es el Evangelio de Jes\u00fas, la cumbre. Como cuando lleguen los preceptos del amor, o el discurso de la Ultima Cena, en esa elevaci\u00f3n inconmensurable, en donde parece que reduce a una s\u00edntesis el mundo, Dios, la Redenci\u00f3n, los Ap\u00f3stoles, la Iglesia. Todo concentrado en sus manos y en sus palabras, en una vibraci\u00f3n espiritual indefinible que \u00fanicamente puede brotar del alma del Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por consiguiente, digo, no nos asustemos ante esta manifestaci\u00f3n tan vivade una exigencia evang\u00e9lica tan alta. Ahora bien, hay que comprenderque hay como matices en todo esto. Pues todo ello es tambi\u00e9n salvaci\u00f3n,porque es la escala completa: es el bautismo, es la palabra de Jes\u00fas que prende como una semilla, es la meditaci\u00f3n de esa palabra, son los preceptos morales, son las invitaciones a seguirla. Y cuando un hombre o una familia, o muchos hombres, o un pueblo, en un siglo y en otro, van viviendo esto en mayor o menor grado, con mayor o menor intensidad, va realiz\u00e1ndose en la tierra el Reino de Dios y va oper\u00e1ndose la salvaci\u00f3n, tal como Jesucristo ha venido a traerla.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El amor, cima y corona del Reino de Cristo<\/h2>\n\n\n\n<p>Y queda el \u00faltimo paso. Ese reino que Jes\u00fas predica y esa salvaci\u00f3n y estos seguimientos a que \u00c9l nos invita, de nada servir\u00edan, si en nuestro coraz\u00f3n no hiciese nacer el amor: el amor a Dios y el amor a los hermanos, el amor a los hombres. El que ama a Jesucristo, ama al Padre tambi\u00e9n, porque <em>el Padre y yo somos una misma cosa<\/em> (Jn 10, 30). El que ama los preceptos de Cristo, cumple la voluntad de mi Padre. <em>Cuando or\u00e9is, orad as\u00ed: Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos; santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; h\u00e1gase tu voluntad, as\u00ed en la tierra como en el cielo<\/em> (Mt 6, 9-13). Jesucristo, ense\u00f1ando a orar, reduce toda la oraci\u00f3n a esto: a que el hombre desee hacer la voluntad del Padre. Y entonces, el que ama al Padre, el que ama a Dios, ama lo que Dios ama. El que quiere cumplir la voluntad de Dios, quiere cumplir lo que Dios quiere que se cumpla; y ya, ese hombre, madurado as\u00ed en su vida religiosa, casado, soltero, sacerdote, consagrado a Dios, es un hombre profundamente religioso, tiene ya un concepto de la vida, sabe por qu\u00e9 ha venido Cristo al mundo, sabe cu\u00e1l es el sentido de su Reino y ama a Dios, y Dios para \u00e9l no es una abstracci\u00f3n, no es un ser lejano, es el Padre pr\u00f3ximo a sus hijos, es el que nos ha enviado al Hijo, el Redentor. Y ese cristiano va recibiendo los sacramentos, con los cuales se fortalece, para cumplir los preceptos, va salv\u00e1ndose, va haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s ciudadano consciente del Reino de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ni siquiera terminan aqu\u00ed la reflexi\u00f3n y el an\u00e1lisis que el cristiano hace de lo que es el Reino. Porque se encuentra al final de ese an\u00e1lisis con que el Reino se corona, en la tierra, con el amor a los hermanos. No hay amor a Dios si no hay amor al pr\u00f3jimo. <em>Y el que dice que ama a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano, a quien ve, ese tal es un mentiroso,<\/em> dice el Ap\u00f3stol San Juan (1 Jn 4, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>Y Cristo nos dir\u00e1: <em>Amaos unos a otros, como yo os he amado <\/em>(Jn 15, 12). Y entonces vendr\u00e1 ya como norma de vida religiosa en la tierra, que abarca todas las relaciones de justicia, en el orden social tambi\u00e9n, el gran precepto del amor. Lo cumpliremos mejor o lo cumpliremos peor, pero nadie podr\u00e1 decir que la salvaci\u00f3n, entendida as\u00ed, es una alienaci\u00f3n o es una evasi\u00f3n de los compromisos que el hombre debe aceptar como ciudadano de ese Reino.<\/p>\n\n\n\n<p>Y viene la s\u00edntesis de todo, cuando se acerca el final, el tramo \u00faltimo de la vida. Ese final que puede presentarse a la hora de la juventud, en nuestra vida adulta o en nuestra ancianidad. \u00bfQui\u00e9n de nosotros, los que estamos aqu\u00ed, de los que nos est\u00e1n escuchando por la radio, qui\u00e9n puede tener la seguridad de cu\u00e1l va a ser y cu\u00e1ndo va a llegar el \u00faltimo momento de su vida? Tambi\u00e9n en ese \u00faltimo momento hay que salvarse, pero ahora est\u00e1 matizada la expresi\u00f3n: tambi\u00e9n. Antes, con toda nuestra vida y ahora tambi\u00e9n, para que se cierre definitivamente el ciclo de nuestras relaciones con Dios, en un gesto total de entrega de nuestra vida en nombre del amor. Ya no ser\u00e1, entonces, la salvaci\u00f3n la b\u00fasqueda de un pasaporte para la eternidad, obtenido as\u00ed como sea, de cualquier modo; con tal de poder hacer un acto de contrici\u00f3n a \u00faltima hora, ya lo arreglaremos, confiando en la misericordia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfComprend\u00e9is ahora por qu\u00e9 os dec\u00eda yo al principio que eso era una caricatura de la salvaci\u00f3n? Jesucristo no ha venido a traernos una salvaci\u00f3n reducida a eso, a un momento. Y por esto, en nuestras meditaciones sobre este misterio pod\u00edamos caer, sin darnos cuenta, en un parcialismo que disminuye toda la grandeza del misterio de la salvaci\u00f3n, tal como Jes\u00fas nos lo ha predicado y ofrecido, si s\u00f3lo pensamos en asegurar, sea como sea, que en ese \u00faltimo trance podamos tener v\u00eda libre hacia una eternidad dichosa, hay que buscarlo tambi\u00e9n en ese \u00faltimo trance, y dichosos aquellos que se encuentren preparados, dichosos tambi\u00e9n los que, si no lo estaban antes, puedan lograr su preparaci\u00f3n entonces. Hay disc\u00edpulos de Jes\u00fas desde la primera hora, pero hay tambi\u00e9n disc\u00edpulos de Cristo a la hora de la cruz: <em>Acu\u00e9rdate de m\u00ed, Se\u00f1or, cuando est\u00e9s en tu Reino,<\/em> le dijo el buen ladr\u00f3n. Y Cristo contest\u00f3: <em>Hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso<\/em> (Lc 23, 42-43).<\/p>\n\n\n\n<p>He ah\u00ed un caso en el cual la salvaci\u00f3n le llega a un hombre desgraciado hasta entonces, en ese instante matem\u00e1tico en que la providencia de Dios ha querido que se realice el encuentro con el Dios perdonador. Pero esa forma no es la normal. Y cuando vivimos dentro de una Iglesia, que va desarrollando su existencia en el tiempo y que predica sus misterios con normalidad y que cultiva a sus hijos con amor, tenemos que tener cuidado de nuestra salvaci\u00f3n y de nuestra entrega, no s\u00f3lo por el riesgo que corremos, sino sobre todo por un motivo mucho m\u00e1s noble, por corresponder con la elegancia de nuestro amor y con la humildad de nuestra vida a lo que Jesucristo nos va ofreciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces s\u00ed, yo comprendo lo hermoso que es el concepto de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Primero: ofrecida por Jesucristo, como don de Dios.<\/li>\n\n\n\n<li>Segundo: consistente esta salvaci\u00f3n en aceptarle a \u00c9l, a Jes\u00fas, su persona adorable, sus palabras, sus obras.<\/li>\n\n\n\n<li>Tercero: ya en este mundo esta salvaci\u00f3n produce una transformaci\u00f3n del coraz\u00f3n, porque lleva consigo un orden moral fundado en un aspecto religioso.<\/li>\n\n\n\n<li>Cuarto: despliega en el hombre toda su capacidad de amar.<\/li>\n\n\n\n<li>Quinto: comporta un orden moral y un orden social.<\/li>\n\n\n\n<li>Sexto: orienta el sentido de la vida hacia el m\u00e1s all\u00e1.<\/li>\n\n\n\n<li>S\u00e9ptimo: asegura la vida eterna y nos libra de la condenaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Por todo ello, sed conscientes, vivid una vida religiosa digna. Debemos apartarnos del pecado, amar al Se\u00f1or, esforzarnos por cumplir sus mandamientos. No jugar con estas cuestiones tan graves, en las que vemos empe\u00f1ada la vida entera de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ense\u00f1anza del Concilio Vaticano II<\/h2>\n\n\n\n<p>Voy a terminar ley\u00e9ndoos un nuevo p\u00e1rrafo del Concilio Vaticano II, olvidado tambi\u00e9n, como muchos otros, en virtud de ese confusionismo a que me estoy refiriendo. \u00bfNos ha hablado el Concilio Vaticano II de la salvaci\u00f3n eterna? Pues s\u00ed, nos ha hablado en el cap\u00edtulo s\u00e9ptimo de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia: \u201cCristo, levantado sobre la tierra, atrajo hacia s\u00ed a todos; habiendo resucitado de entre los muertos, envi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos a su Esp\u00edritu vivificador, y por \u00c9l hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvaci\u00f3n; estando sentado a la derecha del Padre, act\u00faa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a S\u00ed m\u00e1s estrechamente y para hacerlos part\u00edcipes de su vida gloriosa, aliment\u00e1ndolos con su Cuerpo y con su Sangre. As\u00ed que la restauraci\u00f3n prometida que esperamos, ya comenz\u00f3 en Cristo, es impulsada con la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y por \u00c9l contin\u00faa en la Iglesia&#8230; La plenitud de los tiempos ha llegado, pues, a nosotros y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada y en cierta manera se anticipa realmente en este siglo; pues la Iglesia, ya aqu\u00ed en la tierra, est\u00e1 adornada de verdadera santidad, aunque todav\u00eda imperfecta&#8230; Unidos, pues, a Cristo, en la Iglesia, y sellados con el Esp\u00edritu Santo&#8230; con verdad recibimos el nombre de hijos de Dios y lo somos, pero todav\u00eda no se ha realizado nuestra manifestaci\u00f3n con Cristo en la gloria, en la cual seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal como es. Por tanto, mientras moramos en este cuerpo, vivimos en el destierro, lejos del Se\u00f1or y aunque poseemos las primicias del Esp\u00edritu, gemimos en nuestro interior y as\u00edamos estar en Cristo\u201d. Por mucha santidad que alcancemos, por muchos despliegues de nuestra vida espiritual, no poseemos en la tierra a Nuestro Se\u00f1or con la plenitud definitiva del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEse mismo amor \u2013contin\u00faa el Concilio\u2013 nos apremia a vivir m\u00e1s y m\u00e1s para Aqu\u00e9l que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por nosotros. Por eso procuramos agradar en todo al Se\u00f1or&#8230;, y como no sabemos el d\u00eda ni la hora, es necesario, seg\u00fan la amonestaci\u00f3n del Se\u00f1or, que velemos constantemente para que, terminado el \u00fanico plazo de nuestra vida terrena, merezcamos entrar con \u00c9l a las bodas y ser contados entre los elegidos, y no se nos mande, como a siervos malos y perezosos, ir al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde habr\u00e1 llanto y rechinar de dientes. Pues antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de las obras, buenas o malas, que cada uno haya hecho en su vida mortal; y al fin del mundo saldr\u00e1n los que obraron el bien, para la resurrecci\u00f3n de la vida; los que obraron el mal, para la resurrecci\u00f3n de la condenaci\u00f3n\u201d (LG 48).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno entiende as\u00ed y se esfuerza por comprender el mensaje de salvaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, ama m\u00e1s a Jes\u00fas, conf\u00eda en su misericordia infinita y sabe que ha venido a eso: a salvar a los pecadores. Porque, al esforzarse por cumplir este programa de vida, puede mostrar ante el Se\u00f1or un ejemplo de noble correspondencia, no de ego\u00edsmo. Tendr\u00e1 pecados, ca\u00eddas, fallos, lo que sea, pero sabe que puede contar con un Dios que perdona. Ese hombre, el cristiano, aspirar\u00e1 a liberarse sin cesar de las redes del ego\u00edsmo, buscar\u00e1 la salvaci\u00f3n ya desde ahora, queriendo ser bueno, lo que expresamos con esa sencilla palabra: ser bueno, y ser fiel testigo de Jes\u00fas, en cuanto \u00e9l pueda serlo en este mundo. Va disponi\u00e9ndose para la hora de la muerte con su oraci\u00f3n, con su arrepentimiento, con su amor creciente a nuestro Se\u00f1or Jesucristo. A la vez difunde el bien, hace cuanto puede por un orden mejor en la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, \u00bfde d\u00f3nde le va a venir a ese hombre ninguna tentaci\u00f3n que le haga turbarse ante las acusaciones que se hacen, de que el cristianismo es inoperante, de que sirve para formar alienados, que es el opio del pueblo, que nos adormece, que va \u2013esto ha dicho Carlos Marx y con \u00e9l todos los marxistas\u2013 fomentando en el coraz\u00f3n de los hombres la filosof\u00eda de la resignaci\u00f3n ante el dolor, impidi\u00e9ndoles la liberaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n que entienda la salvaci\u00f3n, tal y como se desprende del Evangelio, aceptar\u00e1 esta acusaci\u00f3n contra el cristianismo? Habremos conseguido m\u00e1s o menos cada uno en nuestra vida, pero el programa de Jesucristo es profundo y es fuerte para transformar las conciencias de los hombres y del mundo entero. Las otras filosof\u00edas que prescinden del Evangelio, aparentemente, pueden ser m\u00e1s eficaces en un momento dado, como lo es el hurac\u00e1n que todo lo arrolla. El nazismo, con sus millones de v\u00edctimas; el comunismo, con sus millones de muertos en Rusia, han podido ser m\u00e1s eficaces en alg\u00fan momento dado; eficaces para conseguir un gran bien para unos cuantos; para ofrecer la muerte y la ruina a otros. El cristianismo, no; la eficacia del cristianismo est\u00e1 en que es Cristo quien se puso en la Cruz, \u00c9l por todos. Y en nombre de Cristo se han realizado siempre silenciosas revoluciones del amor en las conciencias de los hombres y en la vida p\u00fablica y privada de las colectividades, en tanto en cuanto han seguido sus preceptos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, despu\u00e9s de todas estas revoluciones gigantescas en que los hombres hacen a los unos v\u00edctimas de los otros, cuando todo va seren\u00e1ndose, se vuelve al principio: a buscar una convivencia que empiece de nuevo con el respeto y termine con el amor; porque se considera que sin ello no se puede vivir. Es decir, una versi\u00f3n laica del Evangelio; siempre venimos a parar a lo mismo. Evangelio por evangelio, yo prefiero aqu\u00e9l en que pueda encontrarme con Jesucristo vivo, no muerto, resucitado, vivo en la Iglesia, actuando sobre mi conciencia y pidi\u00e9ndome, como me pide, ser bueno, ser buen disc\u00edpulo suyo, asegurar mi salvaci\u00f3n y procurar tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conferencias Cuaresmales para familias en la Iglesia de los jesuitas de Toldo, 26 de Marzo de 1972 Ayer os hablaba de la Iglesia como misterio de salvaci\u00f3n, misterio en cuanto que opera invisiblemente sobre nosotros con la gracia que Jesucristo nos ha merecido y con la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que anima constantemente toda la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"saved_in_kubio":false,"_eb_attr":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"doc_category":[49,63],"doc_tag":[],"class_list":["post-1019","docs","type-docs","status-publish","hentry","doc_category-cristo-redentor-del-mundo-y-vida-de-las-naciones","doc_category-cuaresma-1972"],"year_month":"2026-04","word_count":6360,"total_views":0,"reactions":{"happy":0,"normal":0,"sad":0},"author_info":{"name":"P. 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